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Juana, genio y figura.

Juana

Si un tema hay gastado y derretido para hacer literatura, ese es la muerte; más que el amor. La muerte sigue siendo como en tiempos de Manrique. Lo más que hacemos es ponerle un nombre o una cara y aportar algún punto de vista, religioso o civil. Aquel Llanto de Lorca.

Cuando murió mi madre, que era una anciana balilla de mal asiento que no dejaba vivir a nadie, quise que mi familia mandase poner esta corona firmada por “tus hijos y tus nietos”:

«Descansamos, o descansemos, en paz.»

Mamá lo comprendió y salió por donde costumbre:

–¡Hay, Daniel, como se entere tu padre, el disgusto que le vas a dar!

O quizá por esta otra petenera:

–¡Hay, Daniel, qué pamplinas tienes!


Juana

Ahora ha decidido dejarnos –me avisó su yerno Salva, titular de la etiqueta “suegra”– nuestra amiga Juana de Sanlúcar, a quien yo llamaba Reina de la Ibense porque era donde me la encontraba sin falta al desayuno, lo mismo que yo no faltaba a mi cerveza, siempre en Plaza del Cabildo.

Juana era de esas señoras con todo viento a favor: su ser de Iglesia hasta en la iglesia tener su sitial, su ser de derechas, señora de, excombatiente de la Acción Católica, su hablarle de tú al señor cura párroco y, casi, casi, al mismo Dios (que estará San Pedro que no sepa el hombre dónde meterse); su distinguida elegancia, su mirar por encima a esta España de la que yo gustaba pincharla para que largase, como se suele decir, por esa boquita. ¡Y vaya si largaba!

Quizá el ver en mí a un poeta comunista de pinta aristocrática (vieja bici BH, bastón de caña, lazo y panamá) nos unió en un raro anacronismo, en una complicidad para reírnos del mundo:

–Juana, igual que en tu iglesia del Carmen hay nave de epístola y nave de evangelio, así yo, en mi chaleco traje, llevo dos bolsillos con monedita suelta: el de la derecha para propina y el de la izquierda para limosna. Todo menos decir: ¡No llevo suelto!

Últimamente estaba faltando a clases en la Ibense y yo la apremiaba con este canto de Esperanza de vida:

–Con tantos años cumplidos, ¿qué más te daba cumplir unos añitos de más? Siquiera por alargarnos el sueño de quienes vamos detrás.

No me ha hecho caso. Mis palabras a lo mejor mienten; mi egoísmo, no.

El genio sabe que el genio sin figura no va a ninguna parte.

Genio y figura, Juana.

/ a Juana Domínguez Hermosilla /
–1 de junio de 2020–

esquela JUANA

campanas de San Lorenzo.

Procesión en San Lorenzo mayo 2010 006 Daniel Lebrato con Ángel Esteban
Con el último ángel rebelde, Ángel Esteban.

Campanas de San Lorenzo

Agradece cuando dan la una y la y media. Pero si te tocan las doce del día o la misa el domingo o por fiesta grande de la cristiandad, entonces ‑hermano, hermana‑, ya puede ir gustándote la percusión metal. Porque todas las campanas de todas las torres y espadañas del barrio de San Lorenzo (más o menos seis mil, vendrá en la Wiki) te llamarán, nos llamarán a todos. Y no serán Blas de Otero ni Paco Ibáñez sino los bronces y carillones de la vecindad. ¿Vive alguien aquí que no sea cura ni monja, beata o capillita o con un pedazo de cielo en el cielo? Cuando tocan a deshora o a desdía, miedo me da preguntar por quién tocan.


Gracias y desgracias del toro de lidia.

SEIS TOROS, 6.
Tauromaquia en espirales a la manera de Luis Martín‑Santos


1º. Matar toros es ‑mucho más que animalista‑ conservacionista. Y de una especie que, sin la Fiesta Nacional (pongámosle las mayúsculas cuanto antes), estaría en peligro de extinción. El toro bravo es un ser para la muerte. Podemos decir ‑sin temor a equivocarnos‑ que ha leído a Heidegger.


2º. La especie toro bravo o toro de lidia incluye su hábitat, finca donde se cría y grey humana que lo cuida hasta llevarlo con mimo a su destino: desde el ganadero o empresario terrateniente y latifundista, hasta el veterinario, el mayoral, el picador, el mulillero, el mozo de cuadra, peones o gañanes de los de Los santos inocentes, o la criada de ahora mismo los recibe don Eduardo. Todo esto, en la España piel de toro y toro de Osborne, mejor sitio del mundo que eligen los toros de lidia para realizarse como mito, lo que determina el paisaje económico y social de la baja Andalucía y de vastas comarcas de la Ruta de la Plata, esa luna enamorada de los toros y de los caballos de raza que se las verán con ellos en el señorito arte del rejoneo.


3º. A ese paisaje agrario con toda su geografía humana se añaden ciudades y grandes y medianos pueblos (los pequeños soltarán vaquillas), con sus concejalías de cultura o fiestas mayores, que tienen dispuestas sus ferias con sus plazas de toros, sus taquillas, su venta anticipada por internet, sus guiris y forasteros, sus verdaderos aficionados o entendidos, sus bares y restaurantes, sus hoteles y comercios del entorno, más  vendedores ambulantes ‑reventa de entradas incluida‑ con algún Cortadillo de bolsos y carteras ajenas. Más policía, pues. Todos esperan el cartel de no hay billetes, máxima condecoración en días de corrida. Al conjunto, lo llamaremos cultura y civilización y casi, casi, religión: algo en lo que ‑para ser buen español‑ hay que creer y, si no, ahí está Cataluña, cuya anti españolidad se demuestra andando con la abolición.


4º. Existe además una promoción de muchachos (y unas pocas atrevidas) que, sobrados de facultades y medios familiares, no obstante eso, eligen no las cómodas carreras de medicina, derecho, ingeniería o ni siquiera el balompié; eligen la arriesgada carrera superior de tauromaquia: perito en capotes y banderillas, maestro o diestro matador de toros con la muleta: torero (o toreador, en otras latitudes) de los de a ver dónde está ese bicho, a ver si tiene cuernos (huevos) como dice, que me lo despacho aquí mismo de una estocada. Opcionales: la folclórica tras el abanico en el tendido sombra y recibir ante los toriles a porta gayola.


5º. Va a terminar la corrida y la crónica es siempre igual y la misma. Leemos en ABC: Torerito de Tal (de azabache y oro) muy bien que estuvo (quien dice bien, dice valiente, decidido, animoso, arrojado, entregado,  templado, con voluntad, con ganas, con mando) pero no le acompañó el toro en su faena. Vaya por Dios. Y aquí aparecen calificativos de manso, afeitado, semi toro, saco con cuernos, con percha, con manillar, cabestro, buey, vaca o becerrita; nunca notas por exceso de bravura o de trapío.


6º. Total. Por culpa de las ganaderías y de los toros, que ‑habíamos quedado‑ son los primeros interesados en la fiesta, falla ‑curiosamente‑ la fiesta de los toros. Vuelva a leer el toro número uno y procure no perder el hilo (de Ariadna) o la razón.


Sobrero. Estas espirales martinsantosas (o martinsantinas) excluyen ‑pero incluyen‑ la posibilidad cierta de que el torero muera o sufra algún desgraciado percance en el ruedo, culpa sin duda de la mansedumbre del que ya era manso o de una sobreactuación o insuficiente preparación para el mito. Lo que es seguro es que alguien lo ve en la plaza y al día siguiente en otra plaza ‑de abastos‑ habrá carne de toro de lidia. Especialmente apreciado, el plato de rabo o cola de toro. Exquisito según mercado y máster chef.


¿qué pasa en Siria?

¿Por quién doblan las campanas? es de esos títulos que tienen alcance al margen de la obra que representan.[1] Hemingway lo tomó de un poema de John Donne[2], que se reduce así:

«Si el mar se lleva una porción de tierra, toda la tierra queda disminuida. Ninguna persona es una isla. La muerte de cualquiera me afecta porque me encuentro unido a toda la humanidad. Por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas. Doblan por ti.»

