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el otro nombre de la rosa

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En octubre del 84 entré en contacto con José Juan Díaz Trillo, quien vino al mismo instituto de Valverde del Camino destinado, entonces como profesor de filosofía. Jota Jota sabía de qué pie (literario) cojeaba su nuevo colega: aquel era el autor de Bitácora y final, un libro que, bajo plica y seudónimo, conocía como prejurado del premio Juan Ramón Jiménez de poesía de aquel año. Algo de la Bitácora le debió llamar la atención porque no tardó en pedirle a Daniel algo para El Fantasma de la Glorieta, suplemento literario de la Noticia de Huelva que coordinaba Félix Morales Prado. Por alguna razón, Lebrato no dio a J.J. verso sino prosa, dos cortos relatos que se publicarían los sábados 24 de noviembre y 22 de diciembre de 1984: A vosotros que sois y El otro nombre de la rosa, firmados por un desconocido DL. Con J.J. y Félix vinieron o volvieron al currículo de Lebrato Buly, Sonia Tena y los Tena, Maribel Quiñones Martirio, Salvador Mora y Juan Cobos Wilkins, también José Antonio Moreno Jurado, justo ganador del Juan Ramón Jiménez de poesía. Narrador o poeta, o todo lo contrario, Daniel Lebrato más parecía del círculo de Huelva que de Sevilla. A Huelva y a mis viejas amistades, gracias, gracias a la vida que me dieron entonces. Y a Pedro Domínguez, que me hace el honor de llevar la rosa a escena como monólogo que es.

El nombre de la rosa

Bajo el poderoso influjo de Umberto Eco y de El nombre de la rosa, con el mecenazgo de José Juan Díaz Trillo y de Félix Morales Prado, quien en 2004 lo publicaría con hermosura en El Fantasma de la Glorieta digital, donde aún se puede leer, con ustedes: El otro nombre de la rosa, primera de las Vidas fastidiadas en Tinta de calamar (2014), ahora con fotos del facsímil original:

EL OTRO NOMBRE DE LA ROSA (1984)

Quería más a la amistad que a los amigos mismos
(André Gide)

La costumbre es otra naturaleza, y el mudarla se siente como la muerte
(Miguel de Cervantes)

