Etiqueta: teatro

El humor.

La clave está en la preposición. Reírse con o reírse de. Más que un género, que lo es, el humor es un tono, una actitud y hasta un estado de ánimo. Y aunque la clase humorista y humoristas ocasionales como el concejal de Podemos o Cassandra Vera crean que el humor, la broma, es capa que todo lo tapa, no parece que eso sea justo ni con los demás géneros ni con las demás libertades de expresión.

Valga para el humor y para todas las artes figurativas o narrativas, la fórmula de Valle‑Inclán para su teoría del teatro[1]. Creación y Público. Dioses y héroes vistos desde abajo dan la tragedia. Personajes iguales o al mismo nivel dan el drama o la comedia. Personajes altos vistos desde aún más alto dan el esperpento, los muñecos del Bululú. En nuestros días, el humor va

–de abajo arriba, de súbditos o ciudadanos hacia sus poderosos: caso de la viñeta política, del editorialismo gráfico o de revistas satíricas como TeVeo;

–de arriba abajo: hinchas de fútbol que echan monedas a indigentes rumanas;

–o entre iguales: un andaluz y un catalán que intercambian sus chistes contra el tópico ser del otro, uno holgazán y otro pesetero. La escala es válida para carnavales o días de fiesta o normales donde, tras el humor, asoman o pueden asomar el acoso, el maltrato o el mal gusto.

Lo que sabemos desde antes de Charlie Hebdo (2016) ‑y de los Versos satánicos de Salman Rushdie (1988)‑ es que la religión es materia bipolar pues si tenemos todo el derecho a ridiculizar a Dios, Alá, Yahvé o Jehová, hay creyentes, hombres y mujeres, colectivos muy por debajo de nuestro nivel, a quienes ‑queriendo o sin querer‑ podemos herir o provocar. Obra maestra de ingeniería humorística y religiosa, y a salvo de censuras y de fiscalías, fue La vida de Brian de Monty Python en 1980, que ríe la historia de un judío nacido el mismo día que Jesucristo y a quien confunden con él. Vidas paralelas, o sea. En casos así, el autor siempre podrá decir: que este no es (el personaje) y que yo no he sido. Cassandra Vera lo que no tuvo es malicia, sin la cual el humor es fácil presa de inquisidores y pepenatas. Y nunca será lo mismo reírse con alguien que reírse de alguien.

[1] Contraversión de los tres estilos de Virgilio: sublime, mediano y humilde.

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la Xirgu, el botón de la pajarita.

En español se llama el chocolate del loro a lo que menos cuenta en la economía de una casa y de lo cual se prescinde cuando llega la hora de reducir gastos. En sentido amplio, el chocolate del loro significa lo que menos importa. Viene esto a cuento de La Xirgu, película que el 21 de noviembre se estrenó en la televisión catalana y el 21 de diciembre se estrenará en la andaluza. No se la pierdan. Margarita Melgar, guionista, novela y juega en La Xirgu con dos incógnitas que ella y Sílvia Quer, directora, acaban haciendo creíbles: la voz de Federico García Lorca (todavía en sebusca en los archivos sonoros) y qué relación tuvo, entre la admiración mutua o los celos, Valle‑Inclán con Lorca o Lorca con Valle‑Inclán, de quien Melgar hace el gran personaje argumento sorpresa. Un leve fallo tiene la película. La pajarita de Lorca (Fran Perea) deja ver el hueco del botón del cuello de la camisa, algo que Federico jamás se hubiera permitido, esa pajarita descolgada, y ahí están (a falta de saber a qué sonaba su voz) las muchas fotos que se conservan de él. El chocolate del loro, o sea, el botón de la pajarita. Que todos los dineros de las televisiones públicas se inviertan en proyectos tan hermosos como este. Grande como la Xirgu, Laia Marull.

Margarita Xirgu en la Wiki

–Valle Inclán y García Lorca frente a frente, (enlace a Complemento Agente)

La Xirgu, la película:

ficha técnica

tráiler

la película completa (84:11 minutos, hay que saltarse algún anuncio)

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Pie de foto: García Lorca, Pura Ucelay y Valle-Inclán en el estreno de Yerma, Teatro Español de Madrid, 29-12-1934.

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el convidado

el-convidado
Eladio Ortiz, Luis Martín (el convidado) y Pedro Domínguez en EL CONVIDADO, de Martínez Mediero, por Teatro La Paz de Valverde del Camino (1986).

