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flamenco fusión Bécquer.

Bienal 2020

En España covirus está haciendo falta una ley para la recuperación de espectáculos y eventos culturales. Demasiado hemos visto con tal de salvar taquilla y turismo: entidades convocantes, con ánimo de lucro, juegan a que lo suyo va a tener lugar sin duda alguna (desde Semana Santa en marzo, hasta las Carreras de Caballos en Sanlúcar en agosto), para desconvocar a última hora, así el daño engaño al sector, parece que no lo fuera.


flamenco fusión Bécquer.

Antes de la Bienal, lo que sabemos de los Bécquer, juntos o separados, Gustavo Adolfo y Valeriano, pone en evidencia la sociedad cultural que se esfuerza en levantar pretextos o conceptos interesados. Por bienal se entiende “cada dos años”, con lo fácil que sería pasar al tres, a la espera del año que viene, sin pandemia. En Bécquer -uno a uno o dos a dos- luchan Andalucía y Castilla, el gusto por lo popular, más la confusión de lo tradicional con el tradicionalismo de la España más conservadora. Y en la universidad, cuele o no cuele, te harán pasar por flamenco lo que es, métrica y temáticamente, género del viejo arte menor o, dicho en simple, poesía popular española en castellano, lo que se dice pronto pero, amigo, defina usted ahora lo que es, forma y expresión, poesía popular.

El flamenco es eso que, cuando suena auténtico, no puedo verlo y, cuando puedo verlo, deja de ser auténtico. Y es que payo y gitano son mundos en gran medida irreconciliables, siendo lo gitano el término marcado (discriminación positiva) y el resto, payos por contraste o por defecto; oposición que, primero, se pone al servicio del purismo y, después, se vende en bandeja de interculturalidad o de fusión más allá de la madre original, que fue siempre el flamenco como fusión de lo gitano y morisco con lo andaluz.

Para que se hagan una idea, el flamenco fusión, en uso desde los años 60, arroja 8.140.000 resultados en Google, frente al flamenco puro, que solo aparece 118.000 veces (aunque es verdad, pensarán ustedes, que la pureza empieza por no volcarse tanto en Internet). En Google Libros, el flamenco fusión alcanza 7.220 resultados, con muchos títulos en inglés.

El flamenco fusión rock (o rock andaluz) aparece 13,3 millones de veces. El flamenco pop: 8,75. El fusión jazz: 6,11. El flamenco punk: 3,35. El fusión rap: 2,57. El flamenco soul: 1,79. El fusión salsa: 1,16. El flamenco chill out: 387 mil. El fusión árabe: 363 mil. El flamenco samba: 211 mil. El flamenco sinfónico: 305 mil. Y con música clásica: 197 mil. Ahora nos vienen con la fusión flamenco Bécquer.

flamenco Bécquer arroja 688.000 resultados en Google, incluidas entradas donde flamenco hace alusión al Flandes del apellido Bécquer, y descontando las veces que flamenco y Bécquer anuncian algún acto relacionado con Fitur, con la Bienal, con Cicus o periferias o anuncios similares en la cartelería y oferta de ocio que dan por hecho el evento:

En 2020 se cumplen 150 años de la muerte de Gustavo Adolfo Bécquer, del “fin de los días del padre de la poesía española contemporánea”, escribe una pluma cursi, “por lo que la Bienal estará dedicada a tan insigne poeta”.

Anunciado lo cual, les puedo asegurar que la fusión está traída por los pelos, y eso en dos maneras: por un lado, se hace flamenco o gitano lo que en los dos Bécquer hubo de gusto o curiosidad -también encargos, que cobraban- por estampas de lo castizo o popular (folclore o costumbrismo, a fin de cuentas) y, por otro, se populariza o se hace castizo lo hondo, o jondo, que caracteriza y define el flamenco. Así sí. Así cualquiera.

Desde García Lorca y el primer Concurso de Cante Jondo (Granada, 1922), lo hondo casi está desaparecido (hondo, en cante: 373 mil gugles; en baile: 156 mil; en toque: 1.800). El flamenco no muere, es cierto, pero da la impresión de que, como el cristianismo de ¡Cristo vive!, el truco consiste en servir a muchos amos a conveniencia de un mercado. Dicho en Antonio Machado: No puedo cantar ni quiero a ese flamenco chusquero sino al que anduvo en el bar.

Cuando intentamos pasar desapercibidos en sitios populares que no son nuestros (por aquello de que el flamenco, cuando lo veo y me ven, deja de ser auténtico), se nos viene a la cabeza La venta de los gatos (1862), de Gustavo Adolfo Bécquer.

Bécquer se extrañaba de sí mismo -el poeta y dibujante, el residente entonces en Madrid- en aquella venta entre Sevilla y San Jerónimo, antes y después del cementerio de San Fernando (1853):

«Imaginaos este paisaje animado por una multitud de figuras que canta entornando los ojos y acompañándose con una guitarrilla, mientras otros llevan el compás con las palmas o golpeando las mesas con los vasos, que tocan la pandereta y chillan y ríen, y los mozos que van y vienen con bateas de manzanilla y platos de aceitunas, y el aceite que hierve y salta en la sartén donde fríen el pescado; ruido de cantares, de castañuelas, de risas, de voces, de silbidos y de guitarras, que forman una alegre algarabía imposible de describir. Figuraos todo esto una tarde templada y serena que fui a visitar aquel célebre ventorrillo. Yo estaba allí como fuera de mi centro natural: todo en mi persona disonaba en aquel cuadro. Pareciome que las gentes volvían la cara a mirarme con el desagrado que se mira a un importuno.»

Cerrando cada uno de los dos tiempos de La Venta, engarza Bécquer dos coplas o cantares que él, como narrador, dice haber recogido en boca y guitarra del hijo del ventero enamorado de Amparo: quien “más bonita era que la Virgen de Consolación de Utrera”; amores que acabaron, en la segunda parte, a juego con el cementerio: «En el carro de los muertos, ha pasado por aquí. Llevaba una mano fuera. Por ella, la conocí.»

Admiración y extrañeza, la de Bécquer en la venta, que debió ser igual a la del folclorista Demófilo, nacido en Santiago de Compostela, pateando tabernas y cafés cantantes de la Alameda detrás de su colección de Cantes flamencos, publicada en 1881. Ahí brilla con luz propia esta seguidilla gitana, llamada así por el madrileño y amigo de Bécquer, Augusto Ferrán, quien, como a una huerfanita, la recogió en La soledad, de 1861: «Yo no sé por dónde, al espejito donde me miraba se le fue el azogue.» (Yo no sé por dónde, lo flamenco donde me miraba se le fue el cante y el baile y el toque.)

Benito Moreno (muerto en Sevilla el 8 de mayo de 2018) en su disco Me han quitado lo bailado, que el pintor y cantautor grabó en 1999, incluye una canción, Flamenco confusión, que en tres minutos nos despacha su punto de vista contra la fusión. Diferente piensan concejalías de fiestas mayores y cultura que, a los pies de la ciudad turística, necesitan del flamenco como necesitan de los Toros, de la Feria o de la Semana Santa; eventos y más eventos pomposamente llamados tradicionales. Y diferente piensa el artisteo flamenco, necesitado de tratos y contratos. Por lo demás, no se preocupen. Sanidad y fuerzas del orden velarán que máscaras y normas de distanciamiento social no perjudiquen el evento, y porque camino de la Bienal no le arranque “un tironero un brazo a un extranjero”… comillas de Benito Moreno para otro espacio mítico, adonde iremos mejor que al cementerio, mejor que a la Venta de los Gatos y mejor que a la Bienal con mascarilla: al Rinconcillo.

Daniel Lebrato

Nota del día. 22 de julio. Entrando en la página [a-la-venta-las-entradas-de-la-bienal]

http://www.labienal.com/noticias/a-la-venta-las-entradas-de-la-bienal

la respuesta es como la San Miguel: cero cero.

Letra de Flamenco fusión, de Benito Moreno[1]

[1] «Flamenco fusión. Flamenco confusión. Flamenco infusión, desilusión. Flamenco oración de Montesión. Flamenco saetero de barrio de salero que vive y que se mueve en medio el Jueves. Luego la primavera la sangre hortera, flamenco clavellina de carne de gallina. Flamenco caduco, de repeluco. Flamenco calentito de señorito de cuernos y ojana hasta la mañana. Carmen de Mérimée, flamenco en francés, de élite, muy caro, chunguísimo, claro, y, del cuplé, no sé, no sé. Hay mucha faraona y mucha tetona y, de tanto jipío, yo paso, tío. Guitarra de alegría, Paco de Lucía, de guerra y de paz y mucho compás. De una mina de La Unión, el Camarón, garganta de fragua de acero y agua; me gusta lo largo que canta, y lo amargo. ¿Filarmónica de Londres? ¡Venga ya, hombre! En la Universidad lo matan de verdad. El jazz flamenco es el más penco. Con saxo y violín se llama a un flamenquín, flamenco que se pasa, colega, y hay guasa. Cuántas voces gitanas echaron de Triana, que dejaron el río que temblaba de frío, a las Tres Mil: flamenco de candil. El flamenco es arte y vive aparte: flamenco oscuro sin tabaco y sin un duro.»



icononoclasias.

