la tercera vía de la vieja izquierda.

la vieja izquierda. Llevo a esta gente, hombres y mujeres de mi generación, en mi mochila y en mi cajita de los clínex. Contra el franquismo, fui cómplice y parte y, hoy, contra la democracia, me dan ganas de llorar. En 1978, la votaran o no, vieron con buenos ojos la Constitución, lo cual era una forma de refrendar la Transición. En el 82, votaran o no al Psoe, todos con flores a María, cambio prometido por Felipe González. En el 86, la aprobaran o no, vieron con buenos ojos la permanencia de España en la Otan y aprovecharon para liquidar al viejo Pce, de pronto cambiado en Izquierda Unida, el marxismo definitivamente desposeído y el estatus de España en la UE dado por bueno o por muy bueno. En el 88, y con el pretexto antiterrorista, estrecharon lazos con el PP, lazos que han ido a más hasta el impactante bloque constitucional. En el 89, aplaudieron la caída del Muro de Berlín, lo que suponía un concepto de la globalidad dentro de unos Estados que dieron en llamar del Bienestar. En el 91, a la caída de la URSS en Yugoslavia, se inventaron la guerra justa y las misiones de paz que iban a dar a las guerras justas su merecida cobertura. Con ustedes: el glorioso ejército español. Y en el 92, todos al Ave, al turismo y a la Expo. El siglo 21 lo empezaron cambiando el lema “paz y desarme (mundial)” por “paz y convivencia (doméstica)” para que el coche en el cole o en el instituto de barrio no nos lo rayaran. Perplejos ante las Torres Gemelas (ataque que España, aliada de Bush, había provocado), el partido de vuelta lo vieron en Madrid el 11 de marzo de 2004. Tres días después se sacaron del armario cuanto les quedaba de progresía y de No a la guerra y con el Psoe de Zapatero y con la Alianza de Civilizaciones creyeron que pasarían a la historia de un mundo nuevo a cuya imagen y semejanza brotarían primaveras políticas y primaveras árabes por todas partes. Pero en otoño de 2007 les estalló la puñetera crisis. Para entonces, el Bienestar tenía tanto predicamento que dígales usted al tatuado y a la mileurista: a trabajar, nenes, se acabó el máster. En 2008, 2010 y 2012 la selección española de fútbol, nueva Armada Invencible, lo ganó todo y las casas se llenaron de banderas rojas y amarillas. En 2009, Barack Obama encendió otra lucecita que iluminó a Podemos, cuarto y mitad de lo mismo una generación más tarde. Ahora, cuando un tema como el soberanismo les incomoda a una y otra sigla (a IU, también), se sacan del escaño, de la tertulia, de El País y de La Sexta rancios argumentos que dicen: lo que importa al pueblo es que haya prosperidad económica, bienestar social y frenar la corrupción. Con esos mimbres sus intelectuales orgánicos pretenden parecer más progres que nadie e influir en redes sociales prestigiados por algún poema o novela que han publicado estos años. Desde Facebook pontifican: ¡Cataluña: no es eso, no es eso! (Esto lo dijo Ortega contra la República.) No ignoran que a quienes juegan a ser el centro (a conciliar, a moderar, a estas alturas), los extremos se los comen: revolución que se duerme, la corriente se la lleva. Por eso y por la marcha de las encuestas, tienen verdadero pánico a las urnas como vía para salir del presente embrollo y prefieren poner la banderita de España, que no se vota, en sus balcones. El resto, pañuelos clínex.


 

Anuncios

la conciencia sobre las enfermedades y el culto a la muerte.

En nuestros ancianos y enfermos terminales vemos un futurible (una proyección personal) además, claro, de un problema donde tienen cabida la piedad, la solidaridad, la solicitud (de ayuda) o la cobertura (por dependencia). Distinto sería si la vejez y la decrepitud las contempláramos como un proceso natural, detrás del cual no hay nada, el vacío. Muchas de nuestras consideraciones cambiarían si pudiéramos planificar y disponer de cuerpo y mente a voluntad: el testamento vital.

En junio participo en un curso médico sobre la muerte digna y proceso a: enfermos terminales, cuidados paliativos, cosas así. La organización me asigna la ponencia La muerte y la literatura, se supone la literatura como reflejo y consolación. Mis modestas credenciales son cuatro artículos publicados en eLTeNDeDeRo entre septiembre de 2015 y noviembre de 2016: La muerte a cargo de la seguridad social, La muerte cero cero, Por una muerte sin cadáver y El duelo cero cero, ya sin culto a la muerte y sin imposiciones religiosas cuya última expresión está siendo el creyente que mata y se suicida convencido del cielo que le tienen prometido.

