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Democracia

Cuando por ajustes entre las clases hubo que decapitar a un rey, apareció la política. Separación de poderes, parlamento, partidos. El Nuevo Régimen. Como en el fondo el nuevo admiraba al viejo, y el burgués los collares de la marquesona, se les guardó un hueco y siguieron monarquía y aristocracia. A los súbditos se nos llamó ciudadanos y se fue hasta Grecia y a su célebre siglo quinto. Pónganse la sabanita y hagan como que son ustedes mismos o que solo saben que no saben nada. Con ustedes, la democracia.

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REFUGIADOS
Post tenebras spero lucem (lema de portada en el Quijote)

Nuestra vida consciente empieza a los tres años de edad. En 2015 ha cumplido 18 años la primera generación ya sin recuerdos del siglo 20, sin noticia de la peseta y sin imágenes del Muro de Berlín ni de las Torres Gemelas. Esos hombres y mujeres, concebidos en 1996, llevan en su adeene el mundo que concibieron sus mayores y se comerán las uvas esta noche después de haber podido votar o abstenerse en las últimas Elecciones. A esta generación, el siglo 20, que les llega de oídas, les ha dejado en herencia tres creaciones mentales: la democracia, el bienestar y las culturas o civilizaciones.


De la democracia, sistema político ligado al sistema económico que sigue siendo el viejo capitalismo, se dice que es lo menos malo que se conoce, o sea: algo que la juventud con 18 años no tiene más remedio que aceptar, lo que convierte a la democracia en el sistema más totalitario jamás nunca conocido, porque no depende de una autoridad tiránica o dictatorial ejercida por un poder político, sino que depende del propio individuo que cae en el discreto encanto de la libertad, y se la cree.


Del bienestar (o Estado del Bienestar), construcción social paliativa de los rigores antisociales del capitalismo, se dice que es un derecho humano, con base en la declaración de Derechos Humanos de la Onu en 1952: algo que quien ha cumplido los 18 tiene derecho a exigir sin que esté muy claro, por contrapartida, qué institución tiene el deber, la obligación, de dárselo. Lo arraigado es que el bienestar, si no me lo dan, me indigno (como el Indignaos del 15‑M), lo que convierte al bienestar en la ética personal más irresponsable y más indulgente con uno mismo y con las propias conductas: no se pide por justicia social, y a las clases depredadoras, sino que se pide por ser yo quien soy, y a las clases recaudadoras (a la Hacienda del Estado). Visto así, es normal que gente joven se posicione en contra de procesos soberanistas en la medida que la mengua del Estado implicaría la mengua del Bienestar del que espero me vengan mis derechos (tener familia, vivienda, estudios, trabajo, sanidad) y la irrelevante cuestión catalana adquiere un valor en sangre que ni tiene ni tendría que tener con ojos y perspectiva de Aldea Global, para caer en lo que habíamos quedado que estaba muy pasado: los nacionalismos.


La alianza de culturas o civilizaciones es una propuesta diplomática que, más allá de la diplomacia, significa la integración de la religión en nuestras vidas tomada como suma de lo que nos habían dicho que teníamos que ser: demócratas (tolerantes con lo que no debía tolerarse), liberales (abiertos a cualquier moral y, por tanto, inmorales) y bienestaristas, esto es: partidarios de darles a los demás, sean de la religión o de la raza que sean, no sus derechos, sino algo mucho más barato y menos comprometido para mí, para mi sociedad, para mi religión y para mi nacionalismo: el derecho a tener esos derechos (de pronto, concedidos al pobre, al emigrante, al musulmán), o sea: a exigir, aunque no se sepa muy bien a exigir qué y, sobre todo, a exigir a quién.


Total, no es de extrañar que refugiados haya sido para la Fundación del Español Urgente la palabra del 2015. En refugiados se confabulan democracia, bienestar, nacionalismo y culturas para que Bolsa y oenegés bailen y se den la mano un año más. Con esos mimbres, entiendan que eLTeNDeDeRo no les felicite el nuevo año. Post tenebras esperamos luces y, también, para la Fundéu. Lo que significa que después de tanta mierda, habrá que tirar de la cadena. Feliz 2017.

