Etiqueta: Daniel Lebrato

coplas de Juan Tanamera.

guantanamera

Mientras fui profe en activo, me apunté a redes sociales por didáctica. Si mi alumnado, de secundaria de adultos, estaba en redes, yo también estaría, y mis publicaciones podrían ser un comunicado de apuntes (podcast, odiosa palabra) para la recuperación de mis clases por estudiantes que, entre el trabajo y el instituto, muchas veces me faltaban a clase por causa justificada. Desde que dejé el horario lectivo, mis varios tendederos siguieron de utilidad para yo ejercer como emérito en una especie de consultorio de lengua que siempre es más que lengua: Álvaro Martín y Zafarrancho Vilima.

Paralela a mi vena docente (que un profesor nunca pierde del todo) corrían por mis venas libros publicados y nuevos que publicaría, ya no en imprenta: en internet, la gran nube para quien ya no estaba en las nubes del cotarro literario, del publico y presento, del convoco a mis coros y danzas. Mi conclusión era que por mucho ruido que yo hiciera en red, por mis vanidades y exhibicionismos personales, más ruido seguía haciendo la moribunda república del libro de farsa y licencia de la imprenta castiza.

En ese lapso de veinte años no es nada (cuarenta, desde mi primer mural) he ido sumando tropa de varios colores, principalmente gente de la enseñanza, alumnos o profesores, y de la política, de la cultura, la literatura o el libro. También, claro está, antiguos o viejos conocidos que, a través de Facebook, y cuando ya la juventud descuidaba sus muros (otra odiosa palabra), iba topando conmigo o yo con ellos.

Hoy, lo crean o no, lo que me lleva a esta página que escribo es la empedernida batalla contra el tiempo que pasa y que me llevará por delante en un descuido. Soy como Juan Tanamera (guajira, guantanamera), que antes de morirme quiero echar mis versos del alma. O como aquel Quevedo de, pues amarga la verdad, quiero echarla de la boca. Soy (somos) como León Felipe y me sé (sabemos) todos los cuentos. Quizá mi obstinación y lo que puede diferenciarme de otros es que siento la obligación, ahora por Joaquín Sabina, de negarlo todo. Me quedan cuatro días para desdecir lo que he dicho, para desmontar el tinglado del que, Pablo Neruda, confieso que he vivido.

El personaje que yo era se ha ido desprendiendo, Pedro Salinas, de todo lo que encima me echaron desde antes de nacer y más: desde antes de ejercer, desde antes del primer concurso de poesía. Hoy, de aquel afán en que milité un día, no queda casi nada, casi nadie. Mis antiguos amigos de letras, remeros todavía en la nave del libro en librerías, se me han ido perdiendo por uno u otro lado, principalmente uno: la fe en el Estado del Bienestar, triangulada entre la cultura y la izquierda.

Parte de ese triángulo enseñó su patita cuando el referundismo en Cataluña y ahora se empeña, todavía, entre monarquía o república. Nada tengo que ver con eso. Mi obligación es decir a quien quiera oírme que todo es república (república ‘por defecto’). ¿Jefatura de estado? No, gracias. Ninguna. Si hay democracia, que sea parlamentaria y no presidencialista.

soneto gongorino.

Velázquez Retrato de Luis de Góngora (1622)

SONETO GONGORINO
A CULTOS Y ADIVINOS
del tiempo ya pasado, no el destino.

distancia más inmensa
de Dios a hombre, que de hombre a muerte.

De historia antigua, traspasado el pecho
-libro de texto, flexo, codos, sienes-,
dar tus neuronas ímpetu, en rehenes,
a viejas glorias, ese fue tu techo.

El precio fue callar que no hay derecho
que para licenciarte en algo tienes
que papagayear el bien de bienes,
antes que criticar lo mal que han hecho

todo. No más hazaña, escuelas mías,
del tiempo de estudiante clara ofensa,
que ser hoy profesor que de eso coma,

antes que averiguar qué será un día
la vida. Que hay distancia más inmensa
de aquí al futuro, que a la antigua Roma.

 


Daniel Lebrato, Lista de espera (2020)

Portada: Velázquez: Retrato de don Luis de Góngora (1622)

rima rimando.

factura 24 con 50

Es muy común la confusión entre lírica, poesía y verso. Por si hay menores escuchando, lírica significa primera persona o eso que no es ni épica ni dramática, ni narración ni teatro. poesía es también belleza y, su contrario, sería lo prosaico. prosa es una de las dos maneras de fluir el discurso: o a lo que salga (prosa) o por sílabas contadas: verso. Anoche, la noche del 27, pude vivir por juntas lírica, poesía y verso. Fue al lado de un chiringuito de playa, diez y media de la noche. Mi amigo Rafael Gálvez, buen conocedor del cielo y las estrellas, y mi amiga Alicia Domínguez Albarrán, sirena entre las sirenas de Sanlúcar, me habían invitado a la noche del planeta [2.430.000 usos en Google].

Rafael Gálvez, averiguador seguro
Rafael Gálvez, averiguador seguro.

Peliculero que es uno, allí que estuve. Rafael Gálvez llevaba sus buenos prismáticos. Fallo: yo me los había dejado en casa. Alicia era, sin ayudas binoculares, con mucho, la primera en ver aparecer cada estrella. Ahí está el Carro. Cerca debe pasar el cometa. Fallo: ¿planeta o cometa? ¡Cualquiera preguntaba nada! Yo, gracias a mi bastón de caña, ideal para las paradas, levantaba mis ojos y mis gafas de miope al firmamento doblemente estrellado, porque la visión no aparecía. A todo esto, el sitio de avistamiento estaba al margen del alumbrado nocturno y urbano, al final de una de esas rampas de madera que dan acceso a la playa. (rampa, francés rampe, remoto ramper ‘trepar’ : 1. Plano inclinado dispuesto para subir y bajar por él. 2. Terreno en pendiente. Ni 1 ni 2 corresponden exactamente a lo que es rampa de playa.) Quiero decir que entre estar en el chiringuito mirando algún langostino o manzanilla en rama, y estar sobre la playa, a su oscuro natural, ustedes mismos.

