Etiqueta: Daniel Lebrato

EPITAFIO.

1954-2021 Tenía el talento de Míster Ripley, 1955,buena edad para mi hermano invisible.Me lo encontré en la facultad, depredadorde campus y partido, antifranquismo,mayo francés, movida o democracia;socio de honor donde yo era de número.Cumplimos los cincuenta contemplando,de las Torres Gemelas a las Guerras del Golfohasta … Continúa leyendo EPITAFIO.

Tu voto:

coplas de Juan Tanamera.

guantanamera

Mientras fui profe en activo, me apunté a redes sociales por didáctica. Si mi alumnado, de secundaria de adultos, estaba en redes, yo también estaría, y mis publicaciones podrían ser un comunicado de apuntes (podcast, odiosa palabra) para la recuperación de mis clases por estudiantes que, entre el trabajo y el instituto, muchas veces me faltaban a clase por causa justificada. Desde que dejé el horario lectivo, mis varios tendederos siguieron de utilidad para yo ejercer como emérito en una especie de consultorio de lengua que siempre es más que lengua: Álvaro Martín y Zafarrancho Vilima.

Paralela a mi vena docente (que un profesor nunca pierde del todo) corrían por mis venas libros publicados y nuevos que publicaría, ya no en imprenta: en internet, la gran nube para quien ya no estaba en las nubes del cotarro literario, del publico y presento, del convoco a mis coros y danzas. Mi conclusión era que por mucho ruido que yo hiciera en red, por mis vanidades y exhibicionismos personales, más ruido seguía haciendo la moribunda república del libro de farsa y licencia de la imprenta castiza.

En ese lapso de veinte años no es nada (cuarenta, desde mi primer mural) he ido sumando tropa de varios colores, principalmente gente de la enseñanza, alumnos o profesores, y de la política, de la cultura, la literatura o el libro. También, claro está, antiguos o viejos conocidos que, a través de Facebook, y cuando ya la juventud descuidaba sus muros (otra odiosa palabra), iba topando conmigo o yo con ellos.

Hoy, lo crean o no, lo que me lleva a esta página que escribo es la empedernida batalla contra el tiempo que pasa y que me llevará por delante en un descuido. Soy como Juan Tanamera (guajira, guantanamera), que antes de morirme quiero echar mis versos del alma. O como aquel Quevedo de, pues amarga la verdad, quiero echarla de la boca. Soy (somos) como León Felipe y me sé (sabemos) todos los cuentos. Quizá mi obstinación y lo que puede diferenciarme de otros es que siento la obligación, ahora por Joaquín Sabina, de negarlo todo. Me quedan cuatro días para desdecir lo que he dicho, para desmontar el tinglado del que, Pablo Neruda, confieso que he vivido.

El personaje que yo era se ha ido desprendiendo, Pedro Salinas, de todo lo que encima me echaron desde antes de nacer y más: desde antes de ejercer, desde antes del primer concurso de poesía. Hoy, de aquel afán en que milité un día, no queda casi nada, casi nadie. Mis antiguos amigos de letras, remeros todavía en la nave del libro en librerías, se me han ido perdiendo por uno u otro lado, principalmente uno: la fe en el Estado del Bienestar, triangulada entre la cultura y la izquierda.

Parte de ese triángulo enseñó su patita cuando el referundismo en Cataluña y ahora se empeña, todavía, entre monarquía o república. Nada tengo que ver con eso. Mi obligación es decir a quien quiera oírme que todo es república (república ‘por defecto’). ¿Jefatura de estado? No, gracias. Ninguna. Si hay democracia, que sea parlamentaria y no presidencialista.

soneto gongorino.

Velázquez Retrato de Luis de Góngora (1622)

SONETO GONGORINO
A CULTOS Y ADIVINOS
del tiempo ya pasado, no el destino.

distancia más inmensa
de Dios a hombre, que de hombre a muerte.

De historia antigua, traspasado el pecho
-libro de texto, flexo, codos, sienes-,
dar tus neuronas ímpetu, en rehenes,
a viejas glorias, ese fue tu techo.

El precio fue callar que no hay derecho
que para licenciarte en algo tienes
que papagayear el bien de bienes,
antes que criticar lo mal que han hecho

todo. No más hazaña, escuelas mías,
del tiempo de estudiante clara ofensa,
que ser hoy profesor que de eso coma,

antes que averiguar qué será un día
la vida. Que hay distancia más inmensa
de aquí al futuro, que a la antigua Roma.

