Etiqueta: política

populismos.

Antonio Narbona sobre la palabra populismo:

«Joaquín Leguina (Podemos: el síndrome de Sansón, 2014) acuña su propia definición de populismo, que poco o nada tiene que ver con la del Diccionario (sinónimo de popularismo, tendencia política que pretende atraerse a las clases populares).

Leguina empieza calificando al populista de suplantador: el pueblo, es decir, la ciudadanía, es plural y variada, y cuando el pueblo actúa de forma unánime, la mayor parte de las veces se convierte en populacho, en masa, en chusma.

Le asigna como segunda característica la que mejor define al demagogo, esto es, la de ofrecer soluciones sencillas a problemas complejos.

Y termina hablando de su recurso permanente a actitudes religiosas: al hablar se muestra, sucesivamente, como la Virgen María, pura y casta, y como el Dios que ataca sin medida ni clemencia a Satanás, el enemigo, el culpable de todos nuestros males. En su discurso aparece también un infierno (al que los populistas van a enviar a los malvados) y un paraíso (al que sólo llegaremos de su mano). Sobran los comentarios.» [Antonio Narbona Jiménez, El diccionario y sus usuarios, Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, 2015]

Apostilla eLTeNDeDeRo:

1º. Todo partido, en tanto pretende atraerse a las clases populares, es populista (demagógico, vale decir), por tanto, no tendría sentido usar populismo como etiqueta para degradar un partido a otro. 2º. Según el uso y quien la usa, la palabra populismo es comodín o palabra‑baúl desde los partidos de centro contra los extremos (abusivamente calificados de extremistas) que pudieran disputarle su espacio electoral. De esta manera, extrema izquierda y extrema derecha se igualan y en populistas caben partidos neonazis (xenófobos o eurófobos) con partidos de nueva planta como Podemos. 3º. Decaído el comunismo (la gente joven ni sabe si existe un partido comunista), populistas ocupa el lugar de comunista (palabra‑estigma junto a terrorista, que continúa). 4º. A todo, ayuda que en inglés populismo se dice igual (populism) y tanto Obama Hillary Trump como Merkel como Rajoy y Susana Díaz están encantados con la palabra populismo.

Así que muévanse: ¡sean populistas!

–enlace a Populismos.

crítica de la crítica de los derechos humanos.

El Estado del Bienestar nos ha dejado encantadoras igualaciones. La base fue la Declaración universal de derechos humanos de la Onu en 1948,[1] que respondió al modelo de los países aliados que querían con la Declaración prevaler sobre los totalitarismos fascista y nazi, ya derrotados, y sobre el estalinismo, no derrotado y con enorme auge en Europa al final de la SGM a través de los partidos de la Segunda Internacional, que inmediatamente fueron descalificados como dictatoriales a partir de una interesada interpretación de la futurible dictadura del proletariado, hecha por Karl Marx un siglo antes, donde la dictadura, al ser ejercida por la mayoría (la clase obrera), dejaba de serlo y pasaba a ser más democracia que la democracia. La Declaración fue instrumento propagandístico para un estado de opinión favorable a la libertad de los países libres (frente a los comunistas) como grado superior de organización social, democracia política que impedía en la práctica la democracia económica y laboral, sin las cuales, ¿qué democracia era esa? Papel votado: un voto cada cuatro años y ahora pidan ustedes derechos humanos, que, por pedir, que no quede. Por eso, la primera crítica que tienen los derechos humanos es su palabrería, su frivolidad, su insoportable levedad del no pasar, de las buenas intenciones, a leyes vinculantes y perseguibles por tribunales internacionales en el seno de unas Naciones Unidas que no tenían otra cosa que hacer, más que pasar del dicho al hecho, y no lo hicieron. En respuesta, un anciano que había participado en la primera redacción de la Declaración quiso antes de morir dejar testamento testimonio de su indignación y ese fue Stéphane Hessel (1917-2013), quien animó a la juventud a indignarse. Su ¡Indignaos! (2010) tuvo la altura intelectual de un mosquito. Su enorme éxito entre gente bien preparada y de universidad, que ya calzaba los treinta años (Pablo Iglesias, 32; Monedero, 47), fue el infantilismo más lamentable que ha padecido la reciente izquierda y, a siete años vista, ya sabemos en qué acabó tanta indignación: en tierra, en polvo, en sombra, en humo, en nada.

