Etiqueta: Sanlúcar

observatorio del defensor de los bares.

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(desde Sevilla a Sanlúcar de Barrameda)

Siendo camarero y cliente términos inclusivos de camareras y de mujeres clientes, la conexión camarero cliente se ha polarizado. Por un lado, la informatización de los bares, donde mandan las maquinitas o ipads [aipads] conectadas a un ordenador central, tiende al máximo control y, por otro, la expansión del autoservicio perpetúa la improvisación. Cuatro son los enemigos del viejo bar: la empresa, la clientela, la crisis y la pamplina.

la empresa
Por grados de atención al cliente, estos son los tipos de bares:

□Bares informatizados de servicio asistido por camareros profesionales donde la libertad de circulación se ha perdido. El cliente es un número y su acceso a la barra, como lugar de encuentro y apalanque, está imposible. La barra queda como mostrador o vitrina de productos reclamo para consumo en mesas (bajas o altas, de taburetes) o veladores. El franco tirador de cerveza no tiene nada que hacer aquí.

□Bares todo servicio con autoservicio voluntario o de primera postura. El cliente, ávido de una cerveza inmediata, puede servirse en barra el vaso deseado, más una tapa fría o picoteo de aceitunas o similares. A partir de ahí, todo se le servirá sentado. La camarería ronda mesas y para eso está. Estos son los mejores bares, los más cómodos para el bebedor de cerveza y su compañía.

□Bares de autoservicio grado 1. Los camareros recogen y limpian las mesas pero no admiten comandas, solo las sirven. A cada pedido, el cliente se tiene que dirigir a la barra. En algunos bares, si el camarero emisor no localiza la mesa receptora de la comanda, puede que pregone a voces el nombre del cliente o la mercancía de su tapa. No son bares para ir dos sedientos y en conversación porque uno de los dos se estará ausentando continuamente.

□Bares de autoservicio grado 2. El cliente se encuentra la mesa sucia de un cliente anterior y al ir a la barra pide que preparen su mesa. Si el bar no lo hace agradecido y con presteza, pasaría al grado 3. La buena educación de la clientela (mal entendida) está dando lugar al cliente caracol que reintegra en barra el menaje que él mismo ha utilizado, doble autoservicio; triple, si retiró del cliente anterior. Son bares rompe parejas que, a la larga, no vuelven.

□Bares de autoservicio grado 3. El bar, saturado de gente, facilita al cliente un paño húmedo para que adecente él mismo su mesa. La triple A de autoservicio. El cliente limpia, fija y da esplendor porque, encima, dirá, si le preguntan, lo bien que se come allí, te voy a llevar a un sitio que no veas. El cliente que se arrancó por Ikea, montándosela él mismo, y por Media Markt, yo no soy tonto, termina máster en estrellas Michelín.

La degradación del autoservicio plantea perfiles que no son de desdeñar. Para empezar, el cliente se ve obligado a practicar el intrusismo y acaba siendo, en términos de contratación de mano de obra, un esquirol. Para seguir, habría una cuestión legal de responsabilidad civil si el cliente metido a camarero comete alguna torpeza (la máxima: un accidente ¿laboral?), pasando por un plato volante con salsa que mancha a otra persona, eventualidades que se contemplan en el convenio de un sector servicios donde los haya. Y ¿por qué tengo yo que saber los consumos de Juan Ruiz o Dani Peláez y ellos saber lo que yo consumo? En el futuro, vamos hacia un bar radial de barra panóptica (como cárceles o el castillo de Kafka) y, alrededor, las mesas en círculos concéntricos por orden de llegada o de reserva. Opcional: la megafonía.

la clientela

Desde la incorporación de la mujer a los bares, ya no hay madres ni abuelas que tengan a mesa y mantel la restauración en las casas, cuya varonía iba al bar a socializar y a beber y, si acaso, la tapita de las 13:30 por hacer estómago. El extravío de la palabra almuerzo en español no es casual, pues, entre el desayuno y la comida, se cuela esta parada que tampoco era el almuerzo. La mujer en los bares ha despejado un panorama de bebedores solos pero ha traído dos desconfiguraciones: una función guardería de infancia en los bares (pueden ser perros) y una función restaurante. El bar ya no es espacio de paz o zona de confort, como se dice ahora.

la crisis y la pamplina

Ya no se apunta uno tantas rondas masculinas de, chaval, llena aquí y ponlo a mi cuenta. Y comer fuera cuesta un escándalo con tantos días señalaítos: viernes de colegas, sábados de matrimonios, días de cine y búrguer en el multicentro, segundas viviendas de fin de semana donde en la nevera no hay nada. Esos grupos se tiran a la calle a comer sin comer, porque lo suyo es picar cualquier cosa al centro y para compartir. La Andalucía de las tapas no es precisamente el País Vasco; en verano, por vacaciones y, en invierno, por salir del diario escolar.

