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desmontando las mareas por lo público.

trajes de sevillanas fotos antiguas de Sevilla

Los tres soberbios lemas de la Edad Contemporánea fueron libertad, igualdad y fraternidad (1789). Por libertad se colaba libertad de comercio; por igualdad, igual derecho a voto de la burguesía; y, por fraternidad, la vieja caridad. Lo endeble de esas tres divisas cuajó en Napoleón, un hijo de la Revolución pronto convertido en emperador (1804), quien dio leyes a un Estado policial que lleva su nombre: estado napoleónico. Contra el estado napoleónico se alzó la Internacional de anarquismo y socialismo; ambos fiados en el final de las clases sociales: el anarquismo, por la abolición del Estado, y el socialismo, por la toma del Estado por el proletariado hacia el comunismo.

La Revolución Rusa y dos guerras mundiales configuraron un cuadro inesperado. Las clases obreras, al aceptar servir como tropas nacionales (negarse a la guerra hubiera sido la única opción), renunciaron, de hecho, a la Internacional. Y Rusia se convirtió, como socialismo en un solo país, en un bloque frente al bloque capitalista, que administró a su antojo libertad, igualdad y fraternidad contra una experiencia sistemáticamente presentada como dictadura.

Las clases obreras aliadas empezaron a llamar a la puerta de la patronal reclamando el mejor nivel de vida que podrían permitirse: ser mano de obra cualificada, a costa de mano de obra bruta emigrada y materias primas de países que habían sido (y de esta forma seguían siendo) antiguas colonias, únicamente emancipadas bajo gobiernos títeres. La trampa iba a ser la deuda; deuda de países pobres forzados a comprar tecnología a las metrópolis ricas.

La mano de obra occidental se prestó encantada; su recompensa sería pasar de clase obrera a clase media, a cambio del Estado suministrar servicios que hasta entonces no daba: seguridad social, pensiones, formación profesional, salud, vivienda, transporte, etc. Había nacido el Estado del Bienestar. Soviética y el socialismo por los partidos comunistas no tenían nada que hacer. Vuelvan a 1989 y recuperen las imágenes de la Caída del Muro de Berlín: nunca tanto esclavo aplaudió la consagración de su propia esclavitud.

Lo que falta, ya lo han vivido ustedes. El mapamundi de libertad y democracia para todos, que prometió la Generación Berlín, se vio, en seguida, que resultaba una falacia. Y un anciano Stéphane Hessel dio a los jóvenes su llamamiento al ¡Indignaos! (2010), o sea: haced que se cumplan las promesas que a la humanidad se hicieron al término de la Segunda Guerra Mundial, más Occidente, en fin. Entre nosotros, José Luis Sampedro y el movimiento ¡Democracia real, ya!, que daría en Podemos, picaron el anzuelo. Y ahí los tenemos, a Pablo Iglesias y a Alberto Garzón de ministros de un Gobierno que ya me dirán qué tiene de izquierdas. La misma palabra izquierda está desactivada.

Hoy, una sociedad como la española se divide entre gente pobre y media que pide derechos y aspira a vivir a costa del Estado del Bienestar, y gente rica que no quiere contribuir al Estado (esa es la guerra de los impuestos), entre otras cosas, porque su bienestar ya lo disfruta. De ahí, que la palabra público (sector público, sanidad pública, enseñanza pública) haya quedado, como la palabra izquierda en boba petición de lo que ya se tiene. No es la pública progreso de nada, sino garantía de una privada y concertada con sus respectivas excelencias.

De otro modo. Donde el estado capitalista se hace llamar Estado del Bienestar (no en Estados Unidos), el anticapitalismo obliga a denunciar el Estado del Bienestar. A nivel personal, no fiando que el Estado nos resuelva la vida (ser parasitario ha cundido en la juventud media) y, a nivel ciudadano, activando todo tipo de objeciones de conciencia aceptadas como derechos: derecho a la objeción a las armas y a las fuerzas armadas, a religiones en público, a la natalidad subvencionada; objeción a solidaridades públicas que, en forma de acogida, no hacen más que prolongar la desigualdad, caso del tapadismo islámico en estos tiempos supuestamente feministas. Hay que ser insolidario y coherente con nuestro lugar en el mundo, ya que no lo elegimos. Yo apenas si me hablo con creyentes del bienestar y, a sus partidos políticos (ni a ninguno), ya ni les voto. La España de las Mareas me aburre o me da vergüenza.


globalización, a favor o en contra.

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Desde que en 1989 cayó el Muro de Berlín (del lado equivocado: pues el bloque del Este, al menos, algo nuevo estaba intentado) y desde que la clase obrera del primer mundo se sintió clase media y Estado del Bienestar, el anticapitalismo quedó sin rumbo ni tripulación.[1]

Con la globalización pasa tres cuartos de lo mismo. Y vemos gente que, debiendo estar a favor, se manifiesta en contra con el mismo espejismo: globalización contra libertad.[2]

La globalización, aparte ser un indicador que establecen instituciones tan fiables como la Politécnica de Zúrich, la consultoría A.T. Kearney o la revista Foreign Policy[3],

es y será lo que nombró Marshall McLuhan allá por 1964/68 bajo el concepto Aldea Global para la sociedad de los nuevos medios audiovisuales, que habían tomado el relevo a la Galaxia Gutenberg, de la palabra escrita. Y, de ahí, a la revolución digital de las TIC o Sociedad de la Información (Yoneji Masuda, 1968).

Por la parte información, las tics nos han liberado del monopolio de la prensa (prensa que podía oscilar de cuarto poder a voz de su amo).

Y por la parte comunicación, usted y yo vivimos conectados y puede conectar el mundo entero con el otro mundo. Esa es la conquista. Alguien nos ve y todos nos vemos. El ojo de Dios es Google, está en la Red, la máquina en que escribo, mi pantalla en mi bolsillo.

No dejen que esa maquinita se la censuren ni se la quiten quienes por mantener sus antiguas posiciones quieren hacer de su visión y su versión toda la verdad y nada más que la verdad. Ni se dejen engañar por esa corriente que enfrenta en falso globalización y libertad. La humanidad ya cayó en esa trampa, ya hemos visto esa película.

