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LA CULTURA

–LA CULTURA–

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–LA CULTURA–
y las dos culturas

Culturas ‑como la envidia, como el cinismo o como el colesterol‑, la hay buena y la hay mala. La mala es la que, en la medida que ensalza a quienes saben, humilla a quienes no saben, que en adelante recibirán nombre de incultos. Otra cosa es la cultura en tanto cultivo de uno mismo y de su entorno, también cantidad de experiencia acumulada que hace mejor a la persona que puede permitirse conocimientos y habilidades en materias que nos colocan en ventaja en la carrera de la buena vida (cultura de idiomas, libros y bellas artes; cultura de viajes, razas y países; cultura gastronómica y del vino). La primera cultura, la exclusiva, resulta odiosa y merece ser destruida. Es la cultura de quien se ríe de quien comete faltas de ortografía. La segunda cultura, la inclusiva, es amable y habría que repartirla por los cuatro costados del universo. Eso, supongo, es el comunismo.


ecos de Umberto Eco.

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ECOS DE UMBERTO ECO
cultura de masas y posmodernidad

Llega un momento en que la vanguardia (lo moderno) no puede ir más allá, porque ya ha producido un metalenguaje que habla de sus imposibles textos (arte conceptual). La respuesta posmoderna a lo moderno consiste en reconocer que, puesto que el pasado no puede destruirse (su destrucción conduce al silencio), lo que hay que hacer es volver a visitarlo; con ironía, sin ingenuidad. La actitud posmoderna es como la del que ama a una mujer muy culta y sabe que no puede decirle te amo desesperadamente, porque sabe que ella sabe (y que ella sabe que él sabe) que esas frases ya las ha escrito Corín Tellado. Podrá decir: Como diría Corín Tellado, te amo desesperadamente. Si la mujer entra en el juego, habrá recibido de todos modos una declaración de amor. (Apostillas a El nombre de la rosa, 1985). Lean también Apocalípticos e integrados ante la cultura de masas (1968). –Umberto Eco, ha sido un placer.


LOS DESNUDOS DEL VATICANO

LOS DESNUDOS DEL VATICANO
antisistemas y tradicionalistas ante los cambios sociales

Había dos clases, dos luces, de bohemia: la bohemia de verdad, pobre y marginada, que pinta Valle en Max Estrella, y la bohemia estética o de mentirijillas, del coro modernista. Algo así ocurre con lo que se llama antisistema, palabra que califica dos actitudes que no tienen nada que ver: el antisistema individualista y el antisistema social (o socialista), que no deja de pensar por y para el colectivo. El antisistema individualista puede ser artista, gamberro, extravagante, radical o suicida. El antisistema político, en cambio, es un teórico de la revolución aunque, en la práctica, su vida resulte de lo más burguesa y convencional.

Eso nos lleva al trío de lo culto, lo popular y lo tradicional. Lo culto se sabe lo que es: está en manos de una minoría que protagoniza o administra la cultura. El problema surge al querer distinguir lo popular de lo tradicional, porque los dos dependen de esa evanescencia que llamamos pueblo. De hecho, que el partido menos popular, en el sentido de gentes, se llame Partido Popular, no es más que una ambigüedad contagiada por la aspiración de ese partido a ser el mayoritario, el más votado. Y no es tampoco extraño que lo contrario al PP (que no tiene nada de popular), y en gran medida al Psoe (que tampoco tiene mucho de socialista), reciba etiqueta de populista, donde el populismo no es salirse del macro sistema, sino del micro sistema al dictado de la Constitución, de la Zarzuela o de la Moncloa. ¿Antisistemas, según ellos? Podemos, Bildu, la CUP o Republicanos de Cataluña, en realidad, partidos cien por cien sistema aunque en una onda distinta.

Fuera y al margen de la política, lo popular luce por contraste con lo tradicional, algo que veíamos cuando estudiábamos la lírica tradicional de la Edad Media. Popular es lo famoso, lo muy conocido (Isabel Pantoja y Rocío Jurado son populares). El concepto de la fama no se puede aplicar en estos tiempos como se haría en la Edad Media. Y ahí están las Coplas de Manrique con la vida de la fama como tercera vida entre la mortal perecedera y la eterna: Pues otra vida más larga de la fama gloriosa acá dejáis. Salvando las distancias de lo que es ser conocido, ser famoso o ser popular, ahora y hace siglos, cuando no había televisión ni esa televisión interactiva que es internet, nosotros distinguimos lo popular de lo tradicional por una aparente paradoja (todas las paradojas son coherentes) y por una fórmula sencillísima: todo lo tradicional es popular pero lo popular no tiene por qué ser tradicional. La paradoja consiste en que, siendo lo tradicional mucho más arraigado, costroso o incrustado de generación en generación en el espíritu de la gente (un refrán, una receta, una manera de festejar), lo tradicional (de transmisión oral frente a lo culto, que hay que leer) admite paradójicamente cambios sin que la tradición peligre por eso; más bien, al contrario, es señal de que la tradición sigue viva, mientras que al popular torero o a la popular cantante no los podemos modificar. Dos personas en la cocina haciendo dos migas, dos pringás o dos gazpachos (platos de la tradición del majado del día después y del no tirar nunca la comida sobrante) es casi imposible que hagan dos migas, dos pringás o dos gazpachos iguales y, sin embargo, estarán siempre haciendo el mismo plato.