DL estatua

Se llama icononoclastia o icononoclasia a la actitud o doctrina contraria a las representaciones de iconos, de imágenes (en principio, de Dios, pero extensible a todo tipo de prácticas figurativas).[1] En sentido amplio, icono es un ídolo, un símbolo, un modelo que admite ser imitado (los Rolling, del rock; Michael Jackson, del pop) e iconoclasta, lo contrario: algo o alguien que rompe esquemas. El último movimiento iconoclasta está dándose contra las estatuas de personajes reconocidos como esclavistas; anti racismo alimentado por el asesinato de George Floyd, antes o después, descendiente de esclavos.

A esta furia iconoclasta habría que recordarle que arremeter contra las estatuas puede estar muy bien pero, a la corta, responde a fanatismos culturales y, a la larga, desvía el foco de atención de la cuestión palpitante: si se puede releer la Historia con ojos y perspectiva de siglo 21… algo que lleva años haciendo el feminismo revisionista (que opera por presencia/ausencia de mujeres a lo largo de los siglos), y que, en cualquier campo, configura lo políticamente correcto y expande esa corrección a tiempos pasados que ya no se pueden modificar. Derribar una estatua de Colón o estigmatizar Lo que el viento se llevó, puede dar cuenta de un totalitarismo demócrata y buenista que ya podría mostrarse más rebelde con causa contra cuerpos de policía que, en Usa como en España, abusan de nuestra vida.

Otra variante de idolatría nos lleva al calendario de fiestas de primavera de Sevilla, fuertemente icónicas: Semana Santa, Feria, Toros, Rocío y hasta el mismo Corpus (fiesta en principio abstracta hasta que en la Catedral se hizo custodia). El estado de alarma ha demostrado a idófilos y a idófobos que se puede vivir, y se vive y se muere, sin fiesta ninguna. Hermandades, sociedades de casetas, rocieras, o aficiones taurinas y futboleras deberían aprovechar la ocasión para bajar sus humos y sus orgullos: su devoción o alegría no pueden, el año que viene, presumir ya tanto ni pasar por imprescindibles.

[1] El diccionario que distingue Dios, dios, dioses, icono, ídolo, fetiche, etcétera, lo hace desde una teología nacional católica que se empeña en distinguir lo auténtico (la religión verdadera) de lo falso. Lógicamente, el pensamiento laico no debe entrar en teológicas disquisiciones. Hablamos de símbolos o alegorías sin distinguir la sagrada imagen de un Señor del Gran Poder, del fetiche de psiquiatra o de vudú.


foto portada: idiota haciendo la estatua, colección propia.

España: la hora buitre.

marlaska y militares

La mejor opinión sobre el papel del Ejército en esta crisis es la que dijo: acudir al ejército prueba la sobra de militares y la falta de sanitarios (entiéndase: personal de Protección Civil) que hay en España.

La gente olvida que tenemos reconocidas dos objeciones de conciencia: derecho a la objeción religiosa (Constitución, artículo 16) y derecho a la objeción militar (artículo 30.2).

Ligar misión humanitaria y Ejército, aprovechando que el coronavirus pasaba por aquí, es una provocación en regla y un atraco a nuestros derechos reconocidos. Pues nada más fácil, en tiempo de paz, que suspender (siquiera excepcionalmente) categorías y rangos militares y asimilarlos a su orden civil. Al revés, ya hemos visto: en tiempo de guerra, se moviliza a la población civil.

Lo del Psoe y Podemos con el Ejército no es normal. Y tiene razón (constitucional) quien se haya molestado por tanto militarismo explícito y es injusto echar la culpa a tal o cual rufián o a tal o cual región (País Vasco, Cataluña).

Lo de Pablo Iglesias con el Jemad Julio Rodríguez es de diván. Allá él. Lo de Pedro Sánchez empezó el día que el Psoe se dejó colar la supresión del servicio militar obligatorio (Gobierno Aznar, marzo 2001), algo muy celebrado por la presunta izquierda, que nos libró de la mili, sí, pero nos dejó sin objeción militar.

Después de Aznar, el Psoe de José Luis Rodríguez Zapatero (2004/2011), con el Psoe de Andalucía y con UGT y Comisiones (esos Zipi y Zape de la clase obrera) embarcaron a España en una militarización como no se había visto otra desde el invento de las misiones de paz del glorioso ejército español con Felipe González en 1989. Zapatero, Griñán, Susana Díaz hicieron carrera con el pretexto de mantener puestos de trabajo y militarizaron Astilleros, Navantia, Construcciones Aeronáuticas y (el remate de los tomates) apuntaron a España al proyecto Airbus como si no conllevara el Airbus Military que también nos tocaba la objeción de conciencia.

Yo, como español, no estoy obligado a exponer ni a defender mi postura ante asuntos de religión o fuerzas armadas. Pero el Estado, el Gobierno, sí. No se equivoque el voto PSOE o PSC, ni se equivoquen Podemos y els Comuns, como Ada Colau. Aprovecharse de enfermedad y muerte para que las criaturas se muestren agradecidas a las fuerzas armadas, es como aplaudir al cura que a la cabecera del moribundo descarriado viene a ofrecer sus servicios religiosos. Es más que salvación de última hora. Yo diría que es buitreo.


globalización, a favor o en contra.

globalizacion-x-forges

Desde que en 1989 cayó el Muro de Berlín (del lado equivocado: pues el bloque del Este, al menos, algo nuevo estaba intentado) y desde que la clase obrera del primer mundo se sintió clase media y Estado del Bienestar, el anticapitalismo quedó sin rumbo ni tripulación.[1]

Con la globalización pasa tres cuartos de lo mismo. Y vemos gente que, debiendo estar a favor, se manifiesta en contra con el mismo espejismo: globalización contra libertad.[2]

La globalización, aparte ser un indicador que establecen instituciones tan fiables como la Politécnica de Zúrich, la consultoría A.T. Kearney o la revista Foreign Policy[3],

es y será lo que nombró Marshall McLuhan allá por 1964/68 bajo el concepto Aldea Global para la sociedad de los nuevos medios audiovisuales, que habían tomado el relevo a la Galaxia Gutenberg, de la palabra escrita. Y, de ahí, a la revolución digital de las TIC o Sociedad de la Información (Yoneji Masuda, 1968).

Por la parte información, las tics nos han liberado del monopolio de la prensa (prensa que podía oscilar de cuarto poder a voz de su amo).

Y por la parte comunicación, usted y yo vivimos conectados y puede conectar el mundo entero con el otro mundo. Esa es la conquista. Alguien nos ve y todos nos vemos. El ojo de Dios es Google, está en la Red, la máquina en que escribo, mi pantalla en mi bolsillo.

No dejen que esa maquinita se la censuren ni se la quiten quienes por mantener sus antiguas posiciones quieren hacer de su visión y su versión toda la verdad y nada más que la verdad. Ni se dejen engañar por esa corriente que enfrenta en falso globalización y libertad. La humanidad ya cayó en esa trampa, ya hemos visto esa película.

Nuestro dispositivo móvil nos dirá lo que hay detrás de casos como Covid-19, donde toda verdad parece mentira y donde toda mentira parece verdad.

[1] Eso sí: de infinitas universidades, publicaciones y premios nóbeles, llovieron nuevos nombres a lo que –viejo– había sobrevivido a la Caída del Muro: capitalismo afectivo, big tech, welfare, cognitivo, de vigilancia, gore, líquido, límbico, mixto, rosa, verde, woke o zombie.

[2] global : 4.4660M de gugles; globalización : 15M; globalista [frente a nacionalista] : 826.000 gugles.

[3] indicador hay más de uno en realidad. Son índices que miden, por estados o países, grados o niveles de conectividad, integración o interdependencia en las esferas culturales, ecológicas, económicas, políticas, sociales o tecnológicas (Wikipedia).

Óptica Sevilla: Semana Santa.

Estadio_Olímpico_de la Cartuja
Estadio Olímpico de la Cartuja, propuesto Carrera Oficial para la Semana Santa de Sevilla.

No lo digo yo. Lo ha dicho el año sabático. Las fiestas de Sevilla son todas prescindibles. Marque usted, feriante o cofrade, la casilla que corresponda: hermandades, Iglesia, Maestranza, ganaderías, socios y titulares de casetas; todo lo que ha vivido a la sombra del Ayuntamiento bajo pomposo título de Fiestas Mayores de alto interés turístico, por su contribución a la economía de la ciudad y todo ese etcétera que el coronavirus se ha llevado por delante y que el año que viene podría volver a volver.

La Semana Santa cambió su ser tras la madrugá del 2000 y, a partir de ahí, tal cual predijo Juan Bonilla, “nadie conoce a nadie”.[1] Nadie conoce a nadie porque, por encima del Consejo de Hermandades y del propio Ayuntamiento, llegó Orden Público (CECOP: Centro de Coordinación Operativa) y mandó parar: vallas de separación por todas partes (más, a la salida y entrada de la procesión), rigurosas filas de espera para verlas venir (propio de Cabalgata de Reyes, en atención al público infantil), sillitas de mano dónde sí y cuándo no, fin del cangrejeo, rigidez de horarios (por retransmisiones tv) y mucha, mucha, policía para una masa que hasta el 2000 se preciaba de una autogestión que daba gusto: esa era la bulla; bulla tan sabia para acertar a dónde ir, como indulgente ante leves libertades que se disculpaban con tal de no molestar y que ningún infractor dejara sin vistas al chico o a la persona más bajita. Verdad que siempre había alguien en la fila que cuando usted, por libre o en caravana de libres, pedía paso franco educado, saltaba el malaje:

–Por aquí, ¡ni uno más!

