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¿Qué hacer?

Antes del ¿qué? va el ¿quién? ¿Quién saldría ganando si el capitalismo se hunde? ¿Quién es el sujeto histórico, la clase o grupo social con interés objetivo en su demolición? En ¿Qué hacer? (1902), Lenin tenía claro que el quién sujeto sería el proletariado, algo que en este siglo 21 ya no es. El capitalismo está tan arraigado en el corazón y en la cabeza de la clase obrera (hombre o mujer que percibe igualdad, libertad, fraternidad, democracia, trabajo digno o precio justo como fruto de conquistas de los derechos humanos), que toda lucha ‘anticapitalista’ sería, además, ‘antiobrerista’ y estaría abocada al fracaso, ha fracasado ya. El marxismo leninismo se ha convertido en la viva imagen (muerta, en realidad) de lo que estaba criticando, algo así como el movimiento por la república, bandera tricolor, sigue siendo una forma de regresar, se quiera o no, al 14 de abril de 1931, con lo lejos que queda. Urge aceptar que el capitalismo es invencible por anticapitalistas: al capitalismo lo matará la competencia, el choque violento, de un capitalismo contra otro.

¿Qué hacer, entonces? Coger del capitalismo sus lemas, sus promesas y esperanzas y apurarlas con sus mismas armas, esto es, igualdad y libertad, no, como ahora, que la igualdad no existe y que la libertad (algo que se compra con dinero) no es más que una palabra que nadie ha visto ni disfrutado por mucho que digan las canciones, la literatura, el arte, la política, las religiones o las declaraciones de amor. Ese es el reto. Despejar de nuestra mente consignas que traen historias, tradiciones o culturas que remontan, más allá del feudalismo, al circo de los esclavos. La igualidad (suma de libertad más igualdad) no admite, para empezar, la Onu de hoy en día ni admite un mendigo que nos pida limosna por la calle; tampoco el músico que se las da de bohemio. La igualidad (suma de libertad más igualdad) no dudaría ante la cuestión catalana: Cataluña será lo que quiera ser. Sean independentistas o dejen que Cataluña lo sea. La igualidad (suma de libertad más igualdad) no admite clase política ni la vigente democracia basada en una desigualdad de origen, entre electores y elegidos. No sean demócratas. La igualidad (suma de libertad más igualdad) no admitiría que usted toque el violín en exclusiva mientras otros tocan, también de por vida, ladrillos o bombonas de butano. La igualidad (suma de libertad más igualdad) no tolera títulos nobiliarios ni monarquías ni religiones en los espacios públicos. La igualidad (suma de libertad más igualdad) nos prohibiría fórmulas consoladoras como lo bueno que yo soy o mi contribución a tal o cual misión humanitaria u oenegé. La igualidad (suma de libertad más igualdad) nos haría votar en red continuamente (poder igualatorio del megusta y del change.org), no cada cuatro años y en urnas preparadas por la clase política. ¿Es igualidad la diferencia faldas pantalones? La respuesta es no. ¿Es igualidad el velo islámico? ¿Hay igualidad entre personas solas o personas en pareja o en familia? ¿Hay igualidad entre creyentes y laicos, no digamos entre ricos y pobres? La respuesta sigue siendo: por aquí que te vi. Solo reconocerlo (predicarlo, si se puede, en nuestro pequeño círculo) sería un gran avance.