El bebedor de cerveza sospecha que el bar saturado y gritón, histérico y sin encanto, es un pacto no escrito entre oferta y demanda, y por eso funciona: yo le sigo dando a usted y a su gente de comer por el mismo o parecido precio y usted sigue campeón del convidar. A cambio, si usted tiene que limpiarse su propia mesa, ni a usted se le nota la crisis de cartera ni a nosotros la crisis de empresa y la miopía del cuantos menos, más: más sueldo o más propinas; más productividad o más beneficio. La patronal está machacando a los tíos de la tiza, hoy también muchachas con ipad.

observatorio en Sanlúcar

Entre el Chiringuito de Las Piletas y el bar restaurante de la Real Sociedad de Caballos, la Sociedad, bajo el pretexto, mujer, de su cocina tradicional, se retrata en el Chiringuito, donde sube el IPG, índice de jinetes (hay quien dice de pijos) por minuto y metro cuadrado. Y están al cerrar o al traspasar dos restaurantes de camarería fina, uno en el Cabildo y otro en Bajo de Guía (otros cerraron antes), sitios abiertos con ojos capitalinos o con vistas a TripAdvisor.

La Sanlúcar del quiero y no puedo y la Sanlúcar de piñón fijo de papas aliñás y tortillitas de camarones no dejan mucho espacio ni para restaurantes ni para gastrobares (quiero y no puedo desde su origen) ni para sobremesas de café, copa y puro. De cenas de amor para dos, ya es que ni hablamos.

Daniel Lebrato, septiembre 2018

el dijusto.

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dijusto (disgusto) pone lo justo donde el gusto (la justicia en lugar del gozo o del sabor) y adquiere, gracias a la etimología popular, una belleza ortográfica inusitada. La palabra dijusto así escrita aparece en el Espejo de consolación para los que en esta vida padecen tribulación, libro compuesto por fray Juan de Dueñas, predicador de la orden de San Francisco en 1542 y publicado en Barcelona en 1580 (digitalizado por Google y en Cervantes Virtual). Y está recogida en el habla de la Manchuela (comarca entre las Serranías de Cuenca y Albacete) y en el habla de Jaén, Andalucía y otros sitios. En Bajo de Guía, el dijusto entre macetas está al final de una calle que ya era callejón y que al final se convierte en patio de vecinos. Si alguien tiene mucho interés en visitar el azulejo, con discreción se le pasa dónde verlo porque no es plan molestar a gente que saca su hamaca o su silla a la puerta y con la fresquita y bajo la parra está en sus cosas y no en Instagram.

 

rap del tío de la tiza.

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En Cádiz, el tío de la tiza fue Antonio Rodríguez Martínez (1861-1912), quien se hizo célebre por apuntar así lo que le iba debiendo cada mesa que servía. Y tíos de la tiza han sido todos los camareros que nos han servido en bares y tabernas, ventas, abacerías, colmaos y chiringuitos de los de antes; barras o veladores donde las cañas (primero, de manzanilla y, luego, de manzanilla y de cerveza) y donde las escudillas o rabaneras con rábanos, altramuces o aceitunas, serrín cuando llovía o para no resbalar el suelo y un único urinario, de olor intenso, para caballeros. La tiza tras la oreja, normalmente la derecha, cuadrada y, más tarde, redondita, era la prueba, junto al mandil blanco o negro, de que estábamos en un bar de hombres y no de las delicadeces que vendrían con la incorporación de las mujeres. De aquellas tizas, pasando por rotuladores, se ha llegado a las maquinitas estas donde nos apuntan ahora y donde damos problema quienes vamos por libre, quienes pedimos en barra (por vigilar la pulcritud de la caña) o quienes no acabamos nunca de sentarnos, porque sin sitio nadie somos. Se llama PDA [pedeá: de Asistente Digital Personal] a una computadora organizadora o agenda electrónica de bolsillo. Y PDA TPV [pedeá tepeúve: Terminal Punto de Venta] al aparatito que lleva la camarería para recoger y servir y cobrar comandas en bares y restaurantes, mesas y veladores, aplicación (o app) que permite controlarlo todo desde un ordenador central. Otro día hablamos de libreticas o albaranes hasta llegar a esos cuadernos que en el rap se ven.

–vídeo 1:51 Rap del Chiringuito o del Tío de la tiza

–enlace a EL BEBEDOR DE CERVEZA


 

el jardín de los caballos que se bifurcan.

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Foto Ricardo López

El jardín de senderos que se bifurcan es un cuento de Jorge Luis Borges en 1941. Fue la primera de sus obras en ser traducida al inglés y dio nombre a la colección de su serie que acabó dentro de Ficciones, 1944.

