carta a una guardería

Audrey Hepburn por Bob Willoughby

CARTA A UNA GUARDERÍA

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A sus 60 años, el hombre, profesor en secundaria, llevaba mucho tiempo sin pisar una guardería y volvía como abuelo de una cría de dos años. Era la mañana del Viernes de Dolores, último viernes de clase antes del comienzo de las vacaciones de Semana Santa. Hasta ahí, todo normal. Ni era la primera vez que el abuelo acudía. Un trimestre antes había ido a ver cómo la nieta se ilusionaba con la llegada de los reyes magos a su guardería, pórtico de las vacaciones de navidad. Igual que en navidad, la de ese Viernes de Dolores también era de disfraces: si, entonces, de pastores o angelitos; ahora, no de monaguillos o monaguillas (único papel que las hermandades guardan para los peques en sus desfiles procesionales) ni de precoces músicos de banda de música, sino los críos, de costaleros y, las crías, de mantilla de mujer española, lo que supone, si se imita bien, uñas y ojos pintados y zapatos de tacón. Pero, a diferencia de la fiesta de navidad, privada y circunscrita a familiares, esta vez, y se ve que por reproducir el gusto andaluz por las procesiones, las crías y los críos, de mantilla o de costaleros, de dos en dos, cogiditos de la mano, iban a salir en procesión a la calle en dirección a la parroquia del barrio, donde esperaba el señor cura para decirles a las criaturas no sé qué les diría. Al otro día denuncié todo como mejor me sale, a través de mi tendedero de vocación pública y educativa, ilustrado con fotos de lo que había visto en la calle, para que sirviera de aviso a otros padres y madres y con este mensaje: no prestéis vuestros hijos a ese juego, no os creáis que sea cultura o tradición (que venga de antiguo, como las figuras del belén) ni os sintáis obligados a colaborar en una ceremonia tan poco aconsejable. Ahora, un año después, que mi nieta va a cumplir tres años, parece que la comunidad escolar de la guardería sigue pensando en mantener ese día y se ve que algún padre o madre ha caído sobre eLTeNDeDeRo o sobre la página de Sevilla Laica, que se hizo eco del artículo y de las fotos, y me llegan muestras de indignación por haber divulgado imágenes de sus menores. Naturalmente, este profesor nunca mencionó a pie de foto nombre propio de nadie, ni de la guardería ni del barrio ni de la parroquia, y las imágenes son las mismas que podía tomar cualquiera que pasara por allí, que para eso estaban los niños expuestos a las fotos, a los vídeos y a las miradas. “Niños disfrazados de costaleros” da 44.600 resultados en Google en 0,57 segundos y “niñas disfrazadas de mantilla”, 123 mil. La página Huelva24.com, por ejemplo, dedica todo un reportaje ilustrado a lo que llama Pórtico infantil de la Semana Santa y el Ceip (Centro de Educación Infantil y Primaria) Ntra. Sra. de La Encarnación celebra su particular Semana Santa con exposición de fotos de infantiles a la vista de cualquiera, fotos sin tiritas en los ojos ni sombreado o parecido. Y aunque, en rigor, las fotos de guarderías y colegios cumplen el protocolo de autorización de la familia, ese no es el caso de las fotos tomadas en la calle por Huelva24, por Andalucía Información o por este reportero. Dicho lo cual, mis fotos (tomadas con mi teléfono) no querían más que ilustrar con ánimo de educar (o de educar a la contra, pero educar) y jamás quise molestar a nadie. En consecuencia, las retiré de inmediato y pido ahora, a quien se haya molestado, mis disculpas; disculpas que hago públicas por esta carta y por eLTeNDeDeRo. Les aseguro, siendo yo profesor, que jamás quise incomodar. Cómo iba a quererlo, siendo mi nieta parte de esa vecindad y de esa comunidad educativa. La guardería, por su parte, debería hacer ante la Semana Santa lo que hace ante la Navidad: fiesta en privado y disfraces, si acaso, que queden entre los familiares, y no expongan a los pequeños en la calle a la vista del primer desaprensivo.

Daniel Lebrato Martínez, eLTeNDeDeRo, 07 02 2016

  1. Quien quiera leer el texto que escribí contra la exposición de menores puede hacerlo pinchando aquí. Y en este otro enlace se me ve como padre de mi hijo disfrazado de seise cuando era chico. Como ven, no hay nada personal ni un rechazo a celebrar las fechas. Pero a una cría no se la debe exhibir en público disfrazada de la mujer adulta que todavía no es. Eso, supongo, es lo que deberíamos sacar en claro de todo esto.

CONTINÚA EN CARTA A UNA GUARDERÍA (2)

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