Etiqueta: España

apuntes para la revuelta agraria.

Víctor Jara

Más allá de la guerra entre mi campo y tu supermercado o entre el producto interior y el importado, entre yo vendo y tú compras, el viejo siglo 20 hubiera planteado lo que no se ve ni se le espera en el 21 de conexiones en directo y redes sociales: la propiedad de la tierra, antes reforma agraria.

Quien cultive el minifundio, que se agrupe y se haga fuerte en cooperativa. Y el latifundio de la marquesa sea contemplado suelo de interés público hacia la expropiación o nacionalización. Y, en todo caso, minis y latis que no vean rentable la explotación de la tierra, que vendan la tierra y se busquen la vida como no propietarios, que es lo que somos la mayoría. Es muy quejica la gente de campo, pero al cabo es propietaria frente a jornaleros, temporeros y mano emigrada siempre explotada y con sueldo a la baja.

En la semana de José Luis Cuerda, gran intérprete de la España rural, queden ustedes con Juan sin tierra, la canción de Jorge Saldaña y Víctor Jara:

Mi padre fue peón de hacienda
y yo un revolucionario.
Mis hijos pusieron tienda
y mi nieto es funcionario.

Y averigüen, si pueden, por qué el verso 2 o se ha perdido o qué demonios ha pasado con él en este desdichado siglo 21 del Sí se puede para no poderse nada.


 

Ley Mordaza contra el derecho a decidir.

Diada de Cataluña

Una de las argumentaciones contra el referundismo presenta una España unánime frente a una Cataluña dividida en dos a la que se le recuerda una y otra vez que toda Cataluña no es soberanista.

Soluciones:

Primero, y en Cataluña, convocar un referéndum para salir de dudas o cuantificar los bandos; referéndum que, sin embargo, no se convoca o no se permite legalmente convocar.

Segundo, verificar la España unánime. Ni toda España es constitucionalista del 78, ni a toda España le va la monarquía, sino la república, ni toda España simpatiza con los tratados de amistad (vamos a llamarlos así) de España con la Santa Sede (de 1979) ni con los Estados Unidos (desde 1953) y ni con el Ejército estamos de acuerdo quienes querríamos, cuando menos y a nivel fiscal, ver reconocida nuestra pacifista objeción de conciencia. De España unánime, nada de nada.

Quienes, desde la progresía, se adhieren al derecho a decidir a condición de que votemos todos, o sea, las distintas ciudadanías españolas, no se sabe qué esperan a someter a referendo en todo el territorio nacional esas y otras cuestiones que nos dividen y que nos van a seguir dividiendo.

Explicación:

Nadie pregunta lo que no quiere oír y desde España no se quiere preguntar por miedo al resultado: ¿El rey a referendo? ¿España federal? ¿Las relaciones Iglesia Estado o con los Estados Unidos? ¿El grado de aceptación de Ejército y Ministerio de Defensa? ¿La política internacional? Ni siquiera el CIS se atreve a esas preguntas.

El referundismo tiene ganada la batalla democrática y moral y algún día, le guste a España o no, Cataluña será lo que (por mayoría, no por unanimidad) Cataluña quiera ser (también País Vasco o Andalucía). Si gana por mayoría la independencia, la Cataluña españolista se tendrá que aguantar igual que la Cataluña independentista lleva años aguatando ser la España que no quiere ser. Habiendo urnas, cuál es el problema.

El problema es España y la actual izquierda española que, de lo que fue izquierda, ya no tiene nada.


antídotos contra la guerra.

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«La vida misma es nuestro ejército durmiente, la que nos urge a pagar los recibos del banco y a reclamar unas gafas al seguro.» (Artículo a propósito de las llamadas al patriotismo contra la proclamación del Psoe de Sánchez con UP.)

De antiguo viene echar la culpa de males del mundo a defectos o pecados individuales, tipo el odio, la envidia o la avaricia. Por partes. El odio, como abstracto moral que es, nos obligaría a concienciar o a educar (en el amor, la tolerancia o la benevolencia) a más de 8 millones de personas, cada una con sus circunstancias.

En cambio, industria armamentística (como auténtico calentamiento climático que es) hay una en el mundo (mientras no haya desarme, mi Defensa explica tu Defensa) y, ejércitos regulares, 194, uno por Estado.

El único antídoto contra la guerra es el desarme mundial (algo que ya conferenció el siglo 20) y, para España, la salida de España de la Otan, la denuncia del Tratado con EEUU (1953); España, país neutral, con renuncia a la guerra como método para resolver conflictos entre naciones (algo que ya hizo la Segunda República) y la reconversión del Ejército Español en cuerpo de policía, bomberos, emergencias y protección civil (algo que no se atrevió a hacer la Segunda República y, por eso, el Golpe de Estado o Levantamiento de Franco y sus generales).

Decir que de las asonadas militares del pasado nos salvan la Otan y la Unión Europea y que la vida misma es nuestro ejército durmiente; mezclar odios con recibos y bancos, y gafas con seguros es, cuando menos, de un escapismo alarmante.

