Etiqueta: política

cuatro muertes del franquismo.

TeVeo A_LA_MiERDA

El jueves 20 de noviembre de 1975 fue la primera.
–¡Adiós, Francisco Franco Bahamonde!

La segunda, el jueves 28 de octubre de 1982.
–¡Adiós, Adolfo Suárez!

La tercera, el domingo 14 de marzo de 2004.
–¡Adiós, José María Aznar!

Y la cuarta, el viernes 1 de junio de 2018.
–¡Adiós, Mariano Rajoy!


TeVeo A_LA_MiERDA


 

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lo que el caso chalet esconde y de lo que nadie quiere hablar.

Diógenes de Sinope

1º     El caso chalet esconde la división social entre electores y elegidos pues mal se construye una sociedad igualitaria o democrática si permitimos que haya césares y un César por encima de nuestras ciudadanías.

2º     El caso chalet esconde la retribución de la política y la existencia de una clase política profesional. Podría no haberla. Mesas electorales, jurados populares o comunidades de vecinos nos dan lección de sólidas instituciones ciudadanas de régimen efímero, rotatorio, aleatorio y no remunerado (excepto dietas y compensaciones).

3º     El caso chalet esconde la creencia de que hay que remunerar muy bien la actividad política para que el político o la política no se corrompan, lo cual presupone que el poder corrompe. Y no debería. Ejemplos hay en la historia y al presente y para qué queremos la imaginación y la legislación preventiva.

4º     El caso chalet esconde la publicación o publicidad (en prensa rosa o amarilla) de la vida privada de personas públicas. Podría no hacerse. La mujer del César podría ser no honrada ni parecerlo sin que, por eso, César deje de ser útil para el puesto que ocupa. Exhibicionistas son las casas reales, como la inglesa con Lady Di, o presidencialismos conyugales tipo Estados Unidos, con Clintons, Obamas o Trumps, cuyas vidas privadas conocimos por salas de espera en peluquerías y consultas médicas.

5º     El caso chalet esconde los límites éticos y estéticos de la incompatibilidad. César no debe ser César y la mujer del César al mismo tiempo. Que un secretario general y una portavoz de grupo parlamentario sean pareja en la vida real es algo que a los demás no importa pero a su partido sí. Qué mayor tráfico de influencias que entre dos que duermen en el mismo colchón.

6º     Ante el caso chalet el buen político levanta el dedo y se salva: yo no soy así, la mayoría no somos así. No eres así pero formas parte, pillín, del sistema que consiente y propicia: César y la mujer del César, los dos al fin y los dos en ti. Para qué hablar entonces del caso chalet. Como si fuera palacio o pisito alquilado o tinaja estilo Diógenes.


 

de antirrepresivos, a antidepresivos.

policía


Con su mentalidad de Estado del Bienestar las mareas no cuajan en tsunami por la libertad, mientras policías y tribunales y periodistas al servicio siguen haciendo de la suyas por España: una, grande y libre.


La vieja izquierda, forjada en el rechazo a la dictadura de Franco, fue fundamentalmente democrática, donde democracia significaba más un modelo que un régimen político concreto. De hecho, aunque la izquierda era mayoritariamente anticapitalista, no luchaba contra el capitalismo sino por la legalización de partidos y elecciones libres, fuera cual fuera el resultado. Estábamos en 1968, año del Mayo francés y de la Primavera de Praga y en vísperas del Proceso de Burgos (Melitón Manzanas, comisario de la Brigada Político Social, muerto por Eta el 2 de agosto de aquel año). Desde 1963 pleiteaban con la censura los Cuadernos para el Diálogo, de Joaquín Ruiz‑Giménez, de inspiración democristiana, y dentro de la consigna Amnistía y Libertad se pedía la excarcelación de presos y el regreso de exiliados también conservadores como Josep Tarradellas, presidente de la Generalitat. No éramos terroristas ni compartíamos los métodos de Eta, no éramos democristianos, ni liberales, no éramos independentistas, no éramos cristianos por el socialismo, no éramos El Lute ni Pascual Duarte (personaje publicado por Cela el mismo año que nació Eleuterio Sánchez, 1942), pero a todos y al Vaquilla, el quinqui metido en la heroína, los indultábamos porque a todos nos había criado la misma larga noche del franquismo. Cincuenta años después, hagamos hemeroteca o cronología:

1981 (23 de febrero). Golpe ¿fallido? de Tejero. Primera reafirmación de la Constitución y de la monarquía como garantes de la democracia española. 1988 (12 de enero). Pacto de Ajuria Enea. Confirmación del bipartidismo PP Psoe contra el terrorismo y en defensa del Estado de Derecho. 2011 (20 de noviembre). El PP gana (por mayoría absoluta) las elecciones generales que renovó (por mayoría simple) en octubre de 2016: la derecha hegemoniza su lenguaje del imperio de la ley. 2014 (16 de enero). Fundación del partido Podemos. Enfriada la gran esperanza que supuso ¡Indignaos!, ¡Democracia real, Ya!, 15‑M (15 de mayo de 2011) y el primer Podemos, el partido de Pablo Iglesias renuncia a abrir el candado de la Constitución de 1978. 2017 (3 de octubre). El discurso del rey abre la intervención del Estado contra el referundismo en Cataluña. Confirmación de una España nacional frente a cualquier proyecto no unionista.