 


Daniel Lebrato, Lista de espera (2020)

Portada: Velázquez: Retrato de don Luis de Góngora (1622)

rima rimando.

factura 24 con 50

Es muy común la confusión entre lírica, poesía y verso. Por si hay menores escuchando, lírica significa primera persona o eso que no es ni épica ni dramática, ni narración ni teatro. poesía es también belleza y, su contrario, sería lo prosaico. prosa es una de las dos maneras de fluir el discurso: o a lo que salga (prosa) o por sílabas contadas: verso. Anoche, la noche del 27, pude vivir por juntas lírica, poesía y verso. Fue al lado de un chiringuito de playa, diez y media de la noche. Mi amigo Rafael Gálvez, buen conocedor del cielo y las estrellas, y mi amiga Alicia Domínguez Albarrán, sirena entre las sirenas de Sanlúcar, me habían invitado a la noche del planeta [2.430.000 usos en Google].

Rafael Gálvez, averiguador seguro
Rafael Gálvez, averiguador seguro.

Peliculero que es uno, allí que estuve. Rafael Gálvez llevaba sus buenos prismáticos. Fallo: yo me los había dejado en casa. Alicia era, sin ayudas binoculares, con mucho, la primera en ver aparecer cada estrella. Ahí está el Carro. Cerca debe pasar el cometa. Fallo: ¿planeta o cometa? ¡Cualquiera preguntaba nada! Yo, gracias a mi bastón de caña, ideal para las paradas, levantaba mis ojos y mis gafas de miope al firmamento doblemente estrellado, porque la visión no aparecía. A todo esto, el sitio de avistamiento estaba al margen del alumbrado nocturno y urbano, al final de una de esas rampas de madera que dan acceso a la playa. (rampa, francés rampe, remoto ramper ‘trepar’ : 1. Plano inclinado dispuesto para subir y bajar por él. 2. Terreno en pendiente. Ni 1 ni 2 corresponden exactamente a lo que es rampa de playa.) Quiero decir que entre estar en el chiringuito mirando algún langostino o manzanilla en rama, y estar sobre la playa, a su oscuro natural, ustedes mismos.

Alicia Domínguez Albarrán acuareleando siempre
Alicia Domínguez Albarrán, acuareleando siempre.

La media hora pasada, las pupilas las teníamos que nada se nos escapaba. Lo que sí avistaron mis ojos sin luna: las tetas de una muchacha en tetas que todavía a esa hora se bañaba con la marea alta y con su chico. La rima en -eta estaba servida. El resto de versos, ya en el chiringuito y con comanda por delante, lo trajo la conversa.

Yo, a Rafael: ¿Cómo te va lo que lees?

Rafael, a mí: ¿Cómo te va lo que escribes?

Rafael Gálvez iba por un tratado entre aztecas y castellanos, quién hubiera descubierto a quien.

2015.08.18. Daniel Lebrato por Alicia Domínguez Albarrán acuarela 18 08 2015
Daniel Lebrato, acuarela Alicia Domínguez Albarrán.

Daniel Lebrato iba proponiendo impresiones y paisajes, por ejemplo, un ocaso, o las coplas que me salieran una noche de verano que incluyó al final el susto por un cachorrillo de perro de esos de raza gigante a los que dígale usted ‘cachorrillo’ y escúchele usted a su dueña que “solo estaba jugando”, cagoenlá.

LA NOCHE DEL PLANETA
no llegó ni a pacotilla,
haciendo, en cambio, ruleta
con el perro de Sevilla.
Menos mal que los aztecas
no cruzaron las Antillas:
nos faltaba, a lo que vamos,
ser, encima, mexicanos.

NOSOTROS, TRAS EL PLANETA,
prismáticos mirando al cielo,
y aquella niña, en sus tetas,
y aquel perrazo en el suelo.
Estuvo buena la cena:
Gambas fritas con adobo,
manzanilla hincando el codo:
24 con 50.
Gálvez, pagando: ¡Es mi cuenta!



SIGUE LA POLÉMICA EN LA COLA DEL COMETA


ocaso.

Ría de Huelva ocaso foto Manolo Vara

Desde 1440 en el idioma (Corominas), la palabra ocaso, del latín tal, emparentada con caer, occidente y ocasión, marca la hora del día más fotogénica del largo y cálido verano.

Quizá por relación con la casa de seguros conocida como ‘los muertos’, la gente prefiere hablar de puesta de sol [con 21.5 millones de usos frente a ocaso: 11.5], francés coucher du soleil, inglés sunset, italiano tramonto.

