Etiqueta: español

cosas de hablar.

algo de qué hablar según la fundéu

El día 30 escribe James Rhodes al Profesor Lebrato. Este es el hilo (del 30 al 1 de abril):

James Rhodes al Profesor Lebrato. Estoy en directo en Cadena SER a las 10:30. Tocando alguna música increíble (Chopin y Satie) y algo de hablar. Cuénteme algunas palabras inapropiadas/raras e intentaré insertar algunas de ellas en la conversación…, veamos cuántas puedo hacer.

@AlguienQueTercia.‏ “algo de hablar” está mal dicho, “algo de qué hablar” (y aquí no hay dequeísmo)”. [premiado con 5 megusta]

@daniellebrato 31 mar. “algo de hablar”, como “algo de comer” o “algo de conversación” está muy bien dicho. Dequeísmo habría en *intentaré de insertar. intentaré insertar es suficiente. La lengua camina hacia el mínimo esfuerzo, no al revés. [1 megusta]

@AlguienQueTercia. Pero no me convence mucho… No me suena bien “algo de hablar”. Me da que no está bien dicho…

@daniellebrato. Peor suena corregir a los demás sin demasiado conocimiento.

@AlguienQueTercia. Hombre, tanto como sin demasiado conocimiento está un poco de más cuando las dos formas son correctas así que no es desconocimiento. Es muchísimo peor juzgar sin conocer, créame…

@daniellebrato 1 abr. Basta conocer la frase o la gramática (no a quien las usa) y usted corrigió primero. Y vamos a dejarlo ya ¿de acuerdo?

@AlguienQueTercia 10 horas De acuerdo (y adjunta consulta a la Fundéu)

En su contexto, “algo de hablar” se entiende con “alguna música” (todo es complemento directo de estaré tocando, verbo tocar), o sea, tocaré “algo de música y algo de palabras?, lengua?, lenguaje?, idioma?, de hablar?

Además, no es lo mismo algo de hablar que algo de qué hablar. algo de qué hablar es prospectivo (futuro) y admite el valor algo que dará que hablar (por lo llamativo o sensacional).

La Fundéu es menos rocosa que la Academia, pero ninguna debería estar por encima del habla de la calle. La prueba es cómo la Fundéu le baila el agua a la Academia en materia de lenguaje inclusivo. Si alguien dice algo de hablar o cosas de hablar como si fuera de cocinar, de leer o de deporte (no de qué cocinar, de qué leer o de qué deporte) está perfectamente dicho.

Sean libres. Piensen bien y hablen lo mejor que puedan y en libertad. Son las cosas del hablar como las cosas del querer.


 

vigencia y análisis de la lengua de géneros.

el-principitoBarroco ama a gótico y no culmina es hallazgo, feliz, de Juan Cobos Wilkins. A imagen suya, podríamos decir que la lengua de géneros ama la lengua y no culmina. Ni se ha impuesto en la norma entendida como lo normal que se habla en la calle (norma 1) ni como lo normativo preceptivo que está mandado, autorizado o bien visto (norma 2). El bando novador pudo haber impuesto, hace ya quince años, leyes para el español de género y haber acordado unas pautas fáciles y atractivas que millones de hablantes hubiésemos agradecido y seguido sin pestañear. En vez de eso, el género se dispersó en neologismos peregrinos y en mil mini normas de poca utilidad para el lenguaje coloquial y, encima, con la marca de un artificio que a mucho hablante le daría corte, apuro o vergüenza usar. Coincidió, además, el auge de la mensajería en redes. La arroba (compañer@s), la equis (compañerXs), la e (compañerEs) pasaron a ser, más que soluciones, declaraciones de ideología para tranquilidad de hablantes que, escribiendo así, parecen cumplir con un rito obligado, como una pertenencia a una secta, mientras el bando reaccionario tenía todas las de ganar (y de reír) a costa de un lenguaje que vino al mundo de las palabras para visibilizar lo que estaba invisible, y no para poner a prueba una militancia. En vísperas del 8 de marzo, qué menos que pedirle al bando coeducado que explore y multiplique las posibilidades reales de una lengua no sexista que no mutile el español, dichas sean: el español de la ‑e, el español impersonal, el español neutro o colectivo y otras fórmulas que en la norma estaban y solo había -hay- que aprovecharlas. Y que con el resultado se puedan construir, más que discursos programáticos, poesías con su estética aceptada por toda una comunidad.

parte 2: lengua poética y lengua de géneros

la corte del rey bobo: lengua poética y lengua de géneros.

El principito
El principito en la corte del rey bobo

El lenguaje poético es un banco de pruebas de la lengua hablada y común. Y al revés. Una lengua que quiera ser común (culta y vulgar) no lo es mientras no haya pasado la prueba del lenguaje poético.

Aparte neologismos ocurrentes, como el femenino *portavozas, el español de géneros ha explorado dos mecanismos de signo opuesto: inclusión y desdoble. El desdoble va contra la economía del lenguaje y el *todos y todas ha traído una pérdida de imagen irrecuperable cuando nada impedía todo el grupo, todo el colectivo o toda España. Hoy, como ayer, el desdoble solo debiera hacerse al inicio del texto o de la conversación (señoras y señores, damas y caballeros) y luego reducirse a su mínima expresión y por no perder la coherencia. Por su parte, la inclusión ha explorado -sin apurarlas- las dos vías del español no marcado y del español de la -e (estudiante, profesorado, alumnado; neutro lo; quien por el que, la que; impersonales con se; sustantivos sin determinante, trucos todos que ya estaban en el sistema). El caso es que el español de géneros se ha quedado en un quiero y no puedo. Ni puedo desconocer lo andado en materia de visibilidad ni puedo hablar -y menos, escribir- un coeducado que resulte medio normal. Por eso, veo en el viejo lenguaje poético lo que Valle-Inclán en el esperpento: la manera normal de expresar la anormalidad de esta España tan necesitada de espejos cóncavos que la registren y apunten y denuncien para un futuro más despejado y más libre.

Al experimento le he dado nombre La corte del rey bobo en la confianza de que con retrotraerme a una época previa, a un pasado obsoleto, no me obligan las normas de lo política y feministamente correcto.