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Carta a un demócrata creyente en el Estado del Bienestar.

Serví y sirvo al Estado como funcionario docente, pero el Bienestar no me lo creo: el sistema educativo, junto al sistema sanitario, preexiste al Bienestar: la educación fue parte necesaria para la formación y reposición de la mano de obra que el capitalismo necesitaba.

El Bienestar como concepto y como invención y reclamo nació de un contrato social tras la Crisis del 29 en Estados Unidos (contrato después desbaratado por vuelta al liberalismo salvaje, y ahí está Donald Trump) y, en Europa, de patronal y sindicatos anticomunistas (democratacristianos y socialdemócratas, contra la Unión Soviética) al final de la 2ª Guerra Mundial a costa de las que fueron colonias de la vieja Europa, truco del almendruco del llamado milagro nórdico.

Hoy, algo espabilado el tercer mundo y adormecida la clase obrera como motor y máquina, bajo las presiones del thatcherismo (ver la película Billy Elliot), el Bienestar queda en ideal electoral de quien pretende que dineros públicos (o sea, usted y yo a través de impuestos) cubran sus vidas privadas (familia, vivienda, educación, el largo etcétera que les prometió el EdB). Las luchas obreras criaron el bienestar y el bienestar ha criado manos unidas que piden y piden y, por pedir, que no quede. De hecho, la izquierda siglo 20 luchaba contra el Estado (o, al menos, contra el estado de cosas); la izquierda siglo 21 mide sus fuerzas por prometer y, en promesas, quién da más.

Mi coherencia es decir: no, padre, no, madre: “la vida que tengas págatela” y, si no, no la tengas o hazte como yo anticapitalista, marxista, de la lucha de clases, antisistema, no demócrata, pues todas esas cosas, si yo lo soy, puedes ser tú. Yo hace tiempo no voto y hace mucho descreí de IU Podemos; de otra izquierda, ni te cuento. El Bienestar no es mi opio del pueblo o, en todo caso, no es mi pueblo ese pueblo.

el día que dejé la política.

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Nunca me ha interesado la política de nombres propios, protagonistas que acaparan la cosa pública. Solo los movimientos de masas. Ideas sin masas y masas sin ideas no van a ningún sitio. EL TeNDeDeRo cierra hoy su reflexión política. En esta estupidez que se llama España en funciones no me busquen con pretextos o causas dictadas por el Estado del Bienestar, como igualdad, feminismo, animalismo, oenegés para salvar el medio ambiente, la infancia o el planeta. No, padre. ¿Enmiendas parciales al sistema? A la totalidad, siempre.

A 230 años del libertad, igualdad y fraternidad y a 102 del proletarios, uníos, y de todo el poder a los soviets, aquellas divinas palabras en que un día creyó la humanidad bien pensante vienen a dar a Trump, Macron, May, Merkel, Salvini, Macri o Bolsonaro; a Putin; al último emperador, todavía; a Estados islámicos que tapan a las mujeres, y a ellas les gusta. Una llama de la Generación Podemos ardía en Grecia, ya se ha extinguido. Aquí en España –salvo que alguien me diga qué sigla me he perdido, qué partido o movimiento, que no me he enterado– quienes estuvimos en el albor de un nuevo porvenir ya sin Franco hemos venido a dar a tres ríos que van a dar en la mar, que es el morir: Alberto Garzón, que recoge las aguas de lo que llovió el Pce en 1977; Pedro Sánchez, por lo que fueron las ansias de cambio con el primer Psoe, 1982; y Pablo Iglesias, ¡con lo que fue el tsunami de Indignaos!, de Democracia Real Ya! y del 15-M! Veinte años después, no son, no somos nada.

La Revolución francesa pudo acabar con el Viejo Régimen: no quiso. Las revoluciones soviéticas quisieron acabar con el Nuevo burgués capitalista: no pudieron, no supieron o no las dejaron. Hoy buscamos en Google anticomunismo y comunismo (sistema que el mundo no conoció) y obtenemos más resultados que el capitalismo que nos envuelve y que, curiosamente, nadie quiere nombrar. Y aún dirán, si les preguntan, que lo importante es ser positivo, hacer cada uno lo que pueda.

Queden ustedes con la parte más jovial y positiva de Zafarrancho Vilima recomendada por este que es el serio de la película. Y adiós.


Foto portada: © LeMonge (2019)

adjetivos descalificativos.