Desconfiad de quien apele a la tradición o la ponga como pretexto para su conducta. Esa persona, un Fran Rivera, invoca una tradición, que, a lo peor, ni existe, con ánimo de paralizar vuestro juicio. Y si alguien aprovecha la foto del torero con su niña para hacer campaña antitaurina, está en su derecho: las campañas en contra engordan porque otros a favor las alimentan. Desconfiad también del papa que cubre los desnudos del Vaticano para recibir a su huésped el ayatola por respeto a qué, ¿a su tradición o a su intransigencia? La obscenidad en imágenes o desnudos está en el ojo de quien las mira o no las mira, y las miradas se prohíben por autoritarismo o por dogma, no por tradición, o, a este paso, hablaríamos de la tradicional Inquisición Española o de la tradicional Censura. El mensaje que el papa nos manda, y parecía el tipo abierto y puesto al día, es: ateneos a las tres culturas, a la religión de las religiones, o sea. Y al laicismo, que es lo que el papa con su respeto a la tradición de su hospedado quería demostrar, ¡que le vayan dando!

LOS LIBROS

TdC Daniel Lebrato La Carbonería 16 10 2014 foto Cristina Montoro (3)

LOS LIBROS

Los libros son una superstición y, quizás, la peor: que hay que leerlos. Si te cae encima una gran mentira o una gran pamplina, pide que no te venga encuadernada. Libros son los de texto y los libros sagrados, repertorio de las barbaridades de donde venimos. Los libros ni son buenos ni son malos. Sirven de adorno, para afirmar la pata de un mueble cojo, tapar un desconchón, arder en la chimenea o para hacer pesas. Sirven también como testigos de que hubo una vez alguien que concibió la gloria. Porque quien escribe pretende añadir un renglón o un solo verso al gran libro de la creación, lo cual es una forma de creer en Dios. Guarden los libros. Un libro, con sus pastas, con su lomo, con su peso, con su volumen, con sus páginas de respeto y con la firma allí puesta: es como una Capilla Sixtina que no nos cabe en la cabeza y, sin embargo, nos cabe. El dedo de Adán como el dedo de ET. Lo que los hombres llamaron la cultura.

DOS PELÍCULAS (Cine e ideología)

El puente de los espíasDOS PELÍCULAS
cine e ideología

Son dos buenas películas y las dos son falsas. La película La isla [de Perejil] (2015), del marroquí Ahmed Boulane, toma a broma, y le sale francamente bien, algo que no tuvo gracia: el conflicto del año 2002, cuando una intervención del ejército español desalojó de la isla a unos pocos marroquíes. Cuerpo de actores y director que presentaron el film en el Festival de cine europeo de Sevilla justificaron La isla por la necesidad de redimensionar por el humor lo que hubiera podido terminar en tragedia. Y, todo, por un islote de nada. Pasa que no es lo mismo la risa a un lado y otro del incidente. Si el humor se justifica por un islote de nada, por qué, si es tan ‘de nada’, no se devuelve al mapa de donde fue quitado, quiérase o no Marruecos, de cuya costa Perejil dista 200 metros. La otra buena película sobre falsas premisas es El puente de los espías (2015), la última de Spielberg, con los hermanos Cohen al guion, ambientada en la Guerra Fría entre 1957 y 1961, cuando se levantó el Muro de Berlín. La película pinta unos estadounidenses muy preocupados por la amenaza soviética, cuando ese miedo fue infundado, alimentado por los propios Estados Unidos para justificar su presencia en Europa y para asfixiar económicamente a la URSS a base de la carrera de armamentos. Víctimas de esa estrategia de amenaza y de desgaste, las repúblicas democráticas (obligadas a levantar sus países en ruina) se vieron forzadas a destinar a una guerra que nunca se produjo lo que necesitaba el bienestar de sus pueblos. En cuanto a Berlín, imagine que su ciudad la dividen en dos, la rica y la pobre. Si pudieran, cruzarían a la parte rica. Fueron los cálculos de Inglaterra, Francia y Estados Unidos, que se habían quedado con más de la mitad del Gran Berlín (480 km cuadrados y 2,2 millones de habitantes), frente a la parte soviética (400/1,1). No justificará eLTeNDeDeRo el levantamiento de muros pero, desde 1945 hasta 1961, más de 15 años aguantó el Berlín pobre, el que tenía que construir el socialismo, las presiones y provocaciones del Berlín rico, especialmente rico en tanto se trataba de hacer de Berlín Oeste el mejor escaparate de las glorias y excelencias de los llamados países libres. Es como si en esos mismos años se incrusta una cuña de la opulenta Miami en el corazón de La Habana, donde, al mismo tiempo que pesa la asfixia por el bloqueo económico, siguen insinuándose maravillas al alcance de la ciudadanía cubana. Esa fue la provocación a la que quiso responder la Unión Soviética con el siniestro Muro de Berlín, más siniestro aún cuando se piensa cómo hubiera sido la historia si Estados Unidos, en lugar de combatir a los pueblos que se han salido del guion de su capitalismo, hubiera ayudado o permanecido neutral. El personaje de Tom Hanks (el abogado James Donovan defensor del espía ruso Rudolf Abel, carne de silla eléctrica, a quien salvó la vida para canjearlo por americanos presos en el otro lado) nos llega por su terca integridad, por su sentido de su oficio y por su buen olfato, pero sus bondades individuales no lo salvan de haber pertenecido a la peor sociedad que conocieron los siglos: los Estados Unidos de Norteamérica tras la Segunda Guerra. Go home.

