Etiqueta: feminismo

la reina boba.

Reinas Magas republicanas en Valencia

Si en el hombre y en la palabra hombre caben machos
y hembras, hembras y varones, hombres y mujeres
(como sostiene la Academia y se demuestra en
la explotación del hombre por el hombre, que es un lobo
y que tropieza dos veces en la misma piedra),
cómo hablará una mujer en femenino singular
sin que, universal o epiceno, hable por su boca
todo el género humano.


[LA CORTE DEL REY BOBO]


La materia del feminismo.

huelga-feminista en Todo por hacer
8 de marzo

La materia del feminismo no es la igualdad civil o sindical, sino lo específicamente femenino en forma, función y significación, esto es: sexualidad, maternidad y rasgos distintivos por oposición a lo masculino. Mientras las mujeres no se planteen las bases que confluyen en la familia (constituciones de sexo y de pareja, tratos y contratos conyugales o matrimoniales), pero también en las pasarelas de Hollywood y de los Óscar, el feminismo no habrá avanzado nada.


 

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Límites y paradojas del feminismo.

Octavia_Spencer
Octavia Spencer

La película Figuras ocultas (Hidden Figures, 2016, Talentos ocultos en Hispanoamérica) cuenta la historia de tres mujeres negras que compiten con éxito y suben en la escala social de los varones. Una dio sus cálculos al vuelo de John Glenn, primer astronauta usa en dar la vuelta a la Tierra (1962). Otra fue la primera mujer supervisora de IBM y otra, la primera ingeniera aeroespacial de EEUU.​ Eran los años de la guerra fría y del anticomunismo interior en un país obsesionado con un ruso bajo la cama y mentalmente muy militarizado. Aquella loca carrera armamentística todavía dura y, mientras, nos ha dejado: el acoso a todo lo que no les gusta (Urss, China, Corea, Vietnam, Cuba, Chile, Venezuela; Israel, gendarme del mundo árabe); Guerras del Golfo, Torres Gemelas, terrorismo yihadista, es decir, un panorama desolador también por obra de mujeres luchadoras por sus derechos civiles. Es lo que pasa cuando pides igualdad sin resolver antes a qué te igualas: que la consigues y dejas el mundo peor que estaba, como pasará el día que la Iglesia equipare a curas y monjas. Quien lo dude, tome ejemplo de la moda o de la mujer objeto. La igualdad ha consistido en machos héteros y homos que se pintan las uñas, que se ponen pendientes y zapatos de tacón, lo cual: el cuerpo objeto continúa. Límites y paradojas. Si un límite lo pone un mundo varón que al feminizarse se perpetúa, otro límite lo pone un mundo hembra que al expandirse vuelve a su origen: el feminismo como componente de la conciencia contemporánea comparable al ecologismo, al animalismo o a las virtudes de la dieta mediterránea, que es muy difícil no participar de ellos. La paradoja la pone el tapadismo por obediencia islámica. Las mujeres feministas que conozco, cuando les sacas el tema, se salen por los cerros de Úbeda de la cultura, de la pluralidad, de la diversidad o de la convivencia como si el tapado no fuera varón varón y quienes lo llevan (por su gusto o a la fuerza, qué más dará), hembras de vida fastidiada con el visto bueno del feminismo occidental.

tacones gay

análisis del feminismo (ante el 8 de marzo).