En astronomía de precisión, orto y ocaso [25.700 usos] forman pareja por decir salida y puesta del Sol (o de la Luna) y, como rapidísima imagen, de todo lo que en esta vida nace y muere, empieza y acaba, sube y baja, se ve y no se ve.

Yo conocí la palabra ocaso por los recibos al cobro como seguro de entierros y defunciones [351.000 usos, cuando lo lógico sería el orden inverso, primero el cadáver y luego el ataúd: defunciones y entierros, 284.000].

La palabra contraria, orto (latín ortus, lo mismo, en astronomía: Salida o aparición del Sol o de otro astro por el horizonte) la aprendí unida a Orto y ocaso de Sevilla, libro de don Antonio Domínguez Ortiz (1991), historia de Sevilla, del esplendor, a la decadencia.

Ría de Huelva ocaso foto Manolo Vara

El ocaso que hoy nos relaja la vista fue tomado ayer, día 25 de julio sobre las 21:40 en el muelle de Huelva según se mira a la derecha. La foto es de Manolo Vara y, los textos, fondo de armario de eLTeNDeDeRo:

PUESTA DE SOL
Abelardo Rodríguez:
“No es que el sol se ponga,
es que sale en otra parte…”
…y el resto es patrimonio
de los husos horarios
con hache y sin hache.
Lo llamaremos noche,
por decir algo.

La segunda estampa nos lleva a las playas de Bajo de Guía, Sanlúcar de Barrameda, donde con marea baja se dejan ver posturitas y postureos que nos negamos a fotografiar:

LA FOTO
La cosa prometía. Aquella forma
de ella abrazarse a él como si gente
no hubiera por la playa pero como
si todos estuviésemos pendientes.
Esa puesta de sol, esa hora púrpura,
y en esto pasa un barco entre las barcas,
de paspartú teníamos el Coto;
ella, su nuca, y él, todas las marcas
de su bikini. El joven mete cuello,
se pierde ella -hacia atrás por su melena
de cine o champú Sunsilk- y, hecho un pulpo
de amor, la mueve, esparce y desordena.
Sobre el beso en su punto, una gaviota.
Cualquiera hace la foto y el idiota.

Daniel Lebrato, Agosto


Ría de Huelva noche foto Manolo Vara

fotos de ocaso y noche: Manolo Vara

como ustedes saben: sin ánimo de lucro.

Daniel Camaleón en grande (2)

Como ustedes saben, la locución (circunstancial de modo) sin ánimo de lucro es como un conjuro anticapitalista. Señor, señora: lo mío es ‘sin ánimo de lucro’, dice el vendedor de save the children, aunque todos sepan que las ONGs son empresas subsidiarias al Estado: Cáritas, de acción social; Cruz Roja, de sanidad pública; Acnur o Unicef de la misma Onu que a la infancia destroza en origen (con sus ‘misiones de paz’, supongamos Siria), para después venirnos con el cuento de la infancia que sufre y la acogida a refugiados. Hay que haber ido muy poco al cine para no haber visto esa película.

En respuesta a un TeNDeDeRo que apostaba por un futuro de poesía sin poetas con ánimo de lucro, responde un amigo: «no creo que haya ningún poeta con ánimo de lucro. Con ansias de gloria, sí, eso sí; o, en última instancia, que me publiquen y que me lean uno o dos, por favor». Lo cual, ya me dirán si “que me publiquen” no implica ánimo de lucro, habiendo una internet gratis (esta misma, que nos une) y por la que te pueden leer al menos dos, y sin ‘por favor’. Se llama www o http, y una terminal es la pantallita que usted lleva en su bolsillo. Suficiente para leer. Pero lo que usted quiere, pillín, es que yo pase por caja o librería sin ánimo de lucro, o sea, si ver lo que me cuesta.

Como ustedes saben, ánimo es voluntad o designio de algo o para algo, y existe el ánimo aunque no se cumpla. Y lucro significa beneficio o provecho, pago en especie también, empezando por el tiempo libre que el gremio arte y cultura reclama para sí en un mundo feo donde la mayoría se embrutece con el trabajo y con la ideología periférica al trabajo. Si eso no es ánimo de lucro, que venga Marx y lo vea, Carlos o Groucho.

