Miguel Brieva.

ENTREVISTA A MIGUEL BRIEVA Pablo Esparza para HayFestivalQuerétaro
@BBC Mundo, 6 septiembre 2020.

© Todos los derechos reservados. [eLTeNDeDeRo] publica reproducción de la página https://www.bbc.com/mundo/noticias-53957482


Palabras clave: capitalismo (10) derecho (3) dinero (4) economía (5) España (4) estado (7) humor (8) mundo (11) nuestro,a (8) Odisea,o (8) rey (9) sistema (4) utopía (3) Asimov (3) Le Clézio (1)


—En tu obra utilizas el humor para hablar de cuestiones como la filosofía, la economía, la política, la teoría cultural, ¿por qué el humor es una buena manera de hablar de cosas serias?

Lo de la seriedad es un gran problema. Justamente el humor sirve para evitar la seriedad y la solemnidad y las cosas, digamos, un poquito tóxicas que arrastra tras de sí esa presunción y esa petulancia. Pienso que el humor es la manifestación de nuestra inteligencia más gozosa para todos, tanto para el que lo practica como el que lo ve. La inteligencia se puede manifestar de diferentes maneras pero cuando lo hace por esa vía no pierde nada de inteligencia y sí gana en goce. La respuesta del humor, una vez que se decodifica por parte del espectador, suele ser la risa, que es, después del orgasmo, quizá la siguiente sensación física y corporal que tenemos los seres humanos más placentera y embriagadora. Solo por eso, valdría la pena fomentar su uso a todos los niveles. Yo creo que el humor es una herramienta primordial para el conocimiento porque, además, es un atajo: en las complejas conexiones que provoca el humor se dan conocimientos instantáneos o estados de iluminación instantáneos que si los tenemos que hacer llegar mediante la argumentación propia del discurso convencional nos lleva mucho más esfuerzo. El humor tiene esa potencia intuitiva. Tiene el arte de iluminarnos de una manera mucho más rápida.

—La crítica al capitalismo y a la sociedad de consumo es una constante en tu obra. Y en alguna ocasión has hablado de la necesidad de crear y compartir relatos propositivos que planteen propuestas alternativas al sistema económico actual. ¿Cómo sería una alternativa posible?

Justamente esto es un proyecto en el que estamos trabajando ahora varias personas de Ecologistas en Acción, una organización con la que trabajo bastante, y con otras personas de los mundos creativos. Nos planteamos cómo podemos empezar a tejer relatos que nos sirvan. Está claro que ahora hay una maquinaria enorme de crear relatos y creo que nunca en la historia hemos sido tan adictos a los relatos. Pasamos de un libro a una serie, a una película. Y eso sin considerar que los medios de comunicación y las noticias también son relatos. Pero en la actualidad todos los relatos tienen una moraleja o llevan a una misma conclusión: justificar la lógica enloquecida en la que nos hemos resignado a vivir. Se nos ha contado tanto que este es el mejor de los mundos posibles que al final hemos perdido la esperanza de que haya cualquier alternativa. Las historias y ficciones que consumimos a diario siempre están planteando un marco conceptual que es capitalista. Frente a este bucle, a lo que nosotros le hemos estado dando vueltas es a trazar un marco, unos límites razonables en términos humanos, biológicos y planetarios. Se trata de que los creadores seamos conscientes de que no estamos solamente haciendo entretenimiento, sino que estamos construyendo los horizontes de lo posible para el ser humano. Si realmente queremos historias que no solamente nos entretengan sino que además nos sirvan, casi como una especie de botiquín de emergencia, esas historias deben empezar a ser conscientes de discurrir en otro paradigma. Yo sé que es complejo, pero o hacemos eso o nos condenamos a vivir una y otra vez en un bucle, en el día de la marmota [como aquí las cabañuelas] de la lógica capitalista. Y ya sabemos que es un discurso, un relato, que nos lleva a la autodestrucción: en un mundo finito no se puede conseguir un crecimiento infinito. Es curioso porque el argumento de que las utopías son irrealizables, es válido justamente para el capitalismo. El capitalismo, en su definición de estado de crecimiento permanente en un sistema finito, es la paradoja y la imposibilidad absoluta. Y es curioso que los que tachan a las utopías de imposibles, sin darse cuenta, son los defensores de la mayor utopía que ha habido en la historia. Lo que pasa es que es la más loca de todas.

