a los pies de los caballos.


La clave está en la fiesta, cómo ha acabado en fiesta algo que es coto privado prohibido o prohibitivo para muchos, corte de unos pocos: un mundo turf de apuestas y purasangres.

La respuesta no puede ser más que una. No es mundo turf todo lo que reluce, ni por la parte popular que trae la fiesta, ni por la minoriataria que traen las carreras de caballos de hípica inglesa.

Lo que en noviembre 1845 empezó siendo Sociedad para el fomento de la raza caballar andaluza (subrayado andaluza), de conocida utilidad para la agricultura de este país, subrayado agricultura (en tiempo de sociedades económicas de amigos del país), ha tenido 176 años para transfigurarse y dejarse ver como usted quiere que se vea: gran fiesta del Ayuntamiento de Sanlúcar de interés turístico nacional (1986) e internacional (1997).

Javier Cuevas Gonzálvez: Las CCS iban con sus altibajos hasta 1980, coincidiendo con el traslado del recinto de llegada, desde la playa de Bajo de Guía a la de las Piletas, año en que la temporada de carreras ha sido la más larga, nueve días en tres ciclos, para cuajar a partir del 81 en dos ciclos de tres jornadas. El G.P. Ciudad de Sanlúcar cuadruplicó su dote (a 300.000 pesetas para el ganador) hasta los 13.600 euros de este año 2021 (8.000 al ganador), uno de los mayores del turf español. Ese curso 80-81 se aprovechó a refundar la Sociedad de Carreras de Caballos.

Es decir, la fiesta es fiesta por voluntad municipal y política coincidiendo con la dación al turismo de la Andalucía que conocíamos, con la proclamación de la Autonomía como si se hubiera ganado la independencia, y bajo la hegemonía del Psoe en Gobierno de España, Junta de Andalucía y Ayuntamiento.

Aunque algunos de esos mimbres de alta política hayan caído, ya hasta el PP hablaba del Estado del Bienestar y ahí estaba la generación Podemos para creerse la trola que le contaran.

Plantear hoy cambios o mejorías para las CCS no deja de ser conversación para cuatro pirados. Cuando la sarna pica con gusto, lo más sensato es la sarna y rascarse. Contra ese bloque, el único argumento que nos queda antes de la hoguera, el único baile es elegir entre Eppur si muove o Sí, boana.



No suele hablarse de la tierra que aburre cuanta más fiesta convoca. No solo Andalucía. Un riquito que gaste su ocio en España se encontrará al año con más de doscientas fiestas de interés turístico declarado[1]. Esa agenda coincide en gran parte con el almanaque cristiano, menos las profanas celebraciones que trae el verano, de San Juan a la vendimia. Suelen ser inventos de municipios que buscan darle juego a su geografía o historia: pueblos de castillo con su castillo, pueblos costeros con su costa.

En Sanlúcar de Barrameda, una playa no especialmente valorada como playa se erige en protagonista: las Carreras de Caballos en la playa de Sanlúcar (CCS), Horse racing of Sanlúcar. La cita acerca a una clase social media y baja la vanidad que mueve la hípica inglesa, vieja y nueva nobleza con fondo de apuestas y vividores de fortuna. La mezcla de esa clase turf[2] de pedigrí y purasangres con veraneantes de playa es algo curioso que bien merece conocerse, aunque el exceso de fiestas nos canse un poco: si los pueblos tienen alma, el alma de Sanlúcar se proyecta en días de carreras. Pero esa mezcla de oportunismo y oportunidad, entre el negocio y la ocasión para ganar unas perras, no borra la distancia que separa dos mundos.

eLTeNDeDeRo le ha dado vueltas -que no la solución- a las CCS, opiniones, criterios, críticas y versiones sobre su historia y origen, reflejado todo en La jaca del contrabandista. Ahí me río de cómo el primer ganador de las pomposas carreras allá en sus pomposos comienzos, 1845 o 46 (el siglo de la reina Isabel y el cuñado Montpensier), fue ni más ni menos que la jaca de un conocido contrabandista de Camas, Sevilla. Me imaginé el repaso que la sufrida yegua de carreras, licenciada en huir de los gendarmes, daría a aquellos finos équites y presumidos mílites en el mismísimo pedigrí de sus cuadras y su fe católica. Ahí pensé que Cabildo, Diputación y Junta quizás tuvieran algún motivo para echar dineros en premios y subvenciones a una cita que podía ser no tan señorita.

Descartada la torpe versión de los orígenes mercaderes del pescado hacia la plaza de abastos, lo que hay de pueblo en las CCS son algunas sociedades para la cría y tenencia de algún caballo con vistas a ganar algo en el negocio de las apuestas. Donde sí se genera algún dinero popular es en torno a las fiestas celebraciones en el hipódromo, con baile y orquesta y alrededores de botellonas. Como otra feria de Sanlúcar.

Sea como sea, Sanlúcar tiene que poner las Carreras en su sitio y al día. Ni las clases sociales son lo que eran, ni Las Piletas ni el pueblo por esta parte, ni el veraneo de playa ni conceptos de acompañamiento a derechos humanos y de medio ambiente, de infancia y de animales.

Con la última carrera, comienza en Sanlúcar el buen tiempo. Vacaciones de fiestas. De aquí al jueves 25, domingo 28 de noviembre, hay un trimestre, 90 días que pueden ser 120, si pasamos de rebajas y de compras; días sin motivo de interés turístico ni bien inmaterial ni patrimonio de la humanidad para la Unesco que nos obligue a quedar como sanluqueños sevillanos o gaditanos con gracia y con salero.


[1] 142 de interés turístico nacional, 66 internacional.

[2] turf, inglés césped: circuito internacional de carreras con apuestas.

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