Hoy, que en el hemisferio cristiano es día de campanas que llaman a los oficios del viernes de dolores y alguien rezará por Siria, les propongo este otro toque de campanas, esta pirueta o silogismo, acaso una oración:

«No preguntes qué está pasando en Siria. No preguntes quién mata o quién muere, ni si es por armas químicas o físicas. En la cadena (del bien o del mal, tú eliges) están Rota y Gibraltar, están tu Gobierno y tu partido o sindicato y está el aliado de todos, que es Donald Trump, quien hoy ‑abre el telediario‑ se ha despachado unos tiritos en Siria, capital Damasco (¿o Washington?, ¿o Moscú?) Estoy también yo, que circulo de vacaciones por la A‑2001 desde El Puerto a Sanlúcar. Y tú, que miras el Peñón y su bahía desde lo alto de San Roque pensando qué bella vista. Está quien atornilla la última entrega de Navantia en Cádiz o la penúltima ingeniería ‑por supuesto, de transporte y como si la muerte viajara sola‑ en la Sevilla de las primeras procesiones y del último Airbús. No preguntes qué pasa en Siria. Pasa por ti.»

–enlace a Viernes de Dolores (la edad)

–enlace a Carta a una guardería

[1] For whom the bell tolls, novela de Ernest Hemingway en 1940 y película de Sam Wood en 1943, con Ingrid Bergman y Gary Cooper.

[2] Poeta metafísico inglés, Devociones para ocasiones emergentes (1624).

Añade Rafa Iglesias: 

La joya de la corona de la industria sé…villana. El Airbus 400‑M. eMe de militar, que no se le olvide a nadie. Para transporte de bombas o embajadores de la muerte. Los de otros gobiernos que nos compran el juguetito infame. Somos cómplices de la infamia. Nosotros, también. Y los técnicos que trabajan en ello para alimentar a sus familias, más, mucho más. Que tengan conciencia que otras familias sufren muerte, heridas y terror. Que piensen que podrían ser sus propios hijos los destinatarios de los portes del aparatito que construyen.

Y si el asunto prioritario es crear industria y reactivar el precario empleo en Sevilla, puramente, sugiero invertir todo ese potencial económico destinado al Airbus en hacer minas antipersonales. Esas pequeñas indetectables de plástico llamadas saltarinas (pues al activarse hacen lo propio hasta la altura de la cintura de un adulto, ocasionándole daños más importantes que si explotaran desde el suelo; a un niño, ni te cuento lo que le hacen) requieren muchísima menos inversión en infraestructuras y tecnología, necesitan más mano de obra a contratar (por consiguiente, menos paro) y dejan bastante más beneficio, tanto a empresarios como a demás cómplices.

¿Por dónde cae el Palacio de Buckingham?

Cuando una dinastía o casa real se apropia de la jefatura de una nación, no deja a la nación democrática o republicana más opción que desear su propia muerte. Historia y derecho distinguen entre regicidios cometidos por atentados y regicidios por sentencias dictadas por un nuevo régimen. Notables regicidios fueron los de Carlos I de Inglaterra (1649), Luis XVI de Francia (1793) y Nicolás II de Rusia (1917). Gracias a aquellas ejecuciones, los zares no han vuelto e Inglaterra y Francia se inyectaron de democracia y nuevo estado que todavía les dura. Hoy día, y para evitar extremos de violencia y de sangre, se recomienda que las monarquías, si quieren presidir la jefatura, se pasen por las urnas como cualquier partido o candidato. Khalid Masood, 52 años, ciudadano británico de inspiración islámica, al volante de un 4×4 por el puente de Westminster, no tenía ni puta idea de por dónde cae el Palacio de Buckingham.

*

the industrial revolution (2). Antonio Delgado Cabeza.

benagalbon foto Diario Sur

Llegué a Benagalbón en septiembre de 1980. Mi primera tutoría fue un séptimo de EGB. No he olvidado a aquellos alumnos de 13 y 14 años. Pepe, Manolito, Paco, Enrique, Salvador, Salvori, espigados, fuertes, con la piel curtida y callos en las manos. Cuando terminaban el colegio, ayudaban en los huertos familiares, dominaban las labores agrícolas y ganaderas. Sus padres pertenecían a la primera generación que había tenido que cambiar el campo por la construcción, trabajaban de albañiles o de peones en empresas malagueñas que se movían por la costa y los hijos compaginaban la escuela con su responsabilidad en las tareas del campo.

Recuerdo con especial cariño a los alumnos de El Valdés. Eran niños con una sensibilidad diferente. Académicamente fracasaban, eran considerados no aptos por la enseñanza tradicional al uso. Sin embargo, aquellos jóvenes eran capaces de cavar una viña, desmontar y arreglar el motor de su moto de 49 centímetros cúbicos o de estar un fin de semana vendiendo sacos de patatas en un cruce de carreteras del Campo de Gibraltar. Pasaban el verano yendo a Murcia o Manilva por uvas. La viña es un coñazo, maestro, hay que estar alrededor de ella todo el tiempo. Podar, sarmentar, cavar, vinar, sulfatar, despuntar, tapar, vendimiar… todo el año liados en unos pechos en los que no entran tractores ni nada, tenemos que usar amocafres, hasta los palos de los azadones sobran. Después, las pasas en los paseros, pendientes del cielo para poner los toldos en cuanto cae una gota. Antonio, ezo noztá pagao con ná.

Esa fue la última generación de jóvenes que se relacionaban con la tierra, que sabían los nombres de los árboles y de las plantas, que controlaban los cultivos de cada estación y los ritmos de la naturaleza. La mayoría de los adolescentes de ahora no distingue una encina de un olivo, el secano del regadío, las especies autóctonas de las foráneas. De una generación a otra se ha perdido la sabiduría acumulada durante miles de años, se ha producido una desconexión brutal con la Naturaleza, una enajenación artificial de la producción de alimentos, un desenraizamiento con el planeta de consecuencias imprevisibles.

Te he contado hasta ahora cómo he vivido la llegada de los motores a mi vida y a la sociedad que me rodea y quiero que sepas mi opinión acerca de este proceso de industrialización y modernización que ha concluido en la llamada globalización. Cuestionar que ha habido progreso, carece de sentido. Que vivimos mejor después de esta revolución es una obviedad. Que las máquinas en general y los electrodomésticos en especial han hecho más fácil y confortable la existencia es indiscutible. El último siglo ha cambiado radicalmente el paisaje rural y el urbano. Grandes edificios, carreteras, autopistas, coches, metros, aviones, cosechadoras, ordenadores, teléfonos móviles, todo diseñado para aumentar la calidad de vida.

Pero si ponemos la lupa en este macroproceso, descubriremos que no todo se ha hecho bien y, sobre todo, que no se han elegido ni el camino adecuado ni las formas correctas. El desarrollo tecnológico se ha dejado en manos de un poder fáctico supranacional sin escrúpulos que usa a los gobiernos -democráticos o no- para conseguir sus fines: perpetuarse en el poder y enriquecerse cada vez más. Los ricos son cada día más ricos y los pobres cada día más pobres. Se tiran a la basura millones de toneladas de alimentos mientras los habitantes del tercer mundo mueren de hambre. Los medios de producción -como los de comunicación- están en manos de una élite feroz que no entiende de justicia, equidad, solidaridad o redistribución de la riqueza.

Por mantener la sartén por el mango, lo mismo fuerzan guerras -el negocio de las armas es de los más rentables- que ignoran las alarmas de los científicos que advierten de las irreversibles consecuencias del efecto invernadero o del calentamiento global. Las miles de especies desaparecidas y las que están a punto de extinguirse les traen al pairo. Los contratos de los trabajadores son cada día más leoninos. Las petroleras ganan más. Las textiles ganan más. Las farmacéuticas ganan más. Los bancos ganan más. Y cada vez hay más pobres que son más pobres.

