Etiqueta: cultura

vigencia del marxismo.

Todavía hay quien duda que el trabajo productivo de bienes materiales (oficio: la mano de obra) es la fuente de la riqueza. Lo dijo Marx en El Capital, y ese análisis no ha sido nunca jamás rebatido: sin materia prima y sin productos manufacturados (pinceles, guitarras, libros) no habría pintores, ni músicos ni autores, ni teatros ni bibliotecas. No habría vida tal y cual la conocemos y, menos aún, habría cultura.

La gran tragedia intelectual del siglo 20 fue el descrédito del marxismo por confusión con el experimento en países que se llamaban comunistas. Separado el grano de la paja, el marxismo económico sigue vigente. Negar las clases y la lucha de clases (lucha aunque sea latente bajo la narcolepsia del Estado del Bienestar) sería como negar la redondez de la Tierra.

Pasa que la clase culta, que de estas cosa sabe, se hace la tonta porque les va muy bien a artistas e intelectuales seguir en su torre de marfil mientras los demás bajan a la mina, suben al andamio, fabrican su pc o limpian su estudio o su despacho. Es muy soberbia la cultura. De ahí, que se escude en pamplinas de autoayuda como “sin poesía me moriría” o sin la Quinta de Gustav Mahler. Por aquí que te vi.


Arde París.

En Castaño del Robledo, Sierra de Huelva, un grandioso templo inacabado, que hoy llaman el Monumento, da ejemplo de adecuación cristiandad sociedad: Si no hay dinero ni feligresía, porque decae la población, dejamos la iglesia sin terminar y nos vamos. Frente al Castaño, Barcelona está empeñada en concluir una Sagrada Familia que no responde ni a la oferta ni a la demanda religiosa; cierta soberbia a la catalana.

Ahora que arde Notre-Dame de París, varias soberbias y orgullos heridos serán portada. Desde el ¿cómo es posible? (que no se hubiesen tomado medidas preventivas anti chispa o anti incendio) hasta el ¿qué hacer? que debería correr por cuenta de la fe privada, no de la municipalidad ni de fondos unescos o europeos.

Arde Notre-Dame porque Dios lo ha querido, piense el creyente que el ¡hasta mañana! nos lo redondea con ¡si Dios quiere! Dios lo ha querido y, sin nosotros desear a nadie tristeza o desolación, es hora de ajustar los relojes de la sociedad civil y de la sociedad creyente. No estamos en el siglo 12. Dios es un particular. Y hay una belleza especial en la contemplación de las ruinas; tópico muy literario, muy paspartú de la pintura clásica, muy romántico y decadente tan atractivo o más que la catedral impecable que saldría de las obras o que saldrá de la reconstrucción.

La poesía de ruinas de nuestro siglo de oro (aquella que explicaba la derrota de una Roma pagana para el triunfo de otra Roma, cristiana) no sirve ya. Aparte Víctor Hugo, detrás de Notre-Dame de París no había nada que no fuese grandeur o chovinismo, así lo llamen arte, cultura o patrimonio de tal o cual. Déjenlo arder.

Ensayo sobre Luzbel

a propósito de Elvira Sastre.

El medio sigue siendo el mensaje. El mundo editorial es, desde hace años, un huevo con dos yemas: la Galaxia Gutenberg y la Galaxia Internet (que resulta más ecuménica y económica, cuando no gratis, más sostenible y ecologista con los árboles). Digan lo que digan mis amigas librerías, yo puedo imaginar un mundo sin libros pero no me puedo imaginar una vuelta a los correos de sobre y sello ni yendo al cine o a la cajita de membrillo cada vez que quiera ver una foto, un vídeo o una película no comerciada: no puedo entender (nadie lo entiende) un mundo sin Internet y sin redes sociales. El libro de Elvira Sastre es cuestión de estilística o crítica literaria pero, puestos a criticar el medio digital que a ella la ha impulsado y hecho yutúber, milénial (palabras así), critiquen las atrocidades que se siguen cometiendo durante la lenta agonía de la era Gutenberg en nombre de lo que llaman cultura.

