Etiqueta: José Antonio Moreno Jurado

libres.

Existen libres de tasas, de impuestos o imposiciones, de cargas, de prejuicios, de compromiso. Existen libres y esclavos, libres y propietarios, libres de halógenos, de acidez o de reflujo, libres del mal o libres del pecado. Libre, un taxi libre y una canción de Nino Bravo. Libros libres, ese Quevedo, y personas de pensamiento libre que se quieren libres al fin del mal que nos rodea, a la manera de José Antonio Moreno Jurado, quien nos remite a la Epístola moral a Fabio, esa que acaba:

«Ya, dulce amigo, huyo y me retiro
de cuanto simple amé; rompí los lazos.
Ven y verás al alto fin que aspiro
antes que el tiempo muera en nuestros brazos.»

Para acabar con el mal que nos rodea, hay que acabar con la libertad de mendigar y hay que acabar con la libertad de dar o no limosna y de seguir a nuestras compras, a nuestras copas, a nuestra casa: todo es seguir libres como sin nada.

–enlace a la Epístola de Andrés Fernández de Andrada (1575‑1648) en la página Apolo y Baco.

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veinte momentos de lucidez.

JAMJ (3)

El Conde Alarcos

vio venir una galera   que a tierra quiere llegar.
Marinero que la manda   diciendo viene un cantar.
Allí habló el conde Arnaldos,   bien oiréis lo que dirá:
–Por tu vida, marinero,   dime ahora ese cantar.
–Yo no digo mi canción   sino a quien conmigo va. [1]

Dedicado a José Antonio Moreno Jurado, cuyos Veinte momentos de lucidez (Point de Lunettes, Sevilla 2016) son una muestra de quien anda con la inspiración como José Alfredo, con el amor: que estás que te vas, y te vas, y te vas, y te vas y te vas, y te vas, y no te has ido y de quien dice y no dice su canción. No sé cuántas veces ha echado JAMJ el cierre a su obra poética. Y, de pronto, ahí vuelve otra vez como en estos veinte poemas de lucidez y una edición desesperada. Les gustará si les gusta José Antonio Moreno Jurado. Y así no se quedan ustedes como el conde Alarcos, que se quedó con las ganas.

[1] Romance del conde Alarcos sobre la versión del Cancionero de Amberes, 1548, en la página Washington Faculty de la profesora Suzanne H. Petersen.

el milagro.


Texto uno

«Abrió una vez sus labios y bebieron de ellos las espumas del mar despacio y en silencio […] Vamos. Es tarde. Están cerrando ya las luces y las puertas del Museo.» (José Antonio Moreno Jurado, Veinte momentos de lucidez, poesía.)


Texto dos

«Suelo bajar al baño sobre las diez. Situado en la entreplanta, pequeño pero muy apacible, es el más cercano a mi despacho. […] Ni vivimos en el mejor de los mundos posibles ni todo está escrito. ¿O era al revés?» (J.J. Díaz Trillo, Cándido en la Asamblea, novela.)


Texto tres, Daniel Lebrato

Así empiezan y así acaban dos libros que, antes que nadie, tengo en mis manos de lector empedernido. Los une Point de lunettes y, a mí con ellos, líneas paralelas de poesía y amistad a las que ahora se une Manuel García, el de Poemas para perros, a quien conocí una tarde en la misma sede donde hace años hacíamos los libritos de El Sobre Hilado. Algunos días los círculos se cierran.


Texto cuatro

El poema de Antonio Machado (Cancionero apócrifo Doce poetas que pudieron existir) de donde Point de lunettes toma el título como editorial. Machado lo atribuye a Andrés Santayana, nacido en Madrid en 1899 y se llama, faltaría más, El milagro:

El milagro

En Segovia, una tarde, de paseo
por la alameda que el Eresma baña,
para leer mi Biblia
eché mano al estuche de las gafas
en busca de ese andamio de mis ojos,
mi volado balcón de la mirada.
Abrí el estuche con el gesto firme
y doctoral de quien se dice: Aguarda,
y ahora verás si veo.
Abrí el estuche pero, dentro, nada:
point de lunettes. ¿Huyeron? Juraría
que algo brilló cuando la negra tapa
abrí del diminuto
ataúd de bolsillo, y que volaban
huyendo de su encierro,
cual mariposa de cristal, mis gafas.
El libro bajo el brazo,
la orfandad de mis ojos paseaba
pensando: hasta las cosas que dejamos
muertas de risa en casa
tienen su doble donde estar debieran
o es un acto de fe toda mirada.