Alicia Domínguez Albarrán acuareleando siempre
Alicia Domínguez Albarrán, acuareleando siempre.

La media hora pasada, las pupilas las teníamos que nada se nos escapaba. Lo que sí avistaron mis ojos sin luna: las tetas de una muchacha en tetas que todavía a esa hora se bañaba con la marea alta y con su chico. La rima en -eta estaba servida. El resto de versos, ya en el chiringuito y con comanda por delante, lo trajo la conversa.

Yo, a Rafael: ¿Cómo te va lo que lees?

Rafael, a mí: ¿Cómo te va lo que escribes?

Rafael Gálvez iba por un tratado entre aztecas y castellanos, quién hubiera descubierto a quien.

2015.08.18. Daniel Lebrato por Alicia Domínguez Albarrán acuarela 18 08 2015
Daniel Lebrato, acuarela Alicia Domínguez Albarrán.

Daniel Lebrato iba proponiendo impresiones y paisajes, por ejemplo, un ocaso, o las coplas que me salieran una noche de verano que incluyó al final el susto por un cachorrillo de perro de esos de raza gigante a los que dígale usted ‘cachorrillo’ y escúchele usted a su dueña que “solo estaba jugando”, cagoenlá.

LA NOCHE DEL PLANETA
no llegó ni a pacotilla,
haciendo, en cambio, ruleta
con el perro de Sevilla.
Menos mal que los aztecas
no cruzaron las Antillas:
nos faltaba, a lo que vamos,
ser, encima, mexicanos.

NOSOTROS, TRAS EL PLANETA,
prismáticos mirando al cielo,
y aquella niña, en sus tetas,
y aquel perrazo en el suelo.
Estuvo buena la cena:
Gambas fritas con adobo,
manzanilla hincando el codo:
24 con 50.
Gálvez, pagando: ¡Es mi cuenta!



SIGUE LA POLÉMICA EN LA COLA DEL COMETA


ocaso.

Ría de Huelva ocaso foto Manolo Vara

Desde 1440 en el idioma (Corominas), la palabra ocaso, del latín tal, emparentada con caer, occidente y ocasión, marca la hora del día más fotogénica del largo y cálido verano.

Quizá por relación con la casa de seguros conocida como ‘los muertos’, la gente prefiere hablar de puesta de sol [con 21.5 millones de usos frente a ocaso: 11.5], francés coucher du soleil, inglés sunset, italiano tramonto.

En astronomía de precisión, orto y ocaso [25.700 usos] forman pareja por decir salida y puesta del Sol (o de la Luna) y, como rapidísima imagen, de todo lo que en esta vida nace y muere, empieza y acaba, sube y baja, se ve y no se ve.

Yo conocí la palabra ocaso por los recibos al cobro como seguro de entierros y defunciones [351.000 usos, cuando lo lógico sería el orden inverso, primero el cadáver y luego el ataúd: defunciones y entierros, 284.000].

La palabra contraria, orto (latín ortus, lo mismo, en astronomía: Salida o aparición del Sol o de otro astro por el horizonte) la aprendí unida a Orto y ocaso de Sevilla, libro de don Antonio Domínguez Ortiz (1991), historia de Sevilla, del esplendor, a la decadencia.

Ría de Huelva ocaso foto Manolo Vara

El ocaso que hoy nos relaja la vista fue tomado ayer, día 25 de julio sobre las 21:40 en el muelle de Huelva según se mira a la derecha. La foto es de Manolo Vara y, los textos, fondo de armario de eLTeNDeDeRo:

PUESTA DE SOL
Abelardo Rodríguez:
“No es que el sol se ponga,
es que sale en otra parte…”
…y el resto es patrimonio
de los husos horarios
con hache y sin hache.
Lo llamaremos noche,
por decir algo.

La segunda estampa nos lleva a las playas de Bajo de Guía, Sanlúcar de Barrameda, donde con marea baja se dejan ver posturitas y postureos que nos negamos a fotografiar:

LA FOTO
La cosa prometía. Aquella forma
de ella abrazarse a él como si gente
no hubiera por la playa pero como
si todos estuviésemos pendientes.
Esa puesta de sol, esa hora púrpura,
y en esto pasa un barco entre las barcas,
de paspartú teníamos el Coto;
ella, su nuca, y él, todas las marcas
de su bikini. El joven mete cuello,
se pierde ella -hacia atrás por su melena
de cine o champú Sunsilk- y, hecho un pulpo
de amor, la mueve, esparce y desordena.
Sobre el beso en su punto, una gaviota.
Cualquiera hace la foto y el idiota.

Daniel Lebrato, Agosto


Ría de Huelva noche foto Manolo Vara

fotos de ocaso y noche: Manolo Vara

como ustedes saben: sin ánimo de lucro.

Daniel Camaleón en grande (2)

Como ustedes saben, la locución (circunstancial de modo) sin ánimo de lucro es como un conjuro anticapitalista. Señor, señora: lo mío es ‘sin ánimo de lucro’, dice el vendedor de save the children, aunque todos sepan que las ONGs son empresas subsidiarias al Estado: Cáritas, de acción social; Cruz Roja, de sanidad pública; Acnur o Unicef de la misma Onu que a la infancia destroza en origen (con sus ‘misiones de paz’, supongamos Siria), para después venirnos con el cuento de la infancia que sufre y la acogida a refugiados. Hay que haber ido muy poco al cine para no haber visto esa película.

