comunistas, discurso del incoherente.

COMUNISTAS (5) / DISCURSO DEL INCOHERENTE

Me diagnostican indicios benignos de incoherencia y demagogia. «En su día ley tu Defensa del colectivo con sus apostillas. Si existe en este mundo algo opuesto al colectivo, ese eres tú, que desprecias a la plebe cuyos intereses dices defender. Tendrás claro que mis opiniones son elogiosas, ya que prefiero la demagogia a la estupidez.» La demagogia tiene raíces griegas y es un instrumento de ambición política [yo no la tengo] para ganarse con halagos el favor popular y mantenerse luego en el poder. Se tiene por degeneración de la democracia, aunque demagogos han sido caudillos, dictadores y antiguos tiranos. El Vox define coherencia como el acuerdo de uno mismo con su discurso y ser coherente, actuar en consecuencia con sus ideas o con lo que expresa. La Academia, más exacta, ve en la coherencia la actitud lógica y consecuente con una posición anterior. Lo hago por coherencia con mis principios, pone de ejemplo. Que la vida es incoherente lo sabe la filosofía existencial, desde el momento que somos para la muerte y nuestras ideas, para la vida. Sería Sócrates el que puso el deber del auto conocimiento: Conócete a ti mismo, que viene bien para no hacer el ridículo. Del Conócete a ti mismo, se pasó al Sé tú mismo, aforismo cuya paternidad también se encuentra muy disputada. Ya me conozco, ya soy yo mismo, ya no tengo que ir al analista. ¡Con ustedes: Yo mismo!, puedo decir al salir a escena para encontrarme con tu yo, con el yo del otro, todos somos artistas. Ya tenemos vida social; sigue pendiente la vida de las ideas. Las ideas tienen otra coherencia. Al ser abstractas, ahí cabe el mundo feliz, la fantasía, la anticipación futurista, la religión. Mi amigo ve una incoherencia entre la persona Daniel Lebrato y la plebe. Pero no hablábamos de vida social sino de modelos políticos o utopías sociales más o menos realizables. Si un hombre, mortal, concibe la inmortalidad, y cree en Dios, ¿por qué un hombre, solo, no puede concebir lo colectivo, y creer en la comunidad? A las ideas, amigo, a las ideas. Si usted las tiene individualistas, yo las tengo colectivistas (por llamarlas de alguna manera). Que, en lo personal, unos seamos más estándares que otros, más personajes o más del montón, eso afecta al cotilleíllo de gaceta, no a las ideas. Mis ideas, que no son mías, no han ganado ninguna elección, no están en ningún sitio y tengo la ventaja y la obligación de pensarlas al vacío. Y son coherentes los tres pasos de Defensa del colectivo para la economía social: concentración, socialización y participación en la producción, reparto y disfrute de los bienes (no el rosario de mi madre, que sigue siendo mío). También sigue siendo coherente la aspiración a tomar de cada cual según su capacidad y a dar a cada cual según su necesidad. Y si esos lemas pasaran por mi casa, no me voy a quedar mirando desde el balcón, y me echaré a la calle. Un momento: duchadito, bien afeitado, con mi bastón de caña y con mi panamá. Yo sería el Gatopardo, el incoherente, acabo de darles la receta de la incoherencia: la plebe y yo, al fin reunidos. Otras recetas contra la incoherencia, conozco dos. La receta mala la expresó Jesús de Nazaret con coge tu cruz y sígueme, que tanto daño ha hecho al pensamiento lúcido y tanto ha inflado al buenismo resabiado, y que debió servir para los desfiles procesionales por Semana Santa, porque, ¿para otra cosa?: no sé qué arregla (¿qué arregló él?) que te crucifiquen. Veinte mil cruces, veinte mil crucificados, ¿y qué? La receta buena se la oí a Isabel Álvarez de Toledo, la Duquesa Roja: El día del reparto me tocará perder pero para eso estamos, y seguía fumando su cigarrillo incoherente. Voces hipócritas y fariseas quisieron que se aplicase a sí misma la coherencia cristiana, poco menos que dejar palacio y ducado de Medina Sidonia, coger la cruz de sus ideas socialistas, darlo todo y, hala, a vivir como jornalera del campo. El individualismo tiene muy mala leche [mi amigo, no] y haremos bien, como la Duquesa, en no caer en sus provocaciones. ¿Qué hubiera arreglado el mundo el gesto de una sola mujer rica? Ni crucificados ni jornaleros: a las ideas puestas en marcha y, ponerlas en marcha, no podemos solos. Millones que fuéramos con las mismas ideas, y los cambios sociales tardan más que las eras geológicas. Pero, si no lo hablamos, si no damos vida al proyecto (y cómo hacerlo, si no es con palabras), si no van por delante nuestras ideas, ¿qué será de nosotros ante la realidad el día que toquen a cambiarla? Porque, que el mundo cambia, e pur si muove, amigo, eso es seguro.

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