Enlace a Juan José Téllez en Antídotos contra la guerra civil


 

tema del año.

elTendedero

En lo social, termina el 19 como empezó: con Cataluña, el gran tema, hasta en la sopa. Desde 2010 esto es así, incluso por omisión. De hecho, los esfuerzos en medios y redes sociales por hablar de otra cosa, no hacen sino esconder o distraer “la cosa”: España está en cuestión y el mapa de España se mueve, y podría moverse más. Lo dicen no solo Cataluña sino “León solo” o la vindicación del aragonés como lengua.

Desde la división de España en provincias, cuando las Cortes de Cádiz, el mapa de España (con su sísmica latente) se mueve, y ahí están los federalismos aflorados en tiempos de libertad (Primera y Segunda República), aunque la España unida oficial siga poniendo filtros legales y académicos que, al final, no solucionan nada a las necesidades de pueblos y gentes, dentro de nuestros límites y fuera de nuestras fronteras.

Así, antes y al margen de la cuestión catalana, se da por sentada la amistad –que es alianza y dependencia de bloque– de España con Estados Unidos y con la Otan. ¿No habría que someter ese Occidente a referéndum? Se da por bueno que Gibraltar sea provincia inglesa; que Ceuta y Melilla, Morón y Rota son España, y no reductos de un pasado colonial y de un presente imperialista y armado. Y casi nadie se acuerda de Portugal para una República Ibérica. ¿No se merecen esas cuestiones salir a plebiscito? Entre la política, la diplomacia y la consulta en referéndum, hablemos de:

–La forma del Estado, unicéfala o bicéfala, sin Jefatura o con Jefatura [1], y si ésta sería monarquía, presidencial o república parlamentaria, de una o dos cámaras [2].

–Con Portugal: un único Estado o República Ibérica

–Con Marruecos: Ceuta y Melilla

–Con Canarias: su especial definición autóctona

–Con Reino Unido, con la UE y con la Otan: Gibraltar

–Con USA: bases aéreas de Morón, Zaragoza y Torrejón, y base naval de Rota

–Con Cataluña y autonomías: la forma del Estado: federal o estados unidos independientes

La declaración de España país neutral y no alineado.

La renuncia de España a la guerra y desmilitarización del Estado.

La declaración del Hombre especie protegida por encima de cualquier ser vivo o ente material o inmaterial.

Ojalá en 2020 bromeemos o gritemos menos, y votemos más.


[1] [1] Hay estados bicéfalos (con Jefatura del Estado) y estados unicéfalos (sin Jefatura), que suman 56 en todo el mundo: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Estados Unidos, México, Uruguay, Perú o Suiza.

[2] [2] Entre los cien parlamentos unicamerales figuran Bulgaria, China, Croacia, Dinamarca, Eslovaquia, Estonia, Finlandia, Grecia, Hungría, Islandia, Lituania, Macedonia, Montenegro, Noruega, Nueva Zelanda, Perú, Portugal, Suecia o Ucrania.


 

¡a refrendar!

Bar Taberna Juan Sanlúcar banderas de España (4)

En una reciente estancia en Puerto de la Cruz, Tenerife, pudimos coincidir andaluces fuera de Andalucía y catalanes fuera de Cataluña. Que saliera el tema referéndum era inevitable. Mi observación fue que el grupo catalán se expresaba con toda naturalidad mientras que el grupo andaluz esgrimía argumentos hostiles, democráticos y de izquierdas, en nombre de que todos (y no solo Cataluña) tendríamos que votar.

Ese ánimo de votación no se capta en Andalucía pero puede tomarse al pie de la letra para bien de la conversación y para aguzar ingenios, posturas y contradicciones. Entre lo votable por toda España estarían estas cuestiones palpitantes:

  • Con España toda: la forma del Estado, unicéfala o bicéfala, sin Jefatura o con Jefatura [1], y si esta sería monarquía, presidencial o república parlamentaria, de una o dos cámaras [2].
  • Con Portugal: un único Estado o República Ibérica
  • Con Marruecos: Ceuta y Melilla
  • Con Canarias: su especial definición autóctona
  • Con Reino Unido, con la UE y con la Otan: Gibraltar
  • Con USA: bases aéreas de Morón, Zaragoza y Torrejón, y base naval de Rota
  • Con Cataluña y autonomías: la forma del Estado: federal o estados unidos independientes.

O sea que sí, el grupo andaluz tiene razón. Tendríamos que votar todo eso y más:

1: La declaración de España país neutral y no alineado fuera de la Otan y en el concierto de unas Naciones Unidas no mandatadas por Estados Unidos y aliados.

2: La renuncia de España a la guerra como método para la resolución de conflictos entre naciones.

3: La desmilitarización progresiva del Estado Español.

4: La declaración del Hombre primera especie protegida por encima de cualquier otro ser vivo o ente material o inmaterial cuyo hábitat se pretenda conservar.


[1] Hay estados bicéfalos (con Jefatura del Estado) y estados unicéfalos (sin Jefatura), que suman 56 en todo el mundo: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Estados Unidos, México, Uruguay, Perú o Suiza.

