Etiqueta: Daniel Lebrato

la muerte y la literatura.

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Daniel Lebrato anuncia la salida de su curso La muerte y la literatura para el próximo viernes de 22 junio a las 16:30 en la Pablo Olavide de Sevilla. Quien quiera aportar algo a lo ya dicho o escrito sobre la materia, puede enviar su aportación (textos, letras, audios, vídeos o ideas) a daniellebrato@gmail.com. Por cuyos actos de colaboración académica les quedará agradecido. Todas las donaciones, con sus donantes, sujetas al copyright ©.


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gracias a la vida.

Cementerio_daniel y familia

Hoy en mis bandejas de entrada se cruzan los correos y mensajes con motivo de mi 64 cumpleaños, con los que ha originado, dos días después, la noticia de la muerte de mi madre. Nada grave ni nada extraordinario. Ya se sabe que Envejecer, morir, es el único argumento de la obra, Gil de Biedma, y Somos el tiempo que nos queda, Caballero Bonald.


La propiedad de las madres longevas es que a sus hijos nos hacen todavía jóvenes. Muerta la madre, se acabó el artificio: la próxima nos toca. Según mis cálculos y mis genes, ahora lo sé, moriré en 2044 y de un cataclismo instantáneo. Espero que de aquí a entonces me sea leve, no la tierra: el espejo, el afeitado, el corte de uñas, el qué me pongo y el control de esfínteres.


Se lo tendré dicho el día 22 a mis cursillistas dentro de La muerte y la literatura, posgrado de cuidados paliativos y para una muerte digna: El ejecutor de una empresa atroz debe imaginar que ya la ha cumplido, debe imponerse un porvenir que sea irrevocable como el pasado (Jorge Luis Borges). No me atrevo a pedir que la doctrina Borges valga a todo el mundo, pero dejo constancia. Imagínese usted que ya es cadáver, lo que incluye triunfar, no del morir, sino del malmorir; ni es tampoco no envejecer, sino no perder la dignidad y las facultades que en los demás seguirán vivas: Y yo me iré y se quedarán los pájaros cantando, Juan Ramón, lo cual: conviene cumplir con los pájaros y pajaritos de nuestra biografía y no dejar deudas ni rencores y para que luego no tengamos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero (Miguel Hernández, a Ramón Sijé). Dura lo que dura el partido y no habrá tiempo añadido.


Las conversaciones tenidas, las paces hechas, la cuenta echada y la misión cumplida, Daniel Lebrato ha muerto y cada día que pase es un día de gracia. De gracias a la vida.


 

La mamma morta.

 

1950 Pepita y Francisco en Cóbreces
Francisco y Pepita en Cóbreces, 1950

Únicamente a título informativo, comunico que el sábado día 2 de junio murió, guapa y sin sufrimiento, mi madre Pepita Martínez. Hubiera cumplido los 90 años. A ella debo mi segundo apellido que, por comodidad narrativa, nunca utilicé en mi vida literaria. Dado el carácter alegre y contagioso de la que fue mi madre, bien podríamos decir, sin guasa y con cariño, que somos su amplia descendencia quienes descansamos en paz. Dejo a ustedes la antología de Pepita en prensa, libros, fotos y vídeos.


–Artículo que le dedica a Pepita Paco Correal en Diario de Sevilla, 02/07/2017.

–Del mismo Paco Correal, obituario en Diario de Sevilla, 04/06/2018.

–Ficha de Francisco Lebrato Sánchez, donde aparece Pepita, en la página Todo Oliva, actualizada a 2014.

–Pepita en Tinta de calamar (2016, búsqueda : Ctrl + F)


Cine mudo, corto de un minuto protagonizado por Pepita (2006).

Oh Pepita, vídeo répor de 20 minutos, álbum de fotos de Pepita (2014).


banda sonora:

La mamma morta, aria de la ópera Andrea Chénier, de Umberto Giordano (1896), por Maria Callas (1923-1977). Misma La mamma morta, con subtítulos en español, y en Wikipedia.

Oh mío babbino caro, (Oh, mi querido papá), aria de la ópera Gianni Schicchi (1918) de Giacomo Puccini (música) y Giovacchino Forzano (Libreto), por Maria Callas en Youtube y en Wikipedia.

