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Lorca: Fábula y rueda de tres amigos.

Lorca
historia de un hilo.

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FÁBULA Y RUEDA DE TRES AMIGOS

Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas,
comprendí que me habían asesinado.
Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,
abrieron los toneles y los armarios,
destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.
Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron.
Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,
y que el mar recordó ¡de pronto!
los nombres de todos sus ahogados.


□ enlaces:

Fábula y rueda de tres amigos (Enrique, Emilio, Lorenzo)

en Universo Lorca (versión corta)

en Trianarts (versión larga documentada)

en la zamarra de Gustavo [Sierra Fernández] (versión larga y explicación previa sobre los tres amigos)

en fragmentos para olvidar (versión larga)

Comentario de texto por Ángela Bernardo (en Hipertextual)

No me encontraron (fragmento), cantado por Miguel Poveda (3:52)


historia de un hilo
hilo de tuits

Del vario glosario que nos deja internet, el más duro y desviado a mis oídos me ha parecido siempre muro de Facebook (en lugar de mural o tablón), y el más acertado y próximo, hilo, hilo de Twitter, con su amplio campo semántico, seguir el hilo, perder el hilo, hilvanar (una conversación) o (armonizar discursos o palabras) deshilachadas. En sentido amplio, hilo puede ser también la secuencia o el hipertexto que como en salto de rana nos lleva de un texto a otro, de un vínculo a otro vínculo.

Cuento esto, tan obvio para quien anda en redes, por contarles la historia de un hilo que empieza en Julio Anguita y va saltando de clic en clic hasta acabar en si García Lorca –como el aviador de Justo Navarroalcanzó a prever su propia muerte en Fábula y rueda de tres amigos, Poeta en Nueva York, 1929. En el hilo intervienen Luis Pizarro (Luispiz), Pive Amador, Félix Molina y David Fernández-Viagas, contactos de @daniellebrato o de eLTeNDeDeRo. El artículo se llama Luces de pandemia y en él se hilvana un hilo donde desfilan Benito Moreno, Pura de Ucelay, Valle-Inclán, Alberto Garzón, Juventud y madurez del 98, Antonio Machado, Alejandro Amenábar, Unamuno, los Premios Goya, la película Campeones, los programas El Ministerio del tiempo y Cuéntame cómo pasó, de TVE, Federico García Lorca, José Monje Cruz Camarón, PCE, Izquierda Unida, Podemos, y, como secundarios de lujo, Goethe, Picasso, Fellini, Beethoven, Kundera, Vila-Matas, Giles Deleuze, Gil de Biedma, Carlos Blanco Aguinaga, Guillermo González Arenas y Pedro Pubill Calaf Peret.

Todo era por comentar los pasos del tiempo (físico, ideológico, histórico)  desde la juventud hasta la madurez, la vejez y la muerte, y si conviene a la edad asentarse en ideas conservadoras o si, por el contrario, se debe aprovechar la edad que dicen la tercera para dar salida y palabras a lo que, cuando éramos más jóvenes, no pudimos o no supimos expresar; percepción que [eLTeNDeDeRo] pilló prestada en Envejecer con lucidez, Calle del Orco, de Kim Nguyen Baraldi (nacido en Bruselas, 1985).

Mis conclusiones provisionales son:

Que Anguita el político es un ejemplo de edad perdida.

Que prever la propia muerte es tópico literario y nada más. Todos nos moriremos en París con aguacero. Eso valía también para Lorca el año 29.

Que la inteligencia española representada en TVE o en los Premios Goya, contando con la complicidad de las Academias de Cine y de Televisión y de los guionistas, lleva años maquillando la Historia contra la memoria histórica y a mayor gloria de la Constitución del 78 y de la monarquía.

Que, aparte de renovar vínculos y amistades, los blocs o páginas digitales sirven para, entre otras cosas, recuperar la memoria de la Fábula y rueda de tres amigos de Poeta en Nueva York a donde fue llevada.


 

FÁBULA Y RUEDA DE TRES AMIGOS

Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas,
comprendí que me habían asesinado.
Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,
abrieron los toneles y los armarios,
destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.
Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron.
Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,
y que el mar recordó ¡de pronto!
los nombres de todos sus ahogados.