En respuesta a un TeNDeDeRo que apostaba por un futuro de poesía sin poetas con ánimo de lucro, responde un amigo: «no creo que haya ningún poeta con ánimo de lucro. Con ansias de gloria, sí, eso sí; o, en última instancia, que me publiquen y que me lean uno o dos, por favor». Lo cual, ya me dirán si “que me publiquen” no implica ánimo de lucro, habiendo una internet gratis (esta misma, que nos une) y por la que te pueden leer al menos dos, y sin ‘por favor’. Se llama www o http, y una terminal es la pantallita que usted lleva en su bolsillo. Suficiente para leer. Pero lo que usted quiere, pillín, es que yo pase por caja o librería sin ánimo de lucro, o sea, si ver lo que me cuesta.

Como ustedes saben, ánimo es voluntad o designio de algo o para algo, y existe el ánimo aunque no se cumpla. Y lucro significa beneficio o provecho, pago en especie también, empezando por el tiempo libre que el gremio arte y cultura reclama para sí en un mundo feo donde la mayoría se embrutece con el trabajo y con la ideología periférica al trabajo. Si eso no es ánimo de lucro, que venga Marx y lo vea, Carlos o Groucho.

Otro día hablábamos del extremo a que ha llegado un autor de estos de papel, sin ánimo de lucro: Penúltimos percances, de lectura imprescindible. Y, otro día, del libro como ‘tonto el que lo lea’, pues si usted no lo compra o no accede a muestra gratuita, ¿cómo sabe si el libro le va a gustar? Tonto el que lo lea, porque ahora, que ya lo compró, qué hace usted con el dichoso libro que no le gusta; única mercancía, el libro, que burla la regla de oro del consumo: si no queda satisfecho, le devolvemos su dinero.

Por aquí, que te vi.

Queden ustedes con la Canción del que escribía (entrando por Adelfos, Manuel Machado), de uno que fue Gutenberg antes que enlace (a Ediciones eLSoBReHiLaDo):

CANCIÓN DEL QUE ESCRIBÍA. Un vago afán de derechos de autor tuve. Ya lo he perdido. Me ha costado mis siete de imprenta, gracias -he de decir- a mis amigos donde tanto funciona el amiguismo. Podéis buscarme en la Nube, soy ese libro de bolsillo expuesto a los megusta o me disgusta de gente sin escrúpulos: ya es un éxito si alguien me apunta a favoritos o a icono en mi perfil en su pantalla de inicio. Cambié mi ce de copyright con isbn por ué ué ués y hache tetepés. Como un Juan Ruiz, Daniel Lebrato ande de mano en mano a quinquier lo pidiere. También, por defenderme, cuando yo ya no esté.

[Ediciones eLSoBReHiLaDo]


 

ICO / Estilo Urbano : el Reina Sofía en instituto de barrio.

2004.11.17.Imagen del Rey (3 bis)
El rey, a la reina: -Tú y tus Reinas Sofías. ¿Dónde me traes, Mari Sofi? ¡Qué cochambre!

La educación reglada limita al norte con la programación oficial, que hay que seguir, y, al sur, con la libertad de enseñanza del profe encargado. La tendencia es asegurar la regla “a titulaciones homologables, currículos iguales”. Así que su libertad, su originalidad y su creatividad docente, se las puede usted meter en su valija de profe o en el disco duro de su pecé, si es usted de clases a distancia. Y no hay que echarle la culpa a la circunstancia Covid19: es ley de vida y puesta al día de un oficio no tan imprescindible ni tan fieramente humano como se quiere hacer creer y parecer.

De profesor en el Ies La Paz, de Sevilla, me tocó vivir ese tiempo cuando la hegemonía del programa se iba imponiendo hasta hacer del profe un rutinario: Por aquí vamos. Esto para mañana. Esto entra. Eso no entra. Eran muy fuertes las presiones, empezando por el alumnado que -como público de mis representaciones- se iba desinteresando de la obra que yo representaba, masa estudiantil anguitista:

–Profe: programa, programa, programa.

Yo me escapaba pidiéndome, siempre que podía, las asignaturas residuales más al margen de la rigidez de las troncales, esas que llevan escrito, desde el libro de texto hasta el expediente final, su peso en nota; calificación donde ya asomaba, sin nombrarla, la excelencia académica por la décima, la centésima o la milésima en el tablón de honor o en selectividad y salidas profesionales. Ahí, entre el bilingüe o el bachillerato internacional, la originalidad del profesor no era más que un estorbo. Programa, programa, programa.

Hablo de asignaturas optativas de nueva implantación (y, a veces, sin ni siquiera libro de texto) agradecidas al aporte de ideas o materiales, vale decir: profesionales dispuestos a trabajar en red sin red, y sin arnés y sin estribos.

Antes de la asignatura TIC, Tecnologías de la Información y la Comunicación, para 2º ciclo de la Eso, hubo otra optativa parecida: Información y Comunicación, siglas ICO, a repartir, su horario, entre los departamentos de lengua, informática o dibujo.

