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Dulcino y Margarita, por Pilar Villalobos.

Dulcino y Margarita breve resumen

En agosto de 1995 encargaron a Pilar Villalobos el pregón de la Primera Jornada Medieval de Cortegana. Lo dio en el casino de arriba la víspera de aquel experimento, que ya va por su 23 Jornada. La invención de Pilar fue una breve prosa poética a partir de El nombre de la rosa, con Borges, Huizinga y Wikipedia. Pueden leerlo en edición digital de [eLSoBReHiLaDo]: Dulcino y Margarita.


Dante Alighieri nombra a fray Dulcino en su Infierno (28, 55-60) poniendo en boca de Mahoma su próxima derrota bajo el obispo de Vercelli (el novarés):

Pues dile a Fray Dulcino que se avitualle
tú que tal vez pronto verás el sol
si no desea unírseme aquí, quemado
que se procure víveres, pues las nevadas
darán paso a la victoria del novarés
que de otro modo no le sería fácil conquistar.

Or di’ a fra Dolcin dunque che s’armi,
Tu che forse vedrai lo sole in breve,
S’egli non vuol qui tosto seguitarmi,
Sì di vivanda, che stretta di neve
Non rechi la vittoria al Noarese,
Ch’altrimenti acquistar non saria a lieve.


Umberto Eco cita a Dulcino en El nombre de la rosa en diálogo entre Adso y su maestro Guillermo de Baskerville. La historia de Dulcino la deja en gran parte a la imaginación. Imaginar imaginar es lo que hace Pilar.

□ enlaces:

Dulcino y Margarita, por Pilar Villalobos

–Fray Dulcino en Wikipedia

Jesús Aller, reseña del libro Fray Dulcino y Margarita. Mesianismo igualitario y resistencia montañesa, de Tavo Burat (2017)

–venta del libro por internet: Marcial Pons y Traficantes de sueños

–página de las Jornadas Medievales de Cortegana

–página de Amigos del Castillo de Cortegana

–página de [eLSoBReHiLaDo] (2018)


Sunrise North Shore Port Lincoln South Australia Foto Commons Wikimedia


el pasacalle de la vida.

–Sé que está muy dicho, pero te quiero, Maripuri. El ejemplo lo pone Umberto Eco en Apostillas al nombre de la rosa (1985). En esa conciencia reside la maldición del arte contemporáneo. De todos los tópicos, el más prolífico, el de la muerte. Morirse es una costumbre, lo dice Borges. Queden ustedes con el pasacalle de la vida o passacaglia della vita, versión barroca de la manía aquella de que te tenías que morir, volcada esta vez en un género popular, el pasacalles, de origen español y prontamente adoptado por la música culta. Desde las danzas macabras medievales, curas y frailes ahí que andan tocándonos el alma con la otra vida, con los buenos réditos que la salvación del alma deja en las arcas de la Iglesia.

TEXTOS

–enlace a Maite Jiménez, profesora de latín y griego, letra original y traducción literal, con su buen prólogo. Y aquí las letras, original y traducida por Fermín Guisado.

el género pasacalle o pasacalles (Acad.)

pasacalle de la vida en Apuntes en mi Moleskine

pasacalle de la vida en Anagomila.bolgspot

VÍDEOS
el pasacalle de la vida en voz mujer (aguda):

Passacaglia della vita por Rosemary Standley (voz) y Dom la Nena (violoncelo y voz)

el pasacalle de la vida en voz varón (tenor):

Passacaglia della vita, (introducción, vídeo y letra en italiano y en español)

Marco Beasley y L’Arpeggiata y Cristina Pluhar, Versalles 2005, Automne musicale

vídeo con letra en subtítulos

WIPEDIA

Stefano Landi (autor)

Marco Beasley (tenor)

Rosemary Standley

–enlace a tópicos por un tubo en eLTeNDeDeRo

Fígaro frente a Marx | apocalípticos e integrados ante las nuevas tecnologías.

«Más miedo que las cabezas nucleares dan las cabezas de personas e instituciones aferradas a culturas, civilizaciones, tradiciones o ejércitos convencionales.»

Nos depare lo que nos depare el porvenir, el futuro será tecnológico, pacífico y social. Aunque se nos siga fomentado la vida entendida como una carrera individual y de obstáculos, en competición (o en competencia) con otras vidas, vamos hacia un mundo colaborativo donde nociones como dinero, poder, nacionalidad, sexo, moda, religión o familia pasaran a otra dimensión. El armamento atómico, con todo su espanto encima, ha traído la paz. Porque jamás será utilizado. Y más miedo que las cabezas nucleares dan las cabezas de personas e instituciones incapaces de imaginar y todavía aferradas a culturas, civilizaciones, tradiciones o ejércitos convencionales.