[2] Entre los cien parlamentos unicamerales figuran Bulgaria, China, Croacia, Dinamarca, Eslovaquia, Estonia, Finlandia, Grecia, Hungría, Islandia, Lituania, Macedonia, Montenegro, Noruega, Nueva Zelanda, Perú, Portugal, Suecia o Ucrania.


 

penúltima crítica al nacionalismo.

bandera andalucía

1.
La crítica a un nacionalismo emergente es eso que, o se ampara bajo el derecho a decidir, o se contagia por nacionalismos previos (inconscientes, minis o macros) que son de la misma estirpe que el nacionalismo que se quería criticar.

2.
Únicamente quien vive inmune a experiencias nacionales (esa supuesta ciudadanía del mundo del “no soy de aquí ni soy de allá”, de Alberto Cortez; ese Métèque, de Moustaki) tendría autoridad para descomponer el concepto nación y, aún así, con reparos, pues la nación es la hacienda pública donde uno paga impuestos y recoge prestaciones y, en principio, todo el grupo crítico con el referundismo catalán (incluyendo Charlie Hebdo, recién incorporado) tiene patria conocida, siendo patria no solo la expresa en el carnet de identidad sino un sistema de creencias que incluyen Unión Europea, Otan, Occidente, democracia, defensa con fuerzas armadas, parecidas expectativas ante el extremismo, el cambio climático o la Aldea Global.

3.
Denostar el referundismo en Cataluña equivale a sostener (de pensamiento, obra u omisión) la España que tenemos: monarquía hereditaria, país alineado, colonia y metrópolis (Morón, Rota, Gibraltar; Ceuta y Melilla) y, por decir algo, insensible a la unión política de España con Portugal. Quienes critican el referundismo en Cataluña ven el nacionalismo en el ojo ajeno (de hecho, independentismo no es: es referundismo) y no lo ven en el ojo propio, de ahí que se las den de progresistas, de izquierdas, de humanismos muy avanzados. Lo menos que podía hacer el grupo anti, es callar y pedir que el referundismo llegue a buen puerto. O, al margen del referéndum, ¿saben ustedes, los demócratas, de mejor método de resolución del conflicto? ¿Persecución judicial? ¿Condenas y cárceles? ¿Invasión armada del territorio disidente?


cuatro admiroses feroces.

ADMIROSE UN GERUNDÉS
al ver que, en su democracia,
todos los votos de gracia
beneficiaban al Rey.
–Arte borbónica es,
dijo pensando en el vado
entre Ley d’Hont y Senado.
¡Que un notable en catalán
llegue a viejo y vote mal
y allí lo borde un muchacho!


ADMIROSE UN CAMARADA
federal por la república
viendo en el Rey a la única
forma de Estado aceptada.
–¿Del referéndum no hay nada?,
dijo pensando el Proceso
que del Monarca está preso.
¡Que una parte le dé el bote,
con be, y que el resto lo vote
precisamente por eso!


ADMIROSE UN PEDIGRÍ
viendo aquel Reino de España:
–¿De la República, Azaña,
qué puede quedar aquí?
–¿Qué más daría eso, si,
como nos dan a Leticia,
nos dieran todas noticias
de revista y corazón.
–No hay para tanta. –¡Es razón!
–Y lo demás… –¡Estulticia!


ADMIROSE UNO EN FACEBOOK
al ver que, más que to be
or not to be, Bi and Bi
supiesen hablar me too.
¡Que, en crucigramas, un ñu
viaje en iglú, Blablacar,
y un osado en metricar
busque en Google o Amazón
y le salgan un montón…!
–¡Aquí no hay más que rimar!

‑cerró el turno una Espiné
de las de en lista de espé‑.


 

adjetivos descalificativos.

El recurso no es nuevo. Para hacerme valer, lo más fácil es desacreditar a mi contrario. En política, gran reclamo de la izquierda ha sido el miedo a la derecha, miedo que la derecha abandera aún mucho más. Y es increíble la cantidad de estigmas o anatemas con que partidos intentan ganarse el voto mediante adjetivos descalificativos.

El gran descalificativo de la serie democrática fue terrorista. En terrorismo de Eta (hubo Grapo, Frap y Gal) se mezclaron violencias que no tenían nada que ver: el ajuste de cuentas (Melitón Manzanas, torturador asesinado por Eta en 1968), el magnicidio (Carrero Blanco, 1973), el chantaje al Estado (secuestro de Miguel Ángel Blanco a cambio del acercamiento de presos al País Vasco, 1997), la extorsión a personas por rescate en dinero (Julio Iglesias Puga, Papuchi, secuestrado a final de 1981), hasta la muerte por grupos de riesgo (víctimas del atentado contra la casa cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza, 1987) o la muerte a discreción (atentado contra Hipercor, Barcelona, 1987). Tanto se generalizó, que, cuando los atentados del Metro de Atocha (11 de marzo 2004) y por ocultar la responsabilidad del presidente Aznar en las 193 muertes y casi dos mil heridas, todo el empeño del Estado, y del Gobierno que lo manejaba, consistió en culpar a Eta, es decir, al viejo antiterrorismo tantos años cuidado y acariciado como vivero de votos para la derecha.