UNA PELÍCULA GRIEGA (filosofía y filósofos)

Duchamp_Fountaine

UNA PELÍCULA GRIEGA
(filosofía y filósofos)

La teoría marxista del arte y de los oficios y de los bienes no productivos (un gol, una emoción) afirma que algo es algo si el mercado paga por ese algo, si circula como mercancía con valor de cambio, el valor de uso podría faltar. La diferencia entre un urinario y el urinario de Marcel Duchamp es que este circuló como mercancía arte y los demás, como simples urinarios; y la diferencia entre un violinista y alguien que toca el violín (mejor incluso que el violinista profesional) es que el violinista cobra y gana como músico, ocupa la casilla de violinista, y el que toca el violín, no tiene por qué. De todos los oficios improductivos que dicen los modernos que nos dejó la antigua Grecia, el más pintoresco ha sido el filósofo, esa especie de sacerdote laico. En su versión más creíble, el filósofo sería mezcla de profesor, académico y consejero, oficios los tres por los que se podía estar en nómina en la sociedad esclavista que fue Grecia. En su parodia cutre y en lenguaje de Epi y Blas: ¡Buenas! Yo soy el filósofo, me levanto por la mañana, me pongo mi sabanita y me voy al ágora; ya estoy en el ágora, ahora, a transmitir mis pensamientos; al volver me encuentro la comida en la mesa, me echo la siesta y, por la tarde, otra vez a pensar. Hace unos días leí en la página de un profesor de filosofía, buen escritor y buen colega mío: Fui ayer con dos filósofos y una filósofa a ver en el cine una película danesa que recomiendo. Filósofo, no. Él, como yo, es profesor de secundaria, yo de lengua y él de filosofía, aunque cada uno tenga, tenemos, derecho a nuestro propio personaje y hay también muchos de mi cuerda que, siendo funcionarios docentes, titulan de poeta y por demás van al cine con otros poetas a ver quién liga con la poetisa. Pero, en serio, en serio, somos lo que cobramos, por lo que nos pagan, y como emisores necesitamos receptores que nos perciban como lo que decimos que somos. Y hoy nadie está dispuesto a que otros piensen por nosotros. Si acaso, el club de fans de un Fernando Savater, quien firma como filósofo e intelectual en su wiki de visita. Lo que es seguro: nadie acude a él como discípulo al maestro, a que le dicte la verdad y la respuesta a las grandes cuestiones de la vida, quién soy, de dónde vengo y esas curiosidades de las que mi madre diría Daniel, hijo, qué de pamplinas preguntas. Solo por haberse identificado Savater con Rosa Díez, la de UPyD, ya da idea de la fiabilidad de su pensamiento, no digamos de su visión oracular, con proyección de futuro. El propio Ortega y Gasset, brillante en La deshumanización del arte (1925), no fue más que un profesor con mucho de pensador, algo de político y nada en la historia universal de las ideas que lleve su nombre. No. No hay filósofos. Hay contertulios, cada uno con sus ideas, y hay historia de las ideas, del pensamiento. Y el profesorado. El día que la filosofía desaparezca como asignatura, no desaparecerán las ideas. Las más de las veces ‑Marx lo dijo‑, la filosofía ha sido, con la enseñanza, la religión y la política, un conservante o edulcorante de un viejo precocinado: la explotación del hombre por el hombre. Otra cosa, y que mi colega me perdone, no he leído yo, en los libros de texto que se manejan. Que ciertos oficios, que fueron de tinieblas, continúen y se reivindiquen a sí mismos como de luces imprescindibles, no anula que todos los pedestales se nos han caído encima de la cabeza. La película griega, de Sócrates hasta Tsiripas, ¿quién, salvo los protagonistas, sigue creyendo en ella?

SI NO PUEDES CON ÉL

Model Down

SI NO PUEDES CON ÉL
apuntes de ética

Justo al día siguiente de imaginarme yo la pequeña historia de Rocío, una niña síndrome que vi en la playa, me entero de que Madeleine Stuart, australiana de 18 años, chica down a quien El País titula directamente como modelo, de profesión sus pases, ha desfilado con éxito en la Semana de la Moda de Nueva York. Sirva de ejemplo del escaso olfato de eLTeNDeDeRo en cuestiones de alcance. Una sociedad que no ha lavado sus trapos sucios, que no ha resuelto sus asuntos internos se creerá muy democrática y muy avanzada en derechos humanos repartiendo papeles incluso a quien estaba libre de una lacra concreta: los bajos fondos de la moda han de parecerle nauseabundos al moralista. Ya les pasó a los mariquitas del Orgullo Gay, que se apuntaron a una carrera de tacones.