—En un pasaje de La gran aventura humana dices que nuestro mundo ya no es más que una lucha descarnada entre el ser humano y el capitalismo. ¿A dónde nos llevará ese combate en los próximos años?

Si yo lo supiera. Mi entendimiento analiza los hechos, las estructuras, tiene en cuenta cómo nos hemos comportado en el pasado. Y, hombre, no lleva a ser muy optimista. Pero luego hay otra parte más emocional que atiende a la posibilidad de que los seres humanos no seamos máquinas y, a veces, hagamos cosas que están fuera de control y que son casi milagrosas. Esto, junto a la esperanza, hace que en mi imaginación sea posible ese relato positivo. En distopía y horror se puede llegar donde te dé la gana. Pero esos relatos están muy cubiertos. A mí por lo menos me interesa construir desde la esperanza y desde esos nuevos imaginarios. Si me dejo llevar por mi vena pesimista me puedo imaginar situaciones horribles y en muy poco tiempo: igual que no estábamos preparados para la pandemia esta, a lo mejor tampoco estamos preparados para que en tres años estemos en un escenario de derrumbe civilizatorio. Pero ya estamos ahí. Es posible ese nivel de incertidumbre. Al mismo tiempo también veo que está muy en nuestra mano tomar decisiones para ir creando un marco sostenible para la vida del ser humano, reduciendo en buena medida el nivel de consumo y de vida que tenemos actualmente. Lo que pasa es que eso es ir en contra de la lógica hegemónica que se ha ido martilleando en nuestras cabezas y en nuestros corazones, en nuestras emociones, durante las últimas décadas. Y por eso, porque se ha creado a base de relatos tóxicos, ahora habría que hacer relatos curativos para deshacer eso.

—¿Crees que una situación imprevista como la actual pandemia puede servir de punto de inflexión para plantearse este tipo de cuestiones?

Yo creo que cualquier momento es bueno. Lo fue la crisis de 2007, en la que todavía estamos, porque estamos viviendo en una crisis permanente. Hice un cómic en el que decía que este período se conocerá como el crisismo. Todo es crisis. Cuando la definición médica de crisis se refiere a un momento muy concreto y agudo de una enfermedad larga en la que por unos minutos o por unas horas la vida del paciente está en riesgo. Fíjate que llevamos más de doce años hablando de crisis. Es decir, asumimos que vivimos en un modelo en crisis. Es un modelo de opulencia absoluta y de crisis permanente. Pero efectivamente creo que esta es una oportunidad. Estamos un modelo encorsetado y que no tiene flexibilidad para cambiar.

JMG Le Clézio, nobel de Literatura: La pandemia no es el castigo, sino la respuesta de la naturaleza. Nosotros no lo controlamos todo.

Por eso veo más la esperanza en situaciones como esta en las que sea la propia situación la que lleva al cambio. Como si de repente surgiera un virus que haga imposible que manejemos dinero o algo así. ¿Te imaginas? Nosotros queremos seguir siendo capitalistas y seguir moviendo dinero, pero de repente el que toca el dinero se muere. Habría que cambiar. Es como un factor externo que nos frena. Como la propia gestión (de la pandemia) es desastrosa porque el capitalismo no puede gestionar nada en favor de la vida. Digamos que el capitalismo va colapsando. No digo que tenga que ser así, sería mucho más bonito que fuéramos los humanos con nuestra propia autonomía y voluntad para tomar las decisiones correctas. A veces hay que saber aprovechar que esto que, efectivamente, es una crisis terrible también podría ser un empujón en la dirección correcta. Depende de cómo lo interpretemos y de cómo salgamos de esta.

—Hablas también en tu obra de la magia de lo común, de lo creado y usado de manera colectiva. Un ejemplo de esa magia de lo común son las creaciones de la cultura popular. La tecnología ofrece grandes oportunidades de colaboración, pero también es una vía de aislamiento. ¿Cómo ves el futuro de la cultura popular en esta era tecnológica?

