Etiqueta: Daniel Lebrato

ventajas de tener un hermanito.

VENTAJAS DE TENER UN HERMANITO
tema de Géminis en tres movimientos

(tesis)

La primera ventaja es ver lo bien que
buscándolo lo pasan padre y madre
haciendo su pedido y sus posturas:
–Me han dicho que esta vez, y así, no falla.
Follan.
(Capítulo: aprender de los mayores.)

(antítesis)

La segunda ventaja, en diferido,
ver cómo fue nuestra llegada al mundo
y el mundo que cambiamos: tetas, bibes,
estrías o varices, cacas, mocos,
y el insomnio de a ver por qué este llora.
Llora.
(Capítulo de vidas fastidiadas.)

(síntesis)

La tercera ventaja es que tenemos
compañero de juego y nos tengamos
aunque la casa piense en otro hermano.

                      *           *           *

la leyenda del invisible (daniel lebrato)

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LA LEYENDA DEL INVISIBLE
tema del beatus ille

/ a Álvaro Martín y a la buena gente
de SevillaWebRadio que dudaba la existencia
del profesor Lebrato, a 22 de diciembre de 2016 /

+

Daniel Lebrato existe, eso es seguro,

se sabe porque agita eLTeNDeDeRo;

actos sociales, pocos: si le pagan

o si es por amistad, no compromiso.

Compromisos, ninguno, ni de entierros

(al suyo irá a la fuerza) ni de bodas

(si no es su novia quien le dice sí)

ni, menos, cumpleaños ni bautizos.

De reuniones de empresa y de familia,

lo han librado el Estado y la corona

Tu madre y tus hermanos no te olvidan.

Dicho lo cual,

Daniel Lebrato piensa, luego existe

todos los días y echa su buen rato

pensando en los demás, cambiando el mundo.

*

Y el mundo: ¡No te jode!

¡Que cambie él!

*


Daniel Lebrato, Hacia (1999-2016)

con enlace a Lebrato contra Lebrato



checkpoint.

Belenes vivientes y belenes murientes.

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¿De dónde saldrá el stop
verdugo de estos verdugos?

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No hay mundo libre si un país no es libre y no es libre una persona
si otra persona no lo es.

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imágenes de Internet por Rafa Iglesias
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¿Arde París? (Paris, brûle-t-il?), novela de Dominique LaPierre y Larry Collins (1964), recrea una escena que, si no fue verdad, es muy hermosa. Sucede al teléfono entre un ayudante de Hitler, en Rastenburg, y un mando del ejército alemán de ocupación en París. La mañana del viernes 25 de agosto de 1944 el Führer quiere saber si ya están dentro de París las tropas aliadas y si se habían cumplido sus órdenes de incendiar la ciudad antes de entregarla. ¿Arde París? Por toda respuesta el alemán asomó el auricular a la ventana abierta por donde entraban La Marsellesa y el repique de todas las iglesias de París. Mireille Mathieu cantó para la película su canción Paris en colère y nosotros nos quedamos con su estribillo. Dios nos libre si no es libre París. A imagen de ese estribillo (no hay A sin B),
no hay mundo libre si un país no es libre y no es libre una persona
si otra persona no lo es.
*
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soldados-israel-2
*

el milagro.


Texto uno

«Abrió una vez sus labios y bebieron de ellos las espumas del mar despacio y en silencio […] Vamos. Es tarde. Están cerrando ya las luces y las puertas del Museo.» (José Antonio Moreno Jurado, Veinte momentos de lucidez, poesía.)


Texto dos

«Suelo bajar al baño sobre las diez. Situado en la entreplanta, pequeño pero muy apacible, es el más cercano a mi despacho. […] Ni vivimos en el mejor de los mundos posibles ni todo está escrito. ¿O era al revés?» (J.J. Díaz Trillo, Cándido en la Asamblea, novela.)


Texto tres, Daniel Lebrato

Así empiezan y así acaban dos libros que, antes que nadie, tengo en mis manos de lector empedernido. Los une Point de lunettes y, a mí con ellos, líneas paralelas de poesía y amistad a las que ahora se une Manuel García, el de Poemas para perros, a quien conocí una tarde en la misma sede donde hace años hacíamos los libritos de El Sobre Hilado. Algunos días los círculos se cierran.