De repente, aquella firma. Todo bien hasta llegar a aquella firma. Todo en orden. Los estoy bien. Los mi madre no para de alimentarme. Los cuando me veas no me reconoces, de morena que estoy. Todo, hasta lo de abrazos, tan previsible en su postal. Pero aquella firma. Algo fallaba en aquella firma. ¿Qué pintaba aquel María añadido a su nombre? Manuel mirando la foto una y otra vez. Pueblito costero con playa y barcos de pesca. El matasellos. La fecha. Viñamar, veintitrés de agosto. La forma de la letra. Todo en orden, pero ¿por qué firmaba Rosa María y no Rosa? Él sabía el nombre completo de ella. Cómo no lo iba a saber. En este país todas las mujeres llevan antes o después el María. Pero Rosa jamás se identificaba con él de esa forma, con su María y todo. Manuel se preguntaba bajo qué influencia Rosa se había saltado un código que venía funcionando entre los dos desde hacía mucho. Él nunca había firmado Manuel José. Y eso que a él su mamá, de chico, lo llamaba así. Qué cosas tenía su madre. Rosa María. Rosa María. Allí estaba letra a letra. Sin lugar a dudas. Un güisqui. Luego pensó que el asunto carecía de importancia. Que no era ni siquiera un incidente. No seas celoso, seguro que los de su casa la llaman así, Rosa María. Otro cigarro. Familia, padres, marido o ex marido. Ahí te jodiste, hermano. Error en una carta. Error. Manuel se acordó de Cartas de mamá de Cortázar. Fue a la estantería. Conan Doyle, Conrad, Cortázar, Queremos tanto a Glenda, no, aquí está. Lo de Nico por Víctor. Error en una carta. El error en la carta de mamá. Manuel, libro en mano, regresando a su estudio: No creo que lo de María sirviera como argumento a ningún escritor, ni siquiera a Cortázar, que con poco que le den te monta una historia. La importancia de los nombres. ¿Ernesto? El Nominalismo. Occam. De los nombres de Cristo. ¿Se puede escribir un libro sobre los nombres de Cristo? Reflexión. Se puede. Idea productiva. Preparar clases. Erasmismo y Contrarreforma. Preparar. Olvidar el nombre de Rosa. ¿El nombre de Rosa? ¡Claro! Vuelta al cuarto de los libros. Espronceda, Engels (todavía Engels), Apo­calípticos e integrados. Desanduvo el pasillo con El nombre de la rosa bajo el brazo. Al final, hombre, las últimas palabras. Stat rosa pristina nomine, nomine nuda tenemus. ¡Este Eco! A saber quién era el padre del latinajo. Resistencia a dar el episodio por concluido. Dónde está el mechero. Allá cada uno con su nombre. Mejor preparar clases para el año que viene. Septiembre o setiembre. Erasmismamente, calor, agobio. Devolvió las novelas a su estante y se trajo el Bataillon. En serio, esta vez. Un güisquisito. 750, 754, 762: El Enchiridion había lanzado a través de España hacia la época en que Luis de León venía al mundo. Erasmo había invitado a buscar los misterios escondidos bajo la letra de la Escritura, y apoyarse en. ¿Misterios escondidos? Rosa María. ¿Qué misterio se escondía bajo el lapsus de Rosa? Seguro que Rosa (un trago) no se había dado cuenta de su error. Se le habría escapado a fuerza de oírselo a su familia y a su ex, que pueden mucho los ex maridos cuando hay por medio paguita y niños. Y a la hora de firmar la postal se te va sin querer, tía. ¿Sin querer? Pero entonces era que ella se había olvidado de él, su amante de corazón, su Manuel del alma desde hacía. Repasó con ojos suspicaces el resto de la carta. Abrazos en vez de te quiero. Todo encaja. Rosa nunca se mostraba muy efusiva y él lo sabía, aunque (digo yo) podía haber escrito cosas más cariñosas, después de los días puta madre que pasamos juntos antes de irse a la playa, y no esta postal tan fría, me cago en la. Quizá Rosa la escribió delante de su ex y Rosa María será como la llame su ex marido. Sus viejos no van a ser, Rosi, Nena o Niña (a fin de cuentas, hija única). Los hijos tampoco, Mamá o Rosa, que hay muchachos que nos llaman por el de pila, como a mí el mío, te jodes como Herodes. Otro cigarro. Bataillon muerto de risa encima de la mesa. 762, 763. Más güisqui. Coñazo cubitos. No eran celos, qué tontería. Pero ella debería cuidar ciertos detalles. Ellos dos eran Rosa y Manuel. Lo demás, pamplina. ¿Eran los celos una pamplina? Peripatético total, Manuel reflexionaba, pasillo va, pasillo viene, sobre los nombres. Títulos y maneras de llamarse. La forma en que los tíos hablan de su pareja. Mi señora: feudal ya casi. Mi esposa: policial se quiera o no. Mi compañera: de progre de museo, ¡ay Víctor Jara! Mi compañera sentimental: para páginas de sucesos. Mi costilla: qué pasada. Mi rollo: autocrítico. Por no hablar de Mi parienta: de talleres de almanaque con tías en pelota. Mi mujer: posesivo cuan­do menos y el posesivo siempre por delante. Mi lo que sea, pero mi. Mi, tu, su. Mi. Y ellas ¿por qué no dirán mi señor o mi hombre? Es verdad que tampoco nosotros usamos mi marida. Tengo que consultarlo con algún colega de lengua. Alguna razón habrá, digo yo. Luego venimos los que no damos título ni damos posesivo. Los que decimos Ana, Pedro, Andrés (le debo carta, pobrecillo). El nombre y punto. Lo menos comprometido. Jodidos los chuchi, piluchi, ani, petri, pepote, pedrín, gatita, cielo. Como apropiaciones ilegales. Más güisqui. Y el más hortera todavía: tíos tan mayores diciéndoles a sus mujeres: Mamá. ¿Edipo?. Y ellas, con más arrugas que un plato de callos, llamándoles a ellos: Papá. De puta pena. Será que quieren volver a la infancia o que se lo oyen decir a los niños: Papá, Luisito me ha pegado. Dice Mamá que me limpies el culo. Jo. Manuel pensó que podría escribir un libro. ¿Cómo lo titularía? ¿Función escatológica del cariño? No. ¿Hipocorística en la sociedad de consumo? Psssseeeée. ¿De los nombres del cónyuge?, ¿de la pareja?, ¿del otro?, ¿del más allá?, ¿de Rosa? No, de Rosa no. No hay más Rosa que Rosa y aquí uno es su profeta. Nunca Rosi ni Rosona ni Rosita ni Rosa Rosae ni Mari Rosi ni Rosa Mari ni Rosaofú. Siempre Rosa (nomina nuda). ¿A dónde va con lo de Rosa María? Pedazo cigarro. El había respetado escrupulosamente la pureza de los nombres (pristina nomine). Manuel, no Manolo, Lolo, Inmanuelo, Lolillo, Lolete, Lete, Lele, Le. Pero ahora, con su María, algo había fallado y no por exceso sino por defecto. Mujeres casadas. Amantes y maridos, lo que va. Tomar partido. Ella tomaba partido, se distanciaba. Rosa María sólo existía en la playa, en la familia. Tribu, los maridos, los ex que no caducan nunca. Rosa se había olvidado de a quién enviaba la postal. Eso era. Mundo legal y mundo clandestino. Manuel lo sabía. Era otra. El nombre de otra. El nombre de la casada. Ex madre y exposa. De buena reputa. En vacación respetable, ja. En playa horteramente respetable, ja, ja. Domingueros al fin y al cabo, ja, ja, ja. Güisqui. No tiene gracia. Patada a la pared. Mierda. No es para tanto. No seas injusto, Manuel. Un trago. Tú también vas de respetable, por mucho que te las pegues de. Manuel, Manuel José. Rosa, Rosa María. Lo que va. Padres. Facturas por medio. Recibos. Colegios. Dentistas. Fin de mes. ¿No será que ahí te jodiste? ¿Se fastidió para siempre? ¿Fue ahí? Manuel Micasa. Rosa Mihijito. Manuel Susvacaciones. Rosa Mimujer. Manuel Miex. Mi. Mi. Mi. Leche. Moderneces. Otro trago. Nuestro cuerpo es siempre monárquico. El nuevo desorden amoroso, ¿nuevo? Manuel volvió al cuarto a por otro cigarrillo. Allí, sobre la mesa, el cuerpo del delito. Playa y barcas. Viñamar. Veintitrés. Agosto. Rosa María. Coñomaría. Rosacoño. Fumar. Fumar. Mechero. Le prendió fuego a la postal. El ducados le supo a gloria.