La humanidad merece probar cómo serían la enfermedad y la muerte sin curas ni cementerios, sin tanatorios, sin forenses, sin funerarias y sin recibos del Ocaso. También, por supuesto, sin literatura y sin profesores de literatura.

Daniel Lebrato.


votar y botar, el país y la intolerancia.

El pasado sábado al mediodía y ante las puertas del Cabildo Ayuntamiento de Sanlúcar estaba convocada la concentración a favor del diálogo y la conciliación. Al animoso señor no le dejaron. Franco Bernal grabó las imágenes (que ha reproducido La Sexta) y Primi Sánchez les ha puesto letra: «Yo presencié ese acto. Mi corazón me pedía ponerme al lado de ese pobre hombre solo ante la turba que le insultaba por pedir diálogo. Mi cuerpo me decía vete de aquí porque se va a liar. Me avergüenzo de un pueblo deprimido, con una tasa de paro de las mayores de España, que insultaba y vilipendiaba a un hombre solo, vestido de blanco con las manos en alto, que no decía nada, sólo mostraba un cartel blanco, dónde pedía diálogo y democracia. Señoronas demócratas de toda la vida lo insultaban, camareros de un bar cercano, con sus politos blancos nuevos con banderita española le gritaban ¡somos españoles!, ¿dónde está la policía? Hasta inmigrantes senegaleses dejaban sus puestos de bolsos para gritar ¡viva España! Me recordó esas películas de la revolución francesa donde la gente gritaba ¡a la guillotina! Sentí miedo y una profunda tristeza.»

El señor de blanco acosado por la masa es símbolo y lección. España no se divide en izquierda frente a derecha, reformistas frente a constitucionalistas, unionistas frente a soberanistas, demócratas frente a fachas. España se divide en quienes someten su mundo y el mundo a debate y discusión y quienes no, ni debaten ni discuten: embisten, como dijo Antonio Machado, España que no digiere cambios en sus profundas creencias. La España tolerante cree en las urnas electorales; la intolerante, en las funerarias. Sea lo que sea del soberanismo, su crédito es que todo se puede discutir y votar. Desde el ¡Soy español, español, español! solo se puede botar con be.

apuntes personales

1.
¡Muero por España! me han pintado en mi muro y ¡De Andalucía, nada, que mato! Lógicamente he negado a esas personas mi amistad en Facebook, yo, también intolerante.

2.
Cuando yo era un chaval me daba miedo la gente que leía el ABC. Esas “señoronas demócratas de toda la vida” que dice Primi, yo las conozco: presumen en el bar donde desayunan de estar leyendo El País.


 

a quienes hablan de otra cosa.

En una sociedad frivolona que ha transmitido y multiplicado consignas como “sé tú mismo”, “es tu derecho”, “si a ellas les gusta” (el velo islámico, sin ir más lejos) o “a quién le importa” (lo que yo haga) y otros lemas soberbios, válidos para la educación, la moda, los modales, las opiniones o los tatuajes, surge de pronto el soberanismo, soberana estupidez cara a la Aldea Global.

Pasa que no es la hora de salir con “¡menuda tontería!” y con lo que de verdad importa: “las clases sociales” o “las condiciones económicas de las clases bajas” versus “los Pujol”, que lo explican todo. Dada una sociedad que fomenta estos tres valores, que son, a saber: democracia, libertad y realización personal, el nacionalismo (como plasma colectivo) es mejor que quienes desde la patria autoritaria pretenden desprestigiarlo.

Y, en todo caso, desafío soberanista, y no otro, es el partido que se juega. Ojalá lo gane Cataluña con toda su pamplina a cuestas, porque ganaremos todos; también para que pasado mañana hablemos de otra cosa.


sangre española.

VÍDEO 1:42 minutos

 

a la manera del Marqués de Santillana

COSA TAN FACHOSA
non vi en Mercadona
como esa que es posa
de España y borbona.

Faziendo la vía
Senado y Congreso,
Sáenz Santa María,
Sor Aya, por eso,
mariana, mandó la
legión de patrullas:
pacíficas bullas
que guardan la cola

votando en la escola.
Y hay síes y noes
y al rey, cacerolas.
PPs y PSOEs,
qué pierden a miles
votantes, no ahorran
ni en guardias civiles
ni en polis ni en porras.

Disparos ruidosos,
tanquetas, mangueras
de gas lacrimoso,
diréis: ¿son maneras?
Si es misma la España
de aquí a Barcelona,
¿a qué tanta saña?
¡No ens diguin que es bona!

No tanto importara
la seva crueltat
si al fin nos dejaran
votar, llibertat.
Quien tira y quien osa
non vi ni en Ikea
más facha que sea
que España fachosa.

VÍDEO 1:42 minutos