A propósito de Ronaldo Menéndez sobre Elvira Sastre.

feriantes, turistas y gente culta.

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El disfrute de la cultura empieza por saber las tonterías que se dicen o los abusos que se cometen en nombre de la cultura.

Supongamos los viajes al tercer mundo. Allí nos será fácil ver “la vida como hace años”, dice el turista occidental por Marrakech, la Amazonia, el Cuerno de África o la Polinesia, donde fotografiamos, flash, flash, lo que no querríamos para nosotros ni en pintura.

Supongamos las míticas canciones que, siendo míticas o porque las cantaban generaciones o las abuelitas, te metían cada letra impresentable que no hay más que hablar.

Supongamos las fiestas que acarrea el folclore o se inventa la concejalía de turismo.

Cuiden su viaje y el destino que elijan, cuiden lo que ven o lo que pagan por ver. Cuiden lo que bailan en el gimnasio y lo que cantan en la fiesta, y si lo disfrutan, mejor que mejor, pero no quieran ignorar o hacer pasar por bueno lo que nunca lo fue.

Cuiden también noticias como la pederastia en la Iglesia. Igual que España, capital: Madrid, «Pederastia, capital: Celibato católico» (no pervertidos casos aislados al margen de Roma). Si la Iglesia no estuviese presente en la esfera pública, tampoco la pederastia eclesial sería problema o cuestión de Estado: todo lo más, un asunto propio de una asociación privada que impone esa castidad y que, por esa imposición contraria a las normas que rigen el Registro Nacional de Asociaciones, debería estar prohibida.


–enlace a Daniel Lebrato en 6 pasos

La estafa de las revistas científicas se acerca a su fin.

Moustaki nous sommes deux

(o la cultura de pago se acerca a su fin)

Será por el podrido contexto de la Rey Juan Carlos y por la vacuidad universitaria de currículos como Cifuentes, Montón o Casado. Será por la interesantísima tesis de Pedro Sánchez, doctor en Economía y Política, de cuyo doctorado, más allá del cum laude y del grado de honestidad en el manejo de sus fuentes, quién va a creerse algo investigado, algo que arroje una proposición que merezca la pena en lo que Sánchez titula Innovaciones de la diplomacia económica española aplicadas al espeluznante análisis del sector público 2000·2012. Será por ese contexto vulgar y podrido y será porque la “estafa científica” puede referirse a muchas estafas (de método o de intención, de conocimiento o aplicación), el caso es que el título puede no decir nada: La estafa de las revistas científicas se acerca a su fin. Sin embargo, nada más empezar a leer, una auténtica tesis nos engancha:

«Los contribuyentes desembolsan dos veces: primero para financiar la investigación y luego para leer el trabajo que han patrocinado.»

Caramba. La idea de [eLTeNDeDeRo] es que ese [doble] pago no multiplica por dos, sino por tres o por cuatro, si incluimos las cantidades indirectas que a través de impuestos llevan a unas personas por la senda del trabajo intelectual y a otras por la efepé o directamente a los trabajos más duros y peor pagados. Y la idea es que, como se privilegia la financiación de la investigación, se privilegia el amplio y risueño campo de la cultura, del artisteo y de la creación, donde, igualmente a través de impuestos, becas o ayudas, hay quien vive de hacer cuadros o poemas igualmente subvencionados que el público tendrá que comprar y pagar. Al final del artículo, la conclusión de su autor, George Monbiot, es esta que podría extenderse:

«Mientras tanto, y como una cuestión de principios, no pagué ni un céntimo por leer un artículo académico. La elección ética es leer el material robado que publica Sci-Hub

Lo cual nos llevó a la Wikipedia, siempre dispuesta a enseñar al que no sabe: Sci-Hub ofrece artículos a los lectores sin requerir una suscripción o pago alguno. Cada día visitan Sci-Hub un promedio de 30.000 usuarios, generalmente investigadores. Diariamente se suben nuevos artículos, mediante un servidor proxy del dominio .edu. Antes de que se bloqueara el dominio original del proyecto, el sitio .org tenía un promedio de 80.000 visitantes por día.