Mira este dato como ejemplo. Las grandes empresas españolas de todos los ramos están publicando sus balances de 2016. Todas coinciden en superávits muy positivos y en que la crisis está superada. Sin embargo, el Fondo Monetario Internacional, la Unión Europea, el gobierno y la patronal, lejos de aconsejar un reparto equitativo de los beneficios entre los asalariados, apuntan ya a profundizar en las políticas que han dado lugar a esa plusvalía, es decir, más reformas, más recortes, más precariedad en el empleo…

¿Qué podemos hacer? Pues podemos hacer mucho. De entrada replantearnos nuestra participación política, nuestro compromiso social. ¿Qué hacemos además de votar cada cuatro años, a quién votamos, de qué nos sirve? Replantearnos el consumo. Este sistema se hunde si no consumimos o lo hacemos con moderación. Comprar lo indispensable, lo que realmente necesitemos. Mirar las etiquetas, saber de qué está hecho lo que compramos, dónde y por quién. La publicidad nos intoxica hasta hacernos creer que somos más felices cuanto más tenemos, pero en el fondo sabemos que no es así.

Replantearnos nuestra relación con el Universo y con la Tierra. Recuperar el contacto directo con ella, relacionarnos con nuestra energía telúrica, poner consciencia en nuestro cordón umbilical con la atmósfera, reaprender los ciclos de la Naturaleza, aprender a cultivar nuestros propios alimentos ecológicos, hacernos responsables de nuestra salud.

Replantearnos nuestra existencia, a qué hemos venido aquí. Nos pasamos la vida en un estado de ensoñación permanente, de anhelos y frustraciones, de apegos y miedos, a caballo entre los errores del pasado y los posibles éxitos futuros, sin disfrutar del presente, sin aceptar lo que ya es. Esperamos soluciones externas -políticas, financieras, amorosas- pero la solución está en nuestro interior. Somos seres completos. Tenemos que recuperar nuestra capacidad de oírnos y encontrarle sentido a Todo.

Nuestra razón de ser es crecer, hacernos mejores personas, ser más comprensivos y amorosos y e influenciar en nuestro entorno en la medida de nuestras posibilidades. Para este crecimiento personal hay un camino milenario que en occidente se usa poco pero que da los mejores resultados: la meditación. Pero eso es otra historia.

La próxima.

Antonio Delgado Cabeza, 10/03/2017

PlayaBenagalbon foto inforural

the industrial revolution (1)

tractor-john-deere-foto-foro-de-tractores-antiguos
tractor John Deere (foto foro de tractores antiguos)

Antonio Delgado Cabeza

THE INDUSTRIAL REVOLUTION (I)

Una pequeña foto en blanco y negro sintetiza perfectamente lo que hoy te quiero contar. Debe ser de julio o agosto del 56 o 57. Con tres o cuatro años estoy desnudo rodeado de la familia de mi madrina, todos sentados en círculo en sillas de enea en el porche, pelando patatas. En el centro junto a mí, la madre cocina con leña en el suelo una enorme sartenada de papas sostenida por una trébede de hierro.

Recuerdo esos veranos en San Pablo de Buceite como los más felices de mi vida. Mis padrinos no tenían hijos y para mis padres mi ausencia era una boca menos, todo el mundo contento. Me llevaban a la finca familiar, un naranjal precioso a orillas del río Guadiaro. La casa de campo sin luz ni agua corriente, tenía una planta baja con cocina y salón diáfanos y una habitación despensa con sacos de granos y grandes tinajas de cerámica con tapaderas de madera que conservaban aceite, sal, harina y los panes que amasábamos y cocíamos una vez al mes en el horno árabe que había junto al porche y el pozo. Siempre en penumbra, con un olor característico, con los restos de la matanza colgados del techo. Chorizos, morcillas, salchichones, morcones. En la primera planta, los dormitorios.

Junto a la casa, había otra con la cuadra para los mulos y la pocilga para los cerdos. Arriba, un pajar y una habitación en la que vivían los caseros, el matrimonio que ayudaba todo el año en las faenas agrícolas y domésticas y su hijo Ildefonso, mi amigo. Con siete y ocho años, con él ejerciendo de porquero oficial y yo de ayudante, sacábamos al campo de madrugada la piara de setenta y tantos cochinos, antes de que pasara la pareja de la guardia civil. Cuando alrededor de las ocho pasaban los civiles inspeccionando, los marranos estaban ya comidos y recogidos, saltándonos así la prohibición expresa de sacarlos del redil a causa de la peste porcina africana. Claro, el ahorro en pienso era importante. Para ser tan pequeñitos, teníamos ya un cierto sentido de la responsabilidad… y de la clandestinidad.

Aunque desde la perspectiva de hoy te parezca mentira, a Ildefonso y a mí no nos despertaba nadie. Nos levantábamos al alba con el canto de los gallos, antes de amanecer del todo. Hacíamos nuestras necesidades y nos aseábamos en un pequeño arroyo, cumplíamos con nuestra única obligación diaria y teníamos el resto del día para jugar y holgar. Holgar, dulce holgar. Con el barro que se formaba junto al pozo, modelábamos figuritas que metíamos en el horno que irremediablemente se resquebrajaban y partían. No importaba, hacíamos más.

Uno de nuestros pasatiempos favorito era fabricar barcos de corcho con la navaja, ponerles un palo de mástil, una vela triangular de trapo y hacer apasionantes carreras en las acequias de riego. Otras veces, cortábamos las cañas más largas del cañaveral y construíamos auténticos coches de competición. La parte gruesa de la caña, descansaba sobre nuestro hombro y justo delante le ajustábamos una corcha circular que ejercía de volante. En la otra parte, atravesábamos la caña con otra más fina que llevaba dos ruedas también de corcho en los extremos. Qué invento, cuántas horas felices echando carreras por el carril de tierra que bajaba hasta el río por detrás de la casa.

Otro momento diario mágico era la recogida de huevos. Con un canasto de mimbre cada uno y aunque había un gallinero en la parte exterior derecha de la casa, como las gallinas estaban sueltas, lo más emocionante era buscar y descubrir los ponederos y volver con el cesto lleno. Después, el baño. En el centro del río emergía un tronco anclado en el fondo. Tirándonos para alcanzar el tronco, aprendimos a nadar. Con el impulso del salto desde la orilla llegábamos al palo, pero había que volver nadando y sorteando la corriente. Hoy, resulta sencillamente increíble. Dos mocosos solos en el río, disfrutando del sol, del agua y la libertad.

La comida cocinada por la madre de mi madrina era servida en dos mesas. En una comían los padres, los hermanos, los sobrinos y mis padrinos. En la otra, los padres de Ildefonso y seis o siete jornaleros que había cada estío para las faenas propias de esa estación. A mí me encantaba comer con ellos, no solo porque estuviera mi amigo sino porque no había platos individuales como en la mesa de los patrones. De un enorme perol central comíamos todos en un ambiente genial dicharachero, de igualdad y camaradería en el que los adultos comentaban la rutina de sus tareas, contaban historias intrigantes y nos ayudaban a los pequeños a alcanzar los alimentos.

Cenábamos con las últimas luces de la tarde. Encendían los quinqués y los niños caíamos rendidos en la cama. Algunas noches de luna llena, nos escapábamos a los cortijos vecinos. Sabíamos dónde tenían protegidos en fresqueras los melones y sandías en su punto. Eran hoyos en el suelo disimulados con matorrales. Qué emocionante y qué placer disfrutar de lo prohibido a la luz de la luna. Algún atracón de estos me produjo un cólico con diarreas, única enfermedad que padecí en aquellos meses de la canícula, de noches cortas y días infinitos.

Un verano, con diez u once años, llegué y no estaban ni Ildefonso, ni sus padres, ni los temporeros, ni los mulos ni los cerdos. Había un extraño vehículo verde con cuatro ruedas, las dos traseras gigantescas y me presentaron a Miguel el tractorista, que se encargaría de hacer las labores de todos. Los padres de Ildefonso se habían ido a la costa, a San Pedro de Alcántara a buscarse la vida en la construcción o en la hostelería, como los demás trabajadores del campo.

Ni que decir tiene que nunca volví a aquella querida huerta de riquísimas naranjas, a pesar de que ya tenía agua corriente y luz eléctrica.

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Antonio Delgado Cabeza, 17/02/2017.

