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Coplas por la muerte de la democracia.

Recuerde el acta dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se acercan las urnas,
cómo se engaña a la gente
con escaños.

Cuán presto se va el votar,
cómo después de votado
da dolor,
cómo a nuestro parecer
cualquier Congreso o Senado
fue mejor.

Los discursos y las listas,
que nos dejan los mejores,
¿quién lo duda?
Candidatos, candidatas,
y en la tele portavoces
de tertulia.

Mas si vemos el programa
del partido, cómo es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
nos jodemos bien jodidos
cuatro años.

Las mejoras y promesas
que quisiera el pueblo llano
son la caña:
democracia y bienestar.
Con nosotros, los demócratas,
¡toda España!

No hablo de la patronal,
Casa Real y una Iglesia
de otro siglo.
Hablo de la Transición
que nos dejó sin la fuerza
que tuvimos.

Los Pactos de la Moncloa,
las fotitos con Borbón
en la Zarzuela,
¿fueron sino dejación
de principios y de normas
de la izquierda?

Señorías que, adquiridas,
igualaron las pancartas
“por el cambio”
con los carcas y los fachas,
se llamaran Popular o
Ciudadanos.

Pablo Iglesias fue a Podemos
lo que Santiago Carrillo
fue al Pce.
Podemos a Izquierda Unida,
lo que Felipe González:
yo, aquí el rey.

Nos pasa cuando creemos
que hay una izquierda y votamos
lo de unidos
por los derechos humanos,
eso que al gran capital
da lo mismo.

Cualquier día es el camino
para el giro hacia otra España
más social.
Más cumple ese socialismo
que creerse en democracia y
nada más.

promesas.

Con David Castejón

Aunque la izquierda se quiera identificar con las necesidades de la población, con los derechos humanos y el bienestar del Estado del Bienestar, el medio es el mensaje y toda política, cuando se sienta en Congreso o Senado, es toda ella de derechas. El más hermoso programa electoral queda en nada sin un plan de financiación que, por fuerza, molestaría a un sistema, el capitalismo, y a un poderoso grupo al que nadie quiere molestar, patronal y grandes fortunas. Así que usted desde su escaño puede prometer lo que quiera, la misma derecha promete, pero su promesa se queda en “por pedir, que no quede”. Usted puede prometer pero, si no aplica una fiscalidad inversa (una cotización en proporción exacta a lo que se gana), usted no tendrá dinero para defender o llevar a práctica el bienestar de su programa. Más aún: el capitalista, si le aplicaran la exacta y rigurosa fiscalidad proporcional inversa, se haría la gran pregunta ¿para qué emprender más si al final voy a ingresar lo mismo que quien cobra el salario social? (Caso verídico llevado a referéndum en Suiza hace un par de años.)

Llegado a este punto, usted cree en el capitalismo, que es el quiero y no puedo de la izquierda española, toda ella capitalista, Izquierda Unida o Podemos, dependiente de lo que autoricen Banco Europeo y FMI bajo la atenta mirada de la Otan y de Estados Unidos con bases en Rota, Morón y Gibraltar. Y es que la izquierda auténtica consiste en no pedir trabajo sino otra imaginación distinta, aunque no sepamos lo que es. La izquierda auténtica sabe que el trabajo productivo de bienes materiales (no el esfuerzo ni el artisteo en horas de ocio) es el motor de la riqueza y de la economía, mientras la derecha difunde la especie de que el capital crea la riqueza.

Y hablando de promesas. Quienes critican la presunta heterodoxia a la hora de tomar posesión de su escaño por parte de alguna señoría, ¿no han caído en la cuenta de que “juro o prometo” es directamente anticonstitucional? O “juro por Dios” o “prometo por mi honor”. Al Estado (electores y elegidos), solo el honor le interesa. Si usted cree en Dios o en la Biblia, cálleselo o estará usted vulnerando mi derecho 16.2 de la Constitución.

Queden ustedes con otra cara de la política, la de cercanías, municipal. Quizás ahí la política alcance el humanismo de que carecen Congreso y Senado y Parlamento Europeo.

–enlaces:

https://www.poratarfesi.com/

https://www.facebook.com/PorAtarfeSi/

/ a David Castejón /


Vox como creación, antítesis y paradoja.

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La antítesis es de una lógica elemental A/B: blanco/negro, noche/día. Es tan corto el amor y tan largo el olvido, Pablo Neruda. La paradoja construye un silogismo que arranca de una antítesis como premisas para llegar a una conclusión más elaborada: A/B porque o para C. Es el muero porque no muero, de Santa Teresa.

Desde el poder nos proponen antítesis facilitas, maniqueas. Como en caso de incendio/antiincendios con “la colaboración activa de la Unidad Militar de Emergencias”. El telediario nos está colando, como si fuese de protección civil, un oficio, el militar, cuyo instrumento son las armas y no las mangueras. Lo mismo, en patrulleras o guardacostas de la Armada “al rescate de personas en aguas del Estrecho”. ¡Qué gran misión humanitaria! Ocurre también con el eje terrorismo/antiterrorismo, que conduce al recorte de libertades con el visto bueno de una generación que ayer huía de los grises y hoy aplaude a la policía y sigue justificando la Razón de Estado y las cloacas del Estado. ¿Antítesis? ¡Paradojas nacionales!