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EL CONVIDADO

El hombre convidó al banquete al número contado de los suyos. Uno habló de fondo y forma y formuló una teoría del alma y de la salvación a la medida del maestro del maestro, aquel que dijo conócete a ti mismo, chaval, que yo solo sé que no sé nada. Otro, contento con distinguir el agua del vino, elevó nada en sus manos, lo partió en dos y lo dio a sus discípulos diciendo: diréis antes de y después de. Y entraron los conquistadores. Ya tuvimos precolombinos que unir a los títulos que ya teníamos: precristianos, presocráticos. Desde entonces, el hombre es posterior a la historia, a la filosofía y a la religión. Quizá también a la literatura. Posdata de 1988. Su nombre no es Luzbel ni Vladimir Ilich. Desconoce a ese tal Borges. Puede pensar diluvios. Y está solo.

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nonatos

Brujas de Macbeth Instituto Cultural de León

NONATOS

No son fetos ni abortos. Están aquí. Han nacido. nonato, ta. Del latín non natus. Nacido por cesárea. cesárea. Por la tradición de que Julio César había nacido de esa manera. El nacido por cesárea más famoso de la literatura parece que está en Macbeth (1606) de William Shakespeare (1564‑1616). Acto 4, escena 1: un inquieto Macbeth, verdadero rey de Escocia entre 1040 y 57, consulta a tres brujas por su futuro. Tres conjuros. El primero: cuídate de Macduff. El segundo: ningún nacido de mujer podrá vencerte. Y el tercero: seguirás invicto hasta que se mueva el gran bosque de Birnam. Finalmente, un ejército inglés camuflado con ramas del bosque y mandado por Macduff, barón de Fife, avanza contra Macbeth. Antes de morir, Macbeth sabe que su matador había venido al mundo por cesárea. Shakespeare o su público no podían saber que la adivinanza de los “no nacidos de mujer” iba a ser canonizada y popularizada por un papa, Alejandro VII, años después, en 1657, en la figura de Ramón Nonato.

Inconfundible en los retablos por el candado que perfora sus labios, San Ramón Nonato es santo de partos, matronas, gestaciones y personas acusadas en falso. Ramón Notato fue Ramón Sarroy (1204-1240), noble español predicador y mercedario que murió en su castillo de Cardona en vísperas de ir a Roma, donde el papa Gregorio IX acababa de nombrarlo cardenal y consejero. Siendo feto cumplido de nueve meses, Ramón Sarroy pasó un día entero esperando que lo pariera su madre, que estaba muerta, y fue traído gracias a las artes cisorias y cesáreas de un cazador que notó que algo se movía en el hermoso vientre de su señora cuando la iban a enterrar. El hombre sacó su daga y rescató al niño, por eso bautizado non natus. Cesárea póstuma o post mortem, o sea. Lo del candado en la boca viene porque estando el fraile mercedario Sarroy cautivo, sus carceleros musulmanes callaron sus prédicas perforando sus labios con un hierro candente. Si los santos tuvieran día de su santo, sería hoy, 31 de agosto. Feliz quien pueda celebrarlo y no le duela el final de agosto.

San Ramon Nonato

San Ramón Nonato con el candado en la boca.

Agosto Teoría del sismógrafo (2013)


Teatro La Paz: La señora Tártara (1985)

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LA SEÑORA TÁRTARA

La señora Tártara, de Francisco Nieva, por Teatro La Paz (1985)

Arystón era un joven de 29 años en 1985, cuando Teatro La Paz de Valverde del Camino lo subió a escena. Entonces el personaje se debatía entre una realidad que no le gustaba y un deseo no aceptado de borrar con el pensamiento a quienes no soportaba, deseos que involuntariamente se vuelven en los poderes que encarna ‑como si Arystón le hubiese vendido su alma como al diablo‑ la Señora Tártara, la muerte, plasmación de las obsesiones y de los odios que van pasando por la cabeza del protagonista. Treinta años después, y ante la náusea que me provocan los telediarios con la terca complicidad del buenrollismo y de la solidaridad, me he imaginado que Arystón‑Tártara vuelve y anula con el pensamiento todo el horror y todo el buenismo que nos rodea.[1]

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La Tártara se estrenó el viernes 1 de febrero de 1985 en el entonces Cinema Valverde y se representó seis veces más: La Zarza (domingo 28 de febrero, Día de Andalucía), Nerva (jueves 7 de marzo), Sanlúcar de Barrameda (Palacio Municipal, viernes 12 de abril), Cartaya (jueves 25 de abril, II Semana de Teatro), Riotinto (jueves 9 de mayo) y Huelva Capital (Escuela de Verano, lunes 1 de julio), representación esta que resultó la mejor pues por falta de algún actor, ya entrados en vacaciones y medio dispersa la compañía, hubo que dar sus voces a un narrador, lo que aligeró la obra y la hizo más refrescante para el verano, aunque las muertes seguían siendo las mismas. Solo Leona y Arystón se salvan siempre. Solo el amor, al fin y al cabo.