Piénselo la buena gente que ve amenazada su integridad o su privacidad a cada paso que dan las nuevas tecnologías, que harán verdad que dios existe, omnisciente y omnipresente. Lo que hoy son Whatsapp, Google o Facebook, será una única sigla o nomenclatura que la humanidad habrá tomado como antes se tomaban Bastillas y Palacios de Invierno. Y nos dará igual que dios nos vea qué hacemos, cómo follamos o cómo cagamos. Porque la idea de pudor, una vez que todos nos hayamos visto haciendo de todo, cambiará la idea de privacidad. Cuando el ojo que nos ve nos mire con nuestro permiso y por nuestro propio bien.

En el siglo 19, otro tiempo de cambios, un observador de las costumbres empezó a criticar el mundo en pequeño formato. Ese fue Larra, Mariano José, Fígaro (1809‑37). Otro observador, nueve años más joven, hizo la crítica del sistema económico, histórico y filosófico que había heredado y propuso una solución internacional. Ese fue Carlos Marx (1818‑83). Ante las nuevas tecnologías, no se queden en Larras costumbristas. Imaginen el porvenir y, mientras tanto, vayan a ver Manchester frente al mar, película que este Fígaro frente a Marx quería recomendarles y no sabía cómo decírselo.

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el otro nombre de la rosa

El otro nombre de la rosa facsímil El fantasma de la glorieta (1).jpg

En octubre del 84 entré en contacto con José Juan Díaz Trillo, quien vino al mismo instituto de Valverde del Camino destinado, entonces como profesor de filosofía. Jota Jota sabía de qué pie (literario) cojeaba su nuevo colega: aquel era el autor de Bitácora y final, un libro que, bajo plica y seudónimo, conocía como prejurado del premio Juan Ramón Jiménez de poesía de aquel año. Algo de la Bitácora le debió llamar la atención porque no tardó en pedirle a Daniel algo para El Fantasma de la Glorieta, suplemento literario de la Noticia de Huelva que coordinaba Félix Morales Prado. Por alguna razón, Lebrato no dio a J.J. verso sino prosa, dos cortos relatos que se publicarían los sábados 24 de noviembre y 22 de diciembre de 1984: A vosotros que sois y El otro nombre de la rosa, firmados por un desconocido DL. Con J.J. y Félix vinieron o volvieron al currículo de Lebrato Buly, Sonia Tena y los Tena, Maribel Quiñones Martirio, Salvador Mora y Juan Cobos Wilkins, también José Antonio Moreno Jurado, justo ganador del Juan Ramón Jiménez de poesía. Narrador o poeta, o todo lo contrario, Daniel Lebrato más parecía del círculo de Huelva que de Sevilla. A Huelva y a mis viejas amistades, gracias, gracias a la vida que me dieron entonces. Y a Pedro Domínguez, que me hace el honor de llevar la rosa a escena como monólogo que es.

El nombre de la rosa

Bajo el poderoso influjo de Umberto Eco y de El nombre de la rosa, con el mecenazgo de José Juan Díaz Trillo y de Félix Morales Prado, quien en 2004 lo publicaría con hermosura en El Fantasma de la Glorieta digital, donde aún se puede leer, con ustedes: El otro nombre de la rosa, primera de las Vidas fastidiadas en Tinta de calamar (2014), ahora con fotos del facsímil original:

EL OTRO NOMBRE DE LA ROSA (1984)

Quería más a la amistad que a los amigos mismos
(André Gide)

La costumbre es otra naturaleza, y el mudarla se siente como la muerte
(Miguel de Cervantes)