Contestants take part in the annual high heels race during Gay Pride celebrations in Chueca quarter in Madrid, Spain, July 2, 2015. The winner of the race receives a prize of 500 euros ($555), according to the organisers. REUTERS/Sergio Perez

Vomito igual que cuando veo mujeres islámicas, tan emburcadas ellas, con sus signos externos (labios, ojos, colgantes, pulseras, relojes, tocados) de lujo y presunción. Si por algo se admite el inadmisible tapadismo impuesto a las mujeres es por y para su uso religioso, no para que lo usen con ostentación de marcas de la sociedad de consumo.Mujeres libres con burka Y si algún trato pide la discapacidad, es normalizarla y que pase desapercibida. De la marginación, al orgullo Down, hay una película muy vista. Los procedimientos de rodaje son dos: igualación e inversión. Igualación: el mal se extiende a quien estaba libre y no lo padecía: pasó con los varones, de pronto elevados a hombres objeto: no se acabó con la mujer objeto. Inversión: lo antes marginado se eleva a motivo de orgullo: orgullo burka, orgullo gay, orgullo bici, blak power. Todo, menos superación y extinción de lo que estaba mal, que sería lo suyo. Será que prevalece la ética de Si no puedes con él (con tu enemigo), únete a él.Tapadas de lujo Así se unieron el pasado viernes en la Gran Mezquita de La Meca multitud de tapadistas. Mientras rezaban que Alá es grande, más grande era la inmensa grúa que les cayó en la cabeza. 107 muertes, 238 con heridas. Es lo que teme siempre Abraracurcix, el jefe galo, que el cielo le caiga encima. No contento Alá, dos días más tarde, en Egipto cerca de la frontera con Libia, el piadoso ejército egipcio atacó desde el aire a un grupo de pacíficos y desarmados turistas. Doce muertos y diez heridos después de que los militares lanzaran un ataque con aviones y helicópteros sobre los viajeros. El bravo ejército, mujer, creyó que el convoy pertenecía al Estado Islámico. Se ve que allí en Egipto el pretexto antiterrorista sirve como aquí, que si pueden se lo aplican hasta a la ciclogénesis explosiva, esa que entra por Galicia de los ganaderos que tiran leche y llega a Cataluña, donde tiran los votos.Tiran la leche Lo cuenta la Sexta, con Ana Pastor y Gran Wyoming. Se está ensuciando tanto un estado de opinión, que será difícil limpiarlo cuando Mas se haya ido y quedará en la conciencia popular aplicable a todo lo que venga de Cataluña. Eso tiene cultivarle al pueblo sus bajas pasiones. Empiezas menoscabando un nacionalismo, el de la burguesía catalana, y no el nacionalismo venga de donde venga (el de España, sin ir más lejos), y acabas, Ana Pastor, Gran Wyoming, a riesgo de guerra civil.Ana Pastor Miren lo que ha pasado por reírles las gracias a los pequeños y medianos ganaderos gallegos. Por una vez que la leche iba a costarnos más barata, los de la vaquita van y la vierten por los suelos. Como si no hubiera oenegé o institución benéfica a quien dársela. De ahí, al toro de la Vega de Tordesillas, otro sector mimado, catalogado de cultura.Toro de la Vega ¿Ni tonto ni marxista? Tú lo que eres, Danielito: un perfecto idiota.