Fábula y rueda de tres amigos (Enrique, Emilio, Lorenzo)

en Universo Lorca (versión corta)

en Trianarts (versión larga documentada)

en la zamarra de Gustavo [Sierra Fernández] (versión larga y explicación previa sobre los tres amigos)

en fragmentos para olvidar (versión larga)

Comentario de texto por Ángela Bernardo en Hipertextual

No me encontraron (fragmento), cantado por Miguel Poveda (3:52)


artículo base
LUCES DE PANDEMIA


hilo de tuits

luces de pandemia.

 

Camarón, por Benito Moreno, Lorca, Pura de Ucelay y Valle-Inclán (la foto en Madrid, 1934, preestreno de Yerma)


 

Julio Anguita fue conductor del viaje a ninguna parte que va desde el PCE de 1975, al actual ministro Garzón, en el Gobierno, cero a la izquierda de la izquierda. La reflexión no va sobre política sino sobre las formas de envejecer las ideas o las personas. Estaremos de acuerdo: la realidad no envejece. [1]

Estudiante yo en la facultad y opositor después a profesor de lengua y literatura, recuerdo un tema: «Juventud y madurez del 98».[2] El enfoque era perverso por cuanto daba por sentado que los del 98 maduraron y porque la madurez parecía que tenía que ir siempre hacia una renuncia a los primeros radicalismos de juventud, a sentar la cabeza, o sea[3]. Excepciones fueron Antonio Machado y Valle-Inclán, cada uno a su deriva.

Ahora que la película de Amenábar Mientras dure la guerra ha vuelto al Unamuno de madurez, ya me dirán qué madurez demostró el rector de Salamanca aquellos días terribles que se le vinieron encima. Solo una cultura política pordiosera de aquella que refleja, pudo ver en don Miguel ejemplo de algo y altura de miras y, sin embargo, ahí lo tienen: 17 nominaciones, 5 goyas y ¡mejor película! Se ve que España 2020 premia la ambigüedad, el titubeo, la agonía; y se disculpa el golpismo en nombre de un hombre bueno con fe en la extrema unción. La España de los Goya se retrata en los Goya, como en Campeones, un año antes, se retrató la España Down y Provida y sin preservativo ni anticonceptivos.

Lo cual, que no nos vengan con la película de los últimos días de Julio Anguita. Ya ven lo que nos quiere decir El Ministerio del tiempo, según TVE:

–España, ¡no pasó nada! Nosotros le juntamos a Federico García Lorca (que no estaba muerto, que no) con José Monje Cruz Camarón (que estaba tomando vinos). [4]

Antonio Machado y Valle-Inclán supieron defender sus Termópilas. Unamuno, un poseído de sí (un energúmeno), no supo qué defender. Y Anguita no alcanzó a ver que el viejo PCE envejecería mejor, como un buen vino, que echándole seven-up al rebujito de Izquierda Unida, como Anguita le echó, y no digamos su yayoflauta y pagafantas admiración por la gaseosa que fue Podemos.

Que ustedes se rodeen de luces de madurez y que ustedes lo envejezcan bien.

[1] El motivo para este artículo viene de la lectura de Envejecer con lucidez, por donde desfilan, con sus casos, Goethe, Picasso, Fellini, Beethoven, Kundera, Vila-Matas, Giles Deleuze; y cada quien que aporte lo que sabe del envejecer, morir, como único argumento, Gil de Biedma.

[2] Carlos Blanco Aguinaga, Juventud del 98 (1970).

[3] Quizás la madurez del 98 se nos proponía como modelo a estudiantes en edad de dar problemas. ¡Y cuántas personas no maduran jamás!

[4] Recreo la canción El muerto vivo, del colombiano Guillermo González Arenas, 1965. En España fue repertorio de Peret, por rumba catalana.

doce del patíbulo en la España del perro del hortelano.

Sostiene mi amigo de izquierdas que a España están rompiéndola los de arriba para que en España no quepamos los de abajo. O sea, que hay problemas que se están desatendiendo por la irrupción de la cuestión catalana en nuestras vidas: un análisis tipo Psoe + IU + Podemos, izquierda electoral toda ella renuente o mirando para otro lado como si no hubiese doce personas (españoles catalanes) en el banquillo de los acusados por Vox, la ultraderecha, y por una Fiscalía que pagamos mi amigo y yo y los de abajo.