Pero eran los menos y si sabías navegar entre el gentío evitando la Carrera Oficial, podías ver todas las cofradías y todos los pasos del día y hasta te sobraba para hacer escala en algún bar, Cruzcampo o manzanilla, con su buen urinario sin excesiva cola y medianamente limpio.

Todo lo cambió la ciudad del orden y no es extraño el actual rechazo por parte de capillitas laicos que hemos sido.

Pensando en laico, lo normal sería la Ciudad proponerle a Iglesia y Consejo de cofradías una de dos:

–Un circuito interno o Carrera Oficial por Catedral o gradas adentro de la Catedral

o hacer la Carrera en el Estadio Olímpico de la Cartuja y allí las procesiones dar vueltas las que quieran. El público paga su entrada. El espectáculo empieza y acaba. Estadio cubierto, a prueba de lluvia. Fácil acceso. Amplio aparcamiento. Servicio de orden privado o concertado con el CECOP. La ciudad, limpia de cera y paja. Y al turismo le daría igual. ¿Cuál sería el problema?

¡Como si la Macarena lleva publicidad de Coca-Cola o al Gran Poder lo patrocina una inmobiliaria!

Está muy mal acostumbrada esta ciudad de la gracia a la que no le vemos tanto la gracia.

Mañana en la Óptica: la Feria de Abril de Sevilla, que ya en parte hemos visto pasar por [eLTeNDeDeRo].

[1] Juan Bonilla: Nadie conoce a nadie (1996), novela ambientada en Sevilla, con la Semana Santa y los juegos de rol de fondo. Se hizo película del mismo nombre dirigida por Mateo Gil (1999).


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Si ayer cerrábamos con un poema de Manuel Machado, ahora es su hermano Antonio Machado quien nos da esta estampa de un niño siempre buscando a Dios entre la niebla, niebla que bien podría ser entre dos plazas: la plaza de San Juan de la Palma, de la Amargura, y la de Los Carros, hoy de Montesión, en lo que va del Palacio de las Dueñas, donde fue criado, hasta el Domingo de Ramos y hasta el Jueves Santo, si no un poco más arriba San Pedro, La Mortaja o Los Gitanos. He aquí el niño:

   ES UNA TARDE CENICIENTA Y MUSTIA,
destartalada, como el alma mía;
y es esta vieja angustia
que habita mi usual hipocondría.
    La causa de esta angustia no consigo
ni vagamente comprender siquiera;
pero recuerdo y, recordando, digo:
—Sí, yo era niño, y tú, mi compañera.

    Y NO ES VERDAD, DOLOR, YO TE CONOZCO,
tú eres nostalgia de la vida buena
y soledad de corazón sombrío,
de barco sin naufragio y sin estrella.
    Como perro olvidado que no tiene
huella ni olfato y yerra
por los caminos, sin camino, como
el niño que en la noche de una fiesta
    se pierde entre el gentío
y el aire polvoriento y las candelas
chispeantes, atónito, y asombra
su corazón de música y de pena,
    así voy yo, borracho melancólico,
guitarrista lunático, poeta,
y pobre hombre en sueños,
siempre buscando a Dios entre la niebla.

Antonio Machado, Soledades (1903)

las putas y los poetas.

Cayetano Rivera Ordóñez foto Javier Cebollada

La última guinda sobre el pastel del coronavirus la pone, de momento, el torero Cayetano Rivera Ordóñez:

–Miles de toros van a ir al matadero sin pasar por una plaza. ¿Cuántos adoptarán los animalistas?

La pregunta, aunque necia, no merece oídos sordos y podría trasladarse a otros ámbitos de las ideas que, siendo gratuitas (cuesta nada ser aficionado o ser animalista), alguien tiene que pagar y hacerse cargo.

Correcto. Adivinaron: ¡El Estado del Bienestar! Así España seguiría siendo un país libre a gusto del toricida y de su contrario, una democracia, un Estado social y de Derecho y el blablablá que se creerá quien se lo quiera creer.

La pregunta no-necia de Cayetano al grupo animalista afectaría a toda mentalidad de ONG. ¿Usted está por la política de acogida, por “bienvenidos refugiados”? ¿Qué le impide adoptar a un niño subsahariano, a una niña en riesgo? Adopte a un sirio, a alguien que se esté estrellando de hambre contra la alambrada en Melilla, contra el muro en México o en Palestina.

Pedir no cuesta nada. Pensar tampoco. Por eso, Cayetano, que cree que los cosos taurinos son templos de cultura, como librerías, cines o teatros, pide ayudas y subvenciones para lo suyo. La lógica de Cayetano es la lógica de la Sociedad de Autores. Donde, antes, un ¡Que Dios se lo pague!, hoy: ¡Que el Estado lo pague! y pronto veremos el fondo a la caja fuerte del Estado tras tanta malversación no solo en euros o en cajas b del PP, sino en pamplinas, en escapismos, o en actividades de poca cabeza como la tauromaquia o el ¡Todo por el turismo! que nos ha tenido en las nubes todos estos años. Hasta “trabajadoras sexuales” o sectores como el tatú o la esculpiduría de uñas, llorarán y llorarán porque lo suyo es vital que se recupere, y porque llorar también es gratis.

Otro día hablamos del paspartú de la foto: el supuesto derecho a ser libres con que nos subyuga el capitalismo y que habrá que cuestionarse:

(1) el derecho a nacer (ramificaciones: iglesias y religiones frente a recursos finitos y control de natalidad),

(2) el derecho a la vida digna (ramificación a mi bolsillo a través de impuestos) y

(3) el derecho al trabajo mientras el trabajo siga dividiéndonos, más que entre patronal y sindicatos, entre quienes hacen y no hacen.

Guisar para casa, follar o escribir poemas no son actividades productivas (sino de ocio o tiempo libre), digan lo que digan amas de casa, putas y poetas. Verán cómo antes o después nos tropezamos con la actual pandemia y con lo que hemos llamado, siguiendo a José Luis Cuerda en Amanece, que no es poco (1989), el Gran Poder Omnímodo.

Queden ustedes con Antífona de Manuel Machado, un poema de 1907 cuando las putas y los poetas eran hermanos:

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ANTÍFONA
Manuel Machado (1907)

Ven, reina de los besos, flor de la orgía,
amante sin amores, sonrisa loca…
Ven, que yo sé la pena de tu alegría
y el rezo de amargura que hay en tu boca.

Yo no te ofrezco amores que tú no quieres;
conozco tu secreto, virgen impura;
Amor es enemigo de los placeres
en que los dos ahogamos nuestra amargura.

Amarnos… ¡Ya no es tiempo de que me ames!
A ti y a mí nos llevan olas sin leyes.
¡Somos, a un mismo tiempo, santos e infames;
somos, a un tiempo mismo, pobres y reyes!

¡Bah! Yo sé que los mismos que nos adoran
en el fondo nos guardan igual desprecio.
Y justas son las voces que nos desdoran…
Lo que vendemos ambos no tiene precio.

Así, los dos: tú, amores, yo poesía,
damos por oro a un mundo que despreciamos…
¡Tú, tu cuerpo de diosa; yo, el alma mía!…
Ven y reiremos juntos mientras lloramos.

Joven quiere en nosotros Naturaleza
hacer, entre poemas y bacanales,
el imperial regalo de la belleza,
luz, a la oscura senda de los mortales.

¡Ah! Levanta la frente, flor siempre viva,
que das encanto, aroma, placer, colores…
Diles, con esa fresca boca lasciva…,
¡que no son de este mundo nuestros amores!

Igual camino en suerte nos ha cabido,
un ansia igual nos lleva que no se agota,
hasta que se confundan en el olvido,
tu hermosura podrida, mi lira rota.

Crucemos nuestra calle de la Amargura
levantadas las frentes, juntas las manos…
¡Ven tú conmigo, reina de la hermosura!
¡Hetairas y poetas somos hermanos!

Manuel Machado (1907)



foto portada: Javier Cebollada

Sevilla sin Feria de Abril.

Daniel Lebrato y Pilar Feria de Abril 2014 foto de Pablo Aristoy (6)

Esta Feria de Abril 2020 ha divido a Sevilla en dos: la Sevilla continuista (y hasta jartible) de quienes se han montado la feria en su propia casa; y la Sevilla reflexiva de quienes se han tomado el año como un año sabático, para pensar: [1]

–Si en vez de en mi piso, el simulacro de Feria me lo encuentro en mi plaza de barrio o en mi patio de comunidad, tendría una feria mucho más cómoda que la de un Real cada vez más lejos y contaminante, para mis pies cada año más cansados. [2]

Mis amigos van a decirme:

–Danielito, hijo: para eso, las Cruces de Mayo, lo que en Córdoba son Los Patios [3].