Ni cultos ni demócratas, 15 del 9 de 2015

ser y estar contra la cultura

            SER Y ESTAR CONTRA LA CULTURA

  1. El capitalismo es muy simple. Las interferencias las pone: 1º) la ideología (“el dinero no da la felicidad”), 2º) el feudalismo residual (sigue habiendo reyes y duquesas) y 3º) el ocio como fuente de negocio (caché de artistas o deportistas de élite). El capitalismo tiene una sola regla: el mercado, que dicta el beneficio. Bajo el capitalismo, una de dos, o trabajas o das trabajo. Un empresario que trabaje no desmiente esta regla y tampoco el trabajo autónomo (de oficios, artesanos y artistas). Cien alfareros en cooperativa podrían competir con Porcelanosa.
  2. Lo que llamamos el hombre y la historia del hombre ha debido ser siempre algo binario. Ganadores y perdedores. Quien tiene y quien no tiene. El libro de texto, que escribirían clérigos, nos hizo creer que la sociedad medieval era cosa de tres: nobleza, clero y pueblo. Pero, de la iglesia, no se era (como se era de la nobleza); en la iglesia se estaba: el noble, como noble, y el villano, como villano. Lo que hizo el factor iglesia, a partir de escuelas y universidades, es asentar dos divisiones que venían de antiguo. Una era la división entre quien sabe y quien no sabe (los intelectuales), y otra, la división entre trabajo manual y trabajo contemplativo (catedráticos, filósofos y artistas).
  3. Del feudalismo al capitalismo, el tercer pasajero no fue la Iglesia, sino los judíos. Sabiendo que se les negaba la propiedad de la tierra, los judíos se aplicaron al incipiente mundo del dinero (préstamo con interés), asociado al comercio y a un mercado que iba a más necesidades de mercancías y de mano de obra: hombres, mujeres y niños que dejaron la gleba por la fábrica, el campo por el suburbio, y fueron el proletariado. Como los burgueses se habían abierto paso político exigiendo su derecho al voto (Revolución Francesa, 1789), el peligro era que el proletariado quisiese imponer su nueva mayoría (Revolución Rusa, 1917). El dinero hizo entonces una operación de estética que le salió redonda: asociar capitalismo y libertad para combatir la dictadura del proletariado. Definitivamente, la batalla de imagen la ganaba el capitalismo y, para comunismo, el del cristianismo primitivo.
  4. Si el trabajo autónomo es una economía asistida, de raíz feudal, también son asistidas y feudales las economías de los oficios que producen, digámoslo así, bienes inmateriales: la clerecía (que incluye magisterio, filosofía y política), la milicia (cuya mercancía es la guerra), más lo que queda de la vieja nobleza a cuento de la herencia. Añadámosles el arte y los artistas. Utilizando los medios y el sistema educativo, estos oficios primero esconden la explotación del hombre por el hombre y después se postulan para explicarlo como arte, cultura o civilización. Por una parte quieren quedar fuera del sistema productivo y por otra quieren que se les pague, como si hubieran producido mercancía. Es la paradoja del arte actual: cuando estoy creando, mi reino no es de este mundo, pero quiero mis euros contantes y sonantes. Y aunque nos guste discutir la desmesura que gana un Ronaldo, el mercado no se iba a equivocar. Tampoco en lo que vale un Picasso en la subasta.
  5. La única mercancía capaz de generar por sí misma valor sigue siendo el trabajo, o mano de obra, en los dos sectores literalmente productivos, que son el primario, extractivo de alimentos y de materias primas, y el secundario, que fabrica bienes, mercancías. El sector terciario, comercio y transporte, no es productivo en tanto no genera riqueza, simplemente la distribuye. Pero si vamos a las rentas salariales, lo que peor se valora es el trabajo más duro y menos cualificado (primera injusticia social) y los sueldos pagan, no el esfuerzo, sino la formación adquirida (segunda injusticia social, porque no todos pudieron estudiar lo mismo). El remate lo ponen quienes viven o quieren vivir de su título de nobleza, de la política, de la filosofía o de las bellas artes (tercera injusticia social, y quizá la peor, porque estos ya quieren vivir del ocio). Esta última injusticia la fomentan las clases universitarias, nuevo y viejo mester de clerecía. Nos va tan bien con nuestros bachilleratos, licenciaturas y doctorados para evitar los ingratos trabajos manuales, que aún queremos que, en nombre de la cultura, del arte, de la ciencia o el I+D, las clases bajas y trabajadoras, que también pagan sus impuestos, financien unos estudios que no cursarán jamás y unos consumos culturales que van muy por encima de sus necesidades básicas: nacer, vivir y multiplicarse con dignidad. Que le quiten al artista el traje que le cubre y la mansión que habita, el pan que le alimenta y el lecho en donde yace, a ver en qué se queda.
  6. Un alma realmente noble pondría por delante la injusticia social, sencillamente porque con combatirla, como se combate el terrorismo, la erradicación de la injusticia sería real. Pedir el Bienestar como quien pide teta y sin cuestionar quién lo paga, hace de la cultura un grupo conservador de privilegios y reaccionario a los cambios sociales que habría que hacer antes que estudiantes y que artistas felices. Podrá no haber poetas pero siempre…

Daniel Lebrato, Ni cultos ni demócratas, 9 del 4 de 2015

El Gatopardo. Un ensayo sobre la cultura.

gattopardoEL GATOPARDO. UN ENSAYO SOBRE LA CULTURA
Una historia, un sistema y una generación perdida.

UNA HISTORIA

  1. Lo que llamamos el hombre y la historia del hombre ha debido ser siempre algo binario. Ganadores y perdedores. Quien tiene y quien no tiene. En el principio de la lucha por la vida, el ganador se comería al perdedor, y a otra cosa. En el neolítico, alguien se daría cuenta de que el vencido servía como fuerza de trabajo: fue el esclavismo, que abarca la Edad Media, cuando tener o no tener era la raya que establecía la tenencia de la tierra. Y así hasta hoy, cuando la propiedad de la tierra ha sido sustituida por el abstracto puro, que es la Bolsa (con lo que el círculo se cierra: en la iconografía cristiana, una bolsa identifica a Judas). La lectura de este mapa simplicísimo solo ha sido alterada por un tercer pasajero que antes se llamaba religión y ahora cultura. Lo demás sigue siendo la explotación del hombre por el hombre. Puro canibalismo.

  2. El libro de texto nos hizo creer que la sociedad medieval era de tres estamentos: nobleza, clero y pueblo (bellatores, oratores y laboratores), y no es verdad. De la iglesia, no se era (como se era de la nobleza); en la iglesia se estaba: el noble, como obispo o abad; las nobles, como dueñas fundadoras de conventos; y el sinnada, como lego o destripaterrones. Lo que sí es verdad es que el factor iglesia, a partir de escuelas y universidades, añadió dos divisiones que todavía perduran. Una es la división entre quien sabe y quien no sabe, por donde asomaron los primeros intelectuales con título de padres de la Iglesia, y otra la división entre trabajo manual y trabajo contemplativo, por donde andando el tiempo entrarían los catedráticos y las figuras laicas del filósofo y del artista. Jamás hubo una Edad Media armónica y a tres partes entre quienes luchan, quienes rezan y quienes trabajan. Pero el libro de texto lo escribirían clérigos, es decir profesores interesados en su tercio de cultura y civilización. De hecho, la carrera eclesiástica, era la única manera de poder estudiar tantos amigos y compañeros nuestros que en los seminarios diocesanos, y esquivando pedofilias, accedieron a la condición de profesores en la que luego los conocimos.