En la ventana estaban los tejados de siempre
y el sol nublado de las seis.
Me pareció increíble que ese día
sin premoniciones ni símbolos
fuera el de mi muerte implacable.
A pesar de mi padre muerto,
a pesar de haber sido un niño
en un simétrico jardín de Hai Feng,
¿yo, ahora, iba a morir?
Después reflexioné que todas las cosas
que suceden a uno suceden
precisamente, precisamente ahora.
Siglos de siglos y solo en el presente
ocurren los hechos;
innumerables hombres en el aire,
en la tierra y el mar,
y todo lo que realmente pasa me pasa a mí.
#
Jorge Luis Borges


Sobre ese texto
y en el marco de las
Carreras de Caballos de Sanlúcar de Barrameda
el corto de 5:54 minutos
sobre los números 1
y los números 2


Carreras de Caballos de Sanlúcar (instrucciones de uso).

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Policía Nacional a caballo por el Paseo Marítimo y el carril bici. Segundo día de carreras. (09/08/2018)

 

Declaradas de interés turístico internacional en 1997 y con historia desde 1845, las Carreras de Caballos de Sanlúcar (siglas CC o CCS) [Cacáb o Cacasán] le gustarán si le gusta el deporte, las carreras, los caballos; los pura sangre, sus jinetes, cuadras y ganaderías; la cría, preparación y monta; las apuestas y las infantiles casetas de apuestas, con concurso y todo. Le gustarán si tolera o tiene una disculpa que justifica el maltrato animal y el fomento de la ludopatía, ya desde la infancia. Han de gustarle o no hacerle ascos a las clases sociales que van a caballo, carruaje, enganche o todoterreno, con sus reales sociedades como la CCS; los premios, las medallas y trofeos, los himnos, las ceremonias de entrega y los discursos de patrocinio o agradecimiento. Contribuye el gusto por las arquitecturas efímeras (como el hipódromo provisional) y el apego, simpatía o devoción, por aglomeraciones de masas rigurosamente vigiladas por fuerzas del orden a pie o a caballo o en vehículos especiales. Es aconsejable que le guste a usted el chiringuito, como espacio alternativo, y la puesta de sol, como momento del día, y con fondo de Doñana en marea baja. Imprescindible: no padecer de alergia al pijerío ni hacer objeción de conciencia a los dineros que la Junta de Andalucía invierte en Cacasán (de 80 a 20 mil euros en premios, según años y crisis), como si Cacasán fuera pobre indigente o necesitada de subvención, más lo que el Estado y la Junta, con Diputación de Cádiz y Ayuntamiento de Sanlúcar, aportan o se gastan, lo normal en este tipo de eventos: Guardia Civil, Policía Nacional, Policía Local, Protección Civil, Sanidad, limpieza y mantenimiento, todo ello con cargo a Presupuestos públicos para intereses privados. Otro día hablamos de lo que Sanlúcar ganaría o perdería en su pib si prescindiera de sus célebres carreras de caballos sistemáticamente presentadas, a izquierda y a derecha, como creadoras de riqueza y puestos de trabajo.

☞ Vídeo reportaje de 5 minutos.

Chiringuito de Las Piletas (☞) literatura de bar.

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Mi vecindad con el Chiringuito de Las Piletas (o de Los Caballos, o de Joselete, o de La Morera), y lo bien que el personal del chiringuito me sirve mis cañas y me aguanta mis neuras y mis lecturas en alto, me ha llevado a juntar todo el material gráfico y audiovisual y, del literario, solamente una parte, a mayor gloria de La Morera, de los cuatro nombres del sitio, el que más me gusta y me conviene: moreras son dos y a la sombra de las dos me cobijo y me cobijan. De paso, repaso la literatura de bar donde camaradería (palabra que viene de cámara, por lo privado o cerrado) se escribe «camarería». Va por ella.

No es lo mismo el bar o bodega, a donde se va en horas de aperitivo (rara vez, a comer o a cenar), que la cafetería, donde se va a desayunar o a merendar; un tercer tipo serían los casinos, los bares de copas y de horario nocturno, y un caso aparte, por su estacionalidad multiuso, el chiringuito. Otra clasificación nos distingue entre el escritor solitario y el que busca conversación o tertulia (célebres, las del Café del Pombo o el Café Gijón, en Madrid, o escenas de Valle-Inclán en la Taberna de Picalagartos, en Luces de bohemia; de Cela, en La colmena, o de Martín-Santos en Tiempo de silencio). Como no pretendo una tesis doctoral de un mundo tan universal que sucede en todas las literaturas y en todo tipo de artistas (donde hay vida bohemia, está el poeta, el pintor o el músico con un vaso en la mano; en Andalucía habría que incluir el mundo de ventas o peñas flamencas), ni es plan hacer un refrito de lo que ya estará dicho (yo ese tiempo ya lo gané y perdí en La fiesta según Sevilla, donde el apartado bares ocupa un lugar de primera, y en El bebedor de cerveza para la Fundación Cruzcampo y la Universidad Pablo de Olavide), ofrezco a ustedes tres estampas elocuentes de mi persona, o sea, que hablan bien o mal de mí en los bares. En la primera estampa, un hombre ya mayor acaba huyendo de su casa el día de su cumpleaños y buscando refugio en el bar de costumbre:


CUMPLEAÑOS

Las cuentas son que en el armario tienes
más camisas que cuerpo en que ponértelas,
mil rayas que te huelen a pijama.
Si la obra es mala, fíjense el teatro.
La calva, radical y venerable.
Las gafas, de curioso impertinente.
Bastón de caña, lazo y panamá.
Qué tal, señor. Ya ves. Galán de barra,
y otra cerveza mientras, no nos saquen
el hígado a concurso de acreedores.
Mis libros, ese hueco, son la herencia.
Me dicen papi y más, que cumplas muchos.
Velas, las que me echen. Sopla. Soplo.
Vendrán más días y traerán pañales.
*

En la segunda estampa y en el mismo bar, el hombre ve llegar a una muchacha con la que intenta ligar aprovechándose de que los veladores están todos ocupados, y él, galán y galante, le ofrece compartir el suyo. El sonetillo está basado en la sensación que experimenta uno en bares en horas solicitadas por tapas y comidas en familias o grupos que hacen más consumos y dejan más dinero en caja que un bebedor solitario.


SUCEDIÓ EN CASABLANCA

Volví a ver a Ingrid Bergman.
Fue una noche de abril.
No había sitio en el bar.
Yo le dije: –Aquí, sí.
Caí tarde en la cuenta
de que no estaba sola.
(Te repites, chaval.)
Dijo: –¡Ponte a la cola!
La amistad que nos queda
me consuela, Claude Rains.
Pilló el vuelo con Laszlo.
Yo, pensando en París
y ella, en Play it again!
–Venga, llena otro vaso.
*

La tercera estampa se explica por sí sola: LITERATURA DE SERVILLETA.

☞ Se llama literatura de servilleta (también poemas de servilleta o literatura de bar) a la que se cría en bares o cafeterías en sociedades alcohólicas. El escritor (rara vez escritora) tiende al hábito y a la superstición y busca en la barra o en el velador su sitio de costumbre. Tanto, que algunos bares llegan a ponerle placa o azulejo reservado a su nombre: El rincón de Tal. Todo será que el inspirado saque de su bolsillo con qué escribir o, del servilletero, uno o dos servicios que le sirvan de cuartillas. Déjenlo solo. Entre el marchando la media de calamares y el chac chac de las cazoletas de la máquina de café; entre el bufido del vaporizador de la leche; entre su tabaco, gracias, y el pinball y las monedas de la maquinita tragaperras; entre el cupón para hoy y la lotería para mañana y con repetición por la tele de las mejores jugadas, Dios está trabajando.

□ ENLACES

para ver:


TRILOGÍA DE LA VIDA

☞ PISPÍS en Las Piletas (vídeo 0:49)

☞ L’ART DE PÉTER (PISPÍS 2) (vídeo 1:18)

☞ EL OJO DEL CULO (PISPÍS 3) (vídeo 2:03)


☞ Daniel Lebrato bajo la morera en La corte del rey bobo (vídeo 1:23)

El chiringuito en fotos de Daniel Lebrato

□ enlaces relacionados:

para ver:

☞ El Profesor Lebrato en bar Casa Perico (vídeo 2:38)

para leer, de menos a más:

Coplas al bar Casa Perico

Coplas a la Taberna Juan y a la Fuente del Cabildo

Daniel Lebrato en Bar Rodríguez, Sevilla, inspiración de Literatura de servilleta

–Daniel Lebrato y autores varios: El bebedor de cerveza

–Daniel Lebrato: La fiesta según Sevilla

Daniel Lebrato, lectura de verano


 

Dupond et Dupont pasean por el Cabildo.

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Conocí a Juan Andivia Gómez (Huelva, 1952), profesor y poeta, durante mi etapa en Valverde del Camino. Años más tarde, en el Martínez Montañés, de Sevilla, empezó una sólida combinación que todavía perdura, ahora ya los dos eméritos de la enseñanza. Pueden seguir el rastro (dicho pinchar los vínculos) y refrescar la memoria de estos pájaros (de Dupond et Dupont Extraescolares, desde que un curso se repartieron las clases de aquella manera y desde el Homenaje a Carmen Calderón en el Alcázar de Sevilla); pájaros, para unos, a mano y, para otros, a tiro. En nosotros se cierra y se abre el triángulo de la vida (Montpensier) entre Huelva, Sevilla y Cádiz, esta vez Sanlúcar.

