didactismo de la masturbación.

Antes de ser machista o sexista (adjetivos) la violencia sexual está en el sexo (sustantivo), sexo del varón que a toda costa busca donde meter su polla tiesa. Y vienen las violaciones. Lo que se evitaría con la masturbación del macho (que no tendrían ni que “ir de putas”). ¿Qué pasa? Hay varones que deben sentir un repelús o repugnancia indefinida a tocar su propio cuerpo. En la base de esa repugnancia se encuentran las religiones (de sexualidad igual a: fecundidad, no voluptuosidad). Son tan curiosas las mistificaciones de la religión que, bajo la ley judaica, una mujer puede masturbarse sin pecar mientras que un hombre no: quien redactó la ley, varón sin duda, prohibió “derramar el semen en vano”, por donde se coló la masturbación femenina, tenida en general como la más aberrante. ¡Una mujer en éxtasis y sin necesidad del macho! Total, que Estado y sociedad, a través de planes de educación y de salud, debieran enseñar a los niños varones y hembras a tocarse el cuerpo sin remordimientos y sin complejos y a enfriarse con una simple manipulación que es gustosa y no deja huella en la conciencia. O sea, a no hacer caso a lo que diga el Libro, un clérigo.

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