En el plan de choque contra las contradicciones del capitalismo, ocupa un primer lugar su aliado el Estado del Bienestar. El Estado del Bienestar, que parece un derecho adquirido, fue en verdad una concesión de capitalismos coloniales que, bajo la complicidad de partidos y sindicatos socialdemócratas, reservaron lo mejor de la cadena productiva a sus clases obreras nacionales, de buenas a primeras cubiertas en sanidad, educación, vivienda, transporte, etcétera, con una trampa: todo ello con cargo a las plusvalías por materias primas y fuerza de trabajo que estas naciones con sus partidos de izquierda extraían de sus colonias en el segundo y tercer mundo. Suecia, Noruega, Dinamarca, Holanda, Alemania, Francia o Reino Unido se nos pusieron de modelo y en los libros de texto y en el programa del Psoe. ¡Porca falacia! Desde que el mundo es global (y lo es gracias a internet), desde que los países en desarrollo no se dejan esquilmar así como así, y en Estados como el español, cuyas plusvalías exteriores por balanza de pagos no alcanzan el nivel de esos países, el Estado del Bienestar o se sostiene por rentas altas derivadas hacia las bajas o las personas no tan ricas estamos financiando (a través de impuestos y Declaración de Hacienda) vidas ajenas que nadie nos ha consultado: el militar, el síndrome down, el ama de casa, quien se irá de Erasmus a ejercer el violín o el máster chef, la enseñanza concertada o la familia numerosa, todo eso, lo estamos pagando usted y yo porque no hay derechos sin deberes y porque no hay voluntad de atacar a las rentas más altas (la fiscalidad cien por cien progresiva es pura entelequia pues todos querrían vivir más cómodamente sin trabajar y cobrando del salario social).

Ante el telediario de las mareas y las pancartas cargadas de derechos, la impasibilidad ante la miseria o la aparente insolidaridad adquiere, de pronto, un valor progresista. ¿Es mi deber su derecho, mendigo o refugiado o mujer que quiere ser madre? En absoluto: usted, mendigo o refugiado o madre, tiene la obligación de no parecer el paspartú de la foto que me tienen puesta para que yo no vea lo que no quieren ver: el puto amo capitalista. La ayuda humanitaria y el Estado del Bienestar son el nuevo opio del pueblo. Sean fuertes, sean libres y, sobre todo, piensen como iguales, no a sus iguales de clase acomodada, sino a quien vive en la selva, en la jaima, en la choza, en el iglú o en la patera; independientes, o sea, al margen de Izquierda Unida o de Podemos y de la oenegé que los parió. Si no podemos espabilar a este mundo, al menos que el mundo no nos atonte a nosotros.

causas humanitarias.

CAUSAS HUMANITARIAS

Desde el Banco de alimentos a Ningún niño sin juguete,
a Save the Children, Médicos sin Fronteras, Cruz Roja
y hasta Amnistía Internacional contra los niños soldados,
las armas químicas o las minas antipersona,
desconfiad de quienes abordan por partes, parciales,
las grandes asignaturas pendientes de este mundo
porque al final apuntalan y hacen suyo
el actual reparto de la riqueza y de la miseria,
la confusión, la guerra, el hambre y el dolor,
un mundo injusto comme il faut.

*

La Guerra de los Hashtags.

[1] No era tan malo el bloque soviético. Con sus limitaciones, supuso un contrapeso a la mercancía única que nos vendían desde el Pentágono. De octubre del 17 a noviembre del 89, que cayó el Muro, echen la cuenta: 72 años tuvo la experiencia hacia el socialismo y eso es muy poco para construir una sociedad nueva si, encima, tienes que dedicar la mitad del esfuerzo económico a una carrera armamentística que no da de comer al pueblo. A esos 72 años, échenles 6 (del 39 al 45) enfrascados en una Guerra entre potencias capitalistas que dejó chica a la Gran Guerra. Y todo para acabar Occidente sacando pecho y dictándonos lecciones de progreso y democracia. Con esa inercia, al amiguito yanqui no se le ocurrió otra que inyectar religión a la región árabe. Fueron la Guerra del Golfo (1990/91), las Torres Gemelas (2001) y la Guerra de Irak (2003/2011), más la Guerra de los Balcanes (1991/2001) hasta desguazar la antigua Yugoslavia en nombre de la Onu y de la Otan con sus flamantes “misiones de paz”. Ya tenemos el universo islámico en modo yihadista, se dice pronto. Ese es el amiguito que tiene sus bases en Rota y Morón, ese es el socio distinguido y el modelo a imitar. Saliros del cuadro y lo veréis más claro.