El recurso no es nuevo. Para hacerme valer, lo más fácil es desacreditar a mi contrario. En política, gran reclamo de la izquierda ha sido el miedo a la derecha, miedo que la derecha abandera aún mucho más. Y es increíble la cantidad de estigmas o anatemas con que partidos intentan ganarse el voto mediante adjetivos descalificativos.

El gran descalificativo de la serie democrática fue terrorista. En terrorismo de Eta (hubo Grapo, Frap y Gal) se mezclaron violencias que no tenían nada que ver: el ajuste de cuentas (Melitón Manzanas, torturador asesinado por Eta en 1968), el magnicidio (Carrero Blanco, 1973), el chantaje al Estado (secuestro de Miguel Ángel Blanco a cambio del acercamiento de presos al País Vasco, 1997), la extorsión a personas por rescate en dinero (Julio Iglesias Puga, Papuchi, secuestrado a final de 1981), hasta la muerte por grupos de riesgo (víctimas del atentado contra la casa cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza, 1987) o la muerte a discreción (atentado contra Hipercor, Barcelona, 1987). Tanto se generalizó, que, cuando los atentados del Metro de Atocha (11 de marzo 2004) y por ocultar la responsabilidad del presidente Aznar en las 193 muertes y casi dos mil heridas, todo el empeño del Estado, y del Gobierno que lo manejaba, consistió en culpar a Eta, es decir, al viejo antiterrorismo tantos años cuidado y acariciado como vivero de votos para la derecha.

Menos mal que la campaña No a la guerra fue suficiente para echar al PP, y el Psoe –sin acusar a Aznar por su intromisión en la Guerra del Golfo– reconoció que en terrorismo había que incluir el yihadismo, que es el que, desactivada Eta, continúa siendo amenaza. Sin embargo, no conviene indisponer a la comunidad musulmana. El terrorismo islámico es excepción dentro de una plácida alianza de culturas y civilizaciones, mientras el terrorismo de Eta se extiende y abarca a pacíficas generaciones vascas limpias de sangre que nunca logran redimirse por una España que cree que bildu o geroa bai son tacos que nos ofenden (como me cago en tus muertos) propios de un tipo al que nos está permitido linchar, quemar o apedrear: ese Puigdemont en el Carnaval de Cádiz o en los Judas de Coripe. A terroristas e independentistas han venido a sumarse descalificativos como golpistas, soberanistas, que quieren romper España, populistas, extrema izquierda (dicho sea de IU Podemos), incluso podemitas: una España más excluyente y más sucia que nunca a base de “líneas rojas” o “cordones sanitarios”.

–Mira que os tengo dicho -avisaba el otro- el boicot a las elecciones y que no votéis a ningún partido de la actual política (sin clase ni clases sociales). Pues nada. Id otra vez a votar en nombre de ¡Que viene la derecha!

Hay que joderse.


 

la rabia y el perro.

Sabido es que, para la configuración del pensamiento positivo, más pesa el miedo a lo que se teme y se nos presenta como malo, que aquello que se postula como bueno. De ahí, las religiones. Puedo dudar si hay Dios. Lo que nadie duda, visto cómo está el mundo, es que el Diablo existe y ronda calles y personas. Ocurre igual con el anticomunismo, un valor tenido como bueno y que está durando mucho más que lo que duró la experiencia soviética. Muerto el perro, no se acabó la rabia. Lo mismo pasa con el antipopulismo: palabras conjuro que, junto al ¡que viene la ultraderecha! o a quienes quieren romper España o a quienes algo tuvieron que ver con Eta, configuran el pensamiento positivo del demócrata español, que por eso se definirá frente a EH Bildu, frente al referundismo en Cataluña o frente a Vox, demonios familiares que hacen buena o muy buena la Constitución, la monarquía, el juicio al Procés o el boicot a Vox; siglas, fuerzas o partidos que solo por haber sido votados merecerían otro trato por parte de “nosotros, los demócratas”.

Queden ustedes con el comentario de texto a un artículo certero y bien documentado de Francisco Núñez Roldán (antipopulista) contra Josep Borrell (anticomunista), quien ha calificado a la actual Rusia como “nuestro viejo enemigo Rusia”. O sea, como en tiempos de Franco.

Daniel Lebrato, a Núñez Roldán:

Dos pegas veo a tu artículo ¿Nuestro “viejo enemigo” Rusia? Una es nuestra o nuestro como plural de Estado (“Rusia había sido nuestro impensado y lejano aliado, nuestra Europa, nuestro compromiso con la Otan”). Sería preferible desligar a la ciudadanía del régimen que en cada época la ha estado ‘ciudadando’, como haces donde dices que el estalinismo fue “más letal si cabe para sus propios ciudadanos que para los ajenos”.

