Elecciones y Estado del Bienestar.

El Estado del Bienestar, que parece un derecho adquirido por sociedades avanzadas en derechos humanos, fue la respuesta de la socialdemocracia al socialismo real que venía del Este y de la Urss: reservar lo mejor de la cadena productiva a las clases obreras nacionales, de buenas a primeras cubiertas en sanidad, educación, vivienda, transporte, etcétera, con cargo a las plusvalías (por materias primas, emigración y balanza de pagos) que estas naciones extraían de sus antiguas colonias, siempre tuteladas. Suecia, Noruega, Dinamarca, Holanda, Alemania, Francia o Reino Unido se nos pusieron de modelo y en los libros de texto y en el programa del Psoe.

Desde que el mundo es global (y lo es gracias a internet), desde que los países en desarrollo no se dejan esquilmar así como así, y en Estados como España donde las plusvalías exteriores por balanza de pagos no alcanzan el alto nivel de esos países, el Estado del Bienestar o se sostiene por rentas altas derivadas hacia las bajas (política de Unidos Podemos) o unas personas (no tan ricas) estamos financiando a otras (no tan pobres) a través de impuestos, declaración de Hacienda, pensiones, subvenciones, ayudas y Presupuestos del Estado.

Ejemplos de biografías asistidas: Unas fuerzas armadas de las que no podemos objetar. El síndrome down que grava la sanidad pública y que no se evitó por justificaciones privadas, religiosas. El ama de casa, la familia numerosa, la enseñanza concertada, el Erasmus de violín o máster chef, todo eso, lo estamos pagando usted y yo porque no hay voluntad de atacar a las rentas más altas y porque una fiscalidad cien por cien progresiva es inviable (algo que Unidos Podemos no sabe ver; le responde la derecha:) pues todos podrían vivir sin trabajar y cobrar del salario social.

Ante el telediario de las mareas y las pancartas cargadas de derechos, la impasibilidad ante la miseria o la aparente insolidaridad adquiere, de pronto, un valor. ¿Es mi deber su derecho, mendigo o refugiado o mujer que quiere ser madre de un hijo que no es mío? El Estado del Bienestar es el nuevo opio del pueblo.

Un último engaño con cargo a mi bolsillo lo estamos viendo en España desde que un partido ‑por razones de partido, y no de Estado‑ se permite anticipar unas elecciones políticas que valen una pasta y que, evidentemente, no figuraban en los Presupuestos del Estado aprobado por mi Parlamento. Ya que el voto se acredita y se ejerce mediante el número de identificación fiscal (nif), que Hacienda detraiga a cada votante la parte proporcional de lo que vale su voto y en todo caso que el partido convocante y partidos votados asuman su responsabilidad y paguen de sus arcas el descosido económico que yo, el objetor (que no voto ni siquiera la abstención), no tengo por qué pagar. La vida que tengas, págatela. Tu clase política, págatela y te ahorras darme consejos de a quién tengo que votar. La Administración es necesaria; la clase política, no, y quien crea en ella que se la pague como socio de un club o creyente de una iglesia. Anímense, demócratas, y pasen por caja. No es mucho, no llega a 8 euros por votante.[1]

Enlaces:

¿Qué hacer?

Elecciones generales, todo a cien

[1] Elecciones 2016: 180 millones de euros entre 24.600.000 votantes (24.565.492 votos válidos + nulos + en blanco): 7,32735 euros / voto.

cate (teoría del eufemismo).

cate (por suspenso). A zafarranches que no hablan con un profesor ni en pintura de tutoría de sus hijos, para qué hablarles de sinonimias, homonimias polisemias o cambios semánticos. Seguro que en la asignatura de lengua les daban siempre un cate, un cero o un cero pelotero; palabras que, con el tiempo y la Reforma educativa pasaron a ser suspenso, no apto, pendiente (para septiembre) o necesita mejorar. cate es bofetada, golpe, paliza (desde 1896). Es voz gitana caté o caste, bastón, y éste del sánscrito [kastam, madero]. catear es suspender en un examen o asignatura. [También hay catear de cata, que es buscar, descubrir, espiar, acechar, y en América, allanar la casa de alguien o explorar terrenos en busca de alguna veta minera.]