Dupond et Dupont pasean por el Cabildo (fotos)

Dupont et Dupond en el Martínez Montañés (mini relato)

Algunas poesi.as de Juan Andivia

Juan Andivia en HuelvaYa.es

Juan Andivia, capturas de artículos y de opinión en [eLTeNDeDeRo]


votar y botar, el país y la intolerancia.

El pasado sábado al mediodía y ante las puertas del Cabildo Ayuntamiento de Sanlúcar estaba convocada la concentración a favor del diálogo y la conciliación. Al animoso señor no le dejaron. Franco Bernal grabó las imágenes (que ha reproducido La Sexta) y Primi Sánchez les ha puesto letra: «Yo presencié ese acto. Mi corazón me pedía ponerme al lado de ese pobre hombre solo ante la turba que le insultaba por pedir diálogo. Mi cuerpo me decía vete de aquí porque se va a liar. Me avergüenzo de un pueblo deprimido, con una tasa de paro de las mayores de España, que insultaba y vilipendiaba a un hombre solo, vestido de blanco con las manos en alto, que no decía nada, sólo mostraba un cartel blanco, dónde pedía diálogo y democracia. Señoronas demócratas de toda la vida lo insultaban, camareros de un bar cercano, con sus politos blancos nuevos con banderita española le gritaban ¡somos españoles!, ¿dónde está la policía? Hasta inmigrantes senegaleses dejaban sus puestos de bolsos para gritar ¡viva España! Me recordó esas películas de la revolución francesa donde la gente gritaba ¡a la guillotina! Sentí miedo y una profunda tristeza.»

El señor de blanco acosado por la masa es símbolo y lección. España no se divide en izquierda frente a derecha, reformistas frente a constitucionalistas, unionistas frente a soberanistas, demócratas frente a fachas. España se divide en quienes someten su mundo y el mundo a debate y discusión y quienes no, ni debaten ni discuten: embisten, como dijo Antonio Machado, España que no digiere cambios en sus profundas creencias. La España tolerante cree en las urnas electorales; la intolerante, en las funerarias. Sea lo que sea del soberanismo, su crédito es que todo se puede discutir y votar. Desde el ¡Soy español, español, español! solo se puede botar con be.

apuntes personales

1.
¡Muero por España! me han pintado en mi muro y ¡De Andalucía, nada, que mato! Lógicamente he negado a esas personas mi amistad en Facebook, yo, también intolerante.

2.
Cuando yo era un chaval me daba miedo la gente que leía el ABC. Esas “señoronas demócratas de toda la vida” que dice Primi, yo las conozco: presumen en el bar donde desayunan de estar leyendo El País.


 

AGOSTO para leer.

agosto

Dado que ninguna editorial se interesa por lo que uno escribe, tengo que ser yo ‑como Lázaro de Tormes o como Juan Palomo‑ quien haga de editor, narrador, protagonista, autor y publicista. Para cuya vanidad, me dije: si uno recomienda los estrenos de sus amigos (los dos más recientes: Salvador Compán y José María Conget), ¿por qué no publicar tus propias novedades? Pues novedad es autoantologarse,[1] ir quitando de cada libro lo que menos pesa y lo que hacía los libros más pesados.

Ligerito, pues, de algún verso de más y de alguna torpeza suelta, os doy Agosto, el diario más o menos poético de un zángano en vacaciones, escrito entre Fuenteheridos‑Sierra y Sanlúcar‑Mar, Sevilla al fondo, cerrando el Triángulo Montpensier de la Buena Vida que me procuro siempre en vacaciones. Noli me tánguere, que me tango yo solo. Que ustedes lo pasen bien y a Dios.

[1] Advierto que el DLE no reconoce antologar, sino antologizar. antología viene del griego ánthos, que significa flor y lego, yo cojo, yo recojo. Por tanto, no hay ninguna razón contra el verbo antologar, regresivo de antologizar, de la cual palabra podríamos decir lo que se dice de ofertar, que es una derivación del sustantivo oferta que usurpa la casilla del verbo ofrecer, que antes estaba. La duplicación antologizar es similar a la que se da en amplificar, que no es mejor que ampliar, o que gasificar, horrible verbo tan horrible como gasear. Antologuemos, pues, y que antologice la Academia lo que ella quiera.


larga noche de piedra.