Paradoja es que Estados Unidos siga repartiendo guerra en nombre de la democracia y de la paz (esta vez contra “la amenaza” de Irán o Venezuela, puede valer Corea) y que la izquierda consienta el Tratado de amistad y cooperación entre España y los Estados Unidos (1976), las bases Usa en España y que España no se defina como país neutral dentro de los No Alineados. La izquierda solo está para propagar el Estado del Bienestar, cuya antítesis sería Vox.

–¡Pero si Vox es resultado y expresión de tanta banderita de España en los balcones, como trajo la izquierda contra Cataluña, y de tanto franquismo intacto bendecido por la Constitución cuando Vox no existía!

–Elemental, querido Watson. ¡Esa es la paradoja!

Vox hace de izquierdas a una izquierda que nunca lo fue. Vox es, al bloque Psoe Izquierda Unida Podemos, lo que Eta a la Ley Mordaza; lo que las misiones humanitarias, a las fuerzas armadas; lo que Irán, a Trump, o Santa Teresa, a Dios o a la Inquisición. Paradojas para.

No hablen de Vox. Hablen de ustedes.

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¿de qué hablamos cuando hablamos de política de izquierdas?

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Considerando izquierda la opción que no se conforma y, por tanto, quiere cambiar el mundo, izquierdas hay dos: la de redistribución de la riqueza y la de reclamación de derechos humanos.

La izquierda del siglo 20, revolucionaria, luchó por la redistribución, y el día que caigan Cuba o Venezuela se habrá cerrado un ciclo que se inició en pleno siglo 19 (La Comuna de París, 1871).

La izquierda del 21, bienestarista, se limita a reclamar mediante mareas sociales derechos humanos, que el siglo 20 dejó por escrito, como si fuesen legalmente vinculantes y operativos o estuviesen dotados como gasto público. Es la simpleza de quien pide un piso porque la Constitución le da derecho a tener y a disfrutar una vivienda digna. Es la carta a los reyes magos del Estado del Bienestar, siempre bajo la aprobación de Banco Mundial y Banco Europeo a través de los marcadores económicos (irpf, deuda, pib, balanza de pagos), verdadera analítica de un paciente llamado capitalismo.

La izquierda de la redistribución de la riqueza, anticapitalista, persigue remover conciencias contrarias al estatus de las grandes fortunas. No llama a la puerta del Estado del Bienestar porque lo que parece gratis en sanidad, vivienda, educación o transporte, alguien lo paga. En contabilidad no hay milagros, solo entradas y salidas, debe y haber.

Quien esto ve y en esto cree, no cree en la política de nombres propios o culto a la personalidad de la democracia a lo occidental con sus campañas electorales tal cual acatan y plantean desde la derecha a Izquierda Unida Podemos. Son dos lenguajes que jamás se van a entender.

Respuesta de [eLTeNDeDeRo] a galateatontea por nuestro artículo A la catorce va la vencida. Ilustraciones gráficas de Rafa Iglesias, de TeVeo.

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incitación a la rebeldía.

Votar es aceptar

1º) la dinámica electores > elegidos (para luego hablar mal de la clase política) mientras

2º) cada vez más personas (el precariado) carecen de ciudadanía (a beneficio de cáritas y oenegés: la exclusión social nunca fue cuestión de Estado en España como sí lo han sido las pensiones o los malos tratos).

3º) Pedro Sánchez y Pablo Iglesias (y, a su través, Alberto Garzón; no toda la comunidad Izquierda Unida Podemos Psoe), transigen con el Juicio al Procés (antes, materia de movilización por las libertades).

Aunque usted no comparta el Juicio al Procés (a usted como demócrata de la libertad le aprieta por ahí algo el zapato) y aunque acepte (cínicamente) los puntos 1 y 2, quien vota izquierda vota por la funcionarización del voto amigo. A eso llamamos rehén, chantaje, extorsión, coacciones a clases medias y bajas. Cualquier voto, también a Izquierda Unida Podemos, acaba siendo un voto conservador (de lo que hay).

Buzón de [eLTeNDeDeRo]: «No puede haber más gobierno o administración que el de un partido de esos que llamamos de izquierda. Quien administra lo precario, la supervivencia de cada día, debe ser alguien que piensa y sienta desde la izquierda. Lo contrario es entrar en el desbordamiento, porque la ambición no tiene fin. Dejen a los capitalistas, tan salvados siempre de todo, que campen a sus anchas para dominar este y unos cuantos mundos más. Pero es de cajón que quien administra lo precario…»

En ese “dejar al capitalismo” está la clave diferencial entre la izquierda siglo 20, anticapitalista, y la izquierda siglo 21, mileurista, bienestarista, máster chef de todo y operación triunfo de sí misma.

