Etiqueta: oenegés

objeción de conciencia

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El otro día, hablando en un programa de radio sobre el plan bici y lo que ha dado de sí en la ciudad de Sevilla, propuse que seamos nosotros, ciclistas, quienes vaciemos de bicicletas aceras e itinerarios peatonales compartidos, y se los devolvamos a las personas andando, al Ayuntamiento, a Sevilla.

Y pienso ahora que la implicación de oenegés, asociaciones y grupos de opinión con el estado de cosas y con el Estado del Bienestar, hace que al final esas entidades, que supuestamente luchan por nosotros o nuestros intereses, son ya el Estado y que lo mismo que en la vieja objeción el individuo se plantaba contra el servicio militar obligatorio asociado a la patria, así tendríamos que extender la objeción a todo lo asociado a conceptos como democracia, solidaridad, defensa de supuestos valores, que en realidad son valores precocinados. Y hacernos objetores de conciencia de todo lo que transmite, sostiene o apoya esa visión del mundo que es Occidente, lo que incluye objetar no solo del Estado y de la clase política, sino de toda institución, oenegé o grupo que se haya hecho cómplice y parte del mismo: por ejemplo, el plan bici que me tienen prometido. No lo quiero. Yo, ciclista por la calzada, doy mi parte en el presupuesto para causas que más lo necesiten. Sé que a esta hora un padre duda si coger la bici con su hijo entre el tráfico general y sé que un niño sufre en Alepo, otro se ahoga en el Estrecho y niñas son violadas sistemáticamente. Pónganme al habla con el padre y con sus padres y madres y, estos, con el clérigo que los guía, con el dios al que rezan o con el presidente de la metrópoli que dejó su país hecho una mierda; su ciudad, un paraíso para los coches. Pero de causas parciales supuestamente humanitarias que utilizan menores como escudos humanos, déjenme en paz, que no me quiero salvar. [Letra y canción de Víctor Manuel]

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Siria Canción del Pirata

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SIRIA CANCIÓN DEL PIRATA[1]

.

Con diez misiones por banda,

viento en Otan, Sexta Flota,

no va a matar, va a dar notas

de libertad un marine.[2]

Misión de paz que la llaman,

por su bravura, los sirios,

en todos partes exilio

o emigración fuera así.

.

–Emigra, siriaco mío,[3]

sin temor,

que ni un misil ni un navío

ni un dron te aplaste el turbante;[4]

huyámonos cuanto antes[5]

a un mundo nuevo y mejor.

.

–Si me tapo

con mi velo,

sin mi pelo

ya me vi

cuando al hombre

de las barbas

que se encarga

dije sí.

.

Que es la Onu mi tesoro,

que es Acnur mi libertad;

mi Dios, mi niño y mi esposo,

mi única patria, el Islam.

.

La luna en el mar. Pateras.

En la zona soplan vientos

de oenegés y movimientos

solidarios, gente afín.

Y va un capitán pirata

pensando alegre en la popa,

Asia a un lado, al otro Europa:

–¿De ésta? ¡Menudo botín!

.

A la voz de ¿cuántos vienen?,

¿cuántos van?,

en Bruselas se previenen

y hay quien vota xenofobia

y hay quien ve mano, que es obvia‑

mente de obra en alemán.

.

–Hemos dado

veinte saltos

de fronteras

por la UÉ,

y aquí estamos,

de este lado,

¿sin papeles?,

bueno, ¿y qué?

.

–Que es la Onu mi tesoro,

que es Acnur mi libertad;

mi Dios, mi niño y mi esposo,

mi única patria, el Islam.

.



[1] Hay Canción del ciclata contra los fanáticos del carril‑bici.

[2] Benedetti: Oh marine, oh boy, en Ser y estar.

[3] siriaco, siríaco. Variedad del arameo que se habló en Siria.

[4] Sílaba fuerte [ ¡plas! ], onomatopeya.

[5] huir es intransitivo; huyámonos será por caracterizar el español de inmigrantes que lo hablan a su manera.