La segunda crítica de la Declaración no es histórica sino lógica y conceptual. La fórmula nos la dio el viejo Marx en su Crítica del programa de Gotha (1875): Todo derecho es derecho de la desigualdad. El derecho sólo puede consistir, por su naturaleza, en la aplicación de una medida igual; pero individuos desiguales sólo pueden medirse por la misma medida siempre y cuando se les mire solamente en un aspecto determinado y no se vea en ellos ninguna otra cosa, es decir, se prescinda de todo lo demás (“a igual trabajo, igual salario”, unos obreros están casados y otros no; unos tienen más hijos que otros, etc; a igual salario, unos obtienen más que otros). El derecho no tendría que ser igual, sino desigual.

Jóvenes: pedir derechos es fácil. ¿Quién en su sano juicio se va a oponer? Lo difícil es pedir deberes a uno mismo y a quienes por sus niveles de vida y renta llevan siglos explotando a los demás. Pedir es fácil. Lo jodido es quitar a quienes les sobra. De ahí, el buenismo. Mejor, ¡nos vemos en la revolución!

de la serie Ni tontos ni marxistas, 16 de enero 2016

[1] De 30 artículos que son, la palabra todos aparece 44 veces. Como adjetivo: todos los miembros de la familia humana, todos los pueblos y naciones, todo[s los] ser[es] humano[s], toda persona, todo individuo, todos los niños, en todas partes. Como pronombre: todos son iguales, para todos.

¡cuidado con el pp.es!

Con fecha 1 de enero, eLTeNDeDeRo recibió el siguiente comentario firmado por atencion2@pp.es :

«Eres un imbécil que se cree más listo de lo que es .Tienes la misma catadura moral que la de Los psicópatas que bombardean Alepo .Sois pura basura criminal»

(ortografía y puntuación, la suya, pueden verlo en comentario)

Leído lo cual eLTeNDeDeRo puso un correo a atencion@pp.es y atencion1@pp.es:

En relación al comentario hecho por atencion2@pp.es en eLTeNDeDeRo con fecha 1 de enero («Eres un imbécil que se cree más listo de lo que es .Tienes la misma catadura moral que la de Los psicópatas que bombardean Alepo .Sois pura basura criminal», ortografía y puntuación, la suya), eLTeNDeDeRo

espera

su versión, no sus insultos, sobre la que ha sido una de las noticias 2016: Siria (en eLTeNDeDeRo: No llores por mí, siria mía).

Somos un medio modesto pero con amistades poderosas que gustarían saber a qué dedica el PP su departamento de atención ¿al cliente?, ¿al votante? (y con qué lenguaje).

La página pp.es, del Partido Popular, pueden verla aquí.

O sea, ustedes mismos.

eLTeNDeDeRo, 04/01/2017

patrañas.

Defecto propio es creernos lo que nos interesa creer (que hay otra vida o que soy buen padre y mejor poeta) y, defecto ajeno, creer aquello que interesa a alguien que nos creamos. El diccionario llama patraña (de pastraña, de pastores, de pacer) a una invención urdida con propósito de engañar; fue también relato breve de carácter novelesco, como El Patrañuelo de Joan Timoneda (Valencia, 1567). Patraña rima con España, la de las mentiras y embelecos, y con campañas, las electorales y las mediáticas que llevan al pueblo a pensar como grupos de presión quieren que piensen. Para lo que importa, tan patraña es decir de los mundos posibles[1] como en el peor, porque los dos paralizan que ‑ni mejor ni peor‑ otro mundo es posible y ya tendríamos que estar intentándolo. Recuérdelo quien se acerque o vote al posibilismo de ciertos partidos (que, mientras los voten, siguen viviendo del cuento) y quien se crea las maldades perpetradas por Rusia en Siria o en las elecciones presidenciales USA. Hagan como el detective Hércules Poirot. Averigüen a quién beneficia el crimen, quién es el asesino.


