La hartura de llamarse persona.

ya no se dice “la y el” académico, sino “persona académica”
(Antonio Narbona, ABC, 24/09/22)

La palabra persona ya era mijita soberbia desde que, entre democracia y derechos humanos, todos quisimos ser personas, dramatis personae o personajes de nuestra propia obra. Últimamente la crecida de la palabra persona se debe a solución culta y bien vista para responder al reto del lenguaje coeducado: eso que antes fue coeducación o lenguaje inclusivo (porque visibilizaba el lado femenino de lo que hablábamos) y ahora es inclusivo2, lengua que aburre a las orejas con su batallón de todos y todas o los y las más el corretaje de elegetebeí que corresponde a quien quiere hablar políticamente correcto, brebaje oral o escrito entre arrob@as y equiX.

Antonio Narbona nos expresa en su artículo Sin un café no soy persona cómo la inflación de persona del español de ahora mismo se debe en gran parte a la propia Academia de la Lengua como respuesta a una realidad impuesta por la academia de la calle: modificación consciente que, según sus señorías, no se había producido nunca y jamás se iba a producir.

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