La palabra cate debió entrar al diccionario cuando el interés por los cantes flamencos de final de siglo 19 incorporó palabras del caló como esta, vía jerga estudiantil, lenguaje de argot peyorativo [¡Te alcanzó un cate!, dice un personaje en Luces de bohemia, 1924, por decir un golpe o un coscorrón], que el eufemismo corrigió después.

Y es que la lucha contra el significado de lo que no nos gusta nombrar, en este caso el fracaso escolar, es fuente inagotable de sustituciones que, con el uso, también se contaminan. Es lo que pasa con la palabra huevo en el chiste ¿Te frío un huevo? ¡Por qué no te fríes tú los dos! O cuando decimos ¡por los huevos! por decir ¡por los cojones!

Este profesor les aconseja que pacten con su lenguaje y no hagan caso del qué dirán o si lo dicen lleva ¡premio! Llamen al pan pan y al vino vino y al podcast, audio, vídeo o en diferido. Es un consejo de daniellebrato (¡atríncamela un rato!) punto com.


 

Josele Reyero.

Josele y Daniel Lebrato en el Bar Rodríguez

Ha muerto José Antonio Reyero Pérez, Josele. Su perfil nos dice que estudió en la Universidad de Sevilla y, antes, en la calle. Su álbum de fotos habla de República y de Podemos, del Betis, de toreros, de tías buenas y del Gran Poder. Josele iba a cumplir los sesenta y el cáncer y el tabaco se lo han llevado por delante justo un 14 de febrero, día de los enamorados (él lo fue), y a la vieja hora de los toros (torero fue también), a esas que son las cinco de la tarde del Llanto de Lorca por Ignacio Sánchez Mejías.

Josele ganó mi amistad gracias a sus asombrosas dotes de observación, olfato detective. Un día supo que en casa necesitábamos Turbo Áler contra el asma y a él los Turbo Áler le sobraban, así que nos dejó uno a nuestro nombre en el Bar Rodríguez, esquina esquina con la Farmacia donde nos vio ir.

–Toma -le dijo a Pablo el camarero-, dale esto, cuando venga, a ese señor.

–Daniel se llama.

–Pues para Daniel.

Igual que supo lo del asma, Josele sabía la intrahistoria de todo el barrio; barrio, no hay que olvidar, cuyas manifestaciones más notorias son las devociones a Gran Poder, Soledad, Dulce Nombre y Buen Fin, con mucha gente menuda de uniforme de enseñanza concertada, con sus campeones down por encima de la media, su María Auxiliadora, su Divina Pastora, sus bodas y comuniones, sus juntas de hermandad y sus ensayos de costaleros, y todo con redoble en sus bares. Esa cuarta de ciudad entre Torneo y Alameda, entre Baños y Lumbreras, Josele se la conocía por dentro y por fuera, lo que se ve y lo que no se ve. ¡Si los Joseles hablaran! Fue un tipo al filo que se libró por pies de situaciones peliagudas. No estoy autorizado a más hablar. Basta saber que yo lo tenía convencido para que me dictara sus memorias como Curro Romero a Antonio Burgos o como Juan Belmonte a Chaves Nogales. No pudo ser. Y aunque en los pésames nos alegramos de seguir vivos y de que el cadáver sea siempre otro, no soporto a la vida cuando la vida se salta el orden cronológico. Nacido el 30 de junio de 1960, Josele hubiera sido el cuarto de mis ochos hermanos. No pudo ser. No pudo ser.

La foto de portada está tomada el 21 de diciembre de 2018, viernes, a las 13:55, en el Bar Rodríguez, Plaza San Antonio de Sevilla.


 

crónica del otro mundo.

Si no fuese asunto serio, la disquisición entre presos políticos o políticos presos es ridícula (pa jartarse de reír) y corre perversamente a favor del estado policial y judicial, no de la democracia ni de la acción política.