La era esta de las nuevas tecnologías es una apisonadora de destrucción cultural. Isaac Asimov fantaseaba con lo que podría haber sido en una entrevista de finales de los 70. Imaginaba una internet como una especie de herramienta de conocimiento universal que casi acabaría con las universidades y las escuelas porque todo el mundo podría elegir qué es lo que quiere aprender y cuándo. Isaac Asimov no podía pensar en TikTok o en Instagram o en las aplicaciones para ligar ni en las mil utilidades que al final son más una cárcel que una liberación. En alguna proyección de futuros alternativos de esas que hago me imagino un mundo en el que no existen los móviles ni los coches. Los coches han colonizado el mundo y lo han modelado a imagen de este sistema y ahora los móviles están colonizando las mentes. Me imagino un mundo en el que viviéramos a escala local, con mucho menos consumo y con consumo a escala local. Habría menor trabajo por parte de todos y la economía viraría de la acumulación a poner la vida en el centro, hacia lo que es necesario para mantener los ecosistemas. Habría que deconstruir las grandes ciudades porque son ingobernables democráticamente y habría que generar un marco completamente distinto. Y en ese marco podría existir internet, que sería maravilloso, pero recuperando esa fantasía de Isaac Asimov de la potencia de la comunicación en el buen sentido. No de la comunicación absurda y sin sentido en una sociedad cada vez más incomunicada. En un escenario así creo que surgiría, simplemente del chute de esperanza y buen rollo que supondría eso, una especie de tsunami de creatividad, de inteligencia, de conocimiento científico. Pienso que, a diferencia de lo que mucha gente postula, el capitalismo es un freno constante a la verdadera potencialidad humana, a la potencialidad que nos hace vivir mejor en equilibrio con el entorno.

—Además de en sátira social y política también has trabajado en otro tipo de proyectos como la ilustración de la Odisea, en apariencia al menos alejado del resto de tu obra. ¿Cómo surge un trabajo como ese?

El caso de la Odisea ha sido muy sencillo porque esta edición de la Odisea la ha traducido mi madre. Entonces, digamos que ha sido un asunto familiar, como en el Padrino. Mi madre ha sido científica toda su vida y cuando se jubiló hace unos años, como siempre ha sido muy amante de la literatura, acabó la carrera de filología que ya había empezado tiempo atrás y luego hizo un máster de traducción de griego antiguo con la idea de traducir la Odisea. Ella lo quería hacer un poco por sus nietos, por gusto. Pero se fue embarcando y empezó a dar con unas claves y con un tono en la traducción que la verdad es que estaba muy bien y era una nueva traducción que valía la pena. Ahí ya me propuso ilustrar y nos fuimos enredando. Ha sido un trabajo muy laborioso al que le he dedicado casi dos años, pero también muy reconfortante.

—¿Qué interés tiene hoy reeditar e ilustrar uno de los relatos más antiguos que nos han llegado?

Fíjate que la Odisea es el relato fundacional de la ficción occidental. Es el viaje del héroe que ha servido a posteriori, a partir del siglo 19 como patrón para todas las películas y relatos que nos lo sabemos de memoria. Y es muy interesante porque siendo el patrón de todos los relatos, a su vez encierra pistas que hacen que se rompa esa lógica del relato del héroe. Para empezar, cuando uno lee la Odisea con paciencia, se da cuenta de que el héroe, Odiseo, únicamente utiliza la fuerza como método para solucionar los problemas al final, cuando tiene que enfrentarse con los pretendientes. Todas las demás aventuras del héroe las solventa gracias a la palabra, al ingenio, la inteligencia. Es curioso porque si supuestamente marca el arquetipo de héroe, al mismo tiempo el héroe que relata la Odisea es diferente al que luego nosotros hemos dado por hecho que es. Es un libro al que se le puede dar la vuelta y podría ser la némesis de la idea que se ha creado de él mismo.