–Será. Pero en abril y sin cruces ni motivos religiosos. Si acaso, con estímulo a los espacios y montajes más conseguidos: barra de bar, restauración, tablao de baile, música, veladores; de manera que nos vemos en mi caseta; caseta de la que podría hacerse cargo el bar más próximo o la asociación civil más interesada o mejor dispuesta. [4]

¿Que el Real de la Feria con Paseo de Caballos y Calle del Infierno seguiría donde diga el Ayuntamiento? Nada que objetar. Se trata de yo elegir entre meterme la paliza en el cuerpo, ir y venir de mi casa al Real, o montármela en mi Sevilla Este o en mi Pino Montano; o en mi plaza San Antonio en torno al Bar Rodríguez, por ejemplo.

La Feria Feria se acomodaría a una portada fija [5] y, en gran medida, podría estar abierta a visitantes y turistas todos los días del año, como un parque temático. ¿Cuál es el problema? ¡Ya quisieran las Fallas de Valencia o los Sanfermines de Pamplona sustitución tan fácil!

Mañana hablamos del baile por sevillanas como fenómeno, negocio o decepción.

[1] sabático, ca < latín tardío sabbaticus < griego σαββατικός, sabbatikós. descanso sabático: El séptimo año, después de seis, que los hebreos daban descanso a sus tierras, viñas y olivares. año sabático: el de licencia con sueldo que instituciones docentes e investigadoras dan a su personal cada cierto tiempo.

[2] Hasta 1973, la Feria estuvo en el Prado; ahora en Los Remedios, y la próxima ya veremos si en el Charco la Pava o más allá.

[3] Nombre oficial: Festival de los Patios Cordobeses.

[4] También podría encargarse la institución o cofradía religiosa más arraigada y más próxima. Lo importante es que el carácter civil y profano de la caseta pública no se desvirtúe ni derive en Cruz de Mayo.

[5] El presupuesto de montaje y desmontaje, con novedad de Portada año tras año, iría dedicado a obras de interés social en una Sevilla con tanto riesgo de exclusión social y con tanta gente sin techo. Ni la belleza ni la alegría de la actual Feria peligrarían por eso.


foto portada: Pablo Aristoy, Feria 2014.


el Túnel y el Coyote y el Correcaminos.

Ignacio de Loyola foto en Zenit

Ayer hemos ido a ver una película que se nos escapó de cartelera: Ad Astra (Hacia las estrellas, 2019), película usa de ciencia ficción que, según la crítica, iba a ser una versión espacial de Apocalypse Now (1979), versión a su vez del Joseph Conrad de El corazón de las tinieblas (Heart of Darkness, 1899)[1]. No pudo ser. Hasta llegar al corazón de la película, había que tragar un belicismo insoportable.

Conrad y Coppola utilizaron guerras que en la Historia han sido. Del equipo de Ad Astra, a falta de referencias en las guerras del Congo o de Vietnam, cabía esperar un realismo imaginable o un futuro tipo El planeta de los simios o 2001, Odisea del espacio (ambas, de 1968).

En la lealtad hacia la guerra y los ejércitos (lealtad y fijación visible en videojuegos) actúan, por arriba, el grupo de presión o lobby militar para la realización de productos, digamos, ‘culturales’[2] y, por abajo (como techo de cristal y pegajoso asfalto), la escasez del pensamiento utópico[3], puesto a los pies del factor humano que nos atrapa: un trabajo (fijo), una familia (fija), el Virgencita, que me quede como estoy.


La actual crisis hay quien se la toma como la travesía de un túnel. “El cielo abierto nos espera”, dice el optimismo[4] cuando lo que abundará, diga el Gobierno lo que diga, será el derrumbe de iniciativas, esquemas, empresas y puestos de trabajo. Es el Síndrome del Túnel (patología como otra cualquiera) frente a lo que será más cierto, el Síndrome del Coyote. Ya saben. Por ir detrás del Correcaminos (el nivel de vida que teníamos, el bienestar que trae el Estado del Bienestar), el Coyote no ve que se ha pasado de carrera, que el pico del precipicio se ha desprendido y que, en la siguiente viñeta, el pobre idiota caerá al vacío.

Túneles y Coyotes se pierden la oportunidad de hacer tiempo muerto o flashback como en Amanece, que no es poco. También serviría Ignacio de Loyola con sus ejercicios espirituales leídos del revés: donde Loyola aconsejaba a los suyos “no hacer mudanza en tiempo de mudanza”, nosotros podríamos hacer mudanza en nuestras cabezas y nuestras imaginaciones ahora que la vida parece detenida.


Enlace al breve El pensamiento único que llevamos dentro.


[1] O sea, Brad Pitt como el capitán Willard, Martin Sheen, y Tommy Lee Jones como el coronel Kurtz, Marlon Brando.

[2] Ocurre con el cine de nazis contra judíos: tapadera de la actual Israel contra Palestina. Antes, en Hollywood, fue el cine de indios ‘buenos’ lavado de conciencia por el genocidio durante la Conquista del Oeste. En Ad Astra (mucho latín para tanta Nasa) el caramelo o la guinda ‘cultural’ se basa en expediciones salvíficas en busca de vida por el sistema solar.

[3] Vergüenza del castellano español es que utopía lo mismo significa ‘sociedad ideal’ que ‘pensamiento fuera de lugar y de lógica’. ¿Se puede concebir asociación más conservadora y más ruin? En ciencia ficción, cambiar armas convencionales por ultrasónicas, o aviones caza por naves Guerra de las Galaxias, dan idea de ninguna imaginación; mérito tendría un mundo sin violencias o sin trabajo tal como el trabajo se entiende y se distribuye de momento en el mundo.

[4] Literatura pos coronavirus, en redes sociales, a puñaítos. El túnel es también la propuesta oficial del Gobierno: de esta se sale, salimos.


foto portada tomada de página ZENIT

CAMPOS DE ESCORIA.

cono de escoria

A final de abril de 2020, Freddie Bartholomew dio luz a buena parte de lo que había sido obra póstuma, y hasta entonces inédita, de Martín Calamar. Bartholomew, detective literario a quien vimos aireando los papeles de lo que fue en su día Lebrato contra Lebrato (2015), desvela en esta ocasión Campos de Escoria[1], cinco versificaciones dudosamente ‘poéticas’ que dan idea de hasta qué punto Martín Calamar Buzón estaba como dicen que están –vaya usted a saber por qué– las cabras.

Lo que le faltaba al hombre fue la famosa crisis por corona virus, también llamada Vicod o Covid 19, que alteró el juicio a media humanidad mientras la otra media se iba muriendo. En abril de 2020 Martín Calamar estaba al cumplir los 66 (edad de mayor y en grupo de riesgo) y habían pasado seis años desde su estreno de Tinta de calamar (Ediciones en Huida, 2014) en La Carbonería de Sevilla, todavía entrada por calle Levíes. En esos seis años, no solo La Carbonería había menguado; también, la nómina de amigos: Benito Moreno y José Manuel Padilla Libros. La muerte le hacía guiños al personaje.

Para el trance coronavirus (que Martín Calamar llegó a rotular Vicod 19, como nave espacial, o Covid XIX, como rey merovingio), sostiene Freddie Bartholomew que su investigado apócrifo se apuntó sin dudarlo a la teoría de la conspiración, esa que veía por todas partes Cía y servicios secretos y laboratorios al servicio del Gran Poder Omnímodo (GPO). Tal conspiranoia, avalada por Noam Chomsky y algún que otro desarraigado como Daniel Lebrato, llevó a Martín Calamar, a dejar en su PC Word© escritos como estos que agrupó en Campos de Escoria y que hoy publica eLSoBReHiLaDo. Son cinco metástasis literarias numeradas del 1 al 5. [2]

Párrafo 1: «Con los virus que tira el Poder Omnímodo se hacen las dos Españas duras de oído». Martín Calamar manejaba la copla (seguidilla) con soltura, y por coplas despacha su poética en esa época[3]. El párrafo 2 arremete contra las fuerzas armadas: «¿Quién dijo que la pena de muerte está abolida? ¡Los soldados la llevan en la mochila!». 3 y 4 comparan la Resistencia histórica con la que fue resistencia frente al coronavirus: «Yo me quedo en casa». El 5 actúa de colofón y da nombre a todo el conjunto:

 

CAMPOS DE ESCORIA

1(a).
Con los virus que tira el
Poder Omnímodo
se hacen las dos Españas[4]
duras de oído.

1(b).
Pregunta morro:
¿Quién dijo fuego amigo?[5]
¡Conspiranoicos![6]

2.
¿Quién dijo que la pena
de muerte está abolida?
¡Los soldados la llevan
en la mochila!

3.
Resistencia no es ya la
de brigadistas[7]
que vengan ni de maquis[8]
que se resistan.
No hay partisanos,
Leonard Cohen[9] ni canciones
de O Bella, ciao[10].

Ni es la película
La trinchera infinita[11]
ni, Alberto Méndez,
Los girasoles ciegos[12].
Que es «Yo me quedo en casa»
y ¡Arriba España!

4.
Yo grabo mis poemas
propios o ajenos,
me quedo y me publico
o imparto desde en casa
mi diario en cuarentena
como si hubieran vuelto
Numancia, Albert Camus o Saramago
con Ana Frank envuelta de regalo[13].

