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adjetivos descalificativos.

El recurso no es nuevo. Para hacerme valer, lo más fácil es desacreditar a mi contrario. En política, gran reclamo de la izquierda ha sido el miedo a la derecha, miedo que la derecha abandera aún mucho más. Y es increíble la cantidad de estigmas o anatemas con que partidos intentan ganarse el voto mediante adjetivos descalificativos.

El gran descalificativo de la serie democrática fue terrorista. En terrorismo de Eta (hubo Grapo, Frap y Gal) se mezclaron violencias que no tenían nada que ver: el ajuste de cuentas (Melitón Manzanas, torturador asesinado por Eta en 1968), el magnicidio (Carrero Blanco, 1973), el chantaje al Estado (secuestro de Miguel Ángel Blanco a cambio del acercamiento de presos al País Vasco, 1997), la extorsión a personas por rescate en dinero (Julio Iglesias Puga, Papuchi, secuestrado a final de 1981), hasta la muerte por grupos de riesgo (víctimas del atentado contra la casa cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza, 1987) o la muerte a discreción (atentado contra Hipercor, Barcelona, 1987). Tanto se generalizó, que, cuando los atentados del Metro de Atocha (11 de marzo 2004) y por ocultar la responsabilidad del presidente Aznar en las 193 muertes y casi dos mil heridas, todo el empeño del Estado, y del Gobierno que lo manejaba, consistió en culpar a Eta, es decir, al viejo antiterrorismo tantos años cuidado y acariciado como vivero de votos para la derecha.

Menos mal que la campaña No a la guerra fue suficiente para echar al PP, y el Psoe –sin acusar a Aznar por su intromisión en la Guerra del Golfo– reconoció que en terrorismo había que incluir el yihadismo, que es el que, desactivada Eta, continúa siendo amenaza. Sin embargo, no conviene indisponer a la comunidad musulmana. El terrorismo islámico es excepción dentro de una plácida alianza de culturas y civilizaciones, mientras el terrorismo de Eta se extiende y abarca a pacíficas generaciones vascas limpias de sangre que nunca logran redimirse por una España que cree que bildu o geroa bai son tacos que nos ofenden (como me cago en tus muertos) propios de un tipo al que nos está permitido linchar, quemar o apedrear: ese Puigdemont en el Carnaval de Cádiz o en los Judas de Coripe. A terroristas e independentistas han venido a sumarse descalificativos como golpistas, soberanistas, que quieren romper España, populistas, extrema izquierda (dicho sea de IU Podemos), incluso podemitas: una España más excluyente y más sucia que nunca a base de “líneas rojas” o “cordones sanitarios”.

–Mira que os tengo dicho -avisaba el otro- el boicot a las elecciones y que no votéis a ningún partido de la actual política (sin clase ni clases sociales). Pues nada. Id otra vez a votar en nombre de ¡Que viene la derecha!

Hay que joderse.


 

la leyenda negra.

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Círculos literarios andan mareando la leyenda negra. Esa leyenda fue autocrítica en fray Bartolomé de las Casas (1552) pero fue propaganda escrita desde fuera por países que tampoco han devuelto nada a sus antiguas colonias y ni siquiera han pedido perdón (contextualizable en la Historia) por el destrozo y la rapiña, sistemáticamente disfrazados de ‘progreso’. Véase la desoída petición del presidente de México, de la que se han reído casi todos, o véase lo que los telediarios nacionales hacen vistiendo de negro todo lo que llega de Cataluña, Cuba, Venezuela, Irán, Rusia, China, Corea del Norte o Taiwán. España, al servicio de la voz de su amo.

(Perdón por la obviedad. La leyenda negra se escribió mientras el Imperio español era el amo. Después vinieron otros. El colonialismo español había seguido un guion feudal y católico y el colonialismo protestante fue ya capitalista: a uno y otro importaron poco los derechos humanos. La historia iba a favor protestante y desde Francia, Inglaterra y Provincias Unidas de los Países Bajos (Estados en cuyas lenguas se escribió la leyenda negra), el imperialismo pasó a los Estados Unidos, que hoy ejerce. Ese es el tema, y perdón otra vez.)