 / en homenaje /


 

64, modelo para armar.

Daniel Lebrato por la Avenida de Sevilla 22 05 2017 (Foto Antonio Mateu) (2)

64, MODELO PARA ARMAR
Soneto quevedesco en que renuncia
a ser felicitado en cumpleaños.

Gente feliz que me avisáis por algo-
ritmos sociales de que soy más viejo,
tendríais que estar hoy en mi pellejo,
y a ver si os felicito yo por algo
igual. Corre la edad, podenco y galgo.
Me tira una analítica los tejos.
Me acosa el médico de cerca y lejos
me tiene una monjita a sopa y caldo:
«–Lebrato, estese quieto. –¡Faltaría
más! –Pórtese y apague usted las velas.
–¡Yo, que en la vida fui jinete y potro!»
Dejadme con la cuenta de mis días
en paz, que el japi berdi huele a esquela
que está puesta a mi nombre, no a vosotros.


Daniel Lebrato, 31 de mayo (1954-2018)


Nota 1. Según las estadísticas y los servicios sociales, el último año de nuestra vida adulta comienza al cumplir los 64. A los 65 ya seremos tercera edad: transporte urbano gratis, reducción de entradas al cine y otras ventajas. Pero algo habrá, que nadie quiere que nos cedan el asiento y preferimos que el tiempo nos conserve en nuestra fina estampa y a pie de barra. La propiedad de los 64 es que oficialmente aun no somos tercera edad. Yo sigo siendo un señor, y no un anciano, y con título de señor o caballero desde hoy dispongo de 365 días por delante para hacer de Daniel Lebrato cada vez más libre de impuestos. Me pongo a ello.


Nota 2. El 31 de mayo de 2018 vino al mundo en jueves de Corpus Christi y, para España, con la noticia de un Mariano Rajoy haciendo las maletas, circunstancia ésta que ha venido a corregir en parte el Día mundial sin tabaco, que también coincide. Fumando espero.


 

los modos, las modas y las bodas.

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completas son las obras escritas y reunidas, a una determinada edad, pero también vivencias. Por alguna razón, ando poniendo en orden y al día mis completas y mis vivencias, lo que es una forma de dejar fuera y de hacer limpieza o antología. Y esto vale para mis libros que fueron libros, para mis papeles y mis objetos y para mi entorno o las personas que todavía me emocionan. Es como si Daniel Lebrato se hubiera puesto en pause, que no es que se vaya a morir, al revés, yo, más vivo que nunca, de cuanto simple amé rompí los lazos (Epístola moral a Fabio).

Un día que pasa a mis completas y a mi antología es el 23 de abril del año dos mil, día que fue ‑además de del Libro, de San Jordi y de Cervantes‑ Domingo de Resurrección. [Según el calendario romano; el protestante entiende que “al tercer día resucitó” significa en Lunes.] Aquel domingo, broche de Semana Santa y víspera de Feria, había toros en la Maestranza; ni más ni menos: Curro Romero (con Morante y Enrique Ponce) y hubo quien, por amor a Curro y a su abono, se perdió la otra cita del día: Pilar y Daniel se iban a casar y a casarse, además, a su imagen y semejanza. Fue Tres trajes traje, como decía la participación. [No invitación: cada uno pagaría su parte en el convite y estaban expresamente prohibidos regalos que no fuesen inmateriales como un dibujo, un poema, un cante, una actuación, cosas así.]

Tantos años después, he montado y corregido la película que nos grabó un hijo nuestro con su vídeo cámara y luego nos pasó en dvd. Por alguna otra razón, parte de mi leyenda negra con mi familia, que no se habla conmigo, tuvo que ver con las bodas: ella sabrá (mi madre o mi familia) por qué o en qué. Es verdad que la gente con 20 años no se casa lo mismo que a los 30 o a los 40, edad que pasábamos Pilar y yo ese 23 de abril primero del nuevo siglo. Y es verdad que una boda es a la pareja lo que miniño, para sumadre: lo mejor del mundo y las críticas son mal recibidas; si hubiera autocrítica, ya sería mucho, pero, en vez de eso: álbum de fotos.

