cómo hablamos: jardazo, citrato, lebrillo y atrinque.

jardazo (como *fardazo, no en Drae), aumentativo de fardo. Golpe del cuerpo al caer pesadamente a tierra. De jarda y harda, en Andalucía, costal, saco. En Drae desde 1970. Sinónimos: costalazo, porrazo, talegazo. Según Corominas, fardo viene de fartum, relleno. Es voz expresiva con ánimo de exagerar el tropiezo ajeno que nunca acaba en consecuencias graves sino estrepitosas o ridículas. El grupo completo sería dar o pegarse un jardazo o un jardazo que no veas. Se registra también jardalazo, más de lo mismo. El escritor y periodista Enrique García-Máiquez escribe en La Andalucía inglesa (enero 2016): “Había tenido una caída espectacular del patinete, de la que no me explico cómo se levantó tan campante, sin haberse roto ni las gafas ni los huesos. Me limité a exclamar para mis adentros: ¡Qué jardazo! ¿El andalucismo jardazo no vendrá de hard, por la dureza del golpe? Ya sabemos que la Baja Andalucía tiene un puntito de inglesa”. Dice otro: «Es lo mismo que cuando somos testigos de un monumental jardazo, antes de pensar en el daño que pudiese ocasionarle al sujeto del aterrizaje, esbozamos una ligera sonrisa, por no decir una sonora carcajada.» Todo, de un tiempo pasado cuando el saco no tenía rival en el embalaje, carga y transporte y, donde, como siempre en las obras en Andalucía, hay gente ociosa y con guasa contemplando lo que curran los demás, también los tropiezos ajenos. En su Colección de cantes flamencos (1881) Demófilo recoge esta soleá: «Asómate a esa bentana y echa los brazos ajuera y haz como que te caes; verás que jardazo pegas.»


citrato, sal de ácido cítrico, cultismo (desde 1720) que viene de cidro, árbol semejante al limonero, del latín cítreum, limón. De la misma familia léxica son cidra, fruto del cidro, cedrón, hierbaluisa (por su olor a limón) y cítrico. Citratos populares ha habido dos: las sales del ácido cítrico, que son buenas reguladoras de la acidez, y el citrato de calcio o sal amarga, para la preservación y condimentación de alimentos.


lebrillo. Vasija de barro vidriado, de plata u otro metal, más ancha por el borde que por el fondo, y que sirve para lavar ropa, para baños de pies y otros usos. La Academia lo da de origen incierto y el Corominas lo relaciona con el diminutivo del latín labrum, pila, bañera, cruzado con el mozárabe librel. Son célebres los lebrillos en las letras de las sevillanas corraleras de Lebrija que se cantan en cuanto llega mayo.


atrinque. Verbo atrincar, sujetar, asegurar con cuerdas o lazos, viene de trincar, del occitano trencar, también trenzar. Aunque pueda parecer vulgarismo (como amoto o afoto) atrincar es verbo admitido por la Academia. La a‑ prefijada es similar a la a‑ de agarrar, que viene de garra, de asegurar, de seguro, o de agradar, de grado. El fenómeno recibe el nombre técnico (tecnicismo) de epéntesis, adición de sonidos a comienzo de palabra.


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