Queden ustedes con La estafa de las revistas científicas se acerca a su fin en la muy recomendable revista SinPermiso y léanlo con fondo de Moustaki, célebre porque empezó por dos, Nous sommes deux, y acabó por mille vingt et trois. Gracias: Profesor Miguel A. Garrido


artistas, deportes y partes del tiempo.

In the year 2525

Por motivos personales, me he visto muchas veces rodeado de artistas. Yo, aunque escritor, primero me he presentado como funcionario (la enseñanza pública es lo que me da de comer) y he visto siempre en el artisteo un privilegio que yo rechazaba, supongo, como el comunista rechaza a la patronal: no es nada personal, entonces, ni mis motivos ni los de mis artistas, que hacen muy bien, y ojalá yo hubiera podido, en vivir del arte o de la cultura. Si algo envidié de la vida de artista (envidias hay dos, como el colesterol, la buena y la mala), mi envidia sería de la buena, como el rechazo a la patronal no niega mi admiración o mi amor por una empresa que pueda parecerme hermosa. Sigue sin ser nada personal. Pero el final del arte es un hecho y, el ir de artista, una manera como otra de ir por la vida; hoy anacrónica, mañana un arcaísmo. Hay quien va de político, de predicador, de máster chef o de influéncer, dice el idiota. Mi resumen es, para quien quiera entenderme, a la manera de Bécquer durante la plenitud del genio: podrá no haber artistas, pero siempre habrá arte. Claro. Obras del ocio frutos de la imaginación que habrán de sorprender a lo que quede del mundo. Lo que yo discuto es que in the year 2525 siga habiendo artistas como grupo, como clase, como casta o como sociedad de autores. Si no, ¿qué hubiera ganado la humanidad llegando tan lejos?, ¿para que siga habiendo un Papa?, ¿para que siga un Trump, un rifle o una pistola, un problema de fronteras en México, en el Mediterráneo o en Cataluña? Tampoco me salen oenegés ni Eurovisiones, ni cofradías ni toreros. A mí, en mi bolita de cristal, mirando al 2525, no me aparecen esos papeles y personajes que hoy acaparan el telediario que las grandes cadenas suelen cerrar (para alivio del luto de la actualidad y de los sucesos, como secciones fijas) con artistas, deportes y partes del tiempo.

Daniel Lebrato

/ a Fernando Murillo /


(disfruten la canción de Zanger & Evans, que mañana hablaremos del albatros)

In the year 2525

sentido y sensibilidad del arte y la cultura (a propósito del Año Murillo que vive la ciudad de Sevilla)

Año Murillo

Cuanto más antigua y consagrada es la obra de arte, más atraso ético y estético en la persona que la disfruta. Y no porque la humanidad progrese en línea recta y la obra se quede obsoleta o desfasada, sino porque desde el siglo que vivimos (y con las luces que, si quisiésemos, podrían alumbrar nuestro análisis y nuestra perspectiva) menos se justifica que se sigan idolatrando las composturas de las clases dominantes que guardaron para sí las llaves de la vida y al resto dieron dominación, explotación, sufrimiento y muerte que hoy se solapan bajo forma de turismo o ciclo cultural, museo, exposición, concierto o efeméride.

La voracidad de las concejalías y áreas culturales y festivas se ve en la celebración de los centenarios de un nacimiento, el de Murillo, por ejemplo, cuando ¿qué era Bartolomé Esteban Murillo, bebé bautizado el 1 de enero de 1618? Lágrimas, caca, mama y coco. Lo cuenta Quevedo en Pronuncia con sus nombres los trastos y miserias de la vida.

Pronuncia con sus nombres
los trastos y miserias de la vida

La vida empieza en lágrimas y caca,
Luego viene la mu, con mama y coco,
Síguense las viruelas, baba y moco,
Y luego llega el trompo y la matraca.

En creciendo, la amiga y la sonsaca,
Con ella embiste el apetito loco,
En subiendo a mancebo, todo es poco,
Y después la intención peca en bellaca.

Llega a ser hombre, y todo lo trabuca,
Soltero sigue toda Perendeca,
Casado se convierte en mala cuca.