¿Qué mueve a la acción política sino que unas ideas (las que concita el voto) triunfen y salgan adelante? ¿Pretende alguien que el político (hombre o mujer, del Psoe, del PP o de Unidos Podemos) defraude el mandato que recibió de su electorado? Fiscalía, partidos nacionales y Amnistía Internacional (Esteban Beltrán) sostienen que en España no hay presos políticos, es decir (dicen, dicen) personas perseguidas por sus ideas. El Juicio al Procés sería un juicio justo contra unas actuaciones, no contra unas ideas que, por supuesto, son libres dentro de un estado social y democrático y de derecho y blablablá.

La lección de ética está servida para el profesorado de filosofía (ahora que se reivindica su asignatura) y no puede ser más paradójica: ten ideas pero no quieras que tus ideas se cumplan. Genial. Será que, igual que aquel mesías cuyo reino no era de este mundo, el Procés también tendrá que hacernos creer en el otro.

/ a Las crónicas del Otro Mundo /


 

¿Qué hacer?

Antes del ¿qué? va el ¿quién? ¿Quién saldría ganando si el capitalismo se hunde? ¿Quién es el sujeto histórico, la clase o grupo social con interés objetivo en su demolición? En ¿Qué hacer? (1902), Lenin tenía claro que el quién sujeto sería el proletariado, algo que en este siglo 21 ya no es. El capitalismo está tan arraigado en el corazón y en la cabeza de la clase obrera (hombre o mujer que percibe igualdad, libertad, fraternidad, democracia, trabajo digno o precio justo como fruto de conquistas de los derechos humanos), que toda lucha ‘anticapitalista’ sería, además, ‘antiobrerista’ y estaría abocada al fracaso, ha fracasado ya. El marxismo leninismo se ha convertido en la viva imagen (muerta, en realidad) de lo que estaba criticando, algo así como el movimiento por la república, bandera tricolor, sigue siendo una forma de regresar, se quiera o no, al 14 de abril de 1931, con lo lejos que queda. Urge aceptar que el capitalismo es invencible por anticapitalistas: al capitalismo lo matará la competencia, el choque violento, de un capitalismo contra otro.

¿Qué hacer, entonces? Coger del capitalismo sus lemas, sus promesas y esperanzas y apurarlas con sus mismas armas, esto es, igualdad y libertad, no, como ahora, que la igualdad no existe y que la libertad (algo que se compra con dinero) no es más que una palabra que nadie ha visto ni disfrutado por mucho que digan las canciones, la literatura, el arte, la política, las religiones o las declaraciones de amor. Ese es el reto. Despejar de nuestra mente consignas que traen historias, tradiciones o culturas que remontan, más allá del feudalismo, al circo de los esclavos. La igualidad (suma de libertad más igualdad) no admite, para empezar, la Onu de hoy en día ni admite un mendigo que nos pida limosna por la calle; tampoco el músico que se las da de bohemio. La igualidad (suma de libertad más igualdad) no dudaría ante la cuestión catalana: Cataluña será lo que quiera ser. Sean independentistas o dejen que Cataluña lo sea. La igualidad (suma de libertad más igualdad) no admite clase política ni la vigente democracia basada en una desigualdad de origen, entre electores y elegidos. No sean demócratas. La igualidad (suma de libertad más igualdad) no admitiría que usted toque el violín en exclusiva mientras otros tocan, también de por vida, ladrillos o bombonas de butano. La igualidad (suma de libertad más igualdad) no tolera títulos nobiliarios ni monarquías ni religiones en los espacios públicos. La igualidad (suma de libertad más igualdad) nos prohibiría fórmulas consoladoras como lo bueno que yo soy o mi contribución a tal o cual misión humanitaria u oenegé. La igualidad (suma de libertad más igualdad) nos haría votar en red continuamente (poder igualatorio del megusta y del change.org), no cada cuatro años y en urnas preparadas por la clase política. ¿Es igualidad la diferencia faldas pantalones? La respuesta es no. ¿Es igualidad el velo islámico? ¿Hay igualidad entre personas solas o personas en pareja o en familia? ¿Hay igualidad entre creyentes y laicos, no digamos entre ricos y pobres? La respuesta sigue siendo: por aquí que te vi. Solo reconocerlo (predicarlo, si se puede, en nuestro pequeño círculo) sería un gran avance.