Debemos al Maestro Liendres la incorporación al idioma del último y muy lúcido neologismo: capilitear. Al principio parece errata por capillitear, de capillita, como decimos de la persona de procesiones y semanas santas. Y no. capilitear, con ele: de cap capi, cabeza, y litos, piedra, para significar dos en una sola palabra: 1. la cabeza de piedra o la poca cabeza que se tiene o se quiere que los demás tengan (esto es: “para no pensar”, frecuente en la clase política) y 2. la erección de monumentos ‑normalmente hechos en piedra‑ con ánimo de ir en cabeza de encuestas y estados de opinión con reflejo electoral. En la reciente política, el capilitear del alcalde de Sanlúcar, del Psoe (psoecialista, otro neo), recuerda al capilitear del alcalde de Cádiz, de Podemos (o Pudimos), y el lío que se ha hecho con la Virgen del Rosario. Ambos alcaldes ignoran que Roma (la Iglesia) no paga traidores: llegada la hora, el capilleo y el facherío siempre votan PP, que les pilla más cerca, no Psoe ni Podemos, que a ver por dónde nos salen. Queden ustedes con la Longa noite de pedra, libro y poema de Celso Emilio Ferreiro en 1961 que dice así:

LARGA NOCHE DE PIEDRA

El techo es de piedra.
De piedra son los muros
y las tinieblas.
De piedra el suelo
y las rejas.
Las puertas,
las cadenas,
el aire,
las ventanas,
las miradas,
son de piedra.
Los corazones de los hombres
que a lo lejos acechan,
hechos están
también
de piedra.
Y yo, muriendo
en esta larga noche
de piedra.

 

 

O teito é de pedra.
De pedra son os muros
i as tebras.
De pedra o chan
i as reixas.
As portas,
as cadeas,
o aire,
as fenestras,
as olladas,
son de pedra.
Os corazós dos homes
que ao lonxe espreitan,
feitos están
tamén
de pedra.
I eu, morrendo
nesta longa noite
de pedra.

 

Celso Emilio Ferreiro (1912‑79)

traducción Editorial Santillana
fuente: poética digital

en el Estado de [no hay] Derecho.

(carta a mi abogado)

Tema: Alijos y decomisos. Venta ilegal, contrabando, drogas, ropa de marcas falsas, CDs, DVDs, etc. Qué cuestan al contribuyente las políticas de prohibición y legislaciones vigentes en España bajo el llamado Estado de Derecho, incluyendo, claro está, nóminas y equipamiento de Guardia Civil y cuerpos policiales. Supongo que incauta o decomisa un juez y que la policía no puede alterar, maltratar o destruir pruebas sin una orden judicial. Y, en todo caso, por qué destruir. Te cuento. La otra noche en la placita de Bajo de Guía un senegalés sin papeles que hace top manta de zapatos deportivos (falsos Adidas, se entiende) fue inquietado por un policía local que, para impedir que huyera, le pisó la mercancía (con las botas militares esas que llevan). Yo dije al guardia: Señor, no maltrate unos zapatos que no han hecho nada y que pueden darse y servir a una oenegé, a Cáritas o a Mujeres Solidarias de Sanlúcar (una sociedad benéfica muy potente aquí: tiene asignados los puntos de recogida de ropa y calzado). El policía me contestó que no, que aquellos deportivos eran ilegales y que iban a ser destruidos. ¿Qué te parece? Bajo de Guía no es el Bronx ni, en ambiente de bares y restaurantes, hace falta emplearse como yo fui testigo. Daniel Lebrato, Sanlúcar de Barrameda, 09/07/17.


 

el bebedor y las tapas.

 

Cuzcampo Gambrinus

A los bares, voy buscando el grifo de Cruzcampo. El botellín helado, lo tengo en casa. Voy a beber y bebiendo espero. Porque mi estómago puede esperar y porque no me convence el sistema de pedir la tapa “al centro” y solo si alguien más se anima. Y porque suelo perder en la educada batalla de los tenedores para, al final, quedarme en ayunas. Eso, si no termina el vuelo de la tapa ‑está tan lejos el centro‑ manchándome la camisa o el pantalón.

Con la bebida, los bares ponían un picable de patatas fritas, altramuces, frutos secos o aceitunas. Y era fácil armonizar aperitivo y sed. Ahora, no. Los bares nos dividen. 1) Hay los que siguen sirviendo el picable. 2) Hay bares populares que han hecho de aceitunas o frutos secos una tapa más; los altramuces, no se atreverían a cobrarlos pero se las ingenian para vendértelos en bolsa aparte, como las papas, por motivos de higiene, o eso dicen. 3) Hay bares de barrio que, a la primera consumición, te sirven gratis una tapa (un probaíto) del arroz, guiso, frito o aliño del día. 4) Hay bares que maridan ‑no una vez: tantas como consumiciones‑ bebida y tapa y estos son de dos clases: 4a) Bares populares donde la tapa cumple su función de tapar el alcohol y está entendida como gentileza de la casa y suele ser chica y no elegida por el cliente. 4b) Y hay bares de culto donde el precio del pincho o de la tapa va incluido en la bebida donde no interesa beber sin comer. 5) Hay gastrobares y modernitos con liturgia de restaurantes con reparos. 6) Y hay los bares que han sido y son bares de tapas de toda la vida.