Viejo encanece, arrúgase y se seca,
Llega la muerte, todo lo bazuca,
Y lo que deja paga, y lo que peca.

Francisco de Quevedo y Villegas
El Parnaso español
(1648)
*

hemerotez.

Mercurio sobre las religiones

Se llama hemerotez a la estulticia empapelada, hemeroteca de la estupidez o estupideces que vienen en prensa. Por cosas del mal tiempo que hizo ayer y de la soledad de los bares de acogida, fui al quiosco y compré El País que me hiciera compañía, años que lleva uno sin leer semejante manual de instrucciones. Siguiendo con la campaña de intoxicación contra Cataluña, Félix de Azúa se despachaba a su gusto comparando, ni más ni menos, ¡extremismo yihadista e independentismo! (cuando la fase en que estamos es de referundismo, que no es igual). Este [El] País no tiene arreglo, pensé mientras daba cuenta de una manzanilla de Sanlúcar bien fresquita. Euro y medio que ha pasado de mi bolsillo al fondo de los Azúas que intelectan con lo que creen que es suyo: la patria, España, la democracia. Otro día, llevé a ese mismo bar la revista Mercurio de diciembre 2017, que habrán leído. Ahí, una con título de Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales va y suelta esta perla sin desperdicio: ¡La religión es un arte, no una ciencia que imparta conocimiento! Y se queda, la señora, tan tranquila. Otro sacadillo que le hace Mercurio resalta: ¡La nación ha suplantado a Dios y el nacionalismo puede ser otra forma de guerra! O sea, más de lo mismo contra la cuestión catalana. Si ese era el pórtico de Karen Armstrong (UK, 1944), unas páginas más allá ‑a religión del libro por artículo‑ se glosan con ventaja los beneficios de las tres religiones monoteístas: Antonio Praena (Purullena, Granada, 1973) coge el rábano del cristianismo por las hojas del erotismo de El cantar de los cantares, Rafael Valencia (Berlanga, Badajoz, 1952) reconduce el Corán por sus valores filológicos y literarios y Esther Bendahan (Tetuán, Marruecos, 1964) presenta la Torah como una ética del exilio de una comunidad de lectores que empezó hace cinco mil años. Toma ya. Lo que no inventen estos. Mercurio es publicación gratuita. El País, encima, 1,50 euros que me quité de la bebida. Qué diré después de mi vecinillo el de enfrente, el de la bandera de España, y sin apenas estudios. A ver si escampa.

Mercurio sobre las religiones

persecución.

Carta de despedida a amigos de izquierdas que escribían novelas sobre la memoria histórica contra el franquismo y ahora atraen con sus escritos y opiniones la cólera del Estado contra la experiencia catalana.

Si la historia se mueve y los mapas cambian, ¿qué pasa?, ¿que ya no pueden cambiar? Si las deudas se pagan y si algo os debe Cataluña, ¿por qué no exigís cuánto es, y se acabó el problema? Era otro el problema.

Cuando os conocí os gustaba la Aldea Gala. Ahora, alguien en vuestro nombre, con vuestra cara o con vuestras legiones, vendrá a buscarme o irá a buscar a mi gente: la persecución ha comenzado.

[eLTeNDeDeRo]

arte y artistas.

Cuestiones palpitantes sobre piratería, derechos de autor o el llamado iva cultural nos llevan a una previa o derivada: ¿a quién pertenece el arte, la creación?[1] La invención es del inventor y será este, hombre o mujer, quien se quede con las plusvalías. Pero mientras la obra no artística solo aspira a un valor de uso y un valor de cambio (en términos de la mercancía marxista), la obra artística o cultural aspira a un valor inmaterial universal,[2] lo que choca con la transmisión de derechos a herederos cuyo mérito es ninguno. Desde que concebimos el Patrimonio del Estado como bien común[3], el © de obras grandiosas en poder de un descendiente o de un sello editorial debería preocuparnos. Se expropia y se indemniza por una autopista ¿y no se va a expropiar y a indemnizar por el Corominas, por el Casares o por el María Moliner? Otra forma de verlo. El poeta ‑aunque diga otra cosa‑ escribe gracias a los oficios y personas que fabricaron su casa, su cuarto de estudio, su pluma o su ordenador. ¿No será su poema también un poco propiedad de esos oficios? ¿Hubiera escrito sin albañiles, sin fontaneros, sin electricistas? Si el autor ‑al rebufo de leyes proteccionistas‑ se hace el interesante, qué menos que nosotros (cuerpo lectoral) bajarlo de la pamplina, torre de marfil o pedestal, a donde fue llevado. Dejo a ustedes con una interpretación del niño dios Juan Ramón Jiménez.