Es hora de que la España crítica escriba la leyenda negra de los Estados Unidos, leyenda que hoy se escribe con eñe de Tratado de amistad y cooperación entre España y los Estados Unidos (1976) y que es literal y no literaria: bases Usa, Otan, misiones de paz mandatadas por la Onu, imposiciones fiscales, industriales y comerciales.

¿Entender el pasado para saber lo que somos?

No, padre: entender lo que somos para saber qué seremos.

En portada, foto cartel de una corrida magallánica, término adoptado en Sanlúcar de Barrameda con motivo del Quinto Centenario de la Vuelta al Mundo de Magallanes‑Elcano (1519-1522 / 2019-2022).


lo que le faltaba a Podemos.

Aplicando la teoría o método de los quince años que van de generación en generación, para 2020 sería el turno de la Generación de la Crisis. De 1975 (muerte de Franco) hasta 2020 (45 años) caben tres generaciones. Cada una ha tenido su acontecimiento generacional, un sueño y una oportunidad.

El sueño de la Generación por el cambio (1975-89, Caída del Muro de Berlín) (“por el cambio” fue el lema del Psoe de Felipe González en 1982, también Generación Pce), generación ya cumplida en sus 60 años, fue una España federal y republicana sobre una democracia avanzada. Después vino la Generación Berlín (1989-2005), que va a cumplir 50 y cuyo sueño fue un mundo plano y sin bloques, de oenegés sin fronteras en el marco de un Estado del Bienestar creíble a condición de que se lo dieran a estudiantes que no querían saber del suburbio más que como causa humanitaria. El sueño de aquel mundo plano duró bien poco: hasta el 11 de septiembre de 2001 (Torres Gemelas), imagen de un mundo que se venía abajo, en picado tras la crisis del 2007. Ante semejante sacudida de conciencia, cuajó el tercer y último sueño de tres culturas o civilizaciones donde íbamos a caber todos, residentes, migrantes y refugiados. Fue la Generación Podemos (2005-20) que hoy calza 35 años y lleva 17 con derecho a voto.

El movimiento Podemos nació bajo el Yes, we can, Sí se puede, de Barack Obama (2008). La generación del Sí se puede había ido calentando motores agitando el mileurismo (2005), saludó el ¡Indignaos! de Hessel y Sampedro (2010) y la ¡Democracia real, ya! que querían recuperar los valores de Occidente (algo parecido al Pablo Iglesias que hemos visto con la Constitución como libro de campaña electoral). En apenas tres años, Podemos pasó de acampar en la Puerta del Sol el 15 de mayo de 2011 (el 15-M) a constituirse en partido en enero de 2014. El sueño de Podemos no fue sueño sino espejismo de mileuristas que despreciaban a seiscientistas y quinientistas al amparo de los valores de la vieja Europa y con lo fácil que es pedir y pedir al Estado del Bienestar sin cuestionar ni quién paga la factura ni el capitalismo ni la Otan.

Ayer Ada Colau, en nombre del 71 por ciento de sus votantes, escenificó el último grano que le ha salido en el culo a Podemos, la última china en el zapato, que era el derecho a decidir, no de Cataluña, de toda España. Hijo pródigo que ha vuelto a la casa del padre: Podemos, partido constitucionalista y por la unidad de España.

Se ve que la “solución federal” y lo que “de verdad importa a la gente” no eran más que tapadera para poner el cojín a escaños y alcaldías. Y no nos vengan con Kichi y con que siempre nos quedará Cádiz. Un señor que gana votos a base de la Virgen del Carmen o del Rosario y de Navantia, fábrica de guerra, no tiene nada, no ya de izquierdas, de dignidad ni de nobleza, le cante lo que le cante Joaquín Sabina en su soneto. Idéntica canción podrán hacerle a la alcaldesa de Barcelona. ¡Adiós, Podemos! Vendrá otra generación y te hará más buena.


 

la izquierda, fin de época.

