LA ANTROPOLOGÍA DE LA CONSERVACIÓN

Fiestas de Primavera

LA ANTROPOLOGÍA DE LA CONSERVACIÓN

Se llama antropología de la conservación a la que contempla un comportamiento, un fenómeno social, y lo viste de ropajes teóricos nuevos para justificar lo que había. El Rocío, la Virgen del Carmen o el Camino de Santiago.

En el caso de Sevilla y sus fiestas, Semana Santa y Feria, esta antropología se acogió al cartel de las llamadas Fiestas de Primavera, editado por el Ayuntamiento de la ciudad desde 1912, que abarca en ‘fiesta’ lo que ‑en puridad‑ sería una representación simbólica tan poco festiva como crucifixión y muerte. Con pretexto de ir de ‘fiesta’, la izquierda de la Transición se dio permiso a sí misma para seguir subvencionando Semana Santa y para que alcaldes y concejales participaran con vara en el cortejo y carrera oficial: todo era muy popular, muy bueno para el turismo y la proyección de la ciudad, como si la Semana Santa fuese una celebración laica, una exaltación pagana de los sentidos, casi un pecado al margen de la Iglesia y del Consejo de Hermandades, cuyas rancias juntas de gobierno seguían siendo un nido de fachas. Pero con la participación del pueblo y con el voto al Psoe, ¡todo iba a cambiar!

Cuarenta años después, nada ha cambiado. Si acaso, a peor bajo los terribles papados de Juan Pablo Segundo y Benedicto Dieciséis. Sin embargo, la antropología interna ‑lejos de hacer autocrítica o análisis de conciencia‑ sigue donde estaba elogiando las virtudes de las hermandades como factor de pertenencia, integración y socialización ‑ahora‑ en tiempos de crisis. Sin procesiones, ¿qué sería del orden social en Sevilla? Poco menos, como justificaron la monarquía, que, sin ella, los españoles nos majaríamos a palos.

Iguales argumentos de socialización se aplican a la Feria de Abril, aquí para defender el derecho a caseta privada y la teoría de la caseta como prolongación de las casas particulares. Con lo cual, el clasismo y el señoritismo de la Feria ni se discuten. Y quien dice Feria, dice las corridas de toros o las comuniones. Conservación, o sea. Y se acabó la conversación.


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