huelga-feminista en Todo por hacer

Las luchas sociales son revolucionarias porque una parte de la sociedad les da sentido. Miren lo que le ocurrió al marxismo político, que se quedó sin base el día que la clase obrera se aburguesó encandilada por el Estado del Bienestar. Otras luchas sociales no han sido nunca de clase, sino interclasistas, transversales; como el movimiento feminista, que lo mismo abarca (bajo el epígrafe ‘derechos de la mujer’) a la obrera currante que a la duquesa de Alba. Visto así, que seamos partidarios de la igualdad civil y sindical entre hombres y mujeres no nos hace del partido feminista. (Tampoco ser pensionista ‑ahora que se agita el colectivo‑ significa nada: pensionista es quien se jubiló con sueldo de alto ejecutivo y quien cobra el salario mínimo.) El feminismo, desde sus orígenes sufragistas, ha sido un movimiento de amplio recorrido, es verdad, aunque siempre interclasista salvo para Lidia Falcón y su Partido Feminista, de 1975. Desde entonces, la sociedad ha conocido un proceso doblemente perverso: la desideologización de las causas dentro del grupo oprimido por la asunción de las causas por parte del grupo opresor, caso, el más evidente, que se dio con la mujer objeto cuando los varones empezaron a posar marcando paquete o, más allá, con sus tacones de aguja y con sus uñas pintadas. Quien ahí vio una sociedad líquida debió creer que con ese título dejaríamos de hablar de sociedades capitalistas, que es lo que sigue habiendo, lo llamen como lo llamen, solo que ahora con la complicidad de las pobres criaturas que muerden el anzuelo que conduce a su propia cosificación o alienación. A igual trabajo, igual salario, sí, y contra el acoso laboral y sexual: esa es la tierra firme del 8 de marzo. Pero a distintos sexos iguales roles, no, por mucho que se empeñen los varones embarazados. Esa es la parte inestable de la huelga femenina o feminista del 8 de marzo.

el-principito

las palabras de la tribu (2)

huelga-feminista en Todo por hacer
Imagen en TodoPorHacer.org

Por razones que tienen que ver con el abandono de las luchas de lo que fue la izquierda en el siglo 20, ningún movimiento del siglo 20 ha sobrevivido el 21, aunque sí sus nombres, como es el caso de la palabra izquierda, la palabra huelga y la palabra feminismo. Factor principal del desgaste de estas palabras ha sido su asunción por parte del Estado del Bienestar. La huelga feminista del día 8 cae en estas cavilaciones.


 

huelga feminista.

FEMINISMO-ABORTO-4

Bajo el poderoso influjo del Estado del Bienestar, el feminismo murió el día que aceptó el tapadismo de género como si fuese por gusto de las mujeres tapadas (gusto o moda por demás bien discutible).

Hoy el feminismo se acoge a dos fórmulas imbatibles: la igualdad laboral (a igual trabajo, igual salario entre hembras y varones) y contra el acoso y maltrato sexual. Y ¿quién podría negarse? ¡Hasta el PP suma y suscribe!

Pero el feminismo no consiste en sindicalismo ni en seguridad y protección, sino en plantear o replantear el papel de la mujer y lo mujer en las relaciones de pareja, en el paritorio y la familia.


 

apostillas al 8 de marzo.

Mariadolores González Cantos: apostillas a discurso desagradable contra el feminismo residualpublicado por eLTeNDeDeRo con motivo del 8 de marzo.

La emancipación de la mujer significa su realización personal sin dependencia del hombre, como nos decía mi padre cuando exigía un título que facultara para ser independientes, se casaran o no, sus tres hijas. A los tres hijos no les tenía que decir nada. Y eso supone una concepción de la mujer -por parte suya y de los hombres- que aún está por llegar.

Por lo menos se me ocurren estos rasgos: sin sumisión esperada o actuada por el otro; sin proteccionismo activo del otro; sin celos del otro ante éxitos profesionales mayores o supuestamente superiores de la otra…

¿y qué más?

…sin que funcione el patriarcado, la prevalencia del padre, hermano, esposo, compañero de trabajo, compañero de autobús, varones en general -dentro o fuera de su ámbito cercano- que conviven en el barrio, en la ciudad, en el país, en el mundo.

Mariadolores González Cantos, 9 de marzo 2017

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8 de marzo | discurso desagradable contra el feminismo residual.

El feminismo que convivió con la lucha de clases corrió el riesgo ‑o hizo el ridículo‑ de hacer de las mujeres una clase social (Partido Feminista, de Lidia Falcón, 1977). Desde el punto marxista, una mujer trabajadora tenía que abordar una doble emancipación: como feminista y como luchadora por la cuestión social. Un siglo después, no hay clase naturalmente beneficiaria de ninguna revolución que merezca el nombre de revolución social: la lucha de clases está desaparecida. Y el feminismo también está desaparecido desde el momento que asumió el tapadismo de mujeres que alegaban sus motivos culturales e identitarios para taparse con gusto. Sigue, eso sí, un feminismo sindical del tipo a igual trabajo, igual salario entre varones y hembras, y poco más. Y no es de extrañar que un frívolo presentador de TV felicitara el 8 de marzo a las mujeres de su programa como se felicita el día de la madre.