2004. Daniel Lebrato por su alumno Alex Olguín de Ico Estilo Urbano 2004
Daniel Lebrato, caricatura por Álex Olguín.

Curso 2004-2005. Ies La Paz. Daniel Lebrato solicita la optativa ICO para cuartos de la Eso. La asignatura venía dándola su compañera de lengua Pilar Meseguer, quien, por alguna razón, la dejaba. Daniel Lebrato pensó y programó que lo primero que debería hacer el grupo Información y Comunicación era darse a conocer y erigirse, por qué no, en portavoz de las voces del instituto [o sea: una especie de El Corcho, el mural que yo tenía en sala de profesores: «Mi medio de expresión lo llamé El Corcho, antes El Nicho, mi periódico mural aprovechando la inviolabilidad de mi taquilla en sala de profesores. El Corcho, “flota, flota y no hace la pelota”, tenía tres suplementos: El Corchete, de picardías; El Córcholis, de cotilleos, y La Balalaica, defensor de la enseñanza única y no religiosa] solo que ahora iba a tener un animoso equipo de redactores y un público que iba a ser el instituto entero.

–¿Daniel Lebrato, al frente? ¡Qué peligro! -debió pensar la terca oposición monarquicana.

2004.11.17.IcoEstiloUrbano.ImagendelRey_010

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Dispusimos un tablón para prácticas periodísticas y, por concurso de ideas entre mi grupo, fundé y dirigí un espacio: Estilo Urbano (nombre idea de Álex Olguín), con su logo, sus secciones, su página web. Yo irradiaba aún con fuerza, y logré transmitir el orgullo ico entre mi gente. El caso es que nuestro entusiasmo no fue compartido precisamente por directiva, claustro y consejo escolar, que inmediatamente fueron a por nosotros.

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Un flanco de ataque fue el aula que ICO utilizaba cuando quedaba libre de asignaturas más troncales: la sala de audiovisuales; sala, hay que decir, que alguna empresa patrocinó o financió en premio a lo que había sido la puesta en marcha de las Jornadas por la Paz, de manera que aquella sala circulaba en el instituto poco menos que como el “Aula de Santi” (Santiago Agüero Muñoz, de quien ya hemos hablado). En noviembre, la directiva mandó cambiar sin previo aviso la cerradura. Motivo: destrozos en el material informático y colapso en el uso de la sala. Puro invento.

2004.11.17 Bienal de Arte 2

Otro flanco fue nuestra participación en la Bienal de Arte de Sevilla. En noviembre, Daniel Lebrato colabora con Juan Antonio Cortés, de dibujo, en las actividades escolares paralelas a la Primera Bienal de Arte de Sevilla. Sobre metáforas visuales hechas con más imaginación que materiales nobles, el profesor de ICO Lebrato propuso un montaje o performance semi viviente con el sello de quien tenía por costumbre reírse de su propia sombra: desechos de ordenadores, teclados, ratones, pantallas, esas cosas. El lunes 15 iban a ir los reyes a aquel Reina Sofía a inaugurar la exposición. En su retrato oficial (cedido gentilmente por la propia secretaría) se veía al rey Juan Carlos con doña Sofía del brazo:

2004.11.17.Imagen del Rey (3)
El rey, a la reina: -Tú y tus Reinas Sofías. ¿Dónde me traes, Mari Sofi? ¡Qué cochambre!

–Arte ni arte, ¿a dónde me traes, Mari Sofi?, ¡qué cochambre!

Al día siguiente, el director, al profesor de Ico:

–Quita eso de ahí, que es una falta de respeto y nueve profesores se han quejado.

–Quítalo tú con tus huevos o con tus nueves (la grabación no está clara).

–Ni para ti ni para mí, dijo el director, conciliador: que lo quite el conserje.

Entre el 17 y el 19 de noviembre 2004, fue el cierre y levantamiento gubernativo del espacio ICO/Estilo Urbano, como un okupa o asentamiento ilegal en el vestíbulo del instituto. Lo de ‘cochambre’ de don Juan Carlos era verdad. Dos días enteros de limpieza.


EPíLOGO

El jueves 24 de febrero de 2005 Daniel Lebrato dio en La Paz su última clase. Como al joven Werther, nadie salió a despedirle.

–Pues aquí no está, han respondido a eLTeNDeDeRo un perro y Andrés y Lupe, conserjes residentes, cuando hemos vuelto a La Paz para cubrir este reportaje.

2004.11.17 Bienal de Arte

Un par de semanas después (el 18 de marzo) el CEP o Centro de Profesores convocante de la actividad de la Bienal reconoció a Daniel Lebrato Martínez las diez horas de dedicación lectiva por su participación en la Bienal de Arte de Sevilla, actividad que, según el director de la Paz a alumnos de ICO y de no ICO, se salía de las competencias del profesor Lebrato.

/ a aquella tropa de ICO, de tan grato recuerdo /

ENLACES

  • Sobre el Corcho

Mientras por competir con tu maestro

Molinos o gigantes



2004.11.17.IcoEstiloUrbano.ImagendelRey_024

cómo no ser un Daniel Lebrato.

daniel lebrato íntimo vilima

 

Los libros se parecen a las personas: la amistad o el amor se encienden por un arte especial que algo tiene de magia. Como la amistad o el amor, los libros también se apagan, pero, donde hubo, cenizas quedan. Un buen libro es una oportunidad que nos da la vida. Tienen que coincidir constelaciones de estrellas para que el libro actúe y te modifique. Si no te cambia algo, el libro será uno más; nunca, parte de tu biografía.