Nuestro dispositivo móvil nos dirá lo que hay detrás de casos como Covid-19, donde toda verdad parece mentira y donde toda mentira parece verdad.

[1] Eso sí: de infinitas universidades, publicaciones y premios nóbeles, llovieron nuevos nombres a lo que –viejo– había sobrevivido a la Caída del Muro: capitalismo afectivo, big tech, welfare, cognitivo, de vigilancia, gore, líquido, límbico, mixto, rosa, verde, woke o zombie.

[2] global : 4.4660M de gugles; globalización : 15M; globalista [frente a nacionalista] : 826.000 gugles.

[3] indicador hay más de uno en realidad. Son índices que miden, por estados o países, grados o niveles de conectividad, integración o interdependencia en las esferas culturales, ecológicas, económicas, políticas, sociales o tecnológicas (Wikipedia).

arte y artistas, ocio y negocio.

pinza dibujada vector art

1.
El currante, hombre o mujer, a quien llamaremos T (de trabajo), acude a su trabajo. Sin haber leído a Marx, en una economía de mercado, lo único que puede ofrecer (vender) T al mercado es su persona. T tendrá que poner ladrillos o tornillos, coser ropa o contratarse como asistenta. Ya en casa, en su tiempo de ocio, T se dedicará a leer, a oír música o a tocar la guitarra o las narices. [1]

2.
La vida, tal como está montada en Occidente, es una larga conspiración contra el trabajo[2]. Así, ocurre que detrás de una reclamación sindical o de una marea blanca, verde o amarilla, se esconde la defensa de mi puesto de trabajo, que puede discurrir al margen del bien común. «Sin cultura no hay vida», escribe en su pancarta la alumna de conservatorio. «La vida está en los libros», dice el librero en crisis de competencia con Amazon o HTML. Y cuando yo, el de la marea pública defiendo la sanidad o la enseñanza públicas en nombre de la salud o de la educación general, en realidad estoy defendiendo mi empleo, empleo que entrará en competencia con otros sindicatos de la privada o de la concertada. La prueba de la sinrazón estaría en currantes de Airbus o Navantia que, alegando la defensa de su puesto de trabajo, para el sostenimiento de su familia, defienden y sostienen con sus monos azules la fábrica de armas o transportes militares que irán a herir o a matar familias como la suya.

3.
El sector del arte y la cultura anda removiendo el patio como sector damnificado por el parón de la puñetera crisis. El sector, de suyo quejica y acostumbrado a ser mimado y subvencionado en nombre de “arte y cultura para todos”, lo que de verdad quiere es un salario como el currante de la ferretería o del transporte o de la construcción.

Si todo el mundo tiene derecho a un trabajo retribuido, también tendría derecho a un ocio retribuido, sea el que sea. De lo que no se quiere hablar es del injusto reparto entre cigarras y hormigas ni de equilibrar la carga de horas gratas e ingratas. Al final, y por el proceloso cauce del Estado del Bienestar (Estado que nutren con sus impuestos las clases productivas, de ‘negocios’ y de ‘no ocios’), las clases culturales, improductivas, se la montan de maravilla y también explotan a la masa trabajadora, que carece de glamur (esa tontería) y acude al trabajo por la acera y por la sombra, y no entre focos por la alfombra roja.

[1] Por trabajo se entiende, no esfuerzo ni vocación (con esfuerzo se practica algún deporte; por vocación, se apunta uno a misiones humanitarias), sino actividad de obligado cumplimiento para la adquisición de un salario. trabajador se sobreentiende por cuenta ajena frente a por cuenta propia o notrabajador, si cuna y rentas nos permitieran vivir sin trabajar. negocio viene de nec otium, no ocio, sin ser necesariamente un hombre de negocios. trabajo viene de tripalium, potro de tres palos donde azotar esclavos. La etimología se expresa sola.

[2] Pues todos quieren trabajo, y nadie quiere trabajar.

ni anticapitalistas ni botafumeiros

El joven Marx
de un capitalismo de andar por casa

En la dialéctica marxismo capitalismo, tres incongruencias recorren el mundo de las ideas. Una: ignorar que El Capital existe: incongruencia igual a ignorar la redondez de la Tierra o la teoría de la evolución o el calentamiento global. Dos: definirse anticapitalista, siendo así que en la Historia de los sistemas económicos nada anti- ha venido a suceder a lo que antes había: idea del progreso que se puede discutir pero que, en principio, es lo que la humanidad desea y necesita: ir hacia adelante. Y tres: ponerle nombres supuestamente nuevos a lo que es tan viejo como el final de la Edad Media: el capitalismo, modo de producción dominante perfección de los modos esclavista y feudal. Nada es eterno, el capitalismo tampoco.

A la caída del Muro de Berlín (1989), el pensamiento plano quiso ver el final de la Urss como el final del marxismo. Y desde entonces proliferan estudios y bibliografía que titulan el capitalismo como capitalismo afectivo, big tech, welfare o neofeudalismo digital, cognitivo, de vigilancia, de plataformas, flexible, gore, humanista, inclusivo, jerárquico, justo, liberal, líquido, límbico, mixto, rosa, sostenible, solidario, conceptual, verde, woke o zombie.

En realidad, capitalismo hay solo uno, y en tres grandes fases, por orden de llegada: mercantil (manda la moneda), industrial (manda la fábrica), financiero (manda la Bolsa) y en dos revoluciones transversales: la revolución científico técnica (o segunda revolución industrial, 1880-1920) y la revolución digital, a partir de 1950. A día de hoy, moneda, fábricas, finanzas, la Banca, la Bolsa, la ciencia y la técnica y la electrónica se siguen usando (junto a maneras feudales o esclavistas que todavía sobreviven) sin que el capitalismo haya cambiado de condición ni faltado a su esencia, esto es: la explotación del hombre por el hombre y el trabajo asalariado como fuente y origen de la plusvalía, de la riqueza. Ese fue el Carlos Marx invencido, el que escribió El Capital.