5.
¡Campos de escoria!
Hoy siento por ustedes,
en el fondo del corazón, tristeza.
¡Tristeza que es memoria!

 

[1] Por Campos de Soria, Antonio Machado, Campos de Castilla (1912).

[2] Del 1 al 5, siguiendo la fobia de Daniel Lebrato hacia los números romanos, ya visible en su primer libro De quien mata a un gigante (1987).

[3] Para coplas, ver la parte central de La Corte del Rey Bobo (Blogspot, 2019).

[4] dos Españas, otra vez Machado: gobierno y oposición, izquierda y derecha.

[5] En jerga militar y periodística, se llama fuego amigo a los daños y bajas causadas por el propio bando sobre sus mismas tropas, población o intereses.

[6] Para conspiranoico, ver [eLTeNDeDeRo], artículo de ese nombre.

[7] Por las Brigadas Internacionales, atraídas por la 2ª República Española.

[8] maquis, italiano macchia, [campo cubierto de] ‘maleza’: guerrilla antifranquista de posguerra, y francesa contra la ocupación alemana, 2ªGM.

[9] Ver La Complainte du partisan (El lamento del partisano).

[10] Artículo en Wikipedia.

[11] Artículo en Wikipedia.

[12] Artículo en Wikipedia.

[13] El cerco de Numancia (1585), de Cervantes, y, sobre todo, La peste (1947), de Albert Camus, y el Ensayo sobre la ceguera (1995), de José Saramago, hicieron furor durante el confinamiento culto. El Diario de Ana Frank (1942/44) es un clásico en su género de topoliteratura.


Foto portada cono de escoria (Wikipedia)

supositorios.

gracias
pruebe a leer en horizontal

Qué habrá hecho el pobre culo que todo va a parar a él. ¡Vete a tomar por culo! ¡Métetelo en el culo! Solamente los supositorios de farmacia vienen por nuestro bien y con receta médica. Los supositorios que les propongo ahora son ‘suposiciones’ a propósito del coronavirus, helos aquí:

supositorio uno

Solo falta que las cadenas retransmitan, como se transmiten las campanadas de Fin de Año, los aplausos al atardecer desde la plaza o calle que más merezcan. La broma y la frivolización relativa (terapia necesaria para aliviar la carga del desastre) han llegado a tal extremo, que eLTeNDeDeRo, que en 30 días no ha salido del monotema, dice: ¡Ahí quedó! y en este punto lo deja.


supositorio 2

El gran poder omnímodo (GPO) ha estado, de una forma u otra, detrás de todo esto y jugando con lo que no se debe. Claro que eso es axioma, algo inherente al GPO.


supositorio 3

Hay gente que, a diario, entre unas redes y otras, ha venido publicando entradas como huevos, por docenas o medias docenas. La pregunta es qué quedará en pie de todo eso.


supositorio 4

En general (y perdonen la pedantería, no siendo yo más santo que mis vecinos), se nota poca reflexión crítica y sobra de protagonismo; y éste por dos vías: la sensible o la humorística. Análisis-análisis hemos visto algo de Noam Chomsky, cómo no, muy pronto borrado de donde estuvo (la recuperación que hizo eLTeNDeDeRo pueden verla pinchando aquí), más la otra lúcida hipótesis que aventura Emilio Carrillo (antiguo caballero en la corte del Psoe andaluz) y que pueden refrescar en este enlace. Si Chomsky sirve para ir a las causas, Emilio Carrillo y su equipo de investigación apuntan a las consecuencias del ensayo general que habría hecho el GPO para tener la humanidad confinada, esa sería la distopía, futurible que ya está aquí.


supositorio 5

La política sigue cortada por siglas y patrones de partido y sosteniendo con sus controversias, Betis y Sevilla, cuarto y mitad de lo mismo. Al Psoe y grupo de Coalición dan vida PP y Vox, y a la inversa. La mayoría país sigue fiando en su clase política sin concebir otras instituciones, lo cual incluye a la clase política profesional (profesionalidad que al resto nos deja fuera) y al referéndum monarquía o república, como si el pensamiento no concibiera pasar sin ninguna de las dos. Con esos mimbres, la lucidez crítica no irá muy lejos y quienes entraron con un pie en la crisis, en esta crisis, van a salir muy mal parados, o sea: en el puto paro y, el país, en el rescate. Va a ser tremendo pero ya dijo el clásico que sin teoría revolucionaria no hay acción revolucionaria. ELTeNDeDeRo lo ha intentado, con El virus y la bola de cristal y El pensamiento único que llevamos dentro, a los que, a juzgar por megustas y seguimientos nadie ha hecho caso. El ambiente está preparado para una vuelta terrible a la autoinculpación tipo “estábamos viviendo por encima de nuestras posibilidades”, y con la insolidaridad del “sálvese quien pueda”. Malos tiempos, mala hierba.


supositorio 6

El Gobierno ni siquiera ha aprovechado para intervenir el sector funerario (artículo –Su padre ha fallecido, pasen a recogerlo), cuando hubiera sido tan fácil entre votantes dados a pedir y pedir al Estado del Bienestar. Pues nada. A la gente le va la marcha del recibo del Ocaso (los más jóvenes no sabrán de qué hablo), y se ve que manda el pensamiento antitético: [entierro/incineración] o [por la Iglesia/por lo civil] igual que estamos viendo, hoy 14 de abril, la antítesis monarquía o república. ELTeNDeDeRo es más bien de pensamiento dialéctico, con tres elementos (en lugar de dos: tesis, antítesis, síntesis), para el caso: la muerte sin cadáver y a cargo del sistema de salud; y la familia que quiera pompas fúnebres, allá que las contrate y pague de su bolsillo (al Ocaso, pues), y déjenme que yo me extinga en mi habitación 379 sin que nada ni nadie me saque, ya cadáver, de paseo. La última secuencia de la crisis, esos ataúdes de aquí para allá, ese invertir en el cadáver tiempo y esfuerzo y dinero, es tan de pésimo gusto como señal de una sociedad rocosa que nunca se va a emancipar. Puedo decir que desde eLTeNDeDeRo alguien lo ha intentado, sin caer en los diarios tipo Ana Frank (condenados desde el principio al solipsismo) ni en flases ni en gracietas escapistas hacia la nada. El tema era el tema. Y la ocasión de pensar y discutir, maravillosa.


supositorio 7

Aplausos al atardecer:

–¡Lástima grande que no haya sido verdad tanta belleza!

(Bartolomé Leonardo de Argensola)


supositorio 8

Queden ustedes con este otro soneto que nos trae desde Fuenteheridos, patria querida, José Luis Macías Rico y titulado Covid diecinueve:

Un virus coronado de corona
corona nuestros ayes y desvelos
y nos deja tirados por los suelos,
nos enferma, destempla y arrincona.

Y ya hartos de volar, nos corta el vuelo,
aísla en jaula y urde una encerrona
con tal que no seamos ya persona,
más bien un triste perdigón al celo.

Por volver a las calles, qué daría,
yo pasar silencioso entre las gentes
que, por no dar, ni dan los buenos días.

O pisar esos charcos inclementes
de gentío, afluencia, algarabía
y allá irme yo riendo incontingente.[1]

Lo publicó [eLSoBReHiLaDo], 25 de marzo 2020

[1] José Luis Macías Rico. Calamonte (Badajoz) 1955 / Fuenteheridos (Sierra de Huelva). Maestro de Compensatoria por tierras de Extremadura, Castilla y León y Andalucía. Poemas sueltos en revistas: La Esquina y Crecida (Ayamonte), La Luna (Mérida), Poetas noveles de la Asociación Generación del 27 (Málaga), Sin Embargo (Sevilla), Diputación de Huelva. Libros de poemas: Otras vías que el diablo arguye, sabio (2008) Flor de Pedradas Lunares (2017) y De frutas, virutas y cicutas (en prensa). Como pueden ver, solo por los títulos, algo distinto a tanta fraseología y a tanta poesía (¿?) que no dice absolutamente nada.

Supositorios moldes de plomo
Moldes de plomo para hacer supositorios. Foto Wikipedia.

 

el pensamiento único que llevamos dentro.

Utopía

apostillas a El virus y la bola de cristal

Las ideas del artículo El virus y la bola de cristal no tienen nada que ver, aunque se agradece la comparación, con la Utopía de Tomás Moro, ni con distopías de ciencia ficción. Son ideas que alumbró el siglo 20, y que el 21 no ha hecho más que olvidar a beneficio, claro, de una panda que sigue gobernando el mundo y viviendo del cuento.

En El virus y la bola de cristal se hablaba de los partidos políticos como “asociaciones para el manejo y manipulación de voluntades”. ¿No lo son acaso? Y contra la democracia como inexistente mientras se asiente en la “división electores/elegidos” que algún día la democracia de verdad verá “tan desfasada como la división por sexo o raza”. Para una legión de cabezas pensantes, eso es realismo puro.

Que “pediremos ser controlados por la Administración, ya sin ventanillas ni oficinas” lo vemos hoy por las sucesivas áreas virtuales que ya gobiernan o administran nuestra vida pública (expedición de documentos, tarjetas sanitarias, recetas médicas, Hacienda, DGT, pagos y cobros). ¿Qué dice quien dice que el control atenta contra su libertad?