Menos mal que la campaña No a la guerra fue suficiente para echar al PP, y el Psoe –sin acusar a Aznar por su intromisión en la Guerra del Golfo– reconoció que en terrorismo había que incluir el yihadismo, que es el que, desactivada Eta, continúa siendo amenaza. Sin embargo, no conviene indisponer a la comunidad musulmana. El terrorismo islámico es excepción dentro de una plácida alianza de culturas y civilizaciones, mientras el terrorismo de Eta se extiende y abarca a pacíficas generaciones vascas limpias de sangre que nunca logran redimirse por una España que cree que bildu o geroa bai son tacos que nos ofenden (como me cago en tus muertos) propios de un tipo al que nos está permitido linchar, quemar o apedrear: ese Puigdemont en el Carnaval de Cádiz o en los Judas de Coripe. A terroristas e independentistas han venido a sumarse descalificativos como golpistas, soberanistas, que quieren romper España, populistas, extrema izquierda (dicho sea de IU Podemos), incluso podemitas: una España más excluyente y más sucia que nunca a base de “líneas rojas” o “cordones sanitarios”.

–Mira que os tengo dicho -avisaba el otro- el boicot a las elecciones y que no votéis a ningún partido de la actual política (sin clase ni clases sociales). Pues nada. Id otra vez a votar en nombre de ¡Que viene la derecha!

Hay que joderse.


 

la leyenda negra.

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Círculos literarios andan mareando la leyenda negra. Esa leyenda fue autocrítica en fray Bartolomé de las Casas (1552) pero fue propaganda escrita desde fuera por países que tampoco han devuelto nada a sus antiguas colonias y ni siquiera han pedido perdón (contextualizable en la Historia) por el destrozo y la rapiña, sistemáticamente disfrazados de ‘progreso’. Véase la desoída petición del presidente de México, de la que se han reído casi todos, o véase lo que los telediarios nacionales hacen vistiendo de negro todo lo que llega de Cataluña, Cuba, Venezuela, Irán, Rusia, China, Corea del Norte o Taiwán. España, al servicio de la voz de su amo.

(Perdón por la obviedad. La leyenda negra se escribió mientras el Imperio español era el amo. Después vinieron otros. El colonialismo español había seguido un guion feudal y católico y el colonialismo protestante fue ya capitalista: a uno y otro importaron poco los derechos humanos. La historia iba a favor protestante y desde Francia, Inglaterra y Provincias Unidas de los Países Bajos (Estados en cuyas lenguas se escribió la leyenda negra), el imperialismo pasó a los Estados Unidos, que hoy ejerce. Ese es el tema, y perdón otra vez.)

Es hora de que la España crítica escriba la leyenda negra de los Estados Unidos, leyenda que hoy se escribe con eñe de Tratado de amistad y cooperación entre España y los Estados Unidos (1976) y que es literal y no literaria: bases Usa, Otan, misiones de paz mandatadas por la Onu, imposiciones fiscales, industriales y comerciales.

¿Entender el pasado para saber lo que somos?

No, padre: entender lo que somos para saber qué seremos.

En portada, foto cartel de una corrida magallánica, término adoptado en Sanlúcar de Barrameda con motivo del Quinto Centenario de la Vuelta al Mundo de Magallanes‑Elcano (1519-1522 / 2019-2022).


lo que le faltaba a Podemos.

Aplicando la teoría o método de los quince años que van de generación en generación, para 2020 sería el turno de la Generación de la Crisis. De 1975 (muerte de Franco) hasta 2020 (45 años) caben tres generaciones. Cada una ha tenido su acontecimiento generacional, un sueño y una oportunidad.

El sueño de la Generación por el cambio (1975-89, Caída del Muro de Berlín) (“por el cambio” fue el lema del Psoe de Felipe González en 1982, también Generación Pce), generación ya cumplida en sus 60 años, fue una España federal y republicana sobre una democracia avanzada. Después vino la Generación Berlín (1989-2005), que va a cumplir 50 y cuyo sueño fue un mundo plano y sin bloques, de oenegés sin fronteras en el marco de un Estado del Bienestar creíble a condición de que se lo dieran a estudiantes que no querían saber del suburbio más que como causa humanitaria. El sueño de aquel mundo plano duró bien poco: hasta el 11 de septiembre de 2001 (Torres Gemelas), imagen de un mundo que se venía abajo, en picado tras la crisis del 2007. Ante semejante sacudida de conciencia, cuajó el tercer y último sueño de tres culturas o civilizaciones donde íbamos a caber todos, residentes, migrantes y refugiados. Fue la Generación Podemos (2005-20) que hoy calza 35 años y lleva 17 con derecho a voto.

El movimiento Podemos nació bajo el Yes, we can, Sí se puede, de Barack Obama (2008). La generación del Sí se puede había ido calentando motores agitando el mileurismo (2005), saludó el ¡Indignaos! de Hessel y Sampedro (2010) y la ¡Democracia real, ya! que querían recuperar los valores de Occidente (algo parecido al Pablo Iglesias que hemos visto con la Constitución como libro de campaña electoral). En apenas tres años, Podemos pasó de acampar en la Puerta del Sol el 15 de mayo de 2011 (el 15-M) a constituirse en partido en enero de 2014. El sueño de Podemos no fue sueño sino espejismo de mileuristas que despreciaban a seiscientistas y quinientistas al amparo de los valores de la vieja Europa y con lo fácil que es pedir y pedir al Estado del Bienestar sin cuestionar ni quién paga la factura ni el capitalismo ni la Otan.

