Etiqueta: España

pasando del 4‑D.

El 4 de diciembre de 1977 el nacionalismo andaluz fue un anticipo del café para todos que serviría al régimen del 78 para descafeinar los nacionalismos históricos de Galicia, País Vasco y Cataluña, regiones que (lejos de recuperar sus estatutos de la República hurtados por la Dictadura) se vieron equiparadas con Murcia o Santander, Cantabria.

En aquella operación fue clave la sublimación de un hombre que nunca ganó un escaño (Blas Infante, un tipo honrado, un notario) de pronto elevado (por su fusilamiento) a la altura de Lluís Companys, presidente de una Generalitat de pleno derecho, como en derecho republicano hubo un Gobierno Vasco o un Estatuto de Galicia.

La otra equiparación fue aquel esfuerzo por cambiar de dialecto a lengua la modalidad de habla(s) andaluza(s). Juzguen ustedes. Hace dos años se disolvió el Partido Andalucista sin haber logrado nada del ideario andaluz, aparte el himno y la bandera y un vago orgullo que, al margen del folclore cultural, no se refleja políticamente en nada.

40 años después, con Canal Sur de Susana Díaz a la cabeza, el 4 de diciembre de 1977 (fecha reconvertida en memoria democrática y de izquierdas) se ha seguido usando para difuminar lo que está pasando en España con Cataluña.

Parece mentira que mentes lúcidas y gentes bien intencionadas no se den cuenta de la jugada. Pasando del 4‑D.

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la Generación del 98 pasea por Cataluña.

La izquierda de la revolución para cambiar el mundo dejó de existir al final del siglo 20 (pongamos a la caída del Muro de Berlín en 1989) y en el siglo 21 sobrevive como epígono o parodia[1], como etiqueta o marca (Psoe) solo reconocible por contraste con la derecha, que, esa sí, sigue viva. Seguramente, la desconfiguración de la izquierda tuvo que ver con la hegemonía del Estado del Bienestar tras el abandono del marxismo como método de análisis (no como praxis tal y como la entendieron la URSS y los partidos de la II Internacional).

La izquierda del siglo 21 solo es oposición (parlamentaria) a un régimen (conservador todo él) que se presenta en bloque ante cualquier cosa que se mueva y que ponga en peligro las bases del sistema. Rajoy y Sánchez son como Cánovas y Sagasta en la España de la Restauración (conservador uno, liberal otro) y Cataluña es Cuba, cuya independencia rechazaron conservadores y liberales y tan solo la apoyó el partido federalista de Pi y Margall, casualidad que fuera él también catalán para hablar ahora de Cataluña.

Por un lado, se sacan argumentos del viejo armario social y progresista: el independentismo es de derechas (ya me gané al obrerete y a mi asistenta) y, por otro, se da un salto hacia el mundo único y global donde las fronteras y banderas serán antiguallas (ya me he ganado a la utopía). Otra opción es el escapismo hacia el mejoramiento o crecimiento personal: ya me he ganado a mí mismo.

Está al llegar otra generación del 98 que haga ‑o no‑ la digestión intelectual del gran desastre que está resultando España. Pero, eso sí, la izquierda quiere seguir apostando por el romanticismo y seguir siendo romántica mientras machacan a un pueblo, puro y duro realismo.

[1] epígonos (nombre epiceno) son los tardíos, los rezagados, los últimos brotes verdes que da un ismo ya desaparecido o antes de desaparecer del todo. Epígono, Gustavo Adolfo Bécquer, romántico en pleno realismo, o el Quijote, parodia, también, como La venganza de don Mendo sobre el teatro poético.

 

un cuento chino.

Sancho no salía en defensa de don Quijote cuando se rifaba un mamporro entre su amo y gente noble o caballeros. Las Brontë y la novelística inglesa del 19 nos acostumbraron a la doble circulación de la mercancía narrativa: criados, doncellas, mayordomos y amas de llaves, por un lado, frente a ladies y gentlemen, por otro. Desde arriba o desde abajo, desde los fogones o desde el comedor, la cuestión catalana reside en los titulares interclasistas de la soberanía, a través del censo, y la población no censada en Cataluña nada tiene que decidir ahí. Hablar del odio que en Cataluña cultivan a lo español y al castellano, de la insolidaridad catalana o de su corrupto capitalismo, sería como entrar en asuntos de Inglaterra o de EEUU, si nos gustan más o menos el muro de Trump o el brexit: opiniones de política exterior.

