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cómo acabar con la clase política (receta).

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Donde la gestión de la vida pública se sustancia en la Administración, la política se reduce a un menú de opciones realizables, y no a cuotas de poder, como sucede ahora. Y ni el pensamiento ni la actividad política tienen por qué cuajar en partidos ni materializarse en número de escaños. Cuando la vida pública consista en la máxima gestión con la mínima política. Quienes hemos sido Administración, sabemos de qué hablamos.


 

Si la Administración funcionara cien por cien, la voluntad (política) de la ciudadanía (censo de votantes y contribuyentes) se expresaría:

1º.
Por mayoría ponderada continuamente o por coyunturas o a petición y demanda, no cada cuatro años y con parafernalia electoral como se hace ahora. ¿Para cuándo el voto electrónico permanente y revisable, y activar ese voto que hoy se congela en los barómetros mensuales o encuestas del Cis?

2º.
El voto se ponderaría por peso estadístico de pirámides de población activa y pasiva. Un millonario o un Borbón jamás serían cabeza de nada ni representantes porque su grupo social no pasaría del uno por ciento.

3º.
Por voto delegado en personas de mandato efímero, rotatorio y no remunerado (salvo dietas), delegación que, en ningún caso, imprimiría carácter.

Así se dotan jurados populares y mesas electorales, y nadie habla de la clase jurapopúlica ni mesaelectoralista. Y así funcionan las comunidades de vecindad y, aunque a alguien se le suba el cargo a la cabeza, ni ocupa escaño ni se le rinde pleitesía.

Estaríamos hablando de otro estado de cosas y de otro Estado. Y se acabó la clase política sin que se acaben por eso ni las nobles ideas ni las viejas y las nuevas utopías.

foto ilustración:
La Monkloa, bar en la Ciutadella de Menorca


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lo que el caso chalet esconde y de lo que nadie quiere hablar.

Diógenes de Sinope

1º     El caso chalet esconde la división social entre electores y elegidos pues mal se construye una sociedad igualitaria o democrática si permitimos que haya césares y un César por encima de nuestras ciudadanías.

2º     El caso chalet esconde la retribución de la política y la existencia de una clase política profesional. Podría no haberla. Mesas electorales, jurados populares o comunidades de vecinos nos dan lección de sólidas instituciones ciudadanas de régimen efímero, rotatorio, aleatorio y no remunerado (excepto dietas y compensaciones).

3º     El caso chalet esconde la creencia de que hay que remunerar muy bien la actividad política para que el político o la política no se corrompan, lo cual presupone que el poder corrompe. Y no debería. Ejemplos hay en la historia y al presente y para qué queremos la imaginación y la legislación preventiva.

4º     El caso chalet esconde la publicación o publicidad (en prensa rosa o amarilla) de la vida privada de personas públicas. Podría no hacerse. La mujer del César podría ser no honrada ni parecerlo sin que, por eso, César deje de ser útil para el puesto que ocupa. Exhibicionistas son las casas reales, como la inglesa con Lady Di, o presidencialismos conyugales tipo Estados Unidos, con Clintons, Obamas o Trumps, cuyas vidas privadas conocimos por salas de espera en peluquerías y consultas médicas.

5º     El caso chalet esconde los límites éticos y estéticos de la incompatibilidad. César no debe ser César y la mujer del César al mismo tiempo. Que un secretario general y una portavoz de grupo parlamentario sean pareja en la vida real es algo que a los demás no importa pero a su partido sí. Qué mayor tráfico de influencias que entre dos que duermen en el mismo colchón.

6º     Ante el caso chalet el buen político levanta el dedo y se salva: yo no soy así, la mayoría no somos así. No eres así pero formas parte, pillín, del sistema que consiente y propicia: César y la mujer del César, los dos al fin y los dos en ti. Para qué hablar entonces del caso chalet. Como si fuera palacio o pisito alquilado o tinaja estilo Diógenes.


 

¿Para cuándo la política no profesional? o el caso del chalet de Pablo Iglesias.

escaños vacíos


Bien está que la clase política crea en sí misma, pues de la política vive. Pero que eso piensen personas libres significa que no se han planteado la división social de la democracia entre representantes y representados. ¿Hasta cuándo, con chalet o en pisito de alquiler, la clase política? Para la provisión de escaños, tomemos ejemplo de instituciones democráticas como son los jurados populares, las comunidades de vecinos o las mesas electorales, cargos ciudadanos transitorios que se ocupan por sorteo y no remunerados. Quien lo dude no olvide que el Estado tiene dos caras: la administración y la política. Cuando la administración funciona, la política se reduce a dilucidar en qué se gastan los dineros públicos y bajo qué condiciones legales se ordena la convivencia, todo lo cual (dietas y compensaciones al margen) es compatible con la continuidad del representante (provisional) con la vida laboral que antes tenía y seguirá teniendo en cuanto acaben sus no más de cuatro años de mandato.