Ayer Ada Colau, en nombre del 71 por ciento de sus votantes, escenificó el último grano que le ha salido en el culo a Podemos, la última china en el zapato, que era el derecho a decidir, no de Cataluña, de toda España. Hijo pródigo que ha vuelto a la casa del padre: Podemos, partido constitucionalista y por la unidad de España.

Se ve que la “solución federal” y lo que “de verdad importa a la gente” no eran más que tapadera para poner el cojín a escaños y alcaldías. Y no nos vengan con Kichi y con que siempre nos quedará Cádiz. Un señor que gana votos a base de la Virgen del Carmen o del Rosario y de Navantia, fábrica de guerra, no tiene nada, no ya de izquierdas, de dignidad ni de nobleza, le cante lo que le cante Joaquín Sabina en su soneto. Idéntica canción podrán hacerle a la alcaldesa de Barcelona. ¡Adiós, Podemos! Vendrá otra generación y te hará más buena.


 

la izquierda, fin de época.

En [eLTeNDeDeRo] Daniel Lebrato ha defendido su opción de abstención crítica o boicot general ante las elecciones del 26‑M, en nombre de un argumento muy simple: sin izquierda anticapitalista (o contracapitalista), ¿a qué partido votar? DL publicó en red: «La izquierda auténtica sabe que el trabajo productivo de bienes materiales (no el esfuerzo ni el artisteo en horas de ocio) es el motor (la base) de la riqueza y de la economía, mientras la derecha difunde la especie de que el capital crea la riqueza.» Era evidente que el artículo buscaba el cuerpo a cuerpo con quien se tiene por emprendedor (empresario) y creador de empleo como fuente de la riqueza, cuyo corolario sería la España actual: millones de personas en demanda de trabajo (tortura, en etimología) con la canonización de la Epa (encuesta de población activa) como motor del Pib (producto interior bruto) y de la marcha del país en general, algo palpable en los programas de partidos tenidos como de izquierda que últimamente juegan a favor de la explotación del hombre por el hombre y como solución personal y regional en el marco de la democracia y del Estado del Bienestar, dos construcciones insultantemente fáciles de rebatir. Pues ¿qué bien preciado es el que se ejerce una vez cada cuatro años? ¿Se imaginan ser padre o madre o profesor o fumador solo una vez cada cuatro años? Quieren hacernos creer que, entre municipales, autonómicas, generales y europeas, estamos todo el día votando, pero la cuenta sigue siendo cada cuatro. Más aún. Qué valor tiene la democracia cuando no contempla la democracia social y participativa (por barrios y cadenas productivas) y, sobre todo, cuando la democracia solo iguala ante la ley lo que el resto del enorme tiempo sin urnas es absolutamente desigual. Comparen la jornada electoral con la Selectividad, única prueba que pone a nivel las tres vías educativas insolentemente insolidarias con la igualdad ciudadana: la pública (de clases bajas), la concertada (de clases medias) y la privada (de clases altas). Y no vengan con que ustedes han estudiado en la pública. Yo también. ¿Para cuándo, señorías de IU Podemos, la enseñanza única? La democracia, encima, al estar influenciada (no digo manipulada) por quienes más tienen (también en medios de [des]información) es tan creíble, en sus resultados, como ustedes se lo quieran creer. Yo no creo que en España haya una democracia (social y de derecho, añade la Constitución) y menos aún creo en la falacia del Estado del Bienestar en que tanto IU como Podemos han basado su campaña y su estrategia. No con mi voto. A bajarle los humos al emprendimiento (y al artisteo y a la intelectualidad pagada de sí misma) iban Promesas, Coplas por la muerte de la democracia y mi Carta a un votante de Unidas Podemos. Una apostilla final. Además de anti capitalista, la opción política que yo votaría tendría que ser decididamente anti imperialista (¡Bases no, yanquis fuera!, Kichi mío de mi alma). Y un reparo ético. Mientras se persigue y juzga a quienes han querido votar (en referéndum, el Procés), ¿voy a ir yo por la cara a votar? O votamos todos o votamos ninguno. Claro que la izquierda con decir que lo de Cataluña es de derechas, se queda tan fresca. Pregunta para demócratas de izquierda: ¿es ilegal ser de derechas?


 

Coplas por la muerte de la democracia.

Recuerde el acta dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se acercan las urnas,
cómo se engaña a la gente
con escaños.

Cuán presto se va el votar,
cómo después de votado
da dolor,
cómo a nuestro parecer
cualquier Congreso o Senado
fue mejor.

Los discursos y las listas,
que nos dejan los mejores,
¿quién lo duda?
Candidatos, candidatas,
y en la tele portavoces
de tertulia.

Mas si vemos el programa
del partido, cómo es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
nos jodemos bien jodidos
cuatro años.