*

 

instrucciones para encontrar el paraguas.

diego-gomez-de-ribera-el-adelantado-del-romance-de-alora

vídeo 3:45 minutos

 

Siempre me hizo gracia la greguería de Jardiel Poncela de que en esta vida solo unos pocos sueños se cumplen, la gran mayoría se roncan. El otro día, volviendo a la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla, sede del CAAC (Centro Andaluz de Arte Contemporáneo), en su sala capitular me pedí hacerme la foto que ven ustedes. Yo diría que el caballero, don Diego Gómez de Ribera, ligeramente vuelto de espaldas a su señora[1], ni sueña ni está muerto: el hombre ronca como un bendito.

diego-gomez-de-ribera-detalle

Y eso que armadura con espada debió ser pijama algo incómodo. Y menudo salto de cama. Como para la ducha diaria. Reza el mármol (pues los mármoles rezan): «Aquí yace el ilustre señor Diego Gómez de Ribera (ω-1434), adelantado mayor de Andalucía, hijo de los ilustres señores Perafán de Ribera, asimismo adelantado, el cual, después de haber ganado Iznájar en el Reino de Granada y otras muchas fortalezas y vencido muchas batallas contra moros, cercó la villa de Álora, asimismo en el dicho reyno y, habiéndola combatido y hecho un portillo, y viniendo a partido[2] y a hablarle, él se quitó la babera[3] y le dieron una saetada por la boca de que murió. El cual gastó todo su tiempo en guerra contra moros por cuya causa su memoria siempre vive y vivirá porque quien a Dios sirve es razón que sea así.»

Diego Gómez de Ribera el Adelantado del romance de Álora inscripción.jpg

De manera que este era el adelantado del romance de Álora, la bien cercada, uno de los romances más vivarachos del romancero viejo (sección fronterizos) y yo sin saberlo y a dos pasos de mi casa. Menos mal que al revelar la foto he caído en la cuenta y me permito el disfrute de tanta gentil coincidencia: el CAAC, a donde íbamos a ver la Confesión general de Luis Gordillo antes de que la levanten y los 25 años de ¿Qué piensan los artistas andaluces de ahora? que incluye la película La Alameda (1978), donde vivimos, película que disfrutamos hora tan larga que nos dio la del cierre. Y todo, buscando el paraguas que el Centro nos habían retenido en su paragüero, para no mojar ni estropear nada, mientras duraba nuestra visita la tarde de un viernes de lluvia y de febrero que mi novia y yo no teníamos nada mejor que hacer. Dirán que esto de ser tan inculto no tiene sus entresijos y sus divertimentos.

 

Romance de
ÁLORA LA BIEN CERCADA

Álora, la bien cercada,
tú que estás en par del río,
cercóte el Adelantado
una mañana en domingo,
de peones y hombres de armas
el campo bien guarnecido;
con la gran artillería
hecho te habían un portillo.
Viérades moros y moras
subir huyendo al castillo;
las moras llevan la ropa,
los moros harina y trigo,
y las moras de quince años
llevaban el oro fino,
y los moricos pequeños
llevan la pasa y el higo.
Por encima del adarve
su pendón llevan tendido.
Allá detrás de una almena
quedado se había un morico
con una ballesta armada
y en ella puesto un cuadrillo.
En altas voces diciendo
que del real le han oído:
-¡Tregua, tregua, Adelantado,
por tuyo se da el castillo!
Alza la visera arriba
por ver el que tal le dijo:
asaetárale a la frente,
salido le ha al colodrillo.
Sácole Pablo de rienda
y de mano Jacobillo,
estos dos que había criado
en su casa desde chicos.
Lleváronle a los maestros
por ver si será guarido;
a las primeras palabras
el testamento les dijo.

Romance de Álora en Wikipedia
Álora, página municipal
–película La Alameda (1978) de Juan Sebastián Bollaín (hora y 10 minutos de duración)

*


 

 

[1] Doña Beatriz Portocarrero (ω-1458).

[2] venir a partido : sacar provecho o ventaja, aunque aquí parece que es ‘por hablarle aparte’.

[3] Pieza de la armadura antigua que cubría y protegía boca, barbilla y mandíbulas.


advierte en greguería Félix Morales Prado:

Los paraguas que se pierden se van a los cuadros de Magritte.

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René Magritte, Golconde (1953)

 

El título Golconda (sinónimo de mina de riquezas según el Oxford English Dictionary) fue sugerido por el poeta y amigo del autor Louis Scutenaire. Golconda es una ciudad en ruinas del estado de Telangana, en India, centro de la legendaria industria del diamante. [Wikipedia]


diego-gomez-de-ribera-el-adelantado-del-romance-de-alora

vídeo 3:45 minutos

 

John Berger (1926-2017)

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Foto: en VersoBooks

Se ha ido John Berger.(Ω París, 02/01/2017)

Sebastián Martín Recio rescata para eLTeNDeDeRo este párrafo que viene a darnos una reflexión sobre la muerte.

«Lo que más me reconcilia con mi propia muerte es la imagen de un lugar: un lugar en el que tus huesos y los míos sean sepultados, tirados, desenterrados juntos. Allí estarán desperdigados en confuso desorden. Una de tus costillas reposa contra mi cráneo. Un metacarpo de mi mano izquierda yace dentro de tu pelvis. (Como una flor, recostado en mis costillas rotas, tu pecho.) Los cientos de huesos de nuestros pies, esparcidos como la grava. No deja de ser extraño que esta imagen de nuestra proximidad, que no representa sino mero fosfato de calcio, me confiera un sentimiento de paz. Pero así es. Contigo puedo imaginar un lugar en donde ser fosfato de calcio es suficiente.»

John Berger, Páginas de la herida

Para leer en pantalla (en pdf):

Con la esperanza entre los dientes (prosas varias 1994-2006)

–algunas Poesías (edición bilingüe, prólogo del autor)

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 Ilustración de John Berger Manos de la Anunciación de Antonello da Messina

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the celtic spirit

Castro de Castrolandín.JPG

THE CELTIC SPIRIT

por Antonio Delgado Cabeza
01/12/16

Aprovechando el tibio sol de otoño, te escribo desde el asentamiento celta de Castrolandín, una aldea fortificada del final de la Edad de Hierro en la Galicia profunda, a mitad de camino entre Santiago y Pontevedra. Arqueológicamente recuperado hace poco, como otros cientos, este poblado forma parte de la denominada cultura castrenxe que se extendía entre los ríos Duero y Sella y que se dio por terminada cuando los romanos decidieron anexionar también a su imperio el noroeste la Península Ibérica.

Algunas familias procedentes de cercanos castros sobrepoblados osaron afincarse en este otero aún a sabiendas de que el trabajo iba a ser brutal. Explanaron la cima de la colina y con el material extraído construyeron parapetos defensivos y un foso alrededor. Fortificaron la loma con una doble muralla circular usando la roca más abundante en la zona, la piedra caliza, la misma con la que levantaron sus redondas casas.

Cada choza tenía anexos un espacio oval para el grano y otro para el ganado, con planta de piedra hasta media altura -que es lo que se ha conservado-, rematados con vigas de madera y una argamasa frágil de forma cilíndrica en los laterales y cónica en la techumbre de ramajes entretejidos, sujetado todo por un tronco central. En el interior, un rústico lar a ras de suelo para cocinar y calentar.

El motivo de establecerse aquí precisamente, se puede adivinar todavía hoy. Un espacio en alto, desde el que se domina toda la región, fácilmente defendible, con el frondoso valle del río Gallo por delante y un caudaloso arroyo por detrás, franqueado de bosques de robles, castaños, nogales y, sobre todo, encinas. La harina de bellota era la base de su alimentación. Había abundante caza mayor, menor y pesca. Existían ya explotaciones auríferas, férreas y plúmbicas. Qué más se podía pedir.

En la época no existían ni por asomo la unidad política ni la homogeneidad cultural ni religiosa, lo que concedía a los castros una independencia y autonomía difícilmente imaginable en el actual mundo globalizado. Las endebles estructuras defensivas y la ausencia de armas en las excavaciones, hacen pensar en unos habitantes pacíficos dedicados a la agricultura, la ganadería, la cantería, la minería, la metalurgia y algunos oficios más sofisticados y artísticos como la cerámica, la escultura y la joyería.

