ciclistas, anticapitalistas y narcisos.

El narcisismo anticapitalista es doble: por un lado, adoptan una palabra de significado mayor que lo que significa (pues lo anticapitalista llevaría consigo una actitud de desprecio al trabajo y al dinero que casi nadie practica), y, por otro, dan a entender que los demás somos pro capitalistas (lo que no es cierto, ni mijita). El narcisismo es ese y creerse masa y conductores de masas (obreras) cuando se es tan corto número de anticapitalistas de palabra.

/ a Anticapitalistas Insurrectos /

Por narcisismo se entiende manía o excesiva complacencia en la consideración de las propias facultades u obras: presunción, egolatría, vanidad, afectación. El narcisismo, como defecto común en militantes anticapitalistas o carril ciclistas, está tomado de un artículo sobre ciclismo por Sevilla. Lo escribía un ciclista de Madrid que había venido a Sevilla, pasados diez años del Plan Bici, por ver con sus propios ojos y pedales la revolución que había puesto a la ciudad en vanguardia de transportes verdes y sostenibles. Y aquel ciclista, tras probar a ir en bici (la suya y la de alquiler de Sevici) por los distintos itinerarios (calles del centro y zonas peatonales, rondas y avenidas, parques y paseo junto al río) clavó un análisis que se me quedó:

—La Bici en Sevilla no era para tanto. Se ven más bicicletas que en Madrid, pero también los mismos coches, que es lo que un buen Plan Bici tendría que haber modificado: conseguir que las personas dejen el coche o el trasporte público y adopten la bicicleta para sus trayectos cotidianos, algo que en Sevilla no se ve en absoluto. Quizá es defecto de ciclistas que solo cuentan las bicis, que son más que antes, desde luego; no, los coches, que siguen siendo reyes del tráfico. Tal vez para el trasporte escolar (desde la guardería, al instituto y a la universidad) la bici haya alcanzado alguna relevancia en cuota de usos, pero por lo demás nadie coge la bici para la oficina, el banco o la tienda. Puede que haya más tráfico ciclista hasta el Alamillo los domingos o cualquier día por los itinerarios compartidos (por las aceras, con peatones) pero, eso, a base de molestar a personas que van andando, no a conductores que siguen yendo en coche, más a su aire que nunca, pues si te ven en bici por la calzada no tardan en soltarte:

—¡Al carril-bici, idiota!

Pero al fanático del Plan Bici -con su orgullo bici- ¡cualquiera le dice ahora que el Plan se hubiera podido hacer de otra manera!

Del mismo modo puede pasar a anticapitalistas, que olvidan que ¡pro capitalista no hay nadie! Hay gente pro libertad, pro derechos humanos o pro democracia -decía eLTeNDeDeRo– sin darse cuenta de que esas palabras las carga el capitalismo, que es cruel, casi sádico, y que hace, por decir algo, de la mendicidad sin tencho, el derecho humano a mendigar o a vivir a su manera; la libertad de pedir o la solidaridad de dar por la parroquia o el banco de alimentos o una oenegé; y la democracia (que en realidad es un secuestro) la eleva a estado social y de derecho, con la justa y necesaria división de poderes (ejecutivo, legislativo y toda esa mierda del poder judicial).

—Mire que, hasta de la democracia, lo más que saben decir es que es el sistema menos malo que se conoce. Nadie da un duro por la democracia ni el capitalismo y, sin embargo, nadie quiere salir de él. Esa es su magia envenenada.

A mí, eso de que “la clase obrera se mueve poco a poco” me parece una ingenuidad encantadora. Es un canto de ida. Yo, que fui siglo 20, creo más en el canto de vuelta.

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