De repente, aquella firma. Todo bien hasta llegar a aquella firma. Todo en orden. Los estoy bien. Los mi madre no para de alimentarme. Los cuando me veas no me reconoces, de morena que estoy. Todo, hasta lo de abrazos, tan previsible en su postal. Pero aquella firma. Algo fallaba en aquella firma. ¿Qué pintaba aquel María añadido a su nombre? Manuel mirando la foto una y otra vez. Pueblito costero con playa y barcos de pesca. El matasellos. La fecha. Viñamar, veintitrés de agosto. La forma de la letra. Todo en orden, pero ¿por qué firmaba Rosa María y no Rosa? Él sabía el nombre completo de ella. Cómo no lo iba a saber. En este país todas las mujeres llevan antes o después el María. Pero Rosa jamás se identificaba con él de esa forma, con su María y todo. Manuel se preguntaba bajo qué influencia Rosa se había saltado un código que venía funcionando entre los dos desde hacía mucho. Él nunca había firmado Manuel José. Y eso que a él su mamá, de chico, lo llamaba así. Qué cosas tenía su madre. Rosa María. Rosa María. Allí estaba letra a letra. Sin lugar a dudas. Un güisqui. Luego pensó que el asunto carecía de importancia. Que no era ni siquiera un incidente. No seas celoso, seguro que los de su casa la llaman así, Rosa María. Otro cigarro. Familia, padres, marido o ex marido. Ahí te jodiste, hermano. Error en una carta. Error. Manuel se acordó de Cartas de mamá de Cortázar. Fue a la estantería. Conan Doyle, Conrad, Cortázar, Queremos tanto a Glenda, no, aquí está. Lo de Nico por Víctor. Error en una carta. El error en la carta de mamá. Manuel, libro en mano, regresando a su estudio: No creo que lo de María sirviera como argumento a ningún escritor, ni siquiera a Cortázar, que con poco que le den te monta una historia. La importancia de los nombres. ¿Ernesto? El Nominalismo. Occam. De los nombres de Cristo. ¿Se puede escribir un libro sobre los nombres de Cristo? Reflexión. Se puede. Idea productiva. Preparar clases. Erasmismo y Contrarreforma. Preparar. Olvidar el nombre de Rosa. ¿El nombre de Rosa? ¡Claro! Vuelta al cuarto de los libros. Espronceda, Engels (todavía Engels), Apo­calípticos e integrados. Desanduvo el pasillo con El nombre de la rosa bajo el brazo. Al final, hombre, las últimas palabras. Stat rosa pristina nomine, nomine nuda tenemus. ¡Este Eco! A saber quién era el padre del latinajo. Resistencia a dar el episodio por concluido. Dónde está el mechero. Allá cada uno con su nombre. Mejor preparar clases para el año que viene. Septiembre o setiembre. Erasmismamente, calor, agobio. Devolvió las novelas a su estante y se trajo el Bataillon. En serio, esta vez. Un güisquisito. 750, 754, 762: El Enchiridion había lanzado a través de España hacia la época en que Luis de León venía al mundo. Erasmo había invitado a buscar los misterios escondidos bajo la letra de la Escritura, y apoyarse en. ¿Misterios escondidos? Rosa María. ¿Qué misterio se escondía bajo el lapsus de Rosa? Seguro que Rosa (un trago) no se había dado cuenta de su error. Se le habría escapado a fuerza de oírselo a su familia y a su ex, que pueden mucho los ex maridos cuando hay por medio paguita y niños. Y a la hora de firmar la postal se te va sin querer, tía. ¿Sin querer? Pero entonces era que ella se había olvidado de él, su amante de corazón, su Manuel del alma desde hacía. Repasó con ojos suspicaces el resto de la carta. Abrazos en vez de te quiero. Todo encaja. Rosa nunca se mostraba muy efusiva y él lo sabía, aunque (digo yo) podía haber escrito cosas más cariñosas, después de los días puta madre que pasamos juntos antes de irse a la playa, y no esta postal tan fría, me cago en la. Quizá Rosa la escribió delante de su ex y Rosa María será como la llame su ex marido. Sus viejos no van a ser, Rosi, Nena o Niña (a fin de cuentas, hija única). Los hijos tampoco, Mamá o Rosa, que hay muchachos que nos llaman por el de pila, como a mí el mío, te jodes como Herodes. Otro cigarro. Bataillon muerto de risa encima de la mesa. 762, 763. Más güisqui. Coñazo cubitos. No eran celos, qué tontería. Pero ella debería cuidar ciertos detalles. Ellos dos eran Rosa y Manuel. Lo demás, pamplina. ¿Eran los celos una pamplina? Peripatético total, Manuel reflexionaba, pasillo va, pasillo viene, sobre los nombres. Títulos y maneras de llamarse. La forma en que los tíos hablan de su pareja. Mi señora: feudal ya casi. Mi esposa: policial se quiera o no. Mi compañera: de progre de museo, ¡ay Víctor Jara! Mi compañera sentimental: para páginas de sucesos. Mi costilla: qué pasada. Mi rollo: autocrítico. Por no hablar de Mi parienta: de talleres de almanaque con tías en pelota. Mi mujer: posesivo cuan­do menos y el posesivo siempre por delante. Mi lo que sea, pero mi. Mi, tu, su. Mi. Y ellas ¿por qué no dirán mi señor o mi hombre? Es verdad que tampoco nosotros usamos mi marida. Tengo que consultarlo con algún colega de lengua. Alguna razón habrá, digo yo. Luego venimos los que no damos título ni damos posesivo. Los que decimos Ana, Pedro, Andrés (le debo carta, pobrecillo). El nombre y punto. Lo menos comprometido. Jodidos los chuchi, piluchi, ani, petri, pepote, pedrín, gatita, cielo. Como apropiaciones ilegales. Más güisqui. Y el más hortera todavía: tíos tan mayores diciéndoles a sus mujeres: Mamá. ¿Edipo?. Y ellas, con más arrugas que un plato de callos, llamándoles a ellos: Papá. De puta pena. Será que quieren volver a la infancia o que se lo oyen decir a los niños: Papá, Luisito me ha pegado. Dice Mamá que me limpies el culo. Jo. Manuel pensó que podría escribir un libro. ¿Cómo lo titularía? ¿Función escatológica del cariño? No. ¿Hipocorística en la sociedad de consumo? Psssseeeée. ¿De los nombres del cónyuge?, ¿de la pareja?, ¿del otro?, ¿del más allá?, ¿de Rosa? No, de Rosa no. No hay más Rosa que Rosa y aquí uno es su profeta. Nunca Rosi ni Rosona ni Rosita ni Rosa Rosae ni Mari Rosi ni Rosa Mari ni Rosaofú. Siempre Rosa (nomina nuda). ¿A dónde va con lo de Rosa María? Pedazo cigarro. El había respetado escrupulosamente la pureza de los nombres (pristina nomine). Manuel, no Manolo, Lolo, Inmanuelo, Lolillo, Lolete, Lete, Lele, Le. Pero ahora, con su María, algo había fallado y no por exceso sino por defecto. Mujeres casadas. Amantes y maridos, lo que va. Tomar partido. Ella tomaba partido, se distanciaba. Rosa María sólo existía en la playa, en la familia. Tribu, los maridos, los ex que no caducan nunca. Rosa se había olvidado de a quién enviaba la postal. Eso era. Mundo legal y mundo clandestino. Manuel lo sabía. Era otra. El nombre de otra. El nombre de la casada. Ex madre y exposa. De buena reputa. En vacación respetable, ja. En playa horteramente respetable, ja, ja. Domingueros al fin y al cabo, ja, ja, ja. Güisqui. No tiene gracia. Patada a la pared. Mierda. No es para tanto. No seas injusto, Manuel. Un trago. Tú también vas de respetable, por mucho que te las pegues de. Manuel, Manuel José. Rosa, Rosa María. Lo que va. Padres. Facturas por medio. Recibos. Colegios. Dentistas. Fin de mes. ¿No será que ahí te jodiste? ¿Se fastidió para siempre? ¿Fue ahí? Manuel Micasa. Rosa Mihijito. Manuel Susvacaciones. Rosa Mimujer. Manuel Miex. Mi. Mi. Mi. Leche. Moderneces. Otro trago. Nuestro cuerpo es siempre monárquico. El nuevo desorden amoroso, ¿nuevo? Manuel volvió al cuarto a por otro cigarrillo. Allí, sobre la mesa, el cuerpo del delito. Playa y barcas. Viñamar. Veintitrés. Agosto. Rosa María. Coñomaría. Rosacoño. Fumar. Fumar. Mechero. Le prendió fuego a la postal. El ducados le supo a gloria.

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Rosa. Dibujo de Chema Lumbreras Kramel

 

Cervantes, Umberto Eco y Los girasoles ciegos

CERVANTES, UMBERTO ECO Y LOS GIRASOLES CIEGOS
–apuntes de historia y de literatura–

Las fechas de Umberto Eco recuerdan las de Cervantes. El 15, para publicar y el 16, para morir. En 2015 Eco publicó una novela que ‑a su edad‑ imaginó sería la última y la tituló Número cero, un poco testamento, un poco provocación y un poco ajuste de cuentas con los medios. En 2016 (con 84 cumplidos y a cuatrocientos años de la Segunda Parte del Quijote) Umberto Eco, el autor de Apocalípticos e integrados (1964) y de Apostillas a El nombre de la rosa (1985), se desintegra, se adentra en su apocalipsis, ya es mera apostilla. Había nacido la noche de reyes del 32. Alberto Méndez también pisa una fecha cervantina, el 5, y en 2005 (cuatrocientos años después de la Primera Parte del Quijote) ganó a título póstumo el Premio Nacional de Literatura por su cuarteto de relatos Los girasoles ciegos, publicado en febrero de 2004. El hombre murió el 30 de diciembre de ese año. Había nacido en Madrid en el 41. Umberto y Alberto, poderosos nombres germánicos, rimas consonantes; Alberto, como anagrama de Lebrato, inventor de una curiosa máquina UHT (siglas de Universal Historical Time o Tiempo Histórico Universal). Escribe Lebrato en Tinta de calamar (54, 60, 330): Las siglas UHT corresponden a ultra high temperature, ultrapasteurización o uperización, proceso térmico para obtener la esterilidad sin cambiar las propiedades de la leche. UHT es también un sencillo medidor del tiempo histórico universal para justificar, o no, nacionalismos, imperialismos, independencias y vindicaciones de autodeterminación, y para saber si la Historia, como la Tierra, se mueve. El UHT se relaciona con el Índice de Patriotismo (IP), que se obtiene tomando el número de años que una colonia y su metrópolis suman históricamente juntas y dividiendo esos años entre la distancia en kilómetros y el PIB en dólares que separan a la una de la otra. Cuando se trata de patriotismo regional o nacionalismo interior, el lugar de la metrópoli lo ocupa la capital, por ejemplo Madrid, y el lugar de la colonia lo ocupa la región, por ejemplo Cataluña. Estados Unidos abarata Puerto Rico, compra Puerto Rico a la baja[1]. Cataluña o País Vasco se venden caro, encarecen España. Y apostilla Lebrato: Umberto Eco y Alberto Méndez, los dos me enseñaron (y perdonadme si ya lo sabíais y me venís ahora con un merecido abuenashoras) dos lecturas de la guerra (los Girasoles, de la Guerra de España y Umberto Eco, de la Segunda Mundial): 1º) que la postguerra se planifica concienzudamente y 2º) que el estado de guerra, en tanto excepcional suspensión de los derechos civiles, puede hacer que una guerra no termine (por odio a la guerra y amor a la paz) sino que se prolongue hasta la aniquilación total del enemigo, drama de conciencia del capitán Alegría, del ejército de Franco, en el primer relato de Alberto Méndez. Contra lo cual, hay que seguir el optimismo marxista y creer que las cosas pueden cambiar, que la humanidad no se plantea problemas que no pueda resolver o que la humanidad solo se propone lo que puede alcanzar[2]. El pensamiento crítico (lo que en Marx eran los filósofos) puede y debe ofrecer a la gente de bien una referencia, un punto de partida, un año cero al que agarrarse, un punto de apoyo para mover el mundo. Año que proponemos sea 1945, a tan solo 71 años de aquí[3]. Los horrores de la guerra, de la bomba atómica y de los campos de exterminio tenían que ser lecciones suficientemente aprendidas. No existía Israel ni había estados islámicos. ¿Se imaginan? La humanidad tenía a su alcance el maridaje de la democracia política (tipo USA occidental) con la democracia social (tipo soviets rusos). La prensa del 45 informa de la constitución de la Onu (¡abre la muralla!) pero poco después, de la Otan (1949) y del Pacto de Varsovia (1955): la Guerra Fría (¡cierra la muralla!). ¿Qué reflejan, en lo personal, Alberto Méndez y, en lo geopolítico, Umberto Eco? Que, hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, en los despachos de la maldad (vamos a decirlo así) ya se planificaba la Tercera (supongamos: Siria). Maldición eterna a quien manipula la Historia y a cabalgar, a cabalgar hasta enterrarlos en el mar.

[1] Inglaterra a Gibraltar, la misma cosa es. ¡Claro que los llanitos prefieren ser Reino Unido, país rico, antes que España, país más pobre!

[2] Marx, Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política, 1859.

[3] Fin de la guerra. 7 de mayo 45 para Europa: rendición de Alemania; 15 de agosto 45 para el resto: rendición de Japón. ¡Paz mundial!

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ecos de Umberto Eco.

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ECOS DE UMBERTO ECO
cultura de masas y posmodernidad

Llega un momento en que la vanguardia (lo moderno) no puede ir más allá, porque ya ha producido un metalenguaje que habla de sus imposibles textos (arte conceptual). La respuesta posmoderna a lo moderno consiste en reconocer que, puesto que el pasado no puede destruirse (su destrucción conduce al silencio), lo que hay que hacer es volver a visitarlo; con ironía, sin ingenuidad. La actitud posmoderna es como la del que ama a una mujer muy culta y sabe que no puede decirle te amo desesperadamente, porque sabe que ella sabe (y que ella sabe que él sabe) que esas frases ya las ha escrito Corín Tellado. Podrá decir: Como diría Corín Tellado, te amo desesperadamente. Si la mujer entra en el juego, habrá recibido de todos modos una declaración de amor. (Apostillas a El nombre de la rosa, 1985). Lean también Apocalípticos e integrados ante la cultura de masas (1968). –Umberto Eco, ha sido un placer.