“El bar” como impostura y apropiación. Notas de poética y retórica.

Primero fueron arte poética y arte retórica, creación y discurso, pensamiento y elocución, dicho en tres y en latín: inventio, dispositio y elocutio: hallazgo, género (composición o estructura) y estilo. Vino después el cuadro de la comunicación y fueron emisor y receptor, creación y público. La filología dio paso a la estilística con el comentario de textos y siguieron las viejas figuras retóricas pasadas ahora por las pautas de la pragmática: adecuación, coherencia y cohesión, donde manda la adecuación: la intención del emisor y la función (o utilidad) de un acto de comunicación en una situación determinada.

El proceso de creación o la creación como proceso genera dos estampas: en una, ya tópica, la persona, hombre o mujer a quien llamaremos creador, está buscando la inspiración mirando a las musas delante de una página en blanco (puede ser un lienzo, un teclado de ordenador o piano, puede ser una cámara): el creador está con la pre ocupación de cuál será su ocupación, nueva obra que vencerá el horror vacui que experimenta. Si es profesional que vive de eso, se suma además el horror pagui por miedo a perder la dichosa paguita. En la segunda estampa, el creador es alguien que va por la calle o de viaje o asiste a una conferencia y, de pronto, tiene una idea, se le enciende una luz, ha pensado algo original y nadie sabe si la idea se plasmará en verso o en prosa, en óleo o acuarela, foto, performance o exposición. Lleve la dirección que lleve el acto de creación (de la inspiración al medio y al mensaje o del medio al mensaje, inspirado o no), hablamos de un qué y un cómo que son tres: tema, punto de vista y lenguaje. Un tema antiguo y manido (la muerte, el amor) se puede tratar con un lenguaje nunca usado o desde un punto de vista insólito. Y un tema nuevo se puede abordar desde un punto de vista rancio y con un lenguaje antigüito (ocurre con la mala ciencia ficción). Temas nuevos no abundan; si acaso, quienes llegaron primero y lo hicieron bien: Petrarca a la rosa, Manrique a la muerte de un padre, Lorca a la de un torero, Garcilaso al carpe diem en endecasílabos castellanos. Puntos de vista y lenguajes nuevos: la picaresca sobre las vidas ejemplares, Cervantes sobre el plagio, Juan Ramón Jiménez sobre la prosa, Salinas sobre el amor posromántico, Muñoz Seca o Valle‑Inclán sobre el teatro que parodian, Martín‑Santos sobre descripción, narración y diálogos en la novela.

Lo que caracteriza el cine de Álex de la Iglesia (Bilbao, 1965) es su punto de vista y su lenguaje. En el caso de El bar que acaba de estrenar, el bebedor de cerveza se imaginaba un enfoque original a un tema de sangre española y que nos haría ver de otra forma el mundo de la barra y su parroquia, del café y las tostadas, de las tapas de ensaladilla, con su cupón de la once, sus maquinitas de juego y su tabaco, y que el genio Álex de la Iglesia consistiría en presentar el bar lejos de las garras de series tipo Antena 3. Lejos de ese genio contra costumbrista o periférico a Joaquín Sabina, De la Iglesia apenas pisa el bar, no nos parodia un mundo real con un lenguaje irreal, como hizo con las comunidades en La comunidad (2000), con las compras en Crimen ferpecto (2004), con los concursos televisivos en Muertos de risa (1999) o con la superstición en El día de la bestia (1995). El bar es, para ese club de fans, decepcionante. Y lo peor es que machaca un título tan patrimonio nacional como la siesta. eLTeNDeDeRo diría que hay una gran crisis de creación, que muy pocos tienen algo nuevo que decir y, sin embargo, artistas y creadores se aferran a su condición privilegiada y piden y vuelven a pedir para sus productos, por ejemplo, un iva más bajo que para la barra de pan. Mucha cara y mucha casta. (Si ha llegado hasta aquí, vuelva a leer desde el principio, a ver si las piezas de este artículo, de retórica y poética, le encajan.)


Incierta gloria o Madrid Barça.

Incerta glòria, de Agustí Villaronga (el mismo de Pa negre, Pan negro de 2010), sugiere la trampa en que caemos al llamar a las cosas no por su nombre, sino por el nombre que les han dado, en este caso: guerra civil en vez de golpe de estado. Se trata de minimizar la resistencia al golpe por parte de la República y maximizar las supuestas dos Españas como si fueran dos países o naciones que en fecha y hora predeterminadas y en igualdad de condiciones celebran sus combates más o menos como un clásico Madrid Barça.


amor de la calle, por Rafa Iglesias.