Queda pendiente la asunción de la maternidad como realización personal independiente del varón y del Estado. Queda la abolición de la familia ganancial y como unidad económica tal y como ahora se entiende. Y queda que el Estado empiece a hablar de población y no de fomento a la natalidad.

La pregunta en euros a las mujeres, a cada mujer una a una, es cuánto cuesta ser madre, quién lo paga y quién lo va a pagar cuando el Estado, entendido como sociedad de contribuyentes, no tenga por qué apoyar ni subvencionar una institución estrictamente privada.

No querrán reconocerlo, pero quienes desde el Bienestar abogan por el apoyo a la familia, por el reparto de tareas o por la conciliación de las vidas laboral y familiar están diciendo lo mismo que la santa madre Iglesia. Algún día tendrán que callar.

Hombre o mujer: la vida que tengas, págatela. Y eso incluye a las mujeres que acuden entusiasmadas y sin pasar por caja a recibir los frutos de su maternidad.

eLTeNDeDeRo deja a ustedes con un poema de nuestro Antonio Machado quien escribió Pascua de resurrección para Campos de Castilla en mayo de 1909. El poeta, de 34 años, estaba por casar con Leonor, de 15. Tal vez por eso, escribió así

PASCUA DE RESURRECCIÓN (fragmento)

Buscad vuestros amores, doncellitas,
donde brota la fuente de la piedra.
¿No han de mirar un día, en vuestros brazos,
atónitos, el sol de primavera,
ojos que vienen a la luz cerrados,
y que al partirse de la vida ciegan?
¿No beberán un día en vuestros senos
los que mañana labrarán la tierra?
¡Oh, celebrad este domingo claro,
madrecitas en flor, vuestras entrañas nuevas!

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las causas (el escultor).

¿No se cansan ustedes de la enésima indignación por la enésima víctima del enésimo atentado contra la enésima víctima, provocado por los enésimos motivos que enésimas personas y asociaciones condenan por enésima vez? La lógica las llama las causas. Ir al origen del problema. Aristóteles distingue cuatro causas: material (el bronce de la estatua), formal (la forma de la estatua), eficiente (el escultor) y final (adornar un templo). De las cuatro causas, una responde a la pregunta para qué y, por tanto, es finalidad. Dos responden a cómo y con qué y, por tanto, son circunstancias (necesarias, si se quiere). Solo una causa responde a la pregunta por qué, cuya respuesta remite a un quién, el sujeto humano protagonista de una acción motivada. [Quién pasaría a qué, como sujeto de cosa, pero eso solo incumbe a la gramática: es evidente que las cosas, al no tener conciencia, no pueden tener motivación; a ciegas sí: una lluvia torrencial es causa de una inundación]. Lo indiscutible: las cuatro causas aristotélicas se reducen a una, la que sirvió a Tomás de Aquino y a la escolástica para demostrar que Dios existe: puesto que el mundo existe (premisa), alguien tuvo que hacerlo (conclusión). Y si el cuadriculado pensamiento escolástico se las ingenió para llegar a la causa primera (no de la existencia de Dios, sino de la Iglesia), ¿qué no podrá hacer el pensamiento dialéctico sobre el desquiciado mundo del que no paramos de quejarnos, de invocar enésimas soluciones que solucionan poco o nada?

Una causa se conoce por su efecto. Una causa es primera cuando detrás de ella ya no hay efecto y cuando, sin ella, tampoco.

Las causas nunca van solas. Las causas del bien deseado (las del gracias a) se juntan para parecer buenísimas. Ocurre con libertad y democracia, causas eficientes del mejor de los mundos posibles. Y las causas del mal aborrecido (las del por culpa de) se juntan para generar confianza y opinión favorable.

La causa origen de todas las guerras está en las fuerzas armadas. Sin embargo, nos hacen creer que armas y ejércitos son un bien para nuestra defensa. O para fabricar el Airbus, crear trabajo y combatir el paro.

La causa origen de las guerras de religión es la religión. Sin embargo, nos hacen creer que la religión es cultura o civilización.

El causa origen de la violencia de género es la familia. El machismo se genera ahí.

El escultor, o sea.