Texto cuatro

El poema de Antonio Machado (Cancionero apócrifo Doce poetas que pudieron existir) de donde Point de lunettes toma el título como editorial. Machado lo atribuye a Andrés Santayana, nacido en Madrid en 1899 y se llama, faltaría más, El milagro:

El milagro

En Segovia, una tarde, de paseo
por la alameda que el Eresma baña,
para leer mi Biblia
eché mano al estuche de las gafas
en busca de ese andamio de mis ojos,
mi volado balcón de la mirada.
Abrí el estuche con el gesto firme
y doctoral de quien se dice: Aguarda,
y ahora verás si veo.
Abrí el estuche pero, dentro, nada:
point de lunettes. ¿Huyeron? Juraría
que algo brilló cuando la negra tapa
abrí del diminuto
ataúd de bolsillo, y que volaban
huyendo de su encierro,
cual mariposa de cristal, mis gafas.
El libro bajo el brazo,
la orfandad de mis ojos paseaba
pensando: hasta las cosas que dejamos
muertas de risa en casa
tienen su doble donde estar debieran
o es un acto de fe toda mirada.

.


 

teónimos

dani-por-ttrinidad

No está el hombre en sus días amargos.  No está la fecha comparable a este día de trazos indecisos. No está su historia descosida. Su bilis. Su analítica. Son cuatro letras. –¿De qué color?, pregunta a la enfermera. (Lo que menos importa es lo que más nos importa.) Vagamente recuerda lo que eran los teónimos. Por encima, la T puede ser Tetragrámaton. 13 del once del 16.

el otro nombre de la rosa

El otro nombre de la rosa facsímil El fantasma de la glorieta (1).jpg

En octubre del 84 entré en contacto con José Juan Díaz Trillo, quien vino al mismo instituto de Valverde del Camino destinado, entonces como profesor de filosofía. Jota Jota sabía de qué pie (literario) cojeaba su nuevo colega: aquel era el autor de Bitácora y final, un libro que, bajo plica y seudónimo, conocía como prejurado del premio Juan Ramón Jiménez de poesía de aquel año. Algo de la Bitácora le debió llamar la atención porque no tardó en pedirle a Daniel algo para El Fantasma de la Glorieta, suplemento literario de la Noticia de Huelva que coordinaba Félix Morales Prado. Por alguna razón, Lebrato no dio a J.J. verso sino prosa, dos cortos relatos que se publicarían los sábados 24 de noviembre y 22 de diciembre de 1984: A vosotros que sois y El otro nombre de la rosa, firmados por un desconocido DL. Con J.J. y Félix vinieron o volvieron al currículo de Lebrato Buly, Sonia Tena y los Tena, Maribel Quiñones Martirio, Salvador Mora y Juan Cobos Wilkins, también José Antonio Moreno Jurado, justo ganador del Juan Ramón Jiménez de poesía. Narrador o poeta, o todo lo contrario, Daniel Lebrato más parecía del círculo de Huelva que de Sevilla. A Huelva y a mis viejas amistades, gracias, gracias a la vida que me dieron entonces. Y a Pedro Domínguez, que me hace el honor de llevar la rosa a escena como monólogo que es.

El nombre de la rosa

Bajo el poderoso influjo de Umberto Eco y de El nombre de la rosa, con el mecenazgo de José Juan Díaz Trillo y de Félix Morales Prado, quien en 2004 lo publicaría con hermosura en El Fantasma de la Glorieta digital, donde aún se puede leer, con ustedes: El otro nombre de la rosa, primera de las Vidas fastidiadas en Tinta de calamar (2014), ahora con fotos del facsímil original:

EL OTRO NOMBRE DE LA ROSA (1984)

Quería más a la amistad que a los amigos mismos
(André Gide)

La costumbre es otra naturaleza, y el mudarla se siente como la muerte
(Miguel de Cervantes)