DCIM100MEDIA

La chapa original medía 2 x 2 m. Se ha recortado a 1,5 x 1,5 m y se ha reforzado con un bastidor de puro hierro, al que se soldó. Con el tiempo ha adquirido una pátina de solera. A mí particularmente me recuerda la textura de algunos cuadros de Miguel Barceló o José María Sicilia, sinceramente. Una reliquia de aquellos míticos tiempos del auténtico rock and roll en Sevilla. Vestigio del local donde obligatoriamente acudían grandes reconocidos junto la mejor cantera. De la música, la imagen plural, la poesía, el teatro y otras disciplinas artísticas. Desde Silvio o Pive, Kiko Veneno y Raimundo Amador a Ceesepe, Charlie Cepeda o Gualberto, José Manuel Seda, Julio Fraga, Pepe Quero, Agustín Hurtado o Luis Castilla, por citar algunos. Crisol de aquel motoclub salvaje que fueron los Tagas. Si tienes alguna foto de aquel lugar y aquellos tiempos, compártela aquí. Sonreiremos en compañía, con serena y alegre melancolía. Rafa Iglesias  = )

DCIM100MEDIA

En Sevilla, “amor de calle” se conjuga con la calle Amor de Dios,
junto con su paralela calle Trajano,
vértebra de una movida que cambiaba la ética y la estética de Sevilla
desde la Campana hasta la Alameda,
donde todo lo que podía pasar en los años 70, 80, 90,
si podía pasar, pasaba.
La Expo 92 puso sordina a aquella ciudad encantada.
De ahí, la serena y alegra melancolía de Rafa Iglesias.

el perdón, por Juan Andivia.

Mis respetados profesores me enseñaron que para que existiese el perdón de una falta, la expiación tenía que ser proporcional a las características de la ofensa; y que si se trataba de una afrenta pública, la reparación debería ser pública también. Desde entonces, uno ha hecho lo que ha podido al respecto, pero no ha olvidado aquella fórmula mágica de la proporcionalidad necesaria para la absolución.

Pues bien, el expresidente George W. Bush declaró en una entrevista concedida a la cadena estadounidense ABC News, en diciembre de 2008, que “el mayor error de sus años en la Casa Blanca fue hacer caso a los informes de inteligencia que decían que había armas de destrucción masiva en Irak”.

En octubre de 2015, Tony Blair confesaba a la CNN que “no supo prever el caos que se desataría tras el derrocamiento de Sadam Husein” y admitía también sus “mistakes” (errores).

En efecto, era evidente que la razón esgrimida como fundamental para invadir aquel país se desvaneció como un azucarillo, y no en agua precisamente. Y de los protagonistas de la foto de las Azores, solo uno queda por admitir que, en esa ocasión al menos, se equivocó.

Sus correligionarios le han ayudado a salir de lo que sería un gran aprieto para la mayoría de los mortales, aclarando que España no fue a esa guerra, pero no es necesario recordar cuánto dolor y muerte nos ocasionó nuestra “no-participación”.

A mí, que aproveché muy bien los años de estudio en un colegio religioso, me parece que en esto de ayudar a los iraquíes no se ha aplicado correctamente la receta que equilibraba el agravio y la pena. Y me extraña mucho siendo, como son las implicadas, personas muy conspicuas y muy creyentes, unidas a la divinidad tanto en conversaciones como en caminos. Considero que la explicación de que no les dijeron la verdad, de que se precipitaron o, tal vez, de que se equivocaron tendría que retransmitirse vía satélite desde las Azores o, cuando menos, desde algún foro similar y con publicidad parecida a la que tuvo el pitido inicial de la contienda.

Se podría hacer, además, una bonita foto con un pie que rezase: “No era lo que pensábamos. Nuestros servicios de inteligencia han estado poco inteligentes”, o quizá “lo siento; no volverá a ocurrir”, aunque esto último, estando Mr. Trump en la Casa Blanca, sea difícil de creer.

La intención de querer revalorizar el peso internacional de nuestra nación tampoco ha sido suficiente (además, lo que un presidente gana, otro lo pierde y vuelta a empezar): “España estuvo en las Azores porque no pudo participar en el desembarco de Normandía, que es donde debería haber estado”, dicen que fueron palabras del expresidente Aznar. Pues con las otras fotos de los zapatos sobre la mesa del rancho de Busch, tendría que haberle bastado al amigo Ánsar.

HuelvaYa.es, 26/03/2017

el corrector de textos en el punto de mira.

El 27 de octubre se celebra su día, el Día Internacional de la Corrección o Día del Corrector de Textos. Fue instaurado en el año 2006 por la Fundación Litterae de Argentina y se puso en honor al pensador y humanista Erasmo de Rotterdam por coincidir con su natalicio. Desde entonces hemos visto cómo este oficio ha ido evolucionando o, mejor dicho, se ha especializado en función de su objetivo: corrector de estilo, verificador de hechos y lector de sensibilidad, que está haciendo fortuna últimamente.

Origen: Manu de Ordoñana, Ana Merino y Ane Mayoz.

serescritor.com » Blog Archive » El corrector de textos en el punto de mira

maneras de pensar.

En materia de ideales es fácil oír la frase: tal o cual idea, personaje o programa, fue o hubiera sido perfecto si se hubiera cumplido su mensaje original (que, sin duda, fue distorsionado). Veámoslo del revés. ¿Qué sabría yo de Buda o Jesucristo si no es por la masa de fieles que me los han traído hasta mí? Ahora, mi vecino del 2ºA me viene con:

–¡Buenas! Que soy el enviado, el Mesías o el Profeta que estaba usted esperando.

¿Qué está pasando, que el pensamiento social en el siglo 21 sigue razonando en claves mítico religiosas?

*