Decir esto es también una forma de pasar de la noticia de aquí al domingo, a lo que ya es Historia. Si el germen de Podemos fue una llamada a la indignación (de Stéphane Hessel en 2010), está haciendo falta una incitación a la rebeldía que el voto en las urnas –y mientras Cataluña no vote su destino– aduerme y aliena, retrasa y confunde. Que la rebeldía empiece por no votar.

enlaces:

la edad y la rebeldía

teoría del diosmonio

la edad y la rebeldía.

Siguiendo el debate electoral duré hasta el tema de la vivienda. Ahí, Pablo Iglesias exigió que se cumpla la Constitución (esa es su perla; él, que quiso un día romper el candado del régimen del 78) donde dice: “todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada”. Yo, que, por mi edad y mi militancia, soy agua de un río que va a desembocar a Podemos, pensé: ¡qué vergüenza!, ¿ni una palabra sobre la distribución y tenencia de la propiedad de la tierra o del suelo? ¿Solo se va a entrar desde la ‘izquierda’ en el debate entre vivienda de alquiler o en propiedad? ¿No hay ocupas? ¿Nadie sin techo? ¿No hay latifundios de suelo urbano como los del campo de la marquesa? Apagué la tele y me fui a lo Quevedo: ¿No ha de haber una izquierda más valiente?

Dos ilustres, que admiro y quiero, evolucionaron, con la edad, hacia la rebeldía: Valle-Inclán y Antonio Machado. Cada uno se alejó y tomó partido lejos del conservadurismo que impregnó al final a su generación del 98. No es mi caso. Caso inverso. Yo, a mi feliz edad, no me he radicalizado en mis ideas: me he quedado más solo que la una. Fue el Pce quien se pasó a la monarquía (Pactos de la Moncloa, 1977) y fue Izquierda Unida (1986) quien abandonó el análisis marxista hasta diluirse en ese azucarillo propagandista de la Constitución que ha acabado siendo una Izquierda Unida Podemos gendarme del Estado del Bienestar (“lo que realmente importa a la gente”), enganchada al carro de la unidad de España y consintiendo un juicio al Procés que en otro tiempo no tan lejano, y por muy de derechas que sea lo del Procés, hubiera movilizado a toda la España roja o progresista.

Se entiende que no votaré y que mi fracaso sea que ninguna sigla reconocible, ninguna petición vía redes sociales rentabilice la abstención crítica: algo frente a tanta estulticia. Nada, nada, al otro lado del río.

Termino por Bécquer: ¡Dios mío, qué solos se quedan los nuestros!

¿de izquierdas o de la izquierda?

Izquierda Unida y Psoe son contrarios a la autonomía de Cataluña (consulten ‘autonomía’ en el diccionario y verán hasta qué punto). Podemos vino a este mundo queriendo no ser de izquierdas y, a fe, que lo está consiguiendo. (El medio es el mensaje: Podemos partido en el Congreso no tiene nada que ver con el movimiento Podemos cuando empezó en la calle.) Ante el tema catalán, Izquierda Unida y Psoe (partidos de tradición federal) dicen que están a favor del derecho a decidir pero que “decidamos todos”. Lo cual es pretexto de nunca acabar. ¿Han movilizado alguna vez a toda España para implantar el derecho a decidir? No, padre. ¿Le han convocado a usted o a mí, en Madrid o en Sevilla, para la cacareada reforma de la Constitución? No, madre. El trío acalla la conciencia con “lo que realmente importa a la gente”. Claro. A la gente lo que le importa no es un Proceso en prisión sino llegar a fin de mes bajo el triángulo de la felicidad: salud, dinero y amor. Aquí y en Pekín y en Cataluña.

En este modo de conducir la opinión pública y la democracia hay errores de bulto. Desde confundir los egoísmos de la noticia (personal, familiar, local, provincial, regional, nacional e internacional) hasta invocar legislaciones que siempre han ido por detrás de la Historia y así tenemos que la independencia de Portugal tuvo que haberla decidido ¡toda España! Huyendo de razones, la izquierda removió sentimentalidades como el no te vayas, papá, o el llanto ante un divorcio en la familia. Fueron las banderas en los balcones de ¡España!, ¡España!, como Selección Nacional. Ahora, una vez que la ultraderecha se sienta a la mesa, el trío de izquierdas y sus simples votantes (simples porque quieren primero acudir a sus necesidades más básicas) le sacan partido al partido más ultra para que votemos izquierda: ¡que viene el lobo!, ¡que se acaba el Bienestar!

Conclusión: Vox no es de izquierda pero sí de la izquierda, en tanto alimenta a Vox y se beneficia de Vox. Mientras parte, mucha o poca, de Cataluña esté presa y judicializada, la rebeldía o la ética del resto de España consiste –por solidaridad con Cataluña– en no ir a votar. El voto, por cierto, no es de izquierda ni es derechas; es de demócratas y hay que caer muy bajo para creerse el cuento de la democracia a cuyo frente figuran hoy la Otan y Donald Trump. Este par sí que ejerce, con el sí, boana, de España, su derecho a decidir. Pregunten por Venezuela.