No hay edificios mejores que otros, ni tampoco templos ni cementerios y eso nos lleva a suponer una sociedad igualitaria, clanes muy poco jerarquizados y la ausencia de sacerdotes. Los ancianos eran la voz de la experiencia y en consecuencia sus opiniones eran sabias y respetadas. Que la transmisión fuera hablada permite especular mucho sobre los celtas, habiéndose llegado durante el romanticismo a inventar mitos y leyendas de los que a la gente le gusta oír y creer, con druidas, hadas y meigas de protagonistas, pero sin ninguna base científica.

Pero no he venido por cuarto día consecutivo a sentarme en las murallas de estas ruinas para contarte su historia. No. Lo que quiero transmitirte son mis sensaciones desde que crucé la puerta de entrada por primera vez. Eso es lo realmente inquietante, lo que me moviliza, me excita y hace meditar. El poblado está lejos de donde vivo. Qué fuerza magnética me atrae hacia aquí. Qué energía esotérica se apoderó de mí al entrar. Por qué me embarga esta emoción tan intensa desde que entré. Por qué tengo la sensación de haber estado antes aquí, de sentirme familiarmente como en casa. Por qué percibo presencias y sin embargo no tengo miedo en este lugar alejado y solitario en mitad de la nada.

Quizás, las respuestas la sepan las únicas testigos que han sobrevivido milenios y siguen aquí a mi lado revoloteando, silenciosas y expectantes. Las aves, que la espiritualidad céltica relacionaba con el regreso de las almas de los muertos.

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el milagro.


Texto uno

«Abrió una vez sus labios y bebieron de ellos las espumas del mar despacio y en silencio […] Vamos. Es tarde. Están cerrando ya las luces y las puertas del Museo.» (José Antonio Moreno Jurado, Veinte momentos de lucidez, poesía.)


Texto dos

«Suelo bajar al baño sobre las diez. Situado en la entreplanta, pequeño pero muy apacible, es el más cercano a mi despacho. […] Ni vivimos en el mejor de los mundos posibles ni todo está escrito. ¿O era al revés?» (J.J. Díaz Trillo, Cándido en la Asamblea, novela.)


Texto tres, Daniel Lebrato

Así empiezan y así acaban dos libros que, antes que nadie, tengo en mis manos de lector empedernido. Los une Point de lunettes y, a mí con ellos, líneas paralelas de poesía y amistad a las que ahora se une Manuel García, el de Poemas para perros, a quien conocí una tarde en la misma sede donde hace años hacíamos los libritos de El Sobre Hilado. Algunos días los círculos se cierran.


Texto cuatro

El poema de Antonio Machado (Cancionero apócrifo Doce poetas que pudieron existir) de donde Point de lunettes toma el título como editorial. Machado lo atribuye a Andrés Santayana, nacido en Madrid en 1899 y se llama, faltaría más, El milagro:

El milagro

En Segovia, una tarde, de paseo
por la alameda que el Eresma baña,
para leer mi Biblia
eché mano al estuche de las gafas
en busca de ese andamio de mis ojos,
mi volado balcón de la mirada.
Abrí el estuche con el gesto firme
y doctoral de quien se dice: Aguarda,
y ahora verás si veo.
Abrí el estuche pero, dentro, nada:
point de lunettes. ¿Huyeron? Juraría
que algo brilló cuando la negra tapa
abrí del diminuto
ataúd de bolsillo, y que volaban
huyendo de su encierro,
cual mariposa de cristal, mis gafas.
El libro bajo el brazo,
la orfandad de mis ojos paseaba
pensando: hasta las cosas que dejamos
muertas de risa en casa
tienen su doble donde estar debieran
o es un acto de fe toda mirada.

.


 

el otro nombre de la rosa

El otro nombre de la rosa facsímil El fantasma de la glorieta (1).jpg

En octubre del 84 entré en contacto con José Juan Díaz Trillo, quien vino al mismo instituto de Valverde del Camino destinado, entonces como profesor de filosofía. Jota Jota sabía de qué pie (literario) cojeaba su nuevo colega: aquel era el autor de Bitácora y final, un libro que, bajo plica y seudónimo, conocía como prejurado del premio Juan Ramón Jiménez de poesía de aquel año. Algo de la Bitácora le debió llamar la atención porque no tardó en pedirle a Daniel algo para El Fantasma de la Glorieta, suplemento literario de la Noticia de Huelva que coordinaba Félix Morales Prado. Por alguna razón, Lebrato no dio a J.J. verso sino prosa, dos cortos relatos que se publicarían los sábados 24 de noviembre y 22 de diciembre de 1984: A vosotros que sois y El otro nombre de la rosa, firmados por un desconocido DL. Con J.J. y Félix vinieron o volvieron al currículo de Lebrato Buly, Sonia Tena y los Tena, Maribel Quiñones Martirio, Salvador Mora y Juan Cobos Wilkins, también José Antonio Moreno Jurado, justo ganador del Juan Ramón Jiménez de poesía. Narrador o poeta, o todo lo contrario, Daniel Lebrato más parecía del círculo de Huelva que de Sevilla. A Huelva y a mis viejas amistades, gracias, gracias a la vida que me dieron entonces. Y a Pedro Domínguez, que me hace el honor de llevar la rosa a escena como monólogo que es.

El nombre de la rosa

Bajo el poderoso influjo de Umberto Eco y de El nombre de la rosa, con el mecenazgo de José Juan Díaz Trillo y de Félix Morales Prado, quien en 2004 lo publicaría con hermosura en El Fantasma de la Glorieta digital, donde aún se puede leer, con ustedes: El otro nombre de la rosa, primera de las Vidas fastidiadas en Tinta de calamar (2014), ahora con fotos del facsímil original:

EL OTRO NOMBRE DE LA ROSA (1984)

Quería más a la amistad que a los amigos mismos
(André Gide)

La costumbre es otra naturaleza, y el mudarla se siente como la muerte
(Miguel de Cervantes)