  3. Del feudalismo al capitalismo, el tercer pasajero no fue la Iglesia, sino los judíos, forzados a buscarse la vida ya que se les negaba la propiedad de la tierra. Poderoso caballero, el préstamo con interés daría lugar a la nobleza del dinero; luego tercer estado y burguesía, con su contrario: hombres, mujeres y niños que dejaron la gleba por la fábrica, el campo por el suburbio, y fueron el proletariado. Como los burgueses se habían abierto paso político exigiendo su derecho al voto, el peligro era que el proletariado quisiese hacer lo mismo: imponer su mayoría. El aviso fue la Revolución Rusa. La burguesía hizo entonces una operación de estética que le salió redonda: asociar capitalismo y libertad, y el país que se mueve no sale en la foto: Segunda república española o Unidad popular chilena; y no han de parar con Cuba o Venezuela. De música, el siglo quinto de la antigua Grecia. Con ustedes: ¡la democracia!


UN SISTEMA

  1. El capitalismo es muy simple, casi ingenuo. Las interferencias las pone: 1º) la ideología (“el dinero no da la felicidad”), 2º) el feudalismo residual (sigue habiendo reyes y duquesas) y 3º) el ocio como fuente de negocio (caché de artistas, futbolistas o toreros).

  2. Por sistema se entiende un conjunto de unidades sujetas a unas reglas de combinación. El capitalismo es un sistema de trabajadores y de empleadores con una sola regla de combinación: el mercado, que dicta la ley del beneficio. Bajo el capitalismo, una de dos, o trabajas o das trabajo. Un empresario que coja pico y pala no desmiente esta regla y tampoco el trabajo autónomo, que incluye oficios, artesanos y artistas.

  3. El autónomo, mixto de obrero y de empresario, no aporta categorías nuevas al sistema, simplemente las combina. Frente al trabajo en serie, el autónomo habría desaparecido si no hubiera sido subvencionado por la política. En economía no es competitivo el alfarero que hace búcaros por su cuenta o la quiosquera que abre y cierra su chiringuito (y los dos se quejan de que están solos y de que el día que no trabajan no comen). La melancolía de estos oficios quede para La Caverna de Saramago. No hace falta ser economista para saber que cien alfareros, por separado, solo suman sus cien porcelanas, mientras que en cooperativa podrían competir con Porcelanosa. Por qué no se unen los alfareros o por qué la quiosquerita sigue abriendo y cerrando ella sola su puesto de prensa o de chucherías se explica por razones más medievales que industriales, más pintorescas que efectivas, y en sociedades viejas de medinas y mercadillos. Pasa que la política halaga al gallego con su vaquita, porque cien ganaderos por separado compiten unos con otros y dan un voto conservador, y cien ganaderos en cooperativa podrían plantearse otra patronal y otra forma de gobierno, y eso suena a lucha de clases.

  4. Si el trabajo autónomo es una economía asistida, de raíz feudal, también son asistidas y feudales las economías de los oficios que producen, digámoslo así, bienes inmateriales: la clerecía (que incluye magisterio, filosofía y política), la milicia (cuya mercancía es la paz o la defensa, pero en realidad sigue siendo la depredación del botín por la guerra), más lo que queda de la vieja nobleza a cuento de la herencia. Añadámosles el arte y los artistas. Utilizando los medios y el sistema educativo, estos oficios, como magos, primero esconden las claves del sistema y después se postulan a sí mismos para explicarlo como arte, cultura o civilización. Por una parte quieren quedar fuera del sistema productivo (ser filósofos, políticos o artistas) y por otra quieren que se les pague como si hubieran producido, en euros contantes y sonantes. Es la paradoja del arte actual: hasta un punto, el reino del arte no es de este mundo (cuando pinto, cuando escribo, cuando toco mi violín), pero a partir de un punto (cuando expongo, cuando publico, cuando el concierto), quiero mi paga como los demás, de los que, encima, si voy por la vida de bohemio, me permito hasta reírme: es la soberbia del artista, incluido el crack deportivo, sobre cuyos ingresos es inútil discutir: a este lado del mercado, el mercado paga por un gol de Ronaldo por la misma razón que por un Picasso en la subasta.

  1. Tampoco hace falta ser marxista para saber qué mercancía es capaz de generar por sí misma valor, y la respuesta es el trabajo, o mano de obra, en los dos sectores literalmente productivos, que son el primario, extractivo de alimentos y de materias primas, y el secundario, que fabrica bienes, mercancías. El sector terciario, comercio y transporte, no es productivo en tanto no genera riqueza, simplemente la distribuye. Este modelo ha ido creciendo en tres fases: el capitalismo mercantil, frente al feudalismo de la propiedad de la tierra; el industrial, de burguesía y proletariado; y el capitalismo financiero, que ya no produce nada y donde es más cierto lo de Antonio Machado: que todo necio confunde valor y precio. Porque si el dinero fuera la fuente de la riqueza, subirían y subirían los precios, con lo que el mercado tendería al infinito, o sea al cero. El capital es trabajo socialmente acumulado en mercancía, es decir con valor de uso y valor de cambio. El valor puede faltar; el precio, no. Un pitifuá es algo perfectamente inútil pero, si alguien paga por él, el pitifuá adquiere valor y entra por derecho en el mercado. Y, al revés, hay cosas de un enorme valor que jamás tendrán valor de cambio, que ni se compran ni se venden: el cariño verdadero.