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el otro nombre de la rosa

El otro nombre de la rosa facsímil El fantasma de la glorieta (1).jpg

En octubre del 84 entré en contacto con José Juan Díaz Trillo, quien vino al mismo instituto de Valverde del Camino destinado, entonces como profesor de filosofía. Jota Jota sabía de qué pie (literario) cojeaba su nuevo colega: aquel era el autor de Bitácora y final, un libro que, bajo plica y seudónimo, conocía como prejurado del premio Juan Ramón Jiménez de poesía de aquel año. Algo de la Bitácora le debió llamar la atención porque no tardó en pedirle a Daniel algo para El Fantasma de la Glorieta, suplemento literario de la Noticia de Huelva que coordinaba Félix Morales Prado. Por alguna razón, Lebrato no dio a J.J. verso sino prosa, dos cortos relatos que se publicarían los sábados 24 de noviembre y 22 de diciembre de 1984: A vosotros que sois y El otro nombre de la rosa, firmados por un desconocido DL. Con J.J. y Félix vinieron o volvieron al currículo de Lebrato Buly, Sonia Tena y los Tena, Maribel Quiñones Martirio, Salvador Mora y Juan Cobos Wilkins, también José Antonio Moreno Jurado, justo ganador del Juan Ramón Jiménez de poesía. Narrador o poeta, o todo lo contrario, Daniel Lebrato más parecía del círculo de Huelva que de Sevilla. A Huelva y a mis viejas amistades, gracias, gracias a la vida que me dieron entonces. Y a Pedro Domínguez, que me hace el honor de llevar la rosa a escena como monólogo que es.

El nombre de la rosa

Bajo el poderoso influjo de Umberto Eco y de El nombre de la rosa, con el mecenazgo de José Juan Díaz Trillo y de Félix Morales Prado, quien en 2004 lo publicaría con hermosura en El Fantasma de la Glorieta digital, donde aún se puede leer, con ustedes: El otro nombre de la rosa, primera de las Vidas fastidiadas en Tinta de calamar (2014), ahora con fotos del facsímil original:

EL OTRO NOMBRE DE LA ROSA (1984)

Quería más a la amistad que a los amigos mismos
(André Gide)

La costumbre es otra naturaleza, y el mudarla se siente como la muerte
(Miguel de Cervantes)

