La caída de la Casa Lebrato.

LA CAÍDA DE LA CASA LEBRATO (1998‑2014).[1]

Geografía e historia.

1952. Un piso en el centro de Sevilla, barrio del Arenal, de tan solo 40 metros cuadrados. Una mujer hermosa, Pepita[2], que ejerce de ama de casa y que será madre de cinco varones y tres hembras. Un padre galán y trabajador, a pesar suyo, Francisco o Quico[3], adorador de su mujer y ‑para lo que importa‑ anulado por ella. Un régimen que apoyaba la familia numerosa. Un sueldo insuficiente para dar a ocho criaturas carrera y nivel de vida. Una conciencia de inferioridad de clase que se sublimará en supuesta superioridad intelectual. Una infancia escolarizada en la Escuela Francesa entre el quiero y no puedo y las becas. Una educación sentimental dual, norte sur, entre una patria querida, la de la madre en Cóbreces, Santander, de míticos veraneos, y una tierra hostil, Oliva de la Frontera, Badajoz, de donde tuvo que emigrar el padre. Una familia aparentemente muy progresista y de izquierdas sin embargo sensible, demasiado sensible, a la religión, al facherío y al poder del dinero. 1952‑61. Nueve años para seis hermanos. Desde 1952, con el nacimiento de Carmen ‑Pepita va a cumplir 24 años‑, hasta 1961, con Pepe[4], el sexto y más pequeño de la primera tanda, ocho años y medio[5] pasa la madre pariendo a razón de un hijo cada 17 meses: 9 de parto y 8 para el siguiente embarazo. 1961‑66. Entreacto con los seis. Pepita tiene 32 años, Francisco 40. Pepita estuvo cuatro años, nueve meses y 22 días sin parir[6]. 1966‑68. La parejita añadida. Cuando la familia parecía que se quedaría en seis (simétricamente, hija, dos hijos, hija, dos hijos), el 66 se abre de nuevo el paritorio para recibir a Marta[7] y el 68 a Carlos[8], quince años y dos meses que le lleva Carmen, la hermana mayor ‑Pepita va a cumplir 40‑, quince años que, según los autores, son suficientes para poner la marca, el salto, de generación a generación.

Desarrollo humano.

1º) Ni padre ni madre eran del Opus ni de ideas integristas ni ajenos a los métodos anticonceptivos.

2º) El traer los hijos en dos tandas generó dos benjamines o niños chicos: Carlos y el benjamín que fue Pepe durante casi cinco años.

3º) En tiempos sexistas no era lo mismo ser el mayor que ser la mayor: a Carmen no se le dio carrera superior y a Daniel sí.

4º) Madre estelar y familia en estrella, todos quieren que los quiera la madre, a quien adoran, mientras la madre se deja querer y las relaciones fraternales son bastante endebles. Síndromes del esperma, todos quieren ser primeros y quien caiga en desgracia ante la reina madre o madre óvulo caerá ante todos: síndrome clan.

5º) Las carencias afectivas pasarán a la generación de nietos y sobrinos y a las distintas familias que se vayan creando.

6º) Como partes de un sistema solar, habrá familias planeta, de primera, y satélites, de segunda, siendo las de primera las hijas bien casadas (Carmen, Isabel y Marta, aunque el matrimonio de Isabel acabó en desastre) frente a los mal casados hijos varones (Daniel y Pepe, los dos divorciados o separados de sus primeras parejas y supervivientes de sucesivas reconstrucciones). Un bien casado fue Carlos y un caso aislado Kiko, el quinto de la serie, que se quedó de soltero de oro al cuidado de la madre cuando la madre enviudó[9].

7º) No es casualidad, sino ideología, que los conflictos de Pepita y su gente de primera con Daniel vinieran cada vez que una boda o enlace aproximaba a la familia Lebrato a alguien de dinero o de ideas conservadoras. Tales fueron los casos: el que abre las broncas, boda de Carlos con una hija de militar, enero del 99, y el que las cierra cuando el primogénito de Carmen, Manuel Rasero, iba a casar en la sintonía del PP, octubre de 2014. Con grandes honores también fue recibido el ingeniero que vino de fuera y que casaría con Marta, abril del 99.

Conclusión de Daniel.

El déficit afectivo general y el juego de ser el preferido o parte de los preferidos tejió una maraña de relaciones donde mejor no entrar. Te sacan los ojos. Casos de Carmen, Isabel y, sobre todo, Pepe, con quienes yo tanto había querido, y hasta de mis propios hijos. Definitivamente, no se baja vivo de una cruz[10].

[1] La caída de la Casa Lebrato no tiene nada que ver con la La caída de la Casa Usher (1839), de Edgar Allan Poe, pero ayuda a titular y a sugerir el terror.

[2] Nacida en Cóbreces, Santander (hoy Cantabria) el 20/11/28, Pepita Martínez fue la mayor de cinco.

[3] Nacido el 02/05/21, Francisco Lebrato fue el mayor de tres. Francisco y Pepita eran primos hermanos. Se casaron en Cóbreces el 27 de diciembre de 1951. Tras la boda se instalan en Sevilla, calle Galera 10, y al poco emigran a Barcelona, donde permanecerían hasta febrero del 55. En Barcelona nacieron Carmen (01/11/52) y Daniel (31/05/54).