  2. Si vamos ahora a las rentas salariales, lo que peor se valora es el trabajo menos cualificado, primera injusticia social, y los sueldos pagan, no el esfuerzo, que es joderse en la mina, en el campo o en el andamio, sino la formación adquirida o nivel de estudios, segunda injusticia social. La tercera injusticia procede de quienes viven o quieren vivir de su título de nobleza, de la política, de la filosofía o de las bellas artes. Aquí la unidad de valor ya no es el trabajo sino su contrario, el ocio: el tiempo que alguien dedica a dialogar con las musas, a manejar sus pinceles o el arco de su violín. El matiz está en que mientras el cura y el militar quieren seguir viviendo de la fe o de la paz, el intelectual tiene la obligación histórica de desenmascararlos y desenmascararse a sí mismo (por ejemplo, proponiendo que gane más quien más trabaja en trabajos repugnantes, no quien más estudia). Esa sería la revolución, y no llorar por becas o por conservatorios en nombre de que sin cultura no hay progreso. La penúltima injusticia la pone el sistema judicial. Al legislar por igual lo desigual (por ejemplo, la edad de jubilación o los premios a la natalidad), la desigualdad se multiplica al amparo de leyes y tribunales que, si les preguntas, dirán que, en democracia, todos somos iguales.

  3. La última injusticia, que es a la que vamos, la hemos puesto las clases universitarias, como nuevo y viejo mester de clerecía. Nos ha ido tan bien con nuestros bachilleratos, licenciaturas y doctorados (para evitar los ingratos trabajos manuales), que aún queremos que, en nombre de la cultura, del arte, de la ciencia o el I+D, las clases bajas y trabajadoras, que también pagan sus impuestos, financien total o parcialmente unos estudios superiores que esas clases no harán jamás. Y no nos vengan con las becas. ¿Por qué quien no va a la universidad tiene que pagar la universidad de los demás? Más justo sería que el Estado cubra el ciclo único, obligatorio y gratuito hasta los 18, y que los estudios superiores se los pague cada uno.

UNA GENERACIÓN PERDIDA

  1. El Estado del Bienestar y la naturaleza misma del Estado, infinito y omnímodo, nos han hecho creer, como quien cree en Papá Noël, que existe papá o mamá Estado y que el Estado (como de Dios se dice: Dios proveerá) proveerá. Proveerá un piso, proveerá asistencia sanitaria y medicinas y me proveerá a mí, en igualdad de oportunidades con mi vecina, de guarderías y colegios que yo podré elegir, para ejercer mi derecho a la libertad de enseñanza y para el hijo que espero en mi barriga, en uso de mi derecho a ser madre y a mi familia. (Y no se rían. Cuando la elevación de algo llega al absurdo, es que ese algo ya era absurdo: el pensamiento no hace más que aplicar un zoom sobre la zona afectada.) La apariencia paternalista del Estado del Bienestar llevó a la ciudadanía a una visión propia de adolescentes insolentes y mal educados: el Estado todo me lo debe a mí y yo, nada al Estado. Esto se ve en desde quien tira una colilla al suelo, que ya vendrá alguien a recogerla, hasta en quien, después de haber hecho la carrera por la enseñanza pública, se monta su despacho o su consulta privada.

  2. Dígales usted ahora a estas criaturas que papá Estado (como los Reyes Magos) no existe, que era en realidad papá y mamá, acuciados por la hipoteca y con problemas para llegar a fin de mes. Ahí tenemos a una generación educada en el Sí a la que hay que decir que No. Y, encima, como papá y mamá no pasaron de unos sindicatos descafeinados, la generación que han criado está despolitizada. De ahí, el desnorte de los conceptos izquierda o derecha. De ahí, el éxito de Hessel y Sampedro: ¡Indignaos! (por los valores de la ONU y la socialdemocracia europea). Y, de ahí, al 15‑M: Que la economía no mande en nuestras vidas. Querrán que manden los paraguas de Cherburgo.

  3. Hoy, esa generación perdida y despolitizada se ha movilizado a través de Podemos y en Podemos vuelca su nostalgia del Bienestar, contando con la complicidad de sus mayores, zombis de un paraíso que ya se fue. No hay día que columnistas y editoriales no den cancha a algún escritor, filósofo o científico que cante las glorias de la universidad, de la I+D, del daño que hacen la piratería o el iva a la cultura. No hay tinta para tanta pluma, que halaga a la generación más joven con que no hay derecho, con esas carreras, y emigrando por ahí. Pero un alma noble pondría por delante que nadie pida por las calles, que no haya nadie sin techo y que nadie alegue que es que a ellos les gusta, sencillamente porque con prohibirla y perseguirla, como se persigue el terrorismo, la erradicación de la miseria, la igualdad, sería lo primero y sería real.

  4. Pedir el Bienestar como quien pide teta y sin cuestionar quién lo paga hace de la cultura un grupo reaccionario: conservador de privilegios y reacio a los cambios sociales que habría que hacer antes que estudiantes y que artistas felices. La misma palabra mileurista ya era inquietante, habiendo, como había, quinientistas y trescientistas. Y conste que yo el mileurismo lo llevo en la sangre. Ahí están mis hijos y mi querida gente a la que en clase he animado a estudiar y a estudiar. Por mucho que presuma de ni tonto ni marxista, un poco de todo lo he sido sin querer. Mi mundo, como el del Gatopardo, tampoco existe.