Quien desde Andalucía alega la deuda de Cataluña con el resto de España, que cuantifique y exija a la Junta de Andalucía, a ver si la Junta tiene números, digo huevos, de echarle las cuentas a Cataluña (por cierto: república o autonomía, con que Cataluña pague, ¿qué más da?). No quiera el extremeño o andaluz parecer el chino cuyo antepasado construyó el ferrocarril de Chicago a San Francisco y hoy se cree con derecho a viajar gratis en ese tren. Quien dice chino, dice griegos o irlandeses en los rascacielos de Nueva York o vendimiadores almerienses que quisieran beber vino burdeos por la cara. Esas cuentas son absurdas y sensacionalistas más allá de una justicia poética intraducible.

No hagamos, pues, demagogia, hoy llamado populismo. La izquierda, si lo es, lo es de abajo arriba, de conflictos de clases sociales, verticales; no horizontales, caso de Cataluña, independiente o no. Mienten quienes dicen que el referundismo les roba y mienten quienes anticipan ‑sin pruebas‑ que al resto de España nos irá peor en Cataluña bajo república catalana. Mentir está mal y la mentira ni es de izquierdas ni es de derechas. Simplemente es mentira.

[eLTeNDeDeRo]


¿amigos para siempre?

Decía Marx que la humanidad no se plantea problemas que no pueda resolver. Y España tuvo a su alcance resolver la cuestión catalana (antes: guerra de independencia) sin pegar un tiro y en aplicación de un derecho a decidir difícil de negar entre personas libres y demócratas y (hasta cierto punto) iguales que comparten derechos humanos y el respeto a las minorías.

El argumentario de personas tenidas a sí mismas por progresistas o incluso muy de izquierdas ha sido que el derecho a decidir de Cataluña viola otro derecho mayor: el bien común de pobres gentes o de clases trabajadoras de toda España que se verían muy perjudicadas por la marcha de Cataluña la rica, la construida con el sudor de extremeños o andaluces. Ya tenemos a mi vecina de enfrente, muy clase media y muy de Ugt, con la bandera de España en el balcón de su vivienda de protección oficial.

Lo cual no significa que la Junta de Andalucía o la de Extremadura vayan a reclamar vía judicial o ante el tribunal de cuentas a Cataluña lo que Cataluña les debe: si el rico vive del pobre, también el pobre vive del rico y al precio del mercado que el rico quiera pagar. Es el capitalismo, querido Watson, que la izquierda no‑izquierda no discute y por eso acude a la palabra mágica más potente aún que el derecho a decidir: la solidaridad. Mi vecina cuelga la bandera porque ella, faltaba más, es muy, pero que muy solidaria.

La inteligencia que le ha calentado la patria a mi vecina pagará intelectualmente su postura y España no levantará cabeza. Cuando el odio social está instalado, sale un idiota por rumbas con Amigos para siempre. ¡País!

[eLTeNDeDeRo]

una generación ante el espejo (España, 1898‑2017)

lecturas del 98

¿Por qué nos divide el tema soberanista? Porque se juega en casa, esto es más grande que el Desastre de 1898, tan pesado el tema [que vimos por los libros de historia y literatura] que dio nombre a una generación, la del 98, de Unamuno y compañía. El asunto catalán es más intenso que aquel Desastre o que la Guerra de África, que fueron asuntos de política exterior y del ministerio de la guerra, mientras que el referundismo es cuestión interior, tan interior y visceral que alerta a la confrontación como en una guerra civil; y marcará ‑está marcando ya‑ no a una, a generaciones sucesivas en Cataluña y en el resto de España. A cara o cruz es el partido. En un Madrid Barcelona no quiera usted apostar por el Betis o el Atlétic; no vale ir de árbitro ni forzar el empate, no vaya usted de inventor de la solución o de tercera vía milagrosa, virutillas de la madera que se está partiendo en solo dos mitades. Si el bando español hubiera dado facilidades (un artículo 156 para el divorcio, en vez de un 155 de matrimonio indisoluble), habríamos salido ya del tema. Hay que decirle al bloque españolista: ¡Quillos, dejadlo ya! Dejad que Cataluña sea lo que quiera ser.

[eLTeNDeDeRo]

retrato y retracto de una generación.

