Etiqueta: revolución

lección de ecología.

El texto se publicó por primera vez en 2015 y está recogido, sin firma, en LaVozDelMuro.net (10/08/15). No está claro que sea obra de Francisco Casero. Se llama Lección de Ecología. En la fila del supermercado, el cajero le dice a una señora mayor que debería traer su propia bolsa, ya que las de plástico no son buenas para el medio ambiente. La señora pide disculpas: Es que no había esta moda verde en mis tiempos. Y sigue ella relatando lo que había: botellas retornables, escaleras de escalones, se iba andando, no en coche, se lavaban los pañales, se secaba en tendederos, los pequeños heredaban la ropa de los mayores, no siempre modelitos nuevos; había un televisor o radio por casa; en la cocina, molíamos y batíamos a mano y empaquetábamos usando periódicos, no bolitas de plástico. Para cortar el césped usábamos una podadora a músculo. Hacíamos ejercicio trabajando, no necesitábamos gimnasio para correr sobre cintas eléctricas. No había agua embotellada. La gente tomaba el tranvía o el bus y los chicos iban en sus bicicletas a la escuela o andando, en vez de mamá o papá como taxista las 24 horas. Teníamos un enchufe por habitación, no una regleta para alimentar una docena de artefactos. Y no necesitábamos un aparato electrónico para encontrar la pizzería más próxima. Así que no me parece lógico que la actual generación se queje de lo irresponsables que éramos los ahora viejos por no tener esta maravillosa moda verde en nuestros tiempos. [Cursivas de eLTeNDeDeRo]

Leído lo cual, se llama maravillosa moda a la conciencia ecologista y, a renglón seguido, la señora hace una crítica de costumbres del tipo cualquier tiempo pasado fue mejor como si no hubiera habido miserias, hambrunas, carencias y posguerras, en plan tos por igual, y como si no hubiera clases sociales. Ni antes ni ahora las generaciones se gestionan conscientemente. Las fuerzas hegemónicas, ayer como hoy, siguen siendo el Capital, la Iglesia y el Estado; incluyendo Iglesia lo que llamamos cultura, civilización, filosofía, arte, educación, ese etcétera de creencias que moldean la ideología a través de los medios y del sistema educativo trasmisor de cuarto y mitad de lo mismo; y, donde ayer el cura en la parroquia, hoy, oenegés. El Capital sigue siendo el mismo, aunque se haga llamar inteligente, emprendedor o solidario. Y el Estado, que titula del Bienestar o Democracia, sigue estando ahí para darnos miedo y para que una minoría viva del cuento de la política, de la judicatura o de la milicia. Otro análisis, no lo conozco.

Cuando, en tiempos militantes, yo hablaba de política con mis amistades ecologistas o feministas o animalistas (ismos teníamos de todos los colores), mi conversación era siempre la misma: cambiado el sistema, cambiarían los ismos porque ‑aunque no de la noche a la mañana‑ el mundo más justo que creáramos iría asumiendo, haciendo suyas, las reivindicaciones parciales. Y, al revés. La supuesta victoria de algunos ismos sin salir del sistema (el capitalismo se lo traga todo), ha demostrado la adulteración del ismo original, como hemos visto en la lucha feminista (desaparecida desde que dio por bueno el tapadismo islámico) o en la lucha homosexual (y ahí ese Orgullo, espectáculo integrado). Una sumisión de la ecología la vemos con el carril bici exportado desde Sevilla, dándole título de carril a lo que es acera y molestando a las personas que van andando y sin plantar cara al gran depredador, que sigue siendo el coche y que circula ahora más a sus anchas que nunca, y cuando una rara bici se atreve por la calzada el airado automóvil le grita: ¡A tu carril, imbécil! A eso, círculos ecologistas lo llaman sostenible. Yo todavía espero de ecologistas la declaración del hombre como primera especie protegida de la humanidad (la Tierra, su hábitat natural) y la abolición de la guerra y las fronteras (para la libre circulación de las personas bajo el pasaporte único de unas verdaderas Naciones Unidas) y el fin de la explotación del hombre por el hombre. Con esa ecología, estarían a salvo los linces ibéricos y los toritos bravos y las dehesas y las bellotas y las lechugas.

Ni la señora ni el muchacho del supermercado: la autogestión de las generaciones futuras mediante una revolución, pacífica, se entiende. ¿Revolución? ¿Eso qué es?

 


 

Anuncios

los valores del sur.

Las piruetas mentales para criticar el poder sin cuestionar las bases del poder, que son capitalismo y democracia armada,[1] llegan a extremos. El último en descubrir América o en vendernos la burra es Amador Fernández-Savater, sí, el de la Ética para Amador que le dedicó su padre y que hubo que mamar en el bachillerato. Como obligado a bibliografía y a cierta prosa de altura universitaria, Savater hijo trufa un artículo o ensayo filosófico, La revancha de los valores del sur,[2] con esta perla: «La política es una disputa entre diferentes formas de vida, sensibilidades, ideas de felicidad. La toma del poder no sirve de nada si no se proponen mundos alternativos.»