Saliros también de la reacción Podemos que no ha reaccionado a nada. Saliros de la dialéctica del pedid y se os dará. Esa es la trampa. ¿Quiénes son o somos el Estado del Bienestar? ¿Qué se paga con nuestros impuestos y Declaración de Hacienda? ¿Qué poder de decisión tenemos para no costear la fiesta religiosa y la criatura down que se incorporó a la Sanidad Pública porque su entorno era contrario al aborto? Y echad en falta una clase obrera que fue el antídoto (como lo fue la Urss en política internacional) frente al liberalismo feroz que nos condujo a la crisis. ¿Qué queda de clase obrera en Construcciones Aeronáuticas o Navantia, con esos Airbus Military y esas fragatas que van a dar al matar para combatir el paro? O elegid un ismo, un movimiento, o un grupo social objetivamente interesado en ser sujeto protagonista de un cambio del modelo social. ¿Oenegés?, ¿estudiantes?, ¿profesionales?, ¿pensionistas?, ¿parados?, ¿las mareas?, ¿el feminismo?, ¿la cultura?, ¿la enseñanza?, ¿el arte?, ¿la ecología?, ¿la emigración?, ¿comunidades o minorías?, ¿pensamientos mayoritarios?

No solo el capitalismo vive de la explotación. No solo el Rey vive de que se crean su monarquía. No solo la Iglesia vive de que Dios existe. También la clase política vive de la división entre electores y elegidos, contra la que nos tendríamos que rebelar urgentemente. También quienes viven del arte, la cultura o la ciencia viven de hacernos receptores, espectadores o consumidores que pasen por caja o por taquilla, que compren sus patentes, sus libros o sus conocimientos. Salvar esas barreras, esas divisiones, sería un gran avance. La clave está en vencer la sumisión de hombres y mujeres al Estado del Bienestar:

–Que el obrero deje de pedir trabajo a explotadores particulares y explore el cooperativismo y nacionalizaciones de empresas estratégicas.

–Que las mujeres se planteen a sí mismas como un resultado del machismo histórico, que les puso tacones, cosméticas y escotes, y renuncien voluntariamente a esa estética.

–Que se privatice la familia y que la familia deje de ser fuente de ingresos con sus gananciales, subsidios y pensiones a cargo del Estado.

–Que internet se convierta en Internet de las Ideas y que tomemos la Red como antes se tomó La Bastilla o el Palacio de Invierno.

Cuando no hay nadie al otro lado del enemigo, o frente al enemigo, lo que queda es subirse al carro del enemigo y destruirlo por dentro y con sus mismas armas, ser su troyano. Para empezar, ir a favor y más allá del liberalismo (entendido como libertad de empresa) hasta convertirlo en liberalismo universal: fuera las fronteras, los aranceles, las aduanas, los paraísos fiscales, los pasaportes y, en lo privado, tiremos de ese hilo, a ver a dónde podríamos llegar.

Para seguir, ir a favor y más allá de la democracia de un voto cada cuatro años, hacia la democracia económica, política y social entre personas realmente iguales. Eso no se consigue fácil pero en nuestra mano está combatir las fuentes de la desigualdad: la desigualdad de nacimiento, la desigualdad de formación y la desigualdad de empleo. (Las desigualdades de raza y sexo son intocables, pero tampoco nos vengan con el tapado de las mujeres en nombre de la dichosa diversidad.)

–La desigualdad de nacimiento se combate erradicando la pobreza con su corte de mendicidad y caridad (y oenegés) y controlando la natalidad.

–La desigualdad de formación y empleo se combate anulando la división entre FP y bachillerato mediante una enseñanza única y la abolición de la universidad como fábrica de privilegios, más el reconocimiento de todo currículo como al servicio de la economía y no, como ahora, al servicio de vocaciones individuales.

Diríamos que, en vez de al reparto de la riqueza como han hecho las revoluciones clásicas, habría que ir al reparto del ocio, del tiempo libre, entre las clases trabajadoras. En lugar de artistas frente a consumidores del arte, todos ganarían el pan con el sudor de su frente produciendo bienes necesarios (y no son necesarias las bellas artes, por duro que suene a los oídos). Gracias a la robótica, tocaríamos a muy poco sudor por persona y día, y, el resto del tiempo, a disfrutar de las bellas artes. Eso implica reconocer que formamos parte de un mundo que vive bien a costa de quienes viven mal. Mientras el occidental no reconozca que algo hemos de perder para que los demás mejoren, no habremos adelantado nada.