De repente, aquella firma. Todo bien hasta llegar a aquella firma. Todo en orden. Los estoy bien. Los mi madre no para de alimentarme. Los cuando me veas no me reconoces, de morena que estoy. Todo, hasta lo de abrazos, tan previsible en su postal. Pero aquella firma. Algo fallaba en aquella firma. ¿Qué pintaba aquel María añadido a su nombre? Manuel mirando la foto una y otra vez. Pueblito costero con playa y barcos de pesca. El matasellos. La fecha. Viñamar, veintitrés de agosto. La forma de la letra. Todo en orden, pero ¿por qué firmaba Rosa María y no Rosa? Él sabía el nombre completo de ella. Cómo no lo iba a saber. En este país todas las mujeres llevan antes o después el María. Pero Rosa jamás se identificaba con él de esa forma, con su María y todo. Manuel se preguntaba bajo qué influencia Rosa se había saltado un código que venía funcionando entre los dos desde hacía mucho. Él nunca había firmado Manuel José. Y eso que a él su mamá, de chico, lo llamaba así. Qué cosas tenía su madre. Rosa María. Rosa María. Allí estaba letra a letra. Sin lugar a dudas. Un güisqui. Luego pensó que el asunto carecía de importancia. Que no era ni siquiera un incidente. No seas celoso, seguro que los de su casa la llaman así, Rosa María. Otro cigarro. Familia, padres, marido o ex marido. Ahí te jodiste, hermano. Error en una carta. Error. Manuel se acordó de Cartas de mamá de Cortázar. Fue a la estantería. Conan Doyle, Conrad, Cortázar, Queremos tanto a Glenda, no, aquí está. Lo de Nico por Víctor. Error en una carta. El error en la carta de mamá. Manuel, libro en mano, regresando a su estudio: No creo que lo de María sirviera como argumento a ningún escritor, ni siquiera a Cortázar, que con poco que le den te monta una historia. La importancia de los nombres. ¿Ernesto? El Nominalismo. Occam. De los nombres de Cristo. ¿Se puede escribir un libro sobre los nombres de Cristo? Reflexión. Se puede. Idea productiva. Preparar clases. Erasmismo y Contrarreforma. Preparar. Olvidar el nombre de Rosa. ¿El nombre de Rosa? ¡Claro! Vuelta al cuarto de los libros. Espronceda, Engels (todavía Engels), Apo­calípticos e integrados. Desanduvo el pasillo con El nombre de la rosa bajo el brazo. Al final, hombre, las últimas palabras. Stat rosa pristina nomine, nomine nuda tenemus. ¡Este Eco! A saber quién era el padre del latinajo. Resistencia a dar el episodio por concluido. Dónde está el mechero. Allá cada uno con su nombre. Mejor preparar clases para el año que viene. Septiembre o setiembre. Erasmismamente, calor, agobio. Devolvió las novelas a su estante y se trajo el Bataillon. En serio, esta vez. Un güisquisito. 750, 754, 762: El Enchiridion había lanzado a través de España hacia la época en que Luis de León venía al mundo. Erasmo había invitado a buscar los misterios escondidos bajo la letra de la Escritura, y apoyarse en. ¿Misterios escondidos? Rosa María. ¿Qué misterio se escondía bajo el lapsus de Rosa? Seguro que Rosa (un trago) no se había dado cuenta de su error. Se le habría escapado a fuerza de oírselo a su familia y a su ex, que pueden mucho los ex maridos cuando hay por medio paguita y niños. Y a la hora de firmar la postal se te va sin querer, tía. ¿Sin querer? Pero entonces era que ella se había olvidado de él, su amante de corazón, su Manuel del alma desde hacía. Repasó con ojos suspicaces el resto de la carta. Abrazos en vez de te quiero. Todo encaja. Rosa nunca se mostraba muy efusiva y él lo sabía, aunque (digo yo) podía haber escrito cosas más cariñosas, después de los días puta madre que pasamos juntos antes de irse a la playa, y no esta postal tan fría, me cago en la. Quizá Rosa la escribió delante de su ex y Rosa María será como la llame su ex marido. Sus viejos no van a ser, Rosi, Nena o Niña (a fin de cuentas, hija única). Los hijos tampoco, Mamá o Rosa, que hay muchachos que nos llaman por el de pila, como a mí el mío, te jodes como Herodes. Otro cigarro. Bataillon muerto de risa encima de la mesa. 762, 763. Más güisqui. Coñazo cubitos. No eran celos, qué tontería. Pero ella debería cuidar ciertos detalles. Ellos dos eran Rosa y Manuel. Lo demás, pamplina. ¿Eran los celos una pamplina? Peripatético total, Manuel reflexionaba, pasillo va, pasillo viene, sobre los nombres. Títulos y maneras de llamarse. La forma en que los tíos hablan de su pareja. Mi señora: feudal ya casi. Mi esposa: policial se quiera o no. Mi compañera: de progre de museo, ¡ay Víctor Jara! Mi compañera sentimental: para páginas de sucesos. Mi costilla: qué pasada. Mi rollo: autocrítico. Por no hablar de Mi parienta: de talleres de almanaque con tías en pelota. Mi mujer: posesivo cuan­do menos y el posesivo siempre por delante. Mi lo que sea, pero mi. Mi, tu, su. Mi. Y ellas ¿por qué no dirán mi señor o mi hombre? Es verdad que tampoco nosotros usamos mi marida. Tengo que consultarlo con algún colega de lengua. Alguna razón habrá, digo yo. Luego venimos los que no damos título ni damos posesivo. Los que decimos Ana, Pedro, Andrés (le debo carta, pobrecillo). El nombre y punto. Lo menos comprometido. Jodidos los chuchi, piluchi, ani, petri, pepote, pedrín, gatita, cielo. Como apropiaciones ilegales. Más güisqui. Y el más hortera todavía: tíos tan mayores diciéndoles a sus mujeres: Mamá. ¿Edipo?. Y ellas, con más arrugas que un plato de callos, llamándoles a ellos: Papá. De puta pena. Será que quieren volver a la infancia o que se lo oyen decir a los niños: Papá, Luisito me ha pegado. Dice Mamá que me limpies el culo. Jo. Manuel pensó que podría escribir un libro. ¿Cómo lo titularía? ¿Función escatológica del cariño? No. ¿Hipocorística en la sociedad de consumo? Psssseeeée. ¿De los nombres del cónyuge?, ¿de la pareja?, ¿del otro?, ¿del más allá?, ¿de Rosa? No, de Rosa no. No hay más Rosa que Rosa y aquí uno es su profeta. Nunca Rosi ni Rosona ni Rosita ni Rosa Rosae ni Mari Rosi ni Rosa Mari ni Rosaofú. Siempre Rosa (nomina nuda). ¿A dónde va con lo de Rosa María? Pedazo cigarro. El había respetado escrupulosamente la pureza de los nombres (pristina nomine). Manuel, no Manolo, Lolo, Inmanuelo, Lolillo, Lolete, Lete, Lele, Le. Pero ahora, con su María, algo había fallado y no por exceso sino por defecto. Mujeres casadas. Amantes y maridos, lo que va. Tomar partido. Ella tomaba partido, se distanciaba. Rosa María sólo existía en la playa, en la familia. Tribu, los maridos, los ex que no caducan nunca. Rosa se había olvidado de a quién enviaba la postal. Eso era. Mundo legal y mundo clandestino. Manuel lo sabía. Era otra. El nombre de otra. El nombre de la casada. Ex madre y exposa. De buena reputa. En vacación respetable, ja. En playa horteramente respetable, ja, ja. Domingueros al fin y al cabo, ja, ja, ja. Güisqui. No tiene gracia. Patada a la pared. Mierda. No es para tanto. No seas injusto, Manuel. Un trago. Tú también vas de respetable, por mucho que te las pegues de. Manuel, Manuel José. Rosa, Rosa María. Lo que va. Padres. Facturas por medio. Recibos. Colegios. Dentistas. Fin de mes. ¿No será que ahí te jodiste? ¿Se fastidió para siempre? ¿Fue ahí? Manuel Micasa. Rosa Mihijito. Manuel Susvacaciones. Rosa Mimujer. Manuel Miex. Mi. Mi. Mi. Leche. Moderneces. Otro trago. Nuestro cuerpo es siempre monárquico. El nuevo desorden amoroso, ¿nuevo? Manuel volvió al cuarto a por otro cigarrillo. Allí, sobre la mesa, el cuerpo del delito. Playa y barcas. Viñamar. Veintitrés. Agosto. Rosa María. Coñomaría. Rosacoño. Fumar. Fumar. Mechero. Le prendió fuego a la postal. El ducados le supo a gloria.

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Rosa. Dibujo de Chema Lumbreras Kramel

 

the birdie

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| Antonio Delgado Cabeza. 22/10/16. Estaba dándole vueltas a las experiencias cercanas a la muerte -ECM- que detalla Carlos Gómez Carreras en su recomendable y documentadísimo libro El Juego Infinito, cuando recordé este misterioso suceso que por increíble había olvidado. Apenas lo conté a los más íntimos, quién me iba a creer. Ahora, pasado un tiempo, no sé por qué extraña asociación de ideas lo he recuperado. Y yo, que siempre he sido incrédulo e incluso reacio a este tipo de historias, me sorprendo dispuesto a contártela en esta tarde otoñal. (Relato completo, en El Sobre Hilado.)

the telegram

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THE TELEGRAM

por Antonio Delgado Cabeza
17/10/16

                        Llegó a principio de los setenta huyendo de la guerra de Vietnam. Un anuncio en el San Francisco News Daily puso fin a veinte años de pintura, sexo, drogas y rocanrol. Atrás quedaban su galerista, su amigo íntimo y su hijo, que seguiría sus pasos para evitar el servicio militar en una contienda que ambos consideraban que defendía unos intereses ajenos a ellos.

                        Arrendó una finca en un precioso pueblo interior desde el que se divisaba el mar en la lejanía. Se integró rápidamente, repudiando desde el principio los guetos que los anglosajones emigrados acostumbran a formar entre nosotros. Era un hombre culto, moderno y abierto y le interesaba muchísimo la cultura autóctona. Sentía que no había marcha atrás, que había dado con el lugar idóneo para lo que buscaba: serenidad para ordenar sus ideas y paz para pintar.