CÁLCULO DEL NIÑO DIOS

Yo tengo escondida en mi casa,
por su gusto y el mío, a la Poesía.

Se empieza en mientras haya algún misterio
para el hombre, no para la mujer
que posa por hermosa o fastuosa
de tesoros. No es un misterio a voces
el campo, la vendimia y los jornales,
todo el ajuar que cargan las muchachas.
Se sigue con que siempre habrá poesía,
incluso sin poetas dios existe:
su altar será la sociedad de autores.
Y acaba uno encerrándose en la casa
que fueron levantando por su gusto
y el suyo antepasados y albañiles,
con muy pocas visitas, las precisas,
y viendo, apasionado, cosas raras.
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Daniel Lebrato, de Historias de la literatura, 2013

 

[1] Y, en sentido amplio, el saber, la ciencia, la investigación.

[2] Desde el “ande de mano en mano a quienquier lo pidiere”, del Arcipreste a su auditorio, hasta el Manuel Machado de las coplas que no son coplas hasta que las canta el pueblo y “ya nadie sabe el autor”, todo arte aspira ‑como un azucarillo‑ a su disolución.

[3] Con sus museos y bibliotecas nacionales, conjuntos histórico artísticos, parques nacionales, bienes inmateriales, etc. Y desde que las naciones disputan qué patrimonio o cultura es mayor, si la española con Cervantes o la inglesa con Shakespeare, por ejemplo.

pecado y penitencia de la cultura.

El precio de ser culto, literario, educado y amigo de tus amigos, es tenerse uno que leer todas las ocurrencias (también llamadas paridas) de todas tus amistades igualmente cultas y literarias. En Tiempo de silencio, Martín‑Santos llama al proceso polinización. Y lo escenifica sobre una playa llena de soles escritores. Menos mal que la mayoría ‑tan segura de sí misma‑ no pregunta después qué nos pareció su poema o si nos ha gustado su novela. Y encima quieren bajarle el iva.

justicia poética | literatura y compromiso.

En las primarias del Psoe, llama la atención esa Susana Díaz que primero augura aventajar a Pedro Sánchez por 20.000 credenciales, luego se queda en 6.000 y por último declara ‑tan fresca‑ que ganar es ganar, lo que anticipa que, si se lleva la Secretaría por un solo voto, ahí estará ella. En fútbol, como vencer en el último minuto y de penalti injusto o por gol en propia puerta del adversario. Es la moral ganadora. La que no tiene moral. La política, o sea.

El arte y la literatura nos enseñan la otra cara de la derrota. Justicia poética. Así llamamos al tópico consolación según el cual la bondad y la virtud son finalmente premiadas y la maldad, castigada. Nuestra simpatía con el héroe vencido o el antihéroe debe venir de algún rechazo personal hacia la competición o carrera donde ganar y perder se baten el cobre. Desde el paraíso ‑cuando ignoraban las palabras tuyo y mío y eran todas las cosas comunes‑, el verbo tener se ha impuesto al verbo ser. Ulises era un marine y la de Troya, una invasión en tierra hostil. Son los ojos con que leemos ‑ojos asimismo lejos del paraíso‑ los que nos hacen decir qué bella la Ilíada, qué hermosa la Odisea. Nos hemos envilecido a la par. Por compensación (arte moral donde es experto el cristianismo), guardamos un rincón para que el último sea el primero; la fea, la más guapa y el chico, el más listo y más valiente. Esta ‘justicia’ es proyección de nuestra propia derrota o de nuestra ansiada victoria. La cultura actúa como el millonario que ‑en la edad forrada‑ dota una fundación para ayudar a los pobres. Honor, de todas formas, a quienes en su vida defienden y custodian sus Termópilas. La cita es de Kavafis y la entrevista, a Salvador Compán, a propósito del halo del perdedor.


contra el mito de la cultura popular, por Daniel Bernabé.