De estos es Casa Bigote, en Sanlúcar de Barrameda. Y, porque va mucha gente a las tapas, el barril de Cruzcampo (ese misterio, cuya figura es el grifo, más llevadero cuanta más gente arrime el vaso) da unas cañas de las mejores de Sanlúcar.[1] Por eso, al caer la tarde, me gusta ir a Bigote. En una de esas, me dio por pensar qué pensarán de nosotros los barcos mercantes ‑ratas, humedad y óxido‑ que pasan. Desde Bigote, gente satisfecha saca sus cámaras. ¡Barco! Al fondo, Doñana. Desde el barco, deben pensar ¡Qué foto tan diferente, la mía y la suya, señor presidente![2]

Caso real del bebedor entre tapas. En verano de 2002, Martín Calamar volvió a Galicia. Viajaron con él cuatro mujeres cabales que iban a lo normal: ver penes por las playas nudistas y comer mejillones, pimientos del Padrón y algún lacón con grelos. ¿Alguno? Uno para todos, si acaso, porque las madrinas ‑así llamadas por lo que nos querían y porque venían de Madrid‑ apenas el camarero nos servía la media ración de mejillones o la media de pimientos fritos, siempre decían ¡Qué barbaridad, con esto ya hemos comido! La consigna era picar algo por ahí, no comer o cenar. Los platos no iban por comensal, sino todos para compartir, siempre al centro de la mesa, uno para todos y todos para uno. El plato individual no servía más que para pinchar o cortar lo que se cogía del común y para echar huesos, cáscaras, raspas y conchas vacías. (Y aun éstas se las tangaban entre madrina y madrina y, en un descuido, se las echaban al plato de la de al lado.) Yo, que no me arranco a comer sin dos o tres cervezas en el cuerpo, pasaba de la cerveza al café porque ‑esa es otra‑ la señal de que, comer, habíamos comido era pedirse enseguida postre, naturalmente, para compartir. Tinta de calamar, 761

[1] Ciudad que no cuida especialmente al bebedor de cerveza.

[2] Canción de Quintín Cabrera, Señor presidente (1975).

qué pensarán los barcos.

foto LeMonge
foto LeMonge

Qué pensarán los barcos, cargados de humedad, de óxido y de mugre, de soledad de patria, si la tienen, y de contrabando, al vernos en los restaurantes de Bajo de Guía entre manzanillas, cervezas y langostinos, y haciendo fotos a igual o parecida puesta de sol. Cuando el barco pasa. Flas, flas. Cámaras, las hay profesionales y del móvil. Y marineros, por lo menos, tres. Los de yo no digo mi canción sino a quien conmigo va. Los que habrán leído a Salinas. Y los que, si por mí fuera, le quitarían el tapón al barco.

–enlace al Romance del conde Arnaldos

–enlace a El contemplado, de P.Salinas


 

la pared.

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Entre el clavel y la espada (1939‑40), de Rafael Alberti, nos trae un eco de entre la espada y la pared. pared, en inglés the wall, el muro, de Pink Floid (1979) y de Wall Street.

Una pared une y separa a los amantes en la Fábula de Píramo y Tisbe, romance de Luis de Góngora (1618). La pared es canción de Bambino (Utrera 1940‑99); Entre la espada y la pared, de Fito & Fitipaldis.

entre la espada y la pared (446.000 resultados en Google) significa que, hagas lo que hagas, lo tienes crudo, y viene de cuando los espadachines se batían el sable, que algo tiene que ver con el machete y con a machetazos.

poner pies en pared (1.590G) o pie, en singular (5.650G), es tenacidad, insistir con empeño, de cuando los muchachos se retaban a trepar con soga por una pared, a ver quién llegaba más alto. Lo cuenta Ludaico Duver, quien nos trae esta cita de Quevedo en Cuento de cuentos (1626): Poner pies en pared no sirve de nada; yo lo he probado viéndome en trabajos, como oía decir: No hay sino poner pies en pared; y sólo sirve de trepar, o dar de cogote.

Figuradamente, las paredes hablan [lo que la gente calla]. Antes, tenemos las paredes han oídos y los montes ojos / las paredes tienen orejas y oídos / las paredes oyen (51.000G): frase proverbial que recomienda cautela cuando se trata algún secreto. las paredes oyen está en Gonzalo Correas, Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627). Y en La Celestina (1499): Callemos, que á la puerta estamos e, como dizen, las paredes han oydos. Y en el Quijote (1615) 2,48, en boca de doña Rodríguez, quien después de poner de vuelta y media a Altisidora y a la duquesa, suelta esta retención: Quiero callar, que se suelen decir que las paredes tienen oídos. Y en Las paredes oyen, comedia famosa de Juan Ruiz de Alarcón (1628).

Antítesis de las paredes oyen serían más sordo que / sordo como una tapia y las paredes hablan (234.000G); hablan, y de qué manera, desde los grafitis.