—En una de tus viñetas aparece el Rey Juan Carlos I con la cabeza iluminada. Un comentario irónico dice que la cabeza del monarca es la fuente energética más poderosa detectada hasta ahora en el universo. ¿Qué piensas de la figura de Juan Carlos I y de su decisión de salir de España e instalarse en EAU?

Supongo que lo que cualquier persona que use un poco la razón. Si estudias en términos filosóficos lo que es un estado de derecho se trata de un estado en el que todos los ciudadanos son iguales ante la ley. La figura de un rey ya es una ruptura. O tenemos un estado de derecho o tenemos un rey. Las dos cosas no pueden ser. Venimos de una dictadura que se cerró en falso sustituyendo la figura del dictador por la figura de un rey. Eso es el análisis racional. Ahora el rey es como el tapón que impide que otras fuerzas terroríficas e igualitarias emerjan. Básicamente, en España la figura del rey es esa. Luego en concreto el rey Juan Carlos es lo que han sido los Borbones, los reyes y la gente de clase alta: gente que lleva viviendo del cuento durante siglos, que están fuera de la realidad totalmente y que lo único que les interesa es vivir a sus anchas y acumular dinero. Es muy triste en el fondo. Te das cuenta de que todo el discurso de la Transición y de los constitucionalistas es una falacia, no se sostiene al más mínimo análisis racional.

—Si la salida de España del rey Juan Carlos I fuera una historieta y tú el guionista, ¿qué final le darías?

Si yo fuese el guionista, como tampoco le deseo el mal a nadie, casi que la mayor justicia poética sería que fuéramos una república, por ser lógicos con el estado de derecho. Pero creo que en el pecado está la penitencia, como suele decirse. No hay nada más deshonroso para alguien que ha dicho que es el padre de la patria que irse por la puerta de atrás como lo ha hecho. Ya está. Lo más justo poéticamente sería que todos los españoles nos olvidáramos de este señor y, de manera democrática, decidiéramos que tampoco esté su hijo, que nos olvidáramos de la monarquía como una cosa que es propia de otro tiempo. Para mí ya sería suficiente triunfo si esto supusiera una mayor emancipación de los ciudadanos de este país.

ENTREVISTA A MIGUEL BRIEVA
Pablo Esparza para HayFestivalQuerétaro
@BBC Mundo, 6 septiembre 2020


Palabras clave: capitalismo (10) derecho (3) dinero (4) economía (5) España (4) estado (7) humor (8) mundo (11) nuestro,a (8) Odisea,o (8) rey (9) sistema (4) utopía (3) Asimov (3) Le Clézio (1)


—En tu obra utilizas el humor para hablar de cuestiones como la filosofía, la economía, la política, la teoría cultural, ¿por qué el humor es una buena manera de hablar de cosas serias?

Lo de la seriedad es un gran problema. Justamente el humor sirve para evitar la seriedad y la solemnidad y las cosas, digamos, un poquito tóxicas que arrastra tras de sí esa presunción y esa petulancia. Pienso que el humor es la manifestación de nuestra inteligencia más gozosa para todos, tanto para el que lo practica como el que lo ve. La inteligencia se puede manifestar de diferentes maneras pero cuando lo hace por esa vía no pierde nada de inteligencia y sí gana en goce. La respuesta del humor, una vez que se decodifica por parte del espectador, suele ser la risa, que es, después del orgasmo, quizá la siguiente sensación física y corporal que tenemos los seres humanos más placentera y embriagadora. Solo por eso, valdría la pena fomentar su uso a todos los niveles. Yo creo que el humor es una herramienta primordial para el conocimiento porque, además, es un atajo: en las complejas conexiones que provoca el humor se dan conocimientos instantáneos o estados de iluminación instantáneos que si los tenemos que hacer llegar mediante la argumentación propia del discurso convencional nos lleva mucho más esfuerzo. El humor tiene esa potencia intuitiva. Tiene el arte de iluminarnos de una manera mucho más rápida.

—La crítica al capitalismo y a la sociedad de consumo es una constante en tu obra. Y en alguna ocasión has hablado de la necesidad de crear y compartir relatos propositivos que planteen propuestas alternativas al sistema económico actual. ¿Cómo sería una alternativa posible?