                        Papá, me quedo, voy a hacer la mili en Saigón. Ni el telegrama ni las posteriores conversaciones telefónicas convencieron al padre de aquel repentino furor patriótico que no había estado nunca sobre la mesa. Pero no podía hacer nada para evitarlo. La impotencia ante esta renuncia unilateral imprevista, le produjo un desgarro que le acompañará el resto de su vida y que somatizaría años más tarde en forma de una grave enfermedad.

2466

Terminado el contrato inicial, buscó, hasta encontrar, la casa de su vida y en cuanto la vio de lejos supo que era aquella: un palacete de verano derruido rodeado de una huerta a las afueras de un pequeño pueblo blanco, en el valle de un arroyo casi siempre seco. Gastó los ahorros que le quedaban en reconstruir aquella ruina a su imagen y semejanza, pero respetando el estilo noble y andaluz de sus gruesos muros.

                        En la soledad de su fabuloso estudio de la planta superior, pasó las mejores horas de su vida. Creaba con facilidad, pintaba con soltura, se inspiraba, como siempre, en las viejas fotos de la caja que le regaló su querida abuela. Con unas sutiles pinceladas blanco sobre sepia, hacía surgir del lienzo sus personajes icónicos apenas insinuados. El resto lo ponía el espectador que con su fantasía completaba la propuesta del artista, imaginando personalidades o escenas no definidas en el cuadro.

                        La propia cuadrilla de albañiles, a la vez que le daba la forma deseada a la construcción, era su escuela de idiomas y gastronomía. A todos recompensó generosamente con obras cuya lectura no acababan de comprender. Pero agradecían el gesto de aquel guiri raro que ponía en valor pequeñas cosas en las que nadie reparaba ¿Qué sentido tenía poner cada mañana violeteros con flores del campo en las ventanas?

                        Esta afabilidad, este carácter ameno, dicharachero y cariñoso hizo que su círculo de amigos creciera rápidamente entre artistas, médicos, abogados, profesores y gente del pueblo. En poco tiempo, la adaptación a su nueva vida, se había completado con éxito. Recibía visitas de todo el mundo, organizaba fiestas y saraos, paellas y reuniones siempre con un ambiente agradable alrededor de una copa.

                        Todo iba bien. Hasta que empezó a recibir llamadas periódicas, dolorosas y monotemáticas. Su hijo, no solo no había cumplido con la patria, si no que había ido estafando sistemáticamente a todos sus amigos empresarios, que eran muchos. En nombre de su padre lo contrataban, trabajaba un tiempo hasta ganar su confianza y entonces desaparecía con la caja.

                        El viejo truco de los yonquis.

2457

ser humano

Contra lo que suele pensarse, el ser humano no es producto de las humanidades, de la filosofía ni de la religión, sino de las ciencias naturales. Sin más distinción que macho y hembra, género humano funcionó para hombres y para mujeres por saber de qué se hablaba cuando se hablaba de homo fáber o de homo sapiens. Pero la experiencia duró poco. Y no por la risible carcoma que arremetió contra el hombre que venía del mono. Siglo y medio después, prueben a decir sin que les dé la risa tonta frases como la acción del hombre sobre la capa de ozono, la llegada del hombre a Marte o el hombre es un lobo para etcétera. Si es usted varón, diga esas frases indumentado con su velito islámico. Si es mujer, mirando al primer hombre que se ponga. Da risa tonta, no falla. De pronto, un tipo hace pensar. Se llama Hugh Heer y puede elegir qué piernas se pone igual que otro elige pantalones. Yo soy el biónico y Hugh Herr, el ser humano.

/ a Ana María Medina y a Albert Morante /

el convidado

el-convidado
Eladio Ortiz, Luis Martín (el convidado) y Pedro Domínguez en EL CONVIDADO, de Martínez Mediero, por Teatro La Paz de Valverde del Camino (1986).

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EL CONVIDADO

El hombre convidó al banquete al número contado de los suyos. Uno habló de fondo y forma y formuló una teoría del alma y de la salvación a la medida del maestro del maestro, aquel que dijo conócete a ti mismo, chaval, que yo solo sé que no sé nada. Otro, contento con distinguir el agua del vino, elevó nada en sus manos, lo partió en dos y lo dio a sus discípulos diciendo: diréis antes de y después de. Y entraron los conquistadores. Ya tuvimos precolombinos que unir a los títulos que ya teníamos: precristianos, presocráticos. Desde entonces, el hombre es posterior a la historia, a la filosofía y a la religión. Quizá también a la literatura. Posdata de 1988. Su nombre no es Luzbel ni Vladimir Ilich. Desconoce a ese tal Borges. Puede pensar diluvios. Y está solo.

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nonatos

Brujas de Macbeth Instituto Cultural de León

NONATOS

No son fetos ni abortos. Están aquí. Han nacido. nonato, ta. Del latín non natus. Nacido por cesárea. cesárea. Por la tradición de que Julio César había nacido de esa manera. El nacido por cesárea más famoso de la literatura parece que está en Macbeth (1606) de William Shakespeare (1564‑1616). Acto 4, escena 1: un inquieto Macbeth, verdadero rey de Escocia entre 1040 y 57, consulta a tres brujas por su futuro. Tres conjuros. El primero: cuídate de Macduff. El segundo: ningún nacido de mujer podrá vencerte. Y el tercero: seguirás invicto hasta que se mueva el gran bosque de Birnam. Finalmente, un ejército inglés camuflado con ramas del bosque y mandado por Macduff, barón de Fife, avanza contra Macbeth. Antes de morir, Macbeth sabe que su matador había venido al mundo por cesárea. Shakespeare o su público no podían saber que la adivinanza de los “no nacidos de mujer” iba a ser canonizada y popularizada por un papa, Alejandro VII, años después, en 1657, en la figura de Ramón Nonato.

Inconfundible en los retablos por el candado que perfora sus labios, San Ramón Nonato es santo de partos, matronas, gestaciones y personas acusadas en falso. Ramón Notato fue Ramón Sarroy (1204-1240), noble español predicador y mercedario que murió en su castillo de Cardona en vísperas de ir a Roma, donde el papa Gregorio IX acababa de nombrarlo cardenal y consejero. Siendo feto cumplido de nueve meses, Ramón Sarroy pasó un día entero esperando que lo pariera su madre, que estaba muerta, y fue traído gracias a las artes cisorias y cesáreas de un cazador que notó que algo se movía en el hermoso vientre de su señora cuando la iban a enterrar. El hombre sacó su daga y rescató al niño, por eso bautizado non natus. Cesárea póstuma o post mortem, o sea. Lo del candado en la boca viene porque estando el fraile mercedario Sarroy cautivo, sus carceleros musulmanes callaron sus prédicas perforando sus labios con un hierro candente. Si los santos tuvieran día de su santo, sería hoy, 31 de agosto. Feliz quien pueda celebrarlo y no le duela el final de agosto.

San Ramon Nonato

San Ramón Nonato con el candado en la boca.

Agosto Teoría del sismógrafo (2013)


Historias para no volver Manual de escaqueadores para profesorado de secundaria

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HISTORIAS PARA NO VOLVER

—Manual de escaqueadores—

Dice el Ausente:

«No hagas nada sin el médico de cabecera

ni salgas a la calle sin tu parte de baja.

Y ponte a pensar:

Hay una falta para cada justificación

y una justificación para cada falta.»

(Mandamientos del Ausente, anónimo, siglo 16)

«No me lo creo:

que te gusten las clases

más que el recreo.»