El Marx político tanto entendió el socialismo como fase superior del capitalismo, que imaginó la revolución en el país de capitalismo más avanzado: Inglaterra (y no Rusia, donde finalmente estalló algo parecido a la revolución proletaria, ‘algo’ nada más). Marx no hubiera sido nunca anticapitalista. Su dialéctica consistía en superar, no en destruir. El socialismo, como fase superior del capitalismo, promovería la acumulación y concentración de capital (por grandes empresas y servicios, no el tendero en su tiendita) mediante cooperativas, expropiaciones, nacionalizaciones y socializaciones que habrían de ir, naturalmente, en contra de los intereses de la burguesía y, de ahí, la toma del Estado por la fuerza por lo que Marx concibió como dictadura del proletariado. Dictadura que aboliría la propiedad privada de suelo, materias primas y medios de producción; no el rosario de mi madre, que seguiría siendo mío.

Lo que no pudo imaginarse el joven Marx es la cantidad de pamplinas o fantasías, bien o mal intencionadas, que harían botafumeiros del capitalismo en una enorme perífrasis con tal de no nombrar al capitalismo por su nombre.


 

apuntes para la revuelta agraria.

Víctor Jara

Más allá de la guerra entre mi campo y tu supermercado o entre el producto interior y el importado, entre yo vendo y tú compras, el viejo siglo 20 hubiera planteado lo que no se ve ni se le espera en el 21 de conexiones en directo y redes sociales: la propiedad de la tierra, antes reforma agraria.

Quien cultive el minifundio, que se agrupe y se haga fuerte en cooperativa. Y el latifundio de la marquesa sea contemplado suelo de interés público hacia la expropiación o nacionalización. Y, en todo caso, minis y latis que no vean rentable la explotación de la tierra, que vendan la tierra y se busquen la vida como no propietarios, que es lo que somos la mayoría. Es muy quejica la gente de campo, pero al cabo es propietaria frente a jornaleros, temporeros y mano emigrada siempre explotada y con sueldo a la baja.

En la semana de José Luis Cuerda, gran intérprete de la España rural, queden ustedes con Juan sin tierra, la canción de Jorge Saldaña y Víctor Jara:

Mi padre fue peón de hacienda
y yo un revolucionario.
Mis hijos pusieron tienda
y mi nieto es funcionario.

Y averigüen, si pueden, por qué el verso 2 o se ha perdido o qué demonios ha pasado con él en este desdichado siglo 21 del Sí se puede para no poderse nada.


 

llanto por la izquierda antifascista española el día que machaban a Cataluña.

policía

A principios de 2020, la izquierda española llegó a alcanzar cotas nunca vistas ni oídas desde el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936. De las tres siglas concurrentes al Gobierno de coalición, al menos una, Izquierda Unida, llevaba en sus venas la larga tradición PCE de lucha antifascista acumulada dentro y fuera de España, en el exilio y en el maquis, en la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial, durante las cárceles y comisarías, en los comités de empresa, en las asambleas de facultad, en la larga noche de censura, represión y doble vida bajo el franquismo.

Esa larga noche antifascista consistió en movilizarnos todos contra todo: la dictadura que nos tenía, a unos, por terroristas; a otros, por comunes o anarquistas; a este, por cristiano por el socialismo, a aquel por Comisiones Obreras, al otro por propaganda ilegal. No importaba quién fuera el represaliado ni cuál la pena que le había caído. ¡Amnistía y Libertad!, gritábamos por todo lo que se moviera en contra del general que se hacía llamar generalísimo. ¡Amnistía y Libertad!, fuera cual fuera la causa que se movía: nos movíamos todos.

Hoy, que Izquierda Unida ocupa plaza en el Consejo de Ministros (del Psoe, para qué hablar; de Podemos, qué, si expresamente vino al mundo como “de la gente” y nada de izquierdas); hoy, que algo de mí y de mi historia se sienta y no se siente en el Gobierno de España; hoy, que machacan a Cataluña con la complicidad de esta izquierda preocupada, eso sí, por lo que de verdad preocupa a la gente, siento, en el fondo del corazón y del hígado, una rabia que es tristeza hasta la náusea.

Enlace al Mal Poemo


Antes de la revolución.

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Si me preguntan que es hoy ser revolucionarioa (es decir confiar en un vuelco a la realidad), revolución no conozco sino devolver el origen de la riqueza, de donde aparenta estar bajo el Estado del Bienestar (dinero, empresa, inversión, creación de empleo), a donde siempre estuvo, que es el trabajo de hombres y mujeres, contra su voluntad, y porque de otra forma no viven.

La perversión del sistema es esta: yo, el capitalismo, soy el origen de la riqueza (mientras yo progrese, progresamos todos), cuando la verdad del cuento (tercamente marxista) es que sin trabajo no hay nada: ni capitalismo, ni riqueza ni formas de vida. Esta observación común (en cuanto abrimos los ojos al andamio, a la mina, al campo o a la fábrica) ha sido corrompida por la parte contratante para justificar sus cuentas de beneficio, sus plusvalías hurtadas a la parte contratada.

Izquierdas, sindicatos, progresistas, oenegés, fundaciones, agentes benefactores en tal o cual área de producción o de pensamiento productivo (I+D, ecología, feminismo, utopías proyectadas sobre el Planeta o Aldea Global) revierten en revolución con solo volver a este axioma (refrán o frase hecha) previo a Marx y posterior a Marx: «todo es economía», también la historia, la religión, la filosofía, el arte, la literatura, la ecología, el feminismo. Todo es capitalismo y el resto (contando los más altos valores), cuento chino.

Tal vez la humanidad bien pensada y pensante no salga nunca del círculo vicioso a donde fue llevada. Pero cuántas tonterías dejarían de imprimirse en libro, de exponerse en aulas o de referirse a título de ejemplares o merecedoras de premio nóbel. Si no podemos por un mundo más justo, hagámoslo al menos por un mundo más claro.