Daniel Lebrato, Ni cultos ni demócratas, 13 del 3 de 2015

el beneficio de la cultura

Concierto de Año NuevoEL BENEFICIO DE LA CULTURA
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(mentiras artísticas y culturales)

Dice la Wiki, mi mascota, que la cultura (de cultivo) va en personas, épocas o naciones. Ana es culta. Suecia es un país muy culto. Como sinónimo de civilización, cultura implica un reparto del trabajo y una idea del progreso, según la cual la humanidad camina siempre hacia adelante, aunque sea ‑conservadora‑ quedándose como está. La cultura egipcia. La cultura occidental. Culto es homenaje, honor, admiración.

Al revés que el capital, que crece con el neg-ocio, no ocio, la cultura crece con el ocio, tiempo libre, que hay que tener. Y hay quienes ‑teniéndolo‑ lo pierden, y quienes lo invierten en el cultivo de su persona: lecturas y viajes, conciertos y exposiciones, vinos de origen o quesos franceses. La cultura es esa información más opinión, o juicio crítico. Y nos parece progresista porque rompe la clausura de aquel jardín abierto solo a los pocos sabios que en el mundo han sido, los que sabían latín, que fue la cultura del Antiguo Régimen.

La nueva cultura no es la popular cultura de masas, con la que comparte edad y base, la revolución científico técnica. De raíz universitaria, post moderna y post democrática, la cultura sigue sabiendo latín (ahora inglés) y sigue aspirando, a perpetuarse entre nosotros como clase o grupo de presión.

La instalación del arte y la cultura se hace en cuatro fases. Primero la cultura se une a la ciencia, positiva, y el arte, ese inútil, de polizón. Después viene el Elogio de la cultura, chantaje, pues nadie ‑en su sano juicio‑ va a estar en contra de educación, investigación, museos, conservatorios o planes de fomento de la lectura. Luego se minimiza el interés individual: no es que el artista quiera vivir del ocio sino de su obra. Y por último se convence a opinión y Gobierno de la necesidad de legislar el copyright e invertir en cultura y arte como especies protegidas, con cargo al presupuesto. Aquel churrete adolescente es ya, ni más ni menos, patrimonio nacional. Y los demás, a pintar el día que se jubilen.

Pero la extensión del mecenazgo, la multiplicación de los panes y los peces de la cultura en la cultura de masas ha alterado nuestra percepción del arte y acabará en la práctica, junto con internet, con la torre de marfil del presunto y presuntuoso artista. La paradoja alcanza a otros artistas del pensamiento y la vida pública. Política. Filosofía. Religión.

Y aunque, con la misma paradoja, sigamos disfrutando del arte y de la cultura, pirámides de Egipto o glorias vaticanas, sabemos la verdad de las mentiras artísticas y culturales que ‑ni cultos ni artistas‑ hemos dado por buenas.

 

La enseñanza. La enseñanza mezcla cultura, educación y formación profesional y recibe culto progresista bajo las advocaciones de pública y gratuita. Sin embargo, se consiente la explotación de inculta mano de obra no cualificada y el enriquecimiento de incultos negreros. La enseñanza no universitaria, además de pública y gratuita, tendría que ser única (ni religiosa, ni privada, ni concertada), pero eso iría contra la libertad de las personas, otro culto. La alta Universidad debería pagarla quien se beneficia de sus titulaciones. No hablamos del funcionariado educativo o sanitario sino de títulos de élite con máximo ánimo de lucro. Y hablamos del efecto cubalibre: yo me licencio por la pública en La Habana y me la monto por la privada en Miami. Muy pública y muy gratuita, pero la farmacia se queda en casa.

I+D. El culto a la I+D se basa en que sin investigación no hay economía nacional. Antes, habría que diferenciar muy bien el altruista eureka, lo conseguí, que salva vidas, de la voraz carrera de patentes. Edison patentó la bombilla a su nombre, no al de Estados Unidos. Y más que inventar productos originales, al capitalismo importan las finanzas y el PIB, por ese orden. China, y su I+D de imitación. La I+D está obligada a preguntarse a quién le sirve la investigación, si a la Bolsa o a la vida, y qué se entiende por desarrollo.

Derechos de autor. Sin artistas profesionales se ha escrito la historia del arte. Hay quien vive de un arte como si fuese un oficio y hay quien vive de un oficio como si fuese un arte. La cuestión es: trabajo creativo o trabajo alienante. Quién, por la mañana, irá a poner ladrillos o a fregar suelos, y quién, a su estudio o su despacho a dialogar con las musas.

La fuerza de la cultura. En Mayo del 68 y en las facultades antifranquistas la clase estudiantil miraba a la clase obrera. Hubo su demagogia, pero se esperaba de la cultura una teoría del mundo. Fue la inteligencia o intelectualidad: el compromiso. A juzgar por el 15-M, hoy las fuerzas del arte y la cultura han sustituido la teoría por un discurso moral sobre un tabú con eufemismos. Vivir por encima de nuestras posibilidades, ambición, codicia o corrupción son culpables de la crisis de la sociedad actual o mundo en que vivimos. Palabras ventilador. Allá va eso.

Ni tontos ni marxistas, no podemos exigir a un grupo que se haga el haraquiri, que se suicide como clase. Pero sí podemos exigirle la lucidez que tuvo la generación de sus mayores, degustadores de vinos de origen y de quesos franceses que les inculcaron desde la infancia a sus hijos y a sus hijas el beneficio de la cultura.

DL, 4 del 6 de 2012

Próximo capítulo: Mentiras ecológicas y animalistas