Haced campaña contra la moda que más se lleva: la emulación. Etiquetas (almohadillas o hashtags): #yo no me tatúo, #yo no voto, #yo no voy a bodas, #yo no bautizo o #yo no me depilo. La emulación es puerta a un mundo donde la buena gente y sin recursos se mete o la meten: casarse, irse a vivir independiente, tener uno o dos hijos, mantener el sueldo y el empleo, cotizar para una jubilación, etcétera, y, lo más emulativo, grabar en la prole los comportamientos que se han heredado, de manera que el ciclo vuelva a comenzar. Es la emulación: deseo de imitar y superar las acciones ajenas. No basta imitar sino ser el número uno en una carrera para la que hacen falta recursos económicos y no digamos mentales. Así, tenemos a la juventud atrapada en un currículo vital (paralelo al currículo laboral) que consiste en hacer mejor que nadie lo que hacen todos: bodas, bautizos, comuniones, cumpleaños, seguir la moda o estar a la última en pasear al perro, en la bici por el carril bici, en ser ecologista, feminista, de la dieta mediterránea y contra el cambio climático: ser, en definitiva, igual y desigual, porque la igualdad total “sería muy aburrida”, dice quien se crio en el individualismo y aborrece el comunismo. Y, como la emulación es cara en euros, la juventud no tarda en endeudarse, y ya está pillada.

De ahí, la importancia de extender entre quien quiera oírnos no el lenguaje de una revolución que nunca se hará, ni el sálvese quien pueda, ni el ser uno mismo. La salida ha de ser colectiva. Toda biografía, también la mía, es contradictoria, un apaño entre la realidad y el deseo, entre el quiero y no puedo donde también se cuela la emulación.

Hay que vaciar las emulaciones (grupos whatsapp y redes sociales se pintan solas) y proponer, a quien nos haga caso, el vaciamiento de las consignas con que la juventud está machacada por la democracia del Bienestar que hace creer que todos somos iguales, que quien se esfuerza llega o que existe la igualdad de oportunidades con pedir y se os dará. El reto está en vivir una vida autónoma sin nadie que nos financie ni subvencione. Hay que extender la conciencia de “la vida que tengas, págatela”, con consecuencias que pueden herir sensibilidades pero que son imbatibles:

–Exigir a cada mujer que quiera ser madre (sola o en sociedad con su pareja) el depósito ante notario de la cantidad en euros que vale poner una persona en marcha como se pone una empresa o como se aborda una hipoteca.

–Combatir el círculo vicioso del trabajo, cuando una política de nacionalizaciones y socializaciones podría hacer de cada trabajador un funcionario y de cada empresa una empresa del Estado.

Llegaríamos al socialismo de la mano de millones y millones de voluntades unidas a las que la clase política no podría negarse. Podríamos empezar por las etiquetas, hashtags o almohadillas, que aglutinan comunidades de usuarios que comparten, comunican o discuten. Ese es el ágora y el foro contemporáneo donde ejercer la filosofía que, al menos, lo intente y no justifique lo que hay. Etiquetas: #NO a esto, #SÍ a aquello. Veréis cómo la gente se apunta hasta ser tendencia, emulación al fin y al cabo.

[1] [eLTeNDeDeRo] es consciente de que hashtag, un barbarismo más, va contra el idioma. Ocurre que los Hashtags, que suena a nombre propio, da un título más peliculero que el que hubiera dado la Guerra de las etiquetas o la Guerra de las almohadillas. Se admiten bromas.


 

contra la emulación.

Decía [eLTeNDeDeRo] como Jesucristo a sus discípulos: «Haced campaña contra la moda que más se lleva: la emulación.» Y proponía etiquetas (o hashtags) que, a título de ejemplo, podrían circular por redes sociales: #yo no me tatúo, #yo no voto, #yo no voy a bodas, #yo no bautizo o #yo no me depilo.