A estas fechas se fueron añadiendo otras de política exterior que han ido reforzando el protagonismo de las fuerzas armadas y cuerpos de seguridad del Estado. 1986 (12 de marzo). Bajo el Psoe de Felipe González, un 56,85 del voto ratificó en referéndum la continuidad de España en la Otan. 1992 (noviembre). Misión militar de España en Bosnia-Herzegovina como cascos azules de las Onu. 2003 (15 de marzo). Trío de las Azores. Aznar legitima la Invasión de Irak y abre el pretexto al terrorismo yihadista en nuestro país: 11 de marzo de 2004, Atentado de Atocha.

Hoy, días después de haber escenificado Eta su disolución definitiva, la sociedad española está fuertemente religada a sus fuerzas armadas y de orden público, incluyendo simpatías por bomberos, socorristas y protección civil: todo lo que transmite seguridad en un mundo inseguro. Y, así, pesan más los titulares que generan las noticias de sucesos, las víctimas y Víctimas del terrorismo. En lo tocante al referundismo, aunque la izquierda de boquilla discrepe del 155, se desdeña el derecho a decidir de Cataluña alegando que ese es derecho de todos, y no solo de Cataluña, y porque lo que ha sido el procés es de derechas cuando lo que al pueblo interesa son el paro, las condiciones de vida y trabajo y esas reivindicaciones que van a dar a las mareas (verde, blanca, pensionista, feminista, morada o amarilla). Mareas que, con su mentalidad de Estado del Bienestar (que consiste en pedir y no en imponer) no cuajan en tsunami por la libertad (goce la libertad la izquierda, la derecha o Puigdemont), mientras policías y tribunales y periodistas al servicio siguen haciendo de la suyas por España: una, grande y libre. De antirrepresivos a antidepresivos, lo que va.


 

populismos.

Antonio Narbona sobre la palabra populismo:

«Joaquín Leguina (Podemos: el síndrome de Sansón, 2014) acuña su propia definición de populismo, que poco o nada tiene que ver con la del Diccionario (sinónimo de popularismo, tendencia política que pretende atraerse a las clases populares).

Leguina empieza calificando al populista de suplantador: el pueblo, es decir, la ciudadanía, es plural y variada, y cuando el pueblo actúa de forma unánime, la mayor parte de las veces se convierte en populacho, en masa, en chusma.

Le asigna como segunda característica la que mejor define al demagogo, esto es, la de ofrecer soluciones sencillas a problemas complejos.

Y termina hablando de su recurso permanente a actitudes religiosas: al hablar se muestra, sucesivamente, como la Virgen María, pura y casta, y como el Dios que ataca sin medida ni clemencia a Satanás, el enemigo, el culpable de todos nuestros males. En su discurso aparece también un infierno (al que los populistas van a enviar a los malvados) y un paraíso (al que sólo llegaremos de su mano). Sobran los comentarios.» [Antonio Narbona Jiménez, El diccionario y sus usuarios, Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, 2015]

Apostilla eLTeNDeDeRo:

1º. Todo partido, en tanto pretende atraerse a las clases populares, es populista (demagógico, vale decir), por tanto, no tendría sentido usar populismo como etiqueta para degradar un partido a otro. 2º. Según el uso y quien la usa, la palabra populismo es comodín o palabra‑baúl desde los partidos de centro contra los extremos (abusivamente calificados de extremistas) que pudieran disputarle su espacio electoral. De esta manera, extrema izquierda y extrema derecha se igualan y en populistas caben partidos neonazis (xenófobos o eurófobos) con partidos de nueva planta como Podemos. 3º. Decaído el comunismo (la gente joven ni sabe si existe un partido comunista), populistas ocupa el lugar de comunista (palabra‑estigma junto a terrorista, que continúa). 4º. A todo, ayuda que en inglés populismo se dice igual (populism) y tanto Obama Hillary Trump como Merkel como Rajoy y Susana Díaz están encantados con la palabra populismo.

Así que muévanse: ¡sean populistas!

–enlace a Populismos.

crítica de la crítica de los derechos humanos.

