La razón de la sinrazón.

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Mierdas iluminadas por Navidad.

La razón de ser de lo que es poderoso provoca la sinrazón de que se hable de ello. Es parte del juego y del poder.  Vean, si no, la cantidad de gente que fustiga el nacionalismo sin darse cuenta (o dándose, qué más da) de que (aunque se disfracen de izquierda contra derecha) todo ese argumentario en contra es en el fondo básica y radicalmente nacionalista, es decir, de la misma índole que aquello que critican. Pasa también con la monarquía, con la religión o, últimamente, con el feminismo de velito islámico o a lo occidental de tacón y de uñas pintadas para un máster chef. Cuando nos damos cuenta, estamos hablando de semejantes disparates, absurdos o tonterías. Es lo que pasa además con las con las fiestas que nos vienen impuestas, particularmente la omnipotente y omnipresente, hasta el hartazgo, Navidad.

Rellene la encuesta ¿Cómo acabar con la Navidad? para el extra de Navidad de la revista satírica TeVeo de Rafa Iglesias. Tenemos de plazo hasta el 20 de noviembre o 20‑N que será el día de otra sinrazón a propósito del enterramiento que no entierre lo que debería estar enterrado de toda la vida.

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encuesta: ¿Cómo acabar con la Navidad?

revista [ eLTeNDeDeRo ]

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TeVeo_enNavidadvídeo 03:58

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CÓMO ACABAR CON LA NAVIDAD

¡Así se habla, viejo topo! ¿Podrás trabajar rápido bajo tierra?
(Hamlet)

Hacia 1980 un profesor y escritor español, Eliacer Cansino Macías (Sevilla, 1954), dio al mundo un método infalible para deconstruir la más potente obra con solo averiguar su clave o tornillo clave, su piedra de toque. Se llama piedra de toque a la que sirve para probar la pureza de los metales y, por extensión, aquello que permite calibrar el valor o alcance de una situación o coyuntura, por ejemplo, en la frase “El soberanismo es la piedra de toque de la actual discusión política” o, por ejemplo, “La Navidad es la piedra de toque del laicismo nacional”. No confundir piedra de toque con la piedra clave, que es la que cierra el arco o la bóveda (que en estructuras de hierro pudiera ser un tornillo…

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la revolución del ocio y tiempo libre como una de las bellas artes.

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Mierdas iluminadas por Navidad.

Desde la revolución industrial, mitad del siglo 18, hasta antes de ayer, y todavía en alguna vieja guardia que no se entera de nada, la teoría de la emancipación se ha basado en el reparto del trabajo y la riqueza. Así lo expresó el Manifiesto comunista de Marx y Engels, en 1848, que contaba con un objeto y un sujeto y un método; un qué y un quién y un cómo. Qué: el modo de producción capitalista. Quién: el proletariado. Cómo: mediante la conquista del Estado. La revolución traería nacionalizaciones y socializaciones que regirían por el principio “a cada cual según su aportación”, hasta el “a cada cual según sus necesidades”, que regiría la fase superior o comunismo.

Marx ni Engels ni Lenin ni Trotsky, tampoco Bakunin ni el anarcosindicalismo, pudieron prever las resistencias del capitalismo; unas, por las armas, el bloqueo y la confrontación contra todo lo que se movía en colonias y zonas preindustriales (confrontación, desde Rusia en el 17) y, otras, por hegemonías inyectadas al proletariado del primer mundo que actuarían como un virus o como un troyano: ese fue el Estado del Bienestar, que hizo, del proletariado, clase obrera; después, trabajadora y, por último, clase media involucrada en Estados sistemáticamente tenidos por democráticos donde mediante las urnas sería posible no solo la resolución de conflictos (se acabó la lucha de clases) sino la máxima expresión de la libertad del individuo (el comunismo, como totalitarismo; la democracia y el capitalismo, con sus inconvenientes, como lo menos malo que se conoce), de manera que si la explotación del hombre por el hombre y el capitalismo seguían dándose, se daban por mayorías nacidas de las propias clases dominadas, porque de todo se puede hablar en las urnas de los países libres. Se acabó la revolución gracias al voto a partidos socialdemócratas o democristianos y a la dormición de los viejos sindicatos y de las viejas consignas (aunque perduren en el lenguaje de una vergonzosa izquierda).

