¿qué pasa en Siria?

¿Por quién doblan las campanas? es de esos títulos que tienen alcance al margen de la obra que representan.[1] Hemingway lo tomó de un poema de John Donne[2], que se reduce así:

«Si el mar se lleva una porción de tierra, toda la tierra queda disminuida. Ninguna persona es una isla. La muerte de cualquiera me afecta porque me encuentro unido a toda la humanidad. Por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas. Doblan por ti.»

Hoy, que en el hemisferio cristiano es día de campanas que llaman a los oficios del viernes de dolores y alguien rezará por Siria, les propongo este otro toque de campanas, esta pirueta o silogismo, acaso una oración:

«No preguntes qué está pasando en Siria. No preguntes quién mata o quién muere, ni si es por armas químicas o físicas. En la cadena (del bien o del mal, tú eliges) están Rota y Gibraltar, están tu Gobierno y tu partido o sindicato y está el aliado de todos, que es Donald Trump, quien hoy ‑abre el telediario‑ se ha despachado unos tiritos en Siria, capital Damasco (¿o Washington?, ¿o Moscú?) Estoy también yo, que circulo de vacaciones por la A‑2001 desde El Puerto a Sanlúcar. Y tú, que miras el Peñón y su bahía desde lo alto de San Roque pensando qué bella vista. Está quien atornilla la última entrega de Navantia en Cádiz o la penúltima ingeniería ‑por supuesto, de transporte y como si la muerte viajara sola‑ en la Sevilla de las primeras procesiones y del último Airbús. No preguntes qué pasa en Siria. Pasa por ti.»

–enlace a Viernes de Dolores (la edad)

–enlace a Carta a una guardería

[1] For whom the bell tolls, novela de Ernest Hemingway en 1940 y película de Sam Wood en 1943, con Ingrid Bergman y Gary Cooper.

[2] Poeta metafísico inglés, Devociones para ocasiones emergentes (1624).

Añade Rafa Iglesias: 

La joya de la corona de la industria sé…villana. El Airbus 400‑M. eMe de militar, que no se le olvide a nadie. Para transporte de bombas o embajadores de la muerte. Los de otros gobiernos que nos compran el juguetito infame. Somos cómplices de la infamia. Nosotros, también. Y los técnicos que trabajan en ello para alimentar a sus familias, más, mucho más. Que tengan conciencia que otras familias sufren muerte, heridas y terror. Que piensen que podrían ser sus propios hijos los destinatarios de los portes del aparatito que construyen.

Y si el asunto prioritario es crear industria y reactivar el precario empleo en Sevilla, puramente, sugiero invertir todo ese potencial económico destinado al Airbus en hacer minas antipersonales. Esas pequeñas indetectables de plástico llamadas saltarinas (pues al activarse hacen lo propio hasta la altura de la cintura de un adulto, ocasionándole daños más importantes que si explotaran desde el suelo; a un niño, ni te cuento lo que le hacen) requieren muchísima menos inversión en infraestructuras y tecnología, necesitan más mano de obra a contratar (por consiguiente, menos paro) y dejan bastante más beneficio, tanto a empresarios como a demás cómplices.

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