valverde teatro la paz francisco nieva la señora tártara (31)

Daniel Lebrato

Eladio Ortiz

Eulogio Rabadán

Fernando Murillo

Francisco José Garrido

Isabel Rentero

Joaquín Romero

Juan Duque

Juan Martínez

Juan Senra

María del Mar González

Paco Romero

Pepa Arrayás

Ramón Picón

Sebastián Forero

Tere Duque Reina

visita a álbum de fotos La señora Tártara[1]

valverde teatro la paz francisco nieva la señora tártara (0)

LA ÚLTIMA PIRÁMIDE

La señora Tártara, de Francisco Nieva, por Teatro La Paz (1986)
Treinta años después, habla Arystón:

Fabricantes y mercaderes de armas, los más fe ardientes yihadistas (unos que viven de anticiparnos lo que será el infierno y otros que matan y mueren por no esperar el cielo que les tienen prometido), todos, todos, también yo, que les deseo la muerte, preferiríamos que no muriera nadie, preferiríamos no matar. Ocurre que razones ni buenos modos, nada, nada nos libra de quienes nos quitan la vida y nadie los cesa ni dimiten ni se jubilan ni se retiran. Que desaparezcan, entonces, es cuestión de justicia poética, legítima defensa, eutanasia universal. En defensa propia, y dado que esos tales, que presumen de democracia, jamás se presentan a reelección o, si se presentan, alguien podría hasta votarles, desde aquí deseo que se mueran, que se mueran, que se mueran sin dejar rastro ni descendencia, no digamos tiranos y dictadores, digo monarcas en ejercicio, militares en activo, mercenarios, soldaditos a sueldo o por la patria, presidentes, ministros, mandatarios, ejecutivos y portavoces de la explotación y el beneficio. Y deseo que se mueran junto al personal uniformado que tiene al mundo en su punto de mira o bajo su bota a lo que queda del hombre, si esto es un hombre, en hombres y en mujeres que por interés o simpatía los apoyan o los critican pero, en todo caso, los sostienen. Las víctimas de la ira se dividirán según la escala que regía en la corte del faraón del Antiguo Egipto. Será la última pirámide.

La última pirámide

valverde teatro la paz francisco nieva la señora tártara (0)

LA ÚLTIMA PIRÁMIDE

La señora Tártara, de Francisco Nieva, por Teatro La Paz (1986)

Treinta años después, habla Arystón:

Fabricantes y mercaderes de armas, los más fe ardientes yihadistas (unos que viven de anticiparnos lo que será el infierno y otros que matan y mueren por no esperar el cielo que les tienen prometido), todos, todos, también yo, que les deseo la muerte, preferiríamos que no muriera nadie, preferiríamos no matar. Ocurre que razones ni buenos modos, nada, nada nos libra de quienes nos quitan la vida y nadie los cesa ni dimiten ni se jubilan ni se retiran. Que desaparezcan, entonces, es cuestión de justicia poética, legítima defensa, eutanasia universal. En defensa propia, y dado que esos tales, que presumen de democracia, jamás se presentan a reelección o, si se presentan, alguien podría hasta votarles, desde aquí deseo que se mueran, que se mueran, que se mueran sin dejar rastro ni descendencia, no digamos tiranos y dictadores, digo monarcas en ejercicio, militares en activo, mercenarios, soldaditos a sueldo o por la patria, presidentes, ministros, mandatarios, ejecutivos y portavoces de la explotación y el beneficio. Y deseo que se mueran junto al personal uniformado que tiene al mundo en su punto de mira o bajo su bota a lo que queda del hombre, si esto es un hombre, en hombres y en mujeres que por interés o simpatía los apoyan o los critican pero, en todo caso, los sostienen. Las víctimas de la ira se dividirán según la escala que regía en la corte del faraón del Antiguo Egipto. Será la última pirámide.

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LA SEÑORA TÁRTARA

La señora Tártara, de Francisco Nieva, por Teatro La Paz (1985)

Arystón era un joven de 29 años en 1985, cuando Teatro La Paz de Valverde del Camino lo subió a escena. Entonces el personaje se debatía entre una realidad que no le gustaba y un deseo no aceptado de borrar con el pensamiento a quienes no soportaba, deseos que involuntariamente se vuelven en los poderes que encarna ‑como si Arystón le hubiese vendido su alma como al diablo‑ la Señora Tártara, la muerte, plasmación de las obsesiones y de los odios que van pasando por la cabeza del protagonista. Treinta años después, y ante la náusea que me provocan los telediarios con la terca complicidad del buenrollismo y de la solidaridad, me he imaginado que Arystón‑Tártara vuelve y anula con el pensamiento todo el horror y todo el buenismo consolador que nos rodea.