Dos revoluciones vinieron tras la industrial: la revolución científico técnica y digital (formulada a finales de los años 70) y la revolución de la información que está empujando ahora. La clase obrera no volverá ni será sustituida por olas migratorias ni por minorías en lucha; tampoco por colectivos o por grupos de sexo (ese feminismo que saca pecho). Todos esos movimientos, con oenegés y solidaridades, no moverán los cimientos de este mundo; tampoco, el islamismo como alternativa a la decrepitud de Occidente. La revolución basada en el reparto del trabajo se quedó sin vehículo y sin piloto. Lo que nos queda es el reparto del individualismo y del tiempo libre y del ocio como revolución pendiente. Otro día hablamos de Internet como Palacio de Invierno o Bastilla que habrá que conquistar.

En esa revolución ocupa un primer lugar la conquista del calendario laboral, vinculado al trabajo, y, cómo no, ahora que se aproximan las navidades, las fiestas y celebraciones que nos vienen impuestas en nombre de tradiciones y artes y costumbres populares.


Sófocles y el jinete pálido.

El jinete pálido

lo intenso, lo extenso y lo transversal en cine y literatura

intenso es, o son, el teatro y la poesía; extenso, el argumento, en novelas y películas de ficción; transversal es el aquí y ahora (el realismo) que la actualidad proyecta (y la literatura refleja) en una obra.

Un argumento en cine es el siguiente: Una pareja de hombre y mujer, madurita interesante, tiene una hija de 23 años, quien se define a sí misma como lesbiana. Sobre ese cuadro familiar se cruza un visitante inesperado, un joven seductor del que se cuelgan o enredan madre e hija. La nota que añaden los dos varones protagonistas es de antecedentes por violentos sexistas, nota que viene a sumarse al drama masculino que nos da a los varones la vida, seamos o no violentos, seamos o no sexistas. Pues cualquier varón honrado, buena persona y bueno en la cama sabe que la vida le puede enviar un rival que no podrá vencer. Pura depredación sexual. Y en el maltrato hay tema, como quien dice: telediario, actualidad.

Viendo aquella película, me acordé de Querelle (de Genet y de Fassbinder, 1947 y 1982), para la lucha entre los machos alfa, y de Teorema (de Pasolini, 1968), para el extraño que llega y con su llegada todo lo modifica. Es también el esquema del jinete clásico en películas del Oeste, películas que, resuelto el conflicto por el misterioso solitario, inevitablemente terminan en silueta a caballo perdiéndose hacia el horizonte. Que Querelle fuese un mafioso, que el de Pasolini fuese un mesías o que el jinete pálido fuese un proscrito, tanto da: son actuantes de una casilla que funciona por el lugar que ocupan, no por las circunstancias que los atraviesan.

El marido y padre de nuestra película no solo ve en peligro su matrimonio y las bases de su relación de pareja sino que con su hija de 23 años tendrá que despejar el viejo abismo del incesto (tema tabú y del que poco se habla) y, por su parte, el joven intruso tendrá que averiguar si no es más que un buen semental hasta que otro semental a él también se lo folle. Esos son los malos tratos que nos da la vida a los machos, temazo con perfiles de tragedia que la tragedia griega no supo tratar, perdida en jerarquías de guerreros, en lucubraciones del destino y en supersticiones por los dioses del Olimpo, todo muy extenso y muy transversal. Es el caso de Edipo, cuyo dramón hubiera sido mucho más dramón y más humano si Edipo hubiera sido consciente de que a quien mataba era su padre y que su madre era la hembra con quien se estaba acostando. Mal guionista ese Sófocles.


 

Lo que no es tragedia es esperpento.

Hombre de capa con sombrero y caña de paseo Foto Irina Soriano 5
Daniel Lebrato como álamo talado en la Alameda de Hércules de Sevilla. Foto Irina Soriano.

