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vigencia de la filosofía.

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Ayer jueves 21 fue el Día Mundial de la Filosofía. Muchos arriman el ascua de su filosofía (no de la “historia del pensamiento”) a esta conclusión: sin filosofía en los planes de estudio ¿quién enseñará a razonar?, cuando la verdad la dijo Marx en 1845 dentro de sus Tesis sobre Feuerbach, la número 11: «La filosofía no ha hecho más que interpretar el mundo; se trata ahora de transformarlo».

Más acá de Marx, y de su crítica contra el idealismo alemán, la filosofía (no la “historia del pensamiento”) no ha hecho más que justificar la explotación del hombre por el hombre y la división social del trabajo entre explotadores y explotados. Gracias a esa división entre el trabajo manual y el (vamos a llamarlo) trabajo intelectual, han llegado a nosotros los Sócrates, Platón y Aristóteles que asentaron sus privilegios de clase acomodada y silenciado la falta de acomodo de los demás. Que un Sócrates dijera lo del conócete a ti mismo o que un Diógenes le cortara el rollo a Alejandro, porque le quitaba el sol, no anula lo esencial: la filosofía (con excepciones) ha sido la voz de su amo, puntal y cimiento del poder.

Vamos a los filósofos, hombres y mujeres, de nuestro siglo (Wikipedia, categoría: Filósofos de España siglo 21): 180 personas en España se etiquetan ‘filósofo’, oficio antaño de holgazanes paseando por el ágora su sabanita al hombro bien puesta, como los pinta el libro de texto. Suponiendo que alguna cabeza de estas 180 (incluyendo Emilio Lladó, Antonio Escohotado o Fernando Savater) haya aportado una sola idea original, un renglón o un verso nuevo a lo que ya está escrito, me comería este artículo. ¡Y no digo si alguien de la filosofía hubiera desarrollado un cuerpo de pensamiento para cambiar el mundo!

Daniel Lebrato, filósofo, ¡ya puestos!


filosofía, amor a lo que ya se sabía.

Daniel Camaleón en grande (2)

Vivo rodeado de buenas cabezas que confían en la filosofía y defienden la vigencia de la filosofía como asignatura dentro de los planes de estudio. No hace falta dar nombres, pero filósofos son o por filósofos se tienen enormes mentecatos y falsificadores de la realidad para ajustarla, la realidad, a la medida de sus intenciones, de sus partidos y de sus nóminas, puesto que, encima, quieren cobrar por filosofar mientras otros bajan a la mina, reparten bombonas o suben al andamio. Digamos que lo que importa no es la persona sino el objeto. No el filósofo ni su filosofía sino lo que ha sido la historia del pensamiento: cómo han pensado quienes pensaban por la clase dominante, ayer Sócrates o Platón, antier Unamuno, Ortega o María Zambrano, hoy Sabater, Marina o Rodríguez Tous. Lo dijo Marx en su célebre tesis 11 sobre Feuerbach, publicada en 1845: Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.

Marx Tesis sobre Feuerbach en la Casa del Libro
Marx Tesis sobre Feuerbach en la Casa del Libro

las causas (el escultor).

¿No se cansan ustedes de la enésima indignación por la enésima víctima del enésimo atentado contra la enésima víctima, provocado por los enésimos motivos que enésimas personas y asociaciones condenan por enésima vez? La lógica las llama las causas. Ir al origen del problema. Aristóteles distingue cuatro causas: material (el bronce de la estatua), formal (la forma de la estatua), eficiente (el escultor) y final (adornar un templo). De las cuatro causas, una responde a la pregunta para qué y, por tanto, es finalidad. Dos responden a cómo y con qué y, por tanto, son circunstancias (necesarias, si se quiere). Solo una causa responde a la pregunta por qué, cuya respuesta remite a un quién, el sujeto humano protagonista de una acción motivada. [Quién pasaría a qué, como sujeto de cosa, pero eso solo incumbe a la gramática: es evidente que las cosas, al no tener conciencia, no pueden tener motivación; a ciegas sí: una lluvia torrencial es causa de una inundación]. Lo indiscutible: las cuatro causas aristotélicas se reducen a una, la que sirvió a Tomás de Aquino y a la escolástica para demostrar que Dios existe: puesto que el mundo existe (premisa), alguien tuvo que hacerlo (conclusión). Y si el cuadriculado pensamiento escolástico se las ingenió para llegar a la causa primera (no de la existencia de Dios, sino de la Iglesia), ¿qué no podrá hacer el pensamiento dialéctico sobre el desquiciado mundo del que no paramos de quejarnos, de invocar enésimas soluciones que solucionan poco o nada?