 

La Tártara se estrenó el viernes 1 de febrero de 1985 en el entonces Cinema Valverde y se representó seis veces más: La Zarza (domingo 28 de febrero, Día de Andalucía), Nerva (jueves 7 de marzo), Sanlúcar de Barrameda (Palacio Municipal, viernes 12 de abril), Cartaya (jueves 25 de abril, II Semana de Teatro), Riotinto (jueves 9 de mayo) y Huelva Capital (Escuela de Verano, lunes 1 de julio), representación esta que resultó la mejor pues por falta de algún actor, ya entrados en vacaciones y medio dispersa la compañía, hubo que dar sus voces a un narrador, lo que aligeró la obra y la hizo más refrescante para el verano, aunque las muertes seguían siendo las mismas. Solo Leona y Arystón se salvan siempre. Solo el amor, al fin y al cabo.

Teatro La Paz eran (por orden alfabético):

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Arturo Carrasco

Belén López

Daniel Lebrato

Eladio Ortiz

Eulogio Rabadán

Fernando Murillo

Francisco José Garrido

Isabel Rentero

Joaquín Romero

Juan Duque

Juan Martínez

Juan Senra

María del Mar González

Paco Romero

Pepa Arrayás

Ramón Picón

Sebastián Forero

Tere Duque Reina

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/ a todos, gracias /

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visita a álbum de fotos La señora Tártara

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Daniel Lebrato, 21 junio 2016

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No al hipérbaton

figuras-retóricas en letralibre.es
figuras retóricas, en letralibre.es

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NO AL HIPÉRBATON

Es la reina de las figuras y la más culpable de todas, la que más huele a sotana. Llegó a afectar a la prosa y por su contagio nos parece normal del salón en el ángulo oscuro, en vez de en el ángulo oscuro del salón. Quien disfrute del verso cadáver son las que ostentó murallas, con desprecio de lo fácil, es un cadáver que ostentó murallas, aúna su gusto incondicional por Quevedo con el libro de texto. No es mi caso. Me quedo con Valdés el del Diálogo de la lengua, cuyo lema “escribo como hablo” recomiendo. Y estoy de acuerdo ‑ahora sí‑ con Bécquer con que “podrá no haber poetas pero siempre habrá poesía”. Ni Valdés ni este Bécquer llevado a sus últimas consecuencias interesan al coro de los grillos que cantan a la luna. La palabra hipérbaton no hace más que legitimar para un grupo lo que se prohibiría o haría reír en hablantes normales. Imagínense un profesor, a su clase: “de texto, sacad el libro”, “por del ordenador un cable idme” o “persianas las por elevad favor”, endecasílabos perfectos. Qué voy a decir, si faltas de sintaxis o concordancia resultan en Santa Teresa ¡meritorias figuras de anacoluto! ¿Hiperbólico estoy? Simplemente, exagerado.

Parodia en Tinta de Calamar :(2014)

Volviendo un día en su palanquín de una agotadora jornada de mercado, Luna Yen encontrose la pose de un joven de afeitada cabeza cuya visión pareciole el acabose o sea. Primero, por su extraordinaria belleza; después, porque así más de cerca, evidente era que llorando aquel joven estaba. Y oído a la enclisis o énclisis con anástrofes fuerza 3 a 4 rolando a fuerza 5 con hipérbaton. Vamos entrando, literonautas, en la voluntad de estilo. Literonautas es una pieza de teatro (un teatro, como diría mi Vanessa) de Fernando Mansilla (Barcelona, 1956), con la que había ganado el Premio Antonio Machado de Teatro, vestuario de Lola Cordero. Fernando Mansilla y Rafael Vallecillo, ese par de gansos, viajaban por el espacio propulsados por un combustible de anástrofes, hipérboles, apócopes, hipérbatos y anacolutos de potencia variable según una escala retórica del diez al cero pelotero. Literonautas se estrenó en el Álvarez Quintero de Sevilla el 17 de febrero de 1987. Anacoluto, anadiplosis, anáfora, apóstrofe, calambur, epanadiplosis, lítote, quiasmo, metátesis, oxímoron, paragoge, pleonasmo, polisíndeton, retruécano, sinécdoque y zeugma. Total que Luna Yen ordenó a los esclavos frenadores detener el palanquín. Stop, alto, iíh.

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