La que llaman independencia de Cataluña –concepto máximo que deberíamos rehusar: la fase no es independentismo sino referundismo– de ninguna manera rompe España. No estamos ante la balsa de piedra de Saramago. El referundismo sería reconocer el derecho a decidir tanto de Cataluña como de cualquier autonomía, podría ser Andalucía. ¿Qué tienen contra ese derecho mentes lúcidas y bien orientadas, gente no comprometida con la política como cortijo ni con España como orgullo histórico? –¡Yo estoy de acuerdo!, dice mi amigo, pero es que lo de Cataluña no es de Cataluña: es de toda España que toda España tendría que votar! Y piensa [eLTeNDeDeRo]: Esto es como el ¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?, de Lope de Vega: ¡Cuántas veces la izquierda me decía: alma, asómate a la democracia, verás con cuántas urnas llamar porfía. Y cuántas, democracia soberana, mañana refrendaremos, respondía, para lo mismo no refrendar mañana.

Pasan ¿diez, treinta años? desde que alguien desde la izquierda dijo: España Estado federal o reforma de la Constitución para el encaje de las nacionalidades. Pasan elecciones y elecciones y ni el Estado convoca a referéndum sobre la cuestión territorial ni la gente como mi amigo, republicano y federal, se moviliza para exigir ese referéndum o esa reforma de la Constitución. Lo que arrancó por Lope de Vega está acabando como el perro del hortelano, que ni vota ni deja votar.

Otro día hablábamos cómo quienes se plantean España por la parte catalana que les duele, podrían, siendo coherentes, plantearse todo el mapa de España y ver lo que al mapa de España falta y sobra. Reconocerían que Ceuta y Melilla son África; que Gibraltar volviera a ser España (y más, ahora que Reino Unido sale de la UE); que las bases de Morón y Rota son pérdida de soberanía y cesión de territorio; y que España sería más Estado y más Europa si España se integrara con Portugal en una República Ibérica, República Catalana incluida.

Quien vote el 28 de abril estará votando un Estado que con nuestro dinero financia una Fiscalía que está por condenar a doce del patíbulo (de quienes se puede discrepar) por obedecer un mandato que (nos guste o no) salió de las mismas urnas de cristal que el día 28 nos pondrán por delante. Échenle una ojeada a Rosario Sevilla Soler, Reacciones a la independencia de Cuba. Verán cómo la cuestión cubana la izquierda española la contempló con parecida lejanía. Mismo desastre del 98.


 

lecciones del 98.

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Calle de la verdad, en Puerto de la Cruz, Tenerife

Hoy, como en 1898, abrir las noticias es llorar. Aparte los sucesos, y su escala por lo macabro, y aparte los deportes y el tiempo, que cultivan una vieja autosuficiencia (si ganaron los míos, si saco el paraguas) y aparte la prensa rosa, que edulcora una aristocracia que parece jamás será aborrecida, no hay noticia “en que poner los ojos que no sea recuerdo de la muerte”, como escribió Quevedo de la patria suya. La prensa solo habla con verbos como acusar, imputar, apelar o impugnar conjugados con sujetos como juez, fiscal, fiscalía o tribunal con complementos como orden o detención en nombre no del pueblo sino del imperio de la ley o de su homóloga la Constitución.

Todo va así desde que el bando nacional se ha apiñado en bloque contra el derecho a decidir de Cataluña, situación comparable con la España del Desastre y de la Generación del 98, cuando españolitos muy españoles tuvieron que asistir a la pérdida de Cuba y Filipinas, las penúltimas colonias (últimas: las que todavía quedan), lo cual removió la patriótica conciencia pero de qué sirvió: la historia siguió su curso por encima de aquella generación que gastó tanto lamento, tanta crítica hipercrítica y tanto “me duele España”. Partidos y personas capaces de pensar con ideas propias pagarán intelectualmente su falta de simpatía con la actualidad y su no sacar lección de lecciones ya aprendidas. Otra palabra muy en la prensa, donde hay tanto delincuente y tanto culpable, es el adjetivo presunto o presunta, de presunción de inocencia. ¡Presunta España!


 

la Generación del 98 pasea por Cataluña.

La izquierda de la revolución para cambiar el mundo dejó de existir al final del siglo 20 (pongamos a la caída del Muro de Berlín en 1989) y en el siglo 21 sobrevive como epígono o parodia[1], como etiqueta o marca (Psoe) solo reconocible por contraste con la derecha, que, esa sí, sigue viva. Seguramente, la desconfiguración de la izquierda tuvo que ver con la hegemonía del Estado del Bienestar tras el abandono del marxismo como método de análisis (no como praxis tal y como la entendieron la URSS y los partidos de la II Internacional).

