Caso Kelly

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David Christopher Kelly (1944-2003)

CASO KELLY

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DISCURSO CONTRA LAS ARMAS

 

El mismo día que se hace noticia de algo que viene de lejos y es sabido por todos ‑que policías blancos armados matan a negros indefensos y que la Guerra de Irak contra Sadam Husein fue una farsa inventada‑, hay que pensar que, aunque alguna vez veamos algún soldadito o soldadita ayudando a apagar un incendio, salvando náufragos o rescatando vidas y aunque los Airbus Military, que dan trabajo a los nuestros, los nuestros digan que son de transporte, no de guerra, y las guerras no guerras, sino misiones de paz, toma ya, y diga lo que diga el profesorado en sus clases, donde se desgañitan por explicar las causas de las guerras, de todas las guerras, las mundiales, las civiles, las antiguas y las modernas, desde la de Sumer hace cuatro mil años entre Lagash y Umma, hasta la Guerra de Siria de ahora mismo, hay que pensar que la primera, primerísima, causa de las guerras son las armas y, antes que las armas, quienes las fabrican, quienes las transportan hasta ponerlas en manos de ejércitos que por fuerza hemos de llamar, si no asesinos, homicidas, puesto que contra el hombre se usan y al hombre matan, algo, por cierto, de lo que no podemos culpar exclusivamente a generales, reyes, emperadores, presidentes o primeros ministros sino también a la tropa que como borregos obedecen órdenes que sacrifican hombres, mujeres y niños, ahora que está de moda entre el primer mundo preocuparse hondamente por la infancia, tropa que tampoco es la primera culpable, ya que el soldado matando cobra y cobrando vive si no alcanza otro oficio, siendo peor la catadura moral de quienes asisten al desfile, aplauden y luego se van a su casa a ver la guerra por la tele, culpa de naciones, países o culturas que consienten que haya armas, que haya ejércitos y, encima dan su voto y eligen políticos que admiten, contemplan, presiden y mandan ejércitos, algo que es de recordar a muchachos y muchachas de buen corazón que por buscarse la vida harán que otros la pierdan y hay que acordarse de objetores, pacifistas o, cuando menos, arrepentidos de haber sido cómplices del montaje que tienen abominables dirigentes como Obama, que infecta de marines todo cuanto toca, arrepentidos como David Christopher Kelly (1944‑2003), experto en armas que fue el primero en denunciar la patraña de Irak y lo pagó con su vida, lo cual es una forma, esta del arrepentimiento, semejante a aquella de Longinos al pie de la Cruz, donde por algo aparece arrodillado y contrito como en el paso de la Sagrada Lanzada, lo cual se dice porque lo hemos visto y, en el caso de Kelly, escrito y publicado como una más de las vidas fastidiadas que salpican Tinta de calamar, donde se ve a Kelly como la primera víctima del bajón patriótico y emocional que supuso para el Reino Unido reconocer que el Gobierno laborista de Tony Blair (en España, el de José María Aznar) mintió como bellaco y se inventó las pruebas que le salieron de los misiles con tal de usar lo que los ejércitos usan para matar, matar y matar, patraña que Kelly, que fue malo de la historia, tuvo la decencia de destapar y la entereza de quitarse de en medio, tal como se contó en su día en Tinta de calamar (2014).

enlace al breve Caso Kelly


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