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Los de arriba y los de abajo

ANIMATION Carril Caballo

LOS DE ARRIBA Y LOS DE ABAJO
O en qué se parecen negros, tapadas, prostitutas, mariquitas y bicicletas–

Los de arriba y los de abajo, artículo de Paco Huelva, es (antes que Borges, Mariano Azuela y su novela Los de abajo, 1916, y antes que fábula en eLTeNDeDeRo) una categorización poética de Bertolt Brecht (1898‑1956): Para los de arriba hablar de comida es bajo, y se comprende porque ya han comido. Cuando los de arriba hablan de paz, los de abajo debemos prepararnos tiempos de guerra. (Trianarts y Google Sites).

Siendo los de abajo quienes viven perjudicados por un sistema (hombres y mujeres que vivirían mejor si el sistema cambiara) y siendo los de arriba quienes viven bien o magníficamente, los conflictos se han expresado a través de partidos o sindicatos de clase, luchas que se cruzaron con las tensiones y disputas de unos Estados con otros, guerras como las Mundiales con sus rebotes, las Revoluciones Rusa y China, efectos secundarios de conflictos vividos por la tropa ‑la que pasaba hambre y moría en las trincheras‑ como guerras patrióticas nacionales. Después de la Segunda Guerra Mundial y, visto que con la bomba atómica el negocio de la venta de armas se podía venir abajo, fue la época de guerras de inteligencia, estados de ánimo dirigidos por servicios secretos que han demostrado ser bien poco inteligentes: qué mala era Soviética, qué buena la Guerra Fría y qué catarsis la caída del Muro de Berlín. Los adivinos no adivinaron Al Qaeda, Torres Gemelas, Irak, Afganistán.

Las luchas de clase (batallas parciales dentro de un proceso natural que es la lucha de clases, en singular) se movían por un motivo sindical concreto, fueron pulsos, pugnas sectoriales por una reivindicación determinada: menos jornada, mayor salario o defensa del puesto de trabajo, lo que vimos en películas como Full Monty (1997) o Billy Elliot (2000). Ocurrió que a base de algunos logros sectoriales, los de abajo dejaron de sentirse los de abajo (proletariado o clase obrera). Ejemplo son los sindicatos de controladores, pilotos o conductores de trenes, asociaciones de élite cuya fuerza es la insolidaridad y el chantaje para paralizar un país. Succionados los sindicatos por la socialdemocracia (en España, Comisiones Obreras; por parte del Psoe a través de la Ugt), se vaciaron los partidos y se llenaron las oenegés y fue la hora de las causas humanitarias más o menos ‘perdidas’. Y dijo una: yo apostaba por el feminismo, y otro, por la ecología, el animalismo, la homosexualidad, los refugiados o las bicicletas. Parafraseando a Bertolt Brecht, cuando los de abajo piensan cada uno en lo suyo (contra los coches, contra las corridas de toros o contra el cambio climático), los de arriba piensan en todo y se frotan las manos (ITTP).

Viene esto a cuento de la reivindicación del Carril bici, ¡ya!, que no podía traer nada bueno. Porque antes de pensar o reivindicar el carril, había que pensar la ciudad y la ciudad dentro de un sistema (el Estado del Bienestar con sus etcéteras, como la crisis) que no se cuestionaba. Y lo que fue la bici, un vehículo en vías de redefinición (marginado, no, habiendo Tour, mountains bikes y bicicletas para el verano), pasó a orgullo‑bici, orgullo comparable al black power o al orgullo gay: lo negro se retitula afroamericano, lo homosexual se confunde con tacones y uñas pintadas y el feminismo, con tapadas islámicas o sindicación de las putas. Lo que en su siglo se criticó como la degradante y degradada mujer objeto (vista por ojos críticos con el sistema capitalista) se mira hoy por un caleidoscopio de múltiples imágenes de cuerpos objeto, ya sin crítica al capitalismo. Y lo que fue la prevalencia de automovilistas depredadores de la ciudad ha pasado a ser lo mismo pero en usuarios y asociaciones ciclistas que, en nombre de la visibilidad, han hecho de las modestas bicicletas de los de abajo vehículos objeto (su fetichismo: esa gente que no aparca jamás su bici y como mascota la lleva donde quiera que vaya dando el coñazo en todas partes) con los mismos defectos de arrogancia, prepotencia y ánimo de exclusividad que conductores de coches. Lo malo es que carril‑carril se construyó bien poco, y el carril de las pegatinas quedó en aceras bici o itinerarios recomendados. Les pasa por mirar el espejismo de Ámsterdam o Berlín sin pensar lo que de verdad se merecían las personas y necesitaban las ciudades, el mundo. Dios les conserve la vista. Los de arriba se frotan las manos.