De repente, aquella firma. Todo bien hasta llegar a aquella firma. Todo en orden. Los estoy bien. Los mi madre no para de alimentarme. Los cuando me veas no me reconoces, de morena que estoy. Todo, hasta lo de abrazos, tan previsible en su postal. Pero aquella firma. Algo fallaba en aquella firma. ¿Qué pintaba aquel María añadido a su nombre? Manuel mirando la foto una y otra vez. Pueblito costero con playa y barcos de pesca. El matasellos. La fecha. Viñamar, veintitrés de agosto. La forma de la letra. Todo en orden, pero ¿por qué firmaba Rosa María y no Rosa? Él sabía el nombre completo de ella. Cómo no lo iba a saber. En este país todas las mujeres llevan antes o después el María. Pero Rosa jamás se identificaba con él de esa forma, con su María y todo. Manuel se preguntaba bajo qué influencia Rosa se había saltado un código que venía funcionando entre los dos desde hacía mucho. Él nunca había firmado Manuel José. Y eso que a él su mamá, de chico, lo llamaba así. Qué cosas tenía su madre. Rosa María. Rosa María. Allí estaba letra a letra. Sin lugar a dudas. Un güisqui. Luego pensó que el asunto carecía de importancia. Que no era ni siquiera un incidente. No seas celoso, seguro que los de su casa la llaman así, Rosa María. Otro cigarro. Familia, padres, marido o ex marido. Ahí te jodiste, hermano. Error en una carta. Error. Manuel se acordó de Cartas de mamá de Cortázar. Fue a la estantería. Conan Doyle, Conrad, Cortázar, Queremos tanto a Glenda, no, aquí está. Lo de Nico por Víctor. Error en una carta. El error en la carta de mamá. Manuel, libro en mano, regresando a su estudio: No creo que lo de María sirviera como argumento a ningún escritor, ni siquiera a Cortázar, que con poco que le den te monta una historia. La importancia de los nombres. ¿Ernesto? El Nominalismo. Occam. De los nombres de Cristo. ¿Se puede escribir un libro sobre los nombres de Cristo? Reflexión. Se puede. Idea productiva. Preparar clases. Erasmismo y Contrarreforma. Preparar. Olvidar el nombre de Rosa. ¿El nombre de Rosa? ¡Claro! Vuelta al cuarto de los libros. Espronceda, Engels (todavía Engels), Apo­calípticos e integrados. Desanduvo el pasillo con El nombre de la rosa bajo el brazo. Al final, hombre, las últimas palabras. Stat rosa pristina nomine, nomine nuda tenemus. ¡Este Eco! A saber quién era el padre del latinajo. Resistencia a dar el episodio por concluido. Dónde está el mechero. Allá cada uno con su nombre. Mejor preparar clases para el año que viene. Septiembre o setiembre. Erasmismamente, calor, agobio. Devolvió las novelas a su estante y se trajo el Bataillon. En serio, esta vez. Un güisquisito. 750, 754, 762: El Enchiridion había lanzado a través de España hacia la época en que Luis de León venía al mundo. Erasmo había invitado a buscar los misterios escondidos bajo la letra de la Escritura, y apoyarse en. ¿Misterios escondidos? Rosa María. ¿Qué misterio se escondía bajo el lapsus de Rosa? Seguro que Rosa (un trago) no se había dado cuenta de su error. Se le habría escapado a fuerza de oírselo a su familia y a su ex, que pueden mucho los ex maridos cuando hay por medio paguita y niños. Y a la hora de firmar la postal se te va sin querer, tía. ¿Sin querer? Pero entonces era que ella se había olvidado de él, su amante de corazón, su Manuel del alma desde hacía. Repasó con ojos suspicaces el resto de la carta. Abrazos en vez de te quiero. Todo encaja. Rosa nunca se mostraba muy efusiva y él lo sabía, aunque (digo yo) podía haber escrito cosas más cariñosas, después de los días puta madre que pasamos juntos antes de irse a la playa, y no esta postal tan fría, me cago en la. Quizá Rosa la escribió delante de su ex y Rosa María será como la llame su ex marido. Sus viejos no van a ser, Rosi, Nena o Niña (a fin de cuentas, hija única). Los hijos tampoco, Mamá o Rosa, que hay muchachos que nos llaman por el de pila, como a mí el mío, te jodes como Herodes. Otro cigarro. Bataillon muerto de risa encima de la mesa. 762, 763. Más güisqui. Coñazo cubitos. No eran celos, qué tontería. Pero ella debería cuidar ciertos detalles. Ellos dos eran Rosa y Manuel. Lo demás, pamplina. ¿Eran los celos una pamplina? Peripatético total, Manuel reflexionaba, pasillo va, pasillo viene, sobre los nombres. Títulos y maneras de llamarse. La forma en que los tíos hablan de su pareja. Mi señora: feudal ya casi. Mi esposa: policial se quiera o no. Mi compañera: de progre de museo, ¡ay Víctor Jara! Mi compañera sentimental: para páginas de sucesos. Mi costilla: qué pasada. Mi rollo: autocrítico. Por no hablar de Mi parienta: de talleres de almanaque con tías en pelota. Mi mujer: posesivo cuan­do menos y el posesivo siempre por delante. Mi lo que sea, pero mi. Mi, tu, su. Mi. Y ellas ¿por qué no dirán mi señor o mi hombre? Es verdad que tampoco nosotros usamos mi marida. Tengo que consultarlo con algún colega de lengua. Alguna razón habrá, digo yo. Luego venimos los que no damos título ni damos posesivo. Los que decimos Ana, Pedro, Andrés (le debo carta, pobrecillo). El nombre y punto. Lo menos comprometido. Jodidos los chuchi, piluchi, ani, petri, pepote, pedrín, gatita, cielo. Como apropiaciones ilegales. Más güisqui. Y el más hortera todavía: tíos tan mayores diciéndoles a sus mujeres: Mamá. ¿Edipo?. Y ellas, con más arrugas que un plato de callos, llamándoles a ellos: Papá. De puta pena. Será que quieren volver a la infancia o que se lo oyen decir a los niños: Papá, Luisito me ha pegado. Dice Mamá que me limpies el culo. Jo. Manuel pensó que podría escribir un libro. ¿Cómo lo titularía? ¿Función escatológica del cariño? No. ¿Hipocorística en la sociedad de consumo? Psssseeeée. ¿De los nombres del cónyuge?, ¿de la pareja?, ¿del otro?, ¿del más allá?, ¿de Rosa? No, de Rosa no. No hay más Rosa que Rosa y aquí uno es su profeta. Nunca Rosi ni Rosona ni Rosita ni Rosa Rosae ni Mari Rosi ni Rosa Mari ni Rosaofú. Siempre Rosa (nomina nuda). ¿A dónde va con lo de Rosa María? Pedazo cigarro. El había respetado escrupulosamente la pureza de los nombres (pristina nomine). Manuel, no Manolo, Lolo, Inmanuelo, Lolillo, Lolete, Lete, Lele, Le. Pero ahora, con su María, algo había fallado y no por exceso sino por defecto. Mujeres casadas. Amantes y maridos, lo que va. Tomar partido. Ella tomaba partido, se distanciaba. Rosa María sólo existía en la playa, en la familia. Tribu, los maridos, los ex que no caducan nunca. Rosa se había olvidado de a quién enviaba la postal. Eso era. Mundo legal y mundo clandestino. Manuel lo sabía. Era otra. El nombre de otra. El nombre de la casada. Ex madre y exposa. De buena reputa. En vacación respetable, ja. En playa horteramente respetable, ja, ja. Domingueros al fin y al cabo, ja, ja, ja. Güisqui. No tiene gracia. Patada a la pared. Mierda. No es para tanto. No seas injusto, Manuel. Un trago. Tú también vas de respetable, por mucho que te las pegues de. Manuel, Manuel José. Rosa, Rosa María. Lo que va. Padres. Facturas por medio. Recibos. Colegios. Dentistas. Fin de mes. ¿No será que ahí te jodiste? ¿Se fastidió para siempre? ¿Fue ahí? Manuel Micasa. Rosa Mihijito. Manuel Susvacaciones. Rosa Mimujer. Manuel Miex. Mi. Mi. Mi. Leche. Moderneces. Otro trago. Nuestro cuerpo es siempre monárquico. El nuevo desorden amoroso, ¿nuevo? Manuel volvió al cuarto a por otro cigarrillo. Allí, sobre la mesa, el cuerpo del delito. Playa y barcas. Viñamar. Veintitrés. Agosto. Rosa María. Coñomaría. Rosacoño. Fumar. Fumar. Mechero. Le prendió fuego a la postal. El ducados le supo a gloria.