Que la política sea una disputa, tiene un pase, aunque todos los partidos democráticos juegan la misma liga de la representatividad.[3] Pero que la disputa sea entre diferentes formas de vida, sensibilidades o ideas de felicidad… ¡Y eLTeNDeDeRo que creía que la disputa era entre clases sociales y por los dos verbos que mueven el mundo, que son poder y tener! Ahora resulta que lo que distingue a Amancio Ortega de una limpiadora de Zara es su sensibilidad y su idea de la felicidad. Leeros a Savater, dichosa juventud, y apostad por el verbo ser.

La segunda afirmación ya es de cárcel intelectual. Que la toma del poder no sirve de nada. ¿Cuántas tomas del poder conoce este hombre, se han dado en la historia? ¿No confundirá toma del poder con investidura, la penúltima la de Macron en Francia? Las tomas del poder, en la Wiki estarán contadas. De 1789 hasta acá, no citaremos la Comuna de París, Rusia, China o Cuba; tampoco, la República Española ni Allende en Chile, qué fue de ello, ubi sunt. La toma del poder no sirve de nada, claro, porque el capitalismo armado ha aplastado en todas partes cualquier experimento en nombre, por supuesto, de la democracia.

Una duda final: entre los rasgos del sur, ¿se incluye también el ser sumisos o medio tontos? Porque graciosos ya somos, o eso dicen.

[1] Economía, política y fuerzas armadas como formas de vida que la ciudadanía interioriza y hace suyas.

[2] Diario.es, 30/06/17.

[3] Desigualdad de partida: división entre electores y elegidos.


Internet de las ideas.

Microsoft ha hecho mucho por la humanidad, pero su inventor, Bill Gates, que hoy se hace llamar filántropo, es de la estirpe de Thomas Alva Edison (1847‑1931), inventor de la bombilla: más movido por la marca registrada y por el dinero, que por altruismo. Pasa que ‑con la edad y la fortuna escandalosa‑ estos ricos abren una fundación y le ponen su nombre. Google, en cambio, se ha hecho desde el principio un hueco en nuestra vida sin cobrarnos nada y, lo mismo, Dropbox, Facebook, Twiter, Youtube o Whatsapp, por no hablar de las wikis y de la hermosa Wikipedia. Gracias a estas redes ‑y aunque alguien siga haciendo negocio‑ podemos decir que Internet es gratis. Algún día, cambiaremos el mundo a través de Change.org o con solo darle a un botón, que es al final un megusta. Cuando triunfe Internet de las ideas.


 

arte de conversar.

eLTeNDeDeRo se ha visto en dos polémicas. Polémica con quien no reconocía el principio de igualdad de los seres humanos y polémica con quien ‑estando de acuerdo con la separación Iglesia Estado‑ no veía claro lo de la religión cero cero en la vida pública y en las instituciones.

Manejando la información, la derecha se apodera de las opiniones. Sin discutir informaciones ni opiniones, la vieja izquierda (hoy, parte de la derecha) sigue haciendo convocatorias de masas, cuantitativas, de contar cuántos somos en la manifestación o cuantos votos sacamos. Y así, ocurre que gente puteada sigue votando al partido que lo va a putear y ocurre también que gente sana opina auténticas barbaridades. Si queremos cambiar el mundo, hay que cambiar conceptos acuñados y no discutidos como bienestar, derechos humanos, cultura o civilización, ideas fuerza que tendríamos que desmontar tomándolas al pie de la letra (como declaración de intenciones que son) para volverlas a montar. Si no, seguiremos tras la toma de una Bastilla y de un Palacio de Invierno cuyos escaparates ‑si llegamos a ellos‑ únicamente exponían, por miedo al robo o a la revolución, cajas vacías.

La igualdad entre las personas ‑aunque todos sepamos que no hay dos iguales‑ es un axioma político del tipo “si no la hay, sin duda la habrá”, que cantaba Jarcha de la libertad. Y negar esa igualdad sería, cuando menos, preconstitucional. Y la religión, tal cual hoy la conocemos, se puede y se debe privatizar. Pues nada más sagrado interior que la fe, por donde las religiones empezaron.

Antes de ser, todo fue antes un proyecto, un sueño o una ilusión en la cabeza de alguien. Un discurso compartido en sobremesa. Un banquete de Platón. Un compromiso dentro de un Juego de Pelota. Si no pensamos el mundo ‑mientras comemos, mientras bebemos, se puede hacer‑ no lograremos que cambie absolutamente nada. Todo es cuestión de ponerse.


el origen de “libertad, igualdad y fraternidad”, qué significan.