Otro día hablábamos del extremo a que ha llegado un autor de estos de papel, sin ánimo de lucro: Penúltimos percances, de lectura imprescindible. Y, otro día, del libro como ‘tonto el que lo lea’, pues si usted no lo compra o no accede a muestra gratuita, ¿cómo sabe si el libro le va a gustar? Tonto el que lo lea, porque ahora, que ya lo compró, qué hace usted con el dichoso libro que no le gusta; única mercancía, el libro, que burla la regla de oro del consumo: si no queda satisfecho, le devolvemos su dinero.

Por aquí, que te vi.

Queden ustedes con la Canción del que escribía (entrando por Adelfos, Manuel Machado), de uno que fue Gutenberg antes que enlace (a Ediciones eLSoBReHiLaDo):

CANCIÓN DEL QUE ESCRIBÍA. Un vago afán de derechos de autor tuve. Ya lo he perdido. Me ha costado mis siete de imprenta, gracias -he de decir- a mis amigos donde tanto funciona el amiguismo. Podéis buscarme en la Nube, soy ese libro de bolsillo expuesto a los megusta o me disgusta de gente sin escrúpulos: ya es un éxito si alguien me apunta a favoritos o a icono en mi perfil en su pantalla de inicio. Cambié mi ce de copyright con isbn por ué ué ués y hache tetepés. Como un Juan Ruiz, Daniel Lebrato ande de mano en mano a quinquier lo pidiere. También, por defenderme, cuando yo ya no esté.

[Ediciones eLSoBReHiLaDo]


 

ICO / Estilo Urbano : el Reina Sofía en instituto de barrio.

2004.11.17.Imagen del Rey (3 bis)
El rey, a la reina: -Tú y tus Reinas Sofías. ¿Dónde me traes, Mari Sofi? ¡Qué cochambre!

La educación reglada limita al norte con la programación oficial, que hay que seguir, y, al sur, con la libertad de enseñanza del profe encargado. La tendencia es asegurar la regla “a titulaciones homologables, currículos iguales”. Así que su libertad, su originalidad y su creatividad docente, se las puede usted meter en su valija de profe o en el disco duro de su pecé, si es usted de clases a distancia. Y no hay que echarle la culpa a la circunstancia Covid19: es ley de vida y puesta al día de un oficio no tan imprescindible ni tan fieramente humano como se quiere hacer creer y parecer.

De profesor en el Ies La Paz, de Sevilla, me tocó vivir ese tiempo cuando la hegemonía del programa se iba imponiendo hasta hacer del profe un rutinario: Por aquí vamos. Esto para mañana. Esto entra. Eso no entra. Eran muy fuertes las presiones, empezando por el alumnado que -como público de mis representaciones- se iba desinteresando de la obra que yo representaba, masa estudiantil anguitista:

–Profe: programa, programa, programa.

Yo me escapaba pidiéndome, siempre que podía, las asignaturas residuales más al margen de la rigidez de las troncales, esas que llevan escrito, desde el libro de texto hasta el expediente final, su peso en nota; calificación donde ya asomaba, sin nombrarla, la excelencia académica por la décima, la centésima o la milésima en el tablón de honor o en selectividad y salidas profesionales. Ahí, entre el bilingüe o el bachillerato internacional, la originalidad del profesor no era más que un estorbo. Programa, programa, programa.

Hablo de asignaturas optativas de nueva implantación (y, a veces, sin ni siquiera libro de texto) agradecidas al aporte de ideas o materiales, vale decir: profesionales dispuestos a trabajar en red sin red, y sin arnés y sin estribos.

Antes de la asignatura TIC, Tecnologías de la Información y la Comunicación, para 2º ciclo de la Eso, hubo otra optativa parecida: Información y Comunicación, siglas ICO, a repartir, su horario, entre los departamentos de lengua, informática o dibujo.

2004. Daniel Lebrato por su alumno Alex Olguín de Ico Estilo Urbano 2004
Daniel Lebrato, caricatura por Álex Olguín.

Curso 2004-2005. Ies La Paz. Daniel Lebrato solicita la optativa ICO para cuartos de la Eso. La asignatura venía dándola su compañera de lengua Pilar Meseguer, quien, por alguna razón, la dejaba. Daniel Lebrato pensó y programó que lo primero que debería hacer el grupo Información y Comunicación era darse a conocer y erigirse, por qué no, en portavoz de las voces del instituto [o sea: una especie de El Corcho, el mural que yo tenía en sala de profesores: «Mi medio de expresión lo llamé El Corcho, antes El Nicho, mi periódico mural aprovechando la inviolabilidad de mi taquilla en sala de profesores. El Corcho, “flota, flota y no hace la pelota”, tenía tres suplementos: El Corchete, de picardías; El Córcholis, de cotilleos, y La Balalaica, defensor de la enseñanza única y no religiosa] solo que ahora iba a tener un animoso equipo de redactores y un público que iba a ser el instituto entero.