Las mejoras y promesas
que quisiera el pueblo llano
son la caña:
democracia y bienestar.
Con nosotros, los demócratas,
¡toda España!

No hablo de la patronal,
Casa Real y una Iglesia
de otro siglo.
Hablo de la Transición
que nos dejó sin la fuerza
que tuvimos.

Los Pactos de la Moncloa,
las fotitos con Borbón
en la Zarzuela,
¿fueron sino dejación
de principios y de normas
de la izquierda?

Señorías que, adquiridas,
igualaron las pancartas
“por el cambio”
con los carcas y los fachas,
se llamaran Popular o
Ciudadanos.

Pablo Iglesias fue a Podemos
lo que Santiago Carrillo
fue al Pce.
Podemos a Izquierda Unida,
lo que Felipe González:
yo, aquí el rey.

Nos pasa cuando creemos
que hay una izquierda y votamos
lo de unidos
por los derechos humanos,
eso que al gran capital
da lo mismo.

Cualquier día es el camino
para el giro hacia otra España
más social.
Más cumple ese socialismo
que creerse en democracia y
nada más.

militares, vergüenza propia.

Aunque nos hablen de guerras justas, de misiones de paz o de causas humanitarias, el militar es ese oficio cuya justificación es la obediencia y cuyo instrumento son las armas, armas que matan (y a civiles y a mujeres y niños, dicho en su lenguaje rancio). El grado de cobardía del militar va en proporción inversa a su clase social (alta en militares de academia) y en proporción directa a la distancia de su objetivo (víctima también llamada el enemigo), es decir: cobardía máxima la del piloto del caza que bombardea una ciudad y así hasta el soldado de infantería que se la juega en el cuerpo a cuerpo. Luego están las cobardías del especialista que maneja un dron, el zapador que coloca minas antipersona o el teniente de navío que desde su submarino lanza un misil contra un mercante o un barco de pasajeros. Pero no juzguemos a la persona, hombre o mujer, que se busca la vida de uniforme. Es el Estado y somos nosotros responsables de una salida profesional, a la que se anima desde el cole y que se promociona con letras grandes de Estado, que consiste en una de dos: cuando hay guerra, trabajo, y mi trabajo es matar y, como nadie quiere la guerra, el resto de los días cobro por no hacer nada. Bueno, sí, las dichas causas humanitarias (hasta a apagar un incendio acudo o hasta al rescate de una patera) más la dichosa, la célebre, la absurda instrucción que se imparte en los cuarteles para no perder el paso el Día de la Patria o tal día como hoy, el de las Fuerzas Armadas. Como hay vergüenza ajena, hay vergüenza propia. España, qué vergüenza. Buena la hizo Cervantes en su discurso de las armas y las letras.


promesas.

Con David Castejón

Aunque la izquierda se quiera identificar con las necesidades de la población, con los derechos humanos y el bienestar del Estado del Bienestar, el medio es el mensaje y toda política, cuando se sienta en Congreso o Senado, es toda ella de derechas. El más hermoso programa electoral queda en nada sin un plan de financiación que, por fuerza, molestaría a un sistema, el capitalismo, y a un poderoso grupo al que nadie quiere molestar, patronal y grandes fortunas. Así que usted desde su escaño puede prometer lo que quiera, la misma derecha promete, pero su promesa se queda en “por pedir, que no quede”. Usted puede prometer pero, si no aplica una fiscalidad inversa (una cotización en proporción exacta a lo que se gana), usted no tendrá dinero para defender o llevar a práctica el bienestar de su programa. Más aún: el capitalista, si le aplicaran la exacta y rigurosa fiscalidad proporcional inversa, se haría la gran pregunta ¿para qué emprender más si al final voy a ingresar lo mismo que quien cobra el salario social? (Caso verídico llevado a referéndum en Suiza hace un par de años.)

Llegado a este punto, usted cree en el capitalismo, que es el quiero y no puedo de la izquierda española, toda ella capitalista, Izquierda Unida o Podemos, dependiente de lo que autoricen Banco Europeo y FMI bajo la atenta mirada de la Otan y de Estados Unidos con bases en Rota, Morón y Gibraltar. Y es que la izquierda auténtica consiste en no pedir trabajo sino otra imaginación distinta, aunque no sepamos lo que es. La izquierda auténtica sabe que el trabajo productivo de bienes materiales (no el esfuerzo ni el artisteo en horas de ocio) es el motor de la riqueza y de la economía, mientras la derecha difunde la especie de que el capital crea la riqueza.

Y hablando de promesas. Quienes critican la presunta heterodoxia a la hora de tomar posesión de su escaño por parte de alguna señoría, ¿no han caído en la cuenta de que “juro o prometo” es directamente anticonstitucional? O “juro por Dios” o “prometo por mi honor”. Al Estado (electores y elegidos), solo el honor le interesa. Si usted cree en Dios o en la Biblia, cálleselo o estará usted vulnerando mi derecho 16.2 de la Constitución.

Queden ustedes con otra cara de la política, la de cercanías, municipal. Quizás ahí la política alcance el humanismo de que carecen Congreso y Senado y Parlamento Europeo.