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hora de la democracia.

electores y elegidos | cándidos y candidatos. Según Público.es, el 62 por ciento de las mujeres en Austria ha votado izquierda y el 38, derecha. Entre los hombres, ha sido al revés, 56 a 44. Visto lo cual, un análisis feminista ha llegado a ver en las mujeres austriacas una vacuna contra el fascismo. La cuestión es: conceptos como izquierda, derecha, feminismo o fascismo son conceptos para creyentes. El feminismo crítico murió el día que abrazó la alianza de civilizaciones, con el tapado islámico que trajo consigo, lo que vino muy bien al cristianismo oficial que ostenta crucifijos, Inmaculadas y belenes vivientes. En Europa la gente no vota opciones políticas (en el sentido civil que tuvo el voto en los siglos 19 y 20) sino opciones laborales. Y ahí, amigas mías, tanto monta el NO a la inmigración que sostiene la derecha (a la que llamaremos fascismo, xenofobia o eurofobia) como el SÍ a la inmigración que sostiene la izquierda (a la que llamaremos solidaridad con los refugiados). Abandonada la vieja lucha de clases, y sin que nada ni nadie cuestione con rigor capital y trabajo, la política queda en un asunto doméstico más o menos como sigue: voto por repartir lo que hay entre los que somos o voto por que la inmigración nos deje los mejores trabajos y mejor retribuidos. Economías como Inglaterra y Alemania necesitan mano de obra inmigrada (el Brexit prueba que el factor Unión Europea no es determinante) y países como España, con su alto índice de paro, mejor harían con dar trabajo a su propia población. Alemania juega con fuego (el Islam es jodido y nunca se integra), Inglaterra juega con el mismo fuego aunque poniendo reválidas y aquí en España, desde el PP a Podemos, ningún partido tiene la valentía de reconocer que inmigración y acogida vienen en muy mal momento mientras ‑a nivel personal‑ quienes dan la tabarra con que hay que acoger y acoger no acogen en su casa a nadie: un sirio, un marroquí, un subsahariano. Háganse caso, señoras y señores y señorías: aprovechen que viene la Navidad y sienten un inmigrante a su mesa y acojan a su cargo y bajo su techo una de esas criaturitas que nos refriegan en sus telediarios solidarios. Y a la verdad (con su mala conciencia) déjenla en paz: Occidente no tiene solución.

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límites de la novela histórica

La novela histórica limita al norte con la actualidad; al sur con un tiempo pasado que fue mejor o peor; y al este y al oeste, con el autor o autora, quien se retrata por mucho que nos lleve de viaje en su doble evasión, de espacio y tiempo.

Leo El cirujano de Al‑Ándalus (2010). En principio, el esplendor de Al‑Ándalus me merece tanto como el de la América de Frank Sinatra o el del llamado milagro sueco: lo que usted diga, jefe. El cirujano de Al‑Ándalus respira bestséler, habilidad que admiro. La escritura bestséler nos sienta en la misma butaca que las películas del Hollywood clásico, que te las zampas y no te enteras; las ves pero también puedes dormirlas. Lo primero que me interesa del género histórico no es su mecánica, sino la intención. ¿Qué persigue un contemporáneo novelando o filmando una parte, y no otra, del pasado? En este caso, un cirujano español, Antonio Cavanillas de Blas (Madrid, 1938, el hombre es mayorcito), se mete en la voz y en la piel de un colega en la Córdoba califal del siglo 10. La respuesta, como todas: el autor cree haber encontrado un tema inexplorado, un filón[1], con que ganar éxito y dinero no a través de la historia, sino de él y de nosotros mismos.

Yo, lector, Abul Qasim Cavanillas de Blas, quiero ligar con Carmen, cristiana que rechaza el harén. El ya dos veces casado se defiende. «Míralo desde otro punto de vista. Los hombres somos, normalmente, más fogosos que las hembras. Vosotras, en asuntos sensuales, sois pasivas lo mismo que las gatas; nosotros somos activos, parecidos a los canes. Sé por experiencia que mis mujeres agradecen a veces la soledad nocturna, poder dormir a pierna suelta sin sentir la calidez en ocasiones pegajosa de un hombre ebrio.» Carmen insiste en su idea de mujer libre que no quiere compartir su hombre, y el cirujano responde. «Raros son los cristianos que no tienen una amante. Ninguna mujer en ninguna parte posee en exclusiva a un hombre.» Mucho antes, el hombre había sido convencido por su madre a serle infiel a su primera esposa por el generoso expediente de agregar la nueva mujer deseada a su harén, mucho mejor que el ir de putas o de amantías como hacían los cristianos. Carmen, la cristiana, acepta el juego y se hace del harén. Ya sabe que ha de ser fiel al varón pero, el varón a ella, ni mijita.

