las nubes y la Nube.

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[Vivir en] LAS NUBES O LA NUBE
–apostillas a Luz de agosto

Sabido es que, de las voces de la novela, la última en aparecer fue la primera persona, el yo narrador de quien no tenía donde narrarse muerto. Hablamos de cuando el único con derecho a narrador era el héroe, el militar o el santo. No siendo yo ni el Cid ni San Millán de la Cogolla, no he tenido más remedio que contar en primera persona mis aventuras y desventuras, lo que me ha servido ‑como a todos‑ para espantar fantasmas, ajustar cuentas, satisfacer mi vanidad y, de paso, anticiparme al alzhéimer y al horror vacui que traerá el vacío. Tanto fue mi currículo a la fuente, que al final se hizo novela en tinta de calamar, ese libro ikea que hay que montar como dice mi querido Andrés Tudela. Tinta de calamar (En Huida, 2014) fue un perfecto fracaso comercial pero como TeNDeDeRo en la nube, en la web (telaraña) o en la red (de tirarse con o sin), no me puedo quejar. No padezco la soledad del escritor de fondo, más bien me precio de la mucha y buena gente que conmigo va. Pasa que las populares redes sociales (dicho en putre[1], el túiter o el feisbu) no gozan del prestigio de Planeta o Alfaguara, en papel o en Kindle o Amazon. Digo esto porque un amigo me ha cuestionado la divulgación por Facebook de datos personales que podría uno callarse o que afectan a la intimidad de segundas y terceras personas. Ese riesgo es cierto y ya lo corrí con Una historia de familia, página que sigue recibiendo visitas dos años después. Por la boca morimos. Pero no por culpa del medio sino por lo que contamos, sea en Twitter o en Seix‑Barral. Luz de agosto, publicado ayer, debe leerse como un relato autobiográfico que suma una experiencia vital, la de ser padre, con una experiencia literaria y ésta, en sus dos caras, la visible y la oculta, yo a solas ante mis viejas Kappel y Olivetti, mis máquinas de escribir entonces. Pasados 28 años, la edad de mi hijo Juan, mi vida puede parecer irreconocible y aquel escritor que vivía en las nubes (de la lechera de me presento al premio, lo gano, me lo publican, salgo en Babelia) se ha pasado a la Nube. Créanme que prefiero mi WordPress a firmar ejemplares en El Corte Inglés. Y prefiero Sevilla Web Radio y TeVeo, con mi Álvaro y con mi Rafa, a andar detrás de qué editorial me va a publicar mis ocurrencias. Dicho lo cual, mi hijo Juan, su madre Teresa, Luz de agosto, lo que yo publicara o escribiera entre el 86 y el 88 puede no importarle a nadie, pero eso es lo de menos. Lo de más, ya que para eso se escribe y se publica, es que a ustedes les distraiga, les mejore, les inquiete o simplemente les interese un poco. O sea, lo que le piden al libro libro que se están zampando este verano. Ojalá la nube llueva café.

[1] putrescible. Que se pudre fácilmente (DAE)

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2 comentarios en “las nubes y la Nube.

  1. ¡Felicidades Daniel por estos dos artículos consecutivos! Bien argumentados, con pruebas evidentes y con la palabra fluyéndote, lejos de los excesos barroquistas. En especial, el primero es de los mejores artículos que has escrito. Que tengáis un buen domingo.

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