Vean, si les parece, la película Tres trajes traje. No llega a 45 minutos. Y denle a avance rápido y sáltense lo que no les asombre: en cinco minutos tienen ustedes idea cabal de lo que puede ser una boda hecha ni por el cura ni por el concejal ni por la empresa de eventos ni por el cáterin ni por el padrino ni la madrina: por la pareja protagonista, quien toma el mando y pone el ceremonial en su sitio. El nuestro fue Galaroza y Fuenteheridos, Sierra de Huelva, donde vivíamos lo mejor de nosotros. Cuánta agua y cuánto vino nos inunda desde entonces.

–enlace a Tres trajes traje

enlace a Rey de bodas


Dupond et Dupont pasean por el Cabildo.

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Conocí a Juan Andivia Gómez (Huelva, 1952), profesor y poeta, durante mi etapa en Valverde del Camino. Años más tarde, en el Martínez Montañés, de Sevilla, empezó una sólida combinación que todavía perdura, ahora ya los dos eméritos de la enseñanza. Pueden seguir el rastro (dicho pinchar los vínculos) y refrescar la memoria de estos pájaros (de Dupond et Dupont Extraescolares, desde que un curso se repartieron las clases de aquella manera y desde el Homenaje a Carmen Calderón en el Alcázar de Sevilla); pájaros, para unos, a mano y, para otros, a tiro. En nosotros se cierra y se abre el triángulo de la vida (Montpensier) entre Huelva, Sevilla y Cádiz, esta vez Sanlúcar.

Dupond et Dupont pasean por el Cabildo (fotos)

Dupont et Dupond en el Martínez Montañés (mini relato)

Algunas poesi.as de Juan Andivia

Juan Andivia en HuelvaYa.es

Juan Andivia, capturas de artículos y de opinión en [eLTeNDeDeRo]


Venecia en nevermore.

Venecia marca de agua

Nevermore, nunca más, suena a noviembre y en noviembre fuimos a Venecia cuando nadie va a Venecia. Inconvenientes: el amplio equipaje contra el frío y la lluvia. Ventajas: acceder a los santos lugares de la foto obligada sin guardar cola. No quieran entrar en la Basílica ni en el Palacio Ducal llevando mochila. Las requisan en consigna, protocolo antiterrorista. Sin bolso de mano o con bolso y, muy importante, katiuskas o zapato antideslizante por la humedad de los suelos, por si les pilla el agua alta, como allí llaman a las pleamares invasivas, y porque habrán de subir y bajar a góndolas y vaporetos donde es fácil resbalarse.

Los viajes se dividen en dos. Viajeros que buscan nuevas experiencias y viajeros que buscan su imagen y semejanza. Yo soy de estos, dando por sabido que allí Cruzcampo no hay. No creo que en ningún lugar me esté esperando algo o alguien que puedan sacarme de mi arraigado escepticismo o incultura o descultura. Quien como yo porta el lema de que la civilización es hija de lo abominable, no ve más que barbarie donde la mayoría, bellas artes o paraísos perdidos o antropológicos. A las tabernas, pues, a las calles de ropa tendida y a los sitios donde el aspecto del paisanaje nos dice: esta gente es de Venecia, este sitio es de uso interno y no para turistas.

Joseph Brodsky placa en Venecia

Con lo que se ha dicho y cantado sobre Venecia, mi lectura recomendada es Marca de agua de Joseph Brodsky (1899‑1996), firmada en noviembre de 1989. Otro nevermore. Marca de agua son 51 episodios breves (un libro de apenas 40 páginas) donde el profesor Brodsky cuenta sus vacaciones de invierno fijas en la ciudad de Venecia desde 1975. Venecia es de esos lugares donde se va a conquistar o a dejarse conquistar. Entre don Carnal y doña Cuaresma, extremos que aquí están confundidos todos los días del año, raro es ‑en una breve estancia‑ atender los dos frentes. Esas parejas en viaje de novios para al final no salir apenas de la habitación. A Venecia se vuelve. A los novios, tal vez.

–descarga Marca de agua de Joseph Brodsky en formato Kindle

–descarga Marca de agua en pdf en Escueladeruso.com

–descarga Marca de agua en pdf en Ignacio Darnaude

álbum de fotos