Queden ustedes con polémicas de segundo orden que no van a revolucionar nada. Una nos pregunta si hay ecologismo de derechas en España y otra se abre en canal entre el Partido Feminista y el Colectivo Trans, con lobby gay y vientres de alquiler al fondo. Ambas polémicas yo las volvería a pensar Prima della rivoluzione (Bertolucci, 1964), antes de la revolución que acabó en el Estado del Bienestar. Que ustedes lo piensen bien.

Estos son los enlaces:

¿Por qué no hay ecologismo de derechas en España?

El Partido Feminista frente al Colectivo Trans


el día que dejé la política.

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Nunca me ha interesado la política de nombres propios, protagonistas que acaparan la cosa pública. Solo los movimientos de masas. Ideas sin masas y masas sin ideas no van a ningún sitio. EL TeNDeDeRo cierra hoy su reflexión política. En esta estupidez que se llama España en funciones no me busquen con pretextos o causas dictadas por el Estado del Bienestar, como igualdad, feminismo, animalismo, oenegés para salvar el medio ambiente, la infancia o el planeta. No, padre. ¿Enmiendas parciales al sistema? A la totalidad, siempre.

A 230 años del libertad, igualdad y fraternidad y a 102 del proletarios, uníos, y de todo el poder a los soviets, aquellas divinas palabras en que un día creyó la humanidad bien pensante vienen a dar a Trump, Macron, May, Merkel, Salvini, Macri o Bolsonaro; a Putin; al último emperador, todavía; a Estados islámicos que tapan a las mujeres, y a ellas les gusta. Una llama de la Generación Podemos ardía en Grecia, ya se ha extinguido. Aquí en España –salvo que alguien me diga qué sigla me he perdido, qué partido o movimiento, que no me he enterado– quienes estuvimos en el albor de un nuevo porvenir ya sin Franco hemos venido a dar a tres ríos que van a dar en la mar, que es el morir: Alberto Garzón, que recoge las aguas de lo que llovió el Pce en 1977; Pedro Sánchez, por lo que fueron las ansias de cambio con el primer Psoe, 1982; y Pablo Iglesias, ¡con lo que fue el tsunami de Indignaos!, de Democracia Real Ya! y del 15-M! Veinte años después, no son, no somos nada.

La Revolución francesa pudo acabar con el Viejo Régimen: no quiso. Las revoluciones soviéticas quisieron acabar con el Nuevo burgués capitalista: no pudieron, no supieron o no las dejaron. Hoy buscamos en Google anticomunismo y comunismo (sistema que el mundo no conoció) y obtenemos más resultados que el capitalismo que nos envuelve y que, curiosamente, nadie quiere nombrar. Y aún dirán, si les preguntan, que lo importante es ser positivo, hacer cada uno lo que pueda.

Queden ustedes con la parte más jovial y positiva de Zafarrancho Vilima recomendada por este que es el serio de la película. Y adiós.


Foto portada: © LeMonge (2019)

las cosas y las personas: notas de economía afectiva.

Corre por ahí un frasazo que dice: «Las personas fueron creadas para ser amadas y las cosas fueron hechas para ser usadas. La razón por la que el mundo está en caos es porque estamos amando las cosas y usando a las personas.»

Sin entrar en ese plural pleonástico de “estamos amando” (¿Quién, usted y yo?, ¿iguales que un paria o que un Donald Trump?, ¿igual quien enciende la luz que la Géneral Electric?), la mayoría de personas nacen, nacimos, por actos de difícil explicación amorosa. La confusión amor sexualidad, el descontrol de la natalidad (precauciones cero o preservativos rotos) junto a la transmisión del ego o del patrimonio ligada al apellido, prácticamente excluyen toda preñez consciente como acto absoluto de creación amorosa. Que, una vez nacidas, a las criaturas se las quiera y se les coja cariño, no convalida la premisa de que “fueron creadas para ser amadas”.

En cambio, es verdad que “las cosas fueron hechas para ser usadas” y –salvo las mediatizadas por el fanatismo o la superstición (desde las pirámides de Egipto)– responden a valores de uso que está bien se consideren en lo que valen y les confiere su valor de cambio, vamos a suponer: su precio justo. Otra historia es que todo necio confunda, como decía don Antonio, valor y precio, o que el amo y el mercado se apropien y distorsionen el sudor de la gente.

Lo que no existe es el *valor de amor que religión y oenegés quieren ponernos en el telediario de nuestras vidas y en sus cuentas corrientes. Lo cantaba Atahualpa: Las penas y las vaquitas se van por la misma senda. Las penas son de nosotros. Las vaquitas son ajenas.


adjetivos descalificativos.

El recurso no es nuevo. Para hacerme valer, lo más fácil es desacreditar a mi contrario. En política, gran reclamo de la izquierda ha sido el miedo a la derecha, miedo que la derecha abandera aún mucho más. Y es increíble la cantidad de estigmas o anatemas con que partidos intentan ganarse el voto mediante adjetivos descalificativos.

El gran descalificativo de la serie democrática fue terrorista. En terrorismo de Eta (hubo Grapo, Frap y Gal) se mezclaron violencias que no tenían nada que ver: el ajuste de cuentas (Melitón Manzanas, torturador asesinado por Eta en 1968), el magnicidio (Carrero Blanco, 1973), el chantaje al Estado (secuestro de Miguel Ángel Blanco a cambio del acercamiento de presos al País Vasco, 1997), la extorsión a personas por rescate en dinero (Julio Iglesias Puga, Papuchi, secuestrado a final de 1981), hasta la muerte por grupos de riesgo (víctimas del atentado contra la casa cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza, 1987) o la muerte a discreción (atentado contra Hipercor, Barcelona, 1987). Tanto se generalizó, que, cuando los atentados del Metro de Atocha (11 de marzo 2004) y por ocultar la responsabilidad del presidente Aznar en las 193 muertes y casi dos mil heridas, todo el empeño del Estado, y del Gobierno que lo manejaba, consistió en culpar a Eta, es decir, al viejo antiterrorismo tantos años cuidado y acariciado como vivero de votos para la derecha.