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Rosa. Dibujo de Chema Lumbreras Kramel

 

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la tristeza de los días laborables

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laborables se opone a festivos; laborales, a ociosos, que es lo mismo pero no es igual. La tristeza de los días laborables es el libro de poesías que acaba de sacar Juan Antonio Gallardo Gallardoski (1968) en Ediciones en Huida, en cuyas https se lee “días abandonados”, como si ese hubiera sido alguna vez su título. El hombre ha cumplido 46 años y a esa edad o sabes quién eres o no digas nada. Parada en la mitad del camino, gustará a quien no le guste la poesía y guste de la frescura de un maduro en su plena inmadurez. Pídanle a Gallardoski que cuelgue o suba a la red algún poema para abrirles el apetito. No se lo digo a Juan Antonio pero a veces la mejor forma de que nadie te lea es publicar en libro a precio de salida. No es paradoja, es la cultura. eLTeNDeDeRo ofrece en primicia la primera y la última líneas del libro: [Un día comprendes que todo era prestado. ……… Pero nunca pasa nada.] Lo demás, dentro de La tristeza de los días laborables. Yo he disfrutado. Que ustedes lo lean bien. En Sanlúcar lo vende librería Fórum Libros.

 

Historias para no volver Manual de escaqueadores para profesorado de secundaria

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HISTORIAS PARA NO VOLVER

—Manual de escaqueadores—

Dice el Ausente:

«No hagas nada sin el médico de cabecera

ni salgas a la calle sin tu parte de baja.

Y ponte a pensar:

Hay una falta para cada justificación

y una justificación para cada falta.»

(Mandamientos del Ausente, anónimo, siglo 16)

«No me lo creo:

que te gusten las clases

más que el recreo.»