De repente, aquella firma. Todo bien hasta llegar a aquella firma. Todo en orden. Los estoy bien. Los mi madre no para de alimentarme. Los cuando me veas no me reconoces, de morena que estoy. Todo, hasta lo de abrazos, tan previsible en su postal. Pero aquella firma. Algo fallaba en aquella firma. ¿Qué pintaba aquel María añadido a su nombre? Manuel mirando la foto una y otra vez. Pueblito costero con playa y barcos de pesca. El matasellos. La fecha. Viñamar, veintitrés de agosto. La forma de la letra. Todo en orden, pero ¿por qué firmaba Rosa María y no Rosa? Él sabía el nombre completo de ella. Cómo no lo iba a saber. En este país todas las mujeres llevan antes o después el María. Pero Rosa jamás se identificaba con él de esa forma, con su María y todo. Manuel se preguntaba bajo qué influencia Rosa se había saltado un código que venía funcionando entre los dos desde hacía mucho. Él nunca había firmado Manuel José. Y eso que a él su mamá, de chico, lo llamaba así. Qué cosas tenía su madre. Rosa María. Rosa María. Allí estaba letra a letra. Sin lugar a dudas. Un güisqui. Luego pensó que el asunto carecía de importancia. Que no era ni siquiera un incidente. No seas celoso, seguro que los de su casa la llaman así, Rosa María. Otro cigarro. Familia, padres, marido o ex marido. Ahí te jodiste, hermano. Error en una carta. Error. Manuel se acordó de Cartas de mamá de Cortázar. Fue a la estantería. Conan Doyle, Conrad, Cortázar, Queremos tanto a Glenda, no, aquí está. Lo de Nico por Víctor. Error en una carta. El error en la carta de mamá. Manuel, libro en mano, regresando a su estudio: No creo que lo de María sirviera como argumento a ningún escritor, ni siquiera a Cortázar, que con poco que le den te monta una historia. La importancia de los nombres. ¿Ernesto? El Nominalismo. Occam. De los nombres de Cristo. ¿Se puede escribir un libro sobre los nombres de Cristo? Reflexión. Se puede. Idea productiva. Preparar clases. Erasmismo y Contrarreforma. Preparar. Olvidar el nombre de Rosa. ¿El nombre de Rosa? ¡Claro! Vuelta al cuarto de los libros. Espronceda, Engels (todavía Engels), Apo­calípticos e integrados. Desanduvo el pasillo con El nombre de la rosa bajo el brazo. Al final, hombre, las últimas palabras. Stat rosa pristina nomine, nomine nuda tenemus. ¡Este Eco! A saber quién era el padre del latinajo. Resistencia a dar el episodio por concluido. Dónde está el mechero. Allá cada uno con su nombre. Mejor preparar clases para el año que viene. Septiembre o setiembre. Erasmismamente, calor, agobio. Devolvió las novelas a su estante y se trajo el Bataillon. En serio, esta vez. Un güisquisito. 750, 754, 762: El Enchiridion había lanzado a través de España hacia la época en que Luis de León venía al mundo. Erasmo había invitado a buscar los misterios escondidos bajo la letra de la Escritura, y apoyarse en. ¿Misterios escondidos? Rosa María. ¿Qué misterio se escondía bajo el lapsus de Rosa? Seguro que Rosa (un trago) no se había dado cuenta de su error. Se le habría escapado a fuerza de oírselo a su familia y a su ex, que pueden mucho los ex maridos cuando hay por medio paguita y niños. Y a la hora de firmar la postal se te va sin querer, tía. ¿Sin querer? Pero entonces era que ella se había olvidado de él, su amante de corazón, su Manuel del alma desde hacía. Repasó con ojos suspicaces el resto de la carta. Abrazos en vez de te quiero. Todo encaja. Rosa nunca se mostraba muy efusiva y él lo sabía, aunque (digo yo) podía haber escrito cosas más cariñosas, después de los días puta madre que pasamos juntos antes de irse a la playa, y no esta postal tan fría, me cago en la. Quizá Rosa la escribió delante de su ex y Rosa María será como la llame su ex marido. Sus viejos no van a ser, Rosi, Nena o Niña (a fin de cuentas, hija única). Los hijos tampoco, Mamá o Rosa, que hay muchachos que nos llaman por el de pila, como a mí el mío, te jodes como Herodes. Otro cigarro. Bataillon muerto de risa encima de la mesa. 762, 763. Más güisqui. Coñazo cubitos. No eran celos, qué tontería. Pero ella debería cuidar ciertos detalles. Ellos dos eran Rosa y Manuel. Lo demás, pamplina. ¿Eran los celos una pamplina? Peripatético total, Manuel reflexionaba, pasillo va, pasillo viene, sobre los nombres. Títulos y maneras de llamarse. La forma en que los tíos hablan de su pareja. Mi señora: feudal ya casi. Mi esposa: policial se quiera o no. Mi compañera: de progre de museo, ¡ay Víctor Jara! Mi compañera sentimental: para páginas de sucesos. Mi costilla: qué pasada. Mi rollo: autocrítico. Por no hablar de Mi parienta: de talleres de almanaque con tías en pelota. Mi mujer: posesivo cuan­do menos y el posesivo siempre por delante. Mi lo que sea, pero mi. Mi, tu, su. Mi. Y ellas ¿por qué no dirán mi señor o mi hombre? Es verdad que tampoco nosotros usamos mi marida. Tengo que consultarlo con algún colega de lengua. Alguna razón habrá, digo yo. Luego venimos los que no damos título ni damos posesivo. Los que decimos Ana, Pedro, Andrés (le debo carta, pobrecillo). El nombre y punto. Lo menos comprometido. Jodidos los chuchi, piluchi, ani, petri, pepote, pedrín, gatita, cielo. Como apropiaciones ilegales. Más güisqui. Y el más hortera todavía: tíos tan mayores diciéndoles a sus mujeres: Mamá. ¿Edipo?. Y ellas, con más arrugas que un plato de callos, llamándoles a ellos: Papá. De puta pena. Será que quieren volver a la infancia o que se lo oyen decir a los niños: Papá, Luisito me ha pegado. Dice Mamá que me limpies el culo. Jo. Manuel pensó que podría escribir un libro. ¿Cómo lo titularía? ¿Función escatológica del cariño? No. ¿Hipocorística en la sociedad de consumo? Psssseeeée. ¿De los nombres del cónyuge?, ¿de la pareja?, ¿del otro?, ¿del más allá?, ¿de Rosa? No, de Rosa no. No hay más Rosa que Rosa y aquí uno es su profeta. Nunca Rosi ni Rosona ni Rosita ni Rosa Rosae ni Mari Rosi ni Rosa Mari ni Rosaofú. Siempre Rosa (nomina nuda). ¿A dónde va con lo de Rosa María? Pedazo cigarro. El había respetado escrupulosamente la pureza de los nombres (pristina nomine). Manuel, no Manolo, Lolo, Inmanuelo, Lolillo, Lolete, Lete, Lele, Le. Pero ahora, con su María, algo había fallado y no por exceso sino por defecto. Mujeres casadas. Amantes y maridos, lo que va. Tomar partido. Ella tomaba partido, se distanciaba. Rosa María sólo existía en la playa, en la familia. Tribu, los maridos, los ex que no caducan nunca. Rosa se había olvidado de a quién enviaba la postal. Eso era. Mundo legal y mundo clandestino. Manuel lo sabía. Era otra. El nombre de otra. El nombre de la casada. Ex madre y exposa. De buena reputa. En vacación respetable, ja. En playa horteramente respetable, ja, ja. Domingueros al fin y al cabo, ja, ja, ja. Güisqui. No tiene gracia. Patada a la pared. Mierda. No es para tanto. No seas injusto, Manuel. Un trago. Tú también vas de respetable, por mucho que te las pegues de. Manuel, Manuel José. Rosa, Rosa María. Lo que va. Padres. Facturas por medio. Recibos. Colegios. Dentistas. Fin de mes. ¿No será que ahí te jodiste? ¿Se fastidió para siempre? ¿Fue ahí? Manuel Micasa. Rosa Mihijito. Manuel Susvacaciones. Rosa Mimujer. Manuel Miex. Mi. Mi. Mi. Leche. Moderneces. Otro trago. Nuestro cuerpo es siempre monárquico. El nuevo desorden amoroso, ¿nuevo? Manuel volvió al cuarto a por otro cigarrillo. Allí, sobre la mesa, el cuerpo del delito. Playa y barcas. Viñamar. Veintitrés. Agosto. Rosa María. Coñomaría. Rosacoño. Fumar. Fumar. Mechero. Le prendió fuego a la postal. El ducados le supo a gloria.