Que pasarán al “museo del olvido” oficios o trabajos, lo estamos viendo. [1] Que vamos a una sociedad cada vez más robótica y, por tanto, más ‘deshumanizada’… Solo hay que imaginar esa automatización sobre tareas que hoy se creen insustituibles: taxistas, tenderos, burócratas, pero también reyes o presidentes.

Imaginar un mundo sin guerras es mucho más fácil que lo contrario. ¿Se imaginan una guerra entre España y Marruecos; entre España y Portugal o Francia o Reino Unido, se imaginan? ¿Entonces por qué se imaginan el gasto en Ejército y Defensa?

Y si ya no concebimos la pena de muerte, ¿por qué no algún día próximo sin pena de cárcel, cuando el delito se justifique por injusticia social (el robo) o trastorno mental (el crimen)?

Que la ciencia tuviera “otra ética” no vendría mal a la humanidad. ¿O es que no hubo ciencia de laboratorio en ciertas invenciones del siglo 20? ¿No hubo cerebritos de premio nóbel tras los gases de exterminio, esterilizaciones, genocidios, bombas atómicas?

¿Y la Onu? ¿No salió configurada a la medida de las potencias vencedoras de la 2ª Guerra Mundial? ¿No es ese el germen del Consejo de Seguridad? ¿Ha de durar para siempre?

¿Y la Otan? ¿No fue respuesta ‘defensiva’ ante la Unión Soviética y fuerzas del Pacto de Varsovia? ¿Por qué, entonces, ya sin Soviética ni bloque del Este, la Otan continúa? [2]

Y pasando a proyecciones de índole personal que hoy aparentan estar en el centro del debate, el debate no existe. Convénzase, viejo militante en costumbres de otra época: No habrá toros de sangre. No habrá cofradías invasivas (tal como ahora se apoderan de la ciudad). No habrá cada año una portada de Feria distinta.

Porque hasta el almanaque festivo y laboral que hoy comanda una iglesia será sustituido por un cupo de días festivos y laborales que lo que en el futuro será empresa y trabajo administrarán a voluntad y por convenio al día, a la semana, al mes y al año. ¿Que usted quiere su viernes como descanso semanal…? ¡Ahí tiene usted su viernes, sea usted o no musulmán! (Estará prohibido el tapadismo religioso.) ¿Que usted quiere su sábado…? ¡Ahí lo tiene sin problema! ¿Su ramadán…, su yom kippur… para tomar vacaciones con motivo el que usted quiera…? Y los chinos que quieran cerrarán por el Año Nuevo chino. En realidad salvo un calendario escolar, que tiene que haber, todos los calendarios nos vienen impuestos y hasta el papa Francisco, recordarán ustedes, propuso una Semana Santa en días fijos, y no móviles. No le dejaron ni hablar:

–Se ve que es nuevo, el pobrecito.

Mírese usted en los bolsillos. No sea que entre sus llaves y pañuelos lleve usted, en el fondo, un buen pensamiento único, ¡ay truhán!

[1] Sin salir de gente de mi edad: ¿cuántos soportes de audio y vídeo (con sus correspondientes negocios y comercios) hemos conocido? vinilo, casete, cedé, mp3, mp4… ¡Para al final Youtube o Spotify! Imagínense qué fue de la efepé de singles y elepés. Atención, familias, qué carrera dan a jóvenes y adolescentes en edad de labrase (imaginarse) un futuro.

[2] La respuesta es obvia para quien respira pacifismo: la Otan había venido no para defendernos sino para quedarse. ¿Sabían ustedes que en 1954 la URSS propuso su unión a la OTAN, con el objetivo de mantener la paz en Europa,​ pero los aliados rechazaron la propuesta? La paz y el desarme a nivel mundial han sido objetivo de la Onu (pueden verlo pinchando aquí). Por paz se entendía coexistencia pacífica y el desarme arrancaba por la no proliferación de armas nucleares o de destrucción masiva; recientes, como estaban, Hiroshima y Nagasaki. ¿Seguro que detrás de Covid-19 no está algún listillo jugando con lo que no se debe? ¿Y no será el coronavirus un arma de destrucción masiva? Lo que es seguro es que la duda no tiene nada que podamos llamar conspiranoico.

Utopía

arte y artistas, ocio y negocio.

pinza dibujada vector art

1.
El currante, hombre o mujer, a quien llamaremos T (de trabajo), acude a su trabajo. Sin haber leído a Marx, en una economía de mercado, lo único que puede ofrecer (vender) T al mercado es su persona. T tendrá que poner ladrillos o tornillos, coser ropa o contratarse como asistenta. Ya en casa, en su tiempo de ocio, T se dedicará a leer, a oír música o a tocar la guitarra o las narices. [1]

2.
La vida, tal como está montada en Occidente, es una larga conspiración contra el trabajo[2]. Así, ocurre que detrás de una reclamación sindical o de una marea blanca, verde o amarilla, se esconde la defensa de mi puesto de trabajo, que puede discurrir al margen del bien común. «Sin cultura no hay vida», escribe en su pancarta la alumna de conservatorio. «La vida está en los libros», dice el librero en crisis de competencia con Amazon o HTML. Y cuando yo, el de la marea pública defiendo la sanidad o la enseñanza públicas en nombre de la salud o de la educación general, en realidad estoy defendiendo mi empleo, empleo que entrará en competencia con otros sindicatos de la privada o de la concertada. La prueba de la sinrazón estaría en currantes de Airbus o Navantia que, alegando la defensa de su puesto de trabajo, para el sostenimiento de su familia, defienden y sostienen con sus monos azules la fábrica de armas o transportes militares que irán a herir o a matar familias como la suya.

3.
El sector del arte y la cultura anda removiendo el patio como sector damnificado por el parón de la puñetera crisis. El sector, de suyo quejica y acostumbrado a ser mimado y subvencionado en nombre de “arte y cultura para todos”, lo que de verdad quiere es un salario como el currante de la ferretería o del transporte o de la construcción.

Si todo el mundo tiene derecho a un trabajo retribuido, también tendría derecho a un ocio retribuido, sea el que sea. De lo que no se quiere hablar es del injusto reparto entre cigarras y hormigas ni de equilibrar la carga de horas gratas e ingratas. Al final, y por el proceloso cauce del Estado del Bienestar (Estado que nutren con sus impuestos las clases productivas, de ‘negocios’ y de ‘no ocios’), las clases culturales, improductivas, se la montan de maravilla y también explotan a la masa trabajadora, que carece de glamur (esa tontería) y acude al trabajo por la acera y por la sombra, y no entre focos por la alfombra roja.

[1] Por trabajo se entiende, no esfuerzo ni vocación (con esfuerzo se practica algún deporte; por vocación, se apunta uno a misiones humanitarias), sino actividad de obligado cumplimiento para la adquisición de un salario. trabajador se sobreentiende por cuenta ajena frente a por cuenta propia o notrabajador, si cuna y rentas nos permitieran vivir sin trabajar. negocio viene de nec otium, no ocio, sin ser necesariamente un hombre de negocios. trabajo viene de tripalium, potro de tres palos donde azotar esclavos. La etimología se expresa sola.

[2] Pues todos quieren trabajo, y nadie quiere trabajar.

el virus y la bola de cristal.

la bola de cristal

Que el pensamiento es estar siempre de paso.
(Luis Eduardo Aute)

Una actividad que se está poniendo a prueba es nuestra facultad de pensar, de sacar conclusiones, de ir de las causas a las consecuencias. Para el caso: la política, la salud, o el trabajo o las fiestas.

Enseñando a pensar (el profesor es así de pedante) propongo a mi alumnado que vea las cosas a través de una bola de cristal, esa que maneja una adivina para leernos el futuro. La pregunta es: ¿qué quedará en pie de todo esto? Abandonar el presente no es fácil pero no queda otra si el pensamiento no quiere hacer lo que hace las más de las veces: el ridículo.

Empecemos por la política. Los partidos, hoy criaturas subvencionadas, pasarán a verse como asociaciones de delincuentes para el manejo y manipulación de voluntades. Seguirá habiendo asambleas o reuniones políticas pero la división elector / elegido estará tan desfasada como la división por sexo o raza. Pedir el voto será ilegal por leyes anti igualdad y anti prevaricación. No habrá ciudades empapeladas en campaña ni jornadas de reflexión, y la designación (no elección) saldrá por demoscopia (cargos no retribuidos y aleatorios, en proporción al censo real), y por procedimiento electrónico, sin colegios electorales y con gasto cero de papel, árboles y bosques definitivamente protegidos. La aceleración de la historia pedirá actualización del programa democrático en tiempo real (no a cada cuatro años) como respuesta a cambios humanos, ecológicos o científico técnicos que harán irreconocible el mundo que hoy tenemos.

Y olvídense del miedo a que Google nos controle. Tomado Google (como antes se tomó la Bastilla o el Palacio de Invierno, del pasado también se aprende), pediremos ser administrados (llámenle controlados) por una Administración, ya sin ventanillas ni oficinas, que será virtual. Administración y autogestión del individuo harán pasar al museo del olvido no solo a una burocracia: a la clase política, al ejército y a casi todos los cuerpos de policía que hoy sí que nos tienen bajo control. No habrá guerras ni cárceles, porque será cierto el no matarás y la libertad no será ni premio ni condena.