En [eLTeNDeDeRo] Daniel Lebrato ha defendido su opción de abstención crítica o boicot general ante las elecciones del 26‑M, en nombre de un argumento muy simple: sin izquierda anticapitalista (o contracapitalista), ¿a qué partido votar? DL publicó en red: «La izquierda auténtica sabe que el trabajo productivo de bienes materiales (no el esfuerzo ni el artisteo en horas de ocio) es el motor (la base) de la riqueza y de la economía, mientras la derecha difunde la especie de que el capital crea la riqueza.» Era evidente que el artículo buscaba el cuerpo a cuerpo con quien se tiene por emprendedor (empresario) y creador de empleo como fuente de la riqueza, cuyo corolario sería la España actual: millones de personas en demanda de trabajo (tortura, en etimología) con la canonización de la Epa (encuesta de población activa) como motor del Pib (producto interior bruto) y de la marcha del país en general, algo palpable en los programas de partidos tenidos como de izquierda que últimamente juegan a favor de la explotación del hombre por el hombre y como solución personal y regional en el marco de la democracia y del Estado del Bienestar, dos construcciones insultantemente fáciles de rebatir. Pues ¿qué bien preciado es el que se ejerce una vez cada cuatro años? ¿Se imaginan ser padre o madre o profesor o fumador solo una vez cada cuatro años? Quieren hacernos creer que, entre municipales, autonómicas, generales y europeas, estamos todo el día votando, pero la cuenta sigue siendo cada cuatro. Más aún. Qué valor tiene la democracia cuando no contempla la democracia social y participativa (por barrios y cadenas productivas) y, sobre todo, cuando la democracia solo iguala ante la ley lo que el resto del enorme tiempo sin urnas es absolutamente desigual. Comparen la jornada electoral con la Selectividad, única prueba que pone a nivel las tres vías educativas insolentemente insolidarias con la igualdad ciudadana: la pública (de clases bajas), la concertada (de clases medias) y la privada (de clases altas). Y no vengan con que ustedes han estudiado en la pública. Yo también. ¿Para cuándo, señorías de IU Podemos, la enseñanza única? La democracia, encima, al estar influenciada (no digo manipulada) por quienes más tienen (también en medios de [des]información) es tan creíble, en sus resultados, como ustedes se lo quieran creer. Yo no creo que en España haya una democracia (social y de derecho, añade la Constitución) y menos aún creo en la falacia del Estado del Bienestar en que tanto IU como Podemos han basado su campaña y su estrategia. No con mi voto. A bajarle los humos al emprendimiento (y al artisteo y a la intelectualidad pagada de sí misma) iban Promesas, Coplas por la muerte de la democracia y mi Carta a un votante de Unidas Podemos. Una apostilla final. Además de anti capitalista, la opción política que yo votaría tendría que ser decididamente anti imperialista (¡Bases no, yanquis fuera!, Kichi mío de mi alma). Y un reparo ético. Mientras se persigue y juzga a quienes han querido votar (en referéndum, el Procés), ¿voy a ir yo por la cara a votar? O votamos todos o votamos ninguno. Claro que la izquierda con decir que lo de Cataluña es de derechas, se queda tan fresca. Pregunta para demócratas de izquierda: ¿es ilegal ser de derechas?


 

Coplas por la muerte de la democracia.

Recuerde el acta dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se acercan las urnas,
cómo se engaña a la gente
con escaños.

Cuán presto se va el votar,
cómo después de votado
da dolor,
cómo a nuestro parecer
cualquier Congreso o Senado
fue mejor.

Los discursos y las listas,
que nos dejan los mejores,
¿quién lo duda?
Candidatos, candidatas,
y en la tele portavoces
de tertulia.

Mas si vemos el programa
del partido, cómo es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
nos jodemos bien jodidos
cuatro años.

Las mejoras y promesas
que quisiera el pueblo llano
son la caña:
democracia y bienestar.
Con nosotros, los demócratas,
¡toda España!

No hablo de la patronal,
Casa Real y una Iglesia
de otro siglo.
Hablo de la Transición
que nos dejó sin la fuerza
que tuvimos.

Los Pactos de la Moncloa,
las fotitos con Borbón
en la Zarzuela,
¿fueron sino dejación
de principios y de normas
de la izquierda?

Señorías que, adquiridas,
igualaron las pancartas
“por el cambio”
con los carcas y los fachas,
se llamaran Popular o
Ciudadanos.

Pablo Iglesias fue a Podemos
lo que Santiago Carrillo
fue al Pce.
Podemos a Izquierda Unida,
lo que Felipe González:
yo, aquí el rey.

Nos pasa cuando creemos
que hay una izquierda y votamos
lo de unidos
por los derechos humanos,
eso que al gran capital
da lo mismo.