Justamente esto es un proyecto en el que estamos trabajando ahora varias personas de Ecologistas en Acción, una organización con la que trabajo bastante, y con otras personas de los mundos creativos. Nos planteamos cómo podemos empezar a tejer relatos que nos sirvan. Está claro que ahora hay una maquinaria enorme de crear relatos y creo que nunca en la historia hemos sido tan adictos a los relatos. Pasamos de un libro a una serie, a una película. Y eso sin considerar que los medios de comunicación y las noticias también son relatos. Pero en la actualidad todos los relatos tienen una moraleja o llevan a una misma conclusión: justificar la lógica enloquecida en la que nos hemos resignado a vivir. Se nos ha contado tanto que este es el mejor de los mundos posibles que al final hemos perdido la esperanza de que haya cualquier alternativa. Las historias y ficciones que consumimos a diario siempre están planteando un marco conceptual que es capitalista. Frente a este bucle, a lo que nosotros le hemos estado dando vueltas es a trazar un marco, unos límites razonables en términos humanos, biológicos y planetarios. Se trata de que los creadores seamos conscientes de que no estamos solamente haciendo entretenimiento, sino que estamos construyendo los horizontes de lo posible para el ser humano. Si realmente queremos historias que no solamente nos entretengan sino que además nos sirvan, casi como una especie de botiquín de emergencia, esas historias deben empezar a ser conscientes de discurrir en otro paradigma. Yo sé que es complejo, pero o hacemos eso o nos condenamos a vivir una y otra vez en un bucle, en el día de la marmota [como aquí las cabañuelas] de la lógica capitalista. Y ya sabemos que es un discurso, un relato, que nos lleva a la autodestrucción: en un mundo finito no se puede conseguir un crecimiento infinito. Es curioso porque el argumento de que las utopías son irrealizables, es válido justamente para el capitalismo. El capitalismo, en su definición de estado de crecimiento permanente en un sistema finito, es la paradoja y la imposibilidad absoluta. Y es curioso que los que tachan a las utopías de imposibles, sin darse cuenta, son los defensores de la mayor utopía que ha habido en la historia. Lo que pasa es que es la más loca de todas.

—En un pasaje de La gran aventura humana dices que nuestro mundo ya no es más que una lucha descarnada entre el ser humano y el capitalismo. ¿A dónde nos llevará ese combate en los próximos años?

Si yo lo supiera. Mi entendimiento analiza los hechos, las estructuras, tiene en cuenta cómo nos hemos comportado en el pasado. Y, hombre, no lleva a ser muy optimista. Pero luego hay otra parte más emocional que atiende a la posibilidad de que los seres humanos no seamos máquinas y, a veces, hagamos cosas que están fuera de control y que son casi milagrosas. Esto, junto a la esperanza, hace que en mi imaginación sea posible ese relato positivo. En distopía y horror se puede llegar donde te dé la gana. Pero esos relatos están muy cubiertos. A mí por lo menos me interesa construir desde la esperanza y desde esos nuevos imaginarios. Si me dejo llevar por mi vena pesimista me puedo imaginar situaciones horribles y en muy poco tiempo: igual que no estábamos preparados para la pandemia esta, a lo mejor tampoco estamos preparados para que en tres años estemos en un escenario de derrumbe civilizatorio. Pero ya estamos ahí. Es posible ese nivel de incertidumbre. Al mismo tiempo también veo que está muy en nuestra mano tomar decisiones para ir creando un marco sostenible para la vida del ser humano, reduciendo en buena medida el nivel de consumo y de vida que tenemos actualmente. Lo que pasa es que eso es ir en contra de la lógica hegemónica que se ha ido martilleando en nuestras cabezas y en nuestros corazones, en nuestras emociones, durante las últimas décadas. Y por eso, porque se ha creado a base de relatos tóxicos, ahora habría que hacer relatos curativos para deshacer eso.

—¿Crees que una situación imprevista como la actual pandemia puede servir de punto de inflexión para plantearse este tipo de cuestiones?