(Sevillanas de María Luisa Cuello)

anónimo, siglo 20

PLAN DE PREVENCIÓN DE ACCIDENTES LABORALES
para profesores de secundaria
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primera fase
PLAN DE DIARIO

  1. Sin llegar puniblemente tarde a clase ‑eso no: que pudiera haber algún gerifalte apostado en los pasillos y pondríamos la paguita en peligro‑, hay que entrar en el aula con los alumnos ya sentados y puestos a callar por el profesor de guardia… se ganapierden[1] siete minutos.
  2. Por reorganizar la clase y sentar a los alumnos por órdenes distintos e imprevisibles: un día alfabético, otro por estaturas, otro más por comportamiento o notas de clase… se pierdeganan tres minutos, me llevo diez.
  3. Por pasar lista incluso cuando el grupo es reducido y me los conozco a todos de sobra… dos minutos, me llevo doce.
  4. Por mandar a alguno a por tiza o, si hay tiza, a por algo que me dejé olvidado en la taquilla… tres minutos, y ya llevo un cuarto de hora.
  5. Por subir o bajar las persianas y apagar o encender la luz hasta lograr una visión sin brillos de la pizarra… un minuto, o dos si las persianas tienen alguna balda estropeada.
  6. Por comentar lo mal que está el material… medio minuto, un minuto entero si criticamos la obra del “dichoso arquitecto”.
  7. Por darles a los muchachos tiempo a que saquen libro y deberes… medio minuto.
  8. Por expulsar al que no me ha traído el libro o los deberes hechos… un minuto cada uno. En el caso improbable de que a ninguno falte nada, aún podemos ganaperder ese minuto elogiando “qué bien marcha este año el grupo”.
  9. Entre unas y otras, llevo veinte minutos en clase, casi treinta desde que tocó el timbre. Dando por sabido que a menos cinco el alumnado empezará a agitarse en su banca y a querer guardar sus cosas, me quedan veinte minutos. Estos veinte minutos de tiempo real los puedo distribuir de la siguiente manera:
  10. a. Días de avance de materia: siete minutos de explicación, siete de ejercicios y otros siete de autocorrección en la pizarra.
  11. (10.b) Días de práctica: diez minutos de ejercicios y otros diez de corrección cruzada: cada alumno corrige lo que ha hecho su compañero.

↑ Calculando un reparto equitativo entre horas teóricas y prácticas, de una semana de 18 horas lectivas me sale poco más de una hora lo que se dice impartiendo, avanzando materia. Esa materia se supone preparada siquiera por experiencia de años anteriores. Si aún así se me hace cuesta arriba y noto que me fatigo en exceso debo pasar a la Segunda Fase de la Primera Fase →

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PLAN DE PREVENCIÓN DE ACCIDENTES LABORALES
para profesores de secundaria
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segunda fase de la primera fase
PLAN SEMANAL

  1. Me pongo de “baja leve por enfermedad”… tres días, lo que quiere decir que cada cuatro semanas ¡hago puente!… me llevo tres días, quince horas al mes.
  2. Horas de guardia que me turno con otros también de guardia… hora y media a la semana, seis al mes.
  3. Horas que me piden para exámenes otros profesores… dos al mes.
  4. Horas tutoriales que cedo a regañadientes al camarada orientador o similar… dos al mes.
  5. Horas extraescolares que se me van los alumnos… una al mes.
  6. Veces que salgo de clase por llamadas de teléfono o “un momento, que ahora vengo”… una hora al mes.
  7. Plus de tiempo perdido por cada primera o última hora del día… a la semana 15 minutos, otra hora al mes.
  8. Veces que rectifico el parte de guardia y donde me han apuntado ‘falta’ por una clase que no he dado, enmiendo y raspaduro: ‘llegué tarde’… tres al mes y tiro porque me toca.
  9. Veces que llevo al niño o similar al médico… una hora al mes.

↑ Total de horas ganaperdidas por este procedimiento: 36 al mes, ocho a la semana. Si esta rebaja no fuera suficiente y notamos agotamiento, anemia o ansiedad podemos pasar a la Segunda Fase →

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PLAN DE PREVENCIÓN DE ACCIDENTES LABORALES
para profesores de secundaria
|
segunda fase
DE ACTIVO A INACTIVO

√ En esta parte se recomiendan las bajas de larga duración renovables. Contra la opinión más común, este tipo de baja crea empleo, da trabajo a sustitutos y no repercute en la preparación de los alumnos. Las mejores bajas de larga duración son las del tipo profesional.