[1] Como plantea el cuento filosófico Cándido de Voltaire (1759), recreado ahora por J.J. Díaz Trillo en Cándido en la Asamblea (novela, 2016).

PPsoe, por Rafa Iglesias.

engendro

Rajoy y Díaz, hijos de un dios menor (no hay peor sordo que el que no quiere oír) danzando en la oscuridad (de sus respectivas corruptelas). Sigoteando en el caldo primario de una nueva casta de parásitos de la democracia, alimentándose del nutritivo bienestar vampirizado a la ingenua ciudadanía que los vota, esa misma que lo hace creyendo que su elección es diferenciadora cuando ambas opciones sólo sirven al mismo fin. A igual ente. Dicotomías de la misma semilla negra. No son ni de izquierdas ni de derechas, claman en su discurso demagógico y propagandístico de mesmerismo, maquillaje y confusión. Pertenecen a otros intereses, más crípticos e indefinibles para nosotros, lerdos votantes. Y lo peor es que tienen razón. Y es que el sueño de la razón, de esa razón (la suya exclusivamente, por supuesto) produce monstruos. Acuérdate cuando tengas la opción de votarles, otra vez más.

Fotomontaje: Engendro, por Rafa Iglesias.

hora de la democracia.

electores y elegidos | cándidos y candidatos. Según Público.es, el 62 por ciento de las mujeres en Austria ha votado izquierda y el 38, derecha. Entre los hombres, ha sido al revés, 56 a 44. Visto lo cual, un análisis feminista ha llegado a ver en las mujeres austriacas una vacuna contra el fascismo. La cuestión es: conceptos como izquierda, derecha, feminismo o fascismo son conceptos para creyentes. El feminismo crítico murió el día que abrazó la alianza de civilizaciones, con el tapado islámico que trajo consigo, lo que vino muy bien al cristianismo oficial que ostenta crucifijos, Inmaculadas y belenes vivientes. En Europa la gente no vota opciones políticas (en el sentido civil que tuvo el voto en los siglos 19 y 20) sino opciones laborales. Y ahí, amigas mías, tanto monta el NO a la inmigración que sostiene la derecha (a la que llamaremos fascismo, xenofobia o eurofobia) como el SÍ a la inmigración que sostiene la izquierda (a la que llamaremos solidaridad con los refugiados). Abandonada la vieja lucha de clases, y sin que nada ni nadie cuestione con rigor capital y trabajo, la política queda en un asunto doméstico más o menos como sigue: voto por repartir lo que hay entre los que somos o voto por que la inmigración nos deje los mejores trabajos y mejor retribuidos. Economías como Inglaterra y Alemania necesitan mano de obra inmigrada (el Brexit prueba que el factor Unión Europea no es determinante) y países como España, con su alto índice de paro, mejor harían con dar trabajo a su propia población. Alemania juega con fuego (el Islam es jodido y nunca se integra), Inglaterra juega con el mismo fuego aunque poniendo reválidas y aquí en España, desde el PP a Podemos, ningún partido tiene la valentía de reconocer que inmigración y acogida vienen en muy mal momento mientras ‑a nivel personal‑ quienes dan la tabarra con que hay que acoger y acoger no acogen en su casa a nadie: un sirio, un marroquí, un subsahariano. Háganse caso, señoras y señores y señorías: aprovechen que viene la Navidad y sienten un inmigrante a su mesa y acojan a su cargo y bajo su techo una de esas criaturitas que nos refriegan en sus telediarios solidarios. Y a la verdad (con su mala conciencia) déjenla en paz: Occidente no tiene solución.

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