Y casos como el de un virus artificial o manipulado no se contemplan porque la ciencia tendría otra ética. La Onu será de auténticas naciones por la paz y el progreso y la OMS estará al servicio de la humanidad, no del negocio de corporaciones que hoy se lucran con nuestra salud.

Y aunque a usted le gusten los toros (tiene usted todo el derecho) la bola de cristal nos dice que en el futuro no habrá tauromaquias de sangre (cuando el maltrato animal esté absolutamente prohibido) y también puede que las procesiones por fin acepten las reglas de juego, las mismas que se aplican a cualquier otro tipo de desfiles o manifestaciones. Y las horas de trabajo que hoy se invierten por hacer una portada de feria distinta cada año, irían a obras de interés social donde hay tanto chabolismo, ocupas y sintechos. Verá cómo usted se lo pasa igual de bien. Como si su hermandad de su alma, ya sin subvenciones, llevara publicidad o cobrara por ser vista. Toros, procesiones, ferias…

¡Qué niña mimada es la cultura!


abandonen toda política.

Gustavo-Dore-Infierno-Canto-III foto Trianarts

Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate
(Comedia, canto 3)

Habrá que recordar que el Estado, como el Dios católico, es uno y trino: Estado, Administración y Gobierno.[1] [2]

El coronavirus ha puesto en evidencia que, mientras la Administración funcione, el país funciona, y no a la inversa: de nada sirve un Gobierno si no funciona la Administración (Sanitaria en este caso).

Es hora de que la clase política profesional, vista su inutilidad y la pasta gansa que nos cuesta, vaya pensando en prejubilarse. Y que en la próxima declaración de Hacienda podamos elegir entre las casillas Política o Administración.

Y que, desde ya, el contribuyente votante pague de su bolsillo el sostenimiento de una clase política profesional que podría no existir (sigue en nota[3]). No sale a mucho: a menos de 10 euros por convocatoria y voto emitido.

Pero no jodan con la política de siglas ni con la que, sin siglas, se le ve el plumero del partidismo.

Para que nos apasionen Barça o Madrid, Sevilla o Betis, primero tendría que gustarnos el fútbol.

Dejad toda propaganda, vos que votáis.

[1] El Estado es un concreto y un abstracto: pienso en el Estado y pienso en algo que va desde lo represor (Justicia y Policía me imponen un respeto), al optimismo o la utopía: como cuando se quiere hacer de la violencia sexista cuestión de Estado o cuando alguien cree vivir en un Estado de Derecho (¡y una mierda!, habrá quien diga). El Estado nos tendría que unir, y la política no hace más que dividirnos.

[2] Estado, del latín status y con mayúscula inicial. Administración, latín administratio y con mayúscula inicial. Administración central, pública, autonómica, municipal, provincial, local, tributaria, de correos, de lotería. Gobierno es el órgano superior del poder ejecutivo salido de un Parlamento elegido. Por política se entiende pensar la polis, la cosa pública, el bien común. La política militante o de partidos no es más que una parte, y no la mayor ni la más humana, de la política sin apellidos.

[3] … sustituida por democracia electrónica o representatividad demoscópica con cargos o escaños rotatorios por azar o por orden alfabético. A porcentaje de población activa, correspondería ese % de escaños o cargos; a tantas mujeres frente a varones, mismo reflejo; % de población en paro, lo mismo; y así. Verían ustedes como no sale elegido presidente un rico ni un banquero.


Foto portada Gustavo Doré, en Trianarts


Neoliberalismo y Estado del Bienestar.

santillana-del-mar fotos Seguros RGA

Más que Santillana del Mar, miente la palabra neoliberalismo[1], que ni es nuevo ni libertad; salvo para la parte empresa sin que el Estado intervenga. No hace falta leer a Carlos Marx. Todo es capitalismo puro y duro. No hay más. Solo en épocas de crisis el capitalismo ha puesto sordina a sus desvaríos, como el Don Guido de Machado. Cuando o aunaba criterios o se iba a la mierda. Esas etapas de concesión al arbitraje del Estado han coincidido con las posguerras de dos Guerras Mundiales. Reagan en Estados Unidos (de 1981 a 89) o Thatcher en Reino Unido (de 1979 a 90) fueron la expresión de que la posguerra había terminado y de que el modelo soviético iba a ser vencido (1989). Si Reagan y Thatcher representaron el neoliberalismo fue por contraste y por demoler el Estado del Bienestar (1930/años 70)[2] que había encandilado a socialdemócratas de toda Europa, empezando por los países nórdicos.

Otra cosa fue la adopción del neoliberalismo en nuestros hogares y modos de vida: se ve cuando la niña elige ser artista de conservatorio y luego no prospera y ahí la tenemos, de nini que ni estudia ni trabaja y cumplirá los 40 sin salir de su cuarto, “que es mi cuarto”. Y como los bolsillos no suelen dar para tanto, es fácil, y casi normal, padres y madres en edad de votar acudir al socorro del Estado: becas, vivienda, salud. Pero la pregunta sigue siendo:

–Bienestarista, hija: ¿Tu bienestar, quién lo paga?

En tiempos de abundancia la preguntita se podía soslayar. Ahora resulta de lo más molesta (Psoe IU Podemos ni quieren hablar). La respuesta es dura a los oídos de quien vive “en un país libre”.[3]

Ocurre que, al final, ya no es la ley de la plusvalía del capitalismo que más gana cuanto menos paga: ya soy yo (el contribuyente, el sin familia) quien gano más cuantas menos vidas ajenas pague a través de impuestos vía Presupuestos del Estado. Esa es la gracia a la que yo no le veo la gracia. Creerá el estríper o el esculpidor de uñas que el Estado les va a pagar su salario social o que el neoliberalismo, ya vencido por lo visto, los va a reponer en el negocio en que estaban. Dan ganas de reír si no fuera para llorar.

[1] neoliberalismo. Iniciativa privada económica, frente a intervención del Estado. Viene de libre, libertad, y no tiene nada de nuevo. Basta consultar la Wiki. Se resume en la expresión francesa laissez faire.

[2] El Estado del Bienestar surgió como respuesta a la Gran Depresión de 1930, intervencionismo estatal para abordar el desempleo, la pérdida de producción y el colapso del sistema financiero.

[3] De ahí, el menosprecio al milagro chino ante la epidemia: ¡Claro, es que allí la gente está toda controlada, y no como aquí, que hay libertad!


foto de portada: web de Seguros RGA

la cabaña.

LA CABAÑA
versión de la escondida senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido,

de Fray Luis de León.

Los dos salíamos al campo. Nos hablábamos de usted.
Era otoño por la tarde y el sitio a donde íbamos,
más lejos de la cabaña a pocas millas
(la película era inglesa) de la mansión principal.
Yo era el tímido sirviente de toda confianza
–tu preceptor de música o el secretario de tu padre–
y, tú, la hija única destinada a casar
con el rico y odioso señor.

Andábamos no cogidos del brazo.
Yo, a mi chistera y mi bastón de caña.
Tú, en tu mundo de pamela y organdí.
Y todos, todos menos nosotros,
vieron venir la tormenta que el camino
de vuelta volvería impracticable:
–Tendremos que pasar sin más remedio
la noche en la cabaña, señorita.

/ a quienes, con suerte y maña,
la vida confinó a su medida /

¿Nuevos Pactos de la Moncloa? (2).

Si lo primero sería ir hacia una reubicación geopolítica más económica de España en el mundo (UE, Otan, Onu, Ejército, Jefatura del Estado: todo eso sale muy caro), lo siguiente sería el replanteo del Bienestar, como individual zona de confort.

El Estado del Bienestar fue un farol que se marcó el Psoe de la Transición, bajo el poderoso influjo de la social democracia alto europea (Willy Brandt, Olof Palme), lo que catapultó al poder a Felipe González en cinco años (de 1977 a 1982) con el decaimiento del PC. De entre los encantos del Estado del Bienestar, uno se inoculó para siempre en la ciudadanía progresista, y fue que el Estado dejó de verse represivo [1] para pasar a verse como órgano benefactor. Cundió una doble moral: si me va bien, para mí, y, si me va mal, para el Estado a través de impuestos, vía Presupuestos. Esa doble moral ha traído la mentalidad que vemos en nuestros hijos y nietos, dicho en Manuel Machado: «Que todo, como un aura, se venga para mí y que jamás me obliguen el camino a elegir». ¡Y, luego, nos quejamos! ¡Cuando los hemos criado nosotros, madres o padres, abuelas y abuelos, más/menos yayo flautas!, que picamos el anzuelo del Psoe en los 80 y de Podemos en 2005, a cambio de renunciar a lo que ideológicamente nos definía: la conciencia de clase, que, perdida, ha cuajado en una generación que ha hecho de revolución y cambio una batallita de abuelos cebolletas.

Sea como sea, y diga lo que diga el Estado, del Bienestar se sale en cuanto llega la crisis. Pasó en 2008 (quiebra del sistema financiero inmobiliario; 2007, Lehman Brothers) y pasará ahora. A falta de vanguardia hacia nuevas metas [2], el desempleo y verse en la calle harán a las criaturas espabilar de la zona de confort donde estaban dormidas.