Yo creo que cualquier momento es bueno. Lo fue la crisis de 2007, en la que todavía estamos, porque estamos viviendo en una crisis permanente. Hice un cómic en el que decía que este período se conocerá como el crisismo. Todo es crisis. Cuando la definición médica de crisis se refiere a un momento muy concreto y agudo de una enfermedad larga en la que por unos minutos o por unas horas la vida del paciente está en riesgo. Fíjate que llevamos más de doce años hablando de crisis. Es decir, asumimos que vivimos en un modelo en crisis. Es un modelo de opulencia absoluta y de crisis permanente. Pero efectivamente creo que esta es una oportunidad. Estamos un modelo encorsetado y que no tiene flexibilidad para cambiar.

JMG Le Clézio, nobel de Literatura: La pandemia no es el castigo, sino la respuesta de la naturaleza. Nosotros no lo controlamos todo.

Por eso veo más la esperanza en situaciones como esta en las que sea la propia situación la que lleva al cambio. Como si de repente surgiera un virus que haga imposible que manejemos dinero o algo así. ¿Te imaginas? Nosotros queremos seguir siendo capitalistas y seguir moviendo dinero, pero de repente el que toca el dinero se muere. Habría que cambiar. Es como un factor externo que nos frena. Como la propia gestión (de la pandemia) es desastrosa porque el capitalismo no puede gestionar nada en favor de la vida. Digamos que el capitalismo va colapsando. No digo que tenga que ser así, sería mucho más bonito que fuéramos los humanos con nuestra propia autonomía y voluntad para tomar las decisiones correctas. A veces hay que saber aprovechar que esto que, efectivamente, es una crisis terrible también podría ser un empujón en la dirección correcta. Depende de cómo lo interpretemos y de cómo salgamos de esta.

—Hablas también en tu obra de la magia de lo común, de lo creado y usado de manera colectiva. Un ejemplo de esa magia de lo común son las creaciones de la cultura popular. La tecnología ofrece grandes oportunidades de colaboración, pero también es una vía de aislamiento. ¿Cómo ves el futuro de la cultura popular en esta era tecnológica?

La era esta de las nuevas tecnologías es una apisonadora de destrucción cultural. Isaac Asimov fantaseaba con lo que podría haber sido en una entrevista de finales de los 70. Imaginaba una internet como una especie de herramienta de conocimiento universal que casi acabaría con las universidades y las escuelas porque todo el mundo podría elegir qué es lo que quiere aprender y cuándo. Isaac Asimov no podía pensar en TikTok o en Instagram o en las aplicaciones para ligar ni en las mil utilidades que al final son más una cárcel que una liberación. En alguna proyección de futuros alternativos de esas que hago me imagino un mundo en el que no existen los móviles ni los coches. Los coches han colonizado el mundo y lo han modelado a imagen de este sistema y ahora los móviles están colonizando las mentes. Me imagino un mundo en el que viviéramos a escala local, con mucho menos consumo y con consumo a escala local. Habría menor trabajo por parte de todos y la economía viraría de la acumulación a poner la vida en el centro, hacia lo que es necesario para mantener los ecosistemas. Habría que deconstruir las grandes ciudades porque son ingobernables democráticamente y habría que generar un marco completamente distinto. Y en ese marco podría existir internet, que sería maravilloso, pero recuperando esa fantasía de Isaac Asimov de la potencia de la comunicación en el buen sentido. No de la comunicación absurda y sin sentido en una sociedad cada vez más incomunicada. En un escenario así creo que surgiría, simplemente del chute de esperanza y buen rollo que supondría eso, una especie de tsunami de creatividad, de inteligencia, de conocimiento científico. Pienso que, a diferencia de lo que mucha gente postula, el capitalismo es un freno constante a la verdadera potencialidad humana, a la potencialidad que nos hace vivir mejor en equilibrio con el entorno.

—Además de en sátira social y política también has trabajado en otro tipo de proyectos como la ilustración de la Odisea, en apariencia al menos alejado del resto de tu obra. ¿Cómo surge un trabajo como ese?