–¿Daniel Lebrato, al frente? ¡Qué peligro! -debió pensar la terca oposición monarquicana.

2004.11.17.IcoEstiloUrbano.ImagendelRey_010

2004.11.17.IcoEstiloUrbano.ImagendelRey_004

Dispusimos un tablón para prácticas periodísticas y, por concurso de ideas entre mi grupo, fundé y dirigí un espacio: Estilo Urbano (nombre idea de Álex Olguín), con su logo, sus secciones, su página web. Yo irradiaba aún con fuerza, y logré transmitir el orgullo ico entre mi gente. El caso es que nuestro entusiasmo no fue compartido precisamente por directiva, claustro y consejo escolar, que inmediatamente fueron a por nosotros.

2004.11.17.IcoEstiloUrbano.ImagendelRey_006

Un flanco de ataque fue el aula que ICO utilizaba cuando quedaba libre de asignaturas más troncales: la sala de audiovisuales; sala, hay que decir, que alguna empresa patrocinó o financió en premio a lo que había sido la puesta en marcha de las Jornadas por la Paz, de manera que aquella sala circulaba en el instituto poco menos que como el “Aula de Santi” (Santiago Agüero Muñoz, de quien ya hemos hablado). En noviembre, la directiva mandó cambiar sin previo aviso la cerradura. Motivo: destrozos en el material informático y colapso en el uso de la sala. Puro invento.

2004.11.17 Bienal de Arte 2

Otro flanco fue nuestra participación en la Bienal de Arte de Sevilla. En noviembre, Daniel Lebrato colabora con Juan Antonio Cortés, de dibujo, en las actividades escolares paralelas a la Primera Bienal de Arte de Sevilla. Sobre metáforas visuales hechas con más imaginación que materiales nobles, el profesor de ICO Lebrato propuso un montaje o performance semi viviente con el sello de quien tenía por costumbre reírse de su propia sombra: desechos de ordenadores, teclados, ratones, pantallas, esas cosas. El lunes 15 iban a ir los reyes a aquel Reina Sofía a inaugurar la exposición. En su retrato oficial (cedido gentilmente por la propia secretaría) se veía al rey Juan Carlos con doña Sofía del brazo:

2004.11.17.Imagen del Rey (3)
El rey, a la reina: -Tú y tus Reinas Sofías. ¿Dónde me traes, Mari Sofi? ¡Qué cochambre!

–Arte ni arte, ¿a dónde me traes, Mari Sofi?, ¡qué cochambre!

Al día siguiente, el director, al profesor de Ico:

–Quita eso de ahí, que es una falta de respeto y nueve profesores se han quejado.

–Quítalo tú con tus huevos o con tus nueves (la grabación no está clara).

–Ni para ti ni para mí, dijo el director, conciliador: que lo quite el conserje.

Entre el 17 y el 19 de noviembre 2004, fue el cierre y levantamiento gubernativo del espacio ICO/Estilo Urbano, como un okupa o asentamiento ilegal en el vestíbulo del instituto. Lo de ‘cochambre’ de don Juan Carlos era verdad. Dos días enteros de limpieza.


EPíLOGO

El jueves 24 de febrero de 2005 Daniel Lebrato dio en La Paz su última clase. Como al joven Werther, nadie salió a despedirle.

–Pues aquí no está, han respondido a eLTeNDeDeRo un perro y Andrés y Lupe, conserjes residentes, cuando hemos vuelto a La Paz para cubrir este reportaje.

2004.11.17 Bienal de Arte

Un par de semanas después (el 18 de marzo) el CEP o Centro de Profesores convocante de la actividad de la Bienal reconoció a Daniel Lebrato Martínez las diez horas de dedicación lectiva por su participación en la Bienal de Arte de Sevilla, actividad que, según el director de la Paz a alumnos de ICO y de no ICO, se salía de las competencias del profesor Lebrato.

/ a aquella tropa de ICO, de tan grato recuerdo /

ENLACES

  • Sobre el Corcho

Mientras por competir con tu maestro

Molinos o gigantes



2004.11.17.IcoEstiloUrbano.ImagendelRey_024