Todo el mundo sabe, menos el yihadista o el mártir, que la muerte es conversación de los vivos, no de los muertos (ni con permiso de halloween). Volver a Valle‑Inclán, junto a Rubén y a Bradomín en la escena catorce de Luces de bohemia, es, quizá, recuperar la lucidez en esta España triste que ni acierta en lo que hay que enterrar ni en dar vida a las nuevas ideas. Y tan patética es la noticia del artista que la emprende a palomas de la paz sobre la tumba de Franco, como la puesta en escena de una niña de trece años que el establecimiento quiere hoy infanta y mañana reina, y justo el mismo día o víspera de lo que nadie sabe cómo llamar: si jálogüin o jalogüín, si todos los santos, los santos o los fieles difuntos.

El caso es que nos vamos como se fueron antes quienes quisimos. Y el caso es (como Moisés o el profeta Daniel, que no conocieron la tierra prometida ni el final del cautiverio) que siempre nos quedamos a las puertas de algo o pudiendo haber hecho otra cosa o pendientes de alguna conversación, compañero del alma, compañero.

Entonces, Zacarías el borracho viene y la clava, cierra y acierta: no queda más que el espectáculo y, mientras haya una luz, soñaremos que hay también alguna salida contra la estulticia programada, Infanta o Franco o su pintor. A esa luz entre Max Estrella y Rubén, entre Rubén y Bradomín, diremos con Zacarías: ¡Cráneo privilegiado!

/ a J.J. Díaz Trillo /


Vídeo Halloween alusivo (5:30)


luces de bohemia y de noviembre.

bululú y florisel
Teatro La Paz, Valverde del Camino,  28 de mayo 1986. 

Valle-Inclán, ciego y bululú, entra en escena
de la mano de Florisel (paje Javier Lebrato)


[eLTeNDeDeRo] deja a ustedes con el último corto del ciclo de chiringuitos a pie de playa: El corazón del Pirata (en playa Montijo, entre Chipiona y Sanlúcar). Y el primer corto nacido del frío: Halloween. Sospecha uno que los calendarios los carga el trabajo, esa maldición, y que las fiestas son solo una trampa, un disimule. No hemos salido del esperpento; si acaso, nos escapamos también con Luces de bohemia.


Ramón María del Valle‑Inclán. Luces de bohemia (1920 y 24) escena 14 y penúltima. Diálogo de Rubén Darío y el Marqués de Bradomín. La escena en un patio en el cementerio del Este. La tarde fría. El viento adusto. La luz de la tarde, sobre los muros de lápidas, tiene una aridez agresiva.

RUBÉN: ¡Es pavorosamente significativo que al cabo de tantos años nos hayamos encontrado en un cementerio!

EL MARQUÉS: En el Campo Santo. Bajo ese nombre adquiere una significación distinta nuestro encuentro, querido Rubén.

RUBÉN: Es verdad. Ni cementerio ni necrópolis. Son nombres de una frialdad triste y horrible, como estudiar Gramática. Marqués, ¿qué emoción tiene para usted necrópolis?

EL MARQUÉS: La de una pedantería académica.

RUBÉN: Necrópolis, para mí es como el fin de todo, dice lo irreparable y lo horrible, el perecer sin esperanza en el cuarto de un Hotel. ¿Y Campo Santo? Campo Santo tiene una lámpara.

EL MARQUÉS: Tiene una cúpula dorada. Bajo ella resuena religiosamente el terrible clarín extraordinario, querido Rubén.

RUBÉN: Marqués, la muerte muchas veces sería amable si no existiese el terror de lo incierto. ¡Yo hubiera sido feliz hace tres mil años en Atenas!

EL MARQUÉS: Yo no cambio mi bautismo de cristiano por la sonrisa de un cínico griego. Yo espero ser eterno por mis pecados.

RUBÉN: ¡Admirable!

EL MARQUÉS: En Grecia quizá fuese la vida más serena que la vida nuestra…

RUBÉN: ¡Solamente aquellos hombres han sabido divinizarla!

