ida y venida del mester de librería.

El guirigay que atraviesa la lengua literaria tiene que ver con lo mal que la Generación del 75, mi generación, supo (no supo) recibir esa nueva tecnología que iba a ser el libro electrónico. Hoy la basura en digital (esa de la que ustedes se quejan) se añade a las miserias del libro de papel.

Fuimos nosotros, gente que hoy cumplimos los setenta, quienes inculcamos en generaciones de milénials o zetas o ninis esa religión del libro que, lógicamente, se habría de volver en su contra. Desde 1971, estas son las fechas:

1971. Michael Hart comenzó su Proyecto Gutenberg para digitalización de libros de dominio público.

2001. Primer libro digital vendido por internet, Riding the Bullet, novela de Stephen King.

2003. Blogger, de Google (blogspot.com), y WordPress (de Mullenweg y Little, desarrollado por una Fundación), para crear y publicar en línea sin código y sin instalar programas de servidor o de scripting.

2007. e-book Kindle de Amazon.

2010. Divulgación del smartphone o teléfono inteligente.

2023. Desde 1993 (hace ya 30 años) la lengua franca o de cultura, nuestra lengua de contacto, es el lenguaje html (hypertext markup language, lenguaje de marcas de hipertexto) dentro de una web (world wide web) universal, que por fin, desde que hay redes sociales, llamamos red o Red. El caso: no confundir html con pdf cuando alguien nos dice “comparto contigo por pdf”, pdf tan compartible como una foto o facsímil, como un pergamino o un incunable, o como un acta notarial. La sociedad del libro, así secuestrada, actúa y se mueve como un grupo converso que no hará más que insistir en su fe. Vean, de muestra, El intemporal perfume de la poesía de Celia Carrasco, publicado por Librújula, del grupo Público, con reseña de Enrique Villagrasa. Paladeen este poema llamado El bulbo:

EL BULBO
El bulbo, la joroba,
el sótano implosivo del albor,
apenas un vampiro en el desierto.
Ajo, fulgor terroso,
fiel
decapitación
de
tu
silencio.
Absorción de las sombras
del lenguaje:
la entraña en floración
y el despertar apócrifo
del cielo.

La literatura había podido emanciparse del capitalismo que traen los gremios de impresión, distribución y venta, y eligió el capitalismo de copyright con isbn junto a mercaderes del libro y por la pequeña y mediana empresa y por el comercio de proximidad, con su liturgia de presentaciones y firma de ejemplares y pase usted por caja.

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