El mito de la cultura popular no es más que otra forma de transformar artificialmente la escasez en opulencia. No plantea ninguna tensión con la alta cultura, en el sentido de ser la reconocida por el canon de la academia, ni con la cultura de masas, de entretenimiento y desguace. Solo parece entrar en conflicto con cualquier cultura que sea tachada de manera gratuita de minoritaria, especialmente si esta tiene un aspecto impugnador.

La cultura popular, en términos conservadores, es la cultura compartida por todos, el mínimo común denominador de un momento prescindible. La cultura popular, si quiere dejar de ser mito para pasar a ser realidad, debe ser la cultura hecha por todos, aquella que se libere de sus ataduras de mercado y rompa las barreras entre creación y consumo.

artículo completo: Daniel Bernabé en LA MAREA.

los clásicos y los tópicos.

Mi amigo escritor, sabiéndose excluido de un evento literario de esos que sirven para saber quién es quién, cita a Ovidio: «Mientras todo te vaya bien, contarás con muchos amigos. Pero, si el tiempo se nubla, te quedarás solo». Ovidio pensaba en el poder y en la riqueza y sigue vigente según vemos cada día. Pero la fanfarria de los libros y ferias del libro es del tipo «Dios los cría y ellos se juntan». He aconsejado a mi amigo que tenga el honor (y el valor) de no juntarse con ellos. ¿Fue Horacio quien primero cantó las excelencias de la vida retirada? De todas formas, los clásicos no tuvieron más sustancia que la que tenemos nosotros. Pasa que ellos llegaron primero. Ejemplo de tópico (popular, en este caso) que también admite su otra vuelta de tuerca, y se la damos:

«En esta vida
todo tiene remedio,
menos la muerte.» O sea,
menos la vida.

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Enlace a tópicos por un tubo.

la luna, la semana y la cultura.

Cuando yo era más joven, muchos cerebros universitarios nos iluminaron con luces laicas o antropológicas fenómenos religiosos. Navidad o El Rocío y el culto a Mitra, San Juan y el equinoccio, el Carmen y el agua o Semana Santa y la luna de primavera; todo muy con los ciclos babilónicos, prerromanos o celtas. No os dejéis seducir por semejante bibliografía.

Poneos en el mismo monte Calvario, donde a uno lo van a crucificar. Su delito no es pequeño: dice que es el Mesías, quién se habrá creído. El pueblo es salvajuno. El espectáculo ha de verlo sin armar tumulto y respetando el orden y la autoridad. Un reo amarrado a la cruz podía tardar en morir hasta tres días con sus noches, por eso le añadían torturas como clavos, fractura de piernas, hundimiento de costillas, barbaridades así. La plebe aplaude o vocifera, alguien llora y no quiere verlo, la gente peleando por el mejor sitio, se llevarían el bocadillo o la sillita, cogerían piedras para tirárselas al condenado y hay quien querrá aprovechar la bulla ‑cuchillo entre las ropas- para un ajuste de cuentas con su vecino. Ahora sois Poncio Pilatos, gobernador, están locos estos judíos, pensaríais, a esta gente, lo que le falta es la impunidad de las sombras. El calendario judío (como todos los calendarios) es lunar. ¿Qué día fijaríais la fecha de ejecución? Con luna llena, claro, que le será más fácil a la muchedumbre seguir los detalles -hoy procesionales- de la crucifixión: a fin de cuentas, el castigo quiere ser didáctico: que aprendan en cabeza ajena. Y para la guarnición romana, con luz, más fácil.