  1. Muy buenas son las alergias profesionales diagnosticadas como graves, por ejemplo al polvo de tiza, serrín de cuando llueve, lacas de pelo, caucho de botines, fibra de borradores o polen de pizarra.
  2. Con tal de que sea contagioso, pille lo que sea: le dan la baja sin rechistar. Si son piojos, échele la culpa a sus hijos, que los niños ya se sabe.
  3. No pasan nunca de moda las bajas que tienen que ver con el uso de la voz, afonías en cualesquiera de sus manifestaciones: congénita, crónica, de temporada, secas o húmedas según vengan asociadas a procesos más o menos mucorreicos.
  4. En días previos debe uno carraspear en abundancia y alternar el carraspeo de garganta con alguna tos más marcada, en especial al pasar cerca de algún jerarca. Acompaña mucho la estética del clínex: ojos llorosos, moquillo, bufanda y preguntar “¿no tenéis frío?”, de modo que cuando al fin faltemos a clase se diga: —Si ya ayer estaba fatal…
  5. Otras bajas recomendables son las de tipo psiquiátrico asociadas a la práctica docente: ya por defecto, ya por exceso. Llamamos por defecto a procesos depresivos, en especial la aulafobia (rechazo a los alumnos) y claustrofobia (pánico a los compañeros profesores). Como síntomas: el saludo huidizo, el gesto adusto y la mirada perdida.
  6. En el otro extremo, el de la euforia, son profesores psicoides aquellos que van como quien dice cantando a clase, trinos alegres por esos pasillos que aparentan un optimismo injustificado. Vale empezar hablando solo, saludar en tonos excesivos, nunca sentarse en la camilla ni usar el sillón de profesor y estar siempre moviéndose como alma que lleva el diablo.
  7. Sin pasarse, algunos traumatismos dan también comodísimas bajas: parálisis menores y recuperables de brazo o mano hábil (diestra o zurda según los casos), operaciones de menisco oportunas, escayolas o similares que impidan total o parcialmente la movilidad.
  8. A la última están los trastornos de columna, ya en su rama ascendente cervical o ya en la otra descendente lumbar. Unas vértebras sin operar justifican su par de bajas al año (otoño y primavera) y todo el mundo nos despedirá de urgencia del instituto sabiendo que vamos “en un grito” y a acostarnos enseguida.
  9. Si opta por la operación, pille si puede una buena complicación postquirúrgica y podrá tirarse en la cama medio curso y el otro medio, a base de su poquito de natación, otro poquito de gimnasia, algo de pesas y bicicleta, en fin: de oro. Ensayo de lo que ha de venir.
  10. Las enfermedades cardíacas tienen su punto. Un noventa por cien de profesores infartados logra antes o después irse a su casa. Hay que dosificar bien el infarto y no pasarse (véase capítulo de viudedades).
  11. Seguro que una nariz, una oreja, algo en su físico es imperdonable. Alegue estragos psíquicos y hágase la estética con cargo al presupuesto. Eso sí: nunca en verano, que el sol es malo para las cicatrices.
  12. No desdeñe tampoco, si es mujer, sacarle partido a sus fechas: la oportuna preñez, los duelos menstruales.
  13. Con paciencia, cualquier patología de las descritas anteriormente andando el tiempo se hace crónica y más tarde irreversible. Déjese llevar. Añada nicotina en los pulmones, alcohol en el hígado, azúcar en sangre, colesterol en venas, soplo en corazón: garantizan bajas que pueden llegar a definitivas. No se deje abatir por la torva mirada de la mala conciencia. Por las mañanas es bueno escuchar en ayunas la canción de Martirio Estoy mala, y no desanimarse: estás malo, tío, tía: estás pa acostarte.

Si ha llegado hasta aquí y sigue dando clase,
¡feliz cumpleaños!: 

ya queda menos para llegar al encuentro de la 

tercera fase:

EXPROFESORES DE SECUNDARIA
donde se enseña con casos famosos
cómo sacarle brillo a la paguita

y

CÓMO LAS MEJORES CLASES SON LAS PASIVAS

[1] Ganaperder y pierdeganar, verbos regulares, siguen los modelos de sus conjugaciones respectivas.