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Rosa. Dibujo de Chema Lumbreras Kramel

 

GIORDANO BRUNO en CAMPO DEI FIORI

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A BRUNO, EL SIGLO DE SU ADIVINACIÓN, AQUÍ DONDE FUE QUEMADO.

José Antonio Moreno Jurado

CAMPO DEI FIORI

 

 

 

 

 

Como si ardiera el mar   *   en compañía del río   *   hasta la Isla Tiberina   *   el cielo se derrite lentamente   *   cae como cera o parafina dulce   *   y voy a lomos de todos mis sentidos   *   perdido en el aire

Águila o Pegaso   *   sin poder extender mis alas hasta la orilla lúcida   *   de las constelaciones

Me han traído desnudo   *   para mi vergüenza   *   por el Trastévere   *   risas llantos aceptación   *   atado a un poste de madera   *   criminal   *   inocente de la razón y la inteligencia

Por orden de la Bestia Triunfante

Mi lengua adherida a una especie de trampa   *   casi informe   *   para que no justifique mis actos con palabra alguna

Liberación del vicio y de las supersticiones   *   dije una vez   *   sin pensar en consecuencias posibles   *   frente al ser en la naturaleza   *   en la que reside la pasión de la verdad

Sólo la lluvia podría endulzar la sequedad del aire   *   la fiebre encarcelada de mi degradación matinal

Oigo a lo lejos   *   puesto que no hay arriba ni abajo   *   en la distancia del corazón a las cerezas   *   un canto infinito   *   dulce y de esperanza   *   que sólo entonan los labios   *   no contaminados   *   de los que conceden valor a la inmanencia

No existe sitio en mí   *   para la no ética   *   aunque un amigo me traiciona

Me pongo a arder   *   por orden de la Bestia triunfante

Arden mis pies   *   mi vientre se despliega   *   se encoge como papel quemado   *   por la esfera perfecta del dolor   *   a qué la vida   *   el pensamiento

Quisiera soñar   *   pero no puedo   *   que voy hacia la muerte.