Ojo a las voces del artisteo, de la cultura o de la intelectualidad que en tertulias y redes sociales han tomado postura ni con Rajoy ni con Puigdemont. Olvidan que la equidistancia solo es válida en Cataluña y entre catalanes que se juegan lo suyo. Los demás, desde el resto de España, tenemos mucho que decir del 155 y de los partidos que lo levantan, pero nada de Puigdemont ni de quien lo haya elegido, región que, si por ella fuera, se habría independizado también de nuestras opiniones (que pasarían a ser sobre política exterior o sobre asuntos internos de otro Estado soberano). El subconsciente de mi generación se ha retratado:

Jamás fuimos sensibles a la unidad de España ni a la prevalencia del derecho sobre los derechos humanos. Sí crecimos en ideas de libertad y democracia que la dictadura nos negaba. El bienestar y oenegés potenciaron los derechos de las minorías, siendo al final el bienestar de la minoría la prueba de estas dos grandes palabras: libertad y democracia.

¿Por qué gente educada y que educa a los suyos en libertad y democracia choca esta vez con la realización de un territorio, una minoría, y por qué se resiste a que esa minoría sea lo que quiera ser? ¿Por qué no al derecho a decidir mientras se dan a escoger el sexo, la educación, la moda, el pirsin o el tatuaje? La respuesta es anterior a la pregunta y ahí bailan y se dan la mano el franquismo del PP y el franquismo del Psoe junto a sindicalistas y marxistas de salón que se acuerdan de las luchas sociales, Santa Bárbara, cuando truena: ¡El soberanismo es de derechas!, claman como si no lo supiésemos. Por lo visto, se puede machacar a una comunidad si esa comunidad es de derechas y yo, de izquierdas. ¡Faltaría más!


del Senado tapón, a la Constitución tapón.

Artículo en El Confidencial
26/01/2016


La creación del Senado se justificó en su día por dotar a España de una cámara territorial pero, en la práctica (como se ha visto en la irrelevancia del Senado ante la cuestión catalana), lo que el Senado es: una cámara alta (en el sentido vertical, jerárquico, de la palabra), justo para hacer del Congreso una cámara baja o subordinada. A esa subordinación apela Rajoy, como en una rabieta de niño chico y mal perdedor, cuando ha dicho que No podrán gobernar porque tenemos la mayoría en el Senado. Y lo malo es que tiene razón. Es lo que Ramón Tamames llamó El Senado tapón. Tamames nos prevenía contra un sistema bicameral y se anticipaba al constitucionalismo cerril que se antepone ahora (la letra, a la realidad) cuando un grupo o una comunidad quiere cambiar algo y le dan con la Constitución en la cabeza. Hemos pasado del Senado tapón, que esgrime Rajoy, a la Constitución tapón, que esgrimen él y quienes se llaman los demócratas. Por no quedarnos solo con el Senado y la Constitución, repasemos las instituciones o actitudes herederas del franquismo o de la Transición con zonas de la política que habría que despejar para mejorar la calidad de vida democrática y, de paso, para ahorrarnos una pasta en los Presupuestos del Estado. Esta es la lista de lo que habría que cambiar, aunar o suprimir:

  1. La Constitución de 1978
  2. La ley electoral (proporcional para el Congreso, la Ley d’Hont aplica al Congreso el sistema mayoritario que rige para el Senado)
  3. El Senado (duplicidad con el Congreso)
  4. La Monarquía (duplicidad con Presidencia del Gobierno. Recordemos que los poderes son tres: legislativo, ejecutivo y judicial. No existe el poder representativo)
  5. El Concordato con la Santa Sede (desde 1979) (No tendría que haber ningún Concordato siendo la Iglesia una entidad privada y particular)
  6. El Registro de entidades religiosas (Tendría que haber un único Registro de asociaciones y cumplir todas las asociaciones los mismos requisitos de constitucionalidad y legalidad)
  7. La enseñanza concertada (El concierto se justificó por la falta de plazas escolares. ¿Desde 1979 no ha tenido tiempo el Estado de completar la red de centros públicos educativos?)
  8. Cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado (bomberos, protección civil, policía, guardia civil, ejércitos de tierra, mar y aire) (Integrables todos en un Cuerpo Único de Seguridad y con una escala única de mando)

Áreas de la política interior y exterior que o son ruinosas o son conflictivas en tiempos de yihadismo implícito y explícito, y aunque a corto plazo puedan parecer rentables:

  1. El actual mapa de España, con
    Gibraltar, territorio británico de ultramar
    y Ceuta y Melilla, españolas
  2. Las bases de uso compartido de Rota y de Morón
    y las misiones de paz de España con la ONU y con la OTAN al servicio de los Estados Unidos. Más barata, segura y rentable: una España neutral.

Se admiten ideas.