El moralista que soy, el educador, piensa que la poligamia como antídoto contra la infidelidad masculina y la prostitución femenina no se tiene en pie, ni como explicación ni como aplicación, ante lectores de ahora mismo, hombres y mujeres a quienes quieren hacer creer que el burka es cultura y feminista el burkini, que al final es de lo que hablamos, Cavanillas de Blas, cirujano propagandista de la alianza de inculturas e incivilizaciones.

Otro día vemos cómo mi amigo el diputado psoecialista se inventó otra novela histórica para dar paso a Mariano Rajoy y seguir siendo él muy de izquierdas: la culpa no es del Psoe sino de Pablo Iglesias por no haber ingresado a Podemos en el harén de Pedro Sánchez.

–enlace a carta a un diputado

[1] No tan inexplorado como para una tesis, que el autor publicaría si pudiera, argumento que utilizó Umberto Eco para justificar El nombre de la rosa: tenía tanta información de aquella Edad Media que solo inventándose una novela podía echarla fuera.

mujeres

La Historia era una historia de modos de producción (esclavismo, feudalismo, capitalismo) todos ellos patriarcales sobre un matriarcado original al que un día, y con ayuda del marxismo feminismo, regresaríamos como al paraíso, ya sin primacía de ningún modelo sino como superación de los dos.

En el principio fue el matriarcado. La paternidad, o era incógnita en régimen de promiscuidad, o no importaba no habiendo nada que heredar ni que dejar en herencia. La ascensión del varón tuvo que ver con la prevalencia física del músculo[1] para la doma, la forja o la guerra, bases de la nueva economía. La prole, la casa, la granja, la pacífica agricultura seguían en mujeres[2]. Y estaba cantado que el varón al volver de la guerra, con el botín de la guerra y antes de marcharse otra vez a la dichosa guerra, iba a imponer sus pruebas de paternidad: la familia, la primogenitura, el apellido, la herencia: el patriarcado[3]. Sobre ese cuadro, el feminismo histórico[4], de mujeres de los siglos 19 y 20, hizo una proyección a su imagen y semejanza sobre un pasado en el que las mujeres nunca tuvieron el mando: en las Cruzadas, en los descubrimientos, en las rutas de la trata de razas y materias primas. No hay que preguntarse cómo serían Juana de Arco o Isabel la Católica. Nos lo dicen Indira Gandhi, Golda Meir, Margaret Thatcher o Angela Merkel: mujeres varones.

Mi generación ha visto pasar de un feminismo civil, militante y vindicativo, a una ascensión de lo femenino. El culto al cuerpo, el movimiento hombres embarazados, la nueva educación, todo es poderío femenino, para entendernos. Pero en ese cambio (climático) ha faltado la superación o negación de los viejos roles. Sirvan de muestra el orgullo gay, básicamente imitación de una imaginería feminoide, y la mujer islámica, tan feminista ella como tapada. Ambos absurdos bailan y se dan la mano en el orgullo burkini hasta vaciar del todo un feminismo cambiado en femineidad o feminidad, que de los dos modos se puede decir; docilidad, también, de quienes han renunciado a cambiar el mundo. Luchar cansa y es más fácil someterse, dar por bueno y proseguir.

Quienes cantan las gracias o virtudes de las mujeres (y los niños, primero, como en el Titánic), que prueben a prescindir del grupo varones y a ver qué les sale, mundo mejor o peor. El elogio a la mujer recuerda al Bécquer de mientras haya una mujer hermosa, manera de decir que la poesía era cosa de hombres. Mismo caso de Compañeras, presunto poema del madrileño Aluche Marwan Abu-Tahoun, Marwan, de su libro Todos los futuros son contigo (2015), ampliamente seguido en versión youtube: yo tuve algo que decir y no dije nada. Hablar de las mujeres es sacarlas del grupo humanidad.