CRÍTICA DE LA DEMOCRACIA PURA

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CRÍTICA DE LA DEMOCRACIA PURA

eLTeNDeDeRo opina que el problema sigue siendo la democracia. La democracia hay quien la sueña clásica, y se remonta a la aristocrática Grecia antigua, y hay quien la sueña como la de los países aliados que vencieron a Alemania al término de la SGM, caso de Hessel y el movimiento de los Indignados. Unos y otros olvidan que la democracia fue el instrumento político de la burguesía en ascenso (siglos 18 y 19), maquinaria progresista en comparación con el Antiguo régimen, al que se impuso, pero retrógrada desde el triunfo de la burguesía y en la medida que sigue siendo burguesa. Las deformaciones o malformaciones de la democracia burguesa (y no participativa) son tres. La primera es la división entre electores y elegidos; la segunda, la atribución a las personas de unas ideas políticas y, la tercera, la plasmación de todo en los partidos políticos. La división entre electores y elegidos, que da origen a la política profesional, se combate promoviendo la participación ciudadana por turnos y mandatos breves, en riguroso orden dictado por el azar y la estadística. Las ideas políticas se combaten pasando, desde la política de lo que la mayoría piensa, a la política de lo que la mayoría es. Se acabó un banquero o un riquito o un actor de telenovelas al frente del Estado, tal como ahora pasa, gracias siempre al voto de quienes no son ni ricos ni banqueros ni actores de culebrón. Llevamos siglos con la trampa de las ideologías, que han sido siempre manipuladas y pergeñadas a favor del poder. En la historia de las ideas políticas dos grandes movimientos han negado la mayoría (tres, si contamos los jesuitas, partidarios de ganar la sociedad ganando primero a sus élites): el despotismo ilustrado del siglo 18 (todo para el pueblo pero sin el pueblo) y el leninismo bolchevique, con su teoría del partido comunista conductor de la conciencia de los intereses del proletariado. Hoy nos costaría trabajo definir qué son las élites, quiénes los ilustrados y qué queda del proletariado. Pero, en cambio, no cuesta nada definir el fracaso de la conciencia de la mayoría, mayoría que, si la dejan, pondría presidenta del gobierno a la Virgen del Rocío. Habría que dejar la democracia de las ideas (admitir que la mayoría piensa lo que se le quiere hacer pensar), y pasar a la democracia de las definiciones según el ser. Si hay un 52 por ciento de mujeres no importa lo que piensen las mujeres, importa que la política debe estar un 52 por ciento personificada (no representada) en las mujeres. Si el 20 por ciento de personas están en paro, el 20 por ciento de la política debería estar personificada por esas personas en paro. Y si hay 178 mil personas ricas en España, de 47 millones, un 0,0038 por ciento, los ricos no pasarían de esa proporción en la cosa pública. Y la representación del rey sería exactamente de 1 dividido entre 47 millones. Una vez apoderadas las clases y sectores según su peso y dimensión, es muy difícil que la política resultante se equivoque. ¡Ah! Y la definición de la ciudadanía y el derecho a voto consisten en el trabajo productivo digno remunerado o en tareas que se desempeñan con retribución. No son trabajo vivir de las rentas, heredar, ser ama de casa, traficante o prostituta, ni las ideas religiosas, políticas, artísticas o deportivas. Por poner un caso, los 17 mil curas que hay en España dan a la Iglesia derecho a una representación del 3,62 por ciento de la vida pública en España, el equivalente a un partido muy minoritario. Ese porciento llevado a la escena pública, a la enseñanza, a todos los ámbitos de nuestra vida, tranquilizaría mucho los ánimos exaltados de los católicos españoles que ven mayoría católica por todas partes. Y aun así esa representación sería en el orden estrictamente laboral (personas que cobran de la Iglesia) no pudiendo valer ingresos limosneros ni pagos transferidos del Estado, como ahora pasa con los profesores de religión. La devoción, la afición o el voluntariado no dan derecho a voto.

Enlace a La democracia.

Ni cultos ni demócratas, ni tontos ni marxistas, 24 11 2015