CRÍTICA DE LA DEMOCRACIA PURA

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CRÍTICA DE LA DEMOCRACIA PURA

eLTeNDeDeRo opina que el problema sigue siendo la democracia. La democracia hay quien la sueña clásica, y se remonta a la aristocrática Grecia antigua, y hay quien la sueña como la de los países aliados que vencieron a Alemania al término de la SGM, caso de Hessel y el movimiento de los Indignados. Unos y otros olvidan que la democracia fue el instrumento político de la burguesía en ascenso (siglos 18 y 19), maquinaria progresista en comparación con el Antiguo régimen, al que se impuso, pero retrógrada desde el triunfo de la burguesía y en la medida que sigue siendo burguesa. Las deformaciones o malformaciones de la democracia burguesa (y no participativa) son tres. La primera es la división entre electores y elegidos; la segunda, la atribución a las personas de unas ideas políticas y, la tercera, la plasmación de todo en los partidos políticos. La división entre electores y elegidos, que da origen a la política profesional, se combate promoviendo la participación ciudadana por turnos y mandatos breves, en riguroso orden dictado por el azar y la estadística. Las ideas políticas se combaten pasando, desde la política de lo que la mayoría piensa, a la política de lo que la mayoría es. Se acabó un banquero o un riquito o un actor de telenovelas al frente del Estado, tal como ahora pasa, gracias siempre al voto de quienes no son ni ricos ni banqueros ni actores de culebrón. Llevamos siglos con la trampa de las ideologías, que han sido siempre manipuladas y pergeñadas a favor del poder. En la historia de las ideas políticas dos grandes movimientos han negado la mayoría (tres, si contamos los jesuitas, partidarios de ganar la sociedad ganando primero a sus élites): el despotismo ilustrado del siglo 18 (todo para el pueblo pero sin el pueblo) y el leninismo bolchevique, con su teoría del partido comunista conductor de la conciencia de los intereses del proletariado. Hoy nos costaría trabajo definir qué son las élites, quiénes los ilustrados y qué queda del proletariado. Pero, en cambio, no cuesta nada definir el fracaso de la conciencia de la mayoría, mayoría que, si la dejan, pondría presidenta del gobierno a la Virgen del Rocío. Habría que dejar la democracia de las ideas (admitir que la mayoría piensa lo que se le quiere hacer pensar), y pasar a la democracia de las definiciones según el ser. Si hay un 52 por ciento de mujeres no importa lo que piensen las mujeres, importa que la política debe estar un 52 por ciento personificada (no representada) en las mujeres. Si el 20 por ciento de personas están en paro, el 20 por ciento de la política debería estar personificada por esas personas en paro. Y si hay 178 mil personas ricas en España, de 47 millones, un 0,0038 por ciento, los ricos no pasarían de esa proporción en la cosa pública. Y la representación del rey sería exactamente de 1 dividido entre 47 millones. Una vez apoderadas las clases y sectores según su peso y dimensión, es muy difícil que la política resultante se equivoque. ¡Ah! Y la definición de la ciudadanía y el derecho a voto consisten en el trabajo productivo digno remunerado o en tareas que se desempeñan con retribución. No son trabajo vivir de las rentas, heredar, ser ama de casa, traficante o prostituta, ni las ideas religiosas, políticas, artísticas o deportivas. Por poner un caso, los 17 mil curas que hay en España dan a la Iglesia derecho a una representación del 3,62 por ciento de la vida pública en España, el equivalente a un partido muy minoritario. Ese porciento llevado a la escena pública, a la enseñanza, a todos los ámbitos de nuestra vida, tranquilizaría mucho los ánimos exaltados de los católicos españoles que ven mayoría católica por todas partes. Y aun así esa representación sería en el orden estrictamente laboral (personas que cobran de la Iglesia) no pudiendo valer ingresos limosneros ni pagos transferidos del Estado, como ahora pasa con los profesores de religión. La devoción, la afición o el voluntariado no dan derecho a voto.

Enlace a La democracia.

Ni cultos ni demócratas, ni tontos ni marxistas, 24 11 2015

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