Preguntas.

¿No es el capitalismo letal para quien cree en el capitalismo y, sin embargo, no realiza, sino que le extraen, el capital y la plusvalía?

¿Europa es nuestra o es del Banco Central Europeo?

¿Tú y yo estamos comprometidos con la Otan?

¿No fue la falacia del Ejército Europeo (Felipe González, 1986) lo que llevó al electorado a votar sí a la Otan cuando UE y Otan se vendían dos en uno?

¿Son nuestras las bases de Morón y Rota? ¿Hemos firmado yo y tú el Tratado de amistad con Estados Unidos?

Y durante las guerras napoleónicas Rusia no fue “nuestro impensado y lejano aliado”, sino estrategia de zares y borbones, casas reales cada una a lo suyo.

Desliz, supongo, es llamar frentepopulista al Frente Popular (España, 1936) si en Europa el populismo (término de por sí discutible) surge en los 90 cuando socialdemócratas y democristianos vieron surgir nuevos partidos como el del Progreso de Noruega, el Vlaams Belang de Flandes o la Liga Norte italiana sobre el modelo del Frente Nacional de Jean Marie Le Pen (1972).

□ enlace a Francisco Núñez Roldán, ¿Nuestro “viejo enemigo” Rusia?


la izquierda, fin de época.

En [eLTeNDeDeRo] Daniel Lebrato ha defendido su opción de abstención crítica o boicot general ante las elecciones del 26‑M, en nombre de un argumento muy simple: sin izquierda anticapitalista (o contracapitalista), ¿a qué partido votar? DL publicó en red: «La izquierda auténtica sabe que el trabajo productivo de bienes materiales (no el esfuerzo ni el artisteo en horas de ocio) es el motor (la base) de la riqueza y de la economía, mientras la derecha difunde la especie de que el capital crea la riqueza.» Era evidente que el artículo buscaba el cuerpo a cuerpo con quien se tiene por emprendedor (empresario) y creador de empleo como fuente de la riqueza, cuyo corolario sería la España actual: millones de personas en demanda de trabajo (tortura, en etimología) con la canonización de la Epa (encuesta de población activa) como motor del Pib (producto interior bruto) y de la marcha del país en general, algo palpable en los programas de partidos tenidos como de izquierda que últimamente juegan a favor de la explotación del hombre por el hombre y como solución personal y regional en el marco de la democracia y del Estado del Bienestar, dos construcciones insultantemente fáciles de rebatir. Pues ¿qué bien preciado es el que se ejerce una vez cada cuatro años? ¿Se imaginan ser padre o madre o profesor o fumador solo una vez cada cuatro años? Quieren hacernos creer que, entre municipales, autonómicas, generales y europeas, estamos todo el día votando, pero la cuenta sigue siendo cada cuatro. Más aún. Qué valor tiene la democracia cuando no contempla la democracia social y participativa (por barrios y cadenas productivas) y, sobre todo, cuando la democracia solo iguala ante la ley lo que el resto del enorme tiempo sin urnas es absolutamente desigual. Comparen la jornada electoral con la Selectividad, única prueba que pone a nivel las tres vías educativas insolentemente insolidarias con la igualdad ciudadana: la pública (de clases bajas), la concertada (de clases medias) y la privada (de clases altas). Y no vengan con que ustedes han estudiado en la pública. Yo también. ¿Para cuándo, señorías de IU Podemos, la enseñanza única? La democracia, encima, al estar influenciada (no digo manipulada) por quienes más tienen (también en medios de [des]información) es tan creíble, en sus resultados, como ustedes se lo quieran creer. Yo no creo que en España haya una democracia (social y de derecho, añade la Constitución) y menos aún creo en la falacia del Estado del Bienestar en que tanto IU como Podemos han basado su campaña y su estrategia. No con mi voto. A bajarle los humos al emprendimiento (y al artisteo y a la intelectualidad pagada de sí misma) iban Promesas, Coplas por la muerte de la democracia y mi Carta a un votante de Unidas Podemos. Una apostilla final. Además de anti capitalista, la opción política que yo votaría tendría que ser decididamente anti imperialista (¡Bases no, yanquis fuera!, Kichi mío de mi alma). Y un reparo ético. Mientras se persigue y juzga a quienes han querido votar (en referéndum, el Procés), ¿voy a ir yo por la cara a votar? O votamos todos o votamos ninguno. Claro que la izquierda con decir que lo de Cataluña es de derechas, se queda tan fresca. Pregunta para demócratas de izquierda: ¿es ilegal ser de derechas?