(Sevillanas de María Luisa Cuello)

anónimo, siglo 20

PLAN DE PREVENCIÓN DE ACCIDENTES LABORALES
para profesores de secundaria
|
primera fase
PLAN DE DIARIO

  1. Sin llegar puniblemente tarde a clase ‑eso no: que pudiera haber algún gerifalte apostado en los pasillos y pondríamos la paguita en peligro‑, hay que entrar en el aula con los alumnos ya sentados y puestos a callar por el profesor de guardia… se ganapierden[1] siete minutos.
  2. Por reorganizar la clase y sentar a los alumnos por órdenes distintos e imprevisibles: un día alfabético, otro por estaturas, otro más por comportamiento o notas de clase… se pierdeganan tres minutos, me llevo diez.
  3. Por pasar lista incluso cuando el grupo es reducido y me los conozco a todos de sobra… dos minutos, me llevo doce.
  4. Por mandar a alguno a por tiza o, si hay tiza, a por algo que me dejé olvidado en la taquilla… tres minutos, y ya llevo un cuarto de hora.
  5. Por subir o bajar las persianas y apagar o encender la luz hasta lograr una visión sin brillos de la pizarra… un minuto, o dos si las persianas tienen alguna balda estropeada.
  6. Por comentar lo mal que está el material… medio minuto, un minuto entero si criticamos la obra del “dichoso arquitecto”.
  7. Por darles a los muchachos tiempo a que saquen libro y deberes… medio minuto.
  8. Por expulsar al que no me ha traído el libro o los deberes hechos… un minuto cada uno. En el caso improbable de que a ninguno falte nada, aún podemos ganaperder ese minuto elogiando “qué bien marcha este año el grupo”.
  9. Entre unas y otras, llevo veinte minutos en clase, casi treinta desde que tocó el timbre. Dando por sabido que a menos cinco el alumnado empezará a agitarse en su banca y a querer guardar sus cosas, me quedan veinte minutos. Estos veinte minutos de tiempo real los puedo distribuir de la siguiente manera:
  10. a. Días de avance de materia: siete minutos de explicación, siete de ejercicios y otros siete de autocorrección en la pizarra.
  11. (10.b) Días de práctica: diez minutos de ejercicios y otros diez de corrección cruzada: cada alumno corrige lo que ha hecho su compañero.

↑ Calculando un reparto equitativo entre horas teóricas y prácticas, de una semana de 18 horas lectivas me sale poco más de una hora lo que se dice impartiendo, avanzando materia. Esa materia se supone preparada siquiera por experiencia de años anteriores. Si aún así se me hace cuesta arriba y noto que me fatigo en exceso debo pasar a la Segunda Fase de la Primera Fase →

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PLAN DE PREVENCIÓN DE ACCIDENTES LABORALES
para profesores de secundaria
|
segunda fase de la primera fase
PLAN SEMANAL

  1. Me pongo de “baja leve por enfermedad”… tres días, lo que quiere decir que cada cuatro semanas ¡hago puente!… me llevo tres días, quince horas al mes.
  2. Horas de guardia que me turno con otros también de guardia… hora y media a la semana, seis al mes.
  3. Horas que me piden para exámenes otros profesores… dos al mes.
  4. Horas tutoriales que cedo a regañadientes al camarada orientador o similar… dos al mes.
  5. Horas extraescolares que se me van los alumnos… una al mes.
  6. Veces que salgo de clase por llamadas de teléfono o “un momento, que ahora vengo”… una hora al mes.
  7. Plus de tiempo perdido por cada primera o última hora del día… a la semana 15 minutos, otra hora al mes.
  8. Veces que rectifico el parte de guardia y donde me han apuntado ‘falta’ por una clase que no he dado, enmiendo y raspaduro: ‘llegué tarde’… tres al mes y tiro porque me toca.
  9. Veces que llevo al niño o similar al médico… una hora al mes.

↑ Total de horas ganaperdidas por este procedimiento: 36 al mes, ocho a la semana. Si esta rebaja no fuera suficiente y notamos agotamiento, anemia o ansiedad podemos pasar a la Segunda Fase →

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PLAN DE PREVENCIÓN DE ACCIDENTES LABORALES
para profesores de secundaria
|
segunda fase
DE ACTIVO A INACTIVO

√ En esta parte se recomiendan las bajas de larga duración renovables. Contra la opinión más común, este tipo de baja crea empleo, da trabajo a sustitutos y no repercute en la preparación de los alumnos. Las mejores bajas de larga duración son las del tipo profesional.

  1. Muy buenas son las alergias profesionales diagnosticadas como graves, por ejemplo al polvo de tiza, serrín de cuando llueve, lacas de pelo, caucho de botines, fibra de borradores o polen de pizarra.
  2. Con tal de que sea contagioso, pille lo que sea: le dan la baja sin rechistar. Si son piojos, échele la culpa a sus hijos, que los niños ya se sabe.
  3. No pasan nunca de moda las bajas que tienen que ver con el uso de la voz, afonías en cualesquiera de sus manifestaciones: congénita, crónica, de temporada, secas o húmedas según vengan asociadas a procesos más o menos mucorreicos.
  4. En días previos debe uno carraspear en abundancia y alternar el carraspeo de garganta con alguna tos más marcada, en especial al pasar cerca de algún jerarca. Acompaña mucho la estética del clínex: ojos llorosos, moquillo, bufanda y preguntar “¿no tenéis frío?”, de modo que cuando al fin faltemos a clase se diga: —Si ya ayer estaba fatal…
  5. Otras bajas recomendables son las de tipo psiquiátrico asociadas a la práctica docente: ya por defecto, ya por exceso. Llamamos por defecto a procesos depresivos, en especial la aulafobia (rechazo a los alumnos) y claustrofobia (pánico a los compañeros profesores). Como síntomas: el saludo huidizo, el gesto adusto y la mirada perdida.
  6. En el otro extremo, el de la euforia, son profesores psicoides aquellos que van como quien dice cantando a clase, trinos alegres por esos pasillos que aparentan un optimismo injustificado. Vale empezar hablando solo, saludar en tonos excesivos, nunca sentarse en la camilla ni usar el sillón de profesor y estar siempre moviéndose como alma que lleva el diablo.
  7. Sin pasarse, algunos traumatismos dan también comodísimas bajas: parálisis menores y recuperables de brazo o mano hábil (diestra o zurda según los casos), operaciones de menisco oportunas, escayolas o similares que impidan total o parcialmente la movilidad.
  8. A la última están los trastornos de columna, ya en su rama ascendente cervical o ya en la otra descendente lumbar. Unas vértebras sin operar justifican su par de bajas al año (otoño y primavera) y todo el mundo nos despedirá de urgencia del instituto sabiendo que vamos “en un grito” y a acostarnos enseguida.
  9. Si opta por la operación, pille si puede una buena complicación postquirúrgica y podrá tirarse en la cama medio curso y el otro medio, a base de su poquito de natación, otro poquito de gimnasia, algo de pesas y bicicleta, en fin: de oro. Ensayo de lo que ha de venir.
  10. Las enfermedades cardíacas tienen su punto. Un noventa por cien de profesores infartados logra antes o después irse a su casa. Hay que dosificar bien el infarto y no pasarse (véase capítulo de viudedades).
  11. Seguro que una nariz, una oreja, algo en su físico es imperdonable. Alegue estragos psíquicos y hágase la estética con cargo al presupuesto. Eso sí: nunca en verano, que el sol es malo para las cicatrices.
  12. No desdeñe tampoco, si es mujer, sacarle partido a sus fechas: la oportuna preñez, los duelos menstruales.
  13. Con paciencia, cualquier patología de las descritas anteriormente andando el tiempo se hace crónica y más tarde irreversible. Déjese llevar. Añada nicotina en los pulmones, alcohol en el hígado, azúcar en sangre, colesterol en venas, soplo en corazón: garantizan bajas que pueden llegar a definitivas. No se deje abatir por la torva mirada de la mala conciencia. Por las mañanas es bueno escuchar en ayunas la canción de Martirio Estoy mala, y no desanimarse: estás malo, tío, tía: estás pa acostarte.

Si ha llegado hasta aquí y sigue dando clase,
¡feliz cumpleaños!: 

ya queda menos para llegar al encuentro de la 

tercera fase:

EXPROFESORES DE SECUNDARIA
donde se enseña con casos famosos
cómo sacarle brillo a la paguita

y

CÓMO LAS MEJORES CLASES SON LAS PASIVAS

[1] Ganaperder y pierdeganar, verbos regulares, siguen los modelos de sus conjugaciones respectivas.