JAMJ (3) ojos

JOSÉ ANTONIO MORENO JURADO (Sevilla 1946), ÚLTIMAS MAREAS (2012).

Campo dei Fiori es un monólogo dramático interiorizado en Giordano Bruno (1548‑1600), al que llevaron desnudo y con la lengua clavada en un madero desde el Trastévere al Campo dei Fiori. Acusado de blasfemia, herejía e inmoralidad, allí murió en la hoguera el 17 de febrero de 1600 sin exhalar un grito y después de rechazar al sacerdote que quiso darle a besar un crucifijo.

En 1889 por suscripción popular internacional se erigió una estatua en el lugar, hoy matinal plaza de mercado y lugar apasionado de encuentros y conversaciones. La lápida dice: «A Bruno il secolo da lui divinato qui dove il rogo arse» Algo así como «A Bruno, el siglo que vio venir, aquí donde fue quemado».

Curioso es que el mismo 17 de febrero une a Gustavo Adolfo Bécquer, nacido ese día de 1836, y Giordano Bruno, muerto el 17 de febrero de 1600.

No descanse en paz la Bestia Infame.


 

EL ATEÍSMO

comunionEL ATEÍSMO
el alcalde y las comuniones
Elogio de la religión cero cero

Leyendo los Cuadernos de Mazagón de nuestro querido José Antonio Moreno Jurado, que tanto hace cuestión de su ateísmo humanista, transigente y nada beligerante, y viendo el notición que ha generado un alcalde musulmán para la ciudad de Londres, eLTeNDeDeRo se plantea: ¿por qué sabemos o tenemos que saber que es musulmán y por qué, encima, jura su cargo en una catedral cristiana en vez de en la alcaldía o en un edificio civil?

Nuestras definiciones o declaraciones de ateísmo, agnosticismo o laicismo se han quedado, vamos a decir, obsoletas. Al fin y al cabo ser ateo, ser agnóstico o ser laico sigue siendo responder a una pregunta que no nos tendríamos que hacer o cuya respuesta, en todo caso, no pasaría de ser una cuestión privada. Tendríamos que autodefinirnos como antireligión, combatientes por una sociedad areligiosa, aquí y en Londres, sin religión ni religiones públicas ni en público.

Lo cual no es fácil en el mes de las comuniones. Haría falta una fuerte campaña desde arriba y una conexión whatsapp multitudinaria entre familias afectadas por la emulación social. Que circulara y se hiciera viral y colegial, generacional, un gran pacto entre todos: mi niño no la hace, mi niña no la hace y, así, hasta que cuaje. ¿Qué mejora nuestra vida tener alcaldes musulmanes? Con obligar a los candidatos a prescindir de sus creencias sería suficiente. Y, si no, que no se presenten a la alcaldía.

Si no es posible la gran revolución, salir del capitalismo, hagamos las chicas y librémonos de los cánones que nos fastidian la vida.


LOS GRIEGOS


LOS GRIEGOS

No los veo en el colegio, pero salen en el libro de texto. Su sabanita al hombro, entre el ágora y el Partenón, las mejores personas en el mejor de los mundos. Luego, en el instituto, a los dibujos les pusieron voz en horas de clase y un alfabeto propio. Sorpresa y admiración. Aquellas alfas, betas y gammas silabeaban la palabra filosofía y la palabra democracia, únicas formas de pensar y de pensar la polis, la política. Entonces en España no había democracia y Esperanza Albarrán personificaba ese tipo de profesores por encima del resto y alimentaba en nosotros, preuniversitarios, la seducción por lo clásico más que el profesor de latín, que olía a sotana. Cuando, terminada la carrera, regresé al instituto, como profesor de lengua española, seguí pendiente de mis colegas de griego, seminario el más minoritario y exquisito. Me fue preciso destejer el antifaz que, como a un reo, nos tapa los ojos, para objetivar la cultura clásica como el gran collar de Occidente, incluidas las dos perlas más repetidas por la oposición laica: la libertad, asociada a la democracia, y, su falta, atribuida a la Iglesia. El tándem capitalismo religión es tan brutal, que necesita del humanismo ateo como el policía malo y torturador de los interrogatorios necesita del policía bueno. Un cigarrito entre dos palizas.

