Etiqueta: poesía

ventajas de escribir poesía.

Al desplumar yo ayer (en Poesía y poetas) el pájaro de la poesía, no he querido desalentar a jóvenes que hoy aspiren a escribir, sino al revés: animar a que acierten. En la mesa redonda Cosas de poetas, donde tuve el honor de participar, hubo cierto revuelo cuando a la pregunta del moderador de por qué y para qué habíamos empezado a escribir poesía, yo dije dos razones, por lo visto, nada poéticas. Una razón, pedante y de altanería, fue que yo quería escribir “lo que nadie había escrito” (eso, suponiendo que mi conocimiento de la poesía universal me hubiera sido suficiente). La otra razón, práctica y de caza menor, fue mi ánimo o “afán de lucro”, donde lucro significa ganar un premio literario y su recompensa en dinero, una ceremonia de entrega con su viaje y estancia para dos personas a gastos pagados, salir en prensa y verme después en escaparates de librerías, vanidades así. ¿No es eso lucro? Gracias, Carmen Calderón y Juan Andivia.


 

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poesía y poetas.

Daniel Lebrato en la foto de la Generación del 27 (1)
El impostor, en la foto de la Generación del 27.

En Cosas de poetas, mesa redonda en el instituto Martínez Montañés, este que está aquí manifestó: «El primer poeta fue un profeta; el segundo, un privilegiado (noble o alto clero); el tercero, un genio (incomprendido); y el cuarto, un impostor.» (Naturalmente, poeta incluye poetos, poetas, o poetisas, y petisúes de vario género.) La mesa tuvo la benevolencia de tomar impostor por fingidor (de “el poeta es un fingidor”, de Fernando Pessoa) y no llegó al río la sangre que nos hubiera bajado a los cinco que estábamos en lo alto de la mesa.

El poeta genio se dio a la caída de la religión como única fuente de interpretación del mundo. Cuando Dios deja de ser causa eficiente de la palabra y de la literatura (algo a lo que contribuyó la novela más que la poesía) el poeta se postula como nuevo sacerdote y su torre de marfil será el púlpito desde donde nos hable a los demás mortales que puede que no sepamos ni lo que el poeta quiso decir, pero ¡es tan bello! Por eso, el simbolismo, la musique avant toute chose, el arte por el arte y, por eso, la perplejidad del público que asume su condición de inferior que no llega al poeta o que no entiende el texto.

Si al genio se llegó por efecto del racionalismo del siglo de las luces y las revoluciones burguesas, el salto del genio al impostor se dio por influencia de los tres ismos feroces al final del siglo 19: evolucionismo, marxismo y psicoanálisis, todo ello al final del 20 unido a la crisis de la galaxia Gutenberg, de pronto sustituible (aunque no sustituida) por la galaxia Internet. Lo digital es gratis.

Tres hitos. El primero fue la posmodernidad: después del pos, al otro lado de la vanguardia y de Duchamp, «arte es lo que circula como [mercancía] arte». La perplejidad del público del 19 se cambia en pragmática razonada: para saber si un cuadro es arte o decoración, para saber si un poema es poesía, para saber si lo tiene que aplaudir o repudiar, si es performance o chorrada, aténgase usted a lo que dice el catálogo, el formato o el contexto y situación. Galeristas, discográficas, editoriales, profesores, crítica y premios siguen manejando una cultura que usted, para ser culto, debe obedecer (pasar por caja) y compartir. El segundo hito es de Bécquer. Donde Bécquer escribió Podrá no haber poetas pero siempre habrá poesía, podríamos decir: Podrá no haber poesía, pero siempre habrá poetas (pelmas que vivan del cuento). El tercer hito lo ponen grandes poetas como el de Temo al infierno porque es la temporada del confort o el de Abril es el mes más cruel. Bibliografía y tesis doctorales para saber qué quisieron decir.