La izquierda del siglo 21 solo es oposición (parlamentaria) a un régimen (conservador todo él) que se presenta en bloque ante cualquier cosa que se mueva y que ponga en peligro las bases del sistema. Rajoy y Sánchez son como Cánovas y Sagasta en la España de la Restauración (conservador uno, liberal otro) y Cataluña es Cuba, cuya independencia rechazaron conservadores y liberales y tan solo la apoyó el partido federalista de Pi y Margall, casualidad que fuera él también catalán para hablar ahora de Cataluña.

Por un lado, se sacan argumentos del viejo armario social y progresista: el independentismo es de derechas (ya me gané al obrerete y a mi asistenta) y, por otro, se da un salto hacia el mundo único y global donde las fronteras y banderas serán antiguallas (ya me he ganado a la utopía). Otra opción es el escapismo hacia el mejoramiento o crecimiento personal: ya me he ganado a mí mismo.

Está al llegar otra generación del 98 que haga ‑o no‑ la digestión intelectual del gran desastre que está resultando España. Pero, eso sí, la izquierda quiere seguir apostando por el romanticismo y seguir siendo romántica mientras machacan a un pueblo, puro y duro realismo.

[1] epígonos (nombre epiceno) son los tardíos, los rezagados, los últimos brotes verdes que da un ismo ya desaparecido o antes de desaparecer del todo. Epígono, Gustavo Adolfo Bécquer, romántico en pleno realismo, o el Quijote, parodia, también, como La venganza de don Mendo sobre el teatro poético.

 

una generación ante el espejo (España, 1898‑2017)

lecturas del 98

¿Por qué nos divide el tema soberanista? Porque se juega en casa, esto es más grande que el Desastre de 1898, tan pesado el tema [que vimos por los libros de historia y literatura] que dio nombre a una generación, la del 98, de Unamuno y compañía. El asunto catalán es más intenso que aquel Desastre o que la Guerra de África, que fueron asuntos de política exterior y del ministerio de la guerra, mientras que el referundismo es cuestión interior, tan interior y visceral que alerta a la confrontación como en una guerra civil; y marcará ‑está marcando ya‑ no a una, a generaciones sucesivas en Cataluña y en el resto de España. A cara o cruz es el partido. En un Madrid Barcelona no quiera usted apostar por el Betis o el Atlétic; no vale ir de árbitro ni forzar el empate, no vaya usted de inventor de la solución o de tercera vía milagrosa, virutillas de la madera que se está partiendo en solo dos mitades. Si el bando español hubiera dado facilidades (un artículo 156 para el divorcio, en vez de un 155 de matrimonio indisoluble), habríamos salido ya del tema. Hay que decirle al bloque españolista: ¡Quillos, dejadlo ya! Dejad que Cataluña sea lo que quiera ser.

[eLTeNDeDeRo]

la literatura no salva.

La manipulación de la Historia con fines partidistas no es rara ni nueva, y al juego se prestan la historiografía oficial y los libros de texto, pero también los medios, las artes y la literatura. Lo vimos cuando estudiábamos el 98, aquel Cid y aquel don Quijote que cada uno interpretó a su imagen y semejanza de una idea de España. La reescritura tiene sus propios géneros específicos y, así, el recurrente cine del Oeste o de esclavos negros de los Estados Unidos: algo sigue pendiente en la conciencia estadounidense ‑en la sociedad de ahora mismo‑ que al cineasta mueve, esparce y desordena. Lo mismo podría decirse de nuestra literatura ambientada en la posguerra, posguerra que no termina nunca de acabar. Viene esto a cuento de El hoy es malo, pero el mañana es mío, última novela de Salvador Compán. La virtud del autor, su honradez intelectual, consiste en no manipular con ojos del presente un pasado que ya quisiéramos modificar; manipulación que otros novelistas se permiten hacer, y vamos a no dar nombres en este país donde series como Cuéntame cómo pasó o El ministerio del tiempo van directamente a la percepción que el pueblo español tiene de un frustrante pasado. Los personajes y los años 40‑60 son los que fueron. Enhorabuena a Salvador Compán. Cambiada España ‑ese cargo de conciencia ‑, cambiará su novelística.

–Enlace a  Lo que queda de Franco.


