La Barraca en el Instituto de Valverde del Camino.

02 vicedirector 3

Viene de La Barraca en Valverde del Camino (1).

Desde el aula de cultura habíamos puesto en marcha dos iniciativas facilísimas. Una se llamaba aula abierta y consistía en que todas las clases, de la asignatura y grado que fuesen, estarían abiertas a la comunidad escolar: madres, padres, familiares, personal docente o auxiliar. La otra experiencia se llamaba aula de intercambio y consistía en la figura del profesor de apoyo o invitado: el de historia, por ejemplo, reforzando al de literatura en las bases económicas, sociales y políticas del Siglo de Oro, o la delineante de efepé podía venir en refuerzo del arte arquitectónico o de ingeniería en el siglo 20. Las dos aulas se alimentaban de la buena voluntad de profesorado, alumnado y ampa, y las dos querían acabar con el secreto profesional lectivo solo comunicable a través de los exámenes (que esos sí eran documentos públicos) o a través del servicio de Inspección (que podía presentarse a cualquier hora y en cualquier aula). En la práctica, intercambios se hicieron muy pocos pero la política de aulas abiertas tuvo la virtud de invitar a padres y, sobre todo, a madres a que se sentaran en una banca libre y desde allí vieran a su hijo o a su hija y al profesor o profesora y qué doctrina ‑si les parecía buena o mala‑ se impartía: era un derecho que solo reconocerlo ya bastó para quitarnos reclamaciones, tutorías, malos rollos en boca o lengua de nadie contra profesores y métodos heterodoxos. Trajo paz a la guerra que daba Teatro La Paz, mal visto siempre por el cura profesor de religión a quien no gustaban los desnudos de las ninfas ni el adocenamiento de los Hermes (en La Paz no actuaba nadie sin autonomía de mayoría de edad) que, con permiso de Aristófanes y Francisco Nieva, subían a escena y paseábamos por la provincia, con ayuda de Ayuntamiento, Delegación y Diputación, donde nos cuidaba Salvador Mora Villadeamigo. Teatro y aula de cultura iban por libre y no dependían del organigrama ni del presupuesto del centro, quiero decir: yo no necesitaba para nada la vicedirección aunque los puntos, que daba el cargo, a mi currículo irían y a la carrera docente que yo pudiera hacer (el profesor Lebrato tenía 30 años y mucho trienio y mucho funcionariado por delante). También quien me conoce sabe que hasta Alameda se lee (club de lectura del Instituto San Isidoro) me he apuntado toda mi vida a experimentos peridocentes que hicieran algo contra la rutina y el aburrimiento. Con esa mentalidad o con esa inquietud, también con mi ética contraria a todo culto a la personalidad, llegué a vicedirector. Fue así:

El curso 84 85 la vicedirectora, Mercedes Laplaza, dejaría el instituto de Valverde del Camino por concurso de traslado a su lejana patria, Zaragoza. Entre el profesorado con posibilidades o méritos para sustituirla, Daniel Lebrato no era el mejor pero sí el más notorio y con despacho propio a nombre del aula de cultura y con grupo de teatro. Nuestra extraescolaridad preocupaba, y mucho, al ala derecha del Claustro, empeñada (como siguió empeñada durante años hasta imponer a la Consejería de Educación su criterio de excelencia docente) en que las extraescolares perjudicaban el normal orden de las escolares, no había condiciones de estudio, se quejaba el ala más profesional o más seria o más científica (o más facha) del Claustro. Con semejantes argumentos de seriedad, la oposición montó una junta directiva paralela que aprovecharía para desbancar a Maribel la directora y a todo su equipo directivo. Maribel realizó entonces una jugada esperada inesperada: proponerme a mí para vicedirector, aquel trueno vestido de nazareno. Yo acepté encantado y asumí la campaña de imagen que nos diera el éxito en las votaciones en Claustro y Consejo Escolar. Son las fotos que publico ahora y que casi nadie ha visto. Una directora cantarina y bien intencionada con pinta de inocente cristiana de base a quien el vicedirector manipularía a su antojo. Un vicedirector más dado a los botellines de Cruzcampo que a otra cosa. Un jefe de estudios haciendo los horarios al azar de la baraja de cartas y del sorteo de la lotería. Y un secretario a la antigua con los dineros, ni en banco ni en cheques, en la cajita fuerte de a ver quién me la quita. ¿Quería la oposición condiciones de estudio? Pues toma condiciones de estudio. La loca candidatura de Maribel y sus muchachos barrió, barrimos, y las condiciones de estudio, como se veía venir, no hicieron más que empeorar.

–enlace a la campaña en fotos

/ a la memoria de Maribel, Mercedes Laplaza, Guillermo Palomo, Juan Rico, Ignacio Alcaría; a Maruja, a Concha Torres; a Fernando Murillo, a Juan Martínez, a Juan Romero; a Luis Fernando, a Niña Tere; a Teatro La Paz y al instituto y pueblo de Valverde del Camino que fueron perlas de El collar de la paloma /

–enlace a La Barraca en Valverde del Camino parte 1

–enlace a Teatro La Paz todas las fotos

–últimas fotos de Alameda se lee

–enlace a la campaña en fotos

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