militar, ¿para qué?

El gasto del Ministerio de Defensa es de 10.199 millones de euros y, añadiendo gastos militares repartidos por otros ministerios (seguridad social, mutuas, I+D militar, Guardia Civil e intereses de la deuda) se dobla hasta los 20.030 millones. Sobra decir lo que podríamos ahorrar para desarrollo social y economía productiva, que la militar no lo es, en bienestar de la población.

Ni el desastre medio ambiental ni la pandemia del Covid19 tienen remedio militar, pese a que figuran en la directiva de defensa. Y aunque las FAS dispongan de una Unidad Militar de Emergencias (UME) que actúa frente a incendios, prestan ayuda frente a desastres naturales, monten hospitales de campaña o desinfecten infraestructuras frente a Covid19, no fueron formadas y adiestradas para prestar servicios civiles.

Desde la Paz de Westfalia (1648), cuando se reconoció el principio de soberanía nacional, los ejércitos fueron creados para preservar el Estado, la seguridad de sus fronteras, sus infraestructuras y población. Hoy, la seguridad se relaciona con otro tipo de amenazas: medio ambiente frente al cambio climático, pandemias, desastres naturales, ataques cibernéticos, migraciones masivas, crimen organizado, extremismo violento o conflictos armados. Todo eso puede desestabilizar la paz regional o mundial, pero antes de utilizar la fuerza militar, se supone, se deberían arbitrar todas las medidas políticas y diplomáticas para evitar el uso de las FAS. Y ese papel debería recaer en Naciones Unidas. Solo las ansias de control regional o mundial empujan a algunos Estados a ser potencias; en Europa, Reino Unido y Francia; pero en el resto la función de las FAS es la disuasión, aunque no se perciba ninguna amenaza externa que ponga en peligro la soberanía nacional. Y, para las amenazas internas, ya hay cuerpos de seguridad, de justicia y agencias de información. ¿Por qué mantener 120.000 militares en España o 1.270.000 en la UE con una capacidad letal muy superior a los peligros que deben afrontar?

Es hora de abandonar la OTAN de los Estados Unidos y de promover políticas de neutralidad, de distensión y mediación, de seguridad compartida y de potenciar la OCDE y la ONU, organismos que promueven la paz.


resumen del artículo de Pere Ortega. Centre Delàs d’Estudis per la Pau. El Salto. 18 sep 2020

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