Jóvenes que empezáis. Distinguid en la poesía que escribáis valor de uso y valor de cambio. El valor de uso de un poema, que para vosotros es, nadie os lo puede discutir. Pero el valor de cambio (que los demás paguen en euros por vuestro poema), eso os puede amargar la vida. Pasad de las nubes (de la inspiración), a la nube (de Internet). Que tengáis palabra, amistad y suerte.

poesía y canción (en las nubes o en la nube).

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Poesía y canción eran lo mismo (las coplas de Manrique fueron coplas) hasta que el verso libre o poema en prosa abrió un cisma entre una y otra, juglares y trovadores y pueblo llano, que los tres cantaban. El poeta (culto) del siglo 20 pudo tener un pésimo oído y ningún sentido del ritmo ni del compás. Su poema lo imaginaba en libro, impreso en páginas de imprenta: la poesía había dejado de cantar. Y el poeta, como un genio instalado en su torre de marfil, vivía en las nubes. Que todo como un aura se venga para mí, pidió Manuel Machado.

Llegaron los cantautores (de repertorio mixto) que rastrearon en la poesía clásica y contemporánea. Y los versos de Manrique, y hasta del Arcipreste de Hita, se volvieron a cantar (mayormente a la guitarra). La cumbre de ese reencuentro entre la poesía culta y la canción (pura fusión) yo la sitúo en la ópera Omega, de Morente y Lagartija Nick, el año 1996. El verso libre de Poeta en Nueva York, de García Lorca, por fin, a compás.

Sobre ese panorama nacional, y europeo, el rap que venía de América siempre fue entonación, aquí diríamos canción protesta. Su inconveniente: un tono entre la predicación y el mitin político que puede parecer pedante egolatría de barrio y redención personal, que también es algo religiosa.

Ahora que los libros de imprenta desaparecen o tienen que imaginarse en la nube, en digital, el universo pop (popular) de la canción todavía nos ayuda a enamorar, a socializar o a sobrevivir. Y el universo culto de la poesía nos hace seguir perteneciendo a (o llamar a las puertas de) un elenco formal, académico y restringido: eso que llaman (y habrá quien crea en ella) la cultura.

José M. Marrodán: quisiera ser un árbol.

Sunrise North Shore Port Lincoln South Australia Foto Commons Wikimedia
Foto Commons.Wikimedia

SIENTE TUS PIES HUNDIRSE

Siente tus pies hundirse
bajo la tierra
en silencioso crepitar de siglos.

Tu cuerpo se estremece
‑coraza al viento,
papel de enamorados‑
y corre por tus venas
la redondez de la sabiduría.

Ya tus brazos se elevan
y se alargan tus dedos
formando un cielo enorme
de hojas sobre el páramo.

En sombra cadenciosa y placentera,
el caminante anota:
Para otra vida,
quisiera ser un árbol.

 


José M. Marrodán para el Día mundial del árbol y la poesía
Bormujos, Delegación de Medio Ambiente, 2004


 

[eLTeNDeDeRo]

breve historia de un cuadro.