En relación al breve sobre la igualdad, dice mi amigo que “ni el siglo veinte trajo libertad ni el veintiuno fraternidad” y al final me pregunta “¿de qué manga te has sacado eso?” Libertad, igualdad y fraternidad fueron consignas de un tiempo y de un país: Francia, 1789.

–la libertad que se pedía era la libertad de empresa y de mercado, la libre contratación (y su contrario, el despido libre) de mano de obra vinculada por un salario, no por vasallaje; libertad que sería también del voto libre en la democracia.

–la igualdad (de derechos) era la del tercer estado (98 por ciento de la población) con los otros dos estamentos, la iglesia y la nobleza, cuando el tercer estado eran burguesía, banqueros, negociantes, artesanos, funcionarios, comerciantes, campesinos libres, pequeños propietarios, arrendatarios, jornaleros y proletariado urbano que, pagando sus impuestos, carecían de representación y decisión política. La exégesis de la igualdad es un hombre, un voto o que todos somos iguales ante la ley.

–la fraternidad tuvo dos aplicaciones: solidaridad interna entre personas que se consideraban iguales entre sí y solidaridad de la nación francesa en bloque frente a otras naciones. Fraternales fueron la solidaridad obrera o sindical, la militancia dentro de un partido, la Seguridad Social, el Estado del Bienestar. Además recoge prácticas llevadas por instituciones benéficas o religiosas: contemporáneas oenegés y movimientos sin fronteras.

Hasta ahí lo que dice la Historia. Pero viene un hombre, una mujer, y esos lemas los interioriza como le da la gana, desde el colegio nos los enseñaron y cada quien se cree libre, igual y fraternal. Así que ¡claro que el siglo 20 trajo libertad!, aunque no la trajera. La trajo en la medida que la propaganda del hombre libre y del vivo en un país libre de los países aliados al final de la Segunda Guerra Mundial venció por goleada la propaganda del fascismo, nazismo o estalinismo. Y ¡claro que el 21 es fraternal! o se lo cree; de hecho nadie está en contra de la alianza de las tres culturas (aceptar a la mujer tapada se tiene por prueba de fraternidad con su religión) y todos se muestren solidarios con refugiados y emigrantes (sin entrar en las causas que son la guerra y el injusto reparto de la riqueza).

En cuanto a la igualdad, está la individual egoísta de yo soy igual que tú y todos tenemos los mismos derechos. La que falta es la igualdad social, esa que ‑sobre la democracia y la solidaridad‑ pondría los cimientos de un mundo sin desigualdades de clase.

Al menos, eso espera el viejo topo que socava la tierra desde eLTeNDeDeRo.

–enlace a historia y biografías.


Fígaro frente a Marx | apocalípticos e integrados ante las nuevas tecnologías.

«Más miedo que las cabezas nucleares dan las cabezas de personas e instituciones aferradas a culturas, civilizaciones, tradiciones o ejércitos convencionales.»

Nos depare lo que nos depare el porvenir, el futuro será tecnológico, pacífico y social. Aunque se nos siga fomentado la vida entendida como una carrera individual y de obstáculos, en competición (o en competencia) con otras vidas, vamos hacia un mundo colaborativo donde nociones como dinero, poder, nacionalidad, sexo, moda, religión o familia pasaran a otra dimensión. El armamento atómico, con todo su espanto encima, ha traído la paz. Porque jamás será utilizado. Y más miedo que las cabezas nucleares dan las cabezas de personas e instituciones incapaces de imaginar y todavía aferradas a culturas, civilizaciones, tradiciones o ejércitos convencionales.

Piénselo la buena gente que ve amenazada su integridad o su privacidad a cada paso que dan las nuevas tecnologías, que harán verdad que dios existe, omnisciente y omnipresente. Lo que hoy son Whatsapp, Google o Facebook, será una única sigla o nomenclatura que la humanidad habrá tomado como antes se tomaban Bastillas y Palacios de Invierno. Y nos dará igual que dios nos vea qué hacemos, cómo follamos o cómo cagamos. Porque la idea de pudor, una vez que todos nos hayamos visto haciendo de todo, cambiará la idea de privacidad. Cuando el ojo que nos ve nos mire con nuestro permiso y por nuestro propio bien.

En el siglo 19, otro tiempo de cambios, un observador de las costumbres empezó a criticar el mundo en pequeño formato. Ese fue Larra, Mariano José, Fígaro (1809‑37). Otro observador, nueve años más joven, hizo la crítica del sistema económico, histórico y filosófico que había heredado y propuso una solución internacional. Ese fue Carlos Marx (1818‑83). Ante las nuevas tecnologías, no se queden en Larras costumbristas. Imaginen el porvenir y, mientras tanto, vayan a ver Manchester frente al mar, película que este Fígaro frente a Marx quería recomendarles y no sabía cómo decírselo.

*