[4] Nacido el 01/04/61.

[5] Exactamente 8 años y 5 meses.

[6] Lo que va del 01/04/61 al 22/01/66.

[7] Nacida el 22/01/66.

[8] Nacido el 01/01/68.

[9] Francisco Lebrato Sánchez murió el 11 del 11 de 2001.

[10] Cortázar en Queremos tanto a Glenda (1980).

“El bar” como impostura y apropiación. Notas de poética y retórica.

Primero fueron arte poética y arte retórica, creación y discurso, pensamiento y elocución, dicho en tres y en latín: inventio, dispositio y elocutio: hallazgo, género (composición o estructura) y estilo. Vino después el cuadro de la comunicación y fueron emisor y receptor, creación y público. La filología dio paso a la estilística con el comentario de textos y siguieron las viejas figuras retóricas pasadas ahora por las pautas de la pragmática: adecuación, coherencia y cohesión, donde manda la adecuación: la intención del emisor y la función (o utilidad) de un acto de comunicación en una situación determinada.

El proceso de creación o la creación como proceso genera dos estampas: en una, ya tópica, la persona, hombre o mujer a quien llamaremos creador, está buscando la inspiración mirando a las musas delante de una página en blanco (puede ser un lienzo, un teclado de ordenador o piano, puede ser una cámara): el creador está con la pre ocupación de cuál será su ocupación, nueva obra que vencerá el horror vacui que experimenta. Si es profesional que vive de eso, se suma además el horror pagui por miedo a perder la dichosa paguita. En la segunda estampa, el creador es alguien que va por la calle o de viaje o asiste a una conferencia y, de pronto, tiene una idea, se le enciende una luz, ha pensado algo original y nadie sabe si la idea se plasmará en verso o en prosa, en óleo o acuarela, foto, performance o exposición. Lleve la dirección que lleve el acto de creación (de la inspiración al medio y al mensaje o del medio al mensaje, inspirado o no), hablamos de un qué y un cómo que son tres: tema, punto de vista y lenguaje. Un tema antiguo y manido (la muerte, el amor) se puede tratar con un lenguaje nunca usado o desde un punto de vista insólito. Y un tema nuevo se puede abordar desde un punto de vista rancio y con un lenguaje antigüito (ocurre con la mala ciencia ficción). Temas nuevos no abundan; si acaso, quienes llegaron primero y lo hicieron bien: Petrarca a la rosa, Manrique a la muerte de un padre, Lorca a la de un torero, Garcilaso al carpe diem en endecasílabos castellanos. Puntos de vista y lenguajes nuevos: la picaresca sobre las vidas ejemplares, Cervantes sobre el plagio, Juan Ramón Jiménez sobre la prosa, Salinas sobre el amor posromántico, Muñoz Seca o Valle‑Inclán sobre el teatro que parodian, Martín‑Santos sobre descripción, narración y diálogos en la novela.

Lo que caracteriza el cine de Álex de la Iglesia (Bilbao, 1965) es su punto de vista y su lenguaje. En el caso de El bar que acaba de estrenar, el bebedor de cerveza se imaginaba un enfoque original a un tema de sangre española y que nos haría ver de otra forma el mundo de la barra y su parroquia, del café y las tostadas, de las tapas de ensaladilla, con su cupón de la once, sus maquinitas de juego y su tabaco, y que el genio Álex de la Iglesia consistiría en presentar el bar sin caer en las garras de series tipo Antena 3. Lejos de ese genio contra costumbrista o periférico a Joaquín Sabina, De la Iglesia apenas pisa el bar, no nos parodia un mundo real con un lenguaje irreal, como hizo con las comunidades en La comunidad (2000), con las compras en Crimen ferpecto (2004), con los concursos televisivos en Muertos de risa (1999) o con la superstición en El día de la bestia (1995). El bar es, para este club de fans, decepcionante. Y lo peor es que machaca un título tan patrimonio nacional como la siesta. eLTeNDeDeRo diría que hay una gran crisis de creación, que muy pocos tienen algo nuevo que decir y, sin embargo, artistas y creadores se aferran a su condición privilegiada y piden y vuelven a pedir para sus productos un iva más bajo que para la barra de pan. Mucha cara y mucha casta es lo que hay. (Si ha llegado hasta aquí, vuelva a leer desde el principio, a ver si las piezas de este artículo, de retórica y poética, le encajan.)


Incierta gloria o Madrid Barça.

Incerta glòria, de Agustí Villaronga (el mismo de Pa negre, Pan negro de 2010), sugiere la trampa en que caemos al llamar a las cosas no por su nombre, sino por el nombre que les han dado, en este caso: guerra civil en vez de golpe de estado. Se trata de minimizar la resistencia al golpe por parte de la República y maximizar las supuestas dos Españas como si fueran dos países o naciones que en fecha y hora predeterminadas y en igualdad de condiciones celebran sus combates más o menos como un clásico Madrid Barça.


amor de la calle, por Rafa Iglesias.