Menos mal que la campaña No a la guerra fue suficiente para echar al PP, y el Psoe –sin acusar a Aznar por su intromisión en la Guerra del Golfo– reconoció que en terrorismo había que incluir el yihadismo, que es el que, desactivada Eta, continúa siendo amenaza. Sin embargo, no conviene indisponer a la comunidad musulmana. El terrorismo islámico es excepción dentro de una plácida alianza de culturas y civilizaciones, mientras el terrorismo de Eta se extiende y abarca a pacíficas generaciones vascas limpias de sangre que nunca logran redimirse por una España que cree que bildu o geroa bai son tacos que nos ofenden (como me cago en tus muertos) propios de un tipo al que nos está permitido linchar, quemar o apedrear: ese Puigdemont en el Carnaval de Cádiz o en los Judas de Coripe. A terroristas e independentistas han venido a sumarse descalificativos como golpistas, soberanistas, que quieren romper España, populistas, extrema izquierda (dicho sea de IU Podemos), incluso podemitas: una España más excluyente y más sucia que nunca a base de “líneas rojas” o “cordones sanitarios”.

–Mira que os tengo dicho -avisaba el otro- el boicot a las elecciones y que no votéis a ningún partido de la actual política (sin clase ni clases sociales). Pues nada. Id otra vez a votar en nombre de ¡Que viene la derecha!

Hay que joderse.


 

Coplas por la muerte de la democracia.

Recuerde el acta dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se acercan las urnas,
cómo se engaña a la gente
con escaños.

Cuán presto se va el votar,
cómo después de votado
da dolor,
cómo a nuestro parecer
cualquier Congreso o Senado
fue mejor.

Los discursos y las listas,
que nos dejan los mejores,
¿quién lo duda?
Candidatos, candidatas,
y en la tele portavoces
de tertulia.

Mas si vemos el programa
del partido, cómo es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
nos jodemos bien jodidos
cuatro años.

Las mejoras y promesas
que quisiera el pueblo llano
son la caña:
democracia y bienestar.
Con nosotros, los demócratas,
¡toda España!

No hablo de la patronal,
Casa Real y una Iglesia
de otro siglo.
Hablo de la Transición
que nos dejó sin la fuerza
que tuvimos.

Los Pactos de la Moncloa,
las fotitos con Borbón
en la Zarzuela,
¿fueron sino dejación
de principios y de normas
de la izquierda?

Señorías que, adquiridas,
igualaron las pancartas
“por el cambio”
con los carcas y los fachas,
se llamaran Popular o
Ciudadanos.

Pablo Iglesias fue a Podemos
lo que Santiago Carrillo
fue al Pce.
Podemos a Izquierda Unida,
lo que Felipe González:
yo, aquí el rey.

Nos pasa cuando creemos
que hay una izquierda y votamos
lo de unidos
por los derechos humanos,
eso que al gran capital
da lo mismo.

Cualquier día es el camino
para el giro hacia otra España
más social.
Más cumple ese socialismo
que creerse en democracia y
nada más.

promesas.

Con David Castejón

Aunque la izquierda se quiera identificar con las necesidades de la población, con los derechos humanos y el bienestar del Estado del Bienestar, el medio es el mensaje y toda política, cuando se sienta en Congreso o Senado, es toda ella de derechas. El más hermoso programa electoral queda en nada sin un plan de financiación que, por fuerza, molestaría a un sistema, el capitalismo, y a un poderoso grupo al que nadie quiere molestar, patronal y grandes fortunas. Así que usted desde su escaño puede prometer lo que quiera, la misma derecha promete, pero su promesa se queda en “por pedir, que no quede”. Usted puede prometer pero, si no aplica una fiscalidad inversa (una cotización en proporción exacta a lo que se gana), usted no tendrá dinero para defender o llevar a práctica el bienestar de su programa. Más aún: el capitalista, si le aplicaran la exacta y rigurosa fiscalidad proporcional inversa, se haría la gran pregunta ¿para qué emprender más si al final voy a ingresar lo mismo que quien cobra el salario social? (Caso verídico llevado a referéndum en Suiza hace un par de años.)

Llegado a este punto, usted cree en el capitalismo, que es el quiero y no puedo de la izquierda española, toda ella capitalista, Izquierda Unida o Podemos, dependiente de lo que autoricen Banco Europeo y FMI bajo la atenta mirada de la Otan y de Estados Unidos con bases en Rota, Morón y Gibraltar. Y es que la izquierda auténtica consiste en no pedir trabajo sino otra imaginación distinta, aunque no sepamos lo que es. La izquierda auténtica sabe que el trabajo productivo de bienes materiales (no el esfuerzo ni el artisteo en horas de ocio) es el motor de la riqueza y de la economía, mientras la derecha difunde la especie de que el capital crea la riqueza.

Y hablando de promesas. Quienes critican la presunta heterodoxia a la hora de tomar posesión de su escaño por parte de alguna señoría, ¿no han caído en la cuenta de que “juro o prometo” es directamente anticonstitucional? O “juro por Dios” o “prometo por mi honor”. Al Estado (electores y elegidos), solo el honor le interesa. Si usted cree en Dios o en la Biblia, cálleselo o estará usted vulnerando mi derecho 16.2 de la Constitución.

Queden ustedes con otra cara de la política, la de cercanías, municipal. Quizás ahí la política alcance el humanismo de que carecen Congreso y Senado y Parlamento Europeo.

–enlaces:

https://www.poratarfesi.com/

https://www.facebook.com/PorAtarfeSi/

/ a David Castejón /


Vox como creación, antítesis y paradoja.

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La antítesis es de una lógica elemental A/B: blanco/negro, noche/día. Es tan corto el amor y tan largo el olvido, Pablo Neruda. La paradoja construye un silogismo que arranca de una antítesis como premisas para llegar a una conclusión más elaborada: A/B porque o para C. Es el muero porque no muero, de Santa Teresa.