Todo esto me viene a la cabeza mirando la Punta del Malandar desde Sanlúcar. Desde aquí leo a José Antonio Moreno Jurado; sus Cuadernos de Mazagón me tienen francamente entretenido. Dado el aparato crítico y erudito que invade su libro como la pleamar, bien parece que la salvación del mundo con el que Moreno Jurado se muestra tan crítico pasa por la lectura o la relectura de los clásicos. Y me digo: Occidente (el Occidente último modelo, siglo 21, y el prototipo de Occidente, siglo quinto griego) tiene que ser destruido y José Antonio y yo, que se lo hemos transmitido a la juventud, para que alumbre un mundo bueno y sin dibujitos. No es la pérdida o la degradación de la democracia lo que nos amarga la vida: es la insistencia en la democracia de electores y elegidos y de explotación del hombre por el hombre lo que nos tiene jodidos. Como divertimento o curiosidad, Grecia y sus productos, la filosofía, el humanismo, el ateísmo, están bastante bien. Como receta o fórmula magistral, la materia griega no deja de ser un placebo para dilatar el juicio de quienes jamás se han arremangado ni se arremangarán el día que la Historia pase por su puerta.

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eLTeNDeDeRo recomienda la lectura de Cuadernos de un poeta en Mazagón,
de José Antonio Moreno Jurado, Baile del Sol, 2016.


JAMJ (3) ojos

El mar de Atos (1999)

# Pilar y Daniel por LeMonge 20111
(foto LeMonge, 2011)

El mar de Atos (1999)

de José Antonio Moreno Jurado

 / a Daniel Lebrato y Pilar Villalobos /

 

El mar de Atos

Nunca la sombra.

Sólo es el mar quien viste de mendigo,

quien ciñe austeramente sus harapos

y asciende,

cada tarde,

y levanta a su paso la envidia de los vientos

cuando mancha su túnica marina

de jara y polvo,

de mirto y albahaca.

 

Asciende cada tarde

perfumando las rocas de salitre.

Luego, humedece el lirio y la memoria

que navegan al sur con el crepúsculo.

 

Y se sienta conmigo junto al umbral de piedra

del viejo monasterio,

bajo la dulce y alta caricia de los árboles,

diciéndome en voz baja:

“No quiero tu limosna,

sino tu cuerpo”.

 

Sus ojos, algas verdes y azules

mecidas en los dedos de las aguas:

EGEO, JÓNICO, TIRRENO y, MEDITERRÁNEO.

 

(En la distancia,

una iglesia con frescos de Pansélinos.

Aquí,

la copa detenida de Mi­guel Paleólogo,

que conserva el dolor

y el ingenuo artificio de Bizancio.)

 

“No quiero tu limosna,

sino tu cuerpo”,

me repite.

 

Mientras, la letanía

de los monjes se enreda

por los hilos y orillas de la luz

y se quiebra, de pronto,

como pasión o absenta.

 

“Sólo podré servirte

las frutas que maduran en las ramas

de mi necesidad.

Mi pobreza es el tiempo.

Tiempo, como cristales,

cuyo reflejo intuyo, aunque no alcanzo,

por el fondo sin nombre de las aguas.

Los años que recubren de vacío

el cuerpo marcesible­.

La humana estupidez de percibir lo Eterno

como un río de sombra que nunca se atraviesa.

Que nunca se atraviesa”.

 

“Sólo tu cuerpo”.

 

Y, al último destello de la tarde,

deja correr sus dedos por mi vientre

como un brocal de aroma y abandono.

 

“No quiero tu limosna,

sino tu cuerpo”.

 

Se ruborizan las estrellas.

Ríe

la primera lechuza de la noche

que otea en la distancia

nuestros gestos.

 

Pero el mar,

acercándose,

me abraza.

Me abrasa en su ternura. Me rodea.

Después, va deslizando amantemente

sus manos por mi sexo.

En altamar

y en éxtasis.

Mendigo e insaciable.

 

Y entiendo, al fin, que nunca es el placer

la perfección,

sino la amarga y seca

ternura verdeazul de la nostalgia.


 

EL MAR DE ATOS, dedicado a Pilar Villalobos y Daniel Lebrato,
es un poema de JOSÉ ANTONIO MORENO JURADO
incluido en su libro ELEGÍAS DEL MONTE ATOS (1999)

JAMJ


 

José Antonio Moreno Jurado

JAMJ

JOSÉ ANTONIO MORENO JURADO

SEXTINA LIBELADA EN ELSOBREHILADO

 


PALABRAS PARA FEDRO,

de José Antonio Moreno Jurado,

editado por La Isla de Siltolá
y presentado en la Casa del Libro de Sevilla
el jueves 15 de enero de 2015
por Alberto Guallart y Daniel Lebrato,
con Pilar Villalobos y Jose Marrodán.