Conclusiones. Todavía es más barata la luz natural que la artificial. Todavía siguen países con la pena de muerte (Estados Unidos, uno de ellos). Todavía se permiten espectáculos de sangre (ejecuciones, corridas de toros). Todavía la cultura apuntala la superstición y todavía sirve para que yo, el culto, esté por encima de ti, que no sabes nada. Y también la madrugá se maneja mejor con cuanta más claridad. De hecho, el afán de claridad fue tanto que por algo la autoridad llegó a prohibir los encapuchamientos, que se prestaban a todo tipo de abusos. No es casualidad que una hermandad de nobles como el Silencio fuera la primera ‑y en su día la única‑ en desfilar sus hermanos bajo antifaz: el anonimato a cara tapada permitiría al duque o al marqués mandar a la procesión, en su lugar, a un criado suyo (origen de la expresión: papeleta de sitio) y que el criado se joda penitenciándose en sus carnes como si fuera el marqués. Oh maravilla. Cuánta devoción. Y la última: todavía sigue la Iglesia mandando en nuestras vidas a través del calendario. ¿No dijeron tres culturas? ¿Para cuándo tres calendarios a elegir y que cada persona según su creencia elija el suyo? Y, a los descreídos, que nos dejen en paz las cuatro culturas: la cuarta, y la peor, la del sabio o el concejal que nos vienen con que lo natural y lo cosmológico y lo antropológicamente ancestral es que la fiesta de primavera sea así porque siempre ha sido y será. Menuda luna. Si no hay llena, la inflan.

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cuando la literatura profesional haya desaparecido.

Hay quien publica libros por los que tenemos que pagar y hay quien publica gratis por internet. El culto a la autoría y el elogio del papel y del tacto del libro están detrás de la cultura del libro, que es en realidad una subcultura. El menosprecio de las redes sociales (red de redes y única que hay, y a la que la cultura se acoge cuando le interesa, por ejemplo, para dar difusión a sus novedades) está detrás de esta otra y emergente subcultura digital cuyo lema es: lo digital es gratis. Cuestión de canales. Algún día autores, editoriales y librerías habrán pasado a mejor vida. También se perdió la forja de la armadura de don Quijote y no lloramos por eso. La subcultura de la cultura es lo que estorba la visión de una literatura definitivamente universal. Cuando la literatura profesional haya desaparecido.

*


cultura, valor y precio.

Si la cultura es un bien para todos ‑como se ha dicho: la segunda naturaleza del hombre‑, no se entiende que alguien quiera vivir de ella. Sería ganarse la vida (privada) a costa de un bien público. Perder dinero, tampoco, estamos de acuerdo, pero ¿ganarlo?

Un libro donde se escribe “alzar una frontera porque no quiero este mundo. Porque el mundo de aquí no lo quiero. Para crear mi pradera bastan las palabras nosotros resucitaremos” cuesta 16 euros (por 120 páginas, a 0,13 euros la página). De esos 16 euros, 3,36 se los lleva Hacienda (en concepto 21% de iva general; no cultural como la cultura quiere hacernos creer). Total, yo ni contribuyo al autor ni contribuyo a Hacienda. Y todo, gracias a la revista Mercurio, de la Fundación José Manuel Lara, que, con sus reseñas de novedades, me libra de comprarlas y, sobre todo, de tener que leérmelas. El lema “cultura para todos”, que ilustra la contraportada del Mercurio de febrero 2017, arroja en Google 373 mil resultados en 0,8 segundos. No estamos solos.

–enlace a Literatura, valor y precio.

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instrucciones para encontrar el paraguas.

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vídeo 3:45 minutos

 

Siempre me hizo gracia la greguería de Jardiel Poncela de que en esta vida solo unos pocos sueños se cumplen, la gran mayoría se roncan. El otro día, volviendo a la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla, sede del CAAC (Centro Andaluz de Arte Contemporáneo), en su sala capitular me pedí hacerme la foto que ven ustedes. Yo diría que el caballero, don Diego Gómez de Ribera, ligeramente vuelto de espaldas a su señora[1], ni sueña ni está muerto: el hombre ronca como un bendito.

