Plan Ciudad

Caballo por el carril bici

PLAN CIUDAD
–La ciudad y las bicis (3)–

Una ciudad es la ciudad de cada uno de sus habitantes. Una ciudad es muchas ciudades y están llamadas a dialogar, a entenderse. Aunque con fines publicitarios se hable de la ciudad de las personas, de las bicicletas o de la ciudad del arte, de la cultura o del deporte, no existen esas ciudades por separado.

Toda ciudad histórica divide su urbanismo en dos, entre un casco o centro antiguo y un ensanche moderno. El viejo centro sigue bajo la hegemonía de las clases que antiguamente se han desplazado en carruaje o en caballo y que jamás ponían un pie en el suelo (para eso estaba el palanquín). La acera se concibió como andén de subida y bajada al caballo o carruaje y como espacio a salvo de atropellos por donde circulaban pequeños comerciantes y criados. Las ciudades, hoy saturadas de coches, que no han abordado esta interpretación social de su paisaje urbano no habrán resuelto nada a la hora de pensar en el medio ambiente, en la sostenibilidad o en los transportes alternativos. El resultado ha sido un trágico diálogo de sordos o de besugos.

En la ciudad ancha, lo suyo hubiera sido templar el tráfico y habilitar la derecha de calles y avenidas para vehículos lentos. A golpe de brocha y de pintura se trazan itinerarios bici de bajo coste y cero infraestructuras. La única actuación hubiera sido educación vial y el arreglo de los bordillos nivelando a un mismo ras husillos, alcantarillas, cajas de registros y baches donde las bicis tropiezan o peligran por esquivarlos.

Resuelto el tráfico en la ciudad moderna, la ciudad antigua merece la acerización completa. Anular la clasista división de la calle entre calzada y acera y repavimentarlo todo a un mismo nivel, calles y plazas todo pavimento de uso mixto y compartido sin bolardos ni obstáculos verticales. La actuación aquí sería educación vial y refilar los viejos adoquinados que taladran sillines y manillares de las bicis.

En todo caso, la jerarquía de paso y trato sería: primero las personas, después los vehículos especiales (bicicletas, carritos de infancia o minusválido, transportes públicos, servicios de reparto) y por último vehículos automóviles particulares. La regla de convivencia en armonía sería: contra el más débil, jamás. Un coche nunca pitará con malos modos a una bicicleta. Una bicicleta jamás abusará del timbre contra un peatón, y así.

En ese marco, la bici se reserva su doble condición de vehículo lento y de peatón con ruedas. Lo único exigible es que las transiciones entre uno y otro régimen de circulación las bicicletas las realicen con claridad, oportunidad y educación, respetando la integridad propia y ajena bajo el Reglamento General de Circulación.

Ningún Plan Bici haría falta si hubiera un Plan Ciudad.

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