Esos son los títulos que yo he incluido en Daniel Lebrato, un lector. Ahí no está Bécquer, en cuya proximidad al Instituto San Isidoro yo me inicié a la poesía. Ahí no están Manrique ni Garcilaso ni San Juan de la Cruz. No está Quevedo, que devoré intensamente y tanto me dio con Padilla Libros. No está el Pirata de Espronceda, ni Figuras sin paisaje (contra título de Paisaje con figuras, serie que fue de televisión), breve pieza teatral de Jorge Márquez que me sirvió de guion para casar con Pilar, treinta años que llevo queriendo casar con ella, la que siempre (antes y después de la boda) será mi novia. He puesto títulos que a mí me han modificado como escritor y como ser humano, si es que lo soy. De 37 títulos, 17 son de poesía; 13 de narrativa, novela o cuento; tres de teatro y seis de ensayo, arte, economía o historia. 19 títulos corresponden a los años 80 (década 1980), cuando a mis 30 y pico me inicié en la labor de escribir. En este sentido, mi bibliografía particular es todo menos académica o impostura. Si alguien se aplicase al cuento de esas 37 lecturas, lo más probable, y peligroso, es que acabe siendo un doble de Daniel Lebrato, algo que no recomiendo a nadie.

Mi digestión de lecturas pueden verla en Historias de la literatura, segunda parte y continuación de Mi amor no sabe decirme que me quiere, donde la literatura propone un ars amandi, una escuela para quien sepa aprender. Mi amor por el Romancero y mi adición a las coplas han ido a dar, por otra vía, a La corte del rey bobo.

El otro criterio que he seguido es dar nombres y obras al alcance en internet, aunque otra cosa es la lectura en pantalla. A la sociedad literaria aun le queda mucho por andar como nuevo libro de bolsillo, hoy teléfono móvil o celular.

Hablando de nuevas tecnologías, para mí ya lo fue el cine, cuya poderosa imaginería –novela o cine negro: Dashiell Hammett, Raymond Chandler– tanto me influyó en mi época como galán del blanco y negro y tanto me sigue influyendo cada mañana cuando al salir de la ducha decido qué me pongo. Mi repertorio de películas limita al norte con alguien parecido a Humprhey Bogart y, al sur, con alguien parecida a la Flaca.


         
01 poesía Alberti, Rafael
1902‑1999
Marinero en tierra, Sobre los ángeles 1924
1929
02 poesía Aleixandre, Vicente
1898‑1984
Espadas como labios, La destrucción o el amor 1931
1933
03 poesía Ana Rossetti
1950‑
Los devaneos de Erato, Devocionario, Indicios vehementes 1982
1985
04 poesía Bertolt Brecht
1898‑1956
Poemas y canciones 1956
05   Biblia
‑750
Pentateuco ‑750
06 poesía Blanca Andreu
1959‑
De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall 1980
07 narrativa
poesía
Borges, Jorge Luis
1899‑1986
Historia universal de la infamia, Ficciones, El Aleph,
Los conjurados
(poesía)
1935
1985
08 narrativa Camilo José Cela
1916‑2002
La familia de Pascual Duarte 1942
09 narrativa Cervantes, Miguel de
1547‑1616
El licenciado Vidriera, Rinconete y Cortadillo,
El retablo de las maravillas
1613
1615
10 poesía Cortázar, Julio
1914‑1984
Rayuela, Cuentos, Historias de cronopios y de famas,
Queremos tanto a Glenda, Salvo el crepúsculo
(poesía)
1963
1984
11 narrativa Edgard Allan Poe
1809‑1849
La narración de Arthur Gordon Pym,
Narraciones extraordinarias
1838
1859
12 poesía Federico García Lorca
1898‑1936
Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, Poeta en Nueva York 1929
1935
13 teatro Francisco Nieva
1924‑2016
Pelo de tormenta (1961), La paz (1977) 1961
1977
14 narrativa Gerald Durrell
1925‑1995
Mi familia y otros animales 1956
15 ensayo Gómez Lara, Manuel José
1958‑
El discurso del héroe anglosajón en literatura inglesa 1986
16 ensayo Hauser, Arnold
1892‑1978
Historia social de la literatura y del arte 1951
17 narrativa Herman Melville
1819‑1891
Moby Dick (1851), Bartleby, el escribiente (1853) 1851
1853
18 narrativa Hipólito G. Navarro
1961
El cielo está López, Manías y melomanías mismamente 1990
1992
19 ensayo Huizinga, Johan
1872‑1945
El otoño de la Edad Media 1919
20 poesía J.J. Díaz Trillo
1958‑
Mal te perdonarán a ti las horas (con Buly), Héroe de su herida 1985
1988
21 poesía Jaime Gil de Biedma
1929‑1990
Las personas del verbo 1975
22 poesía Juan Cobos Wilkins
1957
Sol, Espejo de príncipes rebeldes 1985

1989

23   Juan Ruiz
1283‑1353
Libro de buen amor 1343
24 poesía Luis Alberto de Cuenca
1950‑
La caja de plata 1985
25 poesía Manuel Machado
1874‑1947
Alma, El mal poema 1902
1909
26 narrativa Martín‑Santos, Luis
1924‑1964
Tiempo de silencio 1962
27 ensayo Marx
1818‑1883
El capital (tomo 1) 1867
28 poesía Moreno Jurado, José Antonio 1946‑ Para un dios de invierno, Bajar a la memoria 1981
1985
29 teatro Muñoz Seca, Pedro
1879‑1936
La venganza de Don Mendo 1918
30 narrativa Oscar Wilde
1854‑1900
Retrato de Dorian Gray 1890
31 poesía Pedro Salinas
1891‑1951
La voz a ti debida 1933
32 ensayo Radovan Richta
1924‑1983
La civilización en la encrucijada 1972
33 narrativa Schiller, Friedrich
1759‑1805
Guillermo Tell 1804
34 narrativa Umberto Eco
1932‑2016
Apocalípticos e integrados, El nombre de la rosa con sus, Apostillas a El nombre de la rosa 1965
1985
35 teatro
narrativa
Valle‑Inclán, Ramón María del 1866‑1936 Martes de Carnaval, Ruedo ibérico 1920
1936
36 ensayo Vázquez Montalbán, Manuel
1939‑2003
Crónica sentimental de España 1969
37 narrativa Yourcenar, Margarite
1903‑1987
Memorias de Adriano, Opus Nigrum 1951
1968
         
17 poesía 19 títulos años 1980    
13 narrativa      
06 ensayo      
03 teatro      

 

 

Penelopea con Antonio Jiménez Casero.