Una causa se conoce por su efecto. Una causa es primera cuando detrás de ella ya no hay efecto y cuando, sin ella, tampoco.

Las causas nunca van solas. Las causas del bien deseado (las del gracias a) se juntan para parecer buenísimas. Ocurre con libertad y democracia, causas eficientes del mejor de los mundos posibles. Y las causas del mal aborrecido (las del por culpa de) se juntan para generar confianza y opinión favorable.

La causa origen de todas las guerras está en las fuerzas armadas. Sin embargo, nos hacen creer que armas y ejércitos son un bien para nuestra defensa. O para fabricar el Airbus, crear trabajo y combatir el paro.

La causa origen de las guerras de religión es la religión. Sin embargo, nos hacen creer que la religión es cultura o civilización.

El causa origen de la violencia de género es la familia. El machismo se genera ahí.

El escultor, o sea.

*


patrañas.

Defecto propio es creernos lo que nos interesa creer (que hay otra vida o que soy buen padre y mejor poeta) y, defecto ajeno, creer aquello que interesa a alguien que nos creamos. El diccionario llama patraña (de pastraña, de pastores, de pacer) a una invención urdida con propósito de engañar; fue también relato breve de carácter novelesco, como El Patrañuelo de Joan Timoneda (Valencia, 1567). Patraña rima con España, la de las mentiras y embelecos, y con campañas, las electorales y las mediáticas que llevan al pueblo a pensar como grupos de presión quieren que piensen. Para lo que importa, tan patraña es decir de los mundos posibles[1] como en el peor, porque los dos paralizan que ‑ni mejor ni peor‑ otro mundo es posible y ya tendríamos que estar intentándolo. Recuérdelo quien se acerque o vote al posibilismo de ciertos partidos (que, mientras los voten, siguen viviendo del cuento) y quien se crea las maldades perpetradas por Rusia en Siria o en las elecciones presidenciales USA. Hagan como el detective Hércules Poirot. Averigüen a quién beneficia el crimen, quién es el asesino.


[1] Como plantea el cuento filosófico Cándido de Voltaire (1759), recreado ahora por J.J. Díaz Trillo en Cándido en la Asamblea (novela, 2016).

VIGENCIA DE LA FILOSOFÍA

filosofos1

VIGENCIA DE LA FILOSOFÍA

105 toneladas de marfil de elefante quemadas en Nairobi,
19 toneladas de resina de hachís incineradas en Tijuana,
82 toneladas de cocaína carbonizadas en Colombia,
130 mil litros de leche entera de vaca tirados a los ríos de Galicia,
1.300 millones de toneladas de alimentos sanos rechazados
por alguna deformidad previa a los supermercados de este mundo.


 

el bien común

el bien común en pñagina PROCOMUN
el bien común según la página de Tomás Bradanovic

EL BIEN COMÚN

Dos conductores van a infringir el tráfico. El primer conductor, en la autopista, va a poner su auto a 140 por hora cuando sabe que la velocidad está limitada a 120. El segundo conductor, en una avenida urbana que dispone de tres carriles en cada dirección, va a dejar su auto en doble fila ‑“Solo será un momentito”‑ mientras él hace una gestión.

