dueña de la tienda, eres hermosa

Dueña de la tienda, eres hermosa

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Dueña de la tienda eres hermosa
Foto: Álvaro Martín

DUEÑA DE LA TIENDA, ERES HERMOSA

Pintada en la puerta metálica de un pequeño comercio. Granada, 7 de julio de 2015
Fotografía nocturna, luz natural sin flash, puesta en Facebook a las 22:22 por su autor Álvaro Martín

Comentario del texto siguiendo el cuadro de la comunicación, de eLTeNDeDeRo, que hay que leer primero. Haríamos así algo parecido a la siguiente ficha técnica:

Mensaje. Texto previo: la foto. En formato horizontal, adecuado al formato también más ancho que alto de la puerta. Texto: lo que se ve en la foto. Luz cenital. Puerta o persiana enrollable de color beis de 22 láminas (o duelas, en lenguaje de cerrajería) que hacen de líneas rayadas con dos verticales marrones (rojas, para un daltónico) a los lados, que ejercen de márgenes: estamos ante un figurado cuaderno escolar de caligrafía. Sobre esa pauta rayada, el pintor ha intentado apoyar sus renglones. Candado abajo. Anónimo escrito en tres renglones y alineación central: Dueña de la tienda/ eres/ hermosa. Letra grande mayúscula (versales o versalitas, en lenguaje tipográfico), caligrafía irregular, tiende a apoyarse sobre las líneas, con levísimo e involuntario escorzo, en aumento desde la primera hasta la última. Búsqueda de simetría. Tinta negra con virgulilla roja. Composición en tres bloques: SN + SV + SAdj., vocativo/sujeto + verbo + predicado/atributo. Falta la coma después de tienda (debe llevarla, es vocativo). Dueña de la tienda cabe lo justo, eres busca el centro, sin conseguirlo, y hermosa va bien centrada. Estudio grafológico. La factura de la letra E es parecida a la € de euro. Análisis del mensaje oral. Diez sílabas a ritmo de endecasílabo clásico, del tipo heroico, llano, con acentos en 2ª, [4ª], 6ª, [8ª] y 10ª sílabas: [duéña déla tiéndae résher mósa], vocales [(é‑a) (é‑a) (é‑a) (é‑e) (ó‑a)]. Pura armonía.

Medio. Facebook, cámara para la foto, espray (o aerosol) sobre puerta metálica. Otros posibles soportes: papel por debajo de la puerta, papel pegado al lado, llamada o mensajería telefónica (si el emisor conociera el número de la dueña). Consideraciones económicas y estéticas.

Referente. Femenino + singular + propietaria (no empleada) + tienda (no otro tipo de comercio) + tuteo + ser (no estar) + hermosa (no guapa, bonita, preciosa o bella).

Código. Lengua española estándar. Género: piropo escrito sobre superficie urbana, pintada.

Autor y emisor en Facebook, Álvaro Martín, periodista. Emisor. La pintada se supone obra de varón (podría ser femenino). Relación o parentesco con el receptor. Intención. Tutea al receptor. Posibilidad: dos pintores; uno, en negro y, otro, en rojo. Pista: el de negro no pone el punto sobre la i de tienda. El leve aumento del tamaño de la letra debe explicarse por la postura incómoda que adoptó el pintor puesto en cuclillas o arrodillado.

Receptor. Dueña de la tienda. ¿Enfrente hay otra tienda y otra dueña? Relación o parentesco con el emisor.

Público. Textos sobre el texto: la foto en Facebook, comentarios. Comentario inicial de Álvaro Martín. Visto en Granada: cuando no te sabes el nombre de la que te gusta. Uno. Jjj pero si te fijas se lo han corregido y to. Álvaro. Tiene pinta de haberlo puesto un guiri. Otro. Más bien. Otro más. Si fuera español pondría: dependienta estás tela de buena. Otro. No sé si a ella le va a hacer tanta gracia. Otro más. Sí. Uno de aquí no pondría hermosa. Otro. Uf, a mi me daría miedo ese mensaje. Daniel Lebrato. Me parece una historia absolutamente literaria. De día, entró en la tienda, y se quedó prendado. El hombre es tímido y no supo decirle nada, quedar con ella. Después, de noche, va y emborrona ese mensaje, que ella no sabrá si borrar. La palabra hermosa es hermosa. Y se quedó colgada. Cuando nadie la ve, se fija en la letra de los tiques de pago con tarjeta. A ver si, por la firma, averigua quién es el anónimo enamorado. Comentario. ¿Un emisor guiri?, ¿uno de aquí no pondría hermosa?, a otro le daría miedo, ¿por qué miedo?, ¿seguiría el pintor a la muchacha a la salida aquella noche? Alguien vigila.