–enlaces:

https://www.poratarfesi.com/

https://www.facebook.com/PorAtarfeSi/

/ a David Castejón /


a la catorce, va la vencida.

Trece elecciones generales ya y, a la catorce, va a resultar que la culpa de España la tienen Vox (que no estuvo en ninguna) y el viejo fascismo (que Pce y Psoe dejaron casi intacto, como dejó a la Iglesia) más la creciente abstención por objeción de conciencia.

¿Con qué cara la actual Izquierda Unida Podemos Psoe (menos izquierda que el Psoe del 82) viene a pedirnos el voto? 42 años al dictado de la derecha con tanta banderita, tanta unidad de España, tanta monarquía y tantísima Constitución y Tribunal Supremo.

Vox no es más que la máxima expresión de lo que larvado estaba en el adn de una parte de la sociedad española, izquierda incluida, o ¿a quién quieren engañar?


 

a propósito.

«Un discurso electoral tiene la naturaleza de un rito religioso. Se escucha para oír lo que ya se pensaba, para exaltarse en la común fe y confesión.»

La cita pertenece a Cesare Pavese (n. 1908), de las últimas palabras que escribió en su diario nueve días antes de su suicidio en Turín el domingo 27 de agosto de 1950. (Leído en el campo de lavanda, de Carme Garcia i Parra.)

[eLTeNDeDeRo] dedicó a otro turinés, Primo Levi (n. 1919) –quien se mató en Turín el sábado 11 de abril de 1987–, el artículo Si esto es España titulado así a honor del Si esto es un hombre de Levi.

Ahora que me piden mi voto en nombre de la democracia o, lo que es peor, de la izquierda democrática, algo me une a Pavese y Levi y Garcia Parra y su proximidad reconforta mi alma de rabia y de espinas. Un discurso electoral tiene la naturaleza de un rito religioso en el que no creo.

Y a propósito. En 2008 visité el Campo de Terezín y escribí un corto Viaje a Praga del que entresaco dos episodios:

PRIMO LEVI, EL PRISIONERO 174517

Primo Levi, el prisionero 174517,
sobrevivió como pudo a Auschwitz, otro Terezín,
pero no pudo sobrevivir a la tristeza y
cuarenta años después el hombre, si lo era,
se defenestró al vacío desde el tercer piso
de su casa de Turín.
Veinte años más, y otro abril, de 2008,
su libro Si esto es un hombre
y unos versos del poeta inglés Ben Jonson
han vuelto a Praga, hotel Quálity,
habitación 425 (four two five),
donde otro hombre leía una Antología de poetas suicidas.

*

CAMPO DE TEREZÍN
si esto es un hombre

Imaginarme ahora en una piel distinta.
Imaginar que el frío lo tiene el carcelero,
la mierda, el orinal y los piojos.
Que perdono. Que olvido. Que no soy lo que queda
en pie como una sombra hasta que otra
sombra me recuente, el 17
45 17.
Que estás. Que cumplirás los 26.

*

Daniel Lebrato, Viaje a Praga (2008)

/ a Carme Garcia i Parra /


 

incitación a la rebeldía.

Votar es aceptar

1º) la dinámica electores > elegidos (para luego hablar mal de la clase política) mientras

2º) cada vez más personas (el precariado) carecen de ciudadanía (a beneficio de cáritas y oenegés: la exclusión social nunca fue cuestión de Estado en España como sí lo han sido las pensiones o los malos tratos).

3º) Pedro Sánchez y Pablo Iglesias (y, a su través, Alberto Garzón; no toda la comunidad Izquierda Unida Podemos Psoe), transigen con el Juicio al Procés (antes, materia de movilización por las libertades).

Aunque usted no comparta el Juicio al Procés (a usted como demócrata de la libertad le aprieta por ahí algo el zapato) y aunque acepte (cínicamente) los puntos 1 y 2, quien vota izquierda vota por la funcionarización del voto amigo. A eso llamamos rehén, chantaje, extorsión, coacciones a clases medias y bajas. Cualquier voto, también a Izquierda Unida Podemos, acaba siendo un voto conservador (de lo que hay).

Buzón de [eLTeNDeDeRo]: «No puede haber más gobierno o administración que el de un partido de esos que llamamos de izquierda. Quien administra lo precario, la supervivencia de cada día, debe ser alguien que piensa y sienta desde la izquierda. Lo contrario es entrar en el desbordamiento, porque la ambición no tiene fin. Dejen a los capitalistas, tan salvados siempre de todo, que campen a sus anchas para dominar este y unos cuantos mundos más. Pero es de cajón que quien administra lo precario…»

En ese “dejar al capitalismo” está la clave diferencial entre la izquierda siglo 20, anticapitalista, y la izquierda siglo 21, mileurista, bienestarista, máster chef de todo y operación triunfo de sí misma.

Decir esto es también una forma de pasar de la noticia de aquí al domingo, a lo que ya es Historia. Si el germen de Podemos fue una llamada a la indignación (de Stéphane Hessel en 2010), está haciendo falta una incitación a la rebeldía que el voto en las urnas –y mientras Cataluña no vote su destino– aduerme y aliena, retrasa y confunde. Que la rebeldía empiece por no votar.

enlaces:

la edad y la rebeldía

teoría del diosmonio

¿de izquierdas o de la izquierda?