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La chapa original medía 2 x 2 m. Se ha recortado a 1,5 x 1,5 m y se ha reforzado con un bastidor de puro hierro, al que se soldó. Con el tiempo ha adquirido una pátina de solera. A mí particularmente me recuerda la textura de algunos cuadros de Miguel Barceló o José María Sicilia, sinceramente. Una reliquia de aquellos míticos tiempos del auténtico rock and roll en Sevilla. Vestigio del local donde obligatoriamente acudían grandes reconocidos junto la mejor cantera. De la música, la imagen plural, la poesía, el teatro y otras disciplinas artísticas. Desde Silvio o Pive, Kiko Veneno y Raimundo Amador a Ceesepe, Charlie Cepeda o Gualberto, José Manuel Seda, Julio Fraga, Pepe Quero, Agustín Hurtado o Luis Castilla, por citar algunos. Crisol de aquel motoclub salvaje que fueron los Tagas. Si tienes alguna foto de aquel lugar y aquellos tiempos, compártela aquí. Sonreiremos en compañía, con serena y alegre melancolía. Rafa Iglesias  = )

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En Sevilla, “amor de calle” se conjuga con la calle Amor de Dios,
junto con su paralela calle Trajano,
vértebra de una movida que cambiaba la ética y la estética de Sevilla
desde la Campana hasta la Alameda,
donde todo lo que podía pasar en los años 70, 80, 90,
si podía pasar, pasaba.
La Expo 92 puso sordina a aquella ciudad encantada.
De ahí, la serena y alegra melancolía de Rafa Iglesias.

el perdón, por Juan Andivia.

Mis respetados profesores me enseñaron que para que existiese el perdón de una falta, la expiación tenía que ser proporcional a las características de la ofensa; y que si se trataba de una afrenta pública, la reparación debería ser pública también. Desde entonces, uno ha hecho lo que ha podido al respecto, pero no ha olvidado aquella fórmula mágica de la proporcionalidad necesaria para la absolución.

Pues bien, el expresidente George W. Bush declaró en una entrevista concedida a la cadena estadounidense ABC News, en diciembre de 2008, que “el mayor error de sus años en la Casa Blanca fue hacer caso a los informes de inteligencia que decían que había armas de destrucción masiva en Irak”.

En octubre de 2015, Tony Blair confesaba a la CNN que “no supo prever el caos que se desataría tras el derrocamiento de Sadam Husein” y admitía también sus “mistakes” (errores).

En efecto, era evidente que la razón esgrimida como fundamental para invadir aquel país se desvaneció como un azucarillo, y no en agua precisamente. Y de los protagonistas de la foto de las Azores, solo uno queda por admitir que, en esa ocasión al menos, se equivocó.

Sus correligionarios le han ayudado a salir de lo que sería un gran aprieto para la mayoría de los mortales, aclarando que España no fue a esa guerra, pero no es necesario recordar cuánto dolor y muerte nos ocasionó nuestra “no-participación”.

A mí, que aproveché muy bien los años de estudio en un colegio religioso, me parece que en esto de ayudar a los iraquíes no se ha aplicado correctamente la receta que equilibraba el agravio y la pena. Y me extraña mucho siendo, como son las implicadas, personas muy conspicuas y muy creyentes, unidas a la divinidad tanto en conversaciones como en caminos. Considero que la explicación de que no les dijeron la verdad, de que se precipitaron o, tal vez, de que se equivocaron tendría que retransmitirse vía satélite desde las Azores o, cuando menos, desde algún foro similar y con publicidad parecida a la que tuvo el pitido inicial de la contienda.

Se podría hacer, además, una bonita foto con un pie que rezase: “No era lo que pensábamos. Nuestros servicios de inteligencia han estado poco inteligentes”, o quizá “lo siento; no volverá a ocurrir”, aunque esto último, estando Mr. Trump en la Casa Blanca, sea difícil de creer.

La intención de querer revalorizar el peso internacional de nuestra nación tampoco ha sido suficiente (además, lo que un presidente gana, otro lo pierde y vuelta a empezar): “España estuvo en las Azores porque no pudo participar en el desembarco de Normandía, que es donde debería haber estado”, dicen que fueron palabras del expresidente Aznar. Pues con las otras fotos de los zapatos sobre la mesa del rancho de Busch, tendría que haberle bastado al amigo Ánsar.

HuelvaYa.es, 26/03/2017

el corrector de textos en el punto de mira.

El 27 de octubre se celebra su día, el Día Internacional de la Corrección o Día del Corrector de Textos. Fue instaurado en el año 2006 por la Fundación Litterae de Argentina y se puso en honor al pensador y humanista Erasmo de Rotterdam por coincidir con su natalicio. Desde entonces hemos visto cómo este oficio ha ido evolucionando o, mejor dicho, se ha especializado en función de su objetivo: corrector de estilo, verificador de hechos y lector de sensibilidad, que está haciendo fortuna últimamente.

Origen: Manu de Ordoñana, Ana Merino y Ane Mayoz.

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