Contexto. En Facebook, las fotos cumplen una función apelativa (un feisbu sin fotos nadie lo lee). De la pintada, no sabemos si hay otras pintadas en la misma calle, calle del centro o de barrio.

Situación. Del emisor. Imaginamos hora de la madrugada, nadie en la calle, temor a que alguien pase y recrimine al pintor su vandalismo. Del receptor. Imaginamos el mal humor por la mañana. El despertador, la prisa, el tráfico, el aparcamiento, ¡y ahora esto! ¿Era la primera vez? ¿Cuánto tiempo estuvo expuesta la pintada?, ¿de un día a otro, o todo un fin de semana, hasta que llegó la dueña el lunes?, ¿sería después de unas vacaciones? ¿De qué conoce ella esa letra? Ahora, llama a los del seguro, a la policía para qué, o dile a algún grafitero que te rellene la puerta con algún grafiti bonito y ya con eso te dejarán en paz. Del fotógrafo. Mira qué pintada más curiosa. Clic. ¿Iba solo o acompañado? Repercusiones familiares. ¿Qué hacías tú en Granada y a esas horas?

Comentario. Enunciado atributivo con ser. Comparar si el verbo fuese estar. Dueña de la tienda estás hermosa. Por ese contraste, sabemos que hermosa no tiene por qué ser hermosura estética, puede ser una hermosura moral. La hermosura de una buena empresaria con una trabajadora a la que ha renovado el contrato, por ejemplo, y el novio de la empleada, que es grafitero, quiere así agradecerle el gesto que ha tenido con su chica. La palabra dueña, adjetivo sustantivado y sin determinante, es pariente de doña. dueña. (Del lat. domĭna). 1. Mujer que tiene el dominio de una finca o de otra cosa. 2. Monja o beata que vivía antiguamente en comunidad y solía ser mujer principal. 3. Mujer viuda que para autoridad y respeto, y para guarda de las demás criadas, había en las casas principales. 4. Era usada para referirse a la señora o mujer principal casada. 5. Mujer que no era doncella. En De dueñas, celestinas y entremeses, Esther Borrego Gutiérrez, partiendo del Diccionario de Autoridades, escribe: “Por dueñas se entienden aquellas mujeres viudas y de respeto que se tienen en palacio y en las casas de los señores para autoridad de las antesalas y guarda de las demás criadas. Este sentido se vio manipulado en la literatura del siglo 17 al construirse su figura en entremeses y demás modalidades cómicas con la realidad social de unas dueñas ya no tan respetables y por la vigencia de una tradición folclórica y literaria de denigración de mujeres viejas, ya por viudas interesadas, ya por acomodadoras de criadas o por ancianas vanidosas, codiciosas, engañosas y, en algunos casos, verdaderas celestinas”. Es decir que la palabra dueña derivó en dama de compañía, alcahueta, monja. Hay dueñas de honor, de medias tocas (de inferior clase que traía tocas más cortas), y de retrete (como la mujer de los lavabos). El dicho Cual [no] digan dueñas, significa maltrato de palabra. Es misógino por representar la mala lengua que pueden tener las mujeres. Poner cual digan dueñas. Hay dueñas del hogar y dueñas de mi corazón, y ésta de la tienda (no de esta tienda). Sea como sea, la palabra dueña transmite idea de poder, de poderío. El fotógrafo vive en Sevilla y sabe que la de Alba tiene su casa en la calle Dueñas. El núcleo verbal eres es coherente con el vocativo de la función apelativa: segunda, singular, tuteo, directo a la dueña. (Connotación descabellada: los eres de la Junta de Andalucía.) El atributo hermosa descarta guapa, bonita, bella, preciosa o un encanto. Hermosa alude, tanto como a la cara, al cuerpo entero, y denota gracia, lozanía, salud y buen ver. Este adjetivo tiene un caché histórico que nos lleva a Bécquer, a Garcilaso y al Marqués de Santillana. Escribió este Íñigo López de Mendoza (1398-1458) una serranilla, La vaquera de la Finojosa, que dice así: Moza tan fermosa/ non vi en la frontera,/ como una vaquera/ de la Finojosa. Garcilaso de la Vega (1501‑36) en su Soneto XXIII, modelo del tópico del carpe diem, usa dos veces la palabra hermosa: En tanto que de rosa y de azucena/ se muestra la color en vuestro gesto,/ y que vuestro mirar ardiente, honesto,/ con clara luz la tempestad serena;/ y en tanto que el cabello, que en la vena/ del oro se escogió, con vuelo presto/ por el hermoso cuello blanco, enhiesto,/ el viento mueve, esparce y desordena:/ coged de vuestra alegre primavera/ el dulce fruto antes que el tiempo airado/ cubra de nieve la hermosa cumbre. [léase como si fuese fermosa.]/ Marchitará la rosa el viento helado,/ todo lo mudará la edad ligera/ por no hacer mudanza en su costumbre. [léase hacer como facer.] Mujer hermosa utilizó Gustavo Adolfo Bécquer (1836‑70) en su Rima IV: No digáis que, agotado su tesoro,/ de asuntos falta, enmudeció la lira;/ podrá no haber poetas; pero siempre/ habrá poesía., que termina mientras exista una mujer hermosa,/ ¡habrá poesía! Al meterlas en la poesía, Bécquer deja fuera de la poesía a las mujeres. Exista es peor que haya (Mientras haya una mujer hermosa), más rodado, pero le faltaría una sílaba para ser de once.

