los deberes.

Lo que caracteriza a los deberes no es su cantidad sino su sentido y productividad, qué sentido tiene, desde el primero al último de la clase, hacer todos las mismas baterías de ejercicios que hay que repetir y repetir por obligación, en lugar de prueba que, una vez resuelta, paso a la siguiente o gano el tiempo libre. Es como en deporte: unos se juegan a tiempo cerrado, los 90 minutos de un partido de fútbol y, otros, a ganador, dure lo que dure el partido. Los deberes por igual y a número cerrado son los que se discuten o deberían discutir; su esencia no: gracias a la práctica de los deberes el alumnado demuestra que la teoría (eso que se llama avance de materia) ha culminado con éxito y se puede avanzar a la siguiente unidad. No envenenéis el tema con otras consideraciones. Por otra parte, si a los planes de estudio de la escuela pública les quitáramos todo lo que no es troncal (religión, deporte, artes de conservatorio) la chavalería tendría la tarde libre para esas actividades no troncales y más se agradecería mayor productividad para los deberes de las troncales de la mañana. Léalo en la escuela única.

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