faldas, melenas y gafas. (2)

VIENE DE FALDAS, MELENAS Y GAFAS (1)

La historia es vieja, está en los escaparates y en el Día de Reyes. Mientras niña con muñeca y niño con balón, no habremos adelantado nada. El no sexismo no presenta más opción personal, familiar, educativa y ambiental que la indumentaria unisex, lo cual implica y obliga a algo que no es fácil pero tampoco imposible utopía: un amplio consenso como pacto de Estado para corregir (no arruinar) la moda como industria y como hábito de consumo y por educar lejos del “si les gusta” émulo del megusta en redes sociales. Y esto es previo al feminismo de cremallera, de equiparación o de cuotas del 8M como Día de la Mujer, y no de la Mujer Trabajadora.

Tomemos por caso tacones contra suela llana, faldas frente a pantalones. La falda obliga a la cría a pensar, con malicia o desparpajo, pero a pensar, en su triángulo erótico antes de ella entrar en la edad erótica: cómo me siento, cómo se cruzan las piernas, algo comparable al lenguaje del escote: qué enseño o qué insinúo y, lo que es peor, quién me estará viendo o mirando. Por algo empresas de uniforme de azafatas y azafatos, de enfermeras y enfermeros tienden por convenio a la unanimidad que otorga el uniforme de pantalón, no de faldas.

Si vamos a la simbología del pelo largo o melena, no son de escuchar aquí varones hípsteres obsesionados con su frondosa o perfilada barba: barba frente a melena, ¡qué igualdad tan bien servida! Ni hay que ir a un diccionario de símbolos ni a lo que digan la historia de la guerra ni el Viejo Testamento, argumentos de un tiempo pasado que pasado está. Pelo largo en barba o en cabeza y en sociedades de ducha diaria va contra higiene y hábitos de salud, cuando no contra la bombona de butano o la factura del gas, y por comparación con la higiene y hábitos del varón estándar.

El otro día, hablando con una nieta de quince años caracterizada por faldas, melenas y gafas, le dije que probara, solo probara, al pantalón del hermano, al pelado del hermano y a las lentillas del hermano, y no hacer como esa Ana Tontade que sale en la tele con montura de gafas sin cristal ni graduación, únicamente porque la imagen gafas la viste de algo, no sabemos si de guapa o de leída o de intelectual.

Yo, que padre o madre, probaría en mi ámbito a juzgar y jugar con esos roles que estoy alimentando en casa para luego, eso sí, presumir o preciarme de muy feminista y muy militante por la igualdad. Por muy interesante que parezca la igualdad de lo desigual, más fácil y didáctica resulta la igualdad de la igualdad. Y lo mismo que en psicoanálisis hay que matar al padre, no está de más recordar a las niñas del sí de las niñas que hay que matar a mamá.

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