apuntes de tutoría.

1ºZ
guía para estudiantes en edad de elegir.

«La trampa está en la vocación.» Así empezaba la tercera entrega de mi trilogía Memorias de un profesor.[1] Estábamos en alarma por el coronavirus. Yo había dejado Zafarrancho Vilima, último grupo de enseñanza de adultos que me había sido asignado. A esas alturas, era improbable que el profesor Lebrato subiera otra vez a la tarima y era más improbable aún que mi entorno inmediato renunciara a su zona de confort. Mi mundo era como una bella durmiente, que para qué despertarla. Malos tiempos para la criticá. Lo más que yo podía hacer era orillar mis diferencias y aconsejar, como en apuntes, las tres o cuatro ideas que yo había sacado en claro de mi experiencia docente y tutorial, y dárselas, en porciones facilitas, a una generación de ya madres y padres en torno a los cuarenta años de edad, que no quería que le crearan problemas.

–La trampa está en la vocación -les dije-. En hacer creer al estudiante, él o ella, que podrá elegir según su vocación según lo que sabe hacer o lo que más le gusta hacer; no según la demanda real de puestos de trabajo dentro de un mercado de trabajo en una sociedad dada y en un momento dado. La realidad y el deseo. Conciliar el puedo y el quiero [de la voluntad] de mi vocación[2] con el debo y el tengo que [de la razón] de la obligación[3]. No discernir estos dos campos, mezclando además ocio y negocio (batiburrillo promovido por el propio profesorado), ha distorsionado la acción tutorial desde que yo la conozco. Y hay que hablar claro: la economía no engaña a nadie y, en cambio, las criaturas, una a una, tienden a engañarse y la familia a darles gusto. ¿Se puede? Sin el Estado, es difícil.

Igual que universidades y escuelas anuncian sus carreras o especialidades, el Estado tendría que hacer pública la lista de trabajos reconocidos (si hace falta, por la Constitución)[4].

La ley del mercado es que el trabajo, como mercancía, vale lo socialmente invertido en él[5] y que las cosas valen lo que se paga por ellas. Un profesor. Un fontanero. Un Picasso en una subasta disparatada. Un crack del fútbol.

Mi lema sería «Prepárate para el mejor puesto de trabajo a tu alcance y, luego, si puedes, vive de tu vocación.»

Y a la sociedad pediría que se valore el trabajo por el trabajo-esfuerzo realizado (lo que nadie quiere hacer), más que por el nivel de estudios de quien lo realiza. Que trabajos y ocios vayan a un reparto (siquiera mental) rotatorio, igualitario y compartido.

Y que la vida reparta suerte.


[1] El profesor, El alumno y La tutoría

[2] Inclinación a un estado, profesión o carrera.

[3] Había mucha gente joven nini: juventud ya madurita que ni quería estudiar ni quería trabajar.

[4] Absurdos como ama de casa o trabajadora sexual desaparecerían del escenario. También artista o poeta serían salidas profesionales puestas en duda. Estas preferencias –en casa se sabe– amenazan todo realismo y todo ejercicio de cordura.

[5] La sociedad no tarda igual en producir un ingeniero que un albañil.


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