Ahora, cuando la prevalencia física queda para las olimpiadas, cuando la revolución digital científico técnica desposee al macho de toda ventaja muscular, cuando la gestión de recursos y la economía punta son plurisexuales, ahora ‑justo ahora‑ es más aberrante la reducción de la mujer como heroína en casa y más sangrante la dejación del femenino singular y plural cuando más falta nos hacía para combatir el supuesto feminismo que se nos venía encima de mujeres disfrazadas de cultura, con el rearme de la religión que han traído, y como soportes vitales de un suicidismo terrorista que nos matará un día de estos. Mujeres son todas las mujeres, no las que un pavo elige en su cabeza.

[1] músculo > másculo > masclo> macho.

[2] El triángulo mujer casa agricultura lo percibíamos de chicos en la casa del pueblo de los abuelos, donde la abuela ejercía con una seguridad que nuestra madre en la ciudad no tenía.

[3] Decir familia patriarcal es redundancia. No hay más familia que la que impuso el páter familiae.

[4] Feminismos hay cuatro. Feminismo militante, o de tomar partido. Feminismo histórico, o de búsqueda de mujeres pioneras. Feminismo conductual, de lucha por la paridad en modos de vida y tareas domésticas. Y feminismo civil, por la igualdad de derechos políticos y sindicales desde las primeras sufragistas.

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Los de arriba y los de abajo

ANIMATION Carril Caballo

LOS DE ARRIBA Y LOS DE ABAJO
O en qué se parecen negros, tapadas, prostitutas, mariquitas y bicicletas–

Los de arriba y los de abajo, artículo de Paco Huelva, es (antes que Borges, Mariano Azuela y su novela Los de abajo, 1916, y antes que fábula en eLTeNDeDeRo) una categorización poética de Bertolt Brecht (1898‑1956): Para los de arriba hablar de comida es bajo, y se comprende porque ya han comido. Cuando los de arriba hablan de paz, los de abajo debemos prepararnos tiempos de guerra. (Trianarts y Google Sites).

Siendo los de abajo quienes viven perjudicados por un sistema (hombres y mujeres que vivirían mejor si el sistema cambiara) y siendo los de arriba quienes viven bien o magníficamente, los conflictos se han expresado a través de partidos o sindicatos de clase, luchas que se cruzaron con las tensiones y disputas de unos Estados con otros, guerras como las Mundiales con sus rebotes, las Revoluciones Rusa y China, efectos secundarios de conflictos vividos por la tropa ‑la que pasaba hambre y moría en las trincheras‑ como guerras patrióticas nacionales. Después de la Segunda Guerra Mundial y, visto que con la bomba atómica el negocio de la venta de armas se podía venir abajo, fue la época de guerras de inteligencia, estados de ánimo dirigidos por servicios secretos que han demostrado ser bien poco inteligentes: qué mala era Soviética, qué buena la Guerra Fría y qué catarsis la caída del Muro de Berlín. Los adivinos no adivinaron Al Qaeda, Torres Gemelas, Irak, Afganistán.

Las luchas de clase (batallas parciales dentro de un proceso natural que es la lucha de clases, en singular) se movían por un motivo sindical concreto, fueron pulsos, pugnas sectoriales por una reivindicación determinada: menos jornada, mayor salario o defensa del puesto de trabajo, lo que vimos en películas como Full Monty (1997) o Billy Elliot (2000). Ocurrió que a base de algunos logros sectoriales, los de abajo dejaron de sentirse los de abajo (proletariado o clase obrera). Ejemplo son los sindicatos de controladores, pilotos o conductores de trenes, asociaciones de élite cuya fuerza es la insolidaridad y el chantaje para paralizar un país. Succionados los sindicatos por la socialdemocracia (en España, Comisiones Obreras; por parte del Psoe a través de la Ugt), se vaciaron los partidos y se llenaron las oenegés y fue la hora de las causas humanitarias más o menos ‘perdidas’. Y dijo una: yo apostaba por el feminismo, y otro, por la ecología, el animalismo, la homosexualidad, los refugiados o las bicicletas. Parafraseando a Bertolt Brecht, cuando los de abajo piensan cada uno en lo suyo (contra los coches, contra las corridas de toros o contra el cambio climático), los de arriba piensan en todo y se frotan las manos (ITTP).