Los dos conductores infringen, actúan contra el código o reglamento de circulación. La pregunta es ¿cuál de dos actúa, además, contra el bien común? Sus respuestas a eLTeNDeDeRo y a nuestra página amiga De Barbas y Boinas.


 continúa: la solución

El aburrimiento, Lester

Hipólito G. Navarro

(Hipólito G. Navarro)

EL ABURRIMIENTO, LESTER
–maneras de pensar 2–
Cataluña, Filosofía y Podemos

El tema Cataluña cansa. Desprestigiar un asunto por agotamiento es una táctica estudiada. Entre las dudas de la gente y la impericia del pensamiento tópico, quien pierde es lo nuevo, el cambio, y quien sale ganando es siempre lo establecido. Desde junio de 2010, que el Constitucional echó para atrás el proyecto soberanista catalán, son más de 5 años que a Cataluña se le niega el derecho a decidir. Cinco años cansan. La reacción del pensamiento simple, a nivel de calle, es la deseada: sin haberse dado la experiencia soberanista, el anticatalanismo sube en las encuestas, en las tertulias y en los bares. Esto recuerda el enorme anticomunismo ambiental que dejó el comunismo en el siglo 20, comunismo que tampoco se llegó a dar en ninguna parte porque no se le dejó.

La cuestión catalana es una cuestión de titularidad y definición: si Cataluña es o no una nación y de quién depende administrativa y políticamente: si de Madrid o de sí misma. Quien en ese debate introduce factores como la corrupción (de los Pujol, de Convergencia) o la deuda histórica de Cataluña con Andalucía o Extremadura provocada por los desequilibrios territoriales, debiera razonar como en matemáticas y descartar factores comunes a un lado y otro de la ecuación: corrupción y desequilibrios pertenecen al campo capitalismo y clase política, y no deben mezclarse, sino anularse en el debate. De hecho, corrupción y desequilibrio se dan en y entre Andalucía y Navarra, Extremadura y País Vasco, Gibraltar y La Línea, Ceuta y Tánger o Tetuán.

Se entiende que si alguna disciplina o asignatura nos enseñara desde chicos a pensar, los dardos de nuestros pensamientos irían dirigidos al punto del que se habla, no a lo que nos dicen unos y otros que tendríamos que pensar. El profesorado de filosofía se queja de la suerte de su asignatura, en vías de extinción. A bote pronto, uno se pregunta: si se pierden horas de filosofía, ¿quién va a enseñar a la gente a pensar? En la respuesta, el profesorado de filosofía no sale muy bien parado. En el fondo, todos sabemos que muy pocos son los profesores o profesoras que nos enseñan a pensar (pensar la historia, pensar la lengua, pensar pensar) y, muchos, los que nos enseñan a obedecer. Para lo cual, vamos con Sócrates, con Platón, con Aristóteles, panda de ilustres reaccionarios elevados por el sistema a los altares de la memez y de la democracia.

Que se conserven y respeten los derechos adquiridos por el profesorado no nos obliga a conservar ni a respetar el cuerpo de doctrina que se transmite en su asignatura. Vaya desapareciendo en buena hora. Y conste que yo, profesor de lengua, voy detrás, y le tocará el turno a mi asignatura concebida como un arma de poder y de distinción de la clase alta sobre la baja a través del vulgarismo y de la ortografía. Cuando es un hecho que la gente ni sabe hablar ni sabe pensar, lingüísticos y filósofos ya podríamos planteárnoslo en serio y dejar de caer en el tópico de que sin nosotros no habría lengua o no habría ideas. Y conste también que soy firmante de la petición en Change Org y doy el enlace para que, quien quiera, lo firme.

La última perversión de las ideas es que alguien aplauda el fichaje del tal general para ministro de Defensa de Podemos. Pablo Iglesias, ¿no sería mucho mejor y más económico (no digo más progresista) meter en programa el Cuerpo Único de Seguridad del Estado (CUS), por cierto, algo pedido por los sindicatos de la Guardia Civil desde hace años, Guardia Civil que, a su vez, nadie sabe, la mayoría de las veces, en qué se diferencia de la Policía Nacional? Y a ustedes, ¿no les parece que quien entra en política debería quedar en excedencia y renunciar a la paga del Estado para ponerse en nómina del partido que lo ficha? ¿No hay algo perverso en que del Presupuesto del Estado se siga pagando el sueldo a quien ya no trabaja para todos sino para un partido particular? No tiene nada que ver pero, por eso mismo, eLTeNDeDeRo recomienda la lectura de Hipólito G. Navarro, El aburrimiento, Lester. El aburrimiento, gente.

Ni cultos ni demócratas, 5 del 11 2015

Foto: PáginaDeEspuma.com