Conclusión. Nuestro pintor está a la altura de la mejor poesía, se mueve con llaneza y naturalidad con la lengua y aprueba con nota en el difícil género del piropo mural. Este tipo de pintadas abunda en las paredes de las ciudades, siempre dirigidas de varón a hembra que se nombra por su nombre (Maika, Alicia) o por su especie (cari, princesa). Un mensaje así puede hacer olvidar la caligrafía, que podría mejorar, y el vandalismo contra una propiedad privada. Esperemos que la dueña lo haya indultado. Esta pintada puede interpretarse como una viñeta, diapositiva o fotograma de una película que empezó otro día y terminará después. De día, el hombre entró en la tienda, y se quedó prendado. Es tímido y no supo o no pudo, porque hubiera gente, decirle nada, quedar con ella. Después, de madrugada, va y escribe ese mensaje clandestino, que ella no sabrá si borrar. La palabra hermosa es hermosa. Y se quedó colgada. Desde entonces, se fija en la letra de los tiques de pago con tarjeta. A ver si, por la firma, averigua quién es el anónimo enamorado. El cine nos ha dejado infinitas escenas de puertas metálicas, muchas de ellas en los garajes, en escenas de acción o de asesinato por dióxido de carbono, y otras muchas cuando la chica acaba su jornada, echa el cierre y está ahí el hombre, su chico o el inesperado. En novela y cine, la tienda como lugar de encuentro es una recurrencia. Casi tanto como los bares. El cierre de tienda más famoso de la historia del cine lo vimos en El sueño eterno (The Big Sleep, 1946), de Howard Hawks. Philip Marlowe, Humphrey Bogart, lleva el caso de un viejo general, viudo, rico y enfermo, cuya hija menor, ha contraído deudas de juego con el dueño de una librería. Bogart va a la librería, fingiendo interés por un Ben‑Hur de coleccionista con una errata en tal página (Bogart, de bibliófilo, no se lo pierdan), la tendera sospechosa lo atiende mal y Bogart cruza a la librería de enfrente, donde espera la tendera buena, Dorothy Malone, una profesional del libro viejo con sus gafas bien puestas, a quien Bogart le entra con la misma pregunta peregrina, un Ben‑Hur, un Chevalier, pretexto para sonsacar a la chica y hacer de sabueso de la librería que le interesa. La muchacha descubre el juego y le cae en gracia aquel fantasma que tiene enfrente. Aprovechando que empezaba a llover y que él tiene una petaca de whisky, ella baja la cortinilla de la puerta, pone el closed y echa el cierre. Solo entonces, a petición de Bogart, se quitará las gafas. Fundido a negro. Que cuando cierren las tiendas nos cojan, dentro o fuera, en el lugar adecuado. Y que acertemos con las personas y con las palabras. Es un consejo de eLTeNDeDeRo.

Bibliografía y fuentes consultadas:
–Daniel Lebrato, A propósito del Cuadro de la Comunicación, eLTeNDeDeRo, 11 de julio de 2015.
–Esther Borrego Gutiérrez, De dueñas, celestinas y entremeses, página del Ces Felipe II, 2003
–Glosario de términos de cerrajería,
en la página Cerrajería Longinos S.L.

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