cómo hacer la revolución.

Si no puedes con él, únete a él, dice la sabiduría. Que vivimos en una sociedad de clases no se puede negar, pero la lucha de clases se demuestra luchando y es ingenuo apelar a la clase obrera o clase trabajadora o al marxismo que las parió. Desde que se acogió al Estado del Bienestar, la clase obrera adormeció la lucha de clases y lo peor es que no ha sido sustituida por ninguna otra clase o grupo emergente que pueda cambiar el rumbo de la Historia.

Cuando no hay nadie al otro lado del enemigo, o frente al enemigo, lo que queda es subirse al carro del enemigo, en este caso: buscar las contradicciones del capitalismo (ser su troyano), ser más capitalistas que el capitalismo y apurar de él sus propagandas pensando siempre hacia la Aldea Global. Por ejemplo, ir a favor y más allá del liberalismo (por el capitalismo entendido como libertad de empresa) hasta convertirlo en libertad total y universal: fuera las fronteras, los aranceles, las aduanas, los paraísos fiscales, los pasaportes; fuera los ejércitos y las guerras y que cada quien se drogue con lo que quiera drogarse. La seguridad se convertiría en labores de policía y protección civil que podrían desarrollar los propios barrios y pueblos: nos libraríamos del gendarme que tenemos encima.

Por otro ejemplo, ir a favor de derechos reconocidos sobre el papel y más allá de la democracia de “un hombre, un voto” o “la igualdad ante la ley” con su división entre electores y elegidos que van a dar a una clase política. Ir a una democracia política, social y económica entre personas realmente iguales. Esto no se consigue fácil y se programaría combatiendo las tres fuentes de la desigualdad que son la desigualdad de nacimiento, la desigualdad de formación y la desigualdad de empleo. (Las desigualdades de raza y sexo no las podemos ni debemos combatir.)

La desigualdad de nacimiento se combate, en parte, renunciando los pobres a procrear (hijos que no han de cuidar a sus parientes mayores ni han de ayudar como prole). La desigualdad de formación y empleo se combate anulando la división trabajo manual / trabajo intelectual (bachillerato / formación profesional) implantando una enseñanza única y la abolición de la universidad (fábrica de privilegios), más el reconocimiento de todo currículo como algo puesto al servicio de la economía y no como ahora, que está al servicio de sucesivas vocaciones individuales.

Diríamos que, en vez de al reparto de la riqueza como han hecho las revoluciones clásicas, habría que ir al reparto del ocio, del tiempo libre, para tocar el balón, el violín, el libro, la nariz, el coño o las pelotas, según cada quien y sin que nadie nos predique (ya las sabemos) las bondades del arte y la cultura. Esos grupos artísticos y culturales acaparan la buena vida y son parte del sistema aunque presuman de anticapitalistas. En lugar de artistas frente a consumidores del arte, todos ganarían el pan con el sudor de su frente produciendo bienes necesarios (y no son necesarias las bellas artes, por duro que suene a los oídos diletantes). Gracias a la robótica, tocaríamos a muy poco sudor y a mucho hacer lo que me dé la gana por persona y día.

Pedid esto y más, pero no al Estado del Bienestar (fetiche que nadie sabe quién paga ni de dónde salen sus dineros) sino al Pensamiento, con mayúsculas, en foros de opinión y de presión (redes sociales) reconociendo que formáis parte de un mundo que vive bien a costa de quienes viven mal. Mientras el occidental no reconozca que algo tenemos que perder para que los demás ganen, no habremos adelantado absolutamente nada. Mucha protesta y mucha rebeldía de juventud apesta a niños bien que no quieren, siquiera una sola vez y por toca, apretar un tonillo, jóvenes progresistas que apestan a señorito. Preferible el cinismo o el escepticismo crítico que conduce a un irremediable aislamiento de la vida social de carro bebé, perrito y bicicleta que vemos desde Sevilla a Triana, desde Pekín a Nueva York. Salid de ese círculo. Imaginar no cuesta nada. Haceos anuncio publicitario contra la moda que más se lleva: la emulación, el hacer algo porque lo hacen los demás. Etiquetas (o hashtags): #yo_tampoco_pienso_tatuarme, #yo_tampoco_voto, #no_voy_a_bodas o #yo_tampoco_bautizo, #yo_no_me_depilo. Veréis cómo alguien se apunta.


 

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