Al final, dos piezas saldrán al tablero. Una, ya lo verán, será otra vez que “estábamos viviendo por encima de nuestras posibilidades”; y, otra, más en serio: que habrá que replantearse familia, trabajo y residencia sin ayuda de los mayores ni del Estado, cuyas ubres se habrán quedado secas. Solo un estado de necesidad puede remover conciencias. Ojalá la gente espabile, empezando por el abandono del narcótico voto útil. Reducir en peso y nómina la clase política (hasta acabar con ella, habiendo Administración) ayudaría a llenar las esquilmadas arcas sociales. Y no haría falta pacto ninguno que, de firmarse, iría contra la gente, como han ido siempre los muchos pactos que en la historia han sido. [3]

[1] represivo veía al Estado la izquierda; la derecha, lógicamente, no. Pero el Bienestar puso a una y otra más de acuerdo que nunca.

[2] No es vanguardia la intelectualidad, que da pena en cuanto la sientan a la mesa de los Príncipes de Asturias; no es el arte; no es IU abducida por Podemos, a su vez, abducida por un Psoe que ni en el 77 fue, ni en 2020 es socialista, sino lo menos facha que se despacha, y por eso a los coalicionistas les gusta tanto, y les viene tan bien, quejarse de las burradas de Vox y de las privatizaciones del PP.

[3] Documentación:

¿Nuevos Pactos de la Moncloa? 1

Jinetes del apocalipsis

Análisis del Bienestar

Carta a un demócrata creyente en el Estado del Bienestar

‘Adelfos’, de Manuel Machado


jinetes del apocalipsis.

Apocalypse_vasnetsov

Desde el Apocalipsis, de San Juan, se tiene por probado que el fin del mundo absoluto (el fin del mundo egoísta sería mi propia muerte) monta, en cuatro caballos, cuatro jinetes: la conquista, la guerra, el hambre y la muerte.[1] Los cuatro están en esta crisis. Aunque atravesemos todavía la fase de aplausos al atardecer y demostraciones (algunas, admirables) de solidaridad; aunque nos convoquemos con que de esta se sale y saldremos todos juntos y nuestro conjuro común sea la clase médica o sanitaria (para algunos, hasta el Ejército, que mantiene confinado el tema catalán), todos sabemos que antes o después se impondrá el sálvese quien pueda que enfrentará a unos y otros por el mantenimiento siquiera de nuestro antes de la crisis, algo así como Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy (o como estaba). Ahí será Troya y más.[2]

La Historia nos enseña que las grandes masas que han alumbrado o conocido una revolución a un mundo nuevo se han movilizado contra situaciones de hambruna o de guerra o, lo más probable, hambre y guerra a la vez. Hoy, la inteligencia de tertulia se despacha llamándonos conspiranoicos a quienes hemos visto en Covid todos los ingredientes de una guerra, y el que no falla: poderosos (por bloques del mundo o economías en conflicto) que mandan a la muerte a personas inocentes. Se puede discutir la idoneidad del arma utilizada (su exactitud bélica, su origen, su grado de acierto) y también, el campo de batalla: vaya que el fuego amigo haga más daño que el enemigo. Lo que está claro: la buena gente, sencilla gente, pierde como peones del ajedrez: su vida vale poco, mientras reyes o emperadores ganan y ganan y vuelven a ganar. De esto, la tropa no quiere ni oír hablar. Se engaña con que el Gran Poder Omnímodo lo niega todo, como Sabina. Y se beneficia de para qué preocuparme hoy, si me puedo preocupar mañana. Pero dile tú a la esteticista, empleada o autónoma, que andaba en su negocio de uñas pintadas (nails), que su sector ¿estratégico? volverá a prosperar como antes de la crisis. ¡Y un jamón!, que es como decir y un mojón, pero mucho más fino. Para mañana, dos jinetes más.

enlaces: Es la guerra, Para noicos, Conspiranoico

Ilustración de portada: Cuatro Jinetes del Apocalipsis, por Viktor Vasnetsov (1887).

[1] Wikipedia. El caballo blanco lo monta el jinete de la conquista; su arma es el arco. El caballo rojo es la guerra; su arma, la espada. El caballo negro lo monta el hambre, la hambruna, y su jinete lleva un par de balanzas o básculas (para pesar el trigo). El cuarto caballo es rojizo y va montado por el jinete de la muerte, a quien seguía el Hades, el inframundo, para matar la cuarta parte de la tierra a espada, con hambre, con mortandad (o pestilencia) y con las fieras. La muerte iría con guadaña.

[2] Francisco Nieva: La Paz (1977), sobre Aristófanes: «Aquí será Troya y más. Todo se hunde. Nos comeremos el codo, haremos de nuestros dientes caramelos consoladores.»


viva la clase médica.

CURRICULAR POR LEMONGE recortada
¡Viva la clase médica!, dijeron,
como si la masa hubiera podido
alcanzar altas carreras,
para el caso, medicina,
y como si los hospitales
se construyesen solos.

¡Todos con la clase médica!, sí,
pero yo no he sido
quien limpiaba aquel cuarto de leones,
quien decía a las visitas
¡Silencio, está estudiando!

Tampoco fui el último de la clase,
ese de obras públicas
por donde pasan veloces
doctores a su turno,
ambulancias hasta la uci.

¡Viva la clase médica!,
cuando enfermé y me ingresaron
y me dejé de discursos
sobre clases sociales.


foto portada: LeMonge


de colon a columna hospital (2)

¡Es la guerra, idiotas!

masmadera

Díganme qué parte de la Guerra del Vicod o del Covid o del Coronavirus no comprenden. Cuando la guerra es secreta, eso incluye que Equis esté jugando con experimentos de laboratorio hasta un límite que nunca va a reconocer. Cuando la guerra se activa hace falta que Equis contemple una parte razonable de daños colaterales por fuego amigo: así, de paso, ese montón de muertes de su propio bando le servirán de coartada y para defenderse (¿Veis cómo yo no he sido?). Para que una guerra empiece (con cualquiera de sus armas: bélica, económica o biológica) basta que Equis quiera acabar con Ygriega o Zeta, y que calcule que saldrá ganando doblemente: en la guerra y en la posguerra.

Espectadores o tropa involucrada, tendremos que elegir. Yo, entre conspiranoico o traga sapos, señalo con mi dedo (de figura de paso de Semana Santa) al Gran Poder Omnímodo, de quien es parte heredera el actual Gobierno de Psoe + IU + Podemos al tiempo que –como peón penúltimo en el tablero– aplaudo al atardecer a la salud de los míos y a la rabia de la inteligencia.


guerra. [717M de gugles. Para que se hagan una idea, paz aparece 682M] Del germánico *werra, ‘pelea’, ‘discordia’, (antiguo alemán, wërra; neerlandés medio, warre). 1. Rompimiento de la paz entre dos o más potencias. 2. Lucha armada entre dos o más naciones o entre bandos de una misma nación. 3. pugna, oposición, rivalidad. 4. Lucha o combate, aunque sea en sentido moral. 5. Oposición de una cosa con otra. 6. Como interjección, ¡Guerra!, para excitarse al combate. El diccionario recoge hasta 24 tipos de guerra: abierta, atómica, biológica, campal, civil, de bolas, de cifras, de nervios, de palos, de posiciones, de precios, de trincheras, electrónica, fría, galana (poco sangrienta y sin arriesgar el ejército), nuclear o atómica, preventiva, psicológica, química, santa, sin cuartel, sorda, sucia. Wikipedia, por su parte, da 38 clases o tipos de guerra: absoluta, acorazada, aérea, ártica, asimétrica, bacteriológica o biológica, civil, climática, comercial, convencional, de agresión, de baja intensidad, de cuarta generación, de desgaste, de guerrillas, de la información, de posición, de trincheras, electrónica, en red, financiera, fría, híbrida, irrestricta, justa, mundial, naval, no convencional, nuclear, numérica, psicológica, química y bacteriológica, relámpago, santa, subsidiaria (o por poderes), sucia, terrestre, total. Curiosamente, la Academia no recoge guerra económica [1.520M], y la Wiki le dedica capítulo aparte como guerra financiera. La página Voltaire.net.org recoge como ingredientes de guerra: 1º Un motivo real o aparente. 2º Conocimiento del adversario. 3º Cálculo de bajas o riesgos humanos y materiales. 4º Cálculo de consecuencias o nueva escena.

Díganme qué parte de la Guerra del Vicod o del Covid o del Coronavirus no comprenden. Cuando la guerra es secreta, eso incluye que Equis esté jugando con experimentos de laboratorio hasta un límite que nunca va a reconocer. Cuando la guerra se activa hace falta que Equis contemple una parte razonable de daños colaterales por fuego amigo: así, de paso, ese montón de muertes de su propio bando le servirán de coartada y para defenderse (¿Veis cómo yo no he sido?). Para que una guerra empiece (con cualquiera de sus armas: bélica, económica o biológica) basta que Equis quiere acabar con Ygriega o Zeta, y que calcule que saldrá ganando doblemente: en la guerra y en la posguerra.