Izquierda Unida y Psoe son contrarios a la autonomía de Cataluña (consulten ‘autonomía’ en el diccionario y verán hasta qué punto). Podemos vino a este mundo queriendo no ser de izquierdas y, a fe, que lo está consiguiendo. (El medio es el mensaje: Podemos partido en el Congreso no tiene nada que ver con el movimiento Podemos cuando empezó en la calle.) Ante el tema catalán, Izquierda Unida y Psoe (partidos de tradición federal) dicen que están a favor del derecho a decidir pero que “decidamos todos”. Lo cual es pretexto de nunca acabar. ¿Han movilizado alguna vez a toda España para implantar el derecho a decidir? No, padre. ¿Le han convocado a usted o a mí, en Madrid o en Sevilla, para la cacareada reforma de la Constitución? No, madre. El trío acalla la conciencia con “lo que realmente importa a la gente”. Claro. A la gente lo que le importa no es un Proceso en prisión sino llegar a fin de mes bajo el triángulo de la felicidad: salud, dinero y amor. Aquí y en Pekín y en Cataluña.

En este modo de conducir la opinión pública y la democracia hay errores de bulto. Desde confundir los egoísmos de la noticia (personal, familiar, local, provincial, regional, nacional e internacional) hasta invocar legislaciones que siempre han ido por detrás de la Historia y así tenemos que la independencia de Portugal tuvo que haberla decidido ¡toda España! Huyendo de razones, la izquierda removió sentimentalidades como el no te vayas, papá, o el llanto ante un divorcio en la familia. Fueron las banderas en los balcones de ¡España!, ¡España!, como Selección Nacional. Ahora, una vez que la ultraderecha se sienta a la mesa, el trío de izquierdas y sus simples votantes (simples porque quieren primero acudir a sus necesidades más básicas) le sacan partido al partido más ultra para que votemos izquierda: ¡que viene el lobo!, ¡que se acaba el Bienestar!

Conclusión: Vox no es de izquierda pero sí de la izquierda, en tanto alimenta a Vox y se beneficia de Vox. Mientras parte, mucha o poca, de Cataluña esté presa y judicializada, la rebeldía o la ética del resto de España consiste –por solidaridad con Cataluña– en no ir a votar. El voto, por cierto, no es de izquierda ni es derechas; es de demócratas y hay que caer muy bajo para creerse el cuento de la democracia a cuyo frente figuran hoy la Otan y Donald Trump. Este par sí que ejerce, con el sí, boana, de España, su derecho a decidir. Pregunten por Venezuela.


 

Elogio del Estado.

La convocatoria de 33.793 plazas de empleo público abre muchas expectativas y algunas reflexiones. La primera. 7.375 plazas van a fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado (el 21,82 % : dos de cada diez). Mucho parece. Se ve que el Gobierno atiende los telediarios de sucesos que acaban con la pancarta ¡Más vigilancia! y ¡Más policía!

Segunda reflexión. El funcionariado es el fundamento del Estado y los partidos políticos siempre han querido fidelizar o ganar el voto del sector. ¿Electoralismo de Pedro Sánchez? ¡No ni ná!

Tercera reflexión. El Estado contra el capitalismo. Hacer oposiciones es inmejorable opción para vocaciones de servicio que huyen de una patronal sin entrañas o no se creen el cuento del emprendedor o no se ven como autónomo.

Cuarta reflexión. El capitalismo contra el Estado. El liberalismo económico de libre mercado y libre empresa abomina del Estado Bienestar y solo exige Estado Ejército y Estado Policía que les garantice el orden y la sumisión. Lo vemos con Trump en Estados Unidos. Si no hay acuerdo demócratas republicanos, no hay Estado y no pasa nada. Y lo vemos en España: a menos sector público, menos impuestos, más privatizaciones y más negocio, dice el programa oculto del PP.

Quinta reflexión. En sentido amplio, todo dinero público es funcionario y habría que funcionarizar ese gasto (en prestaciones, becas o subvenciones) de manera que ese dinero le sea devuelto al Estado y en condiciones de absoluta igualdad y neutralidad. No como ahora. Que la ayuda a la natalidad beneficia descaradamente a la familia (muchas veces numerosa de clase alta y de ideas conservadoras) y agravia comparativamente la política de adopción o la opción natalidad cero cero. Lo mismo ocurre con las becas: que permiten culminar un currículo estudiantil que luego se va a traducir en la consulta privada o en el bufete millonario sin que el Estado recupere ni un euro de lo que invirtió. Medicina en la pública y clínica en la privada, se frota las manos el pájaro. Eso sí que es fuga de cerebros.

Sexta y última reflexión. Por muchos defectos que tenga el Estado, siempre será mejor que la suma caótica de individuos e intereses sin regulador por encima. Antes estaba Dios, que todo lo veía, pero ahora también Dios se tiene que someter a la privacidad en las casas y al laicismo en las calles más absoluto.

/ a Alejandro Elías Villalobos /