 

demócratas sin fronteras.

La democracia ha sido siempre sin fronteras. Saltó del siglo quinto griego a Inglaterra (1642), a Estados Unidos (1776), a Francia (1789), a las Naciones Unidas (1945), a los Derechos Humanos (1948), al Mercado Común (1957), a la antigua URSS (1989) y llegará a Cuba. Ni la Sexta Flota ni la Otan, de países democráticos, conocen las fronteras.

La larga noche del franquismo, tenía un pase pedir democracia. Hoy, hay que caer muy bajo para sentirse dentro del epígrafe “nosotros, los demócratas”. Y no digan de la democracia lo que absurdamente se dice del cristianismo y de otros ismos más o menos:

–Tiene usted razón, pero es que se ha desvirtuado el mensaje, la democracia pura original.

–Miren ustedes, el origen de la democracia es que unos elijan y otros representen. ¿Habrá algo más contrario al humanismo que esa representación, que justifica la existencia de una clase política, la política profesional?

Háganse caso. No sean demócratas. Respirarán mejor. Se sentirán muy bien.

Es un consejo de eLTeNDeDeRo

en respuesta a Demócratas sin fronteras

40 años de democracia, por Isidoro Moreno.

Conviene refrescar la memoria de los nostálgicos de la Transición que tanto alaban esta por intereses concretos o por razones de comodidad psicológica, convirtiendo el 15J del 77 y la Constitución del 78 en mitos fundantes de una supuesta democracia plena que habríamos gozado, supuestamente también, durante ya cuarenta años.

Lee más en secretOlivo.com | Cultura Andaluza contemporánea >> secretolivo.com/index.php/2017/06/15/40-anos-primeras-elecciones-1977-tras-franco/

 

Origen: 40 años de las primeras elecciones generales tras la muerte de Franco

democracia a la francesa.

El estado moderno se alza históricamente (Francia, 1789: libertad, igualdad y fraternidad) contra el estado absoluto, donde el poder se acumulaba en un monarca, que era el rey “por la gracia de Dios”. Desde la Revolución Francesa, el poder se divide en tres: legislativo, ejecutivo y judicial, siendo el punto de partida ‑y así consta en el preámbulo de todas las constituciones posteriores, como La Pepa, de 1812‑ que “el poder reside en el pueblo” para que el pueblo soberano elija a quienes serán sus representantes en la cámara legislativa, órgano del que saldrá y al que rendirá cuentas el poder ejecutivo, siendo el poder judicial ‑más que un poder‑ un arbitraje cuyo ideal sería no intervenir.

Como se ve, no existe el poder ostentativo, que es el que se arrogan monarquías como la inglesa o la española, donde el rey reina pero no gobierna: ostenta la representación de España como nación. ¿Qué falta hace un rey o un segundo Manuel Azaña que viniera a ‘jefaturar’ a don Mariano Rajoy Brey, que es quien sigue ejerciendo el poder? Ninguna, habiendo -ante la comunidad de naciones- cuerpo diplomático y ministerio de asuntos exteriores.

Ocurrió que hubo repúblicas como la francesa que tras acabar con la monarquía siguieron derivas muy autoritarias de modo que el rey Borbón fue sustituido por otros reyes constitucionales o republicanos, Napoleón y el bonapartismo. La pregunta ¿a quiénes queréis por representantes? fue solapada por esta otra: ¿quién queréis que os mande, Macron o Le Pen? Quien vea democracia ahí, muy demócrata no es.

República, sí, pero monocameral y sin jefatura del estado. En Wikipedia pueden ver las naciones del mundo que se rigen por una sola cámara y que suman en una sola figura presidencia de gobierno y jefatura del estado. Por eso, eLTeNDeDeRo se ha puesto siempre en contra de viejos camaradas que enarbolan la bandera de la Segunda República (que fue presidencialista) y la supuesta progresía de someter a referéndum monarquía o república. Las cosas tontas no se preguntan y, además, ganaría del tirón doña Letizia, reina de las peluquerías y de todas las salas de espera en este país enfermo de estulticia (con zeta).


Elecciones en Francia.

–¿Ah? ¿Pero hay algo que elegir? En España, tome nota la vieja izquierda nostálgica de la Segunda República o de una España republicana. Una república presidencialista (a la francesa) es otra monarquía. El poder ejecutivo a dos (Jefe de Estado / Primer Ministro) mengua el poder legislativo del Parlamento y representativo del pueblo. Al final, ya lo ven. Será rey un señor de derechas liberal o una señora de derechas autoritaria. Le pasa a Francia por reducir tan gran nación a una persona sola.