En el plan de choque contra las contradicciones del capitalismo, ocupa un primer lugar su aliado el Estado del Bienestar. El Estado del Bienestar, que parece un derecho adquirido, fue en verdad una concesión de capitalismos coloniales que, bajo la complicidad de partidos y sindicatos socialdemócratas, reservaron lo mejor de la cadena productiva a sus clases obreras nacionales, de buenas a primeras cubiertas en sanidad, educación, vivienda, transporte, etcétera, con una trampa: todo ello con cargo a las plusvalías por materias primas y fuerza de trabajo que estas naciones con sus partidos de izquierda extraían de sus colonias en el segundo y tercer mundo. Suecia, Noruega, Dinamarca, Holanda, Alemania, Francia o Reino Unido se nos pusieron de modelo y en los libros de texto y en el programa del Psoe. ¡Porca falacia! Desde que el mundo es global (y lo es gracias a internet), desde que los países en desarrollo no se dejan esquilmar así como así, y en Estados como el español, cuyas plusvalías exteriores por balanza de pagos no alcanzan el nivel de esos países, el Estado del Bienestar o se sostiene por rentas altas derivadas hacia las bajas o las personas no tan ricas estamos financiando (a través de impuestos y Declaración de Hacienda) vidas ajenas que nadie nos ha consultado: el militar, el síndrome down, el ama de casa, quien se irá de Erasmus a ejercer el violín o el máster chef, la enseñanza concertada o la familia numerosa, todo eso, lo estamos pagando usted y yo porque no hay derechos sin deberes y porque no hay voluntad de atacar a las rentas más altas (la fiscalidad cien por cien progresiva es pura entelequia pues todos querrían vivir más cómodamente sin trabajar y cobrando del salario social).

Ante el telediario de las mareas y las pancartas cargadas de derechos, la impasibilidad ante la miseria o la aparente insolidaridad adquiere, de pronto, un valor progresista. ¿Es mi deber su derecho, mendigo o refugiado o mujer que quiere ser madre? En absoluto: usted, mendigo o refugiado o madre, tiene la obligación de no parecer el paspartú de la foto que me tienen puesta para que yo no vea lo que no quieren ver: el puto amo capitalista. La ayuda humanitaria y el Estado del Bienestar son el nuevo opio del pueblo. Sean fuertes, sean libres y, sobre todo, piensen como iguales, no a sus iguales de clase acomodada, sino a quien vive en la selva, en la jaima, en la choza, en el iglú o en la patera; independientes, o sea, al margen de Izquierda Unida o de Podemos y de la oenegé que los parió. Si no podemos espabilar a este mundo, al menos que el mundo no nos atonte a nosotros.

literatura y pequeños comercios.

Un huevo con dos yemas.

Una yema me sale en defensa de la literatura, que no está en crisis. Le respondo: la literatura en red es el gran reto. También echo en falta una autocrítica a o de la literatura. Literatura incluye biblias y coranes, por citar obras que ojalá no se hubieran escrito nunca. Somos lo que leemos, y así estamos, parte de la cultura que sostiene este mundo infame. Casi todo lo contemporáneo que leo me disgusta. Tampoco me convence el canon occidental. Le veo muchos defectos al Quijote. No soporto la Eneida, se me cae de las manos, y me tragué la Divina Comedia y otras obligaciones por mi culpa de profe. Me acuso de haber propagado desde mi aula mentiras y horrores y no pocas cursilerías.

Otra yema me sale en defensa del pequeño comercio. Le respondo: El comercio pequeño seguiría siendo pequeño llevado en régimen de cooperación (no de competencia como es ahora): cada local en su sitio y la ciudad toda con sus locales abiertos pero con criterio macroeconómico, convenio colectivo y rotaciones de personal funcionariado. Lo demás es nostalgia. Dejé de leer a Saramago cuando me vino con la milonga del alfarero frente a Porcelanosa. Es más fácil socializar Porcelanosa que convencer de los tiempos modernos a un alfarero, a un tendero, a un taxista, a un agricultor o a un ganadero (por no citar oficios ¿femeninos?). Mucha reacción es lo que hay, disfrazada, eso sí, de cualquier tiempo pasado fue mejor.