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Rosa. Dibujo de Chema Lumbreras Kramel

 

cambio de hora

# Pilar y Daniel por LeMonge 20111
Foto LeMonge

por encima del idiota de la moncloa y del tarambana de la zarzuela | por encima de la dudosa heliomanía | más allá de su efecto en el café el lunes por la ventana o la merienda al aire libre | por encima de la hache de los husos y los usos | por descontado, nadie da nada gratis | aparte, claro está, de los fanáticos del sábado sabadete | halloween o tosantos | aparte de otra hora más para, y no sigo sin que suene a mendicutti | aparte, muy a parte, la noche de los matrimonios que irán de gastrobares | con permiso de los años bisiestos y de los números primos | y de ¿a qué hora sale esta noche el expreso de medianoche? | por eso y por entenderme con mis semejantes ‑si acaso tengo semejantes‑, cambio yo de hora y no de persona       


Mi amor no sabe decirme que me quiere



Lo que menos importa

LO QUE MÁS IMPORTA

Lo que menos importa es lo que importa a todo el mundo. Por eso nunca he sabido encajar las conversaciones de cada uno hablando de lo suyo: Pues el mío, Pues anda que el mío. Donde lo mío lo mismo es un hijo, que un ordenador, que un equipo de fútbol. El caso es que todos tenemos algo igual o parecido. Notifico a ustedes que a la mujer de mi vida se añaden mujeres que me van haciendo más y más abuelo. En realidad, llevo dos años y cuatro meses intentando hacerme el duro y disimularlo (haciéndome pasar por tito, por ejemplo) pero ahora, que está a punto de cambiarse otra vez la foto por una ecografía, no hay modo de disimularlo. El descosido que fue Lebrato contra Lebrato, culebrón del año, se recompone ahora empezando por abajo y desde cero. No me parece mal. Lo que más importa es lo que no le importa a nadie. Pueden ustedes felicitarme.

Para jartibles de lo serio:
Tres generaciones (España 1975‑2015).