Desde el poder nos proponen antítesis facilitas, maniqueas. Como en caso de incendio/antiincendios con “la colaboración activa de la Unidad Militar de Emergencias”. El telediario nos está colando, como si fuese de protección civil, un oficio, el militar, cuyo instrumento son las armas y no las mangueras. Lo mismo, en patrulleras o guardacostas de la Armada “al rescate de personas en aguas del Estrecho”. ¡Qué gran misión humanitaria! Ocurre también con el eje terrorismo/antiterrorismo, que conduce al recorte de libertades con el visto bueno de una generación que ayer huía de los grises y hoy aplaude a la policía y sigue justificando la Razón de Estado y las cloacas del Estado. ¿Antítesis? ¡Paradojas nacionales!

Paradoja es que Estados Unidos siga repartiendo guerra en nombre de la democracia y de la paz (esta vez contra “la amenaza” de Irán o Venezuela, puede valer Corea) y que la izquierda consienta el Tratado de amistad y cooperación entre España y los Estados Unidos (1976), las bases Usa en España y que España no se defina como país neutral dentro de los No Alineados. La izquierda solo está para propagar el Estado del Bienestar, cuya antítesis sería Vox.

–¡Pero si Vox es resultado y expresión de tanta banderita de España en los balcones, como trajo la izquierda contra Cataluña, y de tanto franquismo intacto bendecido por la Constitución cuando Vox no existía!

–Elemental, querido Watson. ¡Esa es la paradoja!

Vox hace de izquierdas a una izquierda que nunca lo fue. Vox es, al bloque Psoe Izquierda Unida Podemos, lo que Eta a la Ley Mordaza; lo que las misiones humanitarias, a las fuerzas armadas; lo que Irán, a Trump, o Santa Teresa, a Dios o a la Inquisición. Paradojas para.

No hablen de Vox. Hablen de ustedes.

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¿de qué hablamos cuando hablamos de política de izquierdas?

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Considerando izquierda la opción que no se conforma y, por tanto, quiere cambiar el mundo, izquierdas hay dos: la de redistribución de la riqueza y la de reclamación de derechos humanos.

La izquierda del siglo 20, revolucionaria, luchó por la redistribución, y el día que caigan Cuba o Venezuela se habrá cerrado un ciclo que se inició en pleno siglo 19 (La Comuna de París, 1871).

La izquierda del 21, bienestarista, se limita a reclamar mediante mareas sociales derechos humanos, que el siglo 20 dejó por escrito, como si fuesen legalmente vinculantes y operativos o estuviesen dotados como gasto público. Es la simpleza de quien pide un piso porque la Constitución le da derecho a tener y a disfrutar una vivienda digna. Es la carta a los reyes magos del Estado del Bienestar, siempre bajo la aprobación de Banco Mundial y Banco Europeo a través de los marcadores económicos (irpf, deuda, pib, balanza de pagos), verdadera analítica de un paciente llamado capitalismo.

La izquierda de la redistribución de la riqueza, anticapitalista, persigue remover conciencias contrarias al estatus de las grandes fortunas. No llama a la puerta del Estado del Bienestar porque lo que parece gratis en sanidad, vivienda, educación o transporte, alguien lo paga. En contabilidad no hay milagros, solo entradas y salidas, debe y haber.

Quien esto ve y en esto cree, no cree en la política de nombres propios o culto a la personalidad de la democracia a lo occidental con sus campañas electorales tal cual acatan y plantean desde la derecha a Izquierda Unida Podemos. Son dos lenguajes que jamás se van a entender.

Respuesta de [eLTeNDeDeRo] a galateatontea por nuestro artículo A la catorce va la vencida. Ilustraciones gráficas de Rafa Iglesias, de TeVeo.

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incitación a la rebeldía.

Votar es aceptar

1º) la dinámica electores > elegidos (para luego hablar mal de la clase política) mientras

2º) cada vez más personas (el precariado) carecen de ciudadanía (a beneficio de cáritas y oenegés: la exclusión social nunca fue cuestión de Estado en España como sí lo han sido las pensiones o los malos tratos).

3º) Pedro Sánchez y Pablo Iglesias (y, a su través, Alberto Garzón; no toda la comunidad Izquierda Unida Podemos Psoe), transigen con el Juicio al Procés (antes, materia de movilización por las libertades).

Aunque usted no comparta el Juicio al Procés (a usted como demócrata de la libertad le aprieta por ahí algo el zapato) y aunque acepte (cínicamente) los puntos 1 y 2, quien vota izquierda vota por la funcionarización del voto amigo. A eso llamamos rehén, chantaje, extorsión, coacciones a clases medias y bajas. Cualquier voto, también a Izquierda Unida Podemos, acaba siendo un voto conservador (de lo que hay).

Buzón de [eLTeNDeDeRo]: «No puede haber más gobierno o administración que el de un partido de esos que llamamos de izquierda. Quien administra lo precario, la supervivencia de cada día, debe ser alguien que piensa y sienta desde la izquierda. Lo contrario es entrar en el desbordamiento, porque la ambición no tiene fin. Dejen a los capitalistas, tan salvados siempre de todo, que campen a sus anchas para dominar este y unos cuantos mundos más. Pero es de cajón que quien administra lo precario…»

En ese “dejar al capitalismo” está la clave diferencial entre la izquierda siglo 20, anticapitalista, y la izquierda siglo 21, mileurista, bienestarista, máster chef de todo y operación triunfo de sí misma.

Decir esto es también una forma de pasar de la noticia de aquí al domingo, a lo que ya es Historia. Si el germen de Podemos fue una llamada a la indignación (de Stéphane Hessel en 2010), está haciendo falta una incitación a la rebeldía que el voto en las urnas –y mientras Cataluña no vote su destino– aduerme y aliena, retrasa y confunde. Que la rebeldía empiece por no votar.

enlaces:

la edad y la rebeldía

teoría del diosmonio

la edad y la rebeldía.