My way

Mapa Mundi recortada

MY WAY

 

Estuve en muchas.

Salí de algunas.

Mi lema fue
no te emociones.

 

En 1969 Francis Albert Sinatra (1915-98), Frank Sinatra, popularizó My way, versión en inglés de Paul Anka de Comme d’habitude, canción de Claude François, quien hizo la música con Jacques Revaux y la letra con Gilles Thibaut. Comme d’habitude es la canción doméstica de una pareja distante que hace las cosas por rutina, sexo incluido. My way, en cambio, es de esas canciones que decimos en el medio del camino, Nel mezzo del cammin di nostra vita. Hice lo que pude y lo hice a mi manera. No está mal. La identificación madurito interesante con Sinatra y Sinatra con My way viene a ser como Estados Unidos igual a CocaCola, pero es inevitable y así lo han visto, desde Nina Simone a Gipsy Kings, quienes han versionado My way como si Comme d’habitude y Paul Anka no hubieran existido jamás. Puentear, le dicen, suplantación o canibalismo. También fama. El caso es el pleito por los derechos de autor de My way y cómo segundas partes muchas veces fueron muy buenas. Comme d’habitude (porque es algo que pasa siempre: Je ne regrette rien, La vie en rose), una canción gana cuando le quitas el amor. [Tinta de calamar, 309]

   ♦♦

Letras con las esperanzas danzan

Albert Morante

LETRAS CON LAS ESPERANZAS DANZAN

Gracias, belleza poética

Enamoraron y les enamoraron.
Las palabras. Un lápiz por entrañas.
Tinta bañada en aroma de vida.
O unas mágicas teclas enlazadas
en una máquina de escribir.
Diluir todo el infinito en un lenguaje suicida.

Respiran nostalgia. Respiran melancolía.
Un suspiro de belleza por cada poesía escrita.
Poetas de galaxias: vuestro poder traspasa
el espacio sideral, se clava una aguja al odio que debilita.

Quisiera fundir en un papel las lágrimas de los árboles,
ellos ven cómo su sangre merece la pena;
sus ramas movidas por el aire son una metáfora de vosotros,
poetas, que jugáis con la rima removiendo interiores, y a su vez,
sois ladrones, pues: ¿quién os dio permiso para en cada verso alumbrar
la felicidad que el humano hizo que perdiera?

Gracias, hijos del impresionismo lingüístico,
porque mientras no dejéis de parir amor en los corazones y nazcan,
yo pensaré que a la tristeza se la puede enterrar de un grito
y que unas voces llenas de letras con las esperanzas danzan.

Alberto Morante[1], Un paseo por la vida.
Dedicado a profesores que inspiran.

[1] El lema de Albert Morante, Imagination is more important than knowledge (La imaginación es más importante que el conocimiento) es de otro Albert: Einstein.

PÁGINA DEDICADA A ESTUDIANTES QUE INSPIRAN

La leyenda del invisible

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EL INVISIBLE

.

No es lo mismo dar la vuelta al mundo que darle la vuelta al mundo, pensó el  hombre mirando el mapa de arriba abajo y de norte a sur.

El Norte, disciplina de ganancia y sacrificio y, el   Sur, a aprender o a mamar del sí, boana.

El hombre miró de lado a lado.

Y   vio el Este, de culturas de colores, de  dioses diferentes.

Y vio a su madre ‑tan guapa‑ tan tapada y a su padre ‑tan  galán de ojos azules‑ haciendo de Lawrence de Arabia.

Miró al Oeste.

Se imaginó en la enésima fiebre del oro o    de misionero en las misiones y, francamente, le dio pereza.

Metió las  manos en los bolsillos.

Sus abuelos, el  campo y el ganado.

Miró hacia afuera.

El hijo.

Unas crónicas dicen que se quedó donde estaba y, otras, en el centro, señor.

Hay quien, por eso, le atribuye la   invención del sismógrafo y quien, contra toda lógica, sostiene (versión que nos parece la más fantasiosa y la menos creíble, famélico el Estado del Bienestar) que el hombre se hizo de pronto funcionario.

/ a Alejandro Elías Villalobos /

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