La emulación es puerta a un mundo donde la buena gente y sin recursos se mete o la meten: emanciparse cuando se forma pareja, casarse, irse a vivir independiente, tener uno o dos hijos, mantener el sueldo y el empleo, cotizar para una jubilación, etcétera, y, lo más emulativo, grabar en la prole los comportamientos que se han heredado, de manera que el ciclo vuelva a comenzar, ya hecho tópico, durante generaciones y generaciones. Es la emulación: deseo de imitar y superar las acciones ajenas. Ese punto de superación es importante porque no basta imitar sino ser el número uno en una carrera para la que hacen falta recursos económicos y no digamos mentales. Claro que la emulación anula, en quien la persigue, los recursos mentales si es que se tuvieron un día. Así, tenemos a la juventud atrapada en un currículo vital (paralelo al currículo laboral) que consiste en hacer mejor que nadie puras rutinas sociales: bodas, bautizos, comuniones, cumpleaños, mantener amistades, seguir la moda o estar a la última en pasear al perro, montar en bici, ser ecologista, feminista, de la dieta mediterránea y contra el cambio climático: ser, en definitiva, igual y desigual, porque la igualdad total “sería muy aburrida”, dice quien se crio en el individualismo y aborrece el comunismo, ¡eso jamás! Y como la vida social vale una pasta, la juventud no tarda en endeudarse. La deuda actúa sobre la víctima como la deuda de los países pobres respecto al FMI. Nunca se sale.

De ahí, la importancia de extender entre quien quiera oírnos no el lenguaje de una revolución que nunca se hará (lenguaje lastrado de arcaísmos marxistas leninistas) ni el lenguaje del sálvese quien pueda (ruinmente capitalista) ni el búscate a ti mismo (búsqueda normal a una edad, pero antes o después mística o imposible: no había nada que encontrar). La salida ha de ser colectiva, predicar hay que predicar, aunque sea en el desierto y, eso sí, no predicar con el ejemplo: toda biografía, también la mía, es contradictoria, un apaño entre la realidad y el deseo, entre el quiero y no puedo.

Hay que vaciar las emulaciones (grupos whatsapp y redes sociales se pintan solas) y proponer, a quien nos haga caso, el vaciamiento de las consignas con que la juventud está machacada por la democracia del Estado del Bienestar que hace creer que “todos somos iguales”, que “quien se esfuerza llega” o que existe la “igualdad de oportunidades” con pedir y se os dará. Pedir es fácil, facilísimo. Al amo le encanta que le pidan porque, mientras da, se fortalece, se hace más amo. Lo difícil es vivir una vida autónoma sin nadie que nos la financie ni subvencione. Al final, se trata de asumir responsabilidad quienes quieren que les den todo hecho: familia, casa, educación, sanidad. Por eso el lema “la vida que tengas, págatela”, con consecuencias que pueden herir pero que son necesarias, como exigirle a cada mujer que quiera ser madre (sola o en sociedad con su pareja) el depósito ante notario de la cantidad en euros que vale poner una persona en marcha como se pone una empresa o como se aborda una hipoteca. Por eso el combatir el círculo vicioso del trabajo, cuando una política de nacionalizaciones y socializaciones podría hacer de cada trabajador un funcionario y de cada empresa una empresa del Estado. Llegaríamos al socialismo, sí, no de la mano (o puño cerrado) de una clase obrera que ya no lucha, sino por millones y millones de voluntades unidas a las que la actual clase política no podría negarse. Podríamos empezar por los hashtags (lo que hoy son chorradas que se hacen virales) y hacer virales nuevos valores, un modo de vivir y de pensar libres de las emulaciones que tienen a la mayoría pillada por los huevarios. A quien le parezca esta una iniciativa utópica o irrealizable, más irrealizable será si no lo pensamos siquiera alguna vez.


 

cómo hacer la revolución.

Si no puedes con él, únete a él, dice la sabiduría. Que vivimos en una sociedad de clases no se puede negar, pero la lucha de clases se demuestra luchando y es ingenuo apelar a la clase obrera o clase trabajadora o al marxismo que las parió. Desde que se acogió al Estado del Bienestar, la clase obrera adormeció la lucha de clases y lo peor es que no ha sido sustituida por ninguna otra clase o grupo emergente que pueda cambiar el rumbo de la Historia.