Siguiendo el debate electoral duré hasta el tema de la vivienda. Ahí, Pablo Iglesias exigió que se cumpla la Constitución (esa es su perla; él, que quiso un día romper el candado del régimen del 78) donde dice: “todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada”. Yo, que, por mi edad y mi militancia, soy agua de un río que va a desembocar a Podemos, pensé: ¡qué vergüenza!, ¿ni una palabra sobre la distribución y tenencia de la propiedad de la tierra o del suelo? ¿Solo se va a entrar desde la ‘izquierda’ en el debate entre vivienda de alquiler o en propiedad? ¿No hay ocupas? ¿Nadie sin techo? ¿No hay latifundios de suelo urbano como los del campo de la marquesa? Apagué la tele y me fui a lo Quevedo: ¿No ha de haber una izquierda más valiente?

Dos ilustres, que admiro y quiero, evolucionaron, con la edad, hacia la rebeldía: Valle-Inclán y Antonio Machado. Cada uno se alejó y tomó partido lejos del conservadurismo que impregnó al final a su generación del 98. No es mi caso. Caso inverso. Yo, a mi feliz edad, no me he radicalizado en mis ideas: me he quedado más solo que la una. Fue el Pce quien se pasó a la monarquía (Pactos de la Moncloa, 1977) y fue Izquierda Unida (1986) quien abandonó el análisis marxista hasta diluirse en ese azucarillo propagandista de la Constitución que ha acabado siendo una Izquierda Unida Podemos gendarme del Estado del Bienestar (“lo que realmente importa a la gente”), enganchada al carro de la unidad de España y consintiendo un juicio al Procés que en otro tiempo no tan lejano, y por muy de derechas que sea lo del Procés, hubiera movilizado a toda la España roja o progresista.

Se entiende que no votaré y que mi fracaso sea que ninguna sigla reconocible, ninguna petición vía redes sociales rentabilice la abstención crítica: algo frente a tanta estulticia. Nada, nada, al otro lado del río.

Termino por Bécquer: ¡Dios mío, qué solos se quedan los nuestros!

¿de izquierdas o de la izquierda?

Izquierda Unida y Psoe son contrarios a la autonomía de Cataluña (consulten ‘autonomía’ en el diccionario y verán hasta qué punto). Podemos vino a este mundo queriendo no ser de izquierdas y, a fe, que lo está consiguiendo. (El medio es el mensaje: Podemos partido en el Congreso no tiene nada que ver con el movimiento Podemos cuando empezó en la calle.) Ante el tema catalán, Izquierda Unida y Psoe (partidos de tradición federal) dicen que están a favor del derecho a decidir pero que “decidamos todos”. Lo cual es pretexto de nunca acabar. ¿Han movilizado alguna vez a toda España para implantar el derecho a decidir? No, padre. ¿Le han convocado a usted o a mí, en Madrid o en Sevilla, para la cacareada reforma de la Constitución? No, madre. El trío acalla la conciencia con “lo que realmente importa a la gente”. Claro. A la gente lo que le importa no es un Proceso en prisión sino llegar a fin de mes bajo el triángulo de la felicidad: salud, dinero y amor. Aquí y en Pekín y en Cataluña.

En este modo de conducir la opinión pública y la democracia hay errores de bulto. Desde confundir los egoísmos de la noticia (personal, familiar, local, provincial, regional, nacional e internacional) hasta invocar legislaciones que siempre han ido por detrás de la Historia y así tenemos que la independencia de Portugal tuvo que haberla decidido ¡toda España! Huyendo de razones, la izquierda removió sentimentalidades como el no te vayas, papá, o el llanto ante un divorcio en la familia. Fueron las banderas en los balcones de ¡España!, ¡España!, como Selección Nacional. Ahora, una vez que la ultraderecha se sienta a la mesa, el trío de izquierdas y sus simples votantes (simples porque quieren primero acudir a sus necesidades más básicas) le sacan partido al partido más ultra para que votemos izquierda: ¡que viene el lobo!, ¡que se acaba el Bienestar!

Conclusión: Vox no es de izquierda pero sí de la izquierda, en tanto alimenta a Vox y se beneficia de Vox. Mientras parte, mucha o poca, de Cataluña esté presa y judicializada, la rebeldía o la ética del resto de España consiste –por solidaridad con Cataluña– en no ir a votar. El voto, por cierto, no es de izquierda ni es derechas; es de demócratas y hay que caer muy bajo para creerse el cuento de la democracia a cuyo frente figuran hoy la Otan y Donald Trump. Este par sí que ejerce, con el sí, boana, de España, su derecho a decidir. Pregunten por Venezuela.


 

las ratas.

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Aristocracia y clases altas no necesitan la democracia; si acaso, la corrompen o la mediatizan por el control que ejercen sobre la opinión pública. La democracia está a la medida de las clases medias y bajas, son las que asocian el voto al Estado del Bienestar. De ahí, la insistencia de la izquierda institucional en culpar a la abstención de su fracaso electoral. ¿Cómo es posible que no nos voten -piensan Psoe IU Podemos- con lo linda que es nuestra carta a los reyes magos?

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Las clases desfavorecidas y desestructuradas (el precariado), sabiéndose fuera de los programas de los partidos de izquierda, votarán cualquier cosa, puede ser la derecha más reaccionaria y ¿contraria a sus intereses? No, padre. Si con la izquierda viajan el mileurismo y la formación universitaria, con la derecha viaja la Iglesia, Cáritas y oenegés camufladas y, si la derecha gana, saldrían reforzados el comedor del pobre y el ropero de la tienda solidaria.

[eLTeNDeDeRo] ofrece imágenes de un género buscón de basura que consiste en gente educada, mínimamente bien arreglada y residente en el centro de la ciudad –no en el extrarradio ni sin techo ni bajo el puente– que acude con sus recipientes y bolsas de casa, cuya rebusca consiste en sacar de los contenedores del supermercado de la esquina aquellos alimentos, caducados o en mal estado, que al supermercado ya no sirven y que les puedan aprovechar. Son las ratas, dicho a la manera de Miguel Delibes en su novela (1962). Después lo dejan todo como estaba.

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A la izquierda del bienestar y por la igualdad (feminismos incluidos) se le debería caer la cara de vergüenza –no a la noble pareja que estremece nada más verla– por no incluir en cabecera de sus programas la erradicación de la mendicidad. Luego querrán mi voto.