Cualquier día es el camino
para el giro hacia otra España
más social.
Más cumple ese socialismo
que creerse en democracia y
nada más.

militares, vergüenza propia.

Aunque nos hablen de guerras justas, de misiones de paz o de causas humanitarias, el militar es ese oficio cuya justificación es la obediencia y cuyo instrumento son las armas, armas que matan (y a civiles y a mujeres y niños, dicho en su lenguaje rancio). El grado de cobardía del militar va en proporción inversa a su clase social (alta en militares de academia) y en proporción directa a la distancia de su objetivo (víctima también llamada el enemigo), es decir: cobardía máxima la del piloto del caza que bombardea una ciudad y así hasta el soldado de infantería que se la juega en el cuerpo a cuerpo. Luego están las cobardías del especialista que maneja un dron, el zapador que coloca minas antipersona o el teniente de navío que desde su submarino lanza un misil contra un mercante o un barco de pasajeros. Pero no juzguemos a la persona, hombre o mujer, que se busca la vida de uniforme. Es el Estado y somos nosotros responsables de una salida profesional, a la que se anima desde el cole y que se promociona con letras grandes de Estado, que consiste en una de dos: cuando hay guerra, trabajo, y mi trabajo es matar y, como nadie quiere la guerra, el resto de los días cobro por no hacer nada. Bueno, sí, las dichas causas humanitarias (hasta a apagar un incendio acudo o hasta al rescate de una patera) más la dichosa, la célebre, la absurda instrucción que se imparte en los cuarteles para no perder el paso el Día de la Patria o tal día como hoy, el de las Fuerzas Armadas. Como hay vergüenza ajena, hay vergüenza propia. España, qué vergüenza. Buena la hizo Cervantes en su discurso de las armas y las letras.


promesas.

Con David Castejón

Aunque la izquierda se quiera identificar con las necesidades de la población, con los derechos humanos y el bienestar del Estado del Bienestar, el medio es el mensaje y toda política, cuando se sienta en Congreso o Senado, es toda ella de derechas. El más hermoso programa electoral queda en nada sin un plan de financiación que, por fuerza, molestaría a un sistema, el capitalismo, y a un poderoso grupo al que nadie quiere molestar, patronal y grandes fortunas. Así que usted desde su escaño puede prometer lo que quiera, la misma derecha promete, pero su promesa se queda en “por pedir, que no quede”. Usted puede prometer pero, si no aplica una fiscalidad inversa (una cotización en proporción exacta a lo que se gana), usted no tendrá dinero para defender o llevar a práctica el bienestar de su programa. Más aún: el capitalista, si le aplicaran la exacta y rigurosa fiscalidad proporcional inversa, se haría la gran pregunta ¿para qué emprender más si al final voy a ingresar lo mismo que quien cobra el salario social? (Caso verídico llevado a referéndum en Suiza hace un par de años.)

Llegado a este punto, usted cree en el capitalismo, que es el quiero y no puedo de la izquierda española, toda ella capitalista, Izquierda Unida o Podemos, dependiente de lo que autoricen Banco Europeo y FMI bajo la atenta mirada de la Otan y de Estados Unidos con bases en Rota, Morón y Gibraltar. Y es que la izquierda auténtica consiste en no pedir trabajo sino otra imaginación distinta, aunque no sepamos lo que es. La izquierda auténtica sabe que el trabajo productivo de bienes materiales (no el esfuerzo ni el artisteo en horas de ocio) es el motor de la riqueza y de la economía, mientras la derecha difunde la especie de que el capital crea la riqueza.

Y hablando de promesas. Quienes critican la presunta heterodoxia a la hora de tomar posesión de su escaño por parte de alguna señoría, ¿no han caído en la cuenta de que “juro o prometo” es directamente anticonstitucional? O “juro por Dios” o “prometo por mi honor”. Al Estado (electores y elegidos), solo el honor le interesa. Si usted cree en Dios o en la Biblia, cálleselo o estará usted vulnerando mi derecho 16.2 de la Constitución.

Queden ustedes con otra cara de la política, la de cercanías, municipal. Quizás ahí la política alcance el humanismo de que carecen Congreso y Senado y Parlamento Europeo.

–enlaces:

https://www.poratarfesi.com/

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