 

Coplas por la muerte de la democracia.

Recuerde el acta dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se acercan las urnas,
cómo se engaña a la gente
con escaños.

Cuán presto se va el votar,
cómo después de votado
da dolor,
cómo a nuestro parecer
cualquier Congreso o Senado
fue mejor.

Los discursos y las listas,
que nos dejan los mejores,
¿quién lo duda?
Candidatos, candidatas,
y en la tele portavoces
de tertulia.

Mas si vemos el programa
del partido, cómo es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
nos jodemos bien jodidos
cuatro años.

Las mejoras y promesas
que quisiera el pueblo llano
son la caña:
democracia y bienestar.
Con nosotros, los demócratas,
¡toda España!

No hablo de la patronal,
Casa Real y una Iglesia
de otro siglo.
Hablo de la Transición
que nos dejó sin la fuerza
que tuvimos.

Los Pactos de la Moncloa,
las fotitos con Borbón
en la Zarzuela,
¿fueron sino dejación
de principios y de normas
de la izquierda?

Señorías que, adquiridas,
igualaron las pancartas
“por el cambio”
con los carcas y los fachas,
se llamaran Popular o
Ciudadanos.

Pablo Iglesias fue a Podemos
lo que Santiago Carrillo
fue al Pce.
Podemos a Izquierda Unida,
lo que Felipe González:
yo, aquí el rey.

Nos pasa cuando creemos
que hay una izquierda y votamos
lo de unidos
por los derechos humanos,
eso que al gran capital
da lo mismo.

Cualquier día es el camino
para el giro hacia otra España
más social.
Más cumple ese socialismo
que creerse en democracia y
nada más.

promesas.

Con David Castejón

Aunque la izquierda se quiera identificar con las necesidades de la población, con los derechos humanos y el bienestar del Estado del Bienestar, el medio es el mensaje y toda política, cuando se sienta en Congreso o Senado, es toda ella de derechas. El más hermoso programa electoral queda en nada sin un plan de financiación que, por fuerza, molestaría a un sistema, el capitalismo, y a un poderoso grupo al que nadie quiere molestar, patronal y grandes fortunas. Así que usted desde su escaño puede prometer lo que quiera, la misma derecha promete, pero su promesa se queda en “por pedir, que no quede”. Usted puede prometer pero, si no aplica una fiscalidad inversa (una cotización en proporción exacta a lo que se gana), usted no tendrá dinero para defender o llevar a práctica el bienestar de su programa. Más aún: el capitalista, si le aplicaran la exacta y rigurosa fiscalidad proporcional inversa, se haría la gran pregunta ¿para qué emprender más si al final voy a ingresar lo mismo que quien cobra el salario social? (Caso verídico llevado a referéndum en Suiza hace un par de años.)

Llegado a este punto, usted cree en el capitalismo, que es el quiero y no puedo de la izquierda española, toda ella capitalista, Izquierda Unida o Podemos, dependiente de lo que autoricen Banco Europeo y FMI bajo la atenta mirada de la Otan y de Estados Unidos con bases en Rota, Morón y Gibraltar. Y es que la izquierda auténtica consiste en no pedir trabajo sino otra imaginación distinta, aunque no sepamos lo que es. La izquierda auténtica sabe que el trabajo productivo de bienes materiales (no el esfuerzo ni el artisteo en horas de ocio) es el motor de la riqueza y de la economía, mientras la derecha difunde la especie de que el capital crea la riqueza.

Y hablando de promesas. Quienes critican la presunta heterodoxia a la hora de tomar posesión de su escaño por parte de alguna señoría, ¿no han caído en la cuenta de que “juro o prometo” es directamente anticonstitucional? O “juro por Dios” o “prometo por mi honor”. Al Estado (electores y elegidos), solo el honor le interesa. Si usted cree en Dios o en la Biblia, cálleselo o estará usted vulnerando mi derecho 16.2 de la Constitución.

Queden ustedes con otra cara de la política, la de cercanías, municipal. Quizás ahí la política alcance el humanismo de que carecen Congreso y Senado y Parlamento Europeo.

–enlaces:

https://www.poratarfesi.com/

https://www.facebook.com/PorAtarfeSi/

/ a David Castejón /