EL MARQUÉS: Nosotros divinizamos la muerte. No es más que un instante la vida, la única verdad es la muerte… Y de las muertes, yo prefiero la muerte cristiana.

RUBÉN: ¡Admirable filosofía de hidalgo español! ¡Admirable! ¡Marqués, no hablemos más de Ella!

Callan y caminan en silencio. LOS SEPULTUREROS, acabada de apisonar la tierra, uno tras otro beben a chorro de un mismo botijo. Sobre el muro de lápidas blancas, las dos figuras acentúan su contorno negro. RUBÉN DARÍO y EL MARQUÉS DE BRADOMÍN se detienen ante la mancha oscura de la tierra removida.

RUBÉN: Marqués, ¿cómo ha llegado usted a ser amigo de Máximo Estrella?

EL MARQUÉS: Max era hijo de un capitán carlista que murió a mi lado en la guerra. ¿Él contaba otra cosa?

RUBÉN: Contaba que ustedes se habían batido juntos en una revolución, allá en Méjico.

EL MARQUÉS: ¡Qué fantasía! Max nació treinta años después de mi viaje a Méjico. ¿Sabe usted la edad que yo tengo? Me falta muy poco para llevar un siglo a cuestas. Pronto acabaré, querido poeta. RUBÉN: ¡Usted es eterno, Marqués!

EL MARQUÉS: ¡Eso me temo, pero paciencia!

Las sombras negras de LOS SEPULTUREROS -al hombro las azadas lucientes- se acercan por la calle de tumbas. Se acercan.

EL MARQUÉS: ¿Serán filósofos, como los de Ofelia?

RUBÉN: ¿Ha conocido usted alguna Ofelia, Marqués?

EL MARQUÉS: En la edad del pavo todas las niñas son Ofelias. Era muy pava aquella criatura, querido Rubén. ¡Y el príncipe, como todos los príncipes, un babieca!

RUBÉN: ¿No ama usted al divino William?

EL MARQUÉS: En el tiempo de mis veleidades literarias, lo elegí por maestro. ¡Es admirable! Con un filósofo tímido y una niña boba en fuerza de inocencia, ha realizado el prodigio de crear la más bella tragedia. Querido Rubén, Hamlet y Ofelia, en nuestra dramática española, serían dos tipos regocijados. ¡Un tímido y una niña boba! ¡Lo que hubieran hecho los gloriosos hermanos Quintero!

RUBÉN: Todos tenemos algo de Hamletos.

EL MARQUÉS: Usted, que aún galantea. Yo, con mi carga de años, estoy más próximo a ser la calavera de Yorik.

UN SEPULTURERO: Caballeros, si ustedes buscan la salida, vengan con nosotros. Se va a cerrar.

EL MARQUÉS: Rubén, ¿qué le parece a usted quedarnos dentro?

RUBÉN: ¡Horrible!

EL MARQUÉS: Pues entonces sigamos a estos dos.

RUBÉN: Marqués, ¿quiere usted que mañana volvamos para poner una cruz sobre la sepultura de nuestro amigo?

EL MARQUÉS: ¡Mañana! Mañana habremos los dos olvidado ese cristiano propósito.

RUBÉN: ¡Acaso!

En silencio y retardándose, siguen por el camino de LOS SEPULTUREROS, que, al revolver los ángulos de las calles de tumbas, se detienen a esperarlos.

EL MARQUÉS: Los años no me permiten caminar más de prisa.

UN SEPULTURERO: No se excuse usted, caballero.

EL MARQUÉS: Pocos me faltan para el siglo.

OTRO SEPULTURERO: ¡Ya habrá usted visto entierros!

EL MARQUÉS: Si no sois muy antiguos en el oficio, probablemente más que vosotros. ¿Y se muere mucha gente esta temporada?

UN SEPULTURERO: No falta faena. Niños y viejos.

OTRO SEPULTURERO: La caída de la hoja siempre trae lo suyo.