Viene esto a cuento de la reivindicación del Carril bici, ¡ya!, que no podía traer nada bueno. Porque antes de pensar o reivindicar el carril, había que pensar la ciudad y la ciudad dentro de un sistema (el Estado del Bienestar con sus etcéteras, como la crisis) que no se cuestionaba. Y lo que fue la bici, un vehículo en vías de redefinición (marginado, no, habiendo Tour, mountains bikes y bicicletas para el verano), pasó a orgullo‑bici, orgullo comparable al black power o al orgullo gay: lo negro se retitula afroamericano, lo homosexual se confunde con tacones y uñas pintadas y el feminismo, con tapadas islámicas o sindicación de las putas. Lo que en su siglo se criticó como la degradante y degradada mujer objeto (vista por ojos críticos con el sistema capitalista) se mira hoy por un caleidoscopio de múltiples imágenes de cuerpos objeto, ya sin crítica al capitalismo. Y lo que fue la prevalencia de automovilistas depredadores de la ciudad ha pasado a ser lo mismo pero en usuarios y asociaciones ciclistas que, en nombre de la visibilidad, han hecho de las modestas bicicletas de los de abajo vehículos objeto (su fetichismo: esa gente que no aparca jamás su bici y como mascota la lleva donde quiera que vaya dando el coñazo en todas partes) con los mismos defectos de arrogancia, prepotencia y ánimo de exclusividad que conductores de coches. Lo malo es que carril‑carril se construyó bien poco, y el carril de las pegatinas quedó en aceras bici o itinerarios recomendados. Les pasa por mirar el espejismo de Ámsterdam o Berlín sin pensar lo que de verdad se merecían las personas y necesitaban las ciudades, el mundo. Dios les conserve la vista. Los de arriba se frotan las manos.

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FEMINISMO

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FEMINISMO

Para la revolución de las mujeres (no para la moda ni para manuales al uso), hablar de la mujer ha sido hablar del feminismo. Y el feminismo ha muerto. Primero, y desde los años 80, el feminismo murió por haberse dejado neutralizar por el masculinismo feminizado: hombres objeto, hombres embarazados, mariquitas con tacones. Y después, desde 2007, por adoptar el rol de la mujer musulmana. El caso es que hoy no hay feminismo que merezca ese nombre. Seguir hablando de las mujeres, de lo que piensan las mujeres, de lo que harán las mujeres, por ejemplo, en las próximas elecciones, carece de sentido. Entre femimachos y tapahembras las mujeres se han quedado sin teoría. Y sin teoría todo es hablar y no saber de qué estamos hablando.


8 de marzo (llanto por la muerte del feminismo)

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Ejemplo de feminismo asumido. Ninfas de Carnaval. La segunda por la derecha es varón.

Sin feminismo no hay 8 de marzo que valga

El pensamiento utópico se divide en dos miradas: sindical (o sectorial) una y política otra, necesarias las dos. En los tiempos militantes y de partidos tenían razón quienes criticaban al feminismo por su carácter de lucha parcial, como el ecologismo o el animalismo, frente al marxismo, al socialismo, al comunismo o al anarquismo, ismos que nombran el tipo o modelo de sociedad o de utopía para todos los públicos, sean hombres o mujeres, amantes o no de la naturaleza o de los animales. El feminismo hizo cuestión de la igualdad de varones y hembras pero lo hizo sin cuestionar el mundo de valores del varón; mundo que incluía fuerzas armadas (y empezó a haber más mujeres soldados y menos pacificismo), confesiones religiosas (y empezó a haber más mujeres curas u oenegeras pero menos laicismo), o prácticas aberrantes como tapar a las mujeres (y del velo al burka las mujeres asumieron su condición de bien tapadas). Este panorama se complementa (es de la misma raíz y razón) con el empeño de los varones por facilitar la igualdad feminista repitiendo sin más estúpidos roles femeninos no discutidos ni resueltos en su día por las mujeres o dando respuestas necias a problemas que implican debate: hombres objeto, hombres embarazados, homosexuales feminizados, sindicación de la prostitución, etc. Otro día hablamos de cómo la base de todo es la familia, el modelo de vida y de mentalidad que impone la familia. Sin feminismo no hay 8 de marzo que valga.

ablación

Ablación

Hoy es el Día mundial contra la ablación.

Dos reflexiones:

Menos días de Días y más medidas contra los países que consienten o practican la ablación.

Tomen nota quienes defienden las tradiciones. La racionalidad del mundo es tan reciente que no hay ninguna tradición, ninguna, no sea bárbara o sexista.

 

nosotros y el Estado o el Estado y yo.

Antonio_Machado_por_Leandro_Oroz_(1925)

NOSOTROS Y EL ESTADO O EL ESTADO Y YO

¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatelá.
(Antonio Machado)

El decálogo sobre La familia, con sus apostillas, es normal que genere comentarios. Como cualquier medio que se precie, eLTeNDeDeRo es plural y abierto de mollera, pero su redactor Daniel Lebrato fatalmente es uno y cerrado, de piñón fijo, como las bicicletas antiguas. Y Daniel Lebrato no cree ni en la Opinión Pública ni en la Libertad Individual. La opinión pública es una construcción manipulada: la gente cree que opina, pero no es sujeto activo, protagonista, de su opinión, la cual, como mucho, daría lugar a opiniones públicas, no a una sola opinión. A la persona en libertad individual (condicional), el Estado (gestor de las libertades colectivas) tendría que decirle: en público, guárdesela. Y no confundir las leyes, la Ley, con el Estado. A la Ley, corresponde fijar reglas de juego, normas de conducta que pongan orden en el caos, y así se regulan el tráfico, el urbanismo, la contaminación, el censo o el sistema electoral. Al Estado Ley, se le ve venir: su principio es la autoridad y todo el mundo sabe a qué atenerse: si aparco el coche donde está prohibido, corro el riesgo de que me multen. El padre Estado, en cambio, el pobrecito, genera expresiones piadosas o confusas: con cargo al Estado, beca del Estado, subvencionado por el Estado. Desde la caída del Bienestar (2007), quien siga confiando en el Estado proveedor, una de dos: o ignora que el Estado hay que pagarlo, o es de tal ingenuidad que da por hecha la fiscalidad cien por cien progresiva, o sea que el Estado que beca o subvenciona se lo está quitando a las clases ricas, como el bandido honrado, para dárselo a los pobres. Para salir del actual atasco del post Bienestar (de ideas por un lado y dineros por otro) no hay más que una salida (definitiva) y una solución (provisional). La salida es la revolución, y, por fin, habrá café para todos. Pero si no, y mientras tanto, la mejor solución es que cada quien se pague sus copas: dado que no podemos acabar con las desigualdades, que cada quien se pague su desigualdad: la madre, la maternidad (sola o en compañía); el capillita, sus procesiones; el militarista, el Airbus Military; el del yate, el yate pero además Puerto Yatús y la autopista para llegar. Sería elevar el liberalismo del laissez faire a expediente transitorio hasta que se acabe con la explotación del hombre por el hombre. Los de abajo consentirán con su explotación, de acuerdo, pero habremos ganado dos puntos muy importantes: primero, lo sabemos (somos conscientes del tinglado que tienen montado los de arriba) y, segundo, las adherencias ideológicas, religiosas, políticas o costumbristas irían fuera de nuestras vidas y fuera del Estado: no habiendo guerra, no habría ejército y quien quiera soldados y aviones de guerra, que los pague de su bolsillo; no, como ahora, con cargo a un presupuesto nacional donde algún eurito mío va sin mi aprobación con destino a desfiles, familias numerosas o corridas de toros. En cuanto a feminismo o tapadismo, el Estado no debería entrar ahí. En el Estado de todos y de ninguno, de ideología cero cero (radicalmente laico), medias lunas y cruces, tapadas y monjas, estarían absolutamente prohibidas en público. ¿Que el tapado islámico es, como efectivamente hay quien opina, un feminismo asumido? Eso que llevan ganado hombres y mujeres creyentes del feminismo y del feminismo islámico para el día, ojalá no tan lejano, en que desaparezcan del Estado y de la faz de la Tierra todas las demostraciones públicas de fe o ideología.

Daniel Lebrato, 23 01 2016, en respuesta a LaChicaConfetti, anamdimo@gmail.com,
a quien va dedicado, con cariño, admiración y respeto, este artículo.