óleo de Rafael Moya

Quedamos un miércoles de noviembre. Con el cambio de horario al de invierno, yo había vuelto a Sevilla tras medio año en Sanlúcar de Barrameda. Mediodía en los veladores al sol del bar La Espumosa, Marqués del Nervión, 116. Nos echamos un par de cruzcampos heladas y unas manzanillas. Rafael me había dado, en su bolsa, su regalo sorpresa: un óleo 20 x 20 cm, algo más con su marco plateado. Allí estaba la curvatura del círculo, cuadratura también: una cara‑culo o un culo‑cara donde la nariz era el ojete en la instantánea de un peíto (palabra de Rafael); una lengua pintada y femenina por boca, lentes quevedos, mostacho y perilla en circunferencia con ojos de mujer: todo intencionadamente ambiguo. También yo estoy en el cuadro: me pasa por mi cráneo pelado y por mis gafitas redondas: Lebrato y Quevedo, macho y hembra, escatología y placer, todo allí. De La Espumosa, nos fuimos a comer a Trashumante en Juan de Mata Carriazo, 4, San Bernardo. Ravioli, canelón de puerro, presa ibérica, revuelto de morcilla, ensaladilla de pulpo, tinto Entrechuelos de la Tierra de Cádiz, 2 cañas y un agua grande más chupito de la casa: 49,60 en total. La sobremesa la hicimos en el Bar Nuria, todo un clásico. Le tocaba pagar a Rafael: ¿Qué quieres tomar? –Tónica, empecé a decir con intención de “con mucho hielo y limón”, pero Rafael se anticipó: –Con ginebra. Me dejé llevar (no frecuento el género) y nos pusimos ciegos de gintónics a base de Bombay Sapphire, Nordic, bayas de enebro, lima, cardamomo: un experto mi primo en una especialidad que yo no le conocía, y nos pusimos tanto que, a la hora de irnos, ya pagamos a medias. Pasaban las ocho de la tarde noche; como sobremesa, ya estaba bien. Nos sonaban los teléfonos, de nuestras respectivas, y había que coger las bicis sin que se notara nuestro estado ‘positivo’. Rafael vive al lado del Nuria pero yo tenía que volver hasta San Lorenzo de modo que él, preocupado y maternal, me hizo darle un toque en cuanto llegara a casa. La foto whatsapp, yo en mi portal, fue a las 20:30 de aquel miércoles 8 de noviembre, hace justo una semana. Hoy día 15 el ojo de Rafael descansa en paz en su sitio natural, la librería Padilla de Sevilla, Trajano, 18, donde en 1996 vio luz de imprenta la primera edición de las Gracias y desgracias del ojo del culo de don Francisco de Quevedo, edición que Padilla tuvo la feliz idea de encomendar a Daniel Lebrato, maestro oculista. Lo que sigue en fotos es la secuencia de los diferentes sitios que ha ido buscando el cuadrito hasta acabar en Padilla empezando por la taza del váter, y ahí en diálogo con el bidé, que uno es muy limpio; luego en el salón, primero en coloquio con Monstruo, de Buly, mi mascota, después con Toro Grafito, de Aitor Lara, y por último en el escaparate de Padilla donde, entre libros, se le ve al cuadro tan a gusto. # Me falta añadir que Rafael es doctor y que el Ojo del culo debe su éxito, en gran parte, a colegios y simposios médicos, particularmente de medicina interna, que entre sí el libro se lo regalan o usan como objeto de protocolo. También, que a la mitad de este viaje que dura ya veinte años, la moraleja del culo se cebó con el mío, que me vi operado de cáncer de colon y desde entonces cuido mi tercer ojo con especial cariño. Pueden leerlo en De colon a columna junto al corto Hablando en fermo (como si fuera en serio, de 1:13 minutos). Gracias, y no desgracias, a Padilla Libros y a Rafael Moya Santana.

Daniel Lebrato, 15/11/2017.


enlaces:  fotos del cuadro de RM,
De colon a columnallámenle poesía,
Hablando en fermo, se supone película.


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Rafael Moya Oja del culo 12

Adrián González da Costa, por Daniel Lebrato.

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Prueba de autor, horas antes de la presentación de Blanco en lo blanco, premio Gerardo Diego de poesía, libro de 31 sonetos, 31, de Adrián González da Costa.

Adrián González da Costa 31 por 31 (de octubre), mi casa en Sevilla estaba esa mañana en obras; en parte, por la que lía uno con su venida desde Sanlúcar, donde he pasado el largo horario de verano. Yo sabía que, mi presentación, mejor ensayarla antes, temporizarla, para no pasarme de los 10 minutos. En busca de concentración y silencio, con mis papeles y con mi teléfono cámara y con mi atril (soporte para móvil: 2,75 euros) atril soporte móvilme senté al fondo de la bodega San Lorenzo (vacía por dentro a esa hora ‑eran las dos de la tarde‑ y llena por fuera en los veladores) y el silencio no lo encontré, aunque se me oye bastante bien: tampoco podía yo gritar y dar el espectáculo. En todo caso, puede servir a quien no pudo asistir esa tarde a la biblioteca pública. Va por ellos. Advierto que hay una errata, un lapsus línguae, que me dio tiempo a corregir.  Léanse de muestra este soneto de AGDC:

DESDE EL FONDO DEL FOLIO
|
Desde el fondo del folio blanco, oscuras
emergen las palabras, unas veces
vacías, como cáscaras de nueces,
otras plenas, preñadas de criaturas.
Tú las miras subir de las honduras,
surgir y dispersarse igual que peces.
Y buscando palabras envejeces,
pescando y liberando tus capturas.
En la ciudad de hostiles edificios
donde no hay sol ni luna en las aceras
y hasta al viento le exigen beneficios
escribes en tu cuarto pobre, a solas.
Y en el blanco del folio sin fronteras
escuchas el murmullo de las olas.
|
Adrián González da Costa


–dentro vídeo de Daniel Lebrato (13:27 minutos)


 

¡Escándalo internacional! Daniel Lebrato se hace pasar por José Antonio Moreno Jurado.

Daniel Lebrato firmando ejemplares ajenos en la feria del libro foto Pepe Morán 19 05 2017
Daniel Lebrato firmando ejemplares de José Antonio Moreno Jurado. Foto: Pepe Morán


Daniel Lebrato como Moreno Jurado en Facebook
Ilustración gráfica en la revista Poiein.gr. Se ve a Daniel Lebrato como Moreno Jurado

La noticia según el usurpador o intruso:

Un agente literario en Grecia confunde y toma la imagen de Daniel Lebrato por la de José Antonio Moreno Jurado. Lo cual me sitúa al borde del Iliso, como pocos. Tecleando en Google el nombre del poeta y el mío salimos 433 mil veces en 0:63 segundos; con Fedro, 20.700 en parecido y vertiginoso tiempo. Debo a José Antonio tantísima emoción en la poesía y en la vida, que me parece erratamente, morenamente conjurada, esta equivocación que me hace a mí más gracia y más favor que a él.

JAMJ (3)
José Antonio Moreno Jurado

La foto del error está sacada de la entrada Intrusismo en la Feria del libro de Sevilla, publicada en eLTeNDeDeRo el 20/05/2017. Un día antes, jueves 19 de mayo por la tarde y en la caseta Padilla Libros, se ve a Daniel Lebrato (a su vera, Rafa Iglesias y Padilla hijo) firmando ejemplares de Poemas secretos, último libro de su amigo Moreno Jurado, como si fuesen suyos.

 

–¡Qué poca vergüenza y qué más quisiera éste que escribir como los ángeles!, le estampó el bolso en la cabeza una admiradora y buena conocedora del auténtico José Antonio Moreno Jurado. Ya dijo Marguerite Yourcenar que A la larga, la máscara se convierte en rostro, y Pedro Navajas: Si naciste pa martillo, del cielo te caen calvos. –Calvos no: ¡clavos!, corrige el idiota al idiota dispositivo receptor de voz antes de darse a la fuga perseguido por plagio por la sección literaria de Interpol. Queden ustedes con Fedro como el Albatros, firmado, en principio, por Daniel Lebrato, pero, visto lo visto, vaya usted a ver. Por último, albatro es casi anagrama de lebrato.



FEDRO COMO EL ALBATROS

Ses ailes de géant l’empêchent de marcher
Charles Baudelaire

/ a JAMJ /

Bajaban de la acrópolis turistas
de dos en dos, en grupo, gente sola.
Traían con el sol en los talones
sus cámaras cargadas de cultura
y democracia. Esto que ven será
‑dijo la guía‑ espejo del futuro:
aquí estudió Protágoras con Sócrates,
aquí fue el Siglo Quinto; aquí, el Banquete
–hoy, musgo y lagartija y una sombra
que desenfoca fotos y elegías:
la explotación del hombre por el hombre.
Y Fedro, el descreído,
duda, como el albatros, de sus alas:
si es él ‑no un dios‑ el que hasta el mundo baja.