¡Arde París!

Hipócritas 3

¡ARDE PARÍS!
La Marsellesa, la libertad de prensa y el sentido del humor

  1. La clave está en la palabra sentido. Se admite que hay que tener o se tiene un sentido del humor y se dice un porque hay otros que pueden ser distintos. Todos los sentidos relativos del humor remiten a un concepto indivisible y absoluto, que no se discute: la libertad de prensa, la libertad de expresión. Pero que una parte privilegiada y pensante de la humanidad haya concebido alguna vez la libertad, no quiere decir que la libertad exista. También concebimos Dios y Dios no existe. Tampoco es suficiente que unas pocas personas a lo largo de la historia o en su vida hayan ejercido alguna vez su libertad, porque la libertad no se divide y nadie es libre si la humanidad no es libre.
  2. La libertad de prensa no es más que una convención entre individuos privilegiados que saben leer y escribir, son cultos, tienen ideas, viven bien y tienen tiempo para (o cobran por) pensar la libertad, incluso para ejercer verdaderos actos libres. Lo cual implica, además de la abstracción ‘soy libre aunque los demás no lo sean’, ser libre ante el poder económico (ante la empresa periodística que me da de comer) y ante los poderes que administran la censura y la autocensura. Entonces, sí, decimos libertad de prensa: la que han ejercido los diarios Liberación: Liberación en Francia, Liberación en España, liberación: término genérico de la prensa de izquierdas que se ha enfrentado a lo más contrario a la libertad, que es la dictadura del capitaliado. Frente a esa pequeña cuota de liberación, es evidente el enorme papel de la prensa como voz de su amo y propaganda del sistema. Que unos pocos nombres o medios en la historia del periodismo hayan sido excepción, casos como el escándalo Watergate destapado por la prensa, no niega el espacio que cubre la libertad de expresión: la democracia, dentro de la cual a la prensa le gusta verse como cuarto poder.
  3. Inversamente y para librarse del maleficio del poder, periodistas o medios nos vienen con otra palabra talismán de la prensa libre: el periodismo independiente, la prensa independiente. Y no es verdad la independencia informativa sin independencia económica ni es verdad la independencia de un periodista solo. Suponiendo que ese periodista se hubiera emancipado de cualquier obediencia económica, suponiendo que una masa de lectores sostienen con su aportación a tal periodista o a tal medio, el resultado no pasaría de ser un club de puntos de vista u opiniones coincidentes, prensa de partido en el sentido literal de la palabra [tomar] partido. De independencia y de libertad, nada de nada. Lo que pasa es que sería peor la prensa única, la prensa oficial. Ese es el chantaje. No hay más.
  4. En ese marco, el humorismo lo tiene crudo porque el mundo no está para reírse, lo cual obliga al humor a circunscribirse, para ser justo, al ámbito de sus iguales. Donde hay risa hay confianza o, mejor aún, que la risa sea el arma crítica de los de abajo contra los de arriba. No debo hacer humor con quien hurga en el contenedor para poder comer, pero sí puedo pintar a Rajoy hurgando en la basura o al príncipe follando con la princesa para ridiculizar el plus genérico a la natalidad. Si no son personajes de esta guisa que cobran por aguantar las pullas, la última palabra la tiene el receptor. Cuando algo no hace gracia, que no se confunda el humorista: su chiste o su broma no tenía gracia. Musulmanes sin sentido del humor se sabe que los había, y en Dinamarca y en Francia, ¿a qué vino bromear con ellos?
  5. En Charlie Hebdo (3 de noviembre de 2011) y antes en el diario danés Jyllands-Posten (30 de septiembre de 2005), periodistas europeos creyentes convencidos de la libertad de prensa cometieron la ingenuidad o la torpeza de meterse no con sus iguales, con sus inferiores, con los más chicos pues, si pequeño de cabeza es todo lo que rodea a la religión, no digamos la imaginería islámica. Qué se puede esperar de gente que eleva un texto paleolítico a dogma y libro de ética universal. De los tres libros sagrados, Viejo Testamento, Nuevo Testamento y Corán, solo el Nuevo Testamento, al fin y al cabo, una biografía, muestra asomos de humanidad. Los otros dos (Torá o Tanaj y Corán) no son más que un repertorio de barbaridades sanguinarias y obtusas que están en la base de las atrocidades del actual Estado de Israel y de las atroces repúblicas islámicas (no hace falta acudir al Estado Islámico, basta ir al Reino de Marruecos por Ramadán).
  6. Israel y repúblicas islámicas son cosa de los países aliados, particularmente Inglaterra y Francia, la Francia que presume de Estado laico que no tuvo inconveniente en inyectar religión a las colonias de la Unión Francesa. Que periodistas o humoristas de las metrópolis europeas defiendan su derecho a su sentido del humor como parte de su libertad de expresión para meterse con los colonizados, parece propio de niñatos, ya sean de izquierdas (Charlie Hebdo) o de derechas (Jyllands-Posten), que quieren verle la gracia a lo que nunca la tuvo. Amarillismo puro.
  7. Sobre el duelo en París, Gabriel Celaya: Allá los muertos que entierren como Dios manda a sus muertos. Siento y condeno la violencia pero, por eso mismo, no me emociona La Marsellesa de una Francia que tiene las manos manchadas de sangre. Francia inyectó y ayudó a que inyectaran islamismo Inglaterra y Estados Unidos porque a Francia le iba muy bien la religión para sus negritos y sus moritos que vendrían a la banlieu como mano de obra sumisa y barata. Reino Unido y Francia inventaron los Estados confesionales (Israel, Pakistán, Mauritania) e inspiraron a Estados Unidos a hacer lo mismo, inyectar religión, no contra Soviética: contra toda lógica y contra toda la humanidad. Desde 1979, cuando Jomeini y la crisis de Teherán, el invento islámico no hace más que estallarles en el culo y ahora ¡arde París! Si un día fui Charlie Hebdo, fue para meterme con la Alianza de culturas y civilizaciones que trajo el orgullo Islam, pero ahora ya, ni eso: je ne suis pas la France. No soy París que bombardea territorios que cree que siguen siendo suyos. Yo soy lo que quisiera que fuese mi patria: neutral. Y además de neutral estoy triste. Solución hay. Sentar en el banquillo a todos los pájaros de este mundo. Empezando por François Hollande. Después, a lo mejor yo también me río.

Daniel Lebrato, de la serie El humor en Ni cultos ni demócratas, ni tontos ni marxistas, 17 del 11 de 2015

Un comentario en “¡Arde París!

  1. Iba a preguntar “¿cómo es posible que no conociera este blog?” para intentar exagerar la sorpresa que me ha causado leer esto. La verdad es que hace mucho que no estoy por la blogosfera, e igual estoy hablando con alguien de quien todo el mundo ya se ha hecho eco. No lo sé.
    Increíble forma de exponer los argumentos y un manejo del lenguaje que ya hubiera querido yo para mis libros de carrera. O tal vez escribes fatal y solo porque llevo anidando este pensamiento desde hace tiempo soy indulgente… Ya sabes, por esto de encontrar a alguien con quien estás de acuerdo sin haber tenido que quedar como un demonio por esgrimir estos pensamientos.
    “Mi corazón palpita como una patata frita”, pero tengo que dosificar este blog y cerrar las pestañas para ser eficiente en la sociedad.

    Me alegro mucho de haber llegado hasta aquí,

    ¡Saludos!

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