EL MARQUÉS: ¿A vosotros os pagan por entierro?

UN SEPULTURERO: Nos pagan un jornal de tres pesetas, caiga lo que caiga. Hoy, a como está la vida, ni para mal comer. Alguna otra cosa se saca. Total, miseria.

OTRO SEPULTURERO: En todo va la suerte. Eso lo primero.

UN SEPULTURERO: Hay familias que al perder un miembro, por cuidarle de la sepultura, pagan uno o dos o medio. Hay quien ofrece y no paga. Las más de las familias pagan los primeros meses. Y lo que es el año, de ciento, una. ¡Dura poco la pena!

EL MARQUÉS: ¿No habéis conocido ninguna viuda inconsolable?

UN SEPULTURERO: ¡Ninguna! Pero pudiera haberla.

EL MARQUÉS: ¿Ni siquiera habéis oído hablar de Artemisa y Mausoleo?

UN SEPULTURERO: Por mi parte, ni la menor cosa.

OTRO SEPULTURERO: Vienen a ser tantas las parentelas que concurren a estos lugares, que no es fácil conocerlas a todas.

Caminan muy despacio. RUBÉN, meditabundo, escribe alguna palabra en el sobre de una carta. Llegan a la puerta, rechina la verja negra. EL MARQUÉS, benevolente, saca de la capa su mano de marfil y reparte entre los enterradores algún dinero.

EL MARQUÉS: No sabéis mitología, pero sois dos filósofos estoicos. Que sigáis viendo muchos entierros.

UN SEPULTURERO: Lo que usted ordene. ¡Muy agradecido!

OTRO SEPULTURERO: Igualmente. Para servir a usted, caballero.

Quitándose las gorras, saludan y se alejan. EL MARQUÉS DE BRADOMÍN, con una sonrisa, se arrebuja en la capa. RUBÉN DARÍO conserva siempre en la mano el sobre de la carta donde ha escrito escasos renglones. Y dejando el socaire de unas bardas, se acerca a la puerta del cementerio el coche del viejo MARQUÉS.

EL MARQUÉS: ¿Son versos, Rubén? ¿Quiere usted leérmelos?

RUBÉN: Cuando los haya depurado. Todavía son un monstruo.

EL MARQUÉS: Querido Rubén, los versos debieran publicarse con todo su proceso, desde lo que usted llama monstruo hasta la manera definitiva. Tendrían entonces un valor como las Pruebas de aguafuerte. ¿Pero usted no quiere leérmelos?

RUBÉN: Mañana, Marqués.

EL MARQUÉS: Ante mis años y a la Puerta de un cementerio, no se debe pronunciar la palabra mañana. En fin, montemos en el coche, que aún hemos de visitar a un bandolero. Quiero que usted me ayude a venderle a un editor el manuscrito de mis Memorias. Necesito dinero. Estoy completamente arruinado desde que tuve la mala idea de recogerme a mi Pazo de Bradomín. ¡No me han arruinado las mujeres, con haberlas amado tanto, y me arruina la agricultura!

RUBÉN: ¡Admirable!

EL MARQUÉS: Mis Memorias se publicarán después de mi muerte. Voy a venderlas como si vendiese el esqueleto. Ayudémonos.


 

cortos:

El corazón del Pirata

Halloween

halloween.

DANIEL LEBRATO muerto 2

HALLOWEEN, Segunda Parte de LA MUERTE AL HOYO (vídeo 5:50)

el nombre

halloween. [jalogüín], del anglosajón haliga, santo, y even o eve, víspera, es contracción de all hallows’ eve (de todos los santos víspera), también noche de brujas, noche de víspera de difuntos, noche de muertos, víspera de difuntos, samhain. Existe la samhainophobia, el miedo a halloween.

la fecha

Se celebra en la noche del 31 de octubre, coincidiendo con las vísperas cristianas de todos los santos (1 de noviembre) y fieles difuntos (día 2).