El Estado del Bienestar nos ha dejado encantadoras igualaciones. La base fue la Declaración universal de derechos humanos de la Onu en 1948,[1] que respondió al modelo de los países aliados que querían con la Declaración prevaler sobre los totalitarismos fascista y nazi, ya derrotados, y sobre el estalinismo, no derrotado y con enorme auge en Europa al final de la SGM a través de los partidos de la Segunda Internacional, que inmediatamente fueron descalificados como dictatoriales a partir de una interesada interpretación de la futurible dictadura del proletariado, hecha por Karl Marx un siglo antes, donde la dictadura, al ser ejercida por la mayoría (la clase obrera), dejaba de serlo y pasaba a ser más democracia que la democracia. La Declaración fue instrumento propagandístico para un estado de opinión favorable a la libertad de los países libres (frente a los comunistas) como grado superior de organización social, democracia política que impedía en la práctica la democracia económica y laboral, sin las cuales, ¿qué democracia era esa? Papel votado: un voto cada cuatro años y ahora pidan ustedes derechos humanos, que, por pedir, que no quede. Por eso, la primera crítica que tienen los derechos humanos es su palabrería, su frivolidad, su insoportable levedad del no pasar, de las buenas intenciones, a leyes vinculantes y perseguibles por tribunales internacionales en el seno de unas Naciones Unidas que no tenían otra cosa que hacer, más que pasar del dicho al hecho, y no lo hicieron. En respuesta, un anciano que había participado en la primera redacción de la Declaración quiso antes de morir dejar testamento testimonio de su indignación y ese fue Stéphane Hessel (1917-2013), quien animó a la juventud a indignarse. Su ¡Indignaos! (2010) tuvo la altura intelectual de un mosquito. Su enorme éxito entre gente bien preparada y de universidad, que ya calzaba los treinta años (Pablo Iglesias, 32; Monedero, 47), fue el infantilismo más lamentable que ha padecido la reciente izquierda y, a siete años vista, ya sabemos en qué acabó tanta indignación: en tierra, en polvo, en sombra, en humo, en nada.

La segunda crítica de la Declaración no es histórica sino lógica y conceptual. La fórmula nos la dio el viejo Marx en su Crítica del programa de Gotha (1875): Todo derecho es derecho de la desigualdad. El derecho sólo puede consistir, por su naturaleza, en la aplicación de una medida igual; pero individuos desiguales sólo pueden medirse por la misma medida siempre y cuando se les mire solamente en un aspecto determinado y no se vea en ellos ninguna otra cosa, es decir, se prescinda de todo lo demás (“a igual trabajo, igual salario”, unos obreros están casados y otros no; unos tienen más hijos que otros, etc; a igual salario, unos obtienen más que otros). El derecho no tendría que ser igual, sino desigual.

Jóvenes: pedir derechos es fácil. ¿Quién en su sano juicio se va a oponer? Lo difícil es pedir deberes a uno mismo y a quienes por sus niveles de vida y renta llevan siglos explotando a los demás. Pedir es fácil. Lo jodido es quitar a quienes les sobra. De ahí, el buenismo. Mejor, ¡nos vemos en la revolución!

de la serie Ni tontos ni marxistas, 16 de enero 2016

[1] De 30 artículos que son, la palabra todos aparece 44 veces. Como adjetivo: todos los miembros de la familia humana, todos los pueblos y naciones, todo[s los] ser[es] humano[s], toda persona, todo individuo, todos los niños, en todas partes. Como pronombre: todos son iguales, para todos.

¡cuidado con el pp.es!

Con fecha 1 de enero, eLTeNDeDeRo recibió el siguiente comentario firmado por atencion2@pp.es :

«Eres un imbécil que se cree más listo de lo que es .Tienes la misma catadura moral que la de Los psicópatas que bombardean Alepo .Sois pura basura criminal»

(ortografía y puntuación, la suya, pueden verlo en comentario)

Leído lo cual eLTeNDeDeRo puso un correo a atencion@pp.es y atencion1@pp.es:

En relación al comentario hecho por atencion2@pp.es en eLTeNDeDeRo con fecha 1 de enero («Eres un imbécil que se cree más listo de lo que es .Tienes la misma catadura moral que la de Los psicópatas que bombardean Alepo .Sois pura basura criminal», ortografía y puntuación, la suya), eLTeNDeDeRo

espera

su versión, no sus insultos, sobre la que ha sido una de las noticias 2016: Siria (en eLTeNDeDeRo: No llores por mí, siria mía).

Somos un medio modesto pero con amistades poderosas que gustarían saber a qué dedica el PP su departamento de atención ¿al cliente?, ¿al votante? (y con qué lenguaje).

La página pp.es, del Partido Popular, pueden verla aquí.

O sea, ustedes mismos.

eLTeNDeDeRo, 04/01/2017