No vuelvas, Odiseo

Del griego -rea, los finales diarrea, gonorrea o piorrea tienen en común ‘flujo’ o ‘abundancia’. No viene de ese fluir, sino de ‘peer’, la palabra pea, por ‘embriaguez’ o ‘borrachera’. Compuesto de Penélope y pea resulta el neologismo penelopea, algo así como “exceso o hartazgo de Penélope”.

A la muerte de Antonio Jiménez Casero (1952-2020) me suenan tambores de Penélope. No he leído aún No vuelvas, Odiseo, última novela que él publicó en vida, aunque doy por sabido qué voz es esa.

Yo, sin ser de clásicas, empecé en la escritura reescribiendo mis mitologías personales, y lo hice en dos tiempos. Al mito griego di De quien mata a un gigante (1987) y al mito bíblico, ¿Quién como yo? (1996). Pero antes, mucho antes, yo había escrito una estampa de Penélope con evidente guasa: Penelopea, prosa que publicó Buly en Costa Oriental, suplemento literario del diario Sur de Málaga, y que a día de hoy forma en A sus pies chapín de seda. Se explica sola:


PENELOPEA

Texto siglo ocho a.n.e., debe actualizarse con musiquilla de fondo tipo Señora Francis años cincuenta. La altura de esa melodía será mayor en las pausas y sostenida en el resto sin que ahogue la lectura.

Consulta 523 (pausa). Respuesta a Desquiciada, Itacante (gran pausa). Mi querida amiga (pausa). El caso de su esposo, aunque preocupante, no es insólito, créame. Ocurre con frecuencia en maridos que han pasado largas temporadas fuera del hogar. Comprendo que una señora de su clase se resista a cambiar camisones de seda por vellocinos de carnero, pero consuélese pensando que precios más altos se han pagado para conformar a los varones (pausa). Transija si él le impone monóculo o lentillas verdes como condición a su cariño. Y, si le pide que cante, hágalo lo mejor que pueda y no se ofenda si como me dice él se tapona entonces con cera los oídos o se hace acompañar de un mástil hasta el lecho. Seguro que usted, con sus habilidades femeninas (ya me entiende), sabrá disipar de la persona que ama esas manías adquiridas en una mili en exceso prolongada (pausa). ¡Ah! Y estoy convencida que lo de Vaca del Sol solo se lo dice por congraciarse. Esté tranquila y acuda a mí si ve que con el tiempo no hay mejora. (Pausa enorme y consulta 524).


La segunda estampa de Penélope ya formó parte en De quien mata a un gigante, y dice así:


EL BRILLO RECUPERA TU COPA DE PLATA
su pasado deleite tu ropa y tus pañuelos.

Bajo tu pie se ablanda un perro dócil,
un escabel inútil estos años. Tiendes
hacia atrás el puente de otros días
cartas y teléfonos, agendas de trabajo.

Puntual el servicio levantará la mesa
y seguiremos durmiendo en habitaciones separadas.


/ a Antonio Jiménez Casero /

tres princesas.

el-principito

TRES PRINCESAS

 

SABIA, LA PLUMA QUE DISTINGUE EL HILO
de la fábula y no nos confunde con Juanas
las de Arco ni Isabeles las Católicas
que nos interrogan por nuestro siglo
desde su crónica o su hornacina,
desde el satinado horror de los libros de texto.


 

UNA SOLA PRINCESA EN PIEL SEVERA,
una sola impostura coronada,
y allá se irán idilios y colores.
¿Pues cómo mandar ejércitos,
presidir consejos, subir impuestos,
esquilmar reinos, condenar a muerte
o posar tan seria ante el pintor de cámara
y seguir siendo una princesa?


 

ESPECIE PROTEGIDA, DE LAS PRINCESAS,
las que más gustan son las que nunca
llegan a reinar. Se las educa, eso sí,
y se las cuida y venera igual
que a príncipes herederos.
Nunca envejecen y resultan,
cuando su mano es otorgada,
pesimísimas esposas.


 

Daniel Lebrato, Chapín de seda (1986)


 

Juana, genio y figura.

Juana

Si un tema hay gastado y derretido para hacer literatura, ese es la muerte; más que el amor. La muerte sigue siendo como en tiempos de Manrique. Lo más que hacemos es ponerle un nombre o una cara y aportar algún punto de vista, religioso o civil. Aquel Llanto de Lorca.

Cuando murió mi madre, que era una anciana balilla de mal asiento que no dejaba vivir a nadie, quise que mi familia mandase poner esta corona firmada por “tus hijos y tus nietos”:

«Descansamos, o descansemos, en paz.»

Mamá lo comprendió y salió por donde costumbre:

–¡Hay, Daniel, como se entere tu padre, el disgusto que le vas a dar!

O quizá por esta otra petenera:

–¡Hay, Daniel, qué pamplinas tienes!