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Y eso que armadura con espada debió ser pijama algo incómodo. Y menudo salto de cama. Como para la ducha diaria. Reza el mármol (pues los mármoles rezan): «Aquí yace el ilustre señor Diego Gómez de Ribera (ω-1434), adelantado mayor de Andalucía, hijo de los ilustres señores Perafán de Ribera, asimismo adelantado, el cual, después de haber ganado Iznájar en el Reino de Granada y otras muchas fortalezas y vencido muchas batallas contra moros, cercó la villa de Álora, asimismo en el dicho reyno y, habiéndola combatido y hecho un portillo, y viniendo a partido[2] y a hablarle, él se quitó la babera[3] y le dieron una saetada por la boca de que murió. El cual gastó todo su tiempo en guerra contra moros por cuya causa su memoria siempre vive y vivirá porque quien a Dios sirve es razón que sea así.»

Diego Gómez de Ribera el Adelantado del romance de Álora inscripción.jpg

De manera que este era el adelantado del romance de Álora, la bien cercada, uno de los romances más vivarachos del romancero viejo (sección fronterizos) y yo sin saberlo y a dos pasos de mi casa. Menos mal que al revelar la foto he caído en la cuenta y me permito el disfrute de tanta gentil coincidencia: el CAAC, a donde íbamos a ver la Confesión general de Luis Gordillo antes de que la levanten y los 25 años de ¿Qué piensan los artistas andaluces de ahora? que incluye la película La Alameda (1978), donde vivimos, película que disfrutamos hora tan larga que nos dio la del cierre. Y todo, buscando el paraguas que el Centro nos habían retenido en su paragüero, para no mojar ni estropear nada, mientras duraba nuestra visita la tarde de un viernes de lluvia y de febrero que mi novia y yo no teníamos nada mejor que hacer. Dirán que esto de ser tan inculto no tiene sus entresijos y sus divertimentos.

 

Romance de
ÁLORA LA BIEN CERCADA

Álora, la bien cercada,
tú que estás en par del río,
cercóte el Adelantado
una mañana en domingo,
de peones y hombres de armas
el campo bien guarnecido;
con la gran artillería
hecho te habían un portillo.
Viérades moros y moras
subir huyendo al castillo;
las moras llevan la ropa,
los moros harina y trigo,
y las moras de quince años
llevaban el oro fino,
y los moricos pequeños
llevan la pasa y el higo.
Por encima del adarve
su pendón llevan tendido.
Allá detrás de una almena
quedado se había un morico
con una ballesta armada
y en ella puesto un cuadrillo.
En altas voces diciendo
que del real le han oído:
-¡Tregua, tregua, Adelantado,
por tuyo se da el castillo!
Alza la visera arriba
por ver el que tal le dijo:
asaetárale a la frente,
salido le ha al colodrillo.
Sácole Pablo de rienda
y de mano Jacobillo,
estos dos que había criado
en su casa desde chicos.
Lleváronle a los maestros
por ver si será guarido;
a las primeras palabras
el testamento les dijo.

Romance de Álora en Wikipedia
Álora, página municipal
–película La Alameda (1978) de Juan Sebastián Bollaín (hora y 10 minutos de duración)

*


 

 

[1] Doña Beatriz Portocarrero (ω-1458).

[2] venir a partido : sacar provecho o ventaja, aunque aquí parece que es ‘por hablarle aparte’.

[3] Pieza de la armadura antigua que cubría y protegía boca, barbilla y mandíbulas.


advierte en greguería Félix Morales Prado:

Los paraguas que se pierden se van a los cuadros de Magritte.

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René Magritte, Golconde (1953)

 

El título Golconda (sinónimo de mina de riquezas según el Oxford English Dictionary) fue sugerido por el poeta y amigo del autor Louis Scutenaire. Golconda es una ciudad en ruinas del estado de Telangana, en India, centro de la legendaria industria del diamante. [Wikipedia]


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vídeo 3:45 minutos

 

3 culturas.

Hace tiempo me declaré objetor de todo lo que suena a tres culturas, con Iglesia, Psoe y tapadismo islámico al fondo. La única concordia entre las tres orillas será la de una sociedad civil ya sin militares ni religiones que guarden las fronteras del reparto y sin políticos que nos vendan el producto. Todo lo demás me suena a falso.

danieL*Lebrato