Cuando no hay nadie al otro lado del enemigo, o frente al enemigo, lo que queda es subirse al carro del enemigo, en este caso: buscar las contradicciones del capitalismo (ser su troyano), ser más capitalistas que el capitalismo y apurar de él sus propagandas pensando siempre hacia la Aldea Global. Por ejemplo, ir a favor y más allá del liberalismo (por el capitalismo entendido como libertad de empresa) hasta convertirlo en libertad total y universal: fuera las fronteras, los aranceles, las aduanas, los paraísos fiscales, los pasaportes; fuera los ejércitos y las guerras y que cada quien se drogue con lo que quiera drogarse. La seguridad se convertiría en labores de policía y protección civil que podrían desarrollar los propios barrios y pueblos: nos libraríamos del gendarme que tenemos encima.

Por otro ejemplo, ir a favor de derechos reconocidos sobre el papel y más allá de la democracia de “un hombre, un voto” o “la igualdad ante la ley” con su división entre electores y elegidos que van a dar a una clase política. Ir a una democracia política, social y económica entre personas realmente iguales. Esto no se consigue fácil y se programaría combatiendo las tres fuentes de la desigualdad que son la desigualdad de nacimiento, la desigualdad de formación y la desigualdad de empleo. (Las desigualdades de raza y sexo no las podemos ni debemos combatir.)

La desigualdad de nacimiento se combate, en parte, renunciando los pobres a procrear (hijos que no han de cuidar a sus parientes mayores ni han de ayudar como prole). La desigualdad de formación y empleo se combate anulando la división trabajo manual / trabajo intelectual (bachillerato / formación profesional) implantando una enseñanza única y la abolición de la universidad (fábrica de privilegios), más el reconocimiento de todo currículo como algo puesto al servicio de la economía y no como ahora, que está al servicio de sucesivas vocaciones individuales.

Diríamos que, en vez de al reparto de la riqueza como han hecho las revoluciones clásicas, habría que ir al reparto del ocio, del tiempo libre, para tocar el balón, el violín, el libro, la nariz, el coño o las pelotas, según cada quien y sin que nadie nos predique (ya las sabemos) las bondades del arte y la cultura. Esos grupos artísticos y culturales acaparan la buena vida y son parte del sistema aunque presuman de anticapitalistas. En lugar de artistas frente a consumidores del arte, todos ganarían el pan con el sudor de su frente produciendo bienes necesarios (y no son necesarias las bellas artes, por duro que suene a los oídos diletantes). Gracias a la robótica, tocaríamos a muy poco sudor y a mucho hacer lo que me dé la gana por persona y día.

Pedid esto y más, pero no al Estado del Bienestar (fetiche que nadie sabe quién paga ni de dónde salen sus dineros) sino al Pensamiento, con mayúsculas, en foros de opinión y de presión (redes sociales) reconociendo que formáis parte de un mundo que vive bien a costa de quienes viven mal. Mientras el occidental no reconozca que algo tenemos que perder para que los demás ganen, no habremos adelantado absolutamente nada. Mucha protesta y mucha rebeldía de juventud apesta a niños bien que no quieren, siquiera una sola vez y por toca, apretar un tonillo, jóvenes progresistas que apestan a señorito. Preferible el cinismo o el escepticismo crítico que conduce a un irremediable aislamiento de la vida social de carro bebé, perrito y bicicleta que vemos desde Sevilla a Triana, desde Pekín a Nueva York. Salid de ese círculo. Imaginar no cuesta nada. Haceos anuncio publicitario contra la moda que más se lleva: la emulación, el hacer algo porque lo hacen los demás. Etiquetas (o hashtags): #yo_tampoco_pienso_tatuarme, #yo_tampoco_voto, #no_voy_a_bodas o #yo_tampoco_bautizo, #yo_no_me_depilo. Veréis cómo alguien se apunta.