Juana

Ahora ha decidido dejarnos –me avisó su yerno Salva, titular de la etiqueta “suegra”– nuestra amiga Juana de Sanlúcar, a quien yo llamaba Reina de la Ibense porque era donde me la encontraba sin falta al desayuno, lo mismo que yo no faltaba a mi cerveza, siempre en Plaza del Cabildo.

Juana era de esas señoras con todo viento a favor: su ser de Iglesia hasta en la iglesia tener su sitial, su ser de derechas, señora de, excombatiente de la Acción Católica, su hablarle de tú al señor cura párroco y, casi, casi, al mismo Dios (que estará San Pedro que no sepa el hombre dónde meterse); su distinguida elegancia, su mirar por encima a esta España de la que yo gustaba pincharla para que largase, como se suele decir, por esa boquita. ¡Y vaya si largaba!

Quizá el ver en mí a un poeta comunista de pinta aristocrática (vieja bici BH, bastón de caña, lazo y panamá) nos unió en un raro anacronismo, en una complicidad para reírnos del mundo:

–Juana, igual que en tu iglesia del Carmen hay nave de epístola y nave de evangelio, así yo, en mi chaleco traje, llevo dos bolsillos con monedita suelta: el de la derecha para propina y el de la izquierda para limosna. Todo menos decir: ¡No llevo suelto!

Últimamente estaba faltando a clases en la Ibense y yo la apremiaba con este canto de Esperanza de vida:

–Con tantos años cumplidos, ¿qué más te daba cumplir unos añitos de más? Siquiera por alargarnos el sueño de quienes vamos detrás.

No me ha hecho caso. Mis palabras a lo mejor mienten; mi egoísmo, no.

El genio sabe que el genio sin figura no va a ninguna parte.

Genio y figura, Juana.

/ a Juana Domínguez Hermosilla /
–1 de junio de 2020–

esquela JUANA

la importancia de llamarse inclusive.

6. Las uvas en grande

Mi cuñada Rocío no estaba segura si el día de su santo era hoy domingo o mañana, Lunes de Pentecostés y de la procesión de la Virgen del Rocío. La duda le venía por recibir ella felicitaciones de otras partes de Europa donde Espíritu Santo cae en domingo. El conflicto viene rebotado del domingo o lunes de Resurrección, día que la católica y romana España coloca en domingo pero la Europa protestante en lunes, Lunes de Pascua.

Todo nos lleva –a partir de un primer plenilunio de primavera, dato astronómico que no deberíamos discutir– a lo de “al tercer día resucitó”, y todo porque al cronista no se ocurrió aclarar lo elemental:

–Jefe, al tercer día ¿inclusive o exclusive?

Porque si a usted le dice el albañil que tiene de obra en casa o el zapatero a quien ha encomendado sus zapatos ¡Señora, esto está en tres días!, es lo primero que pregunta, ¿incluido o no incluido?

Todo parece que, en la Judea de aquel tiempo, rabinos y entendidos, profetas y mesías, ahí que andarían a la greña por un quítame allá ese milagro –que no, que no es milagro; que si es agua, que si es vino– en reto permanente por demostrar habilidades que entusiasmaran al pueblo, y uno de ellos:

–A este (el vivo o muerto) te lo resucitó yo en tres días.

Cualquiera puesto en lenguaje de calle sabe que ¡A que te doy tres ostias!, es amenaza aproximada. Y los tres mosqueteros tampoco fueron exactamente tres. O sea, salvemos al evangelista, que estaría el hombre refiriéndose al plazo medio estimado para las resurrecciones (ver La vida de Brian), y culpemos, si acaso, al choque de iglesias; entre la auténtica, que es la de Roma, y la quisquillosa y por algo llamada protestante.

Yo acabé por llamar a mi cuñada Mary Rose [meriróush], reminiscencia de Las chicas de oro, serie de televisión. Y hoy, a nuestros 66, es la primera vez que el Rocío y mi cumpleaños coinciden. Los próximos 66, ella, quizá –que da gusto verla–, pero yo les aseguro que ya no estaré. Dejo, por eso, para que ustedes lo lean (en edición de bolsillo para pantalla de sus teléfonos móviles) el último libro de poesía que publicó en vida y en imprenta Daniel Lebrato: Predisposición de las uvas, Padilla Libros, 2011. Aunque de lectura no siempre poética –hay mucho hígado–, les puedo asegurar que empieza y acaba en brindis. Que lo disfruten.

Y, Mary Rose, da gracias que te pusieron Rocío, y no Pentecostés, Pente, Espíritu Santo, Espiri, Salto la Reja o Inclusive.


Enlace a Predisposición de las uvas (libre de tasas y virus)

predisposicion-de-las-uvas


extraescolares.

DL caballito en Sanlúcar

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La última entrega de las memorias del profesor Lebrato (tras El profesor, El alumno, El tutor y Consejo orientador) lleva por título Extraescolares y hace referencia al Daniel Lebrato de actividades complementarias; ese que va desde Teatro La Paz (Valverde del Camino, años 80), hasta el que hoy ilustramos con estas raras fotos.

En La Paz, de Aristófanes y Francisco Nieva, Daniel Lebrato montaba jinete de un escarabajo pelotero.

Daniel a escarabajo pelotero

DL caballito en Sanlúcar

Como ven, el montaje de hoy da idea de un caballito de playa al que una mujer acude con su hija o su nieta para darle un paseíto como en calesita o cacharrito de feria. Por lo que sabemos de Daniel Lebrato, la situación es insólita y habrá de sorprender a quien lo tuvo como serio profesor de adultos en bachillerato. Foto 2:

Daniel a escarabajo pelotero 2
Daniel Lebrato, en el papel de Trigeo. Al fondo, coro de esclavos y nubes del cielo.

