BiciCultura, la bicicleta y yo.

La última etapa de la Vuelta a Sevilla y Sevilla Sanlúcar es contrarreloj individual. Soy el último ciclista voluntario, y no forzado, circulando por la calzada. Habla el profesor de instituto de barrio que llegaba a sus clases en bici tan arreglado y formal como el resto de profesores, que irían en moto o en coche. Aquel profesor, impartiendo un día Rinconete y Cortadillo de Cervantes, se dio cuenta que tenía alumnos que no sabían de qué ciudad Cervantes y él estaban hablando. Una alumna incluso le reconoció que ella en su vida había visto la Giralda. Si yo iba del Centro al instituto en bicicleta, ¿por qué no llevármelos del instituto al centro de Sevilla también en bicicleta?

Siendo yo profesor de lengua y literatura, ni de educación física ni de ciudadanía, no podía colar la extraescolar más que en día lectivo que, siendo lectivo, no hubiera clase: ¡Correcto! ¡Lo adivinaron! ¡El Viernes de Dolores![1], día fin de trimestre cuando las notas están y un profesor tutor no tiene más que atender consultas familiares, lo cual se podía anticipar a la tarde antes. A mis dos institutos, al que fue La Paz (hoy Salvador Távora) y al Martínez Montañés, interesó la experiencia, así que en viernes de dolores, día que en Sevilla es víspera gozosa de la amplia primavera: Semana Santa y Feria, ¡menuda quien las lleva!

Celebrábamos nuestra ruta de 8:30 a 14, paseando por la ciudad en bicicleta y compartiendo los adultos paella o similar para acabar. Era un día grande.

Del 98 al 2008 fue la década de la BiciCultura. Hasta que A Contramano y Ayuntamiento acordaron meter las bicis por las aceras. Memoria del nombre bicicultura guardan en sitios que nos pidieron permiso, o nos copiaron el nombre.[2] Cada año, la Bicicultura se imponía un guion, un hilo conductor que motivase los puntos de paso, como una yincana y con sus paradas de refresco o avituallamiento.[3]

En el plano personal, la bicicleta ha ido marcando mi indumentaria como montura que me ha acompañado y definido durante la segunda mitad de mi vida. No es bicicleta de infancia por el barrio del Arenal. Tampoco mi bici fue la bici de los veranos. Cuando llegué a la bicicleta ya había cumplido mis cuarenta años. La compré en El Jueves, animado por Pilar, quien veía en la bicicleta el vehículo que me pegaba. Era una bicicleta de frenos de varilla a la que puse un nombre que ha durado: La Veloz.

La Veloz me llevó a estrechar mis pantalones (sean dichos de pitillo) o a usar piratas para no mancharme de grasa ni enredarme los bajos en los pedales: como Tintín de Hergé, yo vestía dispuesto a pedalear sin necesidad de pinzas, horquillas ni espuelas protectoras. Igual propósito me ha llevado a almidonar mis sombreros, que no se vuelen o representen una pamela, mis valijas de profesor, mis bastones de paseo, mi serón adaptado al cuadro para viajar de San Lorenzo a Nervión, de Gran Plaza a Amate o desde las Piletas al Cabildo, Bajo de Guía o la Algaida.

La cuenta de bicis que me han robado, ya la he perdido. Las seis o siete que he tenido han llevado el mismo título, La Veloz. Hoy tengo la suerte de conducir dos BH Gacela (una en Sevilla, otra en Sanlúcar de Barrameda), antigüedad años 80, aunque el diseño, de ingeniería vasca, remonta a los 60. Es la misma mecánica que corrió el Tour de Francia, solo que con guardabarros y luces para el circuito urbano.

Debo la propiedad de mis dos gacelas a Pilar Villalobos, a Jesús de Françoise y a Javier Monge Villalobos.

En talleres, venta y puesta a punto han intervenido: Jaime, en Pagés del Corro, mecánico y vendedor en el Jueves de Sevilla; Ciclo Nervión, en Marqués de Pickman; Peña (o Norman), en Maestro Falla, Cerro del Águila; Biciclos, en Ronda de Triana; Guillermo, en San Vicente; o Manuel Bici (servicio bici en ruta o a domicilio, teléfono 652136435).

Las primeras bicicletas del varón Karl von Drais, principios del siglo 19, y por ello llamadas draisianas, eran como un carrito de dos ruedas con manillar, suficientes para que una persona sentada en su montura consiguiera desplazarse a través de movimientos de impulso con los pies. El detalle muestra que algunas draisianas llevaban soporte para el bastón de paseo y que el sillín bajo de pedaleo sentado, como el que les ha dado por montar a las mujeres ciclistas que van por el carril, tampoco es tan nuevo:

Y en Sanlúcar: José María Coca, antes en calle Bolsa, ahora en Banda Playa; Verdi, en Plaza de la Victoria; Agustín, de Bike Tour, de los Infantes a Quinto Centenario; Martín y Paco en la Boutique de Divina Pastora.

Mi enorme y profunda gratitud, cuando todos ganarían vendiéndome una bici nueva, y mi afecto imborrable, a prueba de pinchazos.

¡Sin ellos y sin su paciencia, qué hubiera sido de las distintas veloces que han ido a dar a mi Veloz!

Sus grietas, sus achaques, son mis vejeces iguales.


DOCUMENTAL

□ dos cortos de Rafa Soriano:

BiciCultura 2006 (3:46)

BiciCultura 2007 (6:35)

□ BiciCultura, instrucciones de uso:

Ruta de Cervantes por Sevilla en bicicleta

□ 10 minutos de lectura bien empleada:

Coplas del carril-bici, de Daniel Lebrato.

.


[1] La BiciCultura lucía en día y hora laboral de tráfico espeso o saturado. Se trataba de ejemplificar las bondades de la bici para sortear atascos y retenciones mejor que otros vehículos: todo, menos parecer la bicicleta dominguera o con la policía local abriendo marcha (pese a que, arriba de un número de bicis, se nos podría pedir derecho de manifestación). A más abundamiento, la primera BiciCultura coincidió con una huelga de 24 horas de autobuses urbanos de Sevilla (Tussam).

[2] 78.000 gugles a “bicicultura” en 0,55 s. Primera aparece Bicicultura Santiago de Chile y a continuación extensiones correspondientes a Barcelona, Argentina, Colombia, Brasil, Bolivia, Venezuela o Tenerife.

[3] Al principio, el hilo conductor fue seguir los templos de las cofradías de la inminente Semana Santa: en 1999 salimos buscando las iglesias del Domingo de Ramos; en 2000 los del Lunes Santo, y así. Vinieron luego las efemérides: 2001 y 2006, años por la Segunda República; 2002, por Luis Cernuda (centenario de nacimiento); 2005, Cervantes; 2007, Generación del 27; 2008, Rafael de León (nacido un siglo antes).

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