 

Carta a los Reyes Magos.

Desde el siglo de Pericles hasta el último Parlamento, toda acción política es demagógica o populista pues se basa en un contrato social entre quien manda y obedece, separación de poderes que a la llegada de la república pasó a electores y elegidos: clase política forzada al pan y circo para ofrecer, prometer, conseguir, mejorar o contentar al censo. Esa democracia de papel (cada cuatro o siete años) fue aborrecida como burguesa por la Internacional de Trabajadores (desde 1864) y por la democracia social y de base que fueron los soviets. Y nunca fue identidad de la izquierda marxista. [El desguace del Pce (el Psoe llevaba décadas en la chatarrería) se dio en etapas que tienen día y hora. 1956: Pce. Pacto por la Libertad “por la reconciliación nacional, por una solución democrática y pacífica del problema español”. (Comprensible, en tiempos de Franco.) 1977: Santiago Carrillo, Eurocomunismo y Estado. 1986: Disolución del Pce en Izquierda Unida. 2016: Disolución de Izquierda Unida en Podemos.]

El Pacto de los botellines Garzón Iglesias (2016) supuso dar pleitesía, más que a unas siglas, a una generación de formación universitaria que, por haberse criado con indudable bienestar, tenía su infancia y juventud asociadas al Estado del Bienestar. Señas de aquella idolatría de la vieja guardia comunista hacia sus menores fueron, cuando la crisis de 2008, la rápida adscripción a movimientos bohemio-pijos o izquierdo-burgueses como mileuristas, yayoflautas, llantos por la fuga de cerebros y el etiquetado Estado del Bienestar para el Estado español, como Denominación de Origen, si fuera un vino. Tan poderoso ha sido el ánimo de emulación al Bienestar que venía del Norte (Suecia, Noruega, Islandia, Finlandia, etc.) que incluso partidos muy de derechas, de esos que dicen por lo bajini al pueblo ¡que se jodan!, en alto y en sus programas también se declaran partidarios del Estado del Bienestar, gasto público que encaja mal con las privatizaciones que adoran y con la bajada de impuestos.

Lo cual, que una y otra banda de ladrones de votos han dado en dos Españas: la España que pide y la que no quiere dar. Visto así, se comprende que IU Podemos pase de puntillas por el Juicio al Procés con lo que significaría movilizar como en tiempos de Franco, por la libertad (sin mirar de quién), y se centre en pedir y pedir, igual de exigentes que tiernas criaturas que tenemos en casa. Eso sí, donde peor nota saca esta generación es en matemáticas y en economía. Sin molestar a los ricos, a las rentas más altas, los pobres van a seguir siendo pobres. De aquí al 28‑A, la campaña electoral va a resultar una carrera por ver quién la tiene más larga. La carta a los Reyes Magos. Quien crea en ellos, que los vote. Yo ya no tengo edad.

huelga general contra las elecciones del 28‑A.

La democracia, que era la solución, ha pasado a ser el problema.
(El Viejo Topo)

La teoría distinguía entre huelga, huelga general, huelga general política (para derrocar a un partido en el poder) y huelga general revolucionaria (para un cambio de modelo o de sistema). Desde que la clase obrera está absorbida por el bienestar del Estado del Bienestar, la huelga, todas las huelgas, han perdido su esencia. Hoy el paro laboral es privilegio de oficios de élite tipo controladores o pilotos aéreos, o en el otro extremo, subempleos que nadie quería, como el servicio de recogida de basuras. Sin aviones y con la peste se puede bloquear un país.

El Mayo del 68 consistió en huelgas y manifestaciones. Antes de los militares del general Pinochet, a la Unidad Popular de Salvador Allende (Chile, 1973) se la cargó una huelga de la patronal del transporte. En Portugal, la dictadura salazarista duró lo que tardó una huelga del ejército (Revolución de los Claveles, 25 de abril de 1974). Y en Venezuela hemos visto cómo un sabotaje en el suministro eléctrico puede inducir a la contra. Y es que todas las revoluciones, pero también todas las involuciones, han coincidido con períodos de carencia y carestía muchas veces motivadas por huelgas estratégicas.

En sociedades muy funcionariadas donde los gobiernos imponen servicios mínimos abusivos y la patronal el descuento en nómina, la huelga es arcaísmo de un lenguaje de lucha sindical que consolida y conserva lo peor de una sociedad. Basta pensar las huelgas de Navantia o del sector del taxi. El Bienestar es lo que tiene, que, por defender el suyo propio, el trabajador, hombre o mujer, vacía de contenido viejas y nobles consignas. Otro tipo son las huelgas como del 8 de marzo por la mujer o del 15M por el clima. El significante huelga persiste pero el significado ha cambiado.

Una modalidad de huelga que tampoco es huelga sería un boicot activo, crítico y masivo a votar en las urnas como forma de vaciar al Estado y a la clase política del pedestal democrático a donde fue elevada. Vista la Fiscalía contra el Procés, quien vote el 28 de abril estará votando al Estado que con nuestro dinero financia esa Fiscalía que está por condenar a doce buenas personas buenas (de las que se puede discrepar) por seguir un mandato que (nos guste o no) salió de las mismas urnas de cristal que el día 28 nos pondrán por delante. La reacción ética no puede ser más sencilla: No con mi voto. No iré a votar. No porque me abstenga (como quien no tiene claro qué partido elegir), sino porque me declaro objetor de conciencia contra la democracia española. Colegios electorales vacíos ese día. ¿Se imaginan? Y no nos venga la izquierda electoral con que ganaría la derecha. La derecha incluye también Izquierda Unida o Podemos en tanto guardan y custodian el orden establecido con su unidad de España, con su obediencia al Rey y con su Fiscalía furiosa. No nos consta otra cosa.

□ Serie de entradas en [eLTeNDeDeRo] sobre este asunto:

ventajas de no ir a votar. 28/02/19

ventajas de no ir a votar. (2) 01/03/19

sobre el abstencionismo crítico. 02/03/19

vindicación de la igualdad. 07/03/19

la izquierda política. 10/03/19