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PREJUICIOS

Justicia o Caridad

PREJUICIOS

A propósito del artículo Compro, no compro (28‑11‑2015) escribe mi amigo: Que condenaras que menores de edad pidieran en la puerta de un híper para el Banco de Alimentos sin permiso de los padres, cuando nunca habías condenado que, también sin conocimiento de los padres, las menores pudieran abortar, me pareció una contradicción dictada por un prejuicio ideológico. Sobre el mismo tema no contestaste a mi comentario sobre la vuelta a la tortilla que las grandes superficies (y los propios bancos de alimento también) habían dado a la idea primitiva de aprovechar excedentes o productos con presentación defectuosa, convirtiendo la idea en que, no las tiendas, sino los clientes, entregaran los alimentos a los bancos, haciendo más negocio para las grandes superficies. [Nota de eLTeNDeDeRo. La respuesta se intentó en Justicia o caridad, artículo publicado dos días después.]

Leído lo cual, si por prejuicio entiendo juicio previo, y no opinión previa desfavorable acerca de algo que se conoce mal, qué sería de nosotros sin juicios que se anticipen a lo que la vida nos va poniendo por delante. Estaríamos continuamente naciendo a los conceptos, tomando lo viejo por nuevo y lo conocido, por desconocido. Como nuestro juicio intuitivo puede inducirnos a error, a tomar senda por carrera, como diría el Arcipreste, lo mejor es no mezclar en el debate elementos de segundo o de tercer orden (casos humanos de colegiales o maternidades no deseadas) y que batallen, no los peones, sino los reyes del tablero o de la baraja, pues ¿quién, en su sano juicio, defiende abortar por gusto, maltratar a un niño o enajenarse de las tragedias que salpican el mundo? Que hablen los reyes. Un rey es el capitalismo y dos prejuicios creer o no en él. Otro rey es el cambio social y dos prejuicios justicia o caridad, remedio o enfermedad, reforma o revolución. Solidaridad, infancia, aborto son conceptos de una sociedad y no la hemos inventado ni mi amigo ni yo.


LA CONCIENICA

Naturaleza muerta, de Pepe Ortega
Artefoto: Pepe Ortega

LA CONCIENICA
–receta–

Se cuece una analítica de las de pedir a las puertas del bienestar y de la cultura, no molestar a los ricos. Y que quienes vengan vengan con una lengua, una religión y una declaración de derechos bien aprendidas. Con su cartel en inglés y con sus mujeres bien tapadas, se bate una oenegé. Y se sirve con guarnición de lo que sufre su infancia.


 

fábula de los de arriba, los de abajo y los que están en medio

Refugiados 20 03

SILOGISMO

fábula de los de arriba, los de abajo y los que están en medio


 

PREMISAS

1º) Los de arriba hacen sufrir a los de abajo
(supongamos a los refugiados sirios).

2º) Los de abajo no se rebelan contra los de arriba
(antes, al contrario, quieren ser como los de arriba).


 

POR TANTO

3º) Quien ayuda a los de abajo ayuda a los de arriba.

¿Solidaridad, preocupación, pretexto humanitario?
¡No, gracias!


La piedad es la justicia de la impotencia.