DL caballito en Sanlúcar

Las fotos están tomadas en blanco y negro por LeMonge durante el verano de 2016 (hace ya cuatro años) en la playa de las Piletas, Sanlúcar de Barrameda, a la altura del chiringuito Macario. Como es sabido, Sanlúcar ha hecho célebres las carreras de caballos por la playa en marea baja. El reportaje de LeMonge quizás evoca esas carreras hacia la puesta de sol.

DL caballito en Sanlúcar

Hombre a caballo
Jinete. Dibujo a cera de Teté.

carta humana.

carta humana bandeja de entrada
bandeja de entrada

Ayer veíamos el trayecto andado por las cartas interpersonales, desde el recado de escribir, hasta la invención del sello de correos. Si al recado lo venció la estilográfica y luego el bolígrafo (sin hablar de las máquinas de escribir), al sello lo ha vencido el franqueo pagado o concertado (de uso oficial y comercial) y, claro está, la conexión a internet. Hoy, las cartas cartas son prueba de amor a los objetos que se dejan tocar. Puro arcaísmo coleccionista o fetichismo; de ahí, su especie:

carta humana 1

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CARTA HUMANA

En la primera escena, alguien dispone
recado de escribir[1], tal vez un Bic.[2]
Se baja hasta el estanco a por el sello.
Se acaba en la estafeta o el buzón.
Alguien con llave en su buzón de casa,
entre cartas del banco y las ofertas
de propaganda, recibe carta humana.
No debe ser rasgada en la escalera.
Primero habrá que hacerle los honores:
honores de etiqueta o abrecartas,
honores de brindar copa o chupito.
¡Cartas humanas, buzos de buzones,
que tras de su querido y sus dos puntos
irán a conversar con los difuntos! [3]

Daniel Lebrato

/ a Javier Monge Villalobos /

carta humana

[1] Para recado de escribir, eLTeNDeDeRo, día anterior.

[2] Una curiosidad une al bolígrafo Bic, rey de la escritura barata, rápida, infalible, con las siglas BIC, Bien de Interés Cultural. El boli BIC se lo merece.

[3]
3a) conversar con los difuntos. Es de Francisco de Quevedo (1580-1645), Soneto desde la Torre [de Juan de Abad], la idea de que la lectura nos hace hablar con los autores muertos pero vivos en los libros que nos dejaron escritos. Escribe Quevedo, a José González de Salas, quien sería su editor: «Retirado en la paz de estos desiertos,/ con pocos, pero doctos libros juntos,/ vivo en conversación con los difuntos/ y escucho con mis ojos a los muertos./ Si no siempre entendidos, siempre abiertos,/ o enmiendan, o fecundan mis asuntos;/ y en músicos callados contrapuntos/ al sueño de la vida hablan despiertos./ Las grandes almas que la muerte ausenta,/ de injurias de los años, vengadora,/ libra, ¡oh gran don Joseph!, docta la imprenta./ En fuga irrevocable huye la hora;/ pero aquélla el mejor cálculo cuenta,/ que en la lección y estudios nos mejora.»

3b) conversar con los difuntos. Sobre la idea de Quevedo, la carta humana añade otra: las cartas, como las fotos papel foto, pasarán al escrutinio de cosas que, al morir su dueño y resolverse su herencia, aparecerán por archivos, cajas o cajones que un día fueron del difunto. Vista así, la carta humana, y no electrónica, es inmortal.

recado de escribir 6

recado de escribir.

recado de escribir 3

recado de escribir [53.700 gugles] ya es arcaísmo objeto de coleccionista pero en su día fue origen y fuente de la letra escrita y de la literatura. Se llama recado de escribir al conjunto de útiles de escritorio. En siglo 18, el gran siglo de los muebles, el recado de escribir dio en mesa despacho y maleta portátil semejante a la caja de caballete desplegable que el 19 inventó para la pintura paisajística. Ese recado de escribir recibió nombre de escribanía o caja de escribano. En imágenes pueden ver algunas.

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recado de escribir 5

Recado de escribir fue también un libro de poesía de Fernando Ortiz (1947-2014) publicado por Renacimiento en 1990. Escriban como escriban, escriban. Quédense con estos endecasílabos blancos que, a su manera, cuentan la relación que hubo entre el recado de escribir y la invención del sello de correos. Todo ello cierto.


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RECADO DE ESCRIBIR
la invención del sello de correos

Recado de escribir se dijo un día
a recabar o recaudar tintero,
tintas, plumas, papel secante, folios,
salvadera, arenilla, carboncillo,
hilo y reglas para pautar la página
mesa y asiento y suficiente luz
para escribir (en manuscrito) a mano
cartas que irían de la cruz al sobre.
El signo de la cruz, la santiguada,
era pedir la venia y compromiso
de palabra de honor con la verdad.
–Dios mío, dame en esta hora pulso,
caligrafía, ortografía y gracia
para salir con bien de esta carrera.
El sobre era el papel sobre sí mismo.
Guardián del sobre, el lacre, más recado.
Y, al despedir la carta: –Que esta carta,
después de tantos dimes y diretes,
alcance su destino, que esa es otra,
con tanto bandolero que anda suelto
y que al final no sirva para nada.
Oyólo un funcionario en la estafeta:
–Mientras haya bandidos y, en destino
y al cobro, puedan responder “no quiero”…
¡Sin sello de correos no hay correo! [1]


Mañana hablamos de la «carta humana», qué es y cómo nos impresiona en estos tiempos gemails, whatsapps y pedefes.

recado de escribir 2

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recado de escribir

[1] Historia del sello en Wikipedia