 

el optimismo del pesimista.

retrete como bola de cristal

“Buscaos bien, hay más” es un final de Pedro Salinas a uno de sus poemas en La voz a ti debida (1933). Buscaos bien, dije a mis jóvenes amigos en la edad de las preguntas. No solo el capitalismo vive de la explotación del hombre por el hombre. No solo el Rey vive de que se crean su monarquía. No solo la Iglesia vive de que existe Dios y, ella, su representante. También la clase política vive de la división entre electores y elegidos. No votéis más que como voto útil a algo a corto plazo. No seáis demócratas de estos que dicen que vivimos en democracia. Y un huevo. También quienes viven del arte, la cultura, la ciencia o la enseñanza viven de hacernos receptores, espectadores o consumidores que pasen por caja o por taquilla, que compren sus patentes o sus conocimientos. Hasta la noble medicina vive, si lo pensáis, de la enfermedad. Salvar esas barreras, esas divisiones, sería un gran avance. La clave está en vencer la sumisión de hombres y mujeres que rinden pleitesía a lo establecido, empezando por la farsa del Estado del Bienestar. Que el obrero deje de pedir trabajo (igual a explotación) y explore otras formas de salir en pantalla y de escribir su pancarta, por ejemplo, el cooperativismo. Que las mujeres no se conformen con igualarse a los varones, sino se planteen a sí mismas como un resultado estético implantado por el machismo histórico, que les puso tacones, cosméticas y escotes, y renuncien a la familia como unidad económica y fuente de ingresos con sus gananciales, subsidios y pensiones. Que el viejo profesorado se abra a las nuevas tecnologías de información y comunicación en el aula, o a que no haya aulas y, si no, se vaya a casa. Que internet, convertida en internet de las ideas, sea la red que difunda verdades como puños, lo que antes fueron iconos de la revolución. Que millones le den a un megusta universal hasta acabar con lo que no nos gusta: el cuento de quienes nos tienen sometidos al cuento de sus cuentos. Que tomemos internet como antes se tomó La Bastilla o el Palacio de Invierno. Solo que sin sangre, sin armas, sin violencia. Dadle a ese botón que cambiará el mundo por otro a la altura de la razón, de la justicia y de la vida. Pensadlo todo a la medida de la humanidad entera, incluso la que no veis porque no sale en los telediarios ni en los libros de texto. Desconfiad de la bondad de los libros solo porque son libros. La humanidad no será libre mientras una sola persona no lo sea. Sed generosos. No deis limosna. No esperéis nada de una oenegé. Desconfiad de líderes y del culto a la personalidad. Buscaos bien, hay más.


Cataluña y el Pisuerga.

Diada de Cataluña

Disculpen la obviedad. La Historia y todas las patrias se asientan en la propiedad de la tierra. La suma de las lindes de los campos pasó a ser la linde de un Estado frente a otro Estado, cada uno con su frontera, su aduana y su milicia. Que el modo de producción fuese esclavista, feudal o capitalista, no modificaba el resultado: el Estado como administrador de fincas que unos pocos propietarios explotaban a la vez que explotaban a sus esclavos, siervos o trabajadores. Industria, servicios, comunicaciones, bolsa de valores, la revolución científico técnica y la era informática o del conocimiento, más la globalización, pudieron darle distinto aire a lo nacional y a lo internacional, con nuevas fronteras ya no territoriales sino comerciales o financieras, pero el territorio (el cortijito de “esto es mío”) seguía y sigue configurando naciones y mentalidades de sus poblantes, autóctonos o emigrantes. Por algo, la revolución alzó una casa común: la Internacional.

Quienes, obligados a ser demócratas y progresistas, se quedan en los peroesques de si el derecho de autodeterminación es así o es asao, que si la deuda histórica de Cataluña, que si los odiosos Pujol…, no pasan de la epidermis del problema. Las fronteras son el problema. El otro es la pervivencia de las clases sociales y de la lucha de clases. Pero ese no es el partido que se juega ni en Cataluña ni en España. Al partido, pues.

Una mente libre y no propietaria, apátrida o anti fronteriza, anti capitalista o asentada en su individualismo, podría y debería aprovechar que Cataluña pasa por España (no por su mente y sus ideas de usted, entendámonos: como el Pisuerga pasa por Valladolid) para apoyar la abolición de toda España, es decir, para deconstruir (se dice ahora) el Estado de España, monarquía o república, federación o entes autonómicos. Verían que no pasa absolutamente nada. De paso, también podrían ensayar a imaginarse como no demócratas de la actual democracia. De buena nos habríamos librado, empezando por la actual clase política con su vergonzosa izquierda. Lo a gustito que irían al váter.


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