La fotografía y las fotos

daniel lebrato fotógrafo

LA FOTO Y LAS FOTOS
–a los 177 años del nacimiento de la fotografía–

En 1839 el gremio del cuadro formado por pintores y retratistas se dividió en dos: quienes vieron en la fotografía un intruso sin mérito comparado con ellos, los artistas a mano, y quienes se apuntarían al nuevo invento bien como fotógrafos profesionales o, mal, como aprovechados que utilizaron fotos como plantilla o base de calco para lo que seguían siendo sus cuadros. La batalla que ganó la foto y luego el cine fue el realismo. La cámara captaba la instantánea social, la imagen periodística, mejor que el plumilla con su boceto a lápiz, y captaba una puesta de sol, la belleza, mejor que el pintor a pie del acantilado. Tanto realismo trajo, a la larga, la derrota del realismo y el surgimiento del arte abstracto y de las vanguardias, lenguajes no figurativos imposibles para la máquina. En literatura, la divulgación de la imagen trajo el fin de las largas y detallistas descripciones. De la novela naturalista (tipo Pereda o Pardo Bazán), se pasó a la novela impresionista (tipo Baroja) y desde la Generación del 98 las páginas descriptivas, fotográficas, nos las saltamos porque ya nos las sabemos hartos, como estamos, de recibir imágenes, tantas que ‑cantidad y calidad‑ ese es ahora el debate.[1]

Apocalípticos dicen que la toma de fotos no nos deja ver el paisaje que fotografiamos y que la continua vuelta a las imágenes, su visualización en nuestros dispositivos, merma nuestra sociabilidad y privacidad y nos vuelve autistas, además del copia y pega y de la manipulación digital que permite que la cara o el cuerpo de cualquiera de nosotros pueda estar impunemente sobrepuesta en la foto o en el vídeo más infames. Todo es cierto pero es inútil ir contra un invento. Con tantos ojos electrónicos que nos ven, cámaras ocultas, circuitos cerrados, lo mejor es salir guapos y poner la tecnología al servicio del humanismo crítico y ético; también para la supervivencia o el orden cuando lo necesitemos.[2]

LAS FOTOS
–becquerianas–

 

Cerraron sus ojos
al flas y hay que hacerlo
diciendo patata,
los ojos abiertos,
sacando la lengua,
el pirsin bien puesto,
con cara de enfado,
poniendo los cuernos.
Después, en las redes
sociales saldremos
marcando figura,
y todos contentos.
¡Dios mío, qué fotos,
las fotos! ¿Nos vemos?

Despertaba el día
como el perro al dueño,
con sus mil megusta
despertaba el féisbu.
La luz en los vasos.
Vacíos o llenos,
encienden y apagan
la fiesta y los ecos.
Ante aquel contraste
de modas y pelos,
pinturas, tatuajes,
yo pensé un momento:
¡Dios mío, qué solas
las caras, los cuerpos!

Con Nikon o Canon
profesional, serio,
llorando entre dientes,
perdióse el empleo:
¡Dios mío, qué cámara,
con tanto teléfono!
Si no es por las bodas,
bautizos y eventos,
fotógrafo, nadie
ya paga por esto.
¿Va la foto al álbum?
¿Vuelve el blanco y negro?
¿Todo es photoshop,
whatsapp más o menos?

No sé, pero hay algo
que explicar no puedo,
algo que repugna
‑aunque yo, el primero‑
en subir ‑y subo‑
las fotos que hacemos
y en dejar tan solas
las fotos, los nuestros.

 

[1] La falta de imágenes visuales fomentaba las imágenes verbales, y las descripciones de lo remoto desconocido formaron parte del gusto lector o espectador, no solo en novela. En El burlador de Sevilla, atribuido a Tirso de Molina, obra de 1630, la larguísima descripción de Lisboa (ciudad entonces maravillosa para el común público de comedias) viene precedida y avisada por esta petición del personaje, el Rey: –¡Dadme silla! (que sé ‑y sepáis, público que escucháis‑ que esto va para largo: 188 versos). Corografía, artículo de Vincent Parello.

[2] Encuadren sus tomas en vertical o en horizontal según las vayan luego a ver. Si lo que estoy grabando o fotografiando voy a mandarlo a youtube, a un programa de televisión o con destino a mi pc, esos formatos de lectura siguen siendo horizontales y, por tanto, la imagen que les vaya destinada deberíamos tomarla en horizontal, aunque sea la foto de un solo varón larguirucho con paspartú de nada por detrás. El efecto whatsapp sobre nuestras vidas.

2015.08.13. Daniel Lebrato por Ricardo López