literatura de servilleta: el rey bobo en Puerto de la Cruz.

literatura de servilleta


portuense es el gentilicio correspondiente a tres ciudades: Oporto, en Portugal, El Puerto de Santa María, en Cádiz, y [el] Puerto de la Cruz, en Tenerife. imserso es el acrónimo del Instituto de mayores y servicios sociales (Imserso).

Del 30 de marzo al 6 de abril vinimos en viaje imserso hasta Puerto de la Cruz, en Tenerife, donde nos esperaban un coche de alquiler y José María y Fina, deliciosa pareja a la que hice entrega, en depósito cordial, de la primera edición de La corte del rey bobo, 33 episodios en tres páginas y media sacadas por impresora en papel reutilizado, ya usado por la cara de atrás.

Como Daniel Lebrato tengo publicados seis libros de poesía y una novela y, en red, cuatro libros de poesía. La corte del rey bobo sería, pues, mi quinto libro en digital; con él practico la literatura de servilleta, esto es: papel A4 (21 por 29,7 cm) a dos columnas reducible en cuarto a 5,25 por 7,425 cm, tamaño ideal para llevar en el bolsillo y sacar para leer, para más escribir o corregir en cualquier lugar donde el espontáneo escritor, preferentemente en un bar, quiera y pueda montar su oficina.

La corte del rey bobo la empecé a componer el pasado 25 de marzo. Lo sé porque el primer episodio vino a propósito de la inauguración del Mobile World Congress 2018 en Barcelona, bajo la anécdota de si ciertas autoridades catalanas acudirían o no a recibir al rey don Felipe, penúltima tragicomedia entre nacionalistas españoles (o españolistas) y nacionalistas catalanes (o catalanistas). Tras el MWC vino el Día de Andalucía y vino el 8 de marzo y la Semana Santa y a cada fecha le iba yo poniendo letra en mi proyecto. Darles a Fina y José María una primera entrega era una forma de asegurarme que El bobo progresa adecuadamente. Dejo a ustedes el enlace a esos 33 episodios y, los lean o no, que ustedes lo pasen bien.


Otro día les cuento cómo me iría a vivir a Puerto de la Cruz, preciosa prueba de cómo lo que hace Dios no deberían estropearlo ni la especulación inmobiliaria ni el turismo depredador. Mi barrio en Puerto de la Cruz sería La Ranilla: dejo a ustedes enlaces a ese lugar parecido al paraíso. Gracias: Pilar, Fina Villalba y José María Ojeda.

Daniel, 7 de abril 2018


La corte del rey bobo.

Daniel Lebrato en 6 pasos (Guía de inicio rápido)

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Orígenes de la Gangochera

La fiesta de las Cruces


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la izquierda imaginaria.

somos la izquerda


La izquierda imaginaria, que sacaba
banderas a sus balcones y que al rey
y a la razón de estado obedecía,
y mandaba figurines al día del desfile
o incluso discutía sobre si al himno
había que ponerle letra y cantarla en todos
los estadios de la selección nacional,
seguía convencida de que ser de izquierdas
era incompatible con ser nacionalista.


[LA CORTE DEL REY BOBO]


yo el supremo.

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De lejanas cortes y extrañas embajadas
llegaban hasta el juez queriendo conocerlo
pues eran fama sus sentencias, todas
de original y copia, de imputación y de orden
de extradición, de calabozo o cárcel.
Aquel buen juez había patentado
la democracia perpetua, la cámara de más,
el banquillo eléctrico y la constitución letal.


[LA CORTE DEL REY BOBO]


todos a la cárcel.

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IDEA
Se había puesto de moda la democracia y había que darle
al reino libertad de pensamiento y de expresión.
El ministro de ideas tuvo una idea, redactó un bando.
En adelante todas las ideas serían legales:
la vida eterna, el fin de los impuestos, la justicia social,
incluso república o comuna, de las que el viejo régimen
no quería ni oír hablar.
Solo una cláusula,
que no era prohibición, limpia regla de juego:
la cancha del partido, que era la patria,
eso no se ponía en discusión.


[LA CORTE DEL REY BOBO]


Trilogía de la guerra, Agustín Fernández Mallo y la metáfora.

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El principio del lenguaje fue bautizar, dar nombre a un nuevo ser. Después vino la semejanza entre el ser nuevo y otro anterior que ya existía, semejanza que seguiría los pasos «A como B», «A parece B» y «A es B» para reducirse a «A» [igual a B]. Y la hoja de papel se llamó hoja por la del árbol. Que ese proceso esté en el origen de la enseñanza (primeros deberes en la historia: los que puso Dios a Adán en el Paraíso) o que la retórica le dé categoría de figuras (símil o comparación, metáfora en presencia o en ausencia) no importa ahora. Lo importante es el proceso.

La última novela de Agustín Fernández Mallo propone una lectura metafórica de la paz y de la guerra en el escenario del Desembarco de Normandía (1944): ayer, tropas aliadas contra nazis; hoy, migrantes que vienen buscando Europa. Pero lo mismo que la igualdad hombres mujeres no anula la crítica por separado de las construcciones masculino y femenino, igual que al feminismo no basta la igualdad con los varones para lograr un mundo insuperable, así tampoco los movimientos migratorios de Oriente hacia Occidente se pueden comparar, sin más ni más, con lo que fueron tropas de Aliados contra Alemania. Hace falta criticar la guerra y hay que acabar con el género bélico como si no fuese un género sexista y por clases sociales (soldados en las trincheras, enfermeras en los hospitales, generales en sus despachos) y hay que ir a la política de agresión que dio y sigue dando origen a movimientos de personas y a campamentos de inmigrantes como fue el de Nord-Pas-de-Calais (2006-16). Es lo que no hace Agustín Fernández Mallo en su Trilogía de la guerra (Seix Barral, 2018) como si las potencias coloniales a las que él pertenece no tuviesen nada que ver en lo que pasa en Siria. Así es muy fácil decir A como B. Nos salen metáforas y novelas como churros.