historia

En su origen celta, halloween marca el fin del verano y el comienzo del año nuevo. Antiguos celtas creían que la línea que une a este mundo con el otro se estrechaba con la llegada del samhain, permitiendo a los espíritus (tanto benévolos como malévolos) pasar a través. Los ancestros familiares eran invitados y homenajeados mientras que el uso de trajes y máscaras respondería a la necesidad de ahuyentar a los espíritus malignos. De Irlanda, llevaron esa tradición a América del Norte durante la gran hambruna (1845‑49). El día iba asociado a los colores naranja, negro y morado y a símbolos como la jack-o’-lantern (linterna de gato), o calabaza ahuecada y agujereada para representar rasgos faciales, y el famoso dulce o truco (truco o trato) con fiestas de disfraces, hogueras, casas encantadas, bromas e incitaciones al miedo o al terror.

Recientemente se ha reivindicado otro origen: la mesnie o mesnada: ejército, compaña o procesión de muertos. Guillermo de Auvernia (1190‑1249) cita una procesión de difuntos denominada vulgari gallicano hellequin (en galicano, hellequini) et vulgari hispanico exercitus antiquus (y, en hispánico, ejército o hueste antigua), lo que enlaza con el folklore de la cacería salvaje, la santa compaña, la estantigua o estántiga,​ en gallego y portugués. Halloween sería derivación del nombre dado al capitán de esta procesión de muertos.

cristianización de la fiesta

Roma asimiló la fiesta celta a la fiesta romana de la cosecha, en honor a Pomona, diosa de los árboles frutales. Los papas Gregorio III (731-741) y Gregorio IV (827‑44) cristianizaron la fecha trasladando el Día de Todos los Santos del 13 de mayo al 1 de noviembre. En 1840 Halloween llega a Estados Unidos y Canadá. En 1921 se celebró el primer Desfile de Halloween en Minnesota y luego en otros estados. La internacionalización se produjo gracias al cine y a las series de televisión. En 1978, se estrenó Halloween, de John Carpenter, película de referencia para el cine de terror de serie B.

el truco o trato

El truco o trato (trick-or-treat) era una leyenda según la cual entre los espíritus de los difuntos vaga uno terriblemente malévolo que va de casa en casa pidiendo truco o trato. La leyenda asegura que lo mejor era hacer trato pues, si no, el espíritu usaría sus poderes para hacer truco, que consistiría en maldecir la casa y a sus habitantes, dándoles toda clase de infortunios y maldiciones como enfermar a la familia, matar al ganado o quemar la casa. Como protección surgió la idea de las calabazas horrendas para ahuyentar al fatídico espectro.

literatura

Jack el Tacaño. Existe un viejo relato popular irlandés que habla de Jack, un irlandés tacaño, pendenciero y con fama de borracho. Lucifer el diablo, a quien llegó su fama, acudió a comprobar si era un rival y disfrazado de hombre normal fue al pueblo de Jack y se puso a beber con él durante horas y horas, revelando su identidad tras ver que en efecto Jack era un auténtico malvado. Cuando Lucifer le dijo que venía a llevárselo por sus pecados, Jack le pidió beber juntos una última ronda (de ahí debe venir que en los bares de Sevilla, la gente rehúye echarse la última, a la que llaman siempre la penúltima). Lucifer accedió pero, al ir a pagar, ninguno de los dos tenía dinero, así que Jack retó al diablo a convertirse en una moneda para demostrar sus poderes. Satanás se hizo moneda que Jack introdujo en su bolsillo, donde llevaba un crucifijo de plata. Incapaz de salir de allí, Jack pactó con Lucifer dejarlo libre a condición de que prometiera no volver a molestarlo durante un año.

Para la literatura española, hay que leer El monte de las ánimas, leyenda de Gustavo Adolfo Bécquer en 1862.

música y cine

Para banda sonora, esta lista del Huffington Post en Spotify, empezando por Thriller, de Michael Jackson, aquí, en YouTube; y Halloween, de John Carpenter.


–Fuentes: Wikipedia y otras páginas consultadas

HALLOWEEN, Segunda Parte de LA MUERTE AL HOYO (vídeo 5:50)