El caso de la Odisea ha sido muy sencillo porque esta edición de la Odisea la ha traducido mi madre. Entonces, digamos que ha sido un asunto familiar, como en el Padrino. Mi madre ha sido científica toda su vida y cuando se jubiló hace unos años, como siempre ha sido muy amante de la literatura, acabó la carrera de filología que ya había empezado tiempo atrás y luego hizo un máster de traducción de griego antiguo con la idea de traducir la Odisea. Ella lo quería hacer un poco por sus nietos, por gusto. Pero se fue embarcando y empezó a dar con unas claves y con un tono en la traducción que la verdad es que estaba muy bien y era una nueva traducción que valía la pena. Ahí ya me propuso ilustrar y nos fuimos enredando. Ha sido un trabajo muy laborioso al que le he dedicado casi dos años, pero también muy reconfortante.

—¿Qué interés tiene hoy reeditar e ilustrar uno de los relatos más antiguos que nos han llegado?

Fíjate que la Odisea es el relato fundacional de la ficción occidental. Es el viaje del héroe que ha servido a posteriori, a partir del siglo 19 como patrón para todas las películas y relatos que nos lo sabemos de memoria. Y es muy interesante porque siendo el patrón de todos los relatos, a su vez encierra pistas que hacen que se rompa esa lógica del relato del héroe. Para empezar, cuando uno lee la Odisea con paciencia, se da cuenta de que el héroe, Odiseo, únicamente utiliza la fuerza como método para solucionar los problemas al final, cuando tiene que enfrentarse con los pretendientes. Todas las demás aventuras del héroe las solventa gracias a la palabra, al ingenio, la inteligencia. Es curioso porque si supuestamente marca el arquetipo de héroe, al mismo tiempo el héroe que relata la Odisea es diferente al que luego nosotros hemos dado por hecho que es. Es un libro al que se le puede dar la vuelta y podría ser la némesis de la idea que se ha creado de él mismo.

—En una de tus viñetas aparece el Rey Juan Carlos I con la cabeza iluminada. Un comentario irónico dice que la cabeza del monarca es la fuente energética más poderosa detectada hasta ahora en el universo. ¿Qué piensas de la figura de Juan Carlos I y de su decisión de salir de España e instalarse en EAU?

Supongo que lo que cualquier persona que use un poco la razón. Si estudias en términos filosóficos lo que es un estado de derecho se trata de un estado en el que todos los ciudadanos son iguales ante la ley. La figura de un rey ya es una ruptura. O tenemos un estado de derecho o tenemos un rey. Las dos cosas no pueden ser. Venimos de una dictadura que se cerró en falso sustituyendo la figura del dictador por la figura de un rey. Eso es el análisis racional. Ahora el rey es como el tapón que impide que otras fuerzas terroríficas e igualitarias emerjan. Básicamente, en España la figura del rey es esa. Luego en concreto el rey Juan Carlos es lo que han sido los Borbones, los reyes y la gente de clase alta: gente que lleva viviendo del cuento durante siglos, que están fuera de la realidad totalmente y que lo único que les interesa es vivir a sus anchas y acumular dinero. Es muy triste en el fondo. Te das cuenta de que todo el discurso de la Transición y de los constitucionalistas es una falacia, no se sostiene al más mínimo análisis racional.

—Si la salida de España del rey Juan Carlos I fuera una historieta y tú el guionista, ¿qué final le darías?

Si yo fuese el guionista, como tampoco le deseo el mal a nadie, casi que la mayor justicia poética sería que fuéramos una república, por ser lógicos con el estado de derecho. Pero creo que en el pecado está la penitencia, como suele decirse. No hay nada más deshonroso para alguien que ha dicho que es el padre de la patria que irse por la puerta de atrás como lo ha hecho. Ya está. Lo más justo poéticamente sería que todos los españoles nos olvidáramos de este señor y, de manera democrática, decidiéramos que tampoco esté su hijo, que nos olvidáramos de la monarquía como una cosa que es propia de otro tiempo. Para mí ya sería suficiente triunfo si esto supusiera una mayor emancipación de los ciudadanos de este país.

© Todos los derechos reservados. [eLTeNDeDeRo] publica reproducción de la página https://www.bbc.com/mundo/noticias-53957482

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