PLAZA DE LA ENCARNACIÓN

          Cada uno es Cernuda como Dios le ayuda
Daniel Lebrato

Esto que van Padilla y José Antonio
calle Laraña arriba (eso fue el curso
79 y esto es un soneto):
–Ese que ves ahí también escribe.
–Y aquel, y aquel, y el otro, el de la moto:
la ciudad de la gracia o la desgracia
de estos a dedo y ego condenados.
–Si por mi casa pasan con sus gracias,
se las publico, y punto, y de eso vivo.
–Tú, sí, José Manuel, a mí me matan.
–Ven por aquí, que vamos a la plaza
por papeles de estraza y un pirulo
de versos fritos calentitos. –Vamos.
–Y gracias y desgracias: ¡las del culo!
Y luego, en estrambote,
caló el Moreno, requirió el Jurado,
miró al mercado y dijo al hombre: –Póngame
cuarto y mitad de Fedro libelado.



 

FEDRO COMO EL ALBATROS

          Ses ailes de géant l’empêchent de marcher
Charles Baudelaire

Bajaban de la acrópolis turistas
de dos en dos, en grupo, gente sola.
Traían con el sol en los talones
sus cámaras cargadas de cultura
y democracia. Esto que ven será
‑dijo la guía‑ espejo del futuro:
aquí estudió Protágoras con Sócrates,
aquí fue el Siglo Quinto; aquí, el Banquete
–hoy, musgo y lagartija y una sombra
que desenfoca fotos y elegías:
la explotación del hombre por el hombre.
Y Fedro, el descreído,
duda, como el albatros, de sus alas:
si es él ‑no un dios‑ el que hasta el mundo baja.


 

SEXTINA LIBELADA
de José Antonio Moreno Jurado

Mira, Fabio, la rima e las ideas
atendamos de un viejo et subtil monje
que, mensurando la alma del poeta
a fuer de cierta alquimia, de su boca
sacó et su alambique esta receta.
Fuese del año mil. Fuese en Sevilla.

Parió, pues, la cibdad, venal Sevilla,
babamonstruos del diablo en su receta.
Son cornudos corsarios que en la boca,
por parecer que tienen de poeta,
vomitan la maldad que face al monje
mudar por los conventos las ideas.

Poetastros et locas sen ideas
que más parecen sapos. Cierto monje
les cuece los laureles de poeta
et van ansí diciendo por su boca
versillos de almidón et la receta
la venden por las calles de Sevilla.

Truhanes parlanchines en Sevilla
con aguachirle escrito en la receta.
Parnaso sevillano que de boca
prostituye la luz et de poeta
sólo viste la saya de algún monje,
mas non virtud, empero, nin ideas.

Non es de puridad, pues las ideas
aprendieron dormidas, como el monje
que se durmió leyendo a algún poeta
de la latinidad. Después la boca
–¡cuán fácil ser pastiche o ser poeta!–
llaman fibras e esencias de Sevilla.

Mas todos a la postre, ay Sevilla,
tal el falso doctor, te dan receta
de cómo, sin amarvos, et por boca
et non por corazón, serás poeta.
Ansí alcanzan la mala fe del monje
et la poca visión en las ideas.

Saca, Fabio, del monje la receta:
adula con tu boca et tus ideas
si quieres, en Sevilla, ser poeta.


EL ALBATROS

Albatros de Baudelaire por Greg Moncrieff

FEDRO COMO EL ALBATROS

          Ses ailes de géant l’empêchent de marcher
Charles Baudelaire

Bajaban de la acrópolis turistas
de dos en dos, en grupo, gente sola.
Traían con el sol en los talones
sus cámaras cargadas de cultura
y democracia. Esto que ven será
‑dijo la guía‑ espejo del futuro:
aquí estudió Protágoras con Sócrates,
aquí fue el Siglo Quinto; aquí, el Banquete
–hoy, musgo y lagartija y una sombra
que desenfoca fotos y elegías:
la explotación del hombre por el hombre.
Y Fedro, el descreído,
duda, como el albatros, de sus alas:
si es él ‑no un dios‑ el que hasta el mundo baja.


Daniel Lebrato, palabras para Fedro (poemas), de José Antonio Moreno Jurado