Este “machete al machote” (13.800G), escrito en versión vasco taquigráfica (76G), está en las paredes de Bajo de Guía, Sanlúcar, Cádiz, donde no es raro este tipo de feminismo pinturero.

machete al machote 20170612

enlaces:
Fábula de Píramo y Tisbe
La pared,
de Bambino

 

Sanlúcar de Barrameda, el colapso de un estuario.

Conste que para mí el río de Sanlúcar desemboca en barra, como su nombre indica, de Barrameda, y no en estuario, pero si lo dice quien más sabe de esto, será en estuario. Dejo a ustedes con Pedro Ingelmo en Diario de Cádiz, artículo que nos pasa Manuel Ruiz Ibáñez, Elcano: El colapso de un estuario, y les recuerdo lo que el diccionario académico dice de las desembocaduras de un río.

estuario. Desembocadura de un río caudaloso en el mar, caracterizada por tener una forma semejante al corte longitudinal de un embudo, cuyos lados van apartándose en el sentido de la corriente, y por la influencia de las mareas en la unión de las aguas fluviales con las marítimas.

ría. Penetración que forma el mar en la costa, debida a la sumersión de la parte litoral de una cuenca fluvial de laderas más o menos abruptas. Ensenada amplia en la que vierten al mar aguas profundas.

delta. Terreno comprendido entre los brazos de un río en su desembocadura.

barra. Banco o bajo de arena que se forma a la entrada de algunas rías, en la embocadura de algunos ríos y en la estrechura de ciertos mares o lagos, y que hace peligrosa su navegación.

Origen: El colapso de un estuario

Fuente del Cabildo, Taberna Juan

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Fuente del Cabildo. A la izquierda, playa de veladores de la Taberna Juan.

TABERNA JUAN
Cabildo, 33. Sanlúcar
–función poética–

De nueve y media a diez
p.m. (por mis muertos)
doy con la isla o barco
de piedra y surtidores
al centro de la plaza,
la fuente del Cabildo.
Lectura oral. Se rueda.
La gente pasa y piensa:
–¿Con quién habla este hombre
tan raro?, su sombrero,
su caña, sus zapatos
de baile y esa pinta
de no bailar con nadie.
Me canta el agua: –¡Tíralo
o ya, mejor, tú, tírate!
Cojo el papel, lo tiro
‑se dice lo reciclas-,
vuelvo a la barra y otra
Cruzcampo o manzanilla
Barbiana de la casa

Taberna Juan, que toca
la fuente con su playa
de veladores, faro
de camareros: –¿Lleno?
–¡Llena! Y vuelvo a ver si
le gusta lo que he escrito
de nuevo o lo que pienso
a la dichosa fuente:
–¡Gluglú, gluglú, gluglú,
no te lo crees ni tú!
Y mira que yo oía
su borbotar de amigo
como a ese confidente
del náufrago o de Ulises
que lanza su eseoese.
Nausica, si viniera,
me quita del naufragio,
mensajes en botellas
que van a dar al mar
que es el morir, Cabildo.

*

Daniel Lebrato, enero 2017
(basado en un hecho real)


la tristeza de los días laborables

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laborables se opone a festivos; laborales, a ociosos, que es lo mismo pero no es igual. La tristeza de los días laborables es el libro de poesías que acaba de sacar Juan Antonio Gallardo Gallardoski (1968) en Ediciones en Huida, en cuyas https se lee “días abandonados”, como si ese hubiera sido alguna vez su título. El hombre ha cumplido 46 años y a esa edad o sabes quién eres o no digas nada. Parada en la mitad del camino, gustará a quien no le guste la poesía y guste de la frescura de un maduro en su plena inmadurez. Pídanle a Gallardoski que cuelgue o suba a la red algún poema para abrirles el apetito. No se lo digo a Juan Antonio pero a veces la mejor forma de que nadie te lea es publicar en libro a precio de salida. No es paradoja, es la cultura. eLTeNDeDeRo ofrece en primicia la primera y la última líneas del libro: [Un día comprendes que todo era prestado. ……… Pero nunca pasa nada.] Lo demás, dentro de La tristeza de los días laborables. Yo he disfrutado. Que ustedes lo lean bien. En Sanlúcar lo vende librería Fórum Libros.

 

sanlúcar, san lucas y el toro

sanlucar-escudo-republicano
escudo republicano en la cuesta de belén. foto antonio barba

Triángulo bien hallado el que forman Sanlúcar de Barrameda, el toro y San Lucas evangelista, cuyo día es hoy y así estamos, de fiesta local. El toro pone la estética; el santo, la cristiandad y este lugar (no este lugás), una denominación de origen no tan antigua como si fuera tartessos, lago ligustrino o luciferi fanum, que la prehistoria de los pueblos está muy bien para guías turísticas y pique con poblaciones vecinas pero, se quiera o no, la prehistoria es muy pagana.

foto Antonio Barba