Carta al feminismo.

Irene Montero
Pura Sánchez
Kechu Aramburu


En plena Ley Trans, de Irene Montero, dos voces femeninas y feministas asoman por el quiosco de prensa: Kechu Aramburu y Pura Sánchez.


Pendientes del papel que ha jugado el orgullo gay junto a mujeres tapadas por obediencia islámica, estaremos de acuerdo en que, desde la Generación Milénial, por feminista se considera un feminismo de cremallera, de visibilidad y de equiparación.

Por visibilidad, se busca en la Historia figuras o nombres de mujeres desapercibidas.

Y, por equiparación, lo que es mujer o femenino se iguala con lo varón o masculino.

Por continuar de acuerdo, estaremos de acuerdo en que Algo pasa con Mari. Y esa campaña de «El largo de mi falda no te dice que sí» a la vez nos dice a las mujeres que llevemos falda.

Como nos dictan el modelo de mujer esas cadenas de tv, cuyas presentadoras parecen azafatas de noticias divididas en si llevan o no las uñas largas y de color, porque ojos pintados, boquitas pintadas, largas melenas, altos tacones y probados escotes nunca les falta para salir en pantalla.

Así que avanti con la guaracha del feminismo contemporáneo.

La visibilidad hace prodigios en juzgados literarios o en convocatorias editoriales (prueba del feminismo de bajo riesgo del que estamos hablando).

Y la equiparación iguala permisos por bajas maternales, haga lo que haga cada quien en el paritorio y, lo mismo, si hacen nada, caso tenaz de los vientres de alquiler, que abren otra polémica (que dejaremos al margen).

El cuadro es (y el comentario de texto):

mujeres boxeadoras, toreras o sargentas

frente a varones con tacones y uñas pintadas.

Yo os plantearía dejar de hablar del feminismo histórico (contra esa femineidad que ha tenido que ser sostén y parte del mundo masculino que había ¡porque no le quedaba otra!) y pasaría a un feminismo de casos prácticos y al alcance de todos, madres, padres, niñas, niños o enseñantes. Os propongo tomar la vida como gran teatro del mundo y verificar un feminismo de espejo, de ducha y de ropero bajo un modo teatral de escena y compañía de actores: qué me pongo, qué se lleva, roles o papeles para hoy.

Y qué casualidad -o jodida coincidencia- que del feminismo unisex nadie habla: la Ley Trans lo aborda bajo formas legales que afectan a menores que puedan decidir su sexo civil y afecta además a categorías sexuales deportivas. Nada que anule lo esencial: contra sexismo, unisex.

Y es ahí, frente a lo unisex, donde, a faldas, melenas, tacones, uñas o tatuajes quiero yo ver -y que lo veáis-, ese colectivo diario que viaja en cercanías con billete de Democracia y Occidente, concierto donde los ismos (feminismo, capitalismo, anti patriarcado) escapan a su significado y no significan nada, salvo etiquetas, y perdonadme. Perdonadme el orgullo 8-M o 25-N. Perdonadme la memoria histórica de las trece rosas, de las Mariana Pineda o de las Bernarda Alba. Un respeto.

Otro día hablamos del papel puente que ha jugado en esta encrucijada la mariconería de pluma amanerada -como el de la foto, con todo su orgullo gay- y de las mujeres tapadas por obediencia islámica. Veremos el lujo o la trampa (también el silencio que otorga) que hay en llamar al velo de religión, mujer, cultura.


Enlaces como bibliografía:

Kechu Aramburu: «La postpandemia será la gran oportunidad de Sevilla para resetearse». Entrevista Félix Machuca. ABC Sevilla. 08/02/21.

Pura Sánchez. Poderío: mucho lirili y poco lerele. Portal de Andalucía. 06/02/21.

Extraídos de Pura Sánchez con feminismo andaluz:

—La visibilidad es una condición necesaria, aunque no suficiente para alcanzar lo verdaderamente importante: el protagonismo.

—Feminismo institucionalizado: ese que piensa que el actual sistema sociopolítico es perfectible y a ello se dedica, a intentar perfeccionarlo, no a cuestionarlo ni mucho menos a impugnarlo.

—Necesitamos traer al presente, y ya se están dando pasos en ese sentido, la historia y la memoria de mujeres andaluzas que hablaban de feminismo hace cien años, que se han venido organizando para alcanzar sus objetivos emancipatorios, que creían firmemente en la educación por su potencial transformador para la vida de sus congéneres. Necesitamos no tanto buscar ese camino que señalaron, cuanto seguir buscando lo que ellas buscaban.

—Necesitamos preguntarnos a qué queremos llamar poderío y si nos puede servir como instrumento transformador y de construcción del feminismo andaluz.

—La tarea que tenemos por delante: configurar el feminismo andaluz como ámbito de impugnación y como camino, como lugar donde pensarnos y como metodología para construirnos como sujetas políticas.

—Definamos el poderío como la fuerza de las sujetas soberanas, como el fermento que acabe por construirnos como pueblo soberano.

—En el feminismo andaluz necesitamos dejar de estar pendientes de quienes nos miran y cómo nos miran para configurar nuestra mirada; necesitamos no conformarnos con crear redes de supervivencia y espacios a resguardo de las inclemencias del patriarcado y el capitalismo.

—Las mujeres feministas andaluzas debemos ser conscientes de que ya no es suficiente con volver a tejer, en nuestra tierra, en nuestras vidas, cuanto el capitalismo ha destruido. Actuemos como sujetas soberanas, ejerzamos el poderío de poner la vida en el centro, lo que significa abandonar el principio de maximizar el beneficio sustituyéndolo por otros valores.

—Las mujeres andaluzas queremos caminar hacia una alternativa real al actual sistema capitalista y patriarcal. Un sistema alternativo que impugne las categorías y valores del actual sistema patriarcal y capitalista, que impugne desde el trabajo asalariado y el concepto de riqueza y producción hasta la organización jerárquica de la sociedad, el autoritarismo y la explotación.

—Por este camino de la impugnación y la reapropiación tal vez seamos capaces de configurar un feminismo andaluz con tanto poderío y tan entreverao en los partidos políticos, en las organizaciones sindicales, en las asociaciones y movimientos sociales que sea imposible considerarlo un condimento, que sea imposible extirparlo, como no se puede separar el tocino del buen jamón.

—Si el feminismo andaluz fuera capaz, si somos capaces, de armar el poderío como contrapoder